Nuestras tilmas



Nuestra Señora de Guadalupe - Patrona de América Latina

Para el día de hoy (12/12/13):  
Evangelio según San Lucas 1, 39-48



(Al menos en la superficie, solemos conocer el llamado milagro de nuestra Señora de Guadalupe. Nos han contado o hemos leído las cosas increíbles que sucedieron en la cima del Tepeyac, nos emociona la profundísima humildad de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, las flores que se derraman, la imagen maravillosa de la Virgen encinta que perdura hasta hoy, más de 480 años después.

Juan Diego era un hombre muy pequeño, y nó exactamente de estatura. Conocemos a millones parecidos a él, que solemos cruzar por nuestras calles, a menudo sin darnos cuenta. Son los hijos más pequeños de Dios, los que nadie suele escuchar, a los que nadie dá importancia excepto cuando hace falta mano de obra barata, votos a contar o carne de cañón para el horror de la guerra. Y con la mejor de las intenciones, hasta su bello nombre nahuatl le habían quitado, imponiéndole en el bautismo un apelativo español y aparentemente cristianizado.

Aquí no se trata de ideología, de sociología, de crítica histórica o religiosa. Aquí se trata de corazones.

Ese Juan Diego que pasa por el Tepeyac se abriga de las inclemencias de la montaña y el desierto con un poncho o manta de pobre, una tilma, ayate tejido con simples fibras de magüey -nunca de algodón o lino-. La extensión de la tilma le permite cubrir su pecho y a su vez portar algunas cargas
Allí en el Tepeyac sucede lo impensado, acontece lo imposible: una Mujer de Sol, grávida del Salvador, se aparece al más pequeño de todos los hijos, en un idioma que él entiende perfectamente.

Desde allí, Juan Diego tendrá por misión el destino primordial de los santos: ser testigo, pero por sobre todo, ser un hombre bueno. Y él será totalmente fiel en el cumplimiento de ese mandato.

Al día de hoy, la tilma permanece completa y fulgente con nosotros a pesar del tiempo transcurrido. Y una de las grandes preguntas que nos debemos -deuda de sinceridad- es reconocer qué se ha quedado grabado en nuestras tilmas.
El espejo en donde mirarse es este Juan Diego, silencioso hermano de todos nosotros, ése que descubre que la Buena Noticia es para todas las mujeres y hombres de buena voluntad, sin importar banderas, culturas, idiomas. En todas las lenguas se puede entender el mensaje feliz y eterno.
Porque se trata de una Mujer de Sol, la Madre de Dios que preanuncia en su embarazo la llegada del Salvador, de Dios con nosotros. 
Su tilma lleva grabada de manera indeleble a María del Magníficat, la del Dios de los pequeños y los humildes, la del Dios fiel a las promesas, la del Dios que derriba a los poderosos de sus tronos, la del Dios de la misericordia y la compasión, la del Dios que se pone abierta y escandalosamente del lado de los pobres, de los que no cuentan.

Por eso hoy y siempre, ¡Huey, Tonantzin!, ¡Salve Madre de Dios!, ¡Salve, María de Guadalupe!. Y que viva México, que festeje Latinoamérica, que celebre toda la Iglesia, porque la alianza sigue viva y latiendo entre nosotros, porque Dios no nos abandonará jamás)

Paz y Bien



El compromiso de Dios



Para el día de hoy (11/12/13):  
Evangelio según San Mateo 11, 28-30


(Clave/llave de la Buena Noticia es la universalidad del llamado: contra toda suposición y cálculo falaz o mezquino, la invitación de Jesús es a todos los cansados, y no hemos de presuponer que se dirige solamente a los discípulos o a los cristianos, delimitando la invitación a una pertenencia determinada.

Porque el compromiso de Dios que expresa Jesús de Nazareth es para con toda la humanidad, sin excepciones ni condiciones. Por la liberación, por la salud, por el alivio, por la plenitud. El sueño nunca resignado de que seamos felices.

Hay cansancios y cansancios. 
Hay cansancios provocados, cansancios impuestos que doblegan a tantos, especialmente a los más débiles, a los que no tienen cómo ni con qué defenderse, y entre todos ellos, los agobios sobre los corazones que impiden cualquier amanecer e imponen noches perpetuas.
Hay cansancios que son consecuencia de nuestras propias miserias, la rueda continua de de una rutina carente de sentido, apenas y a penas una mera supervivencia.
Pero también hay cansancios elegidos, magníficos, santos. Son los cansancios de todos aquellos que reniegan de si mismos, devotos escandalosos de la solidaridad, locos del servicio, para los que la vida no es vida sino se ofrece a los demás.

Y hay yugos, claro está. Quizás esta alegoría se comprendía mejor en la época del ministerio del Maestro.
El yugo era la herramienta agraria por la cual se unían los bueyes a partir de sus cuellos con dos objetivos: que no se salieran de la ruta del conductor y anduvieran juntos por la misma huella -sin desvíos-, y que el esfuerzo de sus poderosos músculos fuera eficiente. Una carga bien distribuida llega más lejos y más rápido sin agobiar a los bueyes, y los buenos amos se ocupan de que los yugos no lastimen los cuellos de los animales con el roce o con un peso insoportable.

No somos bueyes, pero nos falta el yugo de Cristo. Quizás no tanto para andar derecho, como muchos mandones añoran; a veces es mejor torcer un poco la huella para valorar la senda recta. Pues siempre hay un camino de regreso. 
Y quizás aún, a pesar de tanto tiempo transcurrido, no hemos aprendido a andar juntos, compartiendo cargas y existencia. Porque el yugo de Cristo tiene el peso leve y cálido de un bebé, de un Niño recién nacido, de un Niño Santo)

Paz y Bien




Rescate y socorro


Para el día de hoy (10/12/13):  
Evangelio según San Mateo 18, 12-14



(Muchos de los oyentes del Maestro entendían con notable claridad ciertos sentidos de las parábolas. Es que las mismas las elaboraba a partir de las vivencias cotidianas de las gentes del lugar, y sin dudas, es una capacidad que en parte hemos perdido y en parte hemos dejado de lado, la de dialogar con la mujer y el hombre de hoy desde las cosas que nos pasan a diario.

