Esas ganas de curarse, ese caudal de agua viva


Para el día de hoy (20/03/12):
Evangelio según San Juan 5, 1-3. 5-18

(La piscina de Betsata gozaba de cierta fama por atribuirsele dotes curativas a las aguas que en abundancia brotaban de ella; es que el culto que desarrollaba en el Templo de Jerusalem requería enormes cantidades de agua para las purificaciones y abluciones, encontrándose numerosas cisternas que proveían los miles de litros necesarios. Por otra parte, en las cercanías de esta piscina, los maestros de la Ley enseñaban a sus estudiantes, y la contraposición es dolorosamente evidente: de un lado, la enseñanza de la religión, y del otro el olvido de los pobres y los enfermos.

Obviamente, es demoledora la observación que nos trae el Evangelista: aquel hombre estuvo treinta y ocho años golpeado por la enfermedad, sin una mano amiga que lo acerque a las aguas milagreras; a veces, no es errado pensar que la ausencia de compasión y solidaridad es más cruel y duele más que la enfermedad misma.

Y el Maestro se acerca, no lo ignora ni pasa de largo, signo cierto de un Dios que siempre está inclinado hacia el dolor de sus hijas e hijos. Aún así, una cosa es clara: los milagros acontecen desde la fé, a partir de la confianza, y ese hombre enfermo -a pesar de su parálisis- debe poner su alma en ello. Para sanar de cualquier dolencia, simple o compleja, hay que tener la voluntad de curarse, y es raíz de esa libertad que a menudo dilapidamos en nuestros perniciosos acostumbramientos.

El hombre se pone de pié, tomando su camilla. Puede andar pues ha pasado la Misericordia por su vida, se pone en marcha al ser capaz de llevar al hombro lo que lo ataba y sometía.

Entonces, arrecian las críticas y algunos braman de rabia. En parte, porque en la sanación Jesús ha vulnerado la sacralidad que ellos han construido alrededor del Shabbat, en parte porque presenta al pueblo un Dios muy cercano, tan cercano como ha de ser un Padre.
Pero también, porque no les ha pedido permiso: las estructuras de poder -sea cual fuera su origen y definición- suelen reaccionar con violencia desmedida frente a lo que se sale de previsión y cauce, y la Gracia no puede acotarse, medirse ni regularse.

Es un tiempo maravilloso en donde Dios no descansa procurando nuestro bien, caudal inagotable de agua viva que nos sana y renueva)

Paz y Bien

José Nazareno de la justicia y el servicio

San José, Esposo de la Virgen María

Para el día de hoy (19/03/12):
Evangelio según San Mateo 1, 16.18-21.24

(Parece mentira que de alguien tan fundamental los Evangelios nos relaten tan poco. No hay una sola palabra pronunciada por José de Nazareth.
Sin embargo, en los relatos de la Buena Noticia nada sucede por casualidad, ni lo expresado allí es a causa de olvidos o censuras.
José se mantiene en un silencio atento, y ese silencio -en las profundidades de nuestros corazones- se nos vuelve estridente, brújula cordial para nuestros pasos perdidos.

Es un tekton, un artesano galileo al que sus hermanos judíos tienen a menos. Su acento lo traiciona, su origen lo desmerece, su oficio es demasiado humilde como para esperar demasiado de él.

Aún así, Dios lo elije como padre, y a su esposa como madre.

Es un hombre justo, más no en el sentido ecuánime que solemos otorgarle al término: es justo porque ajusta su vida a la voluntad de Dios, es justo por ser capaz de misericordia y compasión, es justo por poner la vida como valor primero, vida a ser cuidada y protegida, vida que está por sobre cualquier norma o ley.

Así será decisivo en el misterio de la Encarnación de Dios con nosotros, protegiendo a esa muchacha que ama, recibiéndola como esposa sin reserva alguna, queriendo sin límites desde su modestia a ese Hijo sorprendente, Dios al que llamará hijito.

Es lógico y veraz decir que José es el padre adoptivo o, mejor aún, el padre legal de Jesús.
Sin embargo, hoy nos atreveremos a llamarlo, por un momento, padre de Jesús.
Padre que procura con su esfuerzo el sustento para su familia, padre capaz de cualquier cosa -emigrante mal mirado- para aliviar las penurias de los suyos, padre que ama del mismo modo que su Dios, tan intensamente brindando su vida a los otros que pasa desapercibido.

Ese Hijo Santo que cambia la historia adopta sus gestos, aprende su oficio y se nutre de su humildad. Por ello no es extraño que a su Padre nos lo revele como Abbá!, pues ya desde muy pequeño descubrió a la eternidad en ese abrigo paternal nazareno.

Conmociona y emociona que un hombre tan humilde, elegido y amado por Dios, cuando ha cumplido su misión se retira mansamente sin estridencias, sin avisos descollantes. Él ha cuidado y amado a los suyos, y es alentador para todos y cada uno de nosotros, y es signo cierto de que no hay amor mayor que la entrega servicial por la vida de quien amamos)

Paz y Bien

La renuncia de Dios

Para el día de hoy (18/03/12):
Evangelio según San Juan 3, 14-21

(Es extraño, muy extraño.
Dios no se adecua a lo que esperamos de Él, no se condice con nuestros esquemas, contradice cualquier imagen que nos hayamos forjado por comodidad o necesidad y reniega de esa ideología enquistada del éxito -cruel ética de winners y losers-. Así se hace difícil cualquier religión, porque de continuo Él quebranta alegremente los cánones y preceptos que hemos inventado en nuestra necesidad de estructurarnos e imponernos jerarquías y escalas de importancia.

El ha renunciado a su status celestial de Dios lejano e inaccesible, oculto tras las nubes. Es el Dios increíble que es capaz de ir a cualquier lado con tal de rescatar a ese hijo que ha renegado de Él y que se ha extraviado en su disipación en la extranjería de su amor familiar, el mismo Dios que se arriesga en los riscos y precipicios buscando a una pequeña oveja perdida, el que se detiene invariablemente a auxiliar al caído a un costado del camino, sin importarle pertenencias u orígenes.

Es un Dios que está enamorado apasionadamente de la humanidad, de toda la humanidad, de todos los pueblos y naciones, de todos y cada uno de nosotros, y que en esos amores no se escatima nada para sí.

Ha renunciado a su derecho a juzgar y condenar a los que se apartan de Él y de sus mandatos. No quiere ser juez ni mucho menos verdugo. Eso ha quedado en nuestras manos, Él se ha acercado con bondad y salvación para todos, sin excepciones.

