Pasó haciendo el bien








Para el día de hoy (23/03/17):  

Evangelio según San Lucas 11, 14-23



La palabra significa y expresa el corazón y la interioridad de la gente; es la posibilidad de ir al encuentro del otro, de no encerrarse, del diálogo, de crecer.
La carencia de esa palabra, la imposibilidad de hablar implica anonimato indeseado, soledad impuesta, encierro y opresión. Por ello mismo, devolver las palabras y la Palabra a los mudos de cualquier tiempo, a los acallados de toda la historia es cuestión urgentemente santa, signo certero de que el Reino acontece aquí y ahora.

Ello precisamente es lo que hacía Jesús de Nazareth: pasaba haciendo el bien sin esperas, sin vacilaciones y, especialmente, sin pedir permiso.
Sin dudas, esta actitud del Maestro -y de los que actúen por Él y con Él- es molesta, blasfema y subversiva para los poderosos y para las almas mezquinas y celosas. Así entonces todo argumento descalificatorio se justificará por sí mismo, y proliferarán difamaciones, condenas y rápidas excomuniones sin compasión.

Aún así y a pesar de que todo parezca señalar lo contrario, la fuerza de la Buena Noticia es irreductible porque encuentra su raíz en la gratuidad y en la misericordia ilimitadas de Abbá Padre de Jesús, hermano y Señor nuestro, y el bien ha de florecer en los lugares más impensados, en donde descolla la resignación y acampa la oscuridad.

Quizás la Cuaresma signifique curarnos de mutismos y cegueras.
 
De esa imposibilidad adquirida del decir, y del decir palabras que hagan el bien a aquel que la escuche, palabra que sea diálogo y encuentro.
 
De esa ceguera de no reconocer signos del Reino, es decir, de la vida y de Dios en cada acto de liberación, en cada gesto de bondad aún cuando ello signifique doblegar el orgullo y redescubrir que lo bueno puede germinar y crecer en jardines que creemos ajenos.

Porque esa ceguera pertinaz y ese mutismo consecuente que nos resultan tan tristementes habituales son dispersiones, desparramos de vida, desuniones y dispendios inútiles del milagro de estas vidas que se nos han confiado.

Paz y Bien

La plenitud de la Ley y los Profetas







Para el día de hoy (22/03/17):  

Evangelio según San Mateo 5, 17-19



Resulta comprensible que por la actitud del Maestro frente a los criterios legalistas establecidos, se infiriera que Jesús de Nazareth era un revolucionario que todo venía a derribar y a suplantar con su enseñanza lo que regía desde muchos siglos atrás.
Ello se acentuaba en los dirigentes religiosos de Israel, que solían adjudicarle el carácter de blasfemo pero que en realidad temían que el rabbí nazareno desestabilizara el status quo y quebrantara poder y prebendas que ellos detentaban. Sus discípulos no eran del todo ajenos a estos criterios.

Pero Él les aclara el panorama, les despeja mentes y corazones de esos errores. Él no ha venido a abolir, sino a darle pleno cumplimiento a la Ley y los Profetas.

Para Israel, la Ley era el distingo único, su marco referencial que le confería identidad nacional y cohesión como pueblo. Don de Dios, la Ley les ordenaba el modo de vivir con Dios y los demás, vínculos de justicia, de fraternidad, de equidad. Ellos venían de la esclavitud de Egipto, cargados de miedo y rencor y aferrados a una promesa de tierra propia, de futuro; en el camino, en el duro crisol del desierto, la Ley les fué templando los pasos. Por eso el camino de la Ley es camino de libertad.
Los Profetas es la voz de Dios, a veces dura pero siempre fiel, que les recordaba el horizonte cuando éste se les desvanecía, cuando los egoísmos los confundían, cuando las infidelidades los hacían retroceder.

Sin embargo Ley y Profetas, aún siendo don y misterio, eran medios para la plenitud, para confluir en la santa voluntad de Dios.
Los problemas comenzaron cuando se transformaron en absolutos que sólo son carga y oprimen, convirtiendo en esclavos a los que tienen inscrito en sus almas un destino de hombres libres.
Pero también la Ley puede cumplirse por puro deber, o por un temor a los castigos.

Con Cristo acontece la plenitud de la Ley y los Profetas que es el amor, el único y pleno camino de liberación, una devoción humilde que se expresa cotidianamente en los detalles pequeños, en los gestos más sencillos.

La Ley y los Profetas y su plenitud, el amor, son las señales inclaudicables de un Dios profundamente implicado en el acontecer humano, que asume propios los sueños de sus hijas e hijos.

Paz y Bien

Perdón y ruptura








Para el día de hoy (21/03/17):  

Evangelio según San Mateo 18, 21-35




 El diálogo entre Pedro y el Maestro es fecundo y revelador del modo en que sólo en su amistad y cercanía se nos abren las ventanas a la eternidad.

Pero Pedro es roca y también portavoz de sus hermanos, y por ello la pregunta refleja los cuestionamientos e inquietudes propias de la comunidad cristiana, quizás con mayor énfasis en cómo seguir perdonando a quienes de continuo buscan ofendernos o hacernos daño.

Para las tradiciones de Israel, el perdón se limita en tres ocasiones y referido siempre al prójimo en tanto par, nunca al extranjero, al impar, al gentil y, mucho menos, al enemigo. Pedro con mucha generosidad eleva ese caudal a siete veces, quizás por la grave influencia simbólica del siete en tanto expresión de lo divino, de la perfección. Por ello, en principio, Pedro parece abrirse camino hacia una nueva ética más amplia.

El Maestro afirma que, en realidad, debe perdonar setenta veces siete. No se trata de un factor multiplicador, sino más bien debe entenderse como setenta veces siempre, en la santa ilógica de la Gracia y la misericordia de Dios.

Pedro, aún cuando expresa un corazón más amplio que lo usual, persiste en los viejos esquemas: en el tiempo nuevo del Dios que se encarna, del Reino aquí y ahora no debe tabularse ni cuantificarse el perdón.

El perdón es razón y co-razón de los que han descubierto la asombrosa misericordia de Dios, las deudas impagables que han sido condonadas por pura bondad. Descubrir la misericordia en la propia existencia es un tesoro inmenso.

A través del perdón se desarman todas las terribles vorágines de venganza y retribución violenta, las dinámicas de negación del prójimo y nos acerca, salvando todos los abismos que nos separan. Setenta veces siempre.

