Relicarios

Para el día de hoy (07/05/12):

Evangelio según San Juan 14, 21-26

(Una gran tentación se esconde en la pregunta que le hace Judas -no el Iscariote- al Maestro, aquella que refiere a la exclusividad, al elitismo, a un Dios accesible sólo para aquellos que exhiban credenciales de pertenencia religiosa. Desde allí, es dable suponer y concluir parámetros de salvación para los adherentes a una confesión específica: sin embargo, esta postura implica demostraciones pietistas y fenomenologías que se quedan en la exterioridad, y que traen como consecuencia un mezquino horizonte de unos pocos salvos y una miríada de condenados.

Jesús de Nazareth no se deja atrapar por las redes de esa lógica espuria; por ello su respuesta se dirige al centro mismo del anuncio de la Buena Noticia y a la identidad primordial de sus amigos y hermanos.
Será entonces de una cuestión raigal de pertenencia el amor -esencia misma de Dios-, y más aún, amar como ama Jesús. Nada más ni nada menos, ni quitas ni agregados.
Previo a toda doctrina, adhesión a dogmas, culto o participación, está la única medida con la cual se evalúa quién pertenece a su familia inmensa, y es la intensidad de como se ama expresada en el servicio y en la solidaridad.

Ello es tan decisivo, que el Dios del Universo, Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro no es un Dios alejado y ajeno a nuestra frágil humanidad, sino un Dios que mora en cada corazón, que habita en cada alma que se mantiene firme y fiel a ese principio fundante de la caridad.

Por ello mismo, toda especulación válida acerca de derechos humanos -reflexión siempre imprescindible- queda soslayada cuando comprendemos y aceptamos que cada hombre y cada mujer, más que un templo, mucho más que una catedral- se vuelve relicario del Dios de la Vida, templo vivo y latiente de ese Dios que se ha hecho niño, que se ha hecho hombre, que se ha hecho uno de nosotros entre nosotros)

Paz y Bien

1 comentarios:

Salvador dijo...

Nada vale si no fruto de la vivencia que resulta de vivir injertado en Cristo, como lo es el sarmiento a la vid.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

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