La invitación universal al ágape de la Salvación













Para el día de hoy (31/10/18) 

Evangelio según San Lucas 13, 22-30







La pregunta que le realizan a Jesús de Nazareth es producto de inquietudes nada nuevas y muy persistentes, a tal punto que siguen, en nuestro tiempo, teniendo una singular relevancia.
Esa pregunta refiere al número de los que han de salvarse: en general, y aún cuando sea formulada desde diversas ópticas religiosas, responde a criterios restrictivos y de pertenencia, y ha sido y es, en numerosas ocasiones, la vía u oportunidad para ejercer terror en los corazones, procurar la adhesión religiosa forzada a través del miedo.

La restricción vía pertenencia responde a cuestiones elitistas, es decir que por pertenecer a un pueblo, a una nación o a una confesión determinadas, automáticamente se adquiere el favor divino mayor, la vida postrera. Ello supone también, tácitamente, que el creyente es un mero espectador pasivo de su destino, y suele aparejar exactos fervores rituales desprovistos de corazón y de compromiso extra templo.

Para el Maestro, la pregunta que le realizan es falaz porque parte de supuestos erróneos. En la sintonía del Reino, no se trata del número de individuos a salvarse, ni de los privilegios adquiridos por pertenecer, sino antes bien de la invitación a la vida plena como celebración perpetua, mesa grande de fraternidad porque el Dios de Jesús de Nazareth es Padre y es Madre, y todos somos hijas e hijos y, por ello, hermanos.

Esa invitación no admite pasividades. El Reino de Dios aquí y ahora es el tiempo santo en que la humanidad edifica su destino y escribe su historia junto a Dios, el misterio asombroso de la Encarnación.
Para ir a ese banquete es menester -como decían los abuelos- adecentarse. La puerta de acceso está abierta pero deviene estrecha a los egoísmos y las injusticias: las existencias egoístas e injustas, impermeables al amor, tienden a engrosarse irremisiblemente capa tras capa, en corazas cerradas en donde no hay sitio ni para Dios ni para el hermano. Y así, enormes y torpes, no podemos pasar por nuestra exclusiva responsabilidad.

Lo importante, lo que realmente cuenta es que todos, sin excepción, hemos sido invitados al ágape de la Salvación, que es don y es misterio. Nos queda preguntarnos qué debemos cambiar, hacia donde debemos converger/convertirnos para ser reconocidos como invitados, y a la vez descubrir que otros tantos que ni siquiera imaginábamos han de sentarse junto a nosotros.

Porque el verdadero privilegio es la Gracia.

Paz y Bien

0 comentarios:

Publicar un comentario

ir arriba