Normas para anfitriones

Para el día de hoy (31/10/11):
Evangelio según San Lucas 14, 1.12-14


(Es fácil caer en la trampa tentación de suponer al Maestro como un hábil ilusionista que irrumpió en el decurso normal de la historia, o bien como un agradable promulgador de un código de conducta y canon religioso establecedor de modales; sin embargo así borramos de un plumazo la interpelación raigal que el Evangelio nos hace, cuestionando todo aquello que damos por supuestamente establecido y tolerado.

A la mesa de la injusticia acostumbrada se sientan aquellos unidos por lazos de amistad, de consanguinidad, de afinidad y poder económico: es la estructura de poder que se enquista socialmente y que se autoprotege, que no es capaz de ver al otro ni de entrever futuro al buscar la magra recompensa que pueda obtenerse en un presente que supone solamente propio.
Pero hay muchos más que no participan del banquete de la vida, que han sido deliberadamente excluidos, que sólo pueden vincularse entre sí en el dolor, en el olvido y en el desprecio; son aquellos con los que se identifica plenamente Jesús de Nazareth, y desde ellos se edifica la esperanza en el tiempo nuevo de la Gracia y la Misericordia.

Si se quiere, el banquete de Jesús es en cierto modo escandaloso: rompe el hielo inhumano de una mesa de pares, de iguales, de homogeneidad -la gente como uno- en donde no hay lugar para el distinto, para el extranjero, para el enfermo, para el impuro.

La mesa del Señor es recinto amplio en donde se incluyen con alegría y determinación todas las diversidades porque palpita la fraternidad y la generosidad, donde son llamados con especial deferencia aquellos a los que nadie invita, los que están a la vera de todo, los que no pueden andar, los que no pueden ver más allá de su horizonte de dolor)

Paz y Bien

De apropiaciones y despojos

Para el día de hoy (30/10/11):
Evangelio según San Mateo 23, 1-12


(Nos gusta mucho la pompa y el boato: nos aferramos con fruición a lo multitudinario, es decir, se nos ha vuelto imprescindible las ansias de mostrar y demostrar/nos que cuando nos reunimos somos muchos, muchísimos, y acumulamos una fuerza compacta y demoledora de nuestros enemigos.
Es claro de que no se trata de denostar esa necesidad de pertenencia e identidad; sin embargo, es menester recobrar la identidad evangélica, el carisma de Buena Nueva de Jesús de Nazareth que a través de la historia nos hemos esforzado con denuedo en desdibujar y disfrazar a través de juiciosos razonamientos, la apropiación de la Palabra por unos pocos en aras de la ortodoxia, justificando cuestiones que lejos están del espíritu del Reino.

Podemos caer en una tentación cuando leemos la Palabra para el día de hoy: la de volvernos hijos perpetuos de la crítica inmisericorde, vacía de compasión en una postura anárquica y cuasi adolescente que juzga con dureza a la jerarquía por la jerarquía misma.
Sin embargo la Buena Noticia no puede alambrarse ni acorralarse en determinados parámetros de exclusividad.

La interpelación vá dirigida a los apropiadores de toda la historia, los pasados, los presentes y los que se están formando y preparando en el detentar el poder religioso en desmedro de sus hermanos.
Esta interpelación se nos puede hacer ingenua, y adquirir ciertos visos románticos o utópicos ¿acaso podremos sobrevivir sin jerarquías ni estratificaciones eclesiásticas claramente definidas?

Habrá que animarse a la santa locura del Reino que nos ofrece nuevamente -a diario- el Resucitado, esa ilógica que más allá de todo razonamiento nos dice que la felicidad radica en despojarse de lo inútil, de lo que perece para dejar espacios a lo trascendente y eterno, a despreocuparnos de títulos y prebendas y recuperar lo verdaderamente valiosos de nuestra identidad primera, y que es el servicio, la entrega generosa y desinteresada.

Volverse hermanos como nos insiste el Maestro, y aunque en apariencia signifique ir a contramano de toda costumbre, tradición y razonabilidad, implica que los pequeños y los que nadie escucha son el centro de la atención de toda comunidad, y que no hay tarea más urgente que la de aliviar tantos hombros cansados de cargas que se han impuesto con puntillosa exactitud; entonces sí, tal vez, podamos comenzar a descubrir que eso que llamamos Iglesia es una familia grande de hermanos y amigos, en donde los primeros son los que han negado fervorosamente a sí mismos para que el otro viva, una Iglesia en donde todos cuentan y en donde los primeros son los que han sido abandonados y olvidados a un costado del camino)

Paz y Bien


Servicio e identidad

Para el día de hoy (29/10/11):
Evangelio según San Lucas 14,1.7-11


(La Buena Noticia tiene por destinatarios primeros a los pobres, a los oprimidos, a los ciegos de cualquier esperanza, a los cautivos de toda esclavitud. Ello no es un movimiento específicamente rebelde, ni la fundación de una institución o corriente de pensamiento religioso; antes bien, es la mirada propia de la voluntad de Dios que se revela en Jesús de Nazareth.

Y necesariamente se dividen las aguas: de un lado, aquellos que se han apropiado de los espacios mezquinos de la religión, la vida espiritual, la existencia. Del otro, la Palabra viva y vibrante del Maestro.
No existen casualidades, sino más bien causalidades: por eso, la Palabra de hoy se plantea en pleno Shabbat, es decir, en el día sacralizado en donde se advierte con mayor notoriedad a quienes se les permite el acceso a la mesa sagrada y a quienes se les impide cualquier palabra o participación.

El distingo principal, la cédula de identidad cristiana por excelencia es el servicio desinteresado, aquel que busca la no figuración, los últimos lugares y no para que en una falsa humillación se reconozcan a posteridad un áurea de santidad, o establecer laboriosamente monedas de cambio para adquirir una salvación postrera en el mercado de las almas de un dios comerciante.

Quizás se trate, ante todo, de recuperar la vista a esa índole de celebración al que nos convoca Jesús, ese recinto amplísimo en donde todos festejan, en donde todos tienen lugar, al que todos hemos sido invitados.

En ese espíritu del Maestro, nuestra identidad se define cediendo el asiento a aquellos a los que nadie invitaría a comer por diversos motivos -canónicos, sociales, políticos, sexuales, ideológicos-, sabedores de que hay un Dios Padre y Madre que es pura compasión y misericordia, un Dios inquieto que no se queda a esperar a que la mesa se complete con unos pocos, sino que sale por sí mismo o a través de los suyos a buscar a los perdidos y olvidados.
El servicio primero es hacer presente ese valor sagrado de cada vida humana, haciéndose presencia allí en donde campee la soledad y la ausencia)

Paz y Bien

Elegidos y enviados

Santos Simón y Judas, apóstoles

Para el día de hoy (28/10/11):

Evangelio según San Lucas 6, 12-19


(En la intrincada y extensa trama de la historia humana, sinceramente somos apenas un pequeñísimo fragmento, un fugaz destello de vida. Aún los más longevos son sólo un minuto que pasa en los tiempos que abarca el universo.