Paz y Bien





José de Nazareth, padre de Jesús








San José, esposo de la Virgen María

Para el día de hoy (20/03/17): 

Evangelio según San Mateo 1, 16. 18-21. 24a


Las dudas del carpintero de Nazareth suelen interpretarse en clave legalista, de tal modo que el embarazo de María es solamente sospechoso, lo cual lo vuelve punible para los rígidos criterios religiosos imperantes. La severidad implicaría su ejecución por lapidación, y por ello José decide repudiarla en silencio, evitándole la infamia pública y, tal vez, la misma muerte.

Pero hay más, siempre hay más.
José es un hombre justo en el sentido bíblico del término, es decir, que ajusta su voluntad y su corazón a la voluntad de Dios.
Sabe que ese asombroso embarazo de la mujer que ama es cosa de Dios, un misterio enorme que lo desborda y que lo descoloca. Él decide irse en silencio pues en su insondable humildad se descubre indigno, fuera de lugar por la presencia del Altísimo en María. 

Pero José sueña. aún en los momentos más oscuros y cerrados, esos en donde se pierde el horizonte, hay que seguir soñando, nunca resignarse, jamás ceder un sólo paso a la desesperanza.
Así en sueños, un Mensajero amable le aclara todas sus dudas, le trae Buenas Noticias que cambiarán la historia, transformando el devenir del tiempo en senderos de Salvación.

José asume su lugar hasta los huesos en el proyecto de amor de su Dios. 
Por José, el Bebé Santo que nacerá de la Virgen tendrá un linaje davídico, herencia de todas las promesas de su pueblo.
Por José, el Redentor nacerá y crecerá dentro de una familia, un pueblo, una identidad, una familia que lo acuna y protege, un Dios que se hace historia con raíces, mucho más que un apellido, mucho más que un paria sin destino.

El nombre de cada persona revela identidad, misión, carácter.
José tendrá por misión conferir al Hijo el nombre de Jesús, Yahveh Salva, y bajo su amparo humilde, por su manso servicio y su cálida entrega, Jesús conocerá desde pequeño el profundo significado de la palabra Abbá, el Papá que lo cría, lo educa y protege y desde el cual identificará el asombroso misterio de Dios.

Por eso José es padre de Jesús con todas las letras y sin matices, la cordial imagen de un Dios que siempre está allí para nosotros.

San José de Nazareth, esposo de la Virgen María y padre de Jesús, ruega por nosotros.

Paz y Bien

Junto al pozo de Jacob










Domingo 3° de Cuaresma

Para el día de hoy (19/03/17):  

Evangelio según San Juan 4, 5-42



Extraña y asombrosa escena nos presenta el Evangelio para este día.

Históricamente, los samaritanos eran un pueblo mestizo producto de los judíos sobrevivientes de la destrucción del Reino del Norte y la colonización por parte de los pueblos ubicados por los asirios conquistadores en la región; ello provocó una mixtura cultural, social y también religiosa. Los samaritanos tomaban por libro sagrado la Torah -el Pentateuco-, y edificaron en el monte Garizim un templo en donde rendían culto a su Dios. 
En cierto modo, el templo del monte Garizim competía con el Templo de Salomón. Pero judíos y samaritanos se odiaban y despreciaban mutuamente con fervor, y de ese modo, ningún judío sería bien recibido en aldea samaritana, y a su vez los judíos evitaban circular por Samaría. Inclusive, de camino a Galilea, solían tomar una ruta mucho más larga a través de Transjordania evitando tierras impuras, más impuras que cualquier territorio gentil.

Aún así, a Jesús de Nazareth no le importa demasiado esas fronteras impuestas, esos límites que cercenan, los odios establecidos. No teme impurificarse por estar en Samaria, pero tampoco por hablar con una mujer, que para colmo parece tener una dudosa reputación. Ningún rabbí tradicional se adentraría por territorio samaritano ni conversaría con una mujer de cuestiones teológicas.

La hora es inconveniente e irrazonable: al mediodía en Palestina nadie sale a pleno sol ni hace esfuerzos físicos mayores. Pero para Cristo no hay horas buenas y malas para la Salvación.
En el pozo de Jacob beben personas y animales, por lo que el agua está sucia, contaminada, en contraposición con el agua viva de Cristo, pura, cristalina, vital.

No se puede aplacar la sed vital, la sed verdadera en las profundidades de todos los pozos mundanos, ni las seguridades en los falsos maridajes con el egoísmo, el poder, el dinero.
Sólo en las honduras de la persona de Cristo encontramos ríos de agua vida.

Esa mujer, en el diálogo sincero con el Señor encuentra al Mesías, un diálogo que es símbolo de la oración, hablarle a Cristo y escuchar su Palabra. Por eso ella se transforma, renovada y recreada, en misionera y evangelizadora de los suyos, portadora de la sed que importa y del camino al manantial de la eternidad que brota para todos los pueblos, todas las naciones, todas las gentes de buena voluntad.

Cuaresma es animarse también, a horas destempladas e inconvenientes, en los territorios prohibidos de nuestras miserias,a encontrarnos con ese hombre sencillo y humilde que es el Señor, nuestro Dios cercano que nos busca allí donde transcurre nuestra existencia cotidiana.

Paz y Bien

Padre misericordioso








Para el día de hoy (18/03/17):  

Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11b-32




La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva: Dios nos habla hoy

La parábola que el Maestro nos cuenta habla de dos hijos, muy distintos entre sí, pero que al final, por caminos divergentes, coinciden en miserias y en la bondad paterna.

El hijo menor reclama su parte de la herencia paterna en forma inmediata. Así, en sus afanes anticipa en su corazón la muerte de su padre, pues es cuestión de sentido común repartir los bienes familiares entre los hermanos a posteriori del fallecimiento paterno, bienes que son fruto de toda una vida de trabajo, bienes que son para el sustento y para brindar trabajo a muchos jornaleros. Pero el joven se embarca en fútiles aventuras licenciosas y pronto se queda sin nada. La miseria que lo agobia es el dispendio inútil de su joven existencia, el desamparo de abandonar la calidez de la casa y el pan paternos.

El hijo mayor es un exacto cumplidor de las órdenes de su padre, y allí está su error. No se trata de cumplir órdenes, se trata de amar. El hijo mayor, en cierto modo, actúa como esos fariseos enojados, pues ese Padre celebra la vida recobrada del hijo extraviado con una fiesta enorme sin decir nada de los rigores observados por el mayor, que no vé a su Padre como tal sino más bien como un patrón, como un capataz.

