Bartimeos

Para el día de hoy (25/10/09):
Evangelio según San Marcos 10, 46-52

(Incapacitado de ver, al borde del camino, viviendo de la limosna eventual que se pueda conseguir.

Incapaces de ver la Verdad y la Salvación, así nos puede pasar, encontrándonos a la vera de la vida, esperando que algún alma generosa nos suelte algo valioso para sobrevivir un rato más.

Y así se desdibuja y pervierte este destino primordial de vivir nuestra humanidad en plenitud, y nos resignamos al ímprobo oficio de la supervivencia.

Y en eso, pasa Jesús.
Su cercanía y su presencia transforman todo.
Y hay mensajeros que avisan: -¡Ánimo, levantate que te llama!-

Aún sin poder ver, aún al costado de río de la vida, surge el grito mezcla de dolor y de confianza: -Señor, ten compasión-

Compasión: com - pathos, algo así como compartir el sufrimiento, hacer propio el dolor del otro, hacerse cargo de la pena del prójimo.

Y el Señor se hace cargo: pone sobre sus hombros la ceguera, la soledad y la angustia, e indefectiblemente y con inefable ternura dirá a los Bartimeos de todos los tiempos: ¿Qué quieres que haga por tí?

Ya no hay soledad, ya no hay un mirar ajenamente como transcurre la vida: el Señor llama, el Señor libera, el Señor está presente y hace recuperar la mirada perdida.

Y cuando al fin se puede ver, sólo queda caminar y seguirlo siendo fieles a este sello que nos hace hijos de Abbá Padre de Jesús: ser muy pero muy humanos, tan humanos que de su mano nos vamos divinizando y trascendiendo los límites del mundo y del tiempo.

Pero hay otros Bartimeos a los que ver si recuperamos la mirada.
Almas excluidas de la vida, sobrantes de la sociedad, desechados por el mundo.
A menudo, se acerca el Señor y surge el grito descarnado y ardiente de esperanza... pero están los especialistas de siempre, aquellos que mandan acallar esas voces porque molestan, porque son ruido.

Camino y misión también: hacerse palabra para tantos Bartimeos ciegos de esperanza, tirados a un costado de todo, Bartimeos que mascan su dolor en silencio porque hasta la voz se le ha quitado.
Que el Señor nos acompaña en esta cura)

Paz y Bien

4 comentarios:

Fray Marcos dijo...

Estaba leyendo psicología hace unas semanas y se trataba el tema de la mirada del otro. Como esa mirada genera construirlo en persona o por el contrario (si lo ignoras) no...

Me resulta interesante y lo relacione con el final de tu texto.

Un abrazo. Paz y bien.

Salvador Pérez Alayón dijo...

¿En qué borde del camino me encuentro yo? Porque a la hora de reflexionar debemos, al menos yo lo pienso así y así lo comparto, interiorizar en nuestras actitudes. ¿Estoy al borde del camino instalado, acomodado viendo pasar a los demás? ¿Estoy atrincherado y criticando otras actitudes por imperfectas, oscuras, desorientadas, débiles, y tratando de acallarlas y que no vociferen pidiendo o protestando? ¿O estoy necesitado, disponible a la llamada que me haga encontrar la luz y quitarme mi ceguera? ¿Y si lo estoy, me predispongo a dar el brinco que me ponga en camino y me haga olvidarme de mi manto (apegos, riquezas, egoísmos...)?
Las actitudes de Bartimeos me pueden dar mucha luz, pero también la decisión de brincar al paso de JESÚS, porque puedo perder la oportunidad de desoír la voz de JESÚS que pasa y me escucha.
Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

Querido Marcos, años atrás -en mis tiempos de estudiante- he leído de ese tema, y es fundamental; la idea de alteridad y el reconocimiento del otro como tal, la construcción -y también la decoonstrucción, claro- del otro (por ahí Carl Jung y el concepto Gestalt tienen que terciar al respecto. En nuestro caso, es una herramienta importante a la que le podemos dar un impulso de aquellos, la trascendencia. Gracias por tu presencia y tus palabras, muchas gracias.
Un abrazo.
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Querido Salvador, es exacto lo que planteas: ver si somos capaces o nó de ponernos en pié ante su llamado, de dejar el manto de miseria y seguirlo, de mirar y ver a los bartimeos del mundo que languidecen a nuestro paso.
Un abrazo fraterno en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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