Con la mirada puesta hacia lo alto y a los costados

Exaltación de la Cruz

Para el día de hoy (14/09/10):

Evangelio según San Juan 3, 13-17

(Cruz: patíbulo voraz seleccionado por el Imperio para los criminales más abyectos. Sinónimo de maldición para Israel. Representación exacta -aún hoy- de la tortura y la muerte.

Cruz de dolor y sufrimiento, carga a menudo insoportable. No hay razón ni lógica que pueda quebrantar su dura y amarga coraza, no hay mesura humana que la haga algo más tolerable.

Sin embargo, hay más. El más humano de todos, quien se identificó tanto con la humanidad sometida que, irreverentemente, se atrevió a llamarse Hijo del Hombre, es el que le otorga un sentido diametralmente opuesto, un nuevo y definitivo significado.

La cruz, desde esa ternura que implica aceptar ser maldecido, despreciado, torturado y asesinado para que el otro viva, se ha vuelto el signo perfecto del amor mayor.
No se trata de comprenderla, sino tal vez de aceptarla.

Dos maderos cruzados la componen, y quizás su madera tenga un barniz de odio y desprecio.
Pero esos maderos nos cambian la mirada.

Nos hacen mirar hacia lo alto, brazo extenso que orienta hacia ese Dios incansable en la salvación de todas sus hijas e hijos, sea cual fuera su origen, su condición, sus méritos.
Otro madero que se dirige a los costados, hacia el prójimo cercano y lejano.

Es que la cruz, en esos brazos dolorosos, nos dice desde el silencio que el mirar hacia lo alto, esa Salvación que se nos otorga por generosidad pura, implica necesariamente buscar a quien tenemos al lado.

Nadie se salva solo, nadie porta su cruz sin Cireneos.

Cruz de los milagros, la vida prevalece aún en medio del dolor y el odio, los ojos puestos en el cielo y en los hermanos)

Paz y Bien

2 comentarios:

su chico dijo...

Sabes bien que soy aprendíz; también de tí.
Sin embargo, ya ves, me atrevo a puntualizar:

Nadie se salva; ni solo ni acompañado.
Nos salva el Salvador.
Aunque quiso ayudarse, una vez más, de uno de nosotros.
Para que aprendamos, no a "inter-salvarnos" (que no podemos), sino a identificarnos (¡ay!) con el tal Cireno (al menos)

En el Crucificado
Al + Mc

rgr dijo...

Es verdad, y está muy bien dicho; la intención -errónea claro está- era la de enviar al destierro cierta tendencia que nos han inculcado -y que a menudo nos gusta- de ver la Salvación como algo individual... Es personal pero no somos islotes ni mónadas aisladas.
Él nos salva, y quizás la clave sea el "nos".
Gracias por tus palabras y tu presencia -y perdón por mi demora en la respuesta-
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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