Así entonces, varios de esos oyentes eran pastores experimentados. Saben bien de la dura vida entre los cerros y quebradas palestinas, del frío nocturno y el calor agobiante durante el día, de pasar las noches en vela sin apriscos en donde refugiarse. Y sobre todo, son capaces de captar esa locura de poner en riesgo a todo el rebaño para ir al rescate de una oveja extraviada. Porque, y aunque duela, la razón indica que esa pequeña oveja perdida es una pérdida aceptable si como contrapeso está el resto de la manada.

Pero es un tiempo nuevo que es tiempo santo, de Dios encarnado, de Dios que se hace historia, se hace humanidad, se hace uno de nosotros. Ello mismo supone un puente que supera todos los abismos insalvables y una ilógica que sólo puede bosquejarse desde la ternura.

Astillas de la misma madera, las hijas y los hijos de Dios estamos interpelados e invitados a esa desmesura a los ojos del mundo que implica el rescate y el socorro de los que se han perdido, especialmente si ellos son los más pequeños, los que nadie escucha, los que no pueden defenderse y están abandonados a su suerte. Aún si eso entraña cierto peligro para los demás. Todos los riesgos son válidos, necesarios y santos cuando la comunidad considera a cada uno de los suyos como único e irrepetible, como invitado principal a la mesa grande del Reino.

Porque la mirada de Dios -que aún no es la nuestra- sólo encuentra hijas e hijos, jamás enemigos, pecadores o ajenos. Dios se desvive por todos porque ama, porque rescate y servicio son tan asombrosamente escandalosos como ese mismo Dios que nace pobre, al amparo sólo de su Madre, en una nocturna cueva de animales)

Paz y Bien

Boquetes




Para el día de hoy (09/12/13):  
Evangelio según San Lucas 5, 17-26




(Durísima era la carga de todos los enfermos: al sufrimiento físico, debía añadirse el concepto de enfermedad como consecuencia de pecados cometidos, propios o de los padres. Es decir, una lìnea de continuidad entre el mal efectuado y el mal percibido, una religiosidad retributiva respecto de un dios que castiga desvíos y quebrantos, un dios que querella y condena a sus criaturas, un dios al que le place el sufrir del hombre como causa de una justicia primordial.
Todo ello es causa de una conciencia culposa y culpógena en donde se trata de esconder y escapar de la severa mirada de ese dios, y en donde queda poco o ningún espacio para una gratitud ancha, para la alegría, para la fraternidad, tan ocupados en mirar por sobre el hombro y los requiebros ajenos. Así era en los tiempos del ministerio del Maestro, así continúa tristemente vigente esa mentalidad de las culpas condenatorias en tanto que infracciones o delitos, antes que el dolor por la ruptura de la confianza y el derrumbe unilateral del amor y los afectos.

Jesús de Nazareth revela y hace presente el Reino, sueño y realidad de su Dios que es Padre y es Madre, que ama sin medida, que se acerca al hombre con torrentes inagotables de Salvación. Esa Salvación es perdón y bondad, compasión y misericordia, salud y paz, y por ello mismo es liberación integral. Porque la Encarnación inaugura un tiempo santo de milagros, tiempo de Dios y el hombre.

Las primacías y las iniciativas son siempre de Dios. Pero no somos meros espectadores de las cosas que acontecen, acaso fortuitamente. Estamos invitados a ser partícipes fundamentales de la mejor de las noticias, y por ello es preciso empeñarnos, con fé y esperanza, en ir andando juntos, abriendo boquetes allí en donde las cosas mundanas, el poder de toda laya y las ideas malsanas impiden a los corazones doloridos el acceso a la plenitud y a la alegría, a ese Cristo que jamás se cansará de buscarnos y congregarnos en ese hogar grande que llamamos Iglesia.

Porque es tiempo de redescubrir las maravillas que ahora, hoy mismo, acontecen a nuestro alrededor y no somos capaces de advertir)

Paz y Bien 

 

Inmaculada, alba de la humanidad



Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

Para el día de hoy (08/12/13):  
Evangelio según San Lucas 1, 26-38


(Hoy es un día de alegría que no se puede contener, especialmente para nuestra gente más sencilla, porque es día de amores, de confianza serena, de activa esperanza.

Durante muchos años, producto de esos fervores y de visiones distorsionadas, hemos gustado de vestir las imágenes de María Inmaculada con lujosos vestidos, con joyas relucientes, con costosas coronas, en altares y monumentos inaccesibles de tan altos.
Sin embargo, nada tan puesto a María de Nazareth. Para los estándares de la época, una joven muchacha, y para los nuestros apenas una niña. 
Una niña judía de aldea polvorienta, que no es tenida en cuenta y es irrelevante por ser mujer y por ser de la periferia, allí en donde hombres serios dictaminan con severa precisión que nada bueno ni nada nuevo ha de suceder.

Pero con todo y a pesar de todo, allí acontece una nueva creación de Palabra definitiva. Y esa Palabra no es otra que la alegría de parte de Dios que se afinca entre la humanidad, que hace fecundas las existencias, que renueva las esperanzas, que sana corazones heridos de abandono.

María de Nazareth, tierra sin mal en donde se cultiva el pan bendito y eterno, su mismo Hijo Jesús, Dios para siempre con nosotros.
María de Nazareth es la última frontera inexplorada, el continente aún por descubrir, el que en sus honduras palpita la salvación, la vida como regalo que se ofrece y no perece.
 