Pero a ambos ese Padre los sale a buscar. Por ellos se desvive, se entristece, se viste de fiesta.
Es un Padre misericordioso antes que justo.

Prodigalidad significa, primeramente, derroche, gastar sin cuidado ni medida.
 
El Padre en realidad es pródigo, pues vuelca sin límites ni condiciones su bondad, maravilloso derrochón de la Gracia a quien Él quiere, con preferencia especial por los perdidos y los enfermos, y es ese escándalo la raíz misma de la Buena Noticia.

Paz y Bien

Ausencia de Dios








Para el día de hoy (17/03/17):  

Evangelio según San Mateo 21, 33-46



El tenor de la parábola es conminatorio, y hará soltar las furias de los dirigentes religiosos de su tiempo. Esos hombres se sienten insultados, aunque sólo les ha dicho la verdad; quizás lo peor de todo es que ha quedado en evidencia su infidelidad, y que usurpan sitios y prebendas en provecho propio argumentando que lo hacen en nombre de Dios.

Para los oyentes del Maestro, la escena era perfectamente comprensible. En aquellos tiempos, la propiedad de la tierra rural de labranza y cultivo se concentraba en unos pocos hacendados o terratenientes que solían vivir en el extranjero, lejos de allí, y que arrendaban la tierra tomando por pago parte de los frutos de la tierra a la hora de las cosechas.
Por ello es que la parábola sigue la línea literaria alegórica: no podemos ser tan literales de imaginar a un Dios opulento que se vale de los esfuerzos de muchos en provecho propio.

Pero Dios es el Dueño de la viña. Aún así, asombrosamente, es un Dios pobre, pues ha enviado a numerosos mensajeros -los profetas-, que fueron rechazados con violencia y muerte. Finalmente envía a su propio Hijo, lo más valioso de sí mismo, pues ha agotado todo lo cercano.

Un Dios tenaz que a pesar de todas las miserias, los quebrantos, nos sigue buscando.

Tanto los dirigentes religiosos de su tiempo como muchos de nosotros actuamos como si Dios estuviera ausente, o peor aún, como si su viña nos perteneciera. Pero somos labradores de los que se espera buenas cosechas, frutos santos.

La ausencia de Dios, antes que lejanía o distancia es confianza. La viña -la vida- en nuestras manos no es abandono sino una confianza infinita, una cuestión de amor.

Es menester edificar con el Hijo para que nada se derrumbe.

Paz y Bien

Abismo inmenso








San José Gabriel del Rosario Brochero, presbítero

Para el día de hoy (16/03/17):  

Evangelio según San Lucas 16, 19-31



A menudo ciertas interpretaciones y espiritualidades oscilan desde una abstracción desencarnada hacia una ideologización que habla mucho de inmanencia, de razones demasiado mundanas.
Ése quizás sea el riesgo al que se arribe en la lectura que nos ofrece la liturgia del día.

Pero el rico de la parábola no se adecua a los estereotipos habituales de los opresores clásicos, de los corruptos sin destino que explotan a los demás. Vive en una tranquila indolencia, quizás felicitándose por ser bendito con esta prosperidad que goza a diario. Pero llamativamente el rico no tiene nombre, como si su actitud le fuera disolviendo su identidad y su existencia; una tradición -no bíblica- identifica a este hombre rico como Epulón, pero este nombre de raíces grecolatinas es en realidad un adjetivo que significa banqueteador.

A pesar de los banquetes cotidianos, de los espléndidos vestidos y el lujo, ese hombre no mira ni vé al pobre que languidece en su umbral. Es el epítome de la miseria: contrariamente a la realidad del hombre rico, el pobre está revestido de llagas, y los perros -simbólicamente animales impuros- van a lamer sus heridas, más no en carácter de mascotas, sino dando un tenor ignominioso.
Como si no fuera suficiente, agoniza de hambre y suplica, aunque sea, alguna de las migas que caen de la mesa del hombre rico. En los tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth la miga del pan se utilizaba para limpiar la grasa de los dedos, pues no había cubiertos, y por ello, el pobre ansía probar algún residuo de descarte, señal que su vida ha sido descartada.
Pero el pobre tiene un nombre que lo identifica -Lázaro, Dios ayuda- santo indicio de que los pobres tienen nombre y rostro imperecederos en el sagrado corazón de Dios.

Aún así, aún cuando prosiga su estructura con los hechos postreros frente al juicio divino, esta parábola no refiere al más allá sino más bien al más acá.

El aquí y el ahora es el tiempo de la caridad. La eternidad germina entre nuestros días merced a un Dios que se encarna, un Dios que se hace hombre pobre y humilde, hermano en nuestras miserias, Redentor.

Hay un abismo inmenso entre los ricos y los pobres. No se trata de una cuestión ideológica, sino ante todo cordial. Demasiados miran para otro lado. Demasiados razonan miserias y justifican sufrimientos al pueblo. Demasiados dejan morir a tantos Lázaros ahí nomás, a su puerta.

Ese abismo es el de renegar de la fraternidad, el negar la compasión, el de propalar resignaciones frente a la injusticia, cultores abyectos del no se puede.

El tiempo de la caridad es hoy, y la justicia no puede posponerse pues no hay vuelta atrás cuando una vida se pierde por la desidia articulada, por el olvido, por la negación del prójimo.

Paz y Bien

Servicio y salvación







Para el día de hoy (15/03/17):  

Evangelio según San Mateo 20, 17-28




La lectura del día nos ubica frente al tercer anuncio de la Pasión que el Maestro les realiza a sus discípulos, a los Doce. 
La enseñanza de Jesús de Nazareth es paciente, gradual, tal vez cultura en el sentido primordial pues remite a cultivo, a un cuidado germinar. En las dos ocasiones anteriores, el Maestro refiere a los suyos la Pasión que se avizora con un tenor puramente docente, quizás como un rabino tradicional que transfiere conocimiento a su discipulado.