En esos descensos desde su infinitud, la salvación entendida como plenitud y vida ilimitada no ha quedado relegada a un futuro incierto, en donde una divina balanza decidirá la pertinencia de méritos acumulados como pasaporte al Edén de las promesas. La salvación tiene perfume de presente, acontece en nuestro aquí y ahora y ha sido puesta en nuestras manos, porque ese extraño Dios tiene una fé ilimitada en todos nosotros, en contraposición a lo poco que confiamos en Él.

Y como la Salvación sucede ahora, tiempo santo de Dios y el hombre en el hoy de la Redención, toda la vida se transforma a partir de esas ganas de liberación. Toda la vida puede y debe transformarse.

¿En donde nos reuniremos para no estar tan solos, para que todo no sea una poética iniciativa individual sin mucho destino?. La sombra ominosa del dolor y la violencia siempre está amenazando a los hambrientos desaforados de paz y de justicia.

Nosotros seguimos una bandera izada como señal de auxilio para nuestra gente y para todos los que andan en tinieblas y en sombras de muerte y desolación.
Nosotros seguimos a Jesús de Nazareth, hijo de Dios y hermano nuestro, Cristo de nuestra Salvación que también ha renunciado a su propia vida en la cruz para que todos vivan, para que ya no haya chivos expiatorios, para que no se siga derramando sangre bajo cualquier pretexto, para que la vida se acreciente donándola con generosidad y desinterés)

Paz y Bien




Posturas

Para el día de hoy (17/03/12):
Evangelio según San Lucas 18, 9-14

(Una de las situaciones que es causa principal de excluir y de alejar al prójimo es aquel sentimiento de superioridad de unos por sobre otros.
En nuestros ámbitos religiosos, no se enraiza solamente en una malsana soberbia, ideología que subyace en creernos superiores a otros por pertenencia, nacimiento, raza, nacionalidad, sino también por una cuestión mucho más crítica, y es ella la postura frente a la Gracia y a la Salvación.

Así, tristemente hemos de encontrar a través de la historia, en la actualidad y en nuestras propias existencias ese cariz de la Salvación como meta a lograr, objetivo que se adquiere mediante el cumplimiento puntilloso de normas, preceptos y acciones medianamente piadosas. Esta postura es la que desaloja la acción increíble y maravillosa de la Gracia en nuestras vidas, Gracia que nos llega a través de Jesús, Cristo y Señor, y que deifica por sobre todo a los cánones y normas.

Podría suponerse que las "buenas" acciones son causa meritoria de la Salvación; pero el anuncio de la Buena Noticia nos enseña lo opuesto, actuamos de modo diferente y con bondad al descubrir el paso salvador de Dios por nuestras vidas.

Así los dos hombres en el Templo: uno que se cree mejor, superior al publicano y a los demás, erguido de orgullo. No puede criticarse su sinceridad, ni ponerse en duda su carácter piadoso ni sus acciones de acuerdo a la Ley. Sin embargo, él no está elevando una plegaria de gratitud sino que desde su fé de compraventa, de su espiritualidad mercantil, hace un monólogo en donde se vanagloria de sí mismo.

El otro, el publicano -considerado réprobo por sus paisanos, en la misma estatura moral de las prostitutas- apenas alcanza a balbucear una súplica de perdón, deudor moroso de toda la misericordia disponible. Ni siquiera se siente digno de elevar su mirada.
De él no sabemos si ha cumplido la Ley y los preceptos, si a diario ha sido justo o se ha portado justamente con los demás; pero tenemos la certeza que la Salvación llega a su vida por lo que nos enseña el Maestro.

Es que la Gracia no es mesurable, y la medida de todo destino pasa por la humildad. Somos muy pequeños, indigentes perpetuos, mendigos de la Misericordia, que nos salvamos con la confianza en la bondad de Dios y en su Pascua, éxodo de liberación diario en nuestras existencias)

Paz y Bien


Cercanía y pertenencia

Para el día de hoy (16/03/12):
Evangelio según San Marcos 12, 28-34

(Todo aprendizaje tiene como premisa la escucha atenta y la disponibilidad a internalizar conceptos nuevos, aún cuando ello suponga el desarraigo de ciertas ideas férreamente ancladas.

Ese letrado de rígida formación farisaica, seguramente era un experto exégeta de la Ley; no se dirige al Maestro con intenciones perversas y con un cariz interrogatorio que sea cual fuera la respuesta, tiene un pre-juicio réprobo. Él exhibe una franqueza inusual y cierto afán de conocer la verdad.

Quizás esa también sea para nosotros motor y brújula, el hambre de verdad, la sed de justicia.

Jesús lo sabe -¿quién mejor conocedor que Él de cada corazón?-, y la respuesta no se demora, como jamás quedará insatisfecha la necesidad de conocimiento y verdad de todo corazón que navegue mares de sinceridad.
La raíz de la existencia y clave de todo destino es el Dios Abbá de Jesús de Nazareth, un Dios que no impone sino que propone, un Dios que no se esconde en las nubes sino que sale a tu encuentro, un Dios que no es inaccesible sino que se revela en el rostro de tu hermano.

Allí se invierte cualquier polaridad, se relativizan cultos, se minimizan cuestiones que creíamos santas y que, a menudo, las hemos creado por temor o por orgullo, en ánimo de aferrarnos a banales seguridades.

Ese escriba, desde su corazón sincero y franco, ha reconocido al Maestro y a la verdad que Él expresa, por ello mismo será elogiado reconociéndolo como cercano al Reino de Dios. No está lejos, pero le falta dar el paso, el éxodo del conocimiento abstracto a la realidad del otro que está a su lado.

¿Qué se define aquí?
Que las hijas y los hijos de Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro rinden culto a su Dios cuidando, protegiendo, socorriendo y auxiliando a sus hermanos, desoyendo todo llamado del egoísmo.

Las hijas y los hijos de Dios, hermanos de Jesús de Nazareth no tienen otra religión que la del amor que expresen en el prójimo cercano y lejano)

Paz y Bien


Disgregaciones

Para el día de hoy (15/03/12):
Evangelio según San Lucas 11, 14-23

(La palabra significa y expresa el corazón y la interioridad de la gente; es la posibilidad de ir al encuentro del otro, de no encerrarse, del diálogo, de crecer.
La carencia de esa palabra, la imposibilidad de hablar implica anonimato indeseado, soledad impuesta, encierro y opresión. Por ello mismo, devolver las palabras y la Palabra a los mudos de cualquier tiempo, a los acallados de toda la historia es cuestión urgentemente santa, signo certero de que el Reino acontece aquí y ahora.

