La palabra recuperada

Para el día de hoy (31/03/11):
Evangelio según San Lucas 11, 14-23

(Silencio, sólo silencio, el peor de los silencios, aquel que nace de la imposibilidad de hablar, de comunicarse, de llegar al otro mediante la palabra.

Silencio identificado como demonio del mutismo, pues es atribuible al enemigo esta deshumanización del aislamiento permanente. estructuras cuidadosamente planificadas para que sólo algunos hablen con fuerza de ley, y una multitud viva sumida en un mutismo conveniente a oscuros fines.
Silencio también agradable al Adversario, pues es el mutismo de quien ha perdido el coraje de decir la verdad, del que acepta gustoso la mordaza de la comodidad, de los labios que se aprietan aún cuando en el fondo del alma se sepa con claridad que ya no hay que callarse, que hay cosas que deben ser dichas sin miedo.

Pero Jesús es el Verbo Encarnado: Dios se hace Palabra para que la humanidad recupere la capacidad de comunicarse entre sí y con Dios en el lenguaje de la vida y la libertad.

Es claro que siempre habrá voces desaforadas de los que prefieren la mano pesada de la opresión al dedo de Dios que pacientemente nos vá dibujando todo aquello que se nos ha borrado, el Reino presente entre nosotros en la compasión de Jesús y de sus amigos.
Y la advertencia del Maestro es clara y contundente a través de los tiempos: quien no está con Él hace imposible la siembra y desparrama, y esto se dirige especialmente a los enemigos de toda bondad, de toda plenitud humana, aún cuando tengan notoria relevancia en lo religioso.

Para nosotros también: el no querer mirar a un Jesús presente y vivo entre nosotros, en los hermanos nuestros que recuperan en habla, en el silencio impuesto que se quebranta, es desparramo y dispersión en una existencia que es don y es tierra fértil concedida para una siembra fructuosa)

Paz y Bien

2 comentarios:

su chico dijo...

Gracias por tu reflexión
Ciertamente, no es fácil saber qué decir, tener criterios y defenderlos.
Pero como cristianos, debemos saber, como bien señalas que no podemos callarnos: es nuestro deber "ir y anunciar"
Un saludo en el Amigo
al + mc

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Amigo, me animaría a añadir a esto que a menudo es hasta doloroso callarse.
La Buena Noticia tiene una fuerza propia, imparable y movilizadora para nuestras almas adormecidas.
Un abrazo
Paz y Bien
Ricardo

Publicar un comentario

ir arriba