Desde los bordes, entre la multitud

Para el día de hoy (25/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 1-4

(Jesús baja del monte y lo sigue una gran multitud.

Allí, al margen de la vida, se encontraba él; excluido de la vida comunitaria, debía soportar la humillación de anunciar a voz en grito su condición de leproso, para que nadie se acercase. Estaba privado de todo derecho, y especialmente, del derecho a encontrarse con Dios en el Templo.
Su terrible enfermedad era considerada producto de una culpa, originada en el pecado; la costumbre de considerar al enfermo de lepra como impuro, lo aislaba y marginaba aún más.

Pero pasa Jesús, y sucede la .
Pasa Jesús y sucede el coraje, el valor, el dinamismo.
Quien hasta ese momento debía quedarse en el borde -enfermo de lepra y soledad- se anima contra toda prohibición inhumana, rebasa el alambrado inhumano que se le ha impuesto y corre al encuentro del Maestro.
Es un anawin de Yaveh, un pobre al que Jesús ha llamado feliz y al que le pertenece en primer lugar el Reino de los Cielos.
Ese ser reducido al desprecio confía en Jesús; y Jesús jamás defrauda a quien lo busca con un alma sincera y humilde.
Con el corazón en sus manos llagadas, le dice de un modo maravilloso: -Si quieres, puedes limpiarme-. Son palabras sencillas de un tiempo nuevo; él se sabe considerado impuro, y suplica a Aquel en quien tiene depositada su vida que lo limpie de esas impurezas que lo separan del prójimo.

Es tiempo de Gracia y Misericordia, y la proclamación del Reino siempre irá intrínsecamente unida a acciones concretas, a menudo inesperadas, siempre maravillosas.
Jesús rompe las cadenas de marginación: previo a todo, toca su mano.
Ante ojos ajenos, Él mismo se vuelve impuro, pero es más -siempre es más-: asume como propia la exclusión del leproso, y con ese tocar su mano le dice que es su hermano, que no le teme, que no le importa que los demás lo consideren impuro.

Será porque cuando se ama, nada más importa...

El leproso es librado de su enfermedad; ya es un hombre nuevo por la acción misericordiosa de ese Jesús que lo ha reconocido. Ya es un hombre que podrá estar entre pares en la sociedad, con todos sus derechos, y es reconstruida su relación con Dios... Por ello, el Maestro lo envía a presentar ante los sacerdotes la ofrenda prescrita por Moisés para los casos de curación de lepra.

Nosotros, que tan a menudo vemos a nuevos leprosos a la vera del camino y que seguimos de largo, debemos quedarnos inquietos y preguntarnos alma adentro con sinceridad en dónde estamos y de qué lado estamos...

A ese Jesús al que a menudo perdemos por que se nos opaca la mirada por eso que llamamos pecado, lo podemos descubrir no tanto en lo alto, un Dios Todopoderoso e inaccesible, sino justamente allí, inmerso entre la multitud, Su Rostro claramente definido en los que están al borde de la vida, ignorados y despreciados por la mayoría)

Paz y Bien

4 comentarios:

su chico dijo...

Y seguimos empeñados en señalar la pureza por el brillo que nos deslumbra y no por su Luz iluminadora

Un abrazo en el Amigo, Al + Mc

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Muy buena exposición Ricardo.
Y aún seguimos despreciando a los nuevos leprosos de nuestros días. Tantos y tantos sufrientes de vivir en la miseria, los emigrantes, los enfermos del sida y a los futuros bebés o ya personas en el vientre materno.
En tiempo de Jesús los niños erán despreciados de ahí que dijese, que dejarán acercarse a los niños y los abrazase. Hoy como en ese tiempo una parte de la sociedad acomodada en la ignorancia, sigue despreciando a los niños.
Gracias por tus visitas a mi casa.
Con ternura.
Sor.Cecilia codina

rgr dijo...

Hermano, eso que dices es clave/llave: nos resulta a menudo más cómodo y confortable lo accesorio y relegamos lo principal... porque quizás nos incomoda el ego.
Un abrazo en el Dios de la Vida
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Querida sor Cecilia, no me agradezca por mis visitas a su blog; son siempre un placer y una alegría, aunque no tienen toda la frecuencia que quisiera.
Sí estoy agradecido por su permamente comunión, presencia y compañía.
Hemos de seguir andando y estirándonos para levantar a tanto hermano cáido a la vera de la vida.
Le envío un afectuoso saludo en el Espíritu que nos une para usted y su comunidad.
Paz y Bien
Ricardo

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