Ello precisamente es lo que hacía Jesús de Nazareth: pasaba haciendo el bien sin esperas, sin vacilaciones y, especialmente, sin pedir permiso.
Sin dudas, esta actitud del Maestro -y de los que actúen por Él y con Él- es molesta, blasfema y subversiva para los poderosos y para las almas mezquinas y celosas. Así entonces todo argumento descalificatorio se justificará por sí mismo, y proliferarán difamaciones, condenas y rápidas excomuniones sin compasión.

Aún así y a pesar de que todo parezca señalar lo contrario, la fuerza de la Buena Noticia es irreductible porque encuentra su raíz en la gratuidad y en la misericordia ilimitadas de Abbá Padre de Jesús, hermano y Señor nuestro, y el bien ha de florecer en los lugares más impensados, en donde descolla la resignación y acampa la oscuridad.

Quizás la Cuaresma signifique curarnos de mutismos y cegueras.
De esa imposibilidad adquirida del decir, y del decir palabras que hagan el bien a aquel que la escuche, palabra que sea diálogo y encuentro.
De esa ceguera de no reconocer signos del Reino, es decir, de la vida y de Dios en cada acto de liberación, en cada gesto de bondad aún cuando ello signifique doblegar el orgullo y redescubrir que lo bueno puede germinar y crecer en jardines que creemos ajenos.

Porque esa ceguera pertinaz y ese mutismo consecuente que nos resultan tan tristementes habituales son disgregaciones, desparramos de vida, desuniones y dispendios inútiles del milagro de estas vidas que se nos han confiado)

Paz y Bien

Cuestiones de legalidad y plenitud


Para el día de hoy (14/03/12):
Evangelio según San Mateo 5, 17-19

(Esta lectura nos puede asombrar, dejándonos estupefactos. Hemos visto al Maestro quebrantar alegremente la literalidad en la interpretación de la ley, desechando todo fundamentalismo, socavando con sus palabras y sus acciones todo el andamiaje de aquellos que, precisamente, enseñaban -a su modo, claro está- la Ley y los profetas.
Así lo vimos, con el ímpetu de la Buena Noticia, ser considerado desde esa lectura cruel de la ley impuro y blasfemo por comer con publicanos y pecadores, por tocar cadáveres y leprosos, por dignificar a mujeres cuestionadas en su moralidad, por declarar la importancia relativa del Templo, y son múltiples y maravillosas las ocasiones en que, en apariencia, vulnera la Ley.

Pero Jesús no es un revolucionario zelota, o un transgresor consumado. Nos atreveríamos a decir que tampoco "funda" una religión.
Él hace una interpretación profética de la Ley, y más aún: toda la Ley y los profetas -Tanaj- van trazando el sendero de la mano bondadosa del Creador a través de toda la historia, como un río caudaloso que desembocará en Cristo.
Por ello mismo, la lectura legalista de la Palabra conduce a error, a un error grave, a usurpación de las almas y opresión de los corazones.

Así entonces la lectura e interpretación de la Ley y los profetas ha de realizarse desde el mismo Espíritu conque han sido inspiradas: sólo desde allí cobra sentido definitivo, y es camino de plenitud que señala, sin dobleces, la mañana de la encarnación del Dios de la Vida en Jesús de Nazareth.)

Paz y Bien


El perdón o la necesidad de seguir viviendo

Para el día de hoy (13/03/12):
Evangelio según San Lucas 4, 24-30

(Para comprender toda situación es menester ponerse en el lugar del otro. Por ello mismo la aseveración de Pedro -perdonar hasta siete veces- no es errónea.
Por el contrario, es generosa y en sus angosturas legalistas supone un intento de superación de la ley del Talión, y de todo lo aprendido desde niño; las siete ocasiones de perdonar implica ser golpeado en repetidas oportunidades por el mismo ofensor, y en consecuencia expandir los límites de la ley mosaica, simbolizando en ese número la plenitud.
El error que comete está en el vamos, en la cuantificación de ¿hasta cuantas veces?, en prefijar límites a lo que nos viene, gratuitamente, inconmensurable.

El servidor de la parábola tiene una deuda impagable, enorme -diez mil talentos equivalen a 164 toneladas de oro-. No sabemos la causa u origen de la deuda, no sabemos de su legalidad o legitimidad, pero es una situación que no desconocemos. A menudo, se suplica un poco más de tiempo para pagar lo impagable, para aliviar en parte esa deuda insoportable y espuria de nuestros pueblos, millones sojuzgados por los poderosos suplicando sólo un poco de tiempo, migajas de vida, fragmentos de dignidad.
Es dable que el sistema reaccione previsiblemente enviando a la esclavitud, a la miseria y a la indignidad a tantos, en ejercicio de un poder cruel y omnímodo perfectamente razonado y justificado.

Frente al ruego de un poco más de tiempo del funcionario/servidor, con la amenaza latente de un futuro oscuro para él y los suyos, el rey de la parábola reacciona de manera imprevista, sorprendente. Sólo se le pide tiempo, pero él reacciona con una iniciativa desmedida. Es Dios siempre quien toma la iniciativa, que no se adecua a nuestras limitadas expectativas, que desborda cualquier presupuesto.
Es la Gracia magnífica y sorprendente que nos enciende en asombro.

Sin embargo el servidor, a pesar de haber sido colmado en el perdón de la enormidad de su obligación, exige la devolución de una deuda menor ejerciendo la violencia. Solemos hacer lo mismo, atados a discusiones absurdas y fundamentando con puntillosas razones castigos, silencios impuestos y exclusiones por unas pocas monedas, por mínimas acciones que a veces nos molestan o nos ofenden.
En esa lógica se incluye el afamado perdono pero no olvido, y en esa razón también se encuentra la proporcionalidad que inferimos respecto a que seremos perdonados en la medida específica en que nosotros mismos ejerzamos el perdón, es decir, un dios que es una balanza perfecta de méritos acumulados, que nos espera en nuestros finales con un castigo prefijado, o con una absolución mesurada.

No así entre nosotros.
El perdón es la necesidad de seguir viviendo, de volvernos cada día más humanos.
Quien no perdona es quien se ha vuelto incapaz de descubrir en su existencia el perdón desbordante e inconmensurable del Dios de la Vida, y entonces sí, se vuelve verdugo eficaz de sus hermanos.

