Ese hombre de mirada lejana

Para el día de hoy (05/12/10):
Evangelio según San Mateo 3, 1-12

(Un profeta no es solamente un hombre capaz de preanunciar con extrema certeza acontecimientos futuros, desde hecatombes y catástrofes hasta suceso más banales.

Un profeta es un experto buceador en las honduras de las almas y que sabe leer/se en su interior y desde su historia; por ello mismo, su mirada tiene la capacidad de ir más allá de lo evidente y a la vez, de ver en la distancia.
Allí, habla de eternidad e infinitud; el profeta se descubre portavoz de ese Dios al le que descubre palabras en su corazón, y se vuelve su vocero. Como tal, anuncia y denuncia, pues al descubrir a ese Dios presente y viviente en cada segundo de su existencia, tiene el deber de comunicarlo y, a la vez, de denunciar todo lo que es ajeno o contrario a esa Vida plena que le florece.

Así es Juan: se ha vaciado de todo lo que considera superfluo, y lo habita con plenitud el Espíritu de ese Dios que ha descubierto en su corazón.
Anuncia a viva voz que el Reino de Dios está cerca.
Y su existencia completa es una denuncia: su voz clama en el desierto para recordarle al pueblo su origen primordial; este pueblo ha olvidado de donde viene y, especialmente, ha olvidado al Dios que lo ha llevado de la mano.
Se viste con pieles de camello y se alimenta de miel silvestre y langostas, asceta severo y austeramente duro.
La piel de su túnica dice que lo exterior, lo aparente no define las personas sino que más bien las esconde -vestimentas lujosas, el reconocimiento de su status por parte de los demás-.
La miel silvestre y las langostas que lo nutren son productos de la naturaleza, frutos del desierto, pero principalmente, dones que Aquel que jamás abandona a los suyos, y que muchos arrogantemente han olvidado.
Su franqueza es extremadamente clara: no vacila en denunciar la corrupción de los poderosos y rechaza todo tipo de privilegios.

En ese talante, las gentes comienzan a acercarse al Bautista: aún cuando sus palabras hieren, son palabras de liberación. Porque ante todo y por ese ver en la lejanía, sabe que la llegada del Reino es inminente, y que ese Reino es traído por un Salvador -aunque no pueda descubrir el cómo de ese Reino-: esa inminencia implica que es urgente convertirse, transformarse, volverse de Dios, converger hacia el prójimo.
Juan es hombre de la fértil proclamación antes de la pura y estéril declamación, precursor de Aquel que está por venir en cualquier momento, trayendo salvación a aquellos que en verdad han cambiado, aquellos que de raíz se han convertido.

Hay muchas mujeres y hombres como Juan a los que debemos escuchar.
Hay muchos que nos exhortan desde su vida diaria a cambiar, fieles testigos de ese Dios con nosotros que surgirá en cualquier momento, tenaces denunciadores de todo aquello que es opuesto y ajeno a la vida... y no los escuchamos, y por ello mismo, tenemos una mirada muy corta, limitada, corazones miopes incapaces de descubrir a ese Dios que habla en la vida diaria.

Dentro de muy poco, en cualquier momento, nos nace la Salvación, y la llegada de ese Niño Santo exige conversión, volver a Dios y volver al hermano, despojarse de lo fútil para hacer lugar.

Volverse mujeres y hombres nuevos para que ese Niño pueda tener cuna en nuestras almas, para que pueda nacerse en nuestros corazones.)

Paz y Bien



2 comentarios:

su chico dijo...

Nadie nacido de mujer tan grande como Juan (¿ni Jesús?) Pero el niño más insignificante es más grande en el Reino
Un niño frente a un hombre
Un niño, incluso frente a un hombre de Dios
Un niño

Dentro de poco
¿Seremos capaces de verlo?

Un abrazo navideño en el Amigo
(al menos acá, en el Corte Inglés, ya es navidad)
al + mc

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Un abrazo para vos, hermano, y que se nos escape a gran velocidad las razones de ese posadero del no hay lugar.
Paz y Bien
Ricardo

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