Pobre Dios


POBRE DIOS

Ojalá, Señor, te llegue mi voz.
Aquí estoy.
Sin grandes palabras que decir.
Sin grandes obras que ofrecer.
Sin grandes gestos que hacer.
Solo aquí. Solo. Contigo.
Recibiré aquello que quieras darme:
luz o sombra. Canto o silencio.
Esperanza o frío. Suerte o adversidad.
Alegría o zozobra. Calma o tormenta.
Y lo recibiré sereno,
con un corazón sosegado,
porque sé que tú, mi Dios,
también eres un Dios pobre.
Un Dios a veces solo.
Un Dios que no exige, sino que invita.
Que no fuerza, sino que espera.
Que no obliga, sino que ama.
Y lo mismo haré en mi mundo,
con mis gentes, con mi vida:
aceptar lo que venga como un regalo.
Eliminar de mi diccionario la exigencia.
Subrayar el verbo “dar”.
Preguntar a menudo: “¿Qué necesitas?”
“¿Qué puedo hacer por ti?”,
y decir pocas veces “quiero” o “dame”.
Y así sigo, Dios: Aquí,
sin más, en soledad.
En silencio.
Contigo, mi Dios pobre.

José María R. Olaizola, SJ

2 comentarios:

♥Alicia dijo...

Ricardo:
¡Q hermosa poesía!
¡Dios te bendiga por compartirla!
Solo con Jesús y María en nuestros corazones podremos:
Eliminar de nuestros diccionarios la exigencia.
y subrayar el verbo “dar”.
Un abrazo
Paz y Bien
♥Alicia

rgr dijo...

Gracias por tu presencia y tus palabras, Alicia. Es totalmente cierto: hay que mandar al destierro perpetuo todo llamado del egoísmo y volcarse a los demás, y recuperar la alegría del dar, de la gratuidad.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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