En ese orden de ideas, es dable rendirse a la propia insignificancia y relativizar todas aquellas cosas que solemos absolutizar y elevar a condiciones cuasi divinas; sin embargo, lo que verdaderamente transforma todo destino y abre el horizonte de la existencia es que Dios ha puesto su mirada sobre todos y cada uno de nosotros.

Hoy está la voz del Maestro recordándonos que cada mujer y cada hombre es importante, es único, es irrepetible, es reconocido por nombre y apellido desde su identidad y su carácter, con sus luces y sombras, descubierto por lo que es y por todo lo que puede llegar a ser.

Es la maravilla de sabernos elegidos, nó unos pocos, sino toda la humanidad por pura bondad y ternura de un Dios que es Padre y Madre. Elegidos para bajar al llano del abandono y la masificación informe, elegidos para llevar ese mensaje de que otra vida y otro mundo es posible, que la Salvación y la liberación se ofrece a todos sin condiciones bajo el imperio de la Gracia, de la gratuidad, de la generosidad, del amor.

El ser elegidos implica movilización, no quedarnos quietos ni suponernos más ni mejores que nadie: al contrario, debemos salir de estas corazas de egoísmo con las que gustamos vestirnos y reconstruir al prójimo, a ese hermano que hemos perdido de vista.

La Buena Noticia es que la eternidad comienza aquí y ahora, y que es designio del Altísimo la vida plena y abundante para todos)

Paz y Bien



Sin pedir autorizaciones

Para el día de hoy (27/10/11):
Evangelio según San Lucas 13, 31-35


(El ambiente se estaba volviendo peligrosamente complejo.

Jesús no duda en enfrentar al poder religioso y al poder político -los cuales no estaban claramente delimitados-; por ello no debe sorprendernos que se le acerquen algunos fariseos con el aviso de que huya, de que se esconda pues su vida corre peligro al haber encendido las furias de Herodes, al que llama zorro no tanto por reconocerle ciertas habilidades e inteligencia política, sino más bien como término despectivo en contraposición con la figura aramea del león. Así minimiza el engrandecimiento del poder omnímodo y cruel que ejerce, porque a pesar de su brutalidad está destinado a perecer, al igual que lo están todos aquellos que se adueñan de voluntades y vidas ajenas invocando cualquier tipo de pretexto o autoridad.

Sin embargo, es dable suponer que no hay demasiadas buenas intenciones de parte de la secta farisea: se trata, en el mejor de los casos, de quitar a Jesús del medio ya sea ejerciendo la violencia o despertando sus miedos.

Aún así, el Maestro no se detendrá y seguirá decidido hacia esa Jerusalem que lo espera con una cruz hambrienta.
Él tiene una misión y se mantendrá fiel a ella hasta el final, hasta las últimas consecuencias; irá levantando a los caídos a su paso, curando a los enfermos, rescatando a los perdidos, liberando a los excluidos y curando toda dolencia.
Y como sabe que su misión es servicio, es la lluvia fresca de Gracia y bondad, no pedirá autorización a los poderosos: para hacer el bien no hay que pedir permiso a nadie.

Jesús de Nazareth, Cristo Emmanuel, Dios con nosotros, es el más humano de todos: injusto e ilógico es entonces presuponer que era inmune a cualquier tipo de angustias y temores.
La gran diferencia, lo que define su vida y toda existencia es la fidelidad)

Paz y Bien

Los privilegios de la Gracia

Para el día de hoy (26/10/11):
Evangelio según San Lucas 13, 22-30


(A veces, las respuestas del Maestro pueden sorprendernos por su contundencia y su dureza; puede ser también que nos hemos comprado una fotografía interior de un Jesús desbordante de cómoda ternura adaptable a nuestros estados de ánimo, pero es un Jesús ajeno a la verdad y a la justicia.

En realidad, la respuesta del Maestro en esta ocasión es similar a otras planteadas, y sucede cuando la pregunta planteada es errónea o falaz, es decir, que induce a error: el razonamiento que conduce a ese cuestionamiento acerca de la cantidad de los que se salvan parte de un supuesto de privilegios previos por pertenencia a un pueblo elegido o a una religión determinada, y también, de la acumulación de méritos piadosos, como si la Salvación fuera una condición adquirible en el mercado de las almas.

Es el tiempo de la Gracia, y es el tiempo de Dios y el hombre, Dios que se ha tejido en la historia haciéndose uno más entre nosotros, el más humano de todos.
La Salvación es don y misterio, Gracia que se otorga por pura bondad de un Dios que es Padre y Madre y que quiere que todas sus hijas e hijos se salven.
En esa urdimbre santa, en este tiempo de perdón y misericordia la vida se edifica desde esta temporalidad muy limitada con la mirada puesta en el horizonte de la eternidad.
Más aún, la eternidad comienza aquí en estos arrabales.

Es erróneo, mezquino y cruel pensar quienes y cuantos han de salvarse.
La Salvación es ofrecida desde el amor mayor de la cruz a toda la humanidad, y antes que preguntarse el cuantos es dable y necesario cuestionarse qué hacemos cada uno de nosotros en respuesta a ese don infinito.

No se han otorgado salvoconductos de ninguna índole, todo es don, regalo y gratuidad: ésa, precisamente, es la puerta estrecha, existencias que se erigen humildemente cuando descubren lo que les ha sido dado, y que la caravana de la vida para siempre está integrada por muchos e impensados compañeros)

Paz y Bien

Certeza de madre, confianza campesina

Para el día de hoy (25/10/11):
Evangelio según San Lucas 13, 18-21


(En el horizonte hacia el cual nos dirige la mirada la parábola, antes que de levadura y granos de mostaza podemos descubrir que las cosas del Reino de Dios revelado por Jesús de Nazareth, son cuestiones de hombres y mujeres.

Hombres y mujeres que trabajan, mujeres y hombres sencillos que edifican la vida desde la humildad, que se sostienen en la esperanza con todo y a pesar de todo pues se brindan por entero a la fuerza de la vida que se ha confiado a sus manos laboriosas.

Hombres y mujeres que reniegan de fastuosidades, imposiciones y ansias de figurar, mujeres y hombres que desde el silencio empujan hacia los lados y hacia arriba transformándolo todo, pariendo la vida diariamente, una vida que a menudo es apagada o menoscabada.

Hombres y mujeres frutales, mujeres y hombres del Espíritu que renueva la faz de la tierra más allá de toda expectativa.

Hombres con la confianza campesina en las virtudes y en la fuerza escondida de una pequeña semilla, que se atreven a sumar sus esfuerzos para que esos brotes santos cobijen a tantos pájaros abandonados a su suerte.

