La luz de las naciones, mala noticia para algunos

Para el día de hoy (29/12/09)
Evangelio según San Lucas 2, 22-35

(José y María llevan al Niño Jesús al Templo de Jerusalem.
Iban a cumplir con la Ley, que prescribía el Korban Ioledet -sacrificio de la parturienta, rito de purificación por María- y el Kidush Bejorot -consagración a Dios de todos los primogénitos de Israel, por Jesús-.
Y para ello, se debían realizar ofrenda sacrificiales: la Ley prescribía un cordero y una paloma... En el caso de ser pobres, se reemplazaban por dos tórtolas o dos pichones de paloma.

José y María, fieles a la fé de sus mayores, realizan la ofrenda de los pobres.
Cumplen con la Ley para que un día, ese Niño que presentaban, librara a los pobres de la Ley y a su vez los consagrara en la libertad, como hijos de Dios, porque la Buena Noticia se anuncia a los pobres.

Se encontraba en el Templo un anciano justo y piadoso llamado Simeón; sabía por revelación del Espíritu que no se terminarían sus días sin ver al Salvador, al Cristo de Dios.
Sin dudas, en su mente esperaba al Mesías real y glorioso que liberaría a Israel de todas sus cadenas... Sin embargo, por ese Espíritu que había hecho morada en él, fue capaz de reconocer en medio de la multitud a una pareja pobre de Nazareth que llevaba en brazos a su Niño, y en ese Niño al Salvador que esperaba.

Cuando mora el Espíritu, el alma se libera de las limitaciones de las ideas y los preconceptos, y Simeón vé cumplida la promesa, y realizada su esperanza... Por eso, surge su alabanza.

En ese Niño pobre estaba la gloria de Israel y la luz de todas las naciones.
La realización de la esperanza puede llevar tiempo, quizás toda una vida, pero la esperanza regada por la oración es una semilla que siempre crece y que invariablemente dará sus frutos.

Simeón supo esperar confiadamente, y en ese Niño que mecía entre sus viejos brazos, encontró la paz y la plenitud de toda su existencia.

Sin embargo, ese Niño que es la luz de todos los pueblos, para algunos es mala noticia.
Mala noticia para los que confían en el poder, en la violencia y en el dinero.
Mala noticia para los opresores de ese y de este mundo: el Dios de la Vida se ha hecho un Niño pobre que llora en brazos de su Madre, y ese Niño es el signo de que la vida prevalecerá abierta a todos y no como capricho de algunos.
Mala noticia, tal vez, para nuestras almas cuando se tornan adultas, demasiado adultas y ahogan la ternura... -Si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos- dirá con el tiempo ese Jesús.

Quiera Dios volvernos niños como ese Niño, para iluminar las miserias que nos enceguecen y para ser luz para nuestra gente)

Paz y Bien

3 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Sí, querido amigo y hermano Ricardo, cada día debemos empeñarnos en ser más niños. Cumplimos más años vivido, pero debemos de descrecer en más egoísmos, ambiciones, riquezas y poder, que los años nos arrastran a poseer.

Sólo en la pobreza de estar desprendido de todo lo que nos halaga, nos ocupa, nos satisface finitamente, podemos encontrar la sencillez y la paz que nos satisfaga de gozo y felicidad.

Sólo en la esperanza de encontrar a Aquel que nos de verdadera esperanza de eterna gloria, estaremos verdaderamente saciados de todo lo que aspiramos alcanzar.

Esa fue la esperanza de Simeón, que encontró con paciencia y confianza en la promesa. Y qué supo ver donde estaba, no donde quería él que estuviese.

Un deseo de paz, de sosiego, de serenidad, de confianza y esperanza en la única Esperanza que nos colma plenamente de la felicidad mayor a la que aspiramos.

Feliz año nuevo y un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

Angelo dijo...

Que Dios te bendiga,
y te guarde
y haga brillar su faz sobre tí.
Que 2010 sea la confirmación diaria ,del amor que el Creador tiene por tí. Un abrazo

rgr dijo...

Mis queridos hermanos y amigos Salvador y Ángel, por quienes agradezco a Dios por su generosidad y comunión: que el Dios de la Vida haga próspero en el tesoro de la caridad este año que comienza.
Que sus vidas y la de sus familias se vean colmadas de paz y alegría en el Dios que ha venido a nacer entre nosotros.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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