Un rey derrotado, hermano de malhechores

Jesucristo, Rey del Universo

Para el día de hoy (21/11/10):

Evangelio según San Lucas 23, 35-43

(Este Cristo. todo lo opuesto a esa imagen real que solemos representarnos: un monarca revestido de oro y poder, más identificado con un emperador guerrero e imponente, al que le es inaceptable la derrota.

Tristemente, a través de los tiempos, se ha reivindicado hasta límites insospechados esa idea de Rex Imperator que ha desembocado en el ejercicio desoladamente terrenal del poder y ha sido la excusa para ejercer la peor violencia en su nombre.

Pero lo que nos transmite el Evangelista Lucas es totalmente distinto.

Es un rey extraño, paradójico, escandaloso.
Al nacer, tiene por trono los brazos de su Madre.
Al morir, es coronado con espinas que taladran su piel y lo entronizan en la cruz, patíbulo reservado a los criminales más abyectos.

Porque la cruz es escandalosa. Supone una derrota que será finalmente aparente. Implica sufrimiento y torturas.
Jesús -maldecido y objeto de mofa hasta su último aliento- es condenado por blasfemo al decirse Hijo de Dios y políticamente peligroso: no acepta la deificación del César, e inculca en los suyos no afanarse por el poder, el dinero ni, mucho menos elegir el camino de la violencia.
Este extraño rey reinvindica el derramamiento de sangre siempre y cuando sea la propia y para que un hermano viva.

Frente al escándalo, nacen los gritos de de aquel entonces -por cierto, tan vigentes-: aún en tono de burla, se quiere imponer la salida egoísta: ¡sálvate a ti mismo!.
El ego por delante, yo primero, yo siempre.

Aún con la muerte a sus puertas, el Maestro rechaza librarse de ese cáliz; en el momento crucial de su vida terrena, elige salvar a otro. Ese otro es un malhechor -no como erróneamente se dice un buen ladrón, no en la didáctica de Lucas-.
Un malhechor, es decir, un hombre que hace el mal, y que sin hablar de arrepentimiento, sabe reconocer su marginalidad y la perversa injusticia en la ejecución de ese hombre bueno, Jesús. Tal es su sinceridad, que es el único en todo el Evangelio que al Señor lo llama por su nombre, Jesús.

Ese malhechor reconoce la injusticia, y suplica a Jesús que lo recuerde al llegar a su Reino.
Intuye en ese hombre bueno que muere a su lado una realeza que no es de este mundo.

A punto de expirar, Jesús ofrece la misericordia y la salvación a ese malhechor; y ese Paraíso, esa certeza de plenitud tiene la garantía de un presente.
La Salvación sucede hoy, ahora mismo, en este preciso instante se ha abierto la puerta de la eternidad.

Por ello, ha de ser día de serena celebración: si la cruz es signo y símbolo del amor mayor y si Cristo es en verdad nuestro rey, como súbditos deberíamos inclinarnos como Él mismo al servicio desinteresado, a la preferencia por los pobres, los excluidos, los marginales, los desechados, creando ámbitos de justicia y libertad en donde florezca la fraternidad.

Al fin y al cabo, es dable y santo sabernos también malhechores felices en sus brazos.

El Universo se sostiene por la Misericordia)

Paz y Bien

6 comentarios:

su chico dijo...

En un ultimo instante el hombre puede decidir darse la espalda a sí mismo y morir; o bien abrir el corazón para que entre en el el Rey que ha de conducirnos al paraiso

En el Amigo
al + mc

lourdes dijo...

Gracias, que el Señor te bendiga un feliz dia de Cristo Rey unidos en oración

Maria del Rayo dijo...

Todo muy bien, se me quedo la última frase "El universo se sostiene por la Misericordia.
Como olvidar cuanto me ama.
Gracias por este post. Aunque no te comente te leo.
Besos

rgr dijo...

Siempre estamos a tiempo, y hasta el que ha sido más execrable, él también puede encontrar la mano salvadora de Aquel que abre todas las puertas.
Un abrazo
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Felicidades para tí también, querida Lourdes, y que tengas un santo y fructífero Adviento
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Es difícil olvidarse todo lo que Él es capaz de hacer por nosotros una vez que nos hemos dado cuenta, María.
Gracias por tu presencia constante y tus generosas palabras.
Un abrazo grande en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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