Mujeres con luminosa certeza de madre, que con poco y nada amasan la harina de la existencia con el fermento de la Misericordia para que a nadie le falte el pan, para que todos los hijos se sienten a la mesa)

Paz y Bien

Enderezar los caminos, erguir las vidas

Para el día de hoy (24/10/11):
Evangelio según San Lucas 13, 10-17


(Sinagoga implica no sólo el sitio físico del culto sabatino, sino que en su traducción primera significa congregación.
Por eso hemos visto a través de la Buena Noticia que no sólo las multitudes acudían hacia donde se encontraba el Maestro -en todo sitio y lugar-, sino que Jesús amaba ir allí adonde la gente se reunía y congregaba.

Y esa mujer estaba allí, y llama la atención que se la ubique precisamente durante dieciocho años en el recinto en donde se expulsa a tantos en nombre de la pureza ritual.
Es claro: se trata ante todo de una mujer, una sin derechos sociales ni religiosos, una espectadora menor del culto -que nunca protagonista-, que por un espíritu impuro está agobiada en su enfermedad. En ese espacio angosto no ha de tener otro sitio que el que le concedan esas almas rigurosas de ley y religión, por eso tendrá un no-espacio, por eso verá pasar todo desde afuera en la resignación que se le impone.

En realidad, podemos intuir todo un universo de signos y símbolos: son las vidas doblegadas por la fé que se impone, esa espiritualidad de preceptos, premios y castigos que refiere a un dios punitivo, a un verdugo exacto manipulable por una piedad codificada de antemano. Es el agobio que aplasta cualquier ansia de libertad, y que nada tiene que ver con el Dios Abbá de Jesús de Nazareth, con la Buena Noticia de su Reino.

Él ha venido a enderezar los caminos en donde tantos nos hemos desviado hacia laberintos de donde, a menudo, no quisiéramos salir por miedos o comodidades.
Pero es bien sabido que de cualquier laberinto se sale por arriba, y es la mejor de las noticias, la liberación de ese Cristo que se ha hecho servidor de todos, el tiempo de la Gracia y la Misericordia en donde no hay imposición, en donde todo se brinda en la ordenación de la pura ternura y el canon de la compasión.
Es el tiempo en donde se revela el rostro de un Dios que se desvive para que todas sus hijas e hijos puedan erguirse en su totalidad humanas, vidas de pié capaces de mirar al sol de frente, mujeres y hombres que no pueden descansar hasta que sus hermanos agobiados puedan enderezar sus espaldas)

Paz y Bien


Sendero inevitable

Para el día de hoy (23/10/11):
Evangelio según San Mateo 22, 34-40


(En 613 preceptos -248 de carácter positivo y 365 prohibiciones- podían los estudiosos desglosar la ley mosaica.
Es claro que no era tarea sencilla, exigía muchísimo tiempo de intrincado estudio, una exégesis rigurosa y, entre los estudiosos y expertos, pocos de ellos podían recordar todas y cada una de estas normas.

A la vez, este laberinto religioso se trasladaba al pueblo -una prohibición para cada día del año-, con más las normas de culto, de pureza, abluciones y rituales a cumplir a rajatabla, orbitando toda la fé de Israel alrededor del Templo de Jerusalem; la carga era demasiado gravosa, por no decir insoportable para la gente más sencilla. Por ello mismo, los rabbíes que tendían a simplificar esta maraña de normas eran escuchados con una atención especial.

Pero a contrario de una enseñanza que aligerara progresivamente al pueblo de esa carga religiosa, el Maestro habla con palabras claras de libertad, de santa rebelión, desatando la alegría en las almas agobiadas de los más pequeños y el escándalo en los apropiadores de espíritus y vidas. Ha borrado todas las fronteras de mezquindad y exclusión, ha cambiado el centro de toda existencia.

Dios se ha hecho historia, es Palabra que se ha encarnado en Jesús de Nazareth para que recuperemos el habla: por ello mismo, lo sagrado habitará en cada mujer y en cada hombre, templos vivos del Dios de la Vida, y no tanto en recintos de piedra u hormigón.

Hoy solemos pisar las mismas veredas riesgosas de aquel entonces si nos internamos en el laberinto de normas a cumplir, si deificamos cánones y libros, pues nosotros no creemos en un libro...Nosotros creemos en Alguien, Cristo Jesús nacido en Nazareth de María, que vivió, murió y resucitó y está y estará siempre presente en medio de su pueblo.

Para la fé del pueblo elegido, el mandato de amar al prójimo no era desconocido; sin embargo, el prójimo estaba acotado por la raza, la pertenencia nacional, la pureza religiosa. Jesús expande esos límites al infinito, el prójimo es especialmente el extranjero, el que está lejos, el despreciado, el portador de estigmas, aquél que ni en broma ni por casualidad sentaríamos a nuestra mesa.

Jesús no anula la ley, ni plantea una nueva religión a partir de un nuevo plexo normativo; Él mismo expresa que todo es nuevo, que ya no vale la imposición ni el recurso al temor: todo se hace y construye por amor.
Es claro que el Reino está muy lejos de cualquier asomo de romanticismo pasajero o buenas intenciones declamadas: se trata de un compromiso, una transformación y un diálogo con un Dios que se nos revela Padre y Madre, y al que se lo encuentra en el otro.

El mandamiento del amor al prójimo no corre en paralelo con el del amor a Dios: es más bien su consecuencia directa, el sendero inevitable que hemos de transitar si queremos recobrar una identidad que se nos ha ido desdibujando a través del tiempo, pues nos hemos dedicado con puntillosidad y exactitud a buscar lo que nos diferencia y separa, se nos han hecho imprescindibles y primeras normas litúrgicas y dogmáticas, y en el altar de nuestra soberbia y a los pies del ídolo de nuestra indiferencia hemos sacrificado al otro, al hermano.

No hay otra medida que el amor vivido a diario, la entrega desinteresada y generosa que significa desvivirse para que nadie quede afuera de esta familia grande que solemos llamar Iglesia, y que tristemente confundimos a veces con un grupo selecto para unos pocos.)

Paz y Bien




El éxodo de la desgracia

Para el día de hoy (22/10/11):
Evangelio según San Lucas 13, 1-9


(Los sucesos relatados por Jesús de Nazareth -el asesinato a manos imperiales de unos galileos probablemente zelotas, la muerte de unos jerosolimitanos por el derrumbe de una torre- era y son leídos de varias maneras.
Por ejemplo, con un talante resignado, aquel que supone que la vida es muy corta, que todo ya está decidido y que, por eso mismo, carece de importancia cambiar y transformarse.

O bien desde la perspectiva de un dios juez y represor, que dictando las leyes del mercado de las almas dicta las diversas tarifas para premiar piedades o castigar pecados. Un dios del éxito y la prosperidad que es rápido en cuestiones punitivas: para ese dios toda desgracia está más que justificada, y la conversión supone la adquisición de la salvación post mortem y el evitar todo sufrimiento en tiempo presente.

Ése no es el Dios Abbá de Jesús de Nazareth, un Padre que perdona, una Madre que abraza, Dios del rescate y la salvación universales.

