Jesús en el camino, en la Palabra, en el pan compartido, en la comunidad reunida


Miércoles de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (07/04/10)
Evangelio según San Lucas 24, 13-35

(Los dos discípulos iban camino a Emaús. Quizás sin un fin determinado, sino sólo con la intención de alejarse de Jerusalem, de alejarse de la tristeza, del espanto, del desengaño sufrido por la Pasión y Muerte de su Maestro.

Con ellos, también nosotros tendemos a tomar distancia de la cruz y de todo lo que nos agobia.

Aún en ese talante de desánimo, van conversando de Jesús, comentando y discutiendo lo sucedido.

Jesús es Dios y Dios es Jesús y es ese Dios quien siempre, invariablemente, toma la iniciativa en todos los órdenes de nuestras limitadas existencias.
El nos amó primero, y lo hizo y lo hace hasta el fin.

Y así, mientras los dos discípulos continuaban enfrascados en su diálogo, les sale al encuentro ese Jesús... al que ellos no buscaban, al que consideraban perdido pero que aún seguía presente en las profundidades de sus almas.

La Palabra nos dice que a pesar de que Él se hiciera presente junto a ellos, había algo que impedía que lo reconocieran.
Es claro: habían abdicado de toda esperanza, nos rendimos frente al embate de los estados de ánimo y se nos hace intolerable el peso de cualquier cruz.

Jesús sabe que cosas se tejen en cada corazón, y por eso los impulsa a desahogarse, a dejar fuera todo lo tóxico, todo lo que no crece, todo lo que nos ata.

Y paso a paso con ellos y con nosotros, nos hace recorrer la Palabra con paciencia y ternura, y ellos junto a cada uno de nosotros podemos descubrir que todo desemboca como un río de agua viva en Él.

Aún así, se nos acaba el día y se acerca la noche de nuestras limitaciones y nuestras mezquindades. Con ellos, le suplicamos que se quede.
Él se hace presente en ese Pan Sagrado, Él mismo alimento para todos, Él presente en el pan que se comparte... y sucede el milagro, triunfo increíble del Dios de la Vida y sus hijos, los discípulos, todos y cada uno de nosotros: ¡Él está vivo!

Ya no hay que escapar de la Jerusalem de la tristeza y el desengaño.
Es hora del regreso, y de contarle a los hermanos la increíble y maravillosa noticia del Resucitado.

Allí también lo sabían: el Señor se había aparecido a Simón Pedro.
Y los recién llegados cuentan lo que les ha sucedido, cuentan el ardor de sus corazones cuando el Maestro iba con ellos, cuentan de su presencia tangible al partir el Pan.

El Maestro se hace presente también allí cuando dos o más, reunidos en su Nombre, comparten la experiencia de Aquel que vive presente en sus vidas.

Es tiempo de fiesta, alegría y esperanza, tiempo de recordar que el Resucitado vá paso a paso caminando con nosotros aún cuando no podamos verlo, tiempo de escrutar desee un silencio orante sus huellas en la Palabra, tiempo de redescubrirlo al compartir el pan, tiempo de reencontrarlo vivo y presente junto a los hermanos reunidos en su Nombre.)

Paz y Bien


4 comentarios:

JOSE LUIS CARVAJAL IBELLI dijo...

¡Gracias por tus saludos pascuales!Seguimos en oración y en comunión, querido hermano. Bendiciones.

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Estimado Ricardo:La escena que hoy hemos escuchado en la eucarstía es una forma muy habitual en esta vida. Uno se cree que todo ya está encauzado, que la vida le va bien y de repente,,,¡Zas!te encuentras sin trabajo, te abandona tu amigo íntimo,te embargan quizás el piso. En fin todas las seguridades desaparecen, no obstante si se conserva la esperanza contra lo negativo de la situación vivida, tarde o temprano aparecerá un samaritano que te ofrecerá lo que nadie nunca en la vida te dio. Así se nos presenta Jesús disfrazado en estos acontecimientos dolorosos de la vida y lo digo con certeza porque lo he experimentado más de una vez y me ha ayudado decirme:«Pon una actitud positiva y correra mi Jesús para venirme a ayudar, sé que no moriré en el espíritu si sé amar».
Con ternura.
Sor.Cecilia Codina Masachs O.P

rgr dijo...

Un abrazo y gracias por tu presencia, padre José Luis!
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Mi estimada sor Cecilia, sin dudas Él está aún cuando nosotros lo olvidemos... y quizás se haga presente con mayor intensidad cuando mayor es nuestro agobio o cuando nos cerca la desesperanza.
Un profundo agradecimiento por sus generosas palabras, y una Feliz y Santa Pascua para usted y su comunidad.
Un saludo fraterno en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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