Por ello celebramos a la Inmaculada Concepción, celebramos que Dios nos puede volver desde la eternidad puros, transparente, perfectos. Ése es su sueño bondadoso para con todos, sin condiciones.
Y también festejamos que Dios transforma la historia desde los imposibles y los invisibles, desde una muchachita que no cuenta, en un poblado menor en donde nada se espera, y que todo dependerá de un Niño que se gesta en esa Mujer y que se ofrece a dormirse al calor de nuestros brazos.
Porque a pesar de complejidades,de horrores, de perfeccionamientos de la razón y retrocesos de la razón, la vida sigue siendo Alguien a quien cuidar con esmero y afecto, antes que una idea, que un concepto.

María feliz, María creyente, María confianza, María discípula.
María que escucha con atención y por eso será Madre.

Porque si el Hijo es el sol amanecido de toda la historia humana, María es, sin dudas, el alba que preanuncia en su infinita calma la cercanía inminente de la luz que disipa toda oscuridad)

Paz y Bien

Imágenes de Dios




Para el día de hoy (07/12/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8



(En muchos de nuestros países, es una antigua y extendida costumbre entregar y repartir pequeñas tarjetas con imágenes del Evangelio, rostros de Cristo, de la Virgen María, de santos, en fin, de cuestiones de fé, todas ellas a su modo -y a menudo involuntariamente- imágenes de ese Dios en el que decimos creer.

Por estas latitudes sudamericanas las solemos llamar estampitas, y no debería ser una costumbre a minusvalorar o despreciar con carácter automático. La caridad se edifica desde los gestos más pequeños, signos insignificantes y a veces inadvertidos, que son un puñado pequeño de sal, y un haz mínimo de luz, pero dan sabor y luz.

Es claro que son apenas un gesto, y que son insuficientes y muy pero muy relativas si nos quedamos sólo en eso: el riesgo torpe de que las estampitas se queden sólo en eso -vanos talismanes- y no sirvan de trampolín para lanzarse a las buenas aguas del Evangelio.
Aún así, valen como ejemplo, especialmente a la hora de reflexionar acerca de cual es la imagen de Dios que queremos transmitir.
Porque ese Cristo de hermosos dibujos y vivos colores conmovedores de nuestras estampitas, a veces está bastante desdibujado. O lo que es peor, caricaturizado de acuerdo a ciertas conveniencias.

Ese Cristo no andaba por los caminos requiriendo adhesiones ideológicas o partidarias. Y aunque nos cueste aceptarlo, tampoco exigía pertenencia religiosa. La realidad de Jesús de Nazareth era y es una realidad de conmoverse y de moverse frente al sufrimiento del otro, de no quedarse en la emotividad estéril sino poner firmes los pies en el barro del dolor, del abandono, del desamparo, de la injusticia, del desánimo, y sin ningún temor a embarrarse por fuera o por dentro.

En cierto modo, las estampitas que Cristo regalaba eran estampitas vivas de consuelo y salud, de liberación y misericordia para propios y ajenos, para cercanos y lejanos, imágenes fieles y exactas de ese Dios que sale al encuentro de una humanidad perdida haciéndose tiempo, historia, mano amiga y abrazo, un Dios que se hace hombre, que se hace Niño, un Dios con nosotros, con todos, sin exigencias, sin pedir nada a cambio, pura gratuidad, porque es la locura asombrosa y definitiva de la Gracia)

Paz y Bien

Lo que no puede callarse



Para el día de hoy (06/12/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 27-31



(En los tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, la ceguera era habitual en toda Palestina. Los intensos rayos de sol que pegaban contra la blancura salitrosa de las rocas y los fuertes vientos arenosos del desierto lastimaban con frecuencia muchas córneas, por lo que había muchas personas con su capacidad visual notablemente disminuida, y otros tantos directamente ciegos sin posibilidad de remisión o cura.

A estas dolencias, es menester añadir los duros conceptos religiosos imperantes: para la Ley mosaica, toda enfermedad es consecuencia o producto de los propios pecados o, en ciertos casos, de los pecados paternos. Es decir, la cosmovisión de un dios que castiga infidelidades y contravenciones, y que las ejecuta en tiempo presente.
Por y a causa de ello, todo enfermo -los ciegos también- devenían en impuros, personas de contagiosa impureza ritual excluidos del culto y la vida comunitaria, a los que lógicamente es preciso eludir. El horroroso y tan conocido por algo será era cuestión normal y cotidiana.

En esa casa que suponemos en Cafarnaúm, Jesús se sentía a sus anchas, en hogar propio, y es el signo primordial de esa Iglesia que muchos soñamos con aroma a hogar, a familia, a calidez. Hay que prestar atención, pues los milagros que acontecen son varios.

Esos dos hombres ciegos son recibidos no como ajenos, sino con una hospitalidad tan natural que se atreven sin vacilar a suplicar a los gritos misericordia.

Esos dos hombre ciegos utilizan conceptos ideológicos de aquel tiempo -Hijo de David- para llamar al Maestro; este título era corialmente detestado por Jesús, pero aún así no los reprende. Quizás lo que cuente es, ante todo, lo que anida en los corazones antes que la exacta doctrina declamada.

Esos dos hombres son impuros evidentes a los que es mejor esquivar. Ellos no pueden valerse por sí mismos, no pueden ganarse el pan y andan a tientas en un mundo oscuro en el que hay muchos ciegos como ellos y otros tantos no videntes de alma que los excluyen.
Pero para Jesús de Nazareth no hay allí dos impuros, sino dos dolientes, y más aún, dos dolientes que confían. 