Una certeza tenemos todos los seres humanos, creyentes o incrédulos, y es la de que todos -invariablemente- vamos a morirnos. De eso no hay lugar a dudas, es indiscutible y es signo de nuestra finitud y nuestras limitaciones.
Es claro que frente a ello solemos inventar, a menudo con gran creatividad, mecanismos para que el agobio de esa verdad no nos sea tan gravoso. La fuga es a menudo una opción cierta, y hasta nos hemos creado dioses y religiones muy convenientes al respecto.

Pero vuelven a despertarnos de esa modorra de esclavitud las palabras del Maestro: no importa tanto el morir, sino más bien el cómo se vive, y especialmente si se vive en plenitud y en verdad.

La invitación hoy trasciende las fronteras de las mujeres y hombres de fé, cristianos de las distintas familias: es el atreverse a dar el paso y liberarse de tanta des-gracia, viviendo la vida como un don, como un regalo, como algo gratuito -gratis, Gratia, Gracia-, y que vale la pena vivir, que es valioso en cualquier momento de la existencia torcer el rumbo y salir de la desolación y el desierto hacia campos verdes de liberación.

Esa higuera que no es arrancada, y a la que pacientemente se le aguarda su tiempo frutal es el mejor símbolo de nosotros mismos: quizás la mejor cosecha surja cuando nos animemos a romper esas caparazones de egoísmo y soledad que nos agobian, y salir al encuentro de los que agonizan en silencio y abandono, los que soportan desgracias que se les imponen e infringen, con la buena noticia de que todo puede cambiar aquí y ahora.

Hay que atreverse al escándalo y la locura de la cruz)

Paz y Bien

Toma de posición

Para el día de hoy (21/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 54-59


(No hay vuelta atrás.
Los signos están allí, despuntando en nuestro horizonte y cayendo como lluvia buena sobre estos campos yertos.

Se lo puede intuir en la amistad, en la gratuidad, en la generosidad, en la solidaridad, en la compasión, cuando florecen la justicia y la liberación.
Algo nuevo está sucediendo, y no es posible atarse a un ayer que parece perpetuarse en la tristeza, en el dolor, en el más de lo mismo.

Tampoco es válido el anclaje al miedo, bajo el pretexto de tradiciones heredadas o comodidades instaladas.
Es tiempo de noticias buenas y nuevas.

Esto que a menudo está escondido a los ojos pero brilla en la fé, nos impulsa a una toma de posición: no hay lugar para medias tintas.

La cruz es compromiso, es el amor mayor y es la santa irreverencia de asumir el desprecio, la proscripción, el ser maldecido, el abrazar una ilógica mansedumbre en nombre de Aquél que sigue vivo y presente en medio de su pueblo.

El sol de nuestra redención nos asoma cada mañana y podemos abrir los ojos y mirarlo de frente)

Paz y Bien

De cruz y fuego

Para el día de hoy (20/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 49-53


(La cruz no era -como se supone erróneamente- el método de ejecución preferido en Israel; cuando un condenado por el Sanedrín había de ser ejecutado, se lo sacaba fuera de las puertas de la ciudad, y se lo apedreaba hasta morir, sistema que conocemos como lapidación.

La crucifixión era el cadalso normativo y predilecto del Imperio romano, y se reservaba especialmente para los hechos subversivos y para los crímenes más abyectos. A la vez, además del horror que suponía ver agonizar durante días u horas a un condenado, tenía una doble intencionalidad: una ejecutoria -el patíbulo en sí mismo- y una ejemplificatoria. El metamensaje era bien claro: ésto es lo que les espera a los rebeldes, éste es el castigo que puedes esperar si tuerces tus pasos.

No era menor el rótulo impuesto por la ley mosaica: todo ejecutado tanto en la horca como en la cruz era declarado maldito e impuro en grado sumo.

Por ello, asumir como propia la cruz de Jesús de Nazareth implica atreverse a ser considerado subversivo, abyecto, maldito, uno más de tantos despreciables.

Nada más ni nada menos: lo obvio es que no se trata de cuestiones cómodamente celestiales y lejanas, sino un aquí y ahora de dolores y exclusión.
Porque el camino del Reino, los senderos de la Buena Noticia dividen las aguas: atreverse a ser solidario, compasivo, a dejar a Dios ser Dios, el desafío de la gratuidad y el actuar por desinterés, el no someterse al imperio del dinero, el invitar a tu mesa a quienes nadie sentaría es nadar contra la corriente, es enfrentar -aún sin quererlo- a un mundo que todo rotula con un precio, que fabrica sus propios dioses del mercado y el confort, que rinde culto al egoísmo y al desprecio militante.

Ése es el fuego del que nos habla el Maestro, ésa es la disyuntiva necesaria que es consecuencia directa de vivir en la cotidianeidad el Evangelio.
Vá mucho más allá de un sistema religioso: es una opción vital que engloba la totalidad de la existencia.

Hemos de rogar que el Espíritu nos mantenga encendidos esos fuegos, por una cuestión primera de fidelidad, para que nadie pase más frío de soledad, de miseria, de angustia y abandono)

Paz y Bien

Fidelidades

Para el día de hoy (19/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 39-48


(Desde la raíz latina fides podemos arribar a los términos intrínsecamente ligados: fé y fidelidad.

¿Cómo permanecer fieles desde una fé viva sin caer en un pietismo desencarnado, que sólo observa un postrero más allá de juicio, premios y castigos y se olvida del presente, o bien, una fé demasiado anclada en la cotidianeidad que -por ello mismo- resigna toda trascendencia?

Quizás el primer paso es el sabernos administradores, es decir, que nada nos pertenece, que todo nos ha sido dado gratuitamente, por pura bondad, en el mundo nuevo de la Gracia. Y descubridores de esto, desvivirse por el bien común: esto no es postura ideológica, antes bien es toda una opción de vida que pone por delante al otro renegando de cualquier ambición personal y abdicando de todo egoísmo, sabiendo que hacer que el pan llegue a la mesa del hambriento es tarea sagrada.
Esa fidelidad es dejar de lado al yo y encaminarse con decisión al nosotros.

Fidelidad es también vivir sabiendo que el Maestro ha de regresar.
Es tener una mirada profunda, capaz de horizontes pero sin dejar de ver el rostro de los hermanos en nuestro presente: en esa aparente paradoja, Jesús regresará pero hoy está vivo y presente en medio de su pueblo, compañero de camino y sostiene todos y cada uno de nuestros pasos.

Fidelidad significa gratitud.
Todo nos ha sido dado, la vida misma que se renueva en cada despertar con todo y a pesar de todo. Y el agradecimiento por lo dado, por la misericordia y el perdón nunca serán suficientes: seguramente ni tres existencias nos alcanzarían para dar gracias.
La gratitud no es pasividad, ni tampoco sólo verbalizar en forma monótona el agradecimiento, sino antes bien expresarlo en espera activa, esa esperanza que nos define e identifica)

Paz y Bien

Misión, comunión y liberación

San Lucas, Evangelista

Para el día de hoy (18/10/11):

Evangelio según San Lucas 10, 1-9


(El envío es, ante todo, la vocación primera de la comunidad cristiana: se trata de movimiento, de no quedarse, de desinstalarse, de ser manos y brazos de Jesús en un mundo en apariencia librado a su suerte.
Este llamado e impulso se define como misión de paz y esperanza, signos vivos de la presencia constante y fiel del Salvador para toda la humanidad.