Sin embargo, en la ocasión que hoy nos congrega, hay un crescendo abismal de intensidad. Quizás sea el paso de un tenor rabínico a un tenor profético: es el hombre que permanecerá fiel hasta el final el que habla, el que no se arredrará aún cuando parezcan prevalecer sus enemigos, el que no se permitirá ni un instante de violencia ni de venganza aún cuando las afrentas e ignominias parezcan hechas sólo para Él.
Pero el mensaje se acrecienta a límites insospechados y asombrosos pues Él anuncia su Pasión y su Resurrección, que tras su derrota aparente y por el amor del Padre se erguirá victorioso sobre la muerte, la afirmación rotunda del Dios de la vida.

El Servidor mesiánico manso y sufriente no entra en los esquemas de los apóstoles. Pedro se enoja con el Maestro, y los hermanos Juan y Santiago piden un lugar preferencial a su lado, como virreyes suyos en una futura toma gloriosa del poder en la nación judía. 
De ellos sabemos que eran apodados Boanerges -hijos del trueno- por un carácter irascible y explosivo que solía fundarse en un fundamentalismo religioso. Sin embargo, parecen tener cierto pruritro pues es su madre la que interpela a Jesús y no ellos directamente, y el Señor lo sabe.

Aún así, no hay reproche por parte del Maestro. Como en su enseñanza, todo tiene su tiempo de maduración, y la comprensión y encarnación de la Buena Noticia también. La fé es un éxodo, un camino laborioso hacia la tierra prometida de la Gracia.

Al enterarse, los otros diez discípulos se indignan, y es un conflicto de celos y de ansias de poder. Si los Doce representan simbólicamente a las doce tribus como un nuevo Israel, la postura de los hijos de Zebedeo provoca un cisma en la incipiente comunidad cristiana, del mismo modo que en tiempos del rey Salomón dos tribus se enfrentan a las otras diez y se separa el Reino del Norte y Judá.
Las ambiciones, los egoísmos y las ansias de poder siempre han provocado fracturas y cismas difíciles de remontar -el pueblo de Dios lo sabe bien-

Pero el Maestro no quiere que se quebranto prospere. El Reino es fraternidad, familia creciente, y ellos han de desandar la lógica mundana de dominio, de preeminencia, de interés y codicia.
En el horizonte de la Buena Noticia el poder es servicio, entrega generosa e incondicional, servicio que expresa los vínculos filiales con Abbá, Dios de vida, Dios de amor.

Salvación es también servicio, un Dios que se llega a nuestros arrabales, que se hace servidor de todos, que se anonada humildemente para que el hombre ascienda a las moradas de Dios, en plenitud y libertad.

Paz y Bien

Cátedras







Para el día de hoy (14/03/17):  

Evangelio según San Mateo 23, 1-12




El Evangelista describe una escena compuesta por la multitud y también por los discípulos, y es una referencia innegable a que el Maestro vá a hablar verdades contundentes que no deben, de ninguna manera, acotarse a una elite, a un círculo reducido. El Maestro hablará con voz clara y fuerte -profeta total-, pues la profecía es anuncio y denuncia.

La invectiva es durísima y supondrá una ruptura tal con las autoridades religiosas que no habrá vuelta atrás, y desembocará en los días terribles de la Pasión.

La referencia a la cátedra de Moisés no es una expresión figurada o alegórica: se trataba de un mueble o asiento especial desde donde escribas y fariseos explican la Escritura a la congregación -significado literal de la palabra sinagoga-. Así entonces cátedra refiere a la ortodoxia y a la recta autoridad formativa e informativa a través de la cual las tradiciones y las Escrituras de Israel llegan al pueblo.

Casi sin advertirlo, desde el vamos hay un cuestionamiento a esa autoridad: Jesús de Nazareth afirma sin ambages que fariseos y escribas ocupan la cátedra de Moisés. Ello nos induce a pensar en ilegitimidad, pues el mandato antiguo confería esa tarea docente y exegética a los sacerdotes. La irrupción de los escribas y fariseos supuso la usurpación de esa autoridad original y la sustitución de enseñanzas espirituales rabínicas ancestrales por un intelectualismo sin corazón, la devoción reemplazada por casuística y legalismos extremos.

Ello desembocó en la obligatoriedad y la observancia extrema de los mandatos como reglamentos anteponiendo esa juridicidad a lo verdaderamente importante, la conversión y un profundo encuentro personal con Dios. Además, esos hombres amaban fervorosamente los títulos, las ornas, las prebendas, el reconocimiento público -el afán de figurar-, imponiendo a las almas más sencillas terribles gravámenes en nombre de Dios....una obligación para los demás pero no para sí mismos, como si ellos estuvieran muy por encima de ello.
Pero el contenido primordial de su cátedra sigue siendo la Torah, la Palabra de Dios, y por ello el Maestro conmina a escuchar esa Palabra pero, de ninguna manera, a seguir su ejemplo.

La cátedra de Cristo, la cátedra de la Iglesia es otra, la del servicio, la de la humildad, la de expresar buenas noticias desde un silencio fecundo y generoso de la vida que se ofrece, las ganas de no figurar, el bien del prójimo por sobre lo demás para mayor gloria de Dios.

La verdad de Dios que se revela en la Escritura no es propiedad de nadie, sólo somos sus servidores.

Paz y Bien

Vínculos familiares








Para el día de hoy (13/03/17):  

Evangelio según San Lucas 6, 36-38




Evangelio y compromiso cristiano significan ir siempre contra corriente, una ilógica cordial, desandar los nunca y los no se puede, afirmar con todo y a pesar de todo y todos que la vida prevalece, que todo es bendición.

La Iglesia es ante todo familia.
Los vínculos familiares, la identidad se adivina, se intuye y se percibe por la mirada, el rostro pero más aún por los gestos, por el modo de ser. Quizás ello destaque más y adquiera mayor relevancia en un mundo que se globaliza en mares de opresión y banalidad que tienden a desdibujar todo y que desmerece con torpes fervores de teclado a los que en verdad se comprometen.

El Maestro no desconocía los límites impuestos ni las fronteras grabadas a fuego en los corazones. Sin embargo, en todo su ministerio se amplían los horizontes de tribu, de clan, de familia, de nación. No se trata de derribar esos conceptos, sino de ampliarlos hacia ámbitos infinitos. Nada más ni nada menos que edificar, conocer y re-conocer al prójimo.

Se trata de establecer prioridades. Se trata de vivir acorde al Padre por el que vivimos y persistimos con la identidad única e irrevocable de ser sus hijos. No nos resignamos al absoluto de una Ley que es santa pero es medio, ni al absoluto falaz del mercado, ni al absoluto cruel de la ideología. La magnífica locura del amor, de la vida que se ofrece incondicional, del quebranto de las coyundas del yo para ir hacia un nosotros creciente y pleno.

