Los Santos Inocentes y los Herodes de todos los tiempos














Los Santos Inocentes, mártires

Para el día de hoy (28/12/18):  

Evangelio según San Mateo 2, 13-18









Las coincidencias históricas entre los diversos hechos narrados por los Evangelistas son, a menudo, difíciles de comprobar por la historiografía y por otras disciplinas. Y está que así sea: los Evangelios no son crónicas históricas exactas, sino más bien relatos teológicos, es decir, espirituales.
Así entonces, de manera directa, es difícil encontrar alguna fuente que ratifique lo que narra San Mateo respecto de la matanza de niños en Belén y alrededores. Sin embargo, por duro que parezca, hubiera significado el homicidio de aproximadamente veinte niños menores a dos años en un pueblo pequeño sin demasiada relevancia. Y la historia no suelen escribirla los pequeños, la dictan los poderosos, y es una causa probable que ello causara un dolor extremo a las familias de dichos niños pero, a la vez, que el hecho hubiera sido relativamente desconocido.

Una vía probable sería a través del instigador de estos homicidios, el rey del lugar llamado Herodes el Grande o Herodes I. Era de origen idumeo, formado bajo una cultura y educación helenizadas, por lo que no era -para Israel- un rey auténtico. Antes bien, era considerado por la mayoría de sus súbditos como un usurpador violento e inescrupuloso, y gobernaba sobre Judea, Galilea, Idumea y Samaria. Su poder se cimentaba especialmente en el apoyo explícito -militar y político- que le brindaba el ocupante imperial romano, de quien se consideraba vasallo absoluto. Así mismo, contrataba mercenarios como propia tropa de choque, feroz e inmoral.
Si bien sería recordado por reconstruir el Templo de Jerusalem, también era temido hasta límites asombrosos. Todos sabían que que había mandado ejecutar a toda la familia real asmonea, dinastía que lo precedió en el dominio de Judea; todos conocían que también envió a la muerte a dos de sus propios hijos bajo sospechas éstos de conspiración y traición, y que no vacilaba a a hora de reprimir violentamente cualquier indicio de disenso o de asomo de alzamiento zelota.

Con estos precedentes, no es para nada improbable que, al enterarse por boca de los magos de Oriente del nacimiento en Belén de un Niño prodigioso de la estirpe de David, imagine allí en ese bebé un enorme riesgo a mediano plazo que venga a cuestionar su corona de dudoso origen, Alguien que con su sola presencia pondría en entredicho su poder. Y que al no tener certezas de quien és, mande ejecutar a todos los niños del lugar, indefensos testigos de ese Cristo que recién amanece a la existencia.
Sus hijos, que heredarían dominio y corona,, no serían mejores que él. Arquelao lo superaría en crueldad junto a Filipos, y Antipas acabaría orgiásticamente con la vida del Bautista.

A través de los siglos, y en nuestros tiempos también, hemos tenido y tenemos muchos Herodes brutales, impunes, impiadosos, especialistas en atropellar las vidas de niños en pos de la conservación de su poder.
Herodes que abusan de los niños, especialmente aquellos que se aprovecharon de investiduras y posiciones.
Herodes del aborto fundado en ideologías, progresismos, modernidad, Herodes del asesinato concienzudo y racionalista, aprovechándose abiertamente de aquellos que no pueden defenderse ni tienen voz.
Herodes pretendidamente pro-vida, que ignoran a los niños luego de que nacen, y no les importa que queden abandonados a su suerte, a la miseria, a la explotación. Si el primer derecho es el derecho a la vida, estos Herodes reniegan del que le sigue, el derecho a una vida digna.
Herodes de la guerra, de la tecnología bélica que justifica la muerte de niños como daños colaterales.
Herodes -aves negras y rapaces- del narcotráfico.
Herodes de la explotación sexual y laboral de criaturas.

La matanza de los inocentes quizás nos recuerde que este Dios con nosotros no ha venido revestido de gloria, con abierta voluntad de imponerse por la fuerza. Este Dios se ha quedado entre nosotros desde la debilidad, la fragilidad, y cuenta con nuestras manos para salir adelante.

Paz y Bien

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