No es fácil, ni es un camino cómodo ni exento de riesgos: antes de partir se sabe que se vá como corderos en medio de los lobos. Aún así, se trata de misioneros mansos que, a pesar de toda amenaza, eligen voluntariamente la mansedumbre, reconocen su pequeñez y fragilidad, y sin embargo no se detienen, no se abandonan al miedo, confían, resisten, avanzan.

Queda desterrada toda índole individualista: el carisma misionero es comunitario, solidario y de apoyarse en el otro, de saberse acompañados, y ello se traducirá y expresará en compartir la hospitalidad, la mesa, el pan, la vida.
Se comienza de dos en dos y se multiplica en forma cordial en la humildad y en la sencillez de cada hogar.

No hay misión más importante ni trascendente: es menester llevar a todos los rincones la paz, la liberación de todo demonio de la exclusión, la sanación de toda miseria y toda enfermedad.

Es reunir a los dispersos en la esperanza de que otra vida aquí y ahora es posible)

Paz y Bien

Crisis de ambición

Para el día de hoy (17/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 13-21

(En la parábola del rico insensato, hay un distingo que llama la atención: en su realidad y en su horizonte sólo está él mismo. No hay espacio ni concede lugar a esposa, hijos, amigos, enemigos, servidores, vecinos, competidores. Dios tampoco. Sólo es un ego voraz que se cree sol alrededor del cual orbita todo lo demás.

A la ética de la acumulación desenfrenada se corresponde un vaciamiento consuetudinario de toda trascendencia, y esto es mortal.
En el altar del egoísmo se realizan sacrificios humanos, y desgraciadamente no nos causa demasiado espanto; sin embargo es así, porque en el afán del tener, la víctima es el prójimo.
La realidad de la crisis económica actual no debería sorprendernos, y está mucho más allá de todo análisis político, ideológico o socioeconómico: es ante todo una cuestión cordial, de almas cerradas que ansían el yo antes que el nosotros, que desoyen el grito de los pobres, de los que se quedan sin trabajo, de las dignidades humilladas sin piedad.
Porque no habrá solución posible mientras se siga discutiendo los modos tolerables de la ambición de unos pocos, y el sufrimiento de tantos.

Para el rico insensato de la parábola el otro no cuenta; sólo existe el sí mismo, y eso mismo es causa de perdición. No hablamos, claro está, de un dios que se esmera en andar condenando en tiempos postreros conductas punitivas: hablamos de almas que están repletas de lo perecedero, sin espacio posible para el hermano, ni mucho menos para Dios.
Se trata de lo que cada uno de nosotros nos llevaremos de este paso fugaz que llamamos existencia, y se trata también de morir aún cuando el corazón siga latiendo.

Por ello mismo quizás no se trate de buscar capitalismos alternativos, sino de animarnos a enriquecernos en solidaridad y compasión, en la ilógica santa del Reino que implica que la auténtica riqueza se fundamenta en el dar, dar cada día más, dar siempre, darse, como Aquél que nada guardó para sí sino que lo ha dado todo. dignas hijas e hijos de ese Dios que es donación eterna)

Paz y Bien


De lo innegociable

Para el día de hoy (16/10/11):
Evangelio según San Mateo 22, 15-21

(Tiberius Caesar Divi Avgvsti Fenix Avgvstvs / Pontifex Maximus. Tal era el anverso y reverso de la moneda de uso corriente -denario- en los tiempos de la predicación de Jesús.
Estas inscripciones no eran menores: referían al César como Pontífice Máximo, deificado como Divino Augusto. Los denarios circulaban por todas las latitudes romanas, y era la moneda con que se pagaba el tributo de cosechas y ganados al ocupante imperial.

No era un dato menor en la Palestina sometida: ese denario representaba la miseria de muchos campesinos, décadas de sometimiento y vasallaje, el reconocimiento tácito del César como Sumo Sacerdote y dios. A la vez, el no pago del tributo debido era la peor de las subversiones -en la misma categoría de un acto de guerra-, y de ello se encargaban concienzudamente y con mortal eficiencia las legiones estacionadas en la vecina siria, y los destacamentos que se paseaban impunes por toda la Tierra Santa.

El odio a veces monta alianzas extrañas: en este caso, los pretendidamente puros fariseos se unen a los helenizados y sometidos herodianos para tenderle una emboscada dialéctica al Maestro, en ese afán que tan bien conocemos y que implica la difamación y el desprecio público.
La trampa era evidente: si Jesús aceptaba el pago del tributo, sería repudiado con fervor por ese pueblo hambriento de liberación que bebía con avidez esas Palabras nuevas que Él regalaba. En sentido opuesto, negarse públicamente al pago del impuesto, significaba un arresto inmediato y unas prolongadas vacaciones en las mazmorras romanas, cuando no una ejecución sumaria.

Aún cuando el argumento de fariseos y herodianos parece sólido, es esencialmente falaz.
El Maestro no sólo actúa con astucia, sino que es más que grato suponer que también esgrime cierta picardía campesina que, a menudo, podemos intuir entre nuestra gente más sencilla. En el gesto de pedir un denario -muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto- está significando que el dinero es cosa de fariseos y herodianos, es su preocupación y no la suya.
En su hipocresía habían olvidado las palabras de Él que hablaban claramente de que no se podía servir a dos señores, a Dios y al Dinero.

El Reino es innegociable, no puede adquirirse por méritos, comprarse con piedades codificadas o al que puede accederse pagando el debido tributo a un dios severo y calculador, juez y verdugo. Ése no es el Dios de Jesús de Nazareth, un Dios que es Padre y Madre y que regala la vida plena del Reino a todas sus hijas e hijos sin condiciones en el amor y la gratuidad; eso que llamamos Gracia es su perfume y su color.

Del César, quizás, sean el materialismo, el dinero, el mercado, la deificación de lo perecedero, la mercantilización de la vida, el tributo que se rinde a ideologías y a instituciones, los imperialismos, los sometimientos y esclavitudes.

De Dios son la vida y la libertad, la vida humana considerada sagrada, la compasión y la misericordia, la amistad y la solidaridad, la cruz como amor mayor, y tal vez debamos volver a preguntarnos ante quién nos inclinamos, si ante ese César-dios de muerte o ante el Dios de la Vida que está vivo y presente aquí y ahora entre nosotros, resplandeciendo en el rostro del hermano)

Paz y Bien

La vía primordial

Para el día de hoy (15/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 8-12

(Es usual que se nos enseñe y predique de modo tal que se establezca una clara separación entre cielo y tierra, es decir, entre lo humano y lo divino, y ello trae consecuencias directas en toda nuestro obrar.