Entonces, en el tiempo santo de Dios y el hombre, kairos de la Encarnación, a partir de la fé, desde la confianza, acontece otro milagro tan grande como la aceptación del excluido, la recepción hogareña del hermano, la fé por sobre la doctrina. La vista es recuperada, y ellos irse en silencio, pues quizás las gentes aún no comprendan el sentido primordial de estos signos, y se queden solamente con la cosa milagrera, espectacular y dejen de lado lo que cuenta, que es el amor de Dios.

Sin embargo, ellos no pueden callarse. Por toda la región cuentan a quien los escuche lo que ese Cristo ha hecho por ellos.

Esa es la Evangelización: contar fiel y verazmente a todo el mundo todo lo bueno que Dios ha hecho y hace por nosotros, en tren de experiencia muy personal -para nada abstracta-. Es difundir la mejor de las noticias, es expandir la bondad, es encender la esperanza. ¿Quién, entonces, podrá callarse?)

Paz y Bien

Del simpatizante al creyente



Para el día de hoy (05/12/13):  
Evangelio según San Mateo 7, 21. 24-27



(El Evangelio para el día de hoy ha sido causa de numerosas polémicas y discusiones a través de los años, especialmente en la confrontación dialéctica entre los pretendidos opuestos que son la Iglesia mística y la Iglesia institucional. 
En verdad, tenemos un severo déficit catequético y una formación a menudo estudiadamente mediocre para fundamentar la toma de posición, que en realidad es una pérdida de tiempo y un ejercicio estéril.

Pues lo que cuenta, lo que nos define y lo único que nos llevaremos al momento de partir es el amor vivido, el practicado y el omitido.

No basta el rigor en el cumplimiento ritual y del culto, y no es aval de nada la pertenencia religiosa. Todo ello suele ser un cómodo sitio banal en donde solemos refugiarnos, escapando de los riesgos de la fé y del compromiso. Todo ello es cosa de simpatizantes y de adherentes, una imagen dolorosa que saborea cantidades, multitudes imponentes y exhibiciones milagreras.

Pero los creyentes edifican en silencio su casa/existencia de otro modo.

Los creyentes cimentan toda su vida en la obediencia, una obediencia que no es servilismo ni cerviz doblegada, sino que remite a su sentido primigenio: ob audire, escucha atenta de la Palabra de Dios. Esa escucha atenta de una Palabra que es Palabra de Vida y y Palabra Viva que transforma corazones desde su misma hondura y sin exigencias ni condiciones previas. Todo es Gracia, todo es ofrenda bondadosa de Dios.

Así el creyente vive como Jesús y con Jesús, sigue sus pasos a pesar de todos los riesgos y peligros, y comete la locura mayor, ama como Él amaba. 
Entonces podrán sobrevenir mil tormentas en la cotidianeidad sin esperanzas que solemos transitar, pero nada ni nadie puede derribar estos sólidos muros que son tales no tanto por la eficacia de estos albañiles que somos, sino por el amor asombroso e indescriptible de Aquél que nos sostiene)

Paz y Bien

Servidores de la Gracia



Para el día de hoy (04/12/13):  
Evangelio según San Mateo 15, 29-37




(Estamos con Jesús de Nazareth en territorio pagano, a orillas del mar de Galilea. Si bien la alusión no es directa, lo podemos entrever en las alabanzas jubilosas de los sanados y de sus familias hacia el Dios de Israel, para ellos dios ajeno y distante, además de numerosos signos y símbolos subyacentes en toda la lectura.

Hay algo tan evidente, que en aras de profusas exégesis y estudios se nos suele escapar como arena entre los dedos, y es precisamente ese rabbí galileo que se conmueve frente a la necesidad ajena y la hace propia, y no se queda en la pura emoción. Él se preocupa y ocupa, y llama especialmente la atención que no haya contraprestación ni condiciones que se requieran. 
Los dolientes son sanados, los hambrientos son saciados, y no se les pide credencial de pertenencia, identificación religiosa ni prácticas de piedad específicas. Para el corazón Sagrado de ese Cristo sólo hay hijas e hijos de Dios doblegados por el dolor y sumidos en la necesidad, y es precisamente esa misericordia insondable el paso primero que nos esté faltando para edificar un mundo en donde campee la justicia.

No puede haber demasiadas elucubraciones por razonables que estas sean cuando la condición humana está atacada. Porque si el primer derecho es el derecho a la vida, el siguiente es el derecho a una vida digna y plena.
Y las soluciones están entre nosotros, en nosotros, y la llave para abrir tantas puertas cerradas es esa escandalosa solidaridad que nos propone y ofrece el Maestro.

Es el tiempo santo de Dios y el hombre, el tiempo de la Gracia, de lo que se ofrece y se entrega sin ninguna condición, a pura generosidad, reflejo absoluto del amor de Dios que es su esencia y su sueño para todos, el Reino inaugurado por Cristo.

Pedro y Juan, Santiago y Felipe, los Doce, los discípulos, tu y yo, todos nosotros estamos llamados a ser servidores de esa Gracia, llevando el pan que se multiplica al infinito de la vida compartida que jamás se agota, que alcanza para todos los que están y queda para todos aquellos que algún día llegarán, en la maravillosa desmesura del Reino)

Paz y Bien


Cuando Dios habla




Para el día de hoy (03/12/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 21-24


(Jesús se estremece de certeza ante la ternura de Dios. A cada instante descubre la bondad salvadora de su Padre, y por eso exclama su bendición; más aún, hasta su respirar es una bendición, pues toda su vida es una vida orante, en perfecta y absoluta sintonía con su Padre.

Porque este Dios que se revela en Jesús de Nazareth no se expresa a través de sabihondos y doctores, esos mismos que se apropiaron en exclusiva de la interpretación y exégesis exacta de la palabra, pero se han vuelto incapaces de aceptar la revelación y toda verdad que se les presente, por más que ésta sea evidente. No escuchan otra voz que la propia, y ese es el motivo primordial por el que viven en su mundo ampuloso de sombras.