El perdón es la posibilidad increíble de ser plenos, de sanar heridas, de no andar haciendo cálculos, sino más bien de redescubrir en cada latido la acción recreadora de la justicia de Dios que es la Misericordia)

Paz y Bien

La esperanza y los nuevos paganos

Para el día de hoy (12/03/12):
Evangelio según San Lucas 4, 24-30

(Jesús llega a su patria chica, a su querencia, es el pueblo que lo ha visto crecer, que lo conoce desde niño y conoce a su familia. Seguramente el regresa a enseñar con los afectos despiertos, con esas ganas de que a su gente le llegue esa Buena Noticia que viene anunciando por donde quiera que vaya.

Pero sus paisanos están muy equivocados, y los esfuerzos del Maestro caerán en saco roto. Ellos creen conocerlo bien, lo suponen propio y exclusivo y de su misma mentalidad, les provoca enojo grave que no piense al igual que ellos al hablar de esa manera novedosa y extraña.

Es que Jesús, el de Nazareth -el hijo de María- ahora está encendido por el Espíritu, el Espíritu que lo sostiene, lo anima y lo impulsa. Él reinterpreta su historia, la historia de su pueblo y las Escrituras en clave de esperanza increíble, con ese fuego que no se apaga.
Es el compromiso del profeta, que no puede ni debe callar lo que es capaz de ver, esa verdad que ilumina sus pasos. No nos es desconocida esta situación, por más que nos tiente la espectacularidad: nos cuesta horrores aceptar que el que conocemos, el vecino, el pariente, el amigo pueda hablar con la fuerza y la claridad de las mujeres y los hombres de Dios, profetisas y profetas de nuestros días.

El Dios de Jesús de Nazareth es un Dios inesperado y escandaloso, un Dios que sus limitadas razones no aceptan, un Dios que ama a los excluidos, que se expresa de manera impensada, que exhibe compasión y misericordia a enemigos, allí en donde suponemos que no ha de encontrarse, en corazones paganos, en casa de extranjeros.
Eso enciende sus furias, y tratarán de asesinarlo, despeñándolo de un barranco, como a menudo con animosidad quirúrgica pretendemos extirpar lo distinto, lo ajeno, lo que está más allá de nuestra ideología y nuestra cómoda rutina.

Pero la Buena Noticia es, precisamente, novedad perpetua, y alegremente el Dios de la Vida seguirá suscitándonos nuevos profetas barriales y floreciendo compasión y socorro allí en donde suponemos que nada bueno sucederá.
Puede ser que reaccionemos con violencia, y con afanes de pertenencia y exclusividad; pero sucederá igual que aquel día en Nazareth, Jesús seguirá pasando por en medio de nuestros ímpetus de cercenar toda luz que se despierte más allá de nuestros templos.
La Buena Noticia no puede detenerse)

Paz y Bien


Derribos pendientes

Para el día de hoy (11/03/12):
Evangelio según San Juan 2, 13-25

(Hay dos claves determinantes en la Palabra para el día de hoy, y son tiempo y lugar.
Tiempo, porque el Evangelista nos relata que se acerca la Pascua, celebración de la liberación, memoria viva del paso de Dios liberador por la historia de su pueblo.
Lugar, porque el acontecimiento se desarrolla en uno de los patios del Templo de Jerusalem, en ese sitio en donde acceden los considerados impuros, las mujeres, los extranjeros, los que son tenidos a menos. Allí estaban los corrales con los bueyes y las jaulas con las aves sacrificiales -las que obviamente debían ser adquiridas allí-. Y también las mesas de los cambistas de dinero: el Templo es el centro único de peregrinación al que acudían no sólo judíos de Jerusalem sino de toda la Diáspora, y las monedas del tributo para sostener el culto y la casta sacerdotal no podían contener ninguna imagen pagana, de dioses romanos o griegos como era costumbre.

Menudo negocio: la organización religiosa del momento no permitía traer animales para el sacrificio cultual desde fuera, debían comprarse allí mismo. Y las monedas del tributo se acuñaban allí mismo, lo que necesariamente daba pié a abusos varios, algo así como un mensaje de nosotros lo hacemos, nosotros lo imponemos, nosotros lo vendemos, negocio retroalimentado por los miles de visitantes que se agolpaban especialmente en las fiestas nacionales.

Jesús, en un gesto deliberado y premeditado, espanta a los animales con un látigo que se arma uniendo cuerda a cuerda, y vuelca con precisión las mesas de los cambistas. No es el arrebato furioso producto de una ira que no se contiene: es toda una declaración decisiva de principios, es el ardor por esa vida regalada bondadosamente por su Padre lo que lo enciende, y el escándalo se desata, porque el desorden inhumano reacciona necesariamente con furia, y no ahorrará violencias a la hora del castigo. Por ello mismo, rabiosos, los levitas -policías del Templo- le preguntan a qué tanto descaro, quién se cree que es ese campesino galileo peligrosamente alborotador.

Un pequeño alto, pues la escena también estremece. En una de las esquinas del Templo se enclavaba la fortaleza romana, guarnición presta a reprimir cualquier conmoción. Por otra parte, no podemos dejar de imaginar a la multitud de peregrinos mudos de asombro y pavura: es un solo hombre contra todo el poder, que se atreve a una acción impensada.

Pero Jesús no es un actor consumado ni un político que desespera por ser el centro de la atención, mendigo de minutos en los medios. Está encendido por el fuego del Espíritu por su misión, desde sus entrañas sagradas, y parece redoblar la apuesta frente a las exigencias de los levitas: preanunciando la aniquilación del Templo años más tarde, sustituye las piedras enormes por su propio cuerpo, templo verdaderamente sagrado sin patios ni exclusiones, corazón inmenso en donde no hay que realizar pagos previos ni poseer determinadas pertenencias identificatorias.
Más aún: el templo auténtico, centro y raíz de la Buena Noticia de su Padre será cada hombre y cada mujer, templo vivo y latiente del Dios de la Vida, del Dios que habita cada corazón.

El escándalo mayor será entonces pretender comercializar la Gracia maravillosa e increíble que se derrama generosa e inclaudicablemente fiel sobre toda la humanidad, el quebranto se enraiza en sostener estructuras rígidamente jerarquizadas que sólo excluyen en pertenencia a los destinatarios de la liberación desatada en la Pascua de Abbá: todos.
La vergüenza decisiva debería suceder cuando se vulnera sacrílegamente la vida humana en cualesquiera de sus modalidades teñidas de rectitud y ortodoxia.