No se trata -claro está- de poner en tela de juicio el salto infinito entre la condición divina y nuestras pequeñísimas existencias; sin embargo la vía primordial que sea timón y brújula de todo destino debería ser precisamente aquella en la que afirmamos y creemos en un Dios Emmanuel, un Dios que se ha volcado y tejido en la historia, un Dios que se puede intuir en la naturaleza pero que expresamente ha elegido al hombre -lo humano- para encarnarse, para darse a conocer, para acercarse, para la Salvación.

¿Cómo confesaremos a Jesús de Nazareth en estos tiempos tan poco claros y complejos? ¿Cómo haremos para reconocerlo abiertamente, aún sabiendo que el amor suele volverse enemigo peligroso para los poderosos de este mundo?

Quizás -sólo quizás- volviendo a honrarlo y a reconocerlo en el hermano, en el servicio generoso y desinteresado al pobre, al olvidado, al oprimido, al excluido, en el fervoroso y silente compromiso vital con la compasión y la misericordia.

Hemos perdido demasiado tiempo aferrándonos a importantes razonamientos, a estructuras apologéticas que, en realidad, sólo revelan esa voluntad de aferrarse a las falsas seguridades que estructuramos para nuestra conveniencia.
No se trata de declamar doctrinas, sino de proclamar con cada respiración, en cada palpitar que el Reino está aquí y ahora creciéndose entre nosotros, que la Salvación es un regalo ofrecido a todos por pura bondad y ternura, sin excepciones, y que creemos en un Dios que sale a buscar a sus hijas e hijos perdidos.

No debemos preocuparnos tanto por qué decir ni como decirlo, porque Él habla por nosotros y con nosotros.
El Verbo se ha encarnado en la historia para que el hombre recupere la Palabra)

Paz y Bien

Matices y contraposiciones

Para el día de hoy (14/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 1-7

(Hay que andarse con cuidado: la levadura de los fariseos -la hipocresía- ha alcanzado nuestros días con su fermento viejo y extenso.
Es aquel paradigma del fingimiento permanente, del uso de diversas máscaras que esconden corazones oscuros y almas sombrías, del ocultamiento de la verdad a cualquier precio, la voracidad maquillada que devora las almas de los más pequeños, el sostener a perpetuidad una declamación actuada que lejos está de la proclamación viva del Reino.

Con todo y a pesar de todo, estamos allí, agobiados e innominados entre una multitud siempre creciente, empujados a un anonimato que disuelve toda personalización.
Pero Él nos vé, nos reconoce, nos sostiene y alienta.

La verdad ha de prevalecer, y nada ha que quedar oculto pues el Reino supone el fin de todo privilegio pretendido o impuesto: es esa increíble revolución de las almas que Jesús nos revela, y que dice que todos y cada uno de nosotros somos importantes, valiosos y únicos en Sus manos, que no hay que temer, que Dios es un Padre que se desvive y una Madre que no descansa en la búsqueda del bien y la vida de todas sus hijas e hijos. Todos cuentan para Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro.

Será cuestión de animarse y atreverse a la irreverencia de la esperanza.)

Paz y Bien

Violencias

Para el día de hoy (13/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 47-54

(Hay diversos tipos de violencia: suponer que la misma está acotada solamente al daño físico, implica negar otras situaciones de hecho tan graves como levantar la mano contra el prójimo.

Violencia es, claro está, utilizar la muerte como método político o religioso válido para acallar la voz clara del profeta. Un profeta muerto no incomoda.

Violencia también es amenazar al otro con castigos severos -de cualquier índole- cuando se aparta del pensamiento oficial.

Violencia es el desprecio por el origen, por la piel, por la sexualidad, por la religión, por la ideología o por cualquier motivo argumentado.

Violencia es la miseria y la pobreza que se imponen y, para peor, se justifican desde razonamientos en apariencia válidos. El hambre y la exclusión jamás pueden encontrar validación alguna.

Violencia es la omisión y el silencio cuando se sabe y conoce el daño infringido al otro, y se lo acompaña con gestos y acciones que avalan esa acción.

Violencia también es apropiarse del conocimiento una élite en desmedro de muchos; es la violencia de los que se vuelven guardianes y propietarios celosos de la Palabra, antes que servidores de ella.

Muchas son las formas de violencia, y todas y cada una de ellas son ajenas a la Buena Noticia, y al Espíritu de Aquél que es servidor de todos, el Manso de las naciones, el que no grita ni impone, el que invita a su mesa, el que comparte el pan y el vino)

Paz y Bien

Sepulcros andantes

Para el día de hoy (12/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 42-46

(Los ayes del Maestro son demoledores, y están dirigidos a doctores de la ley y fariseos de ayer y hoy.
Es claro: no se trata de ubicar a fariseos y escribas como una tendencia religiosa determinada, ubicada en determinada época. Se trata ante todo de una ética que vá más allá de lo puramente religioso.

Es aquella que supone el estricto cumplimiento de normas y preceptos, vacío de corazón y misericordia. Se tratan de aquellos rostros de miradas severas y rictus amargos que exigen subordinación a los más pequeños, pero reniegan de la compasión.
Esas pretensiones religiosas son camino de muerte, sepulcros ocultos que buscan afanosamente habitantes, y tristemente no nos es desconocido, y nos parte el corazón descubrirlos a menudo en esta Iglesia que amamos y en la que queremos vivir y dejar los huesos, y el Dios de Jesús de Nazareth, Abbá Padre que nos ama y Madre que nos cuida, se desdibuja en un ídolo cruel que comercializa un paraíso postrero.
Pero la Salvación -don y misterio- se resuelve por obra de la Gracia y la bondad aquí y ahora.

¿Cómo andar vivos, a pesar de que campee la muerte, a pesar de que este mundo a menudo se nos hace una gran necrópolis y que la paz que se propugna es la impuesta por la fuerza, la paz de los cementerios?

El camino es el amor y la justicia, y cuando la existencia se transforma con esos frutos primordiales del Reino, todo lo demás se renueva.
Porque el culto primero es la compasión que es flor del amor al prójimo, y la Misericordia es la justicia infinita de Dios)

Paz y Bien




Catarsis


Para el día de hoy (11/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 37-41

(El término catarsis no nos es desconocido: en su raíz griega refiere literalmente a purificación.
Es claro que, producto de la modernidad y de la levedad en el uso de las palabras, le hemos asignado una multiplicidad de usos. Así entonces con "hacer catarsis" expresamos esas necesidades de depurar nuestras cargas y agobios anímicos, es decir, hablamos de una purificación en un plano estrictamente psicológico.

Sin embargo, podemos proyectar el ámbito de lo que entendemos por purificación también a lo social, a lo corporal, a lo religioso, a lo espiritual, y aventurarnos a mirarnos en la totalidad de nuestras existencias.

