Elegías de ayer y hoy

Para el día de hoy (23/08/11):
Evangelio según San Mateo 23, 23-26

(Los ayes del Maestro son duros, contundentes, y se requiere de un esfuerzo ímprobo -teñido de imposible- para no asociarlos a hechos que conocemos y nos golpean y nos desangran.

El abuso de niños, la connivencia con el poder, el autoritarismo, el aferrarse a la pura forma vacía de corazón, el culto de una imagen externa que a menudo esconde gravosas tinieblas y cierto sectarismo militante y arraigado que pretende diferenciar y separar a algunos que cumplen funciones pastorales -que son vocaciones del Espíritu- del resto del pueblo de Dios.
La denuncia de Jesús vá contra escribas y fariseos de ayer y de hoy también.

Todo esto nos viste de tristeza y, con frecuencia, nos enciende de rabia e impotencia.

Aún así, no podemos permitirnos desesperar. Y no está mal de vez en cuando -¿acaso siempre?- volvernos simples como niños, desterrando todas esas complejidades que nos agobian y nos hacen perder el sentido.

En esa sencillez que habitual y torpemente se la suele clasificar de ingenuidad, no está de más volver a plantearnos ciertas cuestiones que damos por supuestas e irrevocables: la fuerza y la novedad de la Buena Noticia no pueden ser alambradas ni reducidas a criterios preestablecidos, ni circunscriptas a preconceptos esquemáticos.

Ante todo, no se trata de oponer institucionalidad a espiritualidad: es una trampa peligrosa, pues la primera debería ser consecuencia natural de la segunda.
Quizás por ello deberíamos sumergirnos corazón adentro, y con la luz del Espíritu que sostiene y alienta la vida, volver a descubrir con ojos plenos de asombro que religión significa principal y especialmente re-ligar, re-unir, congregar a los dispersos desde la fraternidad que nos ha sido dada.
Eso que entendemos por religión entonces se expresará primero en justicia, en compasión, en sinceridad. Y desde allí sí, el culto y la liturgia se erigirán como consecuencias necesarias de esa misericordia palpitada a diario.

El culto verdadero comienza en el socorro al necesitado, y el Reino acontece cuando se sienta en la cabecera de nuestra mesa aquel que nadie invita, aquel que languidece a nuestro lado, aquel que sólo es importante para un Dios que es un Padre que nos quiere y una Madre que nos cuida, no un juez severo, no un verdugo implacable, no un rigorista empedernido.

Nos congrega sin límites, a buenos y malos, a grandes y pequeños, a consagrados y laicos un Dios que es sonrisa y abrazo, ternura y comprensión, compasión y tolerancia, felicidad y liberación.
El Dios del Universo, el Todopoderoso que no ha dudado en hacerse un Niño frágil en brazos de su Madre, servidor de todos, un Dios hermano y compañero de mujeres y hombres capaces de amar.)

Paz y Bien


2 comentarios:

Salvador dijo...

Hola Ricardo, supongo que habrás visto el encuentro bloguero. Es una lástima que tú no puedieras estar. Me imagino las dificultades y también el obstáculo de la distancia. Hubiese sido muy bueno haber estado. Te he extrañado.

Bueno, nos hemos conocido algunos, elige, Jorge Cordero, Donjona, Nestor, Cristina, Mauricio, Carmen, Pilar, Esperanza, Juan Alejandro, Guerrera y ... no me acordaré de todos. Y hemos experimentado que debemos esforzarnos en estar unidos, vernos los que podamos de vez en cuando, y compartir nuestra fe.

Aunque pase el tiempo siempre es bueno contactar y refrescar nuestros criterios y nuestro amor. Porque amar no es sentir sino el acto de empeñarnos en querer amar. Porque el amor no obedece a sentimiento sino a responsabilidad y voluntad.

Y en eso está lo que significa, o, creo entenderlo así, lo que quizo decir JESÚS: Aparentar una cosa pero seguir tus sentimientos que son otros. Es decir, hipocresía.

Porque aceptar el dolor, el sacrificio, la renuncia, el servicio, la generosidad y... no es cuestión de sentirlo sino de quererlo porque es la única salida, la mejor, la que nos llena plenamente de paz, la que coincide con nuestra conciencia, la que nos hace en lo más profundo de nuestro ser felices y gozosos.

En el huerto de Getsemaní se encuentra contenido este misterio. Hacer la Voluntad del PADRE no es un sentimiento sino una vocación, una responsabilidad que mueve nuestra voluntad para, detrás de esos quereres, encontrar el verdadero amor que nos hace eternamente felices.

Mañana colgaré el vídeo de lo que hicimos en la mesa de Evangelización y catequesis (en creyente). Supongo que lo habrás visto, pero caso de que no sea así te lo comunico También para tus amigos y visitantes.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS., y espero que estén todos bien.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Gracias, querido hermano. Desde mi oración y mi silencio he estado allí con ustedes; imagínate, hace unos cuantos años participé en la JMJ 1987 aquí en Buenos Aires junto a Juan Pablo II, con todo lo que ha significado para nosotros en estas tierras tan golpeadas.
Me alegra muchísimo que se haya producido el encuentro, y que la familia siga creciendo, fecunda y unida al árbol de la Vida
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

Publicar un comentario

ir arriba