El hoy, aquí y ahora de la Salvación

 








Para el día de hoy (31/08/20):  

Evangelio según San Lucas 4, 16-30



Este Jesús de Nazareth es un Mesías muy inconveniente. No tiene ningún pruritro en decir las cosas como son, y sus palabras concitan la atención por lo sorprendentes, por lo atrevidas, por lo inesperadas, por no buscar lo conveniente sino más bien y ante todo, por honrar con cada fibra de su ser a la verdad, la Buena Noticia del Reino de Dios entre nosotros.


Anuncio y profecía, compromiso y misión, la Salvación tiene un color definitivo, el del hoy, el del aquí y el ahora, la buena nueva anunciada ante todo a los pobres, aquellos que sólo saben de novedades malas y a menudo horrorosas. La liberación de todas las cautividades, cualesquiera sea su modalidad y su origen. Mirada renovada para los que no pueden ver, agobiados de ceguera. El fin de toda opresión para aquellos que no pueden más, humillados y sometidos. Anunciar que ha comenzado un año interminable de júbilo, de alegría, el tiempo asombroso de la Gracia, el tiempo de lo que se propone y no se impone, el tiempo de renegar de las venganzas y las violencias, el tiempo del servicio y la generosidad.


Tiempo total que se cumple en Él y nos corre por las venas del alma, pues somos ramas de esa vid primera.


Es claro que para sus paisanos de aquel entonces y para muchos en nuestros días, ello es molesto, y superada la sorpresa inicial, se desatan los enojos y las furias. Porque no hay nada más molesto que un Cristo que no se adapte a nuestros esquemas, que no se condiga con nuestras limitadas fotografías de lo que pretendemos que Él sea, un Cristo etéreo y desencarnado, a veces románticamente lejano en cielos inaccesibles, un psicoanalista que nos calma las angustias, un justificador de todas nuestras torpezas y ansias de poder, un dios minúsculo atrapado en los preceptos cultuales que no incomoda, que no desestabiliza, y al que no le preocupa el prójimo, porque el prójimo es mi par, mi cercano, mi similar, más nunca lo edifico, lo construyo y me acerco solidario.


Entonces esas ganas de que se acomode a nuestras pretensiones, nos llevan a apagar la luz del Evangelio. Es mejor despeñar barranca abajo a ese Cristo que no toleramos, y no estaríamos lejos de pretender que nada cambie y que Él no esté vivo y presente entre nosotros.


Pero este Cristo pasa por en medio de nuestros estériles esfuerzos mortuorios. A este Cristo no se le puede callar, así como tampoco a los que siguen sus pasos, a sus hermanas y sus hermanos que florecen en amor y en justicia esta vida que se nos apaga. 


Este Cristo pasa por en medio de nuestras mezquindades y sigue su camino, porque a la vida nueva y plena es imposible finalizarla.


Paz y Bien


1 comentarios:

Walter Fernández dijo...

Señor, que tú Espíritu esté sobre nosotros, para que seamos mejores! Paz y Bien 🙏 Bendecida Semana 🙏

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