Pentecostés, la fuerza imparable e inesperada del Espíritu Santo


Solemnidad de Pentecostés

Para el día de hoy (12/06/11):

Evangelio según San Juan 20, 19-23

(Están encerrados en esa habitación por temor, agobiados de miedo y paralizados de resignación.
El Maestro había muerto como un criminal, y seguramente venían por ellos. Sólo tienen lugar para la tristeza y el desconsuelo. Nada más podían esperar, y ya no significaban una molestia para nadie, especialmente para los poderosos.

Pero la Resurrección de Jesús declara taxativamente el fin de los imposibles, el desalojo del no se puede.

Allí cuando todo parecía definitivo, sucedo lo impensado, acontece lo inesperado.
El Espíritu Santo, viento santo que todo empuja, irrumpe con su luz en la noche más cerrada -más allá de emociones pasajeras- y sucede lo asombroso, lo que no puede preverse, lo que está lejos de cualquier especulación y lejos de cualquier mezquina previsibilidad.

Los que estaban derrotados se ponen de pié, los que habían enmudecido hablan con voz clara y fuerte haciéndose entender con diáfana claridad, el miedo se disipa, las vidas se renuevan desde la tristeza y la sumisión en la que se encontraban sumergidos.

Es el Resucitado que está entre ellos: tienen la constancia de los clavos romanos en sus manos, de la lanza cruel en su costado.
Jesús sopla sobre ellos el Espíritu de las promesas, el Espíritu que hizo florecer a María de Nazareth, el Espíritu que lo guió en el desierto, el Espíritu que lo irguió desde la postración total de la muerte.
Es el Espíritu de la Vida que viene ahora, y que queda en ellos, por ellos y con ellos y con todos y cada uno de nosotros.

Padre de los pobres, alma de la Iglesia, santificador, luz en nuestras noches, aliento en nuestros pesares, paz en nuestros conflictos, salud en nuestros cuerpos yertos, es el Espíritu de Liberación que declara que la muerte no tiene la última palabra.

¿Quién podrá detener su fuerza imparable? ¿Quién detendrá a quienes son impulsados por Él?

Su impulso sagrado recrea y moviliza, llevando aliento de vida a los resignados al barro, liberando del miedo a quienes se han encerrado en duras existencias, levantando a los caídos en pozos de muerte, movilizando a quienes se han paralizado en su cotidianeidad por miles de motivos propios o impuestos.

Desde el Espíritu Santo todo se transforma, y la Iglesia tiene ahora por misión llevar ese soplo de paz, de perdón, de alegría, hablando en el lenguaje universal del amor que se expresa en compasión, en socorro, en misericordia a un mundo que se ha acostumbrado a la muerte, al egoísmo y a la resignación.

El Espíritu Santo nos enciende en mansa y santa rebelión, inesperada misión de recrear al mundo haciendo que acontezca el Reino del Crucificado que está vivo y presente en medio de nosotros)

Paz y Bien

6 comentarios:

su chico dijo...

Y sin embargo, con todo su poder, hay algo que el Espíritu no se atreverá ha hacer:
Reconocernos en la oscuridad de nuestra noche y anhelar el amanecer de su Luz
¿Te das cuenta?
Dios Padre, en su infinito Amor, nos permite desear y ser partícipes de nuestra propia (re)creación

En el Amigo
al + mc

Rosario dijo...

En este día le pido al Espíritu Santo nos llene de su Gracia.
Saludos.

Marian dijo...

¡FELIZ PENTECOSTÉS! Que la fuerza del Espíritu,
rompa todo aquello que impide que El pueda obrar en nosotros.
¡Muy unidos en este santo día a toda la Iglesia .
¡Muchas gracias Ricardo!
Un abrazo.
Dios te bendiga.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Hermano, que maravilla es eso de que la vida es urdimbre de Dios y el hombre, y que no hay irrupción sino invitación
Un abrazo
Paz y Bien
Ricardo

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Me sumo a tu pedido, Rosario, y que su fuego nos encienda a diario y nos sostenga en la esperanza
Paz y Bien
Ricardo

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Luz y alegría para tí, querida Marian, en el Espíritu que nos convoca y reúne
Un abrazo
Paz y Bien
Ricardo

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