De las pérdidas, las ganancias y las malas costumbres


Para el día de hoy (30/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 28-34

(La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva.
Hoy se nos está enseñando, ahora mismo Dios nos habla.

El Evangelio para el día de hoy nos brinda varios signos y símbolos de singular relevancia para no quedarnos en la anécdota, sino para ir más allá, hacia donde el Maestro quiere orientar nuestra mirada y encaminar nuestros pasos.

Jesús ha desembarcado en otra orilla: es tierra de gadarenos, área de la Decápolis y, por lo tanto tierra de paganos.
No hay sitio alguno en el universo en donde Él no deba hacerse presente; sus pasos no están limitados por nada ni nadie.

La amenaza surge desde el mismo cementerio, el mal está intrínsecamente asociado a puro grito con la muerte.
Pero ante su Presencia, ni siquiera presenta batalla... Cuando el Señor se hace presente, todo mal indefectiblemente retrocede.

Son almas agobiadas, alienadas, enajenadas; no tienen dominio de sí, de allí lo de endemoniados. Y parecería que se había hecho una costumbre que esos hombres estuvieran así, presos de ese mal y asustaran a cuanto ser se le apareciera, de tal modo que ya nadie recorría esa vereda.

Terrible rutina, mala costumbre la de habituarse al mal, a tomar como "normal" el sufrimiento del otro.

Cuando el Señor se hace presente, todo mal retrocede.
Nos dice la Palabra que a esos demonios Él les permite trasladarse a una piara de cerdos; automáticamente la piara se arroja al abismo.

Cementerio que infiere muerte, cerdos sinónimos de impureza, abismo que implica caos.
La muerte opuesta a la Vida, la impureza que impide ver a Dios, el abismo de un alma desordenada.

Nada puede ni podrá cuando Él se hace presente.

Hay una pérdida que implica ganancia: dos vidas recuperadas a cambio de una piara de cerdos.

Pero los gadarenos, si bien asombrados y maravillados del poder de ese Galileo, le piden que se vaya.

No es extraño.

Prevalece, por un lado, el valor de los cerdos que han perdido por sobre las vidas que se han ganado; por el otro, se les hace difícil de sobrellevar lo nuevo, es decir... se podía volver a andar tranquilamente por esa vereda cercana al cementerio.
Hoy también sucede así; parece que lo financiero, lo económico, lo material es más valioso que una vida que se rescata. Y por otro lado, quizás nos hemos vuelto demasiado tolerantes a las consecuencias del mal y de la muerte que vemos en nuestros hermanos más sumergidos y, tal vez, en nosotros mismos.

Toda una invitación a la reflexión que propicie la conversión: cuando Jesús se hace presente, el mal pierde entidad, consistencia y dominio sobre las almas.
Ese Jesús que se hace presente es el que nos habita en lo profundo de nuestros templos, nuestros corazones, y nos invita a desinstalarnos y a revalorizar la vida, que sagrada para Dios.)

Paz y Bien




2 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

Cuanto mal nos hace la visión tan corta que a veces tenemos en darle a lo material, tanto valor del que no tiene, que incluso lleva a cometer delitos graves contra nuestros hermanos, incluso con nosotros mismos.
Ricardo, gracias por tu reflexión.
Besos

rgr dijo...

Es verdad, María; inclusive, a menudo se hace daño sin darse cuenta, con la silenciosa complicidad que nace del acostumbrarse a lo que es inhumano y habitual.
Gracias por tu presencia y tus palabras.
Paz y Bien
Ricardo

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