Nadie es ajeno a la Misericordia


Para el día de hoy (16/11/10):
Evangelio según San Lucas 19, 1-10

(Nada a favor para Zaqueo.
Publicano -el jefe de ellos en Jericó- es decir, recaudador de impuestos para la potencia ocupante de la Tierra Sagrada de Israel, el Imperio Romano, y casi seguramente corrupto en sus exacciones.
Es rico, con lo cual aparentemente está excluido de la entrada al Reino -es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja...-
Es reconocido por sus paisanos como un pecador, la peor de las clasificaciones morales que lo equiparaba a las prostitutas.
El Maestro mismo lo reconoce como uno de los perdidos.
El mismo Zaqueo acepta haber hecho mal y ejercido concientemente la deshonestidad y la corrupción.

Nada a favor, y a nuestros ojos acostumbrados al cálculo preciso y a la clasificación del hermano, Zaqueo era un caso casi perdido, como tantos otros Zaqueos a los que prejuzgamos de imposibles de aceptar al Evangelio y convertirse.

Pero es Año de Gracia y Misericordia y -le moleste a quien le moleste- la Salvación es ofrecida a toda la humanidad. Nadie -ni el que nos parece peor, ni el más horrendo criminal- es ajeno a la Misericordia de Dios.
Como nos enseña el Apóstol: en donde abunda el pecado, sobreabunda la Gracia.

Quizás sea tiempo de volver a mirar a tantos Zaqueos que posiblemente, hayamos descartado de antemano como ajenos a la Buena Noticia. No es producto de nuestro juicio, ni cuestión de nuestras razones.

Es ante todo, voluntad universal de Aquel a quien Jesús nos enseñó a llamar ¡Abbá! ¡Papá!, que no quiere que ninguna de sus hijas ni de sus hijos se pierdan. Tal vez desde allí, podamos reencontrar el significado verdadero de esa universalidad que implica el término católico)

Paz y Bien

2 comentarios:

eligelavida dijo...

Hoy escuchaba a un comentarista en la radio responder a un ateo que afirmaba que los católicos somos pecadores, que tenía razón, pero que la misericordia de Dios es gratuita y para todos.

rgr dijo...

Eligelavida, ésa es una clave/llave que debería regir nuestra existencia: la gratuidad -Gracia- de su Misericordia y también su universalidad.
Un saludo fraterno en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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