A ello se refiere la Palabra para el día de hoy.
Sabemos -y a menudo practicamos- un amor ritual, depurando la exterioridad mediante fórmula preconcebidas pero obviando las honduras de nuestras almas. Y el mundo actual, en aras de una globalización espúrea, minimiza la necesidad de transparentarnos, y se repite ad nauseam la postura farisea, aquella que reivindica el respeto por las formas pero olvida lo cordial.

Sin buscar métodos nuevos ni gurúes terapéuticos, el Maestro vuelve a hablarnos de ello hoy, con voz clara.
La verdadera catarsis, la auténtica purificación de las almas implica ante todo la identidad entre el interior que se palpita y el exterior que se expresa; y el camino primordial para barrer los patios del alma es el dar, la generosidad, la solidaridad, la compasión, esa limosna que significa dar lo propio y nunca lo que sobra, con el mismo corazón grande y humilde de la viuda que ofrece sus moneditas en el Templo para la subsistencia del otro, con el Espíritu de Aquel que no guardo nada para sí mismo.

Darse es el camino que rompe todo egoísmo)

Paz y Bien

Miradas opacas

Para el día de hoy (10/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 29-32

(No es sencillo negar lo evidente, ni es demasiado fructífero ahondar en los antisignos; para colmo de males, suele sucedernos esta cuestión a nosotros también, en especial cuando por diversos motivos quedamos con la soga al cuello, agobiados de angustia y pesar.

Nos agrada sobremanera un dios hecho a la medida de nuestras necesidades, y esas necesidades pueden ser producto tanto de aquello que nos duele como también puede ser fruto malo de los que tienen la mirada opaca, aquellos a los que la luz lastima y molesta.
Son los personeros de un dios creado a imagen y semejanza de sus caprichos, un dios celestial que se impone por la fuerza, un dios de acciones espectacularmente maravillosas -cercano a la magia- que el Dios de Jesús de Nazareth, Abbá que no impone, que busca a todas sus hijas e hijos sin excepción, un Dios que se hace hombre en la humildad y la pobreza de María, un Dios que empuja la vida desde las entrañas de la tierra y cuando todo parece anegado por la muerte, un Dios siempre presente en todas partes desde la bondad y la compasión que ama a los extranjeros y protege a los viajeros.

Él está ahí, todo el universo lo señala en un grito silencioso; será -tal vez- cuestión de juntar un poco de coraje filial y animarse a mirar al sol de frente, con mirada clara dispuesta a ver lo que es y no tanto lo que se pretende desde vanos egoísmos y mezquinas necesidades)

Paz y Bien


Hacia las encrucijadas


Para el día de hoy (09/10/11):
Evangelio según San Mateo 22, 1-14

(El Maestro gustaba ayunar y orar en soledad y silencio; es modelo de pobreza y austeridad voluntariamente elegidas.
A pesar de ello, amaba sentarse a comer con la gente, sin darle importancia al qué dirán, sin dejarse llevar por las opiniones encontradas de almas poco generosas; por eso compartirá la mesa con Leví el publicano, con Zaqueo, con su amigo Lázaro, vino de fiesta en unas bodas en Caná de Galilea con su Madre, en casa de Simón el Leproso, con una multitud hambrienta en el desierto, con sus amigos en esa cena última en donde se queda para siempre antes de partir.

En todo se trasluce que la raíz de eso que Él llama Reino de los Cielos es el sueño increíble de su Padre de fiesta para toda la humanidad, de esa invitación locamente magnífica e irracional de sentar a la misma mesa a buenos y malos. Quiere un ágape en donde mujeres y hombres festejen junto a Jesús de Nazareth y, por Él, se hagan también hijas e hijos.

A primera vista, es un proyecto destinado al fracaso rotundo.
Este Jesús no entiende nada: hay cosas más serias, más importantes, negocios en los que ocuparse y campos en los que trabajar, religión a cumplir seriamente los domingos antes de sentarse a un brindis con cualquiera, esos cualquieras que ninguno de nosotros -ni en nuestros sueños- sentaría a su mesa. Esta fé es para unos pocos que sean cumplir con exactitud las reglas y preceptos predeterminados.
Y ya que estamos en tren de fracasos, ¿acaso no hay fracaso mayor que el de la cruz?

Se puede comenzar a intuir que este Dios no se condice con esa imagen de victoria y exclusividad que tanto nos gusta y conviene, un dios celestial y lejano que es inimaginable pensarlo derrotado, un dios de ropajes costosos para sus elegidos, de pompas y boatos en inmensos templos...de corazones muy pequeños.

La Iglesia es depositaria de esa verdad evangélica transmitida por los apóstoles y sus sucesores de generación en generación, con el auxilio y el impulso del Espíritu Santo. Aún así, la Buena Noticia tiene una fuerza inconmensurable que siempre vá por delante y no puede ser acotada a nada ni nadie.
En ese Espíritu quizás necesitemos un éxodo interior, aquél que supone no tanto todas las cosas que podamos llegar a hacer, sino todo aquello que la Buena Noticia puede impulsarnos a realizar.

Es difícil de imaginar al Dios de Jesús como un Dios enojado; más allá de cualquier conveniente construcción que nuestras mentes dibujen, el Dios de Jesús es Aquél que aguarda expectante en la ventana el regreso del hijo perdido, y que no puede contenerse y sale corriendo al camino dispuesto al perdón y al abrazo, al banquete del regreso y el encuentro.

Tal vez, como hijas e hijos identificados desde las entrañas por ese Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, debamos regresar a los caminos, y abandonar la comodidad de ciertas creencias confortables y selectivas que aguardan a algún que otro invitado en sendos salones parroquiales o sitios eclesiásticos de angostas misericordia e inclusión.

La fuerza nos lleva hacia las encrucijadas, hacia los cruces de caminos, allí mismo en donde es posible encontrar a los leprosos de siempre, a los perdidos, a los que pasan de largo, a los que no saben hacia donde ir, en los bordes de nuestras soberbias ciudades, en la periferia de la vida.

Y será maravilloso descubrir la invitación entregada en mano a cada uno de nosotros, en esos momentos que nos creamos fuera de todo, agobiados por el dolor, golpeados por la soledad y lastimados de desprecio, precisamente allí habrá que vestirse de esperanza porque somos esperados y soñados a perpetuidad para la celebración y la fiesta compartida)

Paz y Bien



El mayor elogio

Para el día de hoy (08/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 27-28

(Las palabras de Jesús conmovían y despertaban admiración en quienes lo escuchaban; aún hoy sigue sucediendo algo similar.

Esa mujer, desbordante de emoción, alaba a Jesús y a su madre: -¡Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!-

Y parecería que el Maestro desoyera la alabanza, y quisiera desviar la atención de su Madre; sin embargo no es así, a Ella le hace el mayor elogio.
Ella ha dejado que la Palabra transformara toda su vida, a tal punto que la Palabra se ha hecho carne en Ella, y por ello será reconocida feliz de generación en generación.

A menudo solía sucederle que no comprendía su significado: no obstante, Ella conservaba todas las cosas meditándolas en su corazón, y en esa tierra fértil y sin mal de su alma todo florecía.