Con la inminencia de la Pasión a nuestras puertas, estos hechos nos dan impulso más allá de cualquier frontera. No se trata solamente de los derribos que nos quedan en esta familia grande que llamamos Iglesia, en donde quizás hemos olvidado la gratuidad magnífica e increíble del amor de Dios. Es también redescubrir lo sagrado que hay en cada vida, y humildemente -abandonando tal vez rictus revolucionarios, gestos restauradores- comprometernos de una vez, definitivamente, con la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, sin límites religiosos ni fronteras ideológicas, culturales, sexistas o nacionales)

Paz y Bien


Un amor provocativo y escandaloso

Para el día de hoy (10/03/12):
Evangelio según San Lucas 15, 1-3.11-32

(Parábola del hijo pródigo, del hermano mayor, del hijo perdido, del padre misericordioso: a esta perla magnífica de la Palabra se la ha llamado de varios modos, aunque quizás la manera última -el Padre misericordioso- se ajuste con mayor certeza a esta verdad que se nos revela y nos regala.

Un modo de abordar la barca de la existencia y navegar mar adentro de la Palabra -mar sin orillas- es situarse no sólo en el contexto en que Jesús enseñaba, sino plantearnos la escucha a partir del hoy; la Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva en presente perpetuo que nos hace tomar posición.
Y sinceramente, los hechos demuestran que estamos más cerca de aquellos que ferozmente criticaban al Maestro por comer con pecadores y recaudadores de impuestos, reunirse a gusto con réprobos, abrirle la puerta de su corazón a los que el resto desprecia bajo tutelas de impurezas legalistas. Estamos cerca también de ese otro hermano que se enfurece porque su dios no es como esperaba, no es un rápido dispensador de justos castigos ni proveedor exacto de premios por los méritos acumulados. Posiblemente, su enojo se corresponda con cierto temor a descubrir fehacientemente el rostro y el corazón de ese Padre; por ello mismo, enojo y temor se conjugan en el escándalo y la indignación que expresa, porque el amor de Dios es, sin lugar a dudas, provocador y escandaloso.

Es un Dios que ama de más, sin la medida austera de nuestra justicia, un Dios que no se esconde tras las nubes o habita el transespacio, sino que sale corriendo a los caminos en nuestra búsqueda, con ansias magníficas, con bondad desmedida.
No hay nada que hacerle, este Dios no se comporta como la gran mayoría quizás esperábamos, y desde ese amor desbordante e incondicional celebra una fiesta y abraza feliz cuando una vida se recupera. Y más aún, busca paciente también al hijo enojado. Todos son sus hijas e hijos.

Es toda una doctrina económica del corazón si se quiere: no nos pertenecen las cosas que suponemos como propiedad privada, herencia legítima respaldada en el derecho.
Lo que es del Padre es de todos los hijos, y de este Padre son los abrazos, la liberación, la alegría, la misericordia.

No hay mejor tiempo que este -ya mismo- para salir presurosos al encuentro del hermano perdido, para que nadie falte a la mesa, para que la fiesta crezca sin agotarse)

Paz y Bien

Usurpadores

Para el día de hoy (09/03/12):
Evangelio según San Mateo 21, 33-46

(No era nada fácil seguirle los pasos al Maestro, a Él no le preocupaba el qué dirán, ni las amenazas, ni los desprecios ni -mucho menos- embestir contra ciertas tradiciones y costumbres perversas que sólo oprimían. Así sería considerado un blasfemo, un revoltoso, un irreverente, un subversivo, un impuro, un maldito y, por ende, los que iban con Él también.
Además, andar por sus mismos caminos implicaba un despojo de un importante bagaje de preconceptos, prejuicios e ideas predeterminadas que resultaban muy difíciles de abandonar.

En esa ocasión, estaba en pleno recinto del Templo de Jerusalem cuestionando a sumos sacerdotes y a nobles de Israel, y la multitud lo escuchaba: ellos, fariseos y herodianos, habían usurpado en su exclusividad corazones y esperanzas del pueblo, la viña del Señor. En sus jerarquías espúreas de poder, habían rechazado con violencia a los enviados en la búsqueda de frutos buenos.
Ahora, iban a desechar a Aquel que es la vida y razón de todo destino, la piedra angular que sostiene al universo, y por ello mismo su mundo falaz se derrumbaría.
No es un castigo, claro está, esa sería la mentalidad de los usurpadores, un dios vengador y punitivo. Su derrumbe será consecuencia de sus acciones, de todo lo que han dejado de lado, de su consecuente y tenaz rechazo de la Salvación que les llegaba gratuita y generosa.

Hoy también nos asusta la postura profética de Jesús de Nazareth; no nos resulta fácil andar con Él.
Nos vuelve a decir que mucho de lo que creemos inconmovible, habitual y establecido poco tiene que ver con el Reino, y que por lo tanto puede y debe cambiar. Que sigue habiendo muchos usurpadores de la alegría, objetores de cualquier felicidad, especialistas en negar la felicidad de tantos, los mismos que hoy son capaces de vender como esclavo al hermano que es capaz de soñar, como José en estos desiertos.

Pero a pesar de todo, con temor y seguramente con algunos temblores, no nos derrumbaremos si nos aferramos a Aquel que siempre nos sostiene)

Paz y Bien

Entre desperdicios

Para el día de hoy (08/03/12):
Evangelio según San Lucas 16, 19-31

(Ese hombre vivía de banquete en banquete, lujosamente vestido y muy bien acompañado. Sin embargo, ese hombre carece de nombre en el relato, se ha disuelto su persona entre lujos, se ha disipado su identidad en el cerrado culto a su ego.

A su puerta, como un desecho que se evita y se ignora está Lázaro, pobre de toda pobreza, suplicante de migajas sobrantes que calmen su hambre, cubierto de llagas en su piel, revestido de marcas de esas llagas de miseria y exclusión, es ignorado con pavorosa constancia desde esas mesas de banquetes fútiles, del despilfarro, de la riqueza obscena; sólo tiene como compañeros unos perros solidarios que lamen sus llagas.
Llamativamente, no se dice si es un hombre religioso o nó lo es, si confía, si es santo o pecador. Para él no hay banquetes, ni compañía ni vestido. Lo que cuenta es su dignidad humana menoscabada, humillada, ignorada. Entre ambos, hay un terrible abismo de injusticia.
Aún así, para Jesús de Nazareth él sí tiene nombre propio.