El Dios de Jesús de Nazareth se revela en plenitud a través de aquellos que no tienen voz, que apenas pueden hablar. De los más pequeños, de los que no tienen relevancia ni son tenidos en cuenta. 
A ellos, por ellos y con ellos Él se manifiesta, y su rostro puede encontrarse, resplandeciente, especialmente allí en donde nada suele esperarse, donde las clasificaciones preconcebidas son condena y son yugo fiero y demoledor.

Adviento es así. 
Descubrir que Dios nos habla cada momento, que Su Rostro puede encontrarse en cada esquina, en los arrabales, en las periferias de la mera supervivencia. Descubrir su manifestación bondadosa y volvernos bendición.

Dios se revela en los pequeños, en los que balbucean, en los que lloran su frío y su hambre, en los niños, en un Niño que será todo en todos)

Paz y Bien

Toda nuestra vida es un Adviento


TODA NUESTRA VIDA ES UN ADVIENTO
Han llegado las grandes lluvias sobre la tierra de nuestro sertâo y han empezado a nacer hermosos, el maíz y el arroz.

Ha llegado a nuestras celebraciones el Adviento, que es un tiempo de cuatro semanas en preparación de la 'Navidad. Va a nacer Jesucristo, el Salvador. Llega otra vez Navidad, el tiempo más hermoso del año. ¿Por qué celebramos el Adviento? ¿Por qué celebramos la Navidad?

Dios creó el mundo, con las estrellas y las plantas y los animales y puso en medio del mundo al hombre, para que el hombre fuese el celador y el rey de todo. Dios, que es Padre, quería tener muchos hijos felices como Él. Para eso creó los hombres.

Pero el hombre pecó y Dios y el hombre se distanciaron, como si fuesen enemigos. Dios, sin embargo, se mantuvo, terco, en su amor de Padre. Para Él las cosas no podían quedar así. Y prometió que enviaría el Mesías, el Salvador.

El antiguo pueblo de Dios, Israel, estuvo esperando ese Salvador durante 4 mil años, mucho tiempo. Esa espera es el Antiguo Testamento de la Biblia. Es todo aquel caminar que va desde Abraham hasta la Virgen, desde la esclavitud de Egipto hasta la Buena Nueva de Belén.

Y el Salvador llegó. Dios hecho hombre, hermano nuestro. Jesús, el Hijo de Dios hecho hijo de María, nacido en la noche de Navidad.

Así y todo, Él nacido hombre, Él muerto por los hombres, Él resucitado y vivo entre los hombres, todavía ha de ser esperado y buscado. En su busca caminamos aquí en la tierra, para encontrarnos con Él, para siempre, en el cielo. Por eso celebramos el Adviento. Por eso preparamos la Navidad.

Toda nuestra vida es "adviento": Dios está viniendo.

Él viene en su Palabra, en su Espíritu que nos da la fe, en los sacramentos de la Iglesia, en las luchas y alegrías de la vida, en cada uno de nuestros hermanos, sobre todo en los más pobres y sufridos.

Hay que saber esperar a Dios. Hay que saber buscar a Dios. Hay que saber descubrir a Dios.

Y mira que hay muchos que se cansan de esperar, porque la vida se ha puesto muy dura y los poderosos siempre aplastan al pueblo. Y hay muchos que no saben buscar a Dios día a día, en el trabajo, en casa, en la calle, en la lucha por los derechos de todos, en la oración, en la fiesta alegre de los hermanos unidos, e incluso más allá de la muerte. Hay muchos que no saben descubrir al Dios que se esconde en el Niño de Belén, en la lucha de la vida y en los hermanos más pobres.

Adviento es un tiempo muy bueno para aprender a esperar a Dios, para aprender a buscar a Dios, para aprender a descubrir a Dios.

El maíz y el arroz están naciendo, hermosos. Ha llegado el Adviento. Luego llegará la Navidad. Dios está llegando siempre. Abramos los ojos de la fe, abramos los brazos de la esperanza, abramos el corazón del amor. En ese Dios que siempre viene, os abraza vuestro hermano.

Dom Pedro Casaldáliga, cmf

Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil

Méritos y pertenencias


Para el día de hoy (02/12/13):  
Evangelio según San Mateo 8, 5-11



(Los centuriones eran los oficiales clave en el funcionamiento y la eficacia militar de las legiones romanas; ellos comandaban las centurias, unidades de aproximadamente ochenta hombres, las que a su vez se agrupaban en cohortes y luego en legiones.
No es errado suponer que la preponderancia imperial duradera a través de tantos siglos de Roma, encuentra uno de las principales apoyaturas en su poder militar, y este poder se cimentaba en la estricta disciplina de las tropas romanas; los militares romanos cumplían el doble rol de tropas de combate y también de fuerza de ocupación de los territorios dominados, prestos a reprimir cualquier atisbo insurreccional.

Todos los pueblos lo sufrían. Pero en el caso de Israel se agravaba, toda vez que el ocupante romano hollaba la Tierra Santa, adoraba a dioses extraños y, como extranjero, portaba la mayor de las impurezas rituales y sociales, o sea, precisamente el hecho demoledor de ser ajeno, de no pertenecer al pueblo elegido.

Por ello mismo, es tan importante lo que el Evangelio para el día de hoy nos brinda. Y más aún, ha de ser leído en clave esperanzada de Adviento.

Ese centurión es alguien a quien cualquier judío en su sano juicio evita por todos los medios. Lo desprecia fervorosamente, a menudo con sobradas razones. Mucho menos, le prestará su atención o le tenderá una mano amiga, una ayuda, o simplemente la cortesía cordial de la escucha.