¿Seremos nosotros merecedores de, al menos, algún reflejo de ese elogio?
La razón de todo destino y existencia se define en la felicidad, y el Maestro nos sacude la modorra religiosa de la repetición, del pasar por alto lo esencial.

Se trata de ser felices, con todo y a pesar de todo, como María)

Paz y Bien

Sin neutralidades

Nuestra Señora del Rosario

Para el día de hoy (07/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 15-26

(Creemos en un Dios vivo y presente entre nosotros: esta afirmación de fé no es solamente un convencimiento intelectual o una aceptación racional.

Creer significa comprometer la totalidad de la vida del mismo modo que Jesús, amando sin medida, buscando sin descanso la liberación de todo mal, expulsando de su mano los demonios del egoísmo, de la indiferencia, de las medias tintas, del culto vacío de corazón, de la exclusión, de la discriminación.

Creer implica hacerse cada día más humano, tan humanos cono Aquél que es nuestra Salvación, sembradores tenaces de la solidaridad y la compasión.

El Reino ha llegado, y está en nosotros hacer que acontezca en nuestro mundo.

No podemos permanecer neutrales, no podemos ser espectadores cómodamente instalados en nuestras butacas religiosas, no podemos permitirnos la tibieza en nuestras existencia. La radicalidad de la Buena Noticia es tal, que si no se está totalmente de su lado, se está contra Él, y cualquier asomo de frutos buenos se desparraman.

Las hijas y los hijos de Dios se distinguen por el amor expresado en el compromiso cotidiano)

Paz y Bien


Un Dios sin horarios

Para el día de hoy (06/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 5-13

(Había que vivir en aquellos tiempos en la patria de Jesús; por un lado, aún cuando hubiera peligros de asaltantes y extravíos, era mejor viajar al fresco en la noche, pues durante el día el sol llegaba a ser agobiante. Por otro lado, no había demasiadas comodidades en las viviendas, las que solían tener una sola habitación en donde se arracimaba toda la familia para todo, y en donde en el mejor de los casos había algunas mantas y algún madero al modo de almohada. Levantarse en plena noche significaba no sólo interrumpir el descanso propio, sino también molestar a toda la familia.

El amigo que llama en la noche sabe todo esto, y más allá de toda mentalidad calculadora, se atreve a golpear a su puerta a esas horas destempladas sabiendo que no se irá con las manos vacías -bien podría ser recibido con un torrente de insultos o con una lluvia de piedras-.

Los extremos y matices planteados en la parábola del Maestro quieren orientar nuestra mirada interior hacia la actitud de un Dios que siempre escucha, que no tiene horarios para sus hijas e hijos, que se desvive por los suyos.

Quizás se nos haya ido diluyendo el verdadero sentido de la oración porque nos hemos empecinado en repetir mecánicamente una multiplicidad de plegarias prefijadas, mucha razón y poco corazón.
Hoy Él nos está animando a recuperar la osadía de los amigos y la confianza de los hijos.

El fundamento de toda existencia es que Jesús de Nazareth nos ha revelado que Dios es Padre...y Madre también, y que jamás desoye las voces de sus hijos.

Un Dios amigo solícito que siempre auxilia a los suyos sin condiciones, un Padre que nos ama sin medida, una Madre que nos cuida a la hora que sea. No hay muchas cosas que sean más importantes, que abran puertas cerradas, que garanticen el buen destino de una búsqueda sincera, que obtengan el bien suplicado, especialmente cuando se pide para los otros.

No se trata solamente de realzar la eficacia de la oración; tal vez se trate de volvernos para los demás como ese Padre, cada día más solícitos a las necesidades de los otros, cada día más humanos, comunitariamente solidarios, audaces en la compasión y tenaces en la tolerancia, desde esa plegaria y ese Espíritu que nos hace decir Abbá!)

Paz y Bien

Cuando decimos Padre Nuestro

Para el día de hoy (05/10/11):
Evangelio según San Lucas 11, 1-4

(Quizás absortos por teologías y cotidianeidades centrífugas, hemos perdido de vista la revelación mayor que nos hace Jesús, y es que Dios es Padre, es Abbá y eso define nuestras existencias. Porque ya no hablamos de un Dios lejanísimo, celestialmente inaccesible e inasible, Dios del poder, de los premios y los castigos, sino un Dios que es Abbá! -¡Papá!-, un Dios que nos cuida desde la cercanía de un Padre y el afecto de una Madre, un Dios que actúa desde la bondad y la ternura, el imperio de la Gracia.

Cuando decimos Padre Nuestro decimos Padre, Dios Emanuel, Dios con nosotros, Dios cercano tejido en nuestra historia. Y afirmamos que es nuestro, y con ello que es de todos, reivindicamos una fraternidad universal de hijas e hijos, buenos y malos, creyentes y no creyentes, de toda raza y nación, en un éxodo de liberación que supera cualquier desierto ideológico y toda esclavitud religiosa. Cada mujer y cada hombre -hasta el más acérrimo enemigo- es nuestro hermano precisamente por Él.

Cuando decimos Padre Nuestro queremos que se santifique su Nombre, y es una inmensa osadía el suplicar por la causa pura de Dios: lo sabemos e intuimos el Totalmente Otro, infinitamente trascendente y sustento del universo, es reconocer que Él está más allá de nuestras construcciones racionales, de nuestras insatisfacciones y de nuestras especulaciones. Santificado sea su Nombre porque Él es y Él está.

Cuando decimos Padre Nuestro queremos que su Reino sea y acontezca aquí y ahora entre nosotros, que florezcan la paz, la justicia, la liberación, la vida plena y abundante para todos. Sabemos que más allá de nuestras torpezas y mezquindades el Reino viene creciendo humilde, silencioso y tenaz, y por eso rogamos que sea un árbol frondoso que cobije a todos.

Cuando decimos Padre Nuestro hacemos nuestra la causa de los hermanos, y no queremos que a nadie le falte el sustento ni el alimento de la Palabra, y si el hambre de las hijas y los hijos es causa de desvelo de Padre, también es nuestra causa.

Cuando decimos Padre Nuestro nos reconocemos incompletos y limitados, dependientes absolutos de su Misericordia, y afirmamos que desde el perdón un mundo nuevo es posible, que toda herida puede curarse, que el odio puede desterrarse de una vez y para siempre.

Cuando decimos Padre Nuestro nos descubrimos caminantes a los saltos, peregrinos expertos en andar a los tumbos, y por eso rogamos no caer en la tentación de olvidar que Dios nos ama, de renegar del hermano, de abdicar de la esperanza, de no ser solidarios, de no buscar fervorosamente otra militancia que no sea la compasión.

Los discípulos buscaban una oración arcana que los diferenciara de los otros grupos -como sucedía con los seguidores del Bautista-. Sin embargo, cuando decimos Padre Nuestro quizás no busquemos tanto un distingo, sino volvernos cada día más humanos, tanto como el más humano entre todos nosotros, Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor)

Paz y Bien


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