Ambos -el hombre rico y Lázaro- finalmente mueren.
Lázaro es llevado al señor de Abraham por los ángeles, pues a nadie tiene, no hay nadie que se ocupe de su sepelio; pero también, es símbolo de esa vida para siempre, de su permanencia y preferencia en las honduras del corazón de Dios.
En cambio, el rico es enterrado y no tiene otro destino que su mismo perecer definitivamente; por eso habitará la morada de los muertos sin esperanza.

Imaginar que la Palabra nos refiere solamente a circunstancias post mortem, especificadas de acuerdo a los méritos vividos, es un error grosero bastante cercano a la postura del rico de los banquetes. El Reino acontece aquí y ahora, y la Salvación tiene el perfume y el color del hoy, presente santo, tiempo de Dios y el hombre, y al igual que esos ángeles nos toca ser mensajeros de noticias buenas para quienes han quedado relegados al olvido y la miseria.

Hay un compromiso concreto y pendiente: que no haya más hermanos que apenas sobrevivan entre la basura, y que otros tantos no desperdicien sus existencias siendo causa de esos dolores, por acción o por omisión.

Es el compromiso de la Gracia, es la Buena Noticia de la plenitud)

Paz y Bien

Cuaresma es


Es atreverse al desierto, animarse a desinstalarse de las falsas seguridades a las que solemos aferrarnos, jugarse la vida en las manos bondadosas de Aquél que nunca nos abandona.

Es despojarse de esas esperanzas derrotadas y de los sueños resignados, en el ilógico coraje de la Gracia que nos impulsa más allá de nuestra mirada escasa porque hay más, siempre hay más.

Es rehacernos en los afanes de reconstruir nuestras iglesias olvidadas que son cada mujer y cada hombre, templos vivos del Dios de la Vida.

Es privarse de alimentos para que, al menos, un hermano no pase hambre, pero también abstenerse de tantas cosas que nos engordan el alma para volver a andar insoportablemente hambrientos de paz y justicia.

Es cargar al hombro el dolor que nos agobia, la tristeza por los que no están, la soledad y el abandono que nos golpea, las ofensas y los destratos, es no esconderse y poner el cuerpo porque no es todo, no es lo único, no es final, porque no hay cruces que nuestras espaldas no puedan soportar y porque inevitablemente nos saldrá al encuentro algún Cireneo solidario del auxilio y el milagro. No caminamos solos en nuestros pesares.

Es tomar la irrevocable decisión de morirse, morirse de una buena vez a tanto egoísmo, a tantas ansias de poderes mezquinos y figuraciones banales, morir al rictus acartonado y falsario, morir a la pura exterioridad, morir a ese dios que solemos dibujar para nuestras conveniencias banales, morirnos a todo lo superfluo, morir de una vez o gota a gota para que otro viva, vidas que se hagan ofrendas humildes y silenciosas, pasos descalzos de estos esclavos que somos y que confían -contra toda razón- en que la muerte no tiene la última palabra.

Es tiempo de regreso, de tantas ausencias, reencuentro con el hermano y con Dios.

Paz y Bien

Ricardo

Las trampas del poder, los riesgos del servicio

Para el día de hoy (07/03/12):
Evangelio según San Mateo 20, 17-28

(Jesús sube a Jerusalem, y no es sólo una cuestión física o geográfica, sube a la Ciudad Santa a asumir el horror, el espanto de la tortura y la cruz, el desprecio máximo, el ser considerado blasfemo, delincuente abyecto, subversivo consumado. Aún cuando parece que en estos menesteres brutales la humanidad se repliega a la oscuridad, Él sube porque es su alma la que asciende a la expresión máxima del amor.
Con el Maestro van los Doce, y no tanto algunos discípulos más cercanos, quizás señalándonos que el camino de sus amigos, su comunidad, la Iglesia sea camino de sacrificio y entrega desde la mansedumbre para la vida de los demás.

Y la Pasión será cuestión de la humanidad, no un hecho acotado a Israel: por ello mismo el Maestro señala que será condenado a muerte por escribas y fariseos y que sus ejecutores serán paganos -romanos-, víctima pacífica de la torpe violencia imperial.

Pero la Pasión no está completa si no se comprende el rechazo de los suyos, de los que pretendidamente lo conocen, de los que en apariencia están cercanos: los discípulos reniegan de ese Mesías derrotado que ha de morir, están imbuidos por una teología de la gloria y el éxito, del imponerse sobre todo enemigo, de un Salvador con un poder terrenal y celestial absolutos.
Este Cristo no se condice con lo que ellos esperan, y quedará plasmado en el reclamo de la madre de los hermanos Santiago y Juan.

Sin embargo, aún en el error, es una madre que busca lo mejor para sus hijos. Por ello su pedido de gloria y prebendas para los hermanos Zebedeo. Es la misma ideología de jerarquías y renombres, de poder y privilegios que, aún hoy, sigue fuertemente enquistada en nuestras realidades.
Pero Jesús conoce el corazón de esa madre y no la reprende; se limita a mencionar apesadumbrado que no sabe lo que pide, y que ellos -Juan y Santiago- no han entendido nada.

Lógicamente, se desatan las furias entre los otros discípulos, y la causa es evidente: la madre de los Zebedeo se les ha adelantado a sus propias ansias. No hay nada más molesto que descubrir en el otro las propias miserias.

Pero el Maestro es tenaz, no se resigna al modo en que solemos hacerlo con frecuencia: por ello la contraposición, por ello el llamado a estar atentos a la seducción del poder. Los poderosos dominan y oprimen a las naciones en provecho propio; las hijas e hijos de Dios crecen y sus almas se agigantan cuando se vuelven servidores del prójimo, en exclusivo beneficio de los otros.

Él lo sabía muy bien, y desde niño: su Madre con toda justicia se sabía esclava del Señor, y por ese corazón la historia ha cambiado el rumbo hacia tiempos luminosos)

Paz y Bien

La otra cátedra

Para el día de hoy (06/03/12):
Evangelio según San Mateo 23, 1-12

(Las palabras de Jesús contra la postura fundamentalista de escribas y fariseos son durísimas; aún así -extrañamente- no se dirige a sus habituales enemigos, sino que su contundencia se enfoca en la multitud y en sus discípulos, en tí, en mí, en vos, en ella.

