El tesoro encontrado, la perla más buscada

Para el día de hoy (28/07/10):
Evangelio según San Mateo 13, 44-46

(Dos senderos, un mismo camino, un mismo destino.

Ese hombre encuentra un tesoro escondido en el campo. Lo esconde, no hace alarde del mismo. Ese encuentro desata su alegría de tal modo que vende todo lo que tiene para adquirir el campo en el que está el tesoro.
Es tan obvio que se nos escurre ante una mirada rutinaria: el tesoro no era buscado, se lo encuentra "por casualidad", de improviso, subrepticiamente.
No obstante, a pesar de su infinito valor y de no ser buscado, ese tesoro estaba allí en el campo.
Sucede que el Reino esta allí, escondido y latiente en la vida; solemos pasarlo de largo, hasta que un día lo descubrimos y todo cobra un nuevo sentido, todo adquiere un valor insospechado. Mejor aún, nada hay más valioso que ese tesoro encontrado.

Por el contrario, el mercader de perlas finas es un buscador consecuente y tenaz: es su oficio, es su tarea diaria, lo que mejor sabe hacer es buscar las mejores perlas.
Esa búsqueda sin desmayos sus frutos: por fin se encuentra la perla mejor, la más valiosa, la más hermosa. Y es dable vender todo para adquirirla, es decir, no hay nada más valioso.

El Reino está oculto y palpitante en la vida; aún sin buscarlo, está allí. El Reino sucede en la existencia diaria, en el aquí y el ahora con una fuerza insospechada, con un valor inigualable.
Quizás haya que reflexionar que si está allí, escondido y latiendo en la existencia, vibrante y silencioso, ese descubrirlo nos haga mirar a toda la creación de otro modo, valiosísima y sagrada, impregnada de la bondad del Creador que se nos regala -sin mensurar méritos, sin cuantificar premios o castigos- Él mismo.

Y otro color no menor: el Reino acontece, sucede, está escondido pero también se deja maravillosamente encontrar para el buscador tenaz y honesto.

No hay nada más valioso: quizás por ello el Maestro llame felices, bienaventurados a quienes lo busquen y lo encuentren.

El tesoro del Reino es la alegría perpetua, la felicidad que se brinda para toda la humanidad sumida en la tristeza y la oscuridad.
Está allí, está aquí, sólo hay que encontrarlo)

Paz y Bien

4 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

¡Hola amig0 Ricardo, en primer lugar , gracias por tus visitas y lugo comentarte ese evangelio que siempre ne lleva al primer día que le dije SÍ a mi Señor. Cuando encontré el tesoro escondido , no callé de decir dónde lo había encontrado, la perla más preciosa del nundo no paré de quererla regalar. Nadie se interesó en saber dónde estaba ese tesoro y nadie quiso quedarse con la perla.
Hoy casi 20 años despuésde mi primer sí, sigo con mi misma actititud, no callo de hablar de Jesús y de que le sigan. Hoy, encuentro más hambre de Dios que hace 20 años y eso me hace reflexionar lo desangelado que está el hombre sin moral y sin Dios.
Con ternura
Sor.cecilia
Este es una parte del pots que mañana pondré

Salvador Pérez Alayón dijo...

Estupendas reflexiones, porque la de Monja de Clausura... también es muy profunda.

Sin JESÚS nada tiene sentido; de nada vale conseguir tesoros caducos y limitados que perderan su brillo y resplandor. Sólo uno, el que tú has elegido, Monja de Clausura, conserva el brillo y resplandor hasta la Eternidad, y ese, coincido contigo y con Ricardo es el que vale la pena buscar.

Un fuerta abrazo en XTO.JESÚS para ambos.

rgr dijo...

Querida Sor Cecilia, este testimonio que usted regala aquí me hace recordar a una lectura de hace pocos días, la de María a los pies del Maestro y Marta afanándose en los quehaceres; María se quedaría con la mejor parte, la que no le sería por nadie quitada. Ése precisamenten es su tesoro, y es aquel tesoro que aumenta...cuando se lo gasta compartiéndolo.
Un afectuoso saludo en el Dios de la Vida para usted y su comunidad.
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Así es, hermano, todo perece, todo es fútil, todo pasa. Sólo las cosas de Dios permanecen.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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