Los buenos frutos







Para el día de hoy (10/09/16):  

Evangelio según San Lucas 6, 43-49



Las apariencias son siempre engañosas, algo así como una pátina superficial que intenta esconder la realidad, la verdad más profunda. El real talante de los árboles no pasa por la menor o mayor vistosidad sino por los frutos que brinda, pedir peras al olmo o higos a la zarza.

Ello se traslada al ámbito primordial de los corazones. Las buenas obras surgen de los tesoros afincados en las honduras de cada ser, así como también los venenos, los despropósitos, se arraigan en la maldad que puede ir ganando espacios interiores.
Este postulado puede trasladarse a la vida cotidiana, y a la vida de las naciones, especialmente en la política: no bastan los discursos, lo que se declama y no se practica puede ser atractivo, encender pasiones y ciertas lealtades fervorosas. Pero al fin del día, lo que cuenta es la justicia, la equidad, la promoción de los más pobres, la paz que se edifica, la protección de los débiles, la escucha atenta y respetuosa del otro aún cuando disienta.

No obstante ello, los buenos frutos no surgen así porque sí. Hemos de desconfiar sin vacilaciones de toda propuesta de instantaneidad. Los clicks humanos, las resoluciones pseudomágicas nada tienen que ver con el Evangelio aún cuando a veces se propugnen en nombre de Cristo.
Los buenos frutos son, claro está, producto de la buena savia eterna del Reino, pero también son la consecuencia de un paciente proceso de cuidado, crecimiento, cultivo. A veces poda, desmalezarnos para que nazcan cosas nuevas y buenas. La esperanzada y constante exposición al sol que vivifica y renueva.

Los buenos frutos surgen de buenos árboles cuyas raíces se adentran en la Palabra.

Paz y Bien

3 comentarios:

ven dijo...

Los buenos frutos surgen de buenos árboles cuyas raíces se adentran en la Palabra. Me quedo con esto gracias, un buen día en el Señor.

Felicitas dijo...

Yo me quedo con la buena savia eterna del Reino, que es la vida de la gracia en nuestros corazones; desde que dijimos sí a Jesucristo, corre por nuestras venas y arterías del alma, vivificándola, purificándola y haciéndola semejante a la de Cristo. Un saludo afectuoso, hermano.
Paz y Bien.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Gracias Ven, gracias Felicitas.
Alabado sea el Cristo que nos reune y convoca.

Que tengan una magnífica semana

Paz y Bien

Ricardo

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