El enfrentamiento es tan decisivo que los que ocupan la cátedra de Moisés son los que decidirán su Pasión y su muerte en la cruz. Y el Maestro rechaza sentarse en esa cátedra.

Es la cátedra de la vida cuidadosamente regulada en 631 normas casi deificadas, de cumplimiento estricto que brindan pertenencia única y un cielo eventual.
Es la cátedra que propugna esas jerarquías a las que todo se subordina, cátedra en donde algunos son importantes y valiosos y el resto no cuenta excepto a los ojos de Dios.
Es la cátedra del argumento exacto -silogismo a menudo irrebatible- que declama en público posturas severas y en privado tiene una laxitud demoledora.
Es la cátedra creadora perpetua del agobio de las conciencias plenas de culpa, que esgrime exactos detectores de pecados y que reniega de la increíble Misericordia de Dios que a todos alcanza.

Jesús se decide por la otra cátedra, la cátedra de la Gracia, la cátedra que no admite quedarse sentados, quietos, que impulsa a ir hacia el otro porque en el otro descubre a Dios, la cátedra de un Dios que brinda perdón y justicia en abundancia inconmensurable, un Dios que es Padre y Madre y que se desvive por la Salvación de todas sus hijas e hijos, un Dios que se pone abiertamente del lado de los pobres y los pequeños, un Dios infinito que es tan cercano que lo descubrimos amigo y compañero de toda huella.

En la cátedra de la Gracia no hay mayores ni menores, no son determinantes jerarquías, posiciones o títulos: su identidad se decide en cuanto nos sabemos y nos hacemos hermanos y servidores, tan nimios como un esclavo, tan insignificantes como el que sirve la mesa sin ninguna pretensión de superioridad, sin otro afán que el de la diaconía.

Quizás haya mucho que debamos desaprender desde esa Gracia increíble, asombrosa y magnífica, transformando estas pobres y opacas vidas que somos y elegimos)

Paz y Bien

Lo que nos llevaremos

Para el día de hoy (05/03/12):
Evangelio según San Lucas 6, 36-38

(Hay varias cosas de las cuales tenemos certeza, y otras tantas que damos por supuestas, creyéndolas saber o comprender.

Por un lado, la certeza de que esta vida es limitada, finita y muy escasa, es decir, que inevitablemente moriremos. Desde allí, la mente humana a lo largo de la historia ha tejido múltiples sucedáneos que le ayuden a sobrellevar lo inexorable de la existencia, especialmente en el plano religioso.
Sin embargo, hablamos aquí acerca de lo que solemos crear como sucedáneos o escapatorias y creencias convenientemente acomodadas a nuestras necesidades; así solemos dejar de lado el anuncio maravilloso de la Buena Noticia de Jesús, la sorprendente e increíble acción de la Gracia que llueve como agua buena sobre todos, sin excepción, la contundencia inesperada de una vida que no finalizará jamás.

A la vez, articulamos en nuestras conveniencias cierto comercio espiritual o bien una modalidad de un dios castigador que nos espera severo en nuestro final, dispuesto como juez y verdugo eficaz de acuerdo a los méritos o deméritos acumulados.

No es así el Dios de Jesús de Nazareth.
El Dios de Jesús es Padre y Madre que dispensa amor infinito a todas sus hijas e hijos, y su justicia se expresa en la misericordia, un corazón sagrado puesto para siempre en la raíz de nuestras miserias.

Reconocer a Dios como Abbá ha de ser entonces nuestro rumbo y nuestro distingo, la existencia toda puesta allí en donde florece el dolor, renegar de una vez y para siempre nuestra postura de espectadores que apenas se conmueven con el sufrimiento ajeno cuando pasa de largo. Es hacerse próximo/prójimo, asumir como propia la cruz del hermano, que el sufrimiento compartido -com pathos- se hace llevadero.

Cuando sea el tiempo de irnos, todo quedará, dinero, bienes, torpezas, afectos partidos, banalidades, todo lo que perece.
Sólo llevaremos con nosotros lo eterno, lo que permanece para siempre, la compasión que hayamos ejercido y la misericordia a la que nos atrevamos)

Paz y Bien

Un Cristo que se mira, un Hijo que se escucha

Para el día de hoy (04/03/12):
Evangelio según San Marcos 9, 2-10

(Jesús se lleva con Él al monte a Santiago, a Pedro y a Juan, sus amigos íntimos, y esto tiene una importancia eclesiológica fundamental como símbolo de la totalidad de la Iglesia naciente creciente. Pero también ha de tener otro significado profundo para nosotros: sólo en amistad y cercanía con el Maestro podemos atrevernos a ascender a esos planos en donde descubrimos asombrados la eternidad que en Él refulge y palpita.

En las cumbres de ese monte sucede lo impensado: ese rabbí galileo que tanta huella ha compartido con ellos, que ha comido, caminado y respirado el mismo aire se transfigura, se viste de un blanco que no es de este mundo, se lo descubre en la plenitud de su divinidad.
No es un simple cambio de vestido, ni una metamorfosis banal de sesgo carnavalesco, es la mirada de fé capaz de descubrir la dignidad y la gloria de Dios en el cuerpo de Jesús de Nazareth, un cuerpo que será entregado a la tortura, a la humillación y a la muerte, una humanidad que a pesar de todo dolor se nos muestra eterna, una eternidad tejida en lo humano, un Dios que se hace historia.

Por eso mismo a los tres discípulos se les aparecen Elías y Moisés en diálogo con Jesús; la imagen no es sólo de subordinación, es señal de que la ley y los profetas anticipaban sus pasos, es signo de que la historia de los pueblos cobra verdadero significado cuando se entrelaza en diálogo franco con la infinitud expresada en Jesús, Cristo de Dios.

Aquí podemos correr el riesgo de quedarnos en el hecho espléndido e increíble de la Transfiguración; sin embargo, como orbitando alrededor de ese sol sin final, el núcleo del relato está en la voz que nos despierta de todo sopor, y que nos recuerda que Jesús es el Hijo Amado de Dios al que hay que escuchar.
Nuestro Tabor acontece en la meditación y la encarnación personal y comunitaria de la Palabra de ese Hijo por el que todos nos hacemos también hijas e hijos amadísimos del Dios de la Vida.

