Las cuatro inesperadas compañeras de María y la génesis de Jesús


Para el día de hoy (17/12/09):
Evangelio según San Mateo 1, 1-17

(La Palabra para el día de hoy no es de lectura sencilla -¿acaso no la hemos pasado de largo algunas veces?-
Pero está plena de significado; como Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva, y Dios nos habla hoy, ahora, en este preciso instante.

El Evangelista nos lo aclara desde el vamos: se trata de contar desde el Espíritu acerca de la génesis, del origen, de la genealogía de Jesús. Pero no es el trazado de un árbol genealógico a la manera usual, ni tampoco de repetir patrones antiguos habitualmente utilizados en estos menesteres.

En las culturas antiguas, así como también en varias de la actualidad, el linaje venía definido pura y exclusivamente por la línea paterna y allí, por los hombres. Las mujeres no tenían demasiada relevancia.

Si nos detenemos por un momento, Mateo esboza una genealogía que tiene una rítmica y una musicalidad propias con tres estrofas bien definidas.
El tempo está marcado por el "engendró" repetido secuencialmente, primero como hijo y luego como padre.

Ante todo, vemos la intención de la Palabra y del Evangelista en hacernos conocer algo esencial: Cristo, el Mesías, viene del linaje de Abrahám -padre en la fé de todos los creyentes- y del linaje de David -en donde se bendice el pueblo de Israel-... El Mesías que esperamos colma las expectativas de todos los hombres, tanto judíos como gentiles y paganos.

Nos encontramos también con un profundo significado simbólico en esas tres estrofas: la primera, las catorce generaciones que transcurren desde Abraham hasta David en la plenitud de la promesa de Dios realizada en el pueblo elegido; la segunda desde David hasta la deportación del pueblo judío en Babilonia, la lejanía de la tierra bendita y el Templo; y la tercera, desde el exilio babilónico hasta Jesús....
El Mesías viene a restaurar y recuperar al pueblo herido, lastimado, entristecido, esclavizado y disperso.

La musicalidad del "engendró" se detiene en José y se abre el misterio de la llegada de Jesús: nace de María -desposada de José- pero no se nos cuenta quién lo engendró ni tampoco se dice si ha engendrado a alguien.

María: ella es verdaderamente quien dá la melodía a esta canción del Evangelio de San Mateo.
Pero, como siempre, hay más, mucho más.
Sucede -como se mencionaba al comienzo- que las mujeres en cuestiones de linaje o genealogías carecían de relevancia. Aquí sucede algo muy misterioso.
La Palabra nos cuenta de nombres importantísimos a través de los siglos en la historia de la fé de la humanidad y del pueblo de Israel en particular, pero el nombre que se destaca -obviamente, más allá de Jesús- es el de María.
Y ella no está sola, como si el Altísimo no se hubiera quedado conforme con recordarnos a sólo una mujer.
María en esta génesis maravillosa tiene cuatro compañeras, cuatro mujeres totalmente inesperadas, extrañas.
No son reinas o matriarcas y -para colmo- no son judías ni estrictamente sujetas a las normas de pureza de la ley mosaica.
Acompaña a María Tamar, una cananea por la que Judá tendrá descendencia y permanecerá fiel a la Ley.
La acompaña Raab, no sólo cananea sino también prostituta! que fué imprescindible a la hora de poder entrar las tribus del desierto a la Tierra Prometida.
La acompaña Ruth, la moabita fiel que por su fé en el Dios que no conocía pero en el que tenía depositada sus esperanzas, se convertiría en la abuela del rey David.
Y la acompaña Betsabé, la mujer de Urías, hitita ella -hija de un pueblo tradicionalmente enemigo acérrimo de los judíos- por la que por la fuerza, David tendría descendencia.

La promesa de este nuestro Dios fiel a las promesas se mantuvo constante a través de impensadas mujeres que escapaban magníficamente de los patrones establecidos.
El Mesías vendría a través del amor y la fé, de los planes de Dios, no de los razonamientos humanos preestablecidos y acotados.

Es increíble: todo está encaminado a Jesús y a María, y es la mejor y más bella de las músicas.

Hay que volver a levantar la cabeza y mirar con ojos esperanzados al cielo, directamente a los ojos del Padre: llega nuestra liberación)

Paz y Bien


2 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Le felicito hermano rgr.
Me ha gustado su comentario-reflexión.
Ciertamente que en la historia de la salvación está presente la mujer en un rol destacado, desde la pecadora hasta la Virgen María.
Se acostumbra a decir:« Siempre que hay un hombre importante, detrás está una gran mujer»
Creo que es bastante fiable está afirmación.
Gracias por su blog, poco a poco lo iré visitando no dispongo de tiempo, la vida de una monja está muy organizada a toque de campana.
Damos gracias a Dios por cunato nos da y por cuanto nos quita.
Sor.Cecilia Codina O.P
«ESTOY A TU LADO»

rgr dijo...

Sor Cecilia, ante todo bienvenida a este mínimo sitio y mi gratitud por sus palabras y su calidez.
A mí particularmente me ha impresionado -no sé si lo pude explicitar en lo escrito- los modos inesperados, maravillosos y a veces contrarios a nuestros esquemas de que se vale y se ha valido el Dios de la Vida para tejer nuestra Salvación a través del camino de la humanidad y de cada historia personal.
Me sumo de todo corazón a su alabanza: loado sea Dios por todo lo que nos dá y nos quita, alabado sea el Viñador por podarnos nuestras ramas secas -aunque a veces nos duela- para que se nos crezcan ramas nuevas y frutos de vida.
Rezamos con mi familia a este Jesús, hermano y Señor nuestro, para que su Espíritu aliente, sostenga y haga plena de vida y alegría su vida y la de su comunidad.
Un afectuoso saludo en el Cristo que viene y en María, Madre de todos.
Paz y Bien
Ricardo

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