Cristo, rey humilde que llega a tu vida












Para el día de hoy (14/04/19):  

Procesión de los Ramos 
Evangelio según San Lucas 19, 28-40

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
Evangelio según San Lucas 22, 14 - 23, 56








Él viene. 
Se lo ha esperado mucho tiempo, con las mismas ansias conque se espera la justicia.
Aunque nos acerquemos al tembladeral de la obviedad, lo decisivo es que nosotros, aún cuando lo esperamos, no hemos salido a buscarlo a los cuatro rumbos. Es Él quien viene a nosotros.

Es el Príncipe de la Paz, el Rey libertador prometido a través de los siglos por ese Dios que jamás quebranta su Palabra.
Sin embargo, es un rey muy extraño, que no encaja en nuestros moldes ni en los que portan los expertos religiosos, supuestos conocedores exactos del perfil del Mesías.

Jerusalem es el corazón de la nación y del pueblo. Como una constante que se irá repitiendo a través de toda la historia, quien conquista la capital dominará todo lo demás. Por ello, un rey lógico y razonable ingresará a la ciudad montado en su carro de guerra o en un portentoso caballo de combate, revestido de armadura, portando sable de mando y corona con diadema que lo identifique en su realeza. Lo hará precedido por una victoria militar arrolladora por sobre sus enemigos, y llega a la ciudad en desfile triunfal con sus tropas desfilando desafiantes.

El Rey de Reyes llega montado en un burrito manso, con esa pobreza y humildad que ha elegido para sí desde siempre.
Nada impone, todo lo ofrece, comenzando por su vida. 
Él es la paz, nuestra paz, la paz del mundo, una paz que no se obtiene a través de la fuerza de las armas, del poder que avasalla, del dominio que oprime. Él es indudablemente un Rey pero no está por encima ni alejado de las gentes. Él mismo es pueblo en su corazón inmenso.

Para las almas mezquinas, será objeto de burlas y desprecios, porque es imposible asociar a Él cualquier éxito. Si es parte de la nobleza, sin dudas será de muy baja categoría porque será aniquilado en una derrota flagrante, ejecutado como un criminal abyecto.
Para colmo de males, no imparte órdenes de batalla ni planifica guerreros derramamientos de sangre. No lo tolera. La única sangre posible será la propia, ofrecida como vida inagotable para que nadie más se muera.
Se vuelve algo menos que un esclavo, servidor de todos, pan para nuestro hambre, bebida de Salvación para nuestras almas yertas.

Aún así, los pobres, los pequeños, los olvidados, los que amamos la vida y todos los crucificados de la historia lo reconocemos y lo saludamos.
A su paso tendemos nuestros mantos, a su paso ponemos nuestras existencias para que nos cambie, para que todo cambie.

Hemos de celebrarlo, y no hay posibilidad de callarse.
Frente a los silencios de miedo y silencios impuestos, se viene preparando un coro de rocas que gritarán fuerte que todo puede cambiar, que todo puede ser distinto, que Dios viene a nosotros y es capaz del despojo total, ese amor mayor, con tal que permanezcamos vivos y que florezca el Reino, justicia, fraternidad, liberación, eternidad en el día a día que se nos ha regalado.

Paz y Bien

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