Testigos de la misericordia y la justicia de Dios













Para el día de hoy (15/06/20) 

Evangelio según San Mateo 5, 38-42








Acerca de la llamada Ley de Talión, es menester no pasar por alto un detalle, y es que en las Escrituras nunca es mencionado con ese nombre el corpus legal adoptado por numerosos pueblos de la antigüedad, quizás comenzando por los babilonios en la dinastía de Hammurabi, y asumido también por el reino de Israel.
Se la llama así por la expresión latina lex talis, es decir, ley del tal como. Su importancia no es menor: implicaba en primer lugar moderar los efectos de la venganza, igualar los derechos entre el ofensor y el ofendido y, especialmente, establecer normas de derecho -aquí derecho penal- aplicables a toda una nación.

En la ley del talión o del ojo por ojo y diente por diente encontramos los orígenes de todo orden social en tanto reglas explícitas de convivencia, y a la vez los fundamentos del derecho que hoy conocemos en todas sus variantes. El derecho actual presupone, en cierto modo, el cariz de talión pues es un derecho y una justicia retributivas, que adjudica una pena proporcional al delito o infracción cometidos.

Jesús de Nazareth no embiste contra ello. Nosotros podemos encontrar visos censurables o críticas profundas a sistemas que nos imponen o que nos pertenecen; sin embargo el Maestro propone e invita a ir más allá, a trascender porque otro mundo y otra vida es posible.

Probablemente los ejemplos que Él nos brinda en la Palabra nos sean muy gravosos. Pero la vida cristiana implica decisiones definitivas, la radicalidad del Reino que no tiene otro sentido que el insondable amor de Dios.

Cristo propone superar la ley del talión por su experiencia absoluta de Dios como Padre, y de cada mujer y cada hombre reconocidos como hermanos por ese único y asombroso vínculo filial que es Gracia y salvación. 

Más allá de cualquier proyecto ideológico, el Señor convida al atrevimiento de pasar de sociedades inmanentes a la comunidad, a la común unión en donde sucede una de las cosas más difíciles para nuestros egoísmos, el reconocimiento del otro, la edificación del prójimo, el Reino aquí y ahora.

Paz y Bien

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