Vivir como hijos de un Dios que acampa entre nosotros.

Paz y Bien

Escuchar y confiar








Domingo 2° de Cuaresma

Para el día de hoy (12/03/17):  

Evangelio según San Mateo 17, 1-9




Hay detalles a los que es menester prestarle especial atención, y por ello, cuando en las Escrituras se nos advierte que una escena determinada acontece en las alturas de un monte o en una montaña, redoblemos los esfuerzos. En la montaña -en las alturas- siempre hay revelación, epifanías, abierta manifestación de Dios al hombre.

En la lectura de este Domingo pasa precisamente ello. 

El Maestro conduce a algunos de los suyos a lo alto de un monte; son los hermanos Juan y Santiago y Simón Pedro. La elección de ellos tres no es casual ni azarosa. Tal vez tenga que ver que ellos -junto a Andrés- forman parte del núcleo inicial de discípulos, pero también a que representan, dentro del colegio apostólico, a aquellos en los que persisten los viejos esquemas y les cuesta tanto convertirse a la Buena Noticia. Juan y Santiago son llamados los hijos del trueno, terribles a la hora de querer aplastar disidencias gentiles, y Pedro con su tozudez que intenta hacer cambiar el rumbo al mismo Cristo, obcecado en lo antiguo.
Desde esa perspectiva podemos contemplar la paciencia del Maestro para con sus yerros y su visión cordialmente miope, la misma paciencia que tiene para con nuestras mezquindades.

El se transfigura en las alturas del monte. Sus vestidos se vuelven de un blanco único, imposible de reproducir en este mundo, señal inequívoca de la presencia de Dios. Solemos darlo por sentado, pero es imprescindible orar y contemplar cada día que Jesús es Dios y Dios es Jesús.

Junto al Maestro, aparecen conversando con Él Moisés y Elías. La Ley y los Profetas se subordinan y encuentran significado pleno en Cristo.
Pero hay más, siempre hay más, el Evangelio es manantial inagotable de vida. Moisés es quien conduce a su pueblo a la libertad, lejos de la opresión por el amor inclaudicable de su Dios. Elías es arrebatado de las garras de la muerte, y las tradiciones indican que su regreso marcará el inicio de los tiempos mesiánicos.
Elías y Moisés, Moisés y Elías junto a Cristo son señales ciertas que Jesús de Nazareth es el Mesías que trae vida y liberación para su pueblo.

A veces hay que callar, escuchar, contemplar. No siempre la pura praxis es dable ni es buena. Algo de ello le sucede a Pedro en su afán de edificar tres chozas allí, que perpetúen el instante y el ambiente; seguramente, se aferra a las tradiciones de la fiesta de los Tabernáculos. No obstante ello, expresa el afán de apropiarse del momento, de prolongar cerradamente el instante olvidando que la misión exige volver al llano, allí donde campean las sombras, desertores de vanas comodidades confortables.
Como sea, Pedro se equivoca, y su monólogo sin destino es interrumpido por la voz de Dios, bendita y santa interrupción que concita la atención en lo que verdaderamente cuenta e importa: hay que escuchar siempre al Hijo, y por ese Hijo todos nos descubrimos y reconocemos hijos amados del Creador, Dios Abbá de nuestras esperanzas.

A pesar de los temores, es menester desandar todos los miedos y confiar. Cuando se vayan Moisés y Elías, cuando se disuelvan los momentos, cuando asomen algunas nubes todo pasará. Sólo Cristo permanece.

Escuchar y confiar con encarnada y activa esperanza, en clave de Resurrección.

Paz y Bien

La lógica santa del amor







Para el día de hoy (11/03/17):  

Evangelio según San Mateo 5, 43-48



Con presupuestos humanamente muy razonables, estamos atrapados en una lógica que, necesariamente, deja un tendal de muertos y heridos, y que no vá más allá de nosotros mismos, carece de trascendencia, se agota en su misma raíz.

Pero con Jesús de Nazareth no hay lugar para el no se puede. Él toma las tradiciones de su pueblo -tan comunes a todos los pueblos- y las resignifica.
En la ley de Moises y la cultura de Israel, estaba explícito el mandato de amar al prójimo, es decir, amar al par, al judío, al otro hijo de Israel. El forastero que es el extranjero que ha sido asimilado por Israel también debe ser amado y respetado; ahora bien, nada dice acerca del extranjero.
La extranjería -total ajenidad- no tiene ningún condicionamiento moral ni obligación ética, por lo que es perfectamente odiable, y obviamente eliminable sin cargo de conciencia a la hora de la guerra. El lejano -que puede estar a sólo unos metros- está separado por una brecha infranqueable.

Aún así, el Dios de Jesús de Nazareth es el Dios del prójimo, del forastero y del extranjero, que no realiza estas disquisiciones que son tan nuestras sino que sólo mira y vé hijas e hijos.

Esos proyectos tan actuales en donde es posible y justificable el odio en todas sus expresiones y formas refinadas, nada tiene que ver con el Reino. 
De tal palo tal astilla sentencia verazmente el saber popular, y si nos reconocemos hijas e hijos de ese Dios Abbá, no podemos ser distintos ni menos que Él.

No hay lugar para abstracciones ni para conformismos banales en los templos y predicaciones. Más que una utopía, tiene su encarnación concreta en este mundo tan violento y cruel, porque es el único modo de sanar corazones y acercar a las gentes.

Shalom no es sólo un deseo de paz: es la bendición efectiva y eficaz de ese Dios que es liberación para todos los corazones heridos, para que florezca la vida, para que retroceda la muerte.

Paz y Bien

Cuaresma y justicia








Para el día de hoy (10/03/17) 

Evangelio según San Mateo 5, 20-26



La Ley que llega a las tribus del desierto a través de Moisés significó un salto ético enorme: al establecer con claridad derechos y obligaciones y la reciprocidad de las acciones, esas tribus abandonan el andar a los tumbos, lo criterioso, los ápices de venganza y subjetividades caprichosas y emergen, lentamente, como pueblo. Es decir, la Ley tiene un rol determinante en el surgimiento de Israel como nación.

Por la memoria de la esclavitud egipcia, por el Dios que los liberó en una noche inolvidable, por la tierra prometida que buscaban a través del crisol riguroso del desierto, Ley sonaba a libertad.