Entonces, nos volvemos cada vez más cercanos a ellos tres.
Como Pedro, solemos ansiar quedarnos en la quietud de una conciencia a veces adormecida luego de la plegaria y el retiro, cabañas de comodidad y conformismo. Pero la Buena Noticia exige despertares, no acomodarse, bajar al llano en donde sólo hay malas noticias y nada resplandece, enormes campamentos de oscuridad, de soledad y de dolor.

Como ellos, a menudo Jesús se nos hace un Mesías intolerable, un Cristo inaceptable, no tiene lugar en nuestras acotadas razones la derrota aparente a mano de sus enemigos, el escándalo de la Pasión, la locura de la cruz.
Nos atrae más un Salvador glorioso que se impone victorioso a cualquier afrenta, que elimina eficaz cualquier amenaza. Pero el amor transita por otras sendas, y el Maestro ofrendará su vida para que nadie más muera, para que todos vivan -incluidos aquellos que lo odian-: Jesús de Nazareth se sacrificará en la cruz para que nadie más sea crucificado en todo cadalso político, religioso y social.

Quizás entonces la Transfiguración sea don y misterio más también un llamado desde su corazón sagrado a subir con Él a la plenitud humana, para emprender el regreso allí en donde la vida no impera, tiempo santo de Dios y el hombre)

Paz y Bien

De cómo nos vamos haciendo

Para el día de hoy (03/03/12):
Evangelio según San Mateo 5, 43-48

(Jesús de Nazareth habla como habla y dice lo que dice desde el marco y la perspectiva de su pueblo. Así entonces, a partir de la Ley es dable y deseable amar al prójimo, al cercano, al de fronteras adentro, inclusive al extranjero que vive por nuestros lugares -hoy propuesta demasiado lejana- pero es razonable y hasta necesario enfocar nuestras furias y nuestros odios sobre el extraño, el ajeno, el alejado, el de fronteras afuera.
Quizás por ello en aquel entonces y hoy también las guerras brutales e inhumanas que se libran en tierras lejanas no son gravosas a las conciencias de los pueblos, excepto cuando se pierden o mueren los propios; el resto son sólo casualties, bajas cuantificables y circunstanciales de los otros que no cuentan.

El Maestro no acepta estos postulados de odio y muerte.
Sus hermanas y sus hermanos están llamados a construir una vida nueva, a renovar la faz de la tierra: su propuesta puede asomarse increíble, pero también es magnífica e inconmensurable la maravillosa Gracia que llueve la bondad de Dios sobre buenos y malos, sobre cercanos y lejanos sin condicionamientos.

Tal vez estemos llamados en este tiempo a reconstruirnos, y la clave esta en como nos vamos haciendo: si exactos practicantes religiosos, o antes que ello volvernos enteramente humanos, esos que a riesgo de sus vidas acercan al lejano, reconocen como igual al forastero, aceptan la diversidad sin violencias y, mansamente, proclaman y ejercen su hambre intolerable de paz y justicia)

Paz y Bien

Más allá de la justicia


Para el día de hoy (02/03/12):
Evangelio según San Mateo 5, 20-26

(Existen cuestiones que solemos dar por hechas, reflexionando poco o nada sobre ellas; así suele suceder con aquello que entendemos por justicia, o bien los procedimientos judiciales.
Habitualmente damos por supuesto que a igual delito igual pena, y también profundizando un poco, inferimos que justicia tiene mucho que ver con dar a cada uno lo suyo, todo ello originado en una ley del Talión morigerada y en el concepto clásico de justicia y polis heredado de la cultura griega clásica.

Obviamente, es necesario que todo esto conste en normas, códigos y leyes, pues de lo contrario quedaría en pura abstracción, con el riesgo de comportamientos anárquicos y la imposibilidad de la convivencia social y las relaciones entre pueblos y naciones.

Es claro que no está mal, y que es necesario. Pero vivir la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor nos hace ir más allá de todo supuesto, porque es una cuestión ante todo cordial, que se enraiza en el corazón.

Por ello mismo el Maestro embate contra cierta mentalidad de escribas y fariseos: ellos se aferraban -deificándolas- a la letra de la ley por la letra misma, y no al espíritu que la impulsa.

Nuestro gran desafío y nuestra magnífica invitación es superar esta justicia tan acotada, y tomar coraje para vivir la justicia y la liberación del Reino de Dios.

Porque la justicia que Jesús de Nazareth nos propone es la Misericordia)

Paz y Bien


Atreverse a ser hijos

Para el día de hoy (01/03/12):
Evangelio según San Mateo 7, 7-12

(Frente a esta lectura, lo usual es que hablemos de la eficacia de la oración. No está mal, claro está, pero hay más, siempre hay más, y es menester para todos y cada uno de nosotros navegar mar adentro, ir más allá de la orilla de la evidencia.

Pedir, buscar y llamar es un universo que tiene por sol a Alguien.
Se pide siempre algo a Alguien, es una cuestión decididamente personal cuya intensidad varía de acuerdo a la insistencia de quien solicita y a la atención de quien escucha.
Jesús dá un paso más, y nos revela el rostro bondadoso de un Dios Padre y Madre que jamás deja de escuchar enteramente lo que le pedimos, un Dios que inevitablemente se deja encontrar en los andares cotidianos, un Dios sin horarios ni lugares que siempre atiende a nuestro llamado y nuestros ruegos, en cada lugar, a toda hora, en cualquier momento.

Aún cuando nos conmueva y promueva esta noticia increíble, quizás sea necesario replantearnos algunas cuestiones, derribar ciertos paradigmas enfermos. Porque el deslumbre inicial se refiere a un dios aspirina que calma los dolores de nuestras ansiedades variables, o bien de un dios proveedor de bienes y servicios a la medida de nuestras banales mezquindades, un dios que poco o nada tiene que ver con el Dios de Jesús de Nazareth.

Se trata de atreverse a ser hijas e hijos.
El primer paso, tal vez, sea el reconocimiento de nuestras limitaciones y debilidades, de que somos -sin excepción- vulnerables y quebradizos. Allí sí podremos descubrirnos pequeños, muy pequeños, pero a la vez cuidados y protegidos: en la ilógica magnífica del Reino, la grandeza discurre por descubrirnos mínimos, sólo crecientes y existentes en los brazos de un Padre que a nadie abandona.
Y desde allí, hijas e hijos atrevidos en la confianza y el milagro, actuar con los demás del mismo modo. La regla de oro será algo familiar, una cuestión y distingo de astillas del mismo palo, ramas del mismo árbol de la vida, hijas e hijos de un mismo Padre)

Paz y Bien

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