Pero este Jesús de Nazareth ha trastocado todo lo razonable y lógico. Alabado sea Dios. 
En el tiempo nuevo que inaugura, lo que realmente define y decide la existencia es, ante todo, esa primacía de un Dios que se acerca y busca al ser humano. A nadie desprecia, a todos ofrece su amistad y su bondad entrañables.

Ese soldado se reconoce indigno por oficio y circunstancias. Seguramente, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido ha debido hacer un terrible esfuerzo para doblegar su orgullo. Pero puede más la necesidad del otro antes que las raíces de soberbia que entorpecen y obstruyen.
El centurión ha descubierto, a partir de su cotidianeidad, que no hay modo alguno para lograr sortear el abismo que lo separa de ese Cristo que lo escucha, pero aún así confía, y desde la confianza acontecen los milagros.

Entre Dios y nosotros también hay un abismo insalvable, que no puede atravesarse por más méritos que acumulemos ni por simple pertenencia confesional, religiosa. 
Pero el puente ha quedado tendido entre Dios y el hombre por el amor de Aquel que nos sale al encuentro desde la sencillez de un Niño, con una fé en nosotros inconmensurable, con una confianza que nos sana y nos libera)

Paz y Bien

Adviento, espera atenta



Primer Domingo de Adviento

Para el día de hoy (01/12/13):  
Evangelio según San Mateo 24, 37-44



(Adviento es mucho más que un lapso cultual, de ritos específicos. Es el tiempo litúrgico -estación espiritual- signado por una espera que se se vuelve atenta, despierta y específica porque esperamos a Alguien antes que a un algo indeterminado.

Adviento es la invitación a desalojar de los corazones todos esos letargos que hemos dejado sedimentar, esas comodidades peligrosas, esos miedos que paralizan. Por eso mismo Adviento también es volver a poner la totalidad de la existencia en perspectiva de eternidad, porque tenemos la certeza de que Dios está en el horizonte.

Esa certeza es la que en verdad otorga sentido a todo, y por esa certeza los sucesos, los aconteceres y las cosas pierden un carácter rutinario y uniforme. Cada instante se vuelve único e irrepetible y más aún cuando nos convertimos en seres capaces de redescubrir a la vida como a un don.

Adviento es tiempo asombroso de maravillas y locuras, porque toda la historia humana se transforma a partir de un Niño, un Niño pequeño y pobre, un Dios eterno e infinito que asume la condición humana sin pedir nada a cambio.

Adviento es tiempo santo, kairos, una historia que se fecunda y que siempre está pronta a parir vida nueva, tiempo de Dios y tiempo del hombre en urdimbre eterna a partir del Sí confiado de una mujer enorme de tan pequeña.

La esperanza de ojos y corazones abiertos implica que nuestras vidas -todo lo que somos y hacemos- puede tener un sentido trascendente, un destino que se edifica a diario, que todo puede cambiar, que las cuevas de animales pueden devenir en hogares, que los niños y las mujeres definen la historia, y que Dios jamás renuncia a su sueño primero, una humanidad plena por la que se desvive, por la que viene a quedarse para siempre)

Paz y Bien


Realidad transformada



Para el día de hoy (30/11/13):  
Evangelio según San Mateo 4, 18-22



(Ese Cristo caminante por Galilea es una constante que supone mucho más que una mera información geográfica.

Por ubicación y por historia, Galilea y sus habitantes estaban siempre bajo sospecha, cuando no bajo un abierto desprecio. Periférica a la metrópoli de Jerusalem, en varias oportunidades fué ocupada por los invasores de Israel, los que dejaron colonias y huellas culturales en sus poblados. Así entonces, sobre la provincia oscilaba de modo permanente la sombra de la contaminación extranjera, del cumplimiento fallido de la Ley mosaica; por ende, los galileos eran, en el mejor de los casos, ciudadanos de segunda o tercera categoría de los que nada bueno podía esperarse.

Desde la misma periferia, allí en donde nada nuevo ni bueno se infiere ni justifica, en los bordes mismos de la existencia pasa Jesús de Nazareth anunciando la mejor de las noticias, el tiempo nuevo y santo que se crece entre nosotros.
No es un rey conquistador, ni un líder que impone ideologías a base de la fuerza. Es un hombre que pasa a orillas del lago de nuestras vidas, por la costa misma de lo que somos con una invitación que no puede pasarse por alto, y que es muy difícil de rechazar pues Aquél que invita reconoce la propia condición, todo eso que somos y el modo en que somos, y sus inefables ganas de que todo ello se vuelva pleno, total, feliz.

Por eso mismo Simón y Andrés, Santiago y Juan -todos ellos pescadores de oficio- son invitados a seguirle para ser pescadores de hombres.
No se trata del habitual coraje, ataquen. Es ante todo ir con Cristo, quien es el que encabeza la marcha, quien vá por delante. El llamado por pares es también un signo de que el llamado no es individual, que solos no podemos, que se trata de ir con otros para arribar al puerto del nosotros.
Pero no hay un renegar de la propia identidad. Jamás. Se trata de transformar la propia realidad y de trascender/se, de aceptar que esto que somos puede ser eterno, fermento que todo lo cambia.

Los expertos pescadores se transforman -de la mano de Cristo- en pescadores de hombres, en precisos rescatadores de pequeños peces con vida, aquellos que están a la deriva en el embravecido mar de un mundo tan a menudo cruel y sin sentido)

Paz y Bien

Lectores de los tiempos




Para el día de hoy (29/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 29-33


(La objetividad absoluta es prácticamente imposible en el acontecer humano. Siempre se trata de una persona -un sujeto- que vé, mira y piensa, y ese desde sí mismo vá a ser condicionante de la interpretación a la que arribe, es decir, se entrelazan vivencias, cultura, raíces, espiritualidad, psiquis.