Con el correr de los años y en gran parte por la influencia de ciertas corrientes rabínicas -especialmente fariseas- enfatizaron la obligatoriedad de la Ley en detrimento de la Ley como don de Dios para el crecimiento, para el bien, para la libertad. De allí que el Maestro afirmara que Él no venía a abolir la Ley, sino a darle pleno cumplimiento, es decir, recuperar sentido y trascendencia desde Aquél que concede la vida.

De cualquier modo, no hemos de defenestrar la observación estricta de la Ley, pues hace a la convivencia, a la reciprocidad, a la equidad.

El Maestro no viene a añadir nuevas obligaciones a las preexistentes. La justicia de la comunidad cristiana ha de ser mayor a la de escribas y fariseos pues debe superar lo meramente reglamentario y volver al sentido primordial desde la mirada de Dios, es decir, desde el amor. Así entonces no se trata de observar estrictamente lo que está prohibido sino de vivirlo en perspectiva fraterna, en vínculos cordiales sin esperar nada a cambio. Simplemente vivirlo así en carácter único de hijos de Dios.

Confluir desde el amor de Dios que es perdón y misericordia en una vida cotidiana que se fecunda desde el servicio y la generosidad.

Por ello Cuaresma es justicia desde los ojos de Cristo, justicia que es volver a Dios y al prójimo que edificamos y reconocemos como hermano, la superación del yo para arribar al nosotros.

Paz y Bien

Oración tenaz








Para el día de hoy (09/03/17) 

Evangelio según San Mateo 7, 7-12



Jesús de Nazareth nos enseña que orar es pedir, buscar, llamar sin descanso, sin aflojar, noche y día sin desfallecer. Orar porque Dios siempre escucha, no es un personaje que se incomoda y brinda lo pedido por hartazgo o conveniencia, sino que se brinda por entero, Él mismo, con la alegría y la ternura de un Padre que no descansa por el bien de todas sus hijas e hijos.

La oración, entonces, ha de ser tenaz desde la confianza antes que desde la practicidad, con un corazón enamorado antes que especulador. Orar poco tal vez implique sólo repetir formular y confiar poco, bajar los brazos con rapidez, resignarse con facilidad. Vidas orantes antes que vidas con oración, vidas que sintonicen el asombroso amor de Dios.

Más que por el hombre que reza de manera incesante, la oración es eficaz por la infinita bondad de un Dios Padre que siempre escucha, que atiende, que se deja encontrar. 

Pero no se trata solamente de oración, sino de oración cristiana, es decir, una oración que rinde frutos asombrosos merced a la mediación de Cristo.
Cuando oramos nos unimos a Él reconociendo a Dios como Padre y al prójimo como hermano.

Con Cristo finalizan todos los no se puede, los nunca, los jamás, todos los imposibles. Todo lo podemos en Aquél que vive, muere y resucita por todos.

Paz y Bien

Señales interiores








Para el día de hoy (08/03/17) 

Evangelio según San Lucas 11, 29-32



Los fariseos en tiempo de Jesús de Nazareth poseían una religiosidad en la que la exterioridad es un factor crucial, y de ese modo necesitan señales espectaculares y maravillosas para sustentar su fé y, por lo tanto, su conversión.  Esos hombres, además, eran prejuiciosos y se irrogaban el derecho de exigirle al Maestro un signo de esas características que fuera fedatario de la bendición divina, pero ello también supone la idea de un Dios distante y escindido de todo que se manifiesta de manera rimbombante.

Aún así, en estos tiempos no se corre tanto el peligro fariseo sino uno mucho mayor, y es el de resignar cualquier señal de trascendencia, la posibilidad de encontrar en el mundo huellas de lo sagrado. Es la terrible faz de una secularización que se maquilla con razonabilidad, con ciencia y con propaganda pragmática, lo que es pretendidamente útil. Un mundo en el que no se puedan encontrar indicios de lo sagrado es un mundo en verdad espantoso que además justifica demasiadas inhumanidades.

Frente a todo ello, la Buena Noticia de Cristo renueva corazones y esperanzas.

Se trata de señales interiores, señales cordiales.
La condición humana del Señor, Dios humilde y pobre en esa aldea ignota de la periferia, un Cristo servidor de todos los hombres que en entera libertad y fidelidad al Padre asume la muerte para que nadie más muera, la cruz para que no haya más crucificados, Aquél que se muere y al que el Padre resucita de entre los muertos como señal definitiva de amor, de perdón y salvación.

En esta Cuaresma es menester también preguntarnos qué tipo de señales irradiamos, cuales signos encarnamos en una realidad a menudo tan digerida de antemano.

Paz y Bien

Orar con Cristo








Para el día de hoy (07/03/17) 

Evangelio según San Mateo 6, 7-15




La Palabra de Dios desciende sobre la creación, sobre la tierra como lluvia bienhechora que todo lo fecunda, y nuestras existencias germinan al paso de la vida que se despierta tras la bendición. Esos renuevos que florecen son plegarias, nuestra oración que sube hacia la inmensidad del Creador como expresión segunda y respuesta, pues de Él son todas las primacías.

Dios es el Totalmente Otro, y su misterio es tan insondable que en nuestra pequeñez deberíamos permanecer mudos totales sin remisión. Aún así y a pesar de todo y de todos, Dios se hace Palabra para que recuperemos el habla, Verbo que se encarna, Cristo, Dios con nosotros.

Cristo nos revela la verdad que transforma la totalidad de la historia, que Dios es Padre y más aún, Abbá.
Padre que se brinda sin reservas, Padre por el que todos somos hermanos, Padre bondadoso, tenaz e incansable.

Él nos brinda su oración que es el compendio del Evangelio y la Salvación. 
Cristo es el puente con la eternidad, y el Padre Nuestro nos introduce en el misterio infinito de Dios, en alabanza a su Nombre, en súplica por su Reino y su voluntad aquí y ahora, causa de Dios que también es causa de los hermanos por el pan, el perdón, la justicia, la reconciliación.

Orar el Padre Nuestro es orar con Cristo, participar desde las raíces mismas de la existencia en el amor trinitario, decir con Él -Padre- transformarlo todo desde esa identidad única e inquebrantable, la vocación infinita de se sus hijos.

