Nuestra herencia es la vida eterna
















Para el día de hoy (20/08/19):  

Evangelio según San Mateo 19, 23-30








Lejos de cualquier parcialización o de cualquier lectura lineal, es muy importante situarnos en el escenario de la lectura que nos ofrece la liturgia del día, y es la continuidad literaria y sobre todo teológica de la conversación entre Jesús de Nazareth y el joven rico.
Por ello mismo la necesidad de no caer en una perspectiva apológica de cierta clase de pobrismo -especialmente el que se impone y no se elige-, o la trampa de ideologizar y aplicar a la Buena Noticia categorías sociológicas y hasta ideológicas respecto de ciertas clases sociales.

Lo cierto es que en aras del falso dios Dinero se realizan sacrificios humanos pues se aniquila al prójimo. Lo cierto es que no se puede servir a dos señores, a Dios y al Dinero. Lo cierto es que en esas cuestiones se juega nuestra vocación infinita de ser libres, con la libertad de los hijos de Dios.

Los discípulos están más que preocupados. Ellos, si bien han dejado familia y bienes siguiendo los pasos de Cristo, aún se aferran también a determinadas cosas, y ese aferrarse es similar a las limitaciones que se autoimpone el joven rico. Las viejas ideas, los viejos esquemas, un corazón que paulatinamente envejece porque se per-vierte, es decir, que no se con-vierte.

Lo saben en sus corazones, y la razón no puede indicarles otra cosa: la carga de las propias miserias es tal que nadie, desde una lógica mundana, de justicia retributiva, puede salvarse. Nadie.
Y es verdad. A la Salvación no se la adquiere, por ella ya ha pagado con su propia vida, el costo mayor, Cristo en la cruz por todos nosotros.
Porque la Salvación es don y misterio del amor de Dios, y nó fruto de nuestros meritos ahorrados.

Lo cierto es que nosotros vamos montados a lomos de otros camellos. Lo cierto es que en esta monta atravesaremos todos los ojos de agujas.
Porque vamos en la feliz montura de la Gracia, del amor infinito de un Dios que es Padre y que nos sale al encuentro, de un Dios que todo lo puede y para el que no hay imposibles.

Nuestra herencia -inmerecida, generosa, asombrosamente desproporcionada- es la vida eterna, plena, feliz, en los brazos del Dios que nunca se resigna.

Paz y Bien

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