El vino nuevo y definitivo de la Gracia de Dios

 

 


 

 

 

 Para el día de hoy (04/09/20) 

Evangelio según San Lucas 5, 33-39

 

 

 La primitiva y naciente comunidad cristiana, y la comunidad cristiana posterior que permanezca fiel es una anomalía extrema para los cánones religiosos habituales. Parecen dejar de lado prescripciones exactas de rezos, de ayuno y de culto, y así beben y comen y celebran y dejan de lado cualquier ascesis que se espere de ellos.
Pero no lo hacen en pro de una vida disipada, por ser borrachos y glotones. Ese sambenito se le irrogará al Maestro, en afán desesperado de menoscabarlo, de endilgarle -en desesperación falsaria- cualquier rótulo de desprecio.

Es que la perspectiva mesiánica vivida a cada segundo por Cristo, y desde Él por toda la comunidad cristiana, es la de unas bodas perpetuas, en la que el Señor es el novio y los discípulos los amigos del novio.
En unas bodas se celebra invariablemente la existencia y el amor, la vida nueva que traerán los hijos. Porque cada hijo es una bendición asombrosa, y así cada hija y cada hijo de Dios, en la Buena Noticia, son comprendidos como una bendición de un Dios infinitamente generoso.

Con todo y a pesar de todo y de todos, la vida ha de celebrarse en ese talante de bodas, de bendición. Sólo habrá un breve lapso en que los amigos del novio han de vestirse de luto y cenizas, en ayuno doloroso, y serán esos tres días en los que Cristo les será quitado con furor violento, oculto en una tumba que por el amor de Dios devengará estéril, hogar inútil de una muerte que ya no prevalecerá, que no tendrá la última palabra. Y quizás también cuando cada año esos amigos hagan memoria de la muerte del Señor.

Porque también Cristo sufre la Pasión en entera libertad de vida ofrecida para que todos vivan; pero los perpetradores de sus padecimientos son esos hombres de rictus severo, que rinden culto a un dios voraz y cruel, que veneran panteones, que los carcome la envidia por la alegría dispensada asombrosa por la Gracia de Dios.

Es algo nuevo y tan definitivo que implica cambiar todo. Es Pascua sin regreso al ayer, a la esclavitud, a lo viejo, el vino nuevo de la fraternidad y la justicia, el vino perpetuo de la compasión y la misericordia.

Paz y Bien

1 comentarios:

Walter Fernández dijo...

Señor que seamos Misericordiosos en obras y de verdad! Paz y Bien 🙏 Buen Viernes 🙏

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