Paz y Bien

El día final








Para el día de hoy (06/03/17) 

Evangelio según San Mateo 25, 31-46



El día del juicio final, el día final, la finalización de la historia suele imaginarse o representarse de diversas maneras, a veces con matices terribles, a veces con fantasías de irrupción impresionante -tal vez algo similar a efectos cinematográficos-. Sin embargo, lo que se suele perder de vista es el significado, la teleología, la absoluta novedad del Evangelio.

El Maestro revela de un modo solemne y definitivo que Dios está presente en los pobres, y que Cristo se identifica absolutamente con ellos.

Nada de ideología o retruécanos de teologías controversiales. Sólo Evangelio.

Los pueblos disolverán sus diferencias, se derrumbarán los imperios, el poder no será siquiera un recuerdo, no contarán razas, religiones o pertenencias. Estaremos vacíos frente a Dios solamente portando el amor que hemos sido capaces de vivir, y por ello, nuestras obras de justicia.

Hemos sido creados para ser hermanos, y precisamente ése es uno de los criterios primordiales del juicio, las cosas que hemos hecho para que este mundo a menudo tan infame tenga espacios fraternos. Aunque suene paradójico, un mundo más humano.

El amor no es una abstracción, ni siquiera un sentimiento de ribetes románticos. El amor se traduce y mensura por las obras, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, dar de beber al sediento, confortando al enfermo, haciendo familia al forastero -ay con esos odios migratorios!- visitando al preso. 
Es menester abandonar cierta pretensión que implica todas las cosas que podemos hacer por Dios, como si Él necesitara algo. A Dios se le ama y se le rinde culto en el prójimo, en el hermano, en los pobres donde su rostro resplandece.

Cuaresma es volver a tener esa perspectiva de día final que solemos olvidar, y emprender el regreso a Dios que siempre pasa por el hermano, camino de caridad, de reconciliación, de justicia.

Paz y Bien


Hermano en nuestra fragilidad









Domingo 1° de Cuaresma

Para el día de hoy (05/03/17) 

Evangelio según San Mateo 4, 1-11



Este Mesías no se adapta a los modelos ni a las ideas que se tienen de Él.
 
El mismo Espíritu que lo había proclamado como Hijo muy amado de Dios, que descendió sobre Él en el bautismo a orillas del río, ese Espíritu que lo inunda e impulsa, lo conduce ahora hacia el desierto, a un tiempo de soledad fecunda, de crisol, de maduración, de honrar ese horizonte bautismal que ha descubierto.

Es Dios-con-nosotros, Emmanuel. Por la Encarnación, este Cristo se hace uno de nosotros, uno más en nuestras miserias y desdichas, en nuestros abismos abiertos.
No es una figura excelsamente lejana, no es un Dios disfrazado de hombre, no es tampoco un humano superpoderoso. Es un hermano más, un compañero, un conocedor profundo, en su piel y en sus huesos, de todo el mal ante el que solemos sucumbir. Sin embargo, Él permanece fiel a su Padre y a esa alianza jamás quebrantada y siempre honrada.

La primera de las tentaciones lo hermana en comunión total con todos los hambrientos de todas las épocas. Allí el Enemigo propone la persistente solución individual y egoísta, en donde el hambre se calma pero no se cambian las causas del hambre desde esa justicia que se enraiza en el amor de Dios. Jesús de Nazareth no acepta un pan que no sea fruto de la justicia, ni un pan que nos ciegue la trascendencia, porque hay un pan que es sustento del cuerpo y hay un pan que es sustento del alma.

La segunda de las tentaciones pretende encaramarlo a los estrados del poder y la opresión, en donde no hay sitio para la fraternidad, la comunión, la solidaridad. Es la tentación de volverse un Mesías imponente, pleno de gloria mundana que humilla a sus enemigos con violentas victorias, que gobierna como gobiernan los poderosos de la tierra, un reino que nada tiene que ver con el Reino de su Padre en donde los últimos son los primeros, en donde el poder sólo se entiende desde el servicio. Jesús es el hijo de María de Nazareth, la misma que cantó a ese Dios que derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes, un Cristo que morirá en la cruz ofreciendo su vida para que nadie más sea crucificado, un Rey extraño que hace de la muerte una victoria para la vida.

La tercera tentación es la de transformar la fé en un show, en un mero espectáculo, un dios manipulable de acuerdo a capricho, una plétora de gestos cultuales carentes de corazón, el milagro como hecho banal y no como signo cierto del amor inconmensurable de ese Dios que se hace hombre y que, por ello mismo, es tentado por el Enemigo. Pero ese Dios que se hace hombre no renuncia a su vocación ni se resigna, se mantiene entero porque su Padre lo ama y porque nada ni nadie puede alejarlo ni confundirle ese amor.

Las tentaciones siempre están presentes, señal de que somos imperfectos, incompletos, falibles. No está mal tener ciertos recelos a la hora de presentarse las posibilidades de caer.
Pero también son motivo de esperanza. El hermano mayor se mantuvo en pié, se mantuvo fiel, ni la cruz lo hizo retroceder, nuestro hermano y nuestro Señor, Jesús de Nazareth.

Paz y Bien

Mesa de misericordia








Sábado de Ceniza 

Para el día de hoy (04/03/17) 

Evangelio según San Lucas 5, 27-32



Muy distintas eran las mesas en el tiempo del ministerio de Jesús de Nazareth.
Estaba la mesa de Herodes, donde se juntan los poderosos y se decide la ejecución de un inocente.
Estaba la mesa de los fariseos, los separados, los puros rituales que no admitían a ningún impar, es decir, a nadie que no fuera como ellos.
Estaba la mesa de los cambistas del Templo, en donde se comercializaba la piedad, especialmente la devoción de los pobres.
Estaba la mesa de los publicanos, en donde se recaudaban impuestos abusivos, los tributos en favor del ocupante imperial romano y en donde esos hombres a menudo extorsionaban a los obligados al tributo.

Pero estaba también la mesa de Jesús de Nazareth.
Comer era signo innegable de amistad, de fraternidad, de comunión, y en Cristo se revela el santo proyecto de Dios de ofrecer su perdón a todos sin excepción, reservar lugares para los que nadie invitaría, un Dios que sale al encuentro de los pecadores y se hace amigo, hermano, vecino que dice que sí, que todo es posible, que hay más, siempre hay más que una realidad a menudo tan oscura y tenebrosa.

