La vida en dos monedas


Para el día de hoy (05/06/10)
Evangelio según San Marcos 12, 38-44

(El Reino al que Jesús nos invita puede presentarse desproporcionado a nuestros condicionados ojos.

Por un lado, dones increíblemente abundantes: centenares de litros de vino cuando la fiesta parece que termina en Caná, panes y peces que sacian a la multitud hambrienta, y aún así se llevan doce canastas más, redes que desbordan de peces luego de una noche estéril de aquellos pescadores expertos...

Por otro lado, una viuda pobre que ofrece silenciosamente en el Templo dos leptas, dos pequeñas moneditas de cobre y que el Maestro reivindica como donación mayor frente a los miles de denarios estruendosamente volcados en las alcancías por los ricos.

Quizás nos suceda porque no miramos con los ojos de Jesús, hermano y Señor nuestro. Y Él, que conoce la urdimbre de cada corazón, nos dice que el verdadero valor radica no tanto en las cantidades de lo dado, sino en la medida de las cosas que nos guardamos para nosotros mismos.

Esa mujer tenía tres pesadas cadenas: ser mujer -en ese tiempo, prácticamente carecía de derechos sociales, religiosos y jurídicos-, ser viuda -no tener un esposo que la protegiera- y ser pobre -el último escalón social, considerado por muchos de sus paisanos como una condena por pecados pretéritos-.

Aún así, en esas dos moneditas esa mujer ofrenda su vida.
Con la mente y el corazón, con un silencio estridente deposita en dos leptas su confianza en el Dios de la Vida, aún a costa de la propia subsistencia.
Seguramente habría otro más necesitado que ella.

Esa mujer es feliz tal como el Maestro lo ha enseñado; es bienaventurada por despojarse de todo, su propia vida, por los demás y abandonarse confiadamente a las manos de Dios.

En su generosidad, en su solidaridad y en su confianza esa ignota y humilde mujer se yergue con una altura mayor que el Templo de Jerusalem.
Ella misma se vuelve templo vivo del Dios de la Vida, es signo de ese Cristo que se despoja de todo su ser por todos y cada uno de nosotros, y se nos vuelve maestra.

Debemos aprender, volviendo al silencio y a la escucha de esa Palabra que nos transforma.

Por más pequeña e insignificante que nos parezca nuestra existencia, es don y como tal, debería ser transmitido.
La solidaridad y la generosidad -que son flores del Amor- sostienen al mundo.

Debemos aprender y re-aprender; y desde la sencillez de esa vida donada confiadamente detrás de dos silenciosas monedas, volver a ver a los peligrosos hermanos perdidos.

Sabemos quienes son, sabemos como son, sabemos lo que hacen y lo que han hecho, y desgraciadamente en los últimos tiempos nos hemos enredado en fútiles discusiones y estériles apologías.

Y nos olvidamos de preguntarnos lo primordial:¿amamos como ama Jesús?

Ese examen de conciencia que nos han enseñado de niños hay que volver a practicarlo en nuestro interior y en la comunidad.

Porque el Maestro se pone decidida y abiertamente del lado de las víctimas, y busca con denuedo la conversión del victimario, pero no se detiene en ocultamientos ni en discursos falaces.

Con la sencillez y la confianza de la viuda, quizás debamos donarnos de una buena vez, a pesar de que nos parezca que estas moneditas que somos carezcan de valor y no sirvan de mucho.

Dios se apiade de nosotros y nos ilumine para volver al servicio del caído, del agobiado, del excluído)

Paz y Bien




2 comentarios:

Oceanida dijo...

Esto es una joya.

A veces no nos damos cuenta, cuando vemos u obramos, que es simplemente loque haria Dios. Debemos de pensar a tiempo como seria y podremos cambiar el mundo por fin.

Un cordial saludo.

Pd.-palabras que alimentan el alma.

rgr dijo...

Un fraterno saludo para tí, Oceánida, y un enorme agradecimiento por tus generosas palabras.
Que tengas una excelente semana descubriendo cada día los tesoros del Reino que Jesús nos ofrece a cada instante.
Paz y Bien
Ricardo

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