Por limitaciones propias de quien escribe, y porque no está en las presentes líneas la necesidad de una reflexión filosófica, nos detendremos por un momento en la faz espiritual- Esa cuestión dirime, en gran parte, la trascendencia a la que se atreva cada uno de nosotros individualmente y, mejor aún, como comunidad que se nutre entre sí. 
Porque lo espiritual y trascendente posee como uno de sus rasgos principales el no quedarse en la superficialidad, el animarse a ir más allá de las apariencias, a dirigir la mirada a otra distancia pues a cada instante hay señales que nos conducen a una verdad que resume y resignifica la historia.

Esa verdad es que Dios no se ha desentendido de su creación, que sigue enamorado de la humanidad, que está cerca, muy cerca, al alcance de toda mujer y de todo hombre de buena voluntad.

Para esta vocación universal de ser atentos lectores de los tiempos hay una conclusión mayor, y es precisamente la esperanza. Con todo y a pesar de todo, a pesar de nosotros mismos quizás.

Porque la historia, aún en sus años más luctuosos, aún en los tiempos más oscuros, está fecunda de eternidad.

El Reino está aquí entre nosotros, ya, ahora mismo, y hay una invitación a ser edificadores que no tiene fecha de vencimiento)

Paz y Bien


Otro tiempo está llegando



Para el día de hoy (28/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 20-28



(Imágenes de horror. Cataclismos cósmicos, terribles tambores de guerra, el sonido atronador de todas las miserias que devienen en luto, en angustia, en opresión, en descenso brutal de la condición humana. 

Pareciera que a medida que transcurren los siglos se vá perfeccionando -meticulosamente- la capacidad de hacer daño, de lastimar y suprimir a los demás. No siempre se trata de armas de fuego; existen otros métodos tan violentos como los de éstas, el destrato, la exclusión, el desprecio, el abandono, el ninguneo de oír pero no escuchar a nadie excepto a la voz voraz del propio egoísmo.

Para los contemporáneos de Jesús de Nazareth esto se agravaba, pues su centro se ubicaba en ese Templo enorme habitado por su Dios, el mismo que les brindaba identidad y carácter. Ese Templo sería reducido a escombros por las legiones de Tito y Vespasiano, y muchos de los jerosolimitanos pasados a cuchillo o vendidos como esclavos.

Todo ello, tempus fugit, cronos que se escurre inexorable como arena entre los dedos.

Con todo y a pesar de todo, la Encarnación es el misterio asombroso que inaugura el tiempo nuevo de Dios y el hombre, tiempo de Niño Santo, tiempo de vida que se expande humilde y silenciosa pero imparable.

En la noche más cerrada, en los lapsos de mayor dolor y oscuridad, una mínima luz se hace imposible de apagar. 
Cristo está llegando, Dios que sale al encuentro de los extraviados, de los que no pueden más.

Otro tiempo está llegando, ad-viene, y hay que permanecer fieles, con la mirada en alto, porque nos está naciendo -aún con tantos dolores de parto- nuestra liberación)

Paz y Bien

Motivos de preocupación



Para el día de hoy (27/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 10-19



(Ya desde los tiempos de su ministerio, Jesús de Nazareth advertía a los suyos acerca de las persecuciones y hostigamientos que iban a sufrir los suyos a causa de la Buena Noticia. Es un horror mayor. Discípulas y discípulos serán perseguidos, a menudo con brutalidad y otras veces con militante desprecio, no sólo por los poderosos de este mundo. En muchas oportunidades también los causantes de sus penas serán justamente aquellos que consideraban propios y cercanos, y allí el dolor y la frustración son dobles.

Pero en todos los casos, trasciende y se mantiene en pié quien se mantiene fiel, pues Dios no deja de pensarnos, de querernos, de sostenernos frente a cualquier temporal, y ni siquiera harán falta discursos grandilocuentes. Él hablara por nosotros y a través de nosotros, con la elocuencia y la contundencia propias de la verdad.

Tampoco, es justo decirlo, es bueno y dable ansiar dolores y sufrimientos. De allí a imaginar que a Dios eso le agrada hay sólo un paso. Ningún Padre quiere el mínimo dolor para sus hijos, y esas ansias posibles responden más a una falsa imagen de Dios y a cuestiones psicopatológicas.

Porque lo que verdaderamente importa es ese Dios que sueña y se desvive por nuestra felicidad, nuestra plenitud.

Por ello, los reales motivos de preocupación han de ser para nosotros los tiempos aquellos en que nunca pase nada, en que todo transcurra en una calma desabrida, en comodidades perecederas, en una rutina que nos vá carcomiendo el alma.
Porque la fidelidad a la Buena Noticia necesariamente ha de chocar, producir inquietud, asomarse como peligro a eliminar a los poderes de este mundo.

El amor, la justicia y la misericordia son peligrosos)

Paz y Bien


Espacios sagrados




Para el día de hoy (26/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 5-9



(Para la fé de Israel, el Templo era su centro primordial, lugar en el que habitaba su Dios y en el que, mediante el ritual preciso, era posible encontrarse con Él y obtener sus favores. De allí también, en parte, la necesidad de que fuera imponente, magnífico, deslumbrante, un faro dorado que atrajera a toda la nación judía, tanto la Palestina como la de la Diáspora.

Sus mismos discípulos eran totalmente dependientes de esas ideas: el Templo les brindaba certezas y seguridades, aún en esos tiempos en que agobiaba la presión ejercida por el opresor romano, y por tantos que anunciaban tiempos finales. En cierto modo, el Templo les espantaba angustias y les ofrecía un espacio sagrado y trascendente que no podían hallar en el transcurrir diario. De allí el ánimo de hacerle cambiar de ideas a Jesús, comentando las bellezas, la pompa y los lujos evidentes de ese sitio enorme.

