El eslabón

Para el día de hoy (16/12/10):
Evangelio según San Lucas 7, 24-30

(Lo sabemos: hay gentes que son lucernas en nuestras noches, y nos van señalando hacia dónde deben ir nuestros pasos para no perder el rumbo, para no desistir por miedo o por comodidad.
Son gentes fieles en su sencillez, entrañablemente honestas y cabalmente íntegras; aún cuando se les asomen las dudas, no vacilan en lo que el corazón les dicta, y siempre están prestos a correr cualquier riesgo para que un hermano vuelva al camino cierto.

Así el Bautista, y las impresionantes palabras que de él dice el Maestro deben conmovernos, cuestionarnos y despertarnos.

Allí nomás, a un trecho hay un Niño que espera nuestra llegada, Dios que ha salido a nuestro encuentro.
No hay lugar para el desaire de un afecto tan profundo: es preciso animarse a sumergirse en el torrente bautismal del Jordán de la misericordia infinita, descubriéndonos queridos, develando el misterio increíble que se nos muestra en plenitud y que nos dice que por más grande que sean nuestras miserias, mayor aún son las bondades que se nos derraman como bendición interminable.
Al modo en que lo enseñaba Pablo de Tarso: cuando abunda la mezquindad, sobreabunda la Gracia.

Está por llegar la Navidad, ese Nacimiento tan esperado por tantos, y debemos dirigir nuestro caminar siguiendo las claras señales del magnífico Bautista, desde pasos vacilantes de conversión a la peregrinación infinita de la Buena Noticia.

Juan es el eslabón de una cadena asombrosa, una cadena que es dable anhelar, una cadena que extrañamente libera: el enlaza el tiempo de la esperanza y las promesas con el tiempo definitivo de la Gracia y la Salvación)

Paz y Bien

2 comentarios:

MARISELA dijo...

Paz y bien para ti que nos haces una reflexión tan clara: me quedo con esa certeza de saber que Juan es el eslabón que enlaza la esperanza y promesas de Dios con su venida real.
En estos días hay qie orar mucho para recibirle como niños expectantes y prestos a la sorpresa, con ojos verdaderamente nuevos. Saludos en Jesús y María

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Una alegría enorme es leer tus cálidas palabras, Marisela.
Una feliz culminación del Adviento y una muy feliz Navidad para tí y los tuyos.
Paz y Bien
Ricardo

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