La profecía del Maestro los golpea con toda crudeza. Les preanuncia con exactitud que el Templo sería derribado años después, quedando reducido a escombros. De ello se encargarían las legiones de Vespasiano y Tito, aproximadamente por el año 70 dc.
Pero también los previene contra todos aquellos mensajeros falaces de horrores, de tormentas finales, portavoces necios de dioses falsos, embajadores plenipotenciarios de miedos coactivos.

Lo que permanece inalterablemente vivo y vivificante es la Palabra. Todo lo demás -hasta lo mejor cimentado, hasta lo más firme- dominios, imperios, sitios, templos y situaciones, mundos abrumadores y cielos perpetuamente oscuros han de pasar. Más la Palabra permanece.

En el tiempo definitivo de la Gracia, nuestro espacio sagrado es el Corazón de Jesús)

Paz y Bien

No es para precavidos



Para el día de hoy (25/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 1-4



(Paradójicamente, entonces y ahora nadie daría un centavo por las dos moneditas de cobre arrojadas a la alcancía del Templo por esa viuda pobre, desamparada. 
Pero en esa insignificancia aparente, hay un misterio escondido de valor profundísimo que sólo el corazón sagrado de Jesús puede descubrir.

Ese misterio revelado quiere decir que todo tiempo se decide y resuelve en el presente, especialmente cuando con la desmesura del amor y la locura de la solidaridad las cosas se hacen sin reservas, a pura entrega cordial, sin especulaciones y -horror de horrores- sin precauciones. Porque el Reino no es para precavidos que, tal vez, nos animemos a alguna que otra acción pero siempre tenemos alguna resto escondido por si las cosas van mal.
Esa es la mundana lógica de la especulación, del sí a medias y con condiciones, de la emoción pero vamos a ver, de la ampuloso gesto de donar los sobrantes.

Pero el Reino es ilógico, y es pura desmesura, como el vino de Caná, como las cestas del pan compartido y multiplicado, como la frutal Gracia que nos llueve mansa, como la desbordante y asombrosa misericordia que sostiene al universo.

Así la viuda pobre ofreciendo todo lo que tenía para subsistir, es decir, ofreciendo sin reservas su propia existencia es la levadura humilde que todo lo transforma, es la pequeñez insobornable que conmueve las entrañas de Dios, es el darse sin medidas del mismo Cristo, sea cual fuere la consecuencia.

Arrojar estas pequeñas moneditas que en verdad somos es sembrar un futuro desde un presente que germina distinto, incondicionalmente, con todo el corazón y toda el alma, con la confianza fundante del mandamiento mayor de amar a Dios y al prójimo por sobre todas las cosas)

Paz y Bien

Cristo, un rey imposible



Jesucristo, Rey del Universo

Para el día de hoy (24/11/13):  
Evangelio según San Lucas 23, 35-43


(La escena es demoledora: tres hombres son ejecutados en el Gólgota con siniestra precisión romana.
En ese lugar son ajusticiados, y el término no puede ser más exacto, pues sus verdugos suponen estar haciendo un acto de justicia.

Jesús agoniza en ese madero, rodeado de malhechores, como un criminal abyecto. Es la imagen patente de la derrota total. 

La multitud observa silenciosa, con neutralidad tibia y acomodaticia. Ese silencio es más que conveniente, no vaya a ser que se corra su misma suerte.

Los dirigentes religiosos y los soldados -signos del poder ejercido, de la fuerza impuesta- se burlan y lo ofenden. Habla de un Reino pero no exige poder ni gloria. Desoye los reclamos de los suyos de ser coronado y gobernar la tierra de Israel. Se hace servidor, realiza tareas propias de los esclavos, se junta con los despreciados, con los que es menester dejar de lado, con los que es mejor no encontrarse.
En cambio de reivindicar las glorias de un Dios inaccesible y lejano, predica a un Dios tan cercano que es Padre y es Madre y habita en los corazones que se lo permiten, un Dios enamorado de su creación, un Dios que se pone abiertamente del lado de los débiles, de los pobres, de los pequeños.
En síntesis, un blasfemo peligroso pues trastorna todas las creencias firmes, y se niega a reconocer al César como un dios. Las cosas del César son del César...las de Dios son bien distintas.
Hasta uno esos malhechores, compañero de sufrimientos, le reclama un escape a ese momento terrible.

Sin embargo, a pesar del horror y del espanto, el otro condenado intuye que hay otra realidad muy distinta a esa noche cerrada y dolorosa. Y sabe bien que con ese galileo manso y bueno se está cometiendo la peor de las injusticias, pues toda su vida ha sido pura bondad.

Y no se calla. En cambio de llamarlo Maestro, Cristo, Mesías o Hijo de David simplemente lo llama Jesús, y en ese reconocimiento de su plena humanidad está también íntimamente entrelazado el reconocimiento a su realeza, rey del universo comenzando por el hoy de los corazones. Porque la Salvación acontece en el aquí y el ahora, por ello el primer ciudadano pleno del Reino será ese marginado, el único por entre todos los presentes capaz de tomarse muy en serio -tan en serio como la misma esperanza- que allí no hay un delincuente ni un derrotado. Allí hay un hermano que puede abrir las puertas definitivas del para siempre, allí hay un hombre de cuerpo quebrantado y corazón infinito que tiene todas las respuestas, que muriendo vivirá para siempre.

Este Cristo es un rey imposible para lógicas y razones, ajeno por completo a coronas, pompa y boato.
Es un rey humilde que sólo puede reconocerse en la cruz, una cruz que tiene un brazo apuntando siempre hacia el cielo, y otro brazo perpetuo hacia los lados, hacia los demás, congregando hermanos, urdimbre santa de cielo y tierra.
Por ello la Resurrección será victoria de Dios y el hombre, por ese Cristo que es rey de todos los corazones que se atreven a seguir vivos en plenitud, a pesar de todas las cruces)

Paz y Bien


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