Ciertos hombres rigurosos y expertos en señalar los errores ajenos -que no los propios- elevan su queja. Ese Cristo come con pecadores, con impresentables, con gente notoriamente impura que a su vez lo impurifica. Cristo es la expresión del amor y la Gracia de Dios que rompe todos los desórdenes establecidos en su nombre.
Los mismos que le criticaban y que se ensañarían contra Él buscando su muerte, sin darse cuenta reconocían su trascendencia y su soberanía, inclusive mucho más que aquellos que se limitaban a emocionarse con ciertas imágenes de bucólica bondad que dibujaban acerca de Él.

Por eso cuando la Iglesia es maltratada por las gentes que convida a su mesa, hemos de estar humildemente seguros de que permanece fiel al mandato del Evangelio, y eso lo podemos denotar cabalmente con las críticas que suelen arreciar contra el Santo Padre. Alabado sea Dios.

Quiera Dios que nuestras mesas se amplíen en la misma medida que se expanda la hondura de nuestro corazón y germinen los frutos de la fé y la conversión.

Paz y Bien

Ayuno y solidaridad









Viernes de Ceniza 

Para el día de hoy (03/03/17) 

Evangelio según San Mateo 9, 14-15




Los discípulos del Bautista -que eran numerosos- y los fariseos ayunaban mucho y en diferentes ocasiones, y ese ayuno que practicaban era obligatorio, es decir, tenía un carácter impositivo y reglamentario junto con un cariz de piedad y devoción.

El Maestro ayuna en varias ocasiones -podemos recordar los cuarenta días del desierto-, pero no lo imponía a sus discípulos. En cambio, a alegre comensalidad que podía observarse en cada encuentro confundía tanto a fariseos como a los seguidores del Bautista.

Por eso y siguiendo su enseñanza, la comunidad cristiana ayuna en la Cuaresma en memoria del Cristo que se le ha arrebatado, Esposo eterno, Novio de la humanidad. Nos ha sido arrebatado, golpeado, torturado con escarnio, crucificado como un criminal abyecto y maldito. 
Por eso ayunamos en solidaridad con el Cristo de nuestra salvación que pasó haciendo el bien y que ha sufrido injustamente, inocente y servidor de todos. 

Ayunamos para convertirnos, para dejar de lado lo vano. Ayunamos alimentos pero también ayunamos propaganda, consumo, ideologías, egoísmos, ayunamos para encontrarnos frágiles y débiles en un encuentro penitencial y fecundo con el Dios que siempre nos busca. La conversión nunca ha de posponerse.

Ayunamos también en solidaridad con los hermanos que sufren la ignominia del hambre, aún en estos tiempos de tantos avances tecnológicos pero de tantos retrocesos en humanidad.

Ayunamos para que en nuestra existencia vuelva a haber un equilibrio, el equilibrio de renunciar a alimentos y a cosas para mayor gloria y alabanza de Dios.

Paz y Bien

Cruz cotidiana








Jueves de Ceniza 

Para el día de hoy (02/03/17) 

Evangelio según San Lucas 9, 22-25




El Maestro se reconoce a sí mismo como Hijo del Hombre, y ésta denominación tiene una trascendencia infinita: siendo el Hijo de Dios, el Mesías, el Cristo de la Salvación, señala sin ambages el entrañable amor de un Dios que se abaja, que se llega desde su insondable eternidad a la vecindad de nuestras existencias como un pariente, un amigo, un vecino.

Lo que sigue es durísimo, y desafía una multitud de razones, las ansias de éxitos mundanos, ciertos conceptos acerca del poder. El sufrimiento del Mesías, su aparente derrota, su mansedumbre inclaudicable provocan una ruptura, desde el amor y la fidelidad, de todas las lógicas del mundo, de todas las razones del poder, y nos descubre que el verdadero poder es el servicio.

Él advierte e invita a los suyos a seguirle. No es nada fácil, pues es un convite de cruz, de sufrimiento.
La cruz como sinónimo de dolor, de pesar, a veces victimismo sin remedio, a veces resignación luctuosa, o las miserias que cada uno de nosotros acarreamos por eso que llamamos pecado.

Pero cargar la cruz no pasa por allí.
En tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, el Imperio Romano ejecutaba a los criminales más abyectos y peligrosos mediante la crucifixión, un método terrible cuidadosamente estudiado y planificado, mientras que para cierta mentalidad judía cruz era maldición. Por ello, cargar la cruz cotidiana implica, sin menoscabos, significa encarnar libremente y por amor ser considerados marginales, reos, malditos, lo último de lo último, confiados en Aquél que nos impulsa y nos sostiene, hambrientos de justicia, en humilde oblación de esto que somos para mayor gloria de Dios.

Paz y Bien

La procesión de Cuaresma








Miércoles de Ceniza

Para el día de hoy (01/03/17): 

Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18




El gesto es sencillo, tan trascendente como simple: una pequeña cruz -casi un tizne- que marca la frente con cenizas, memorial exacto de lo débiles que somos todos sin excepción, de nuestra fragilidad, de todas las cosas volátiles y efímeras a las que nos solemos aferrar, remando de balde en infructuosos mares de barro.

Cuaresma es desierto, el crisol fecundo en donde lo vano se descarta y acontece el reencuentro con Dios. Pero aún cuando sean tan leves y nos expongan a la realidad de lo escaso de nuestra existencia, las cenizas esconden un tesoro, una Gracia, un bien mayor, el poder peregrinar en procesión por la vida, Pasión y Resurrección de Jesús de Nazareth.

La Iglesia nos propone para ello un sendero de tres vías al igual que el Maestro, la limosna, la oración y el ayuno.

La limosna que implica el dar-se antes que dar lo que sobra o fingir beneficencias que tienen mucho de condescendencia. Limosna es desprenderse de lo propio para el bien del otro, y es antes una cuestión cordial que material, que debe revestirse de silencio y humildad.

La oración que nos pone en la misma sintonía de Dios, plegaria que es respuesta al susurro divino del Espíritu que nos hace exclamar Abbá! desde una fé que es don y misterio.

El ayuno que nos educa las pasiones y se vuelve ofrenda grata a Dios cuando a impulsos de justicia se cubre el plato de los hambrientos.

La Cuaresma siempre es procesión.

Vamos en procesión para ser señalados con la cruz de Cristo, cruz en la frente y Resurrección en el corazón, gratitud por la vida cristiana que se nos concede.

Vamos en procesión a recibir al mismo Cristo en acción de gracias fraternal y comunitaria, la Eucaristía que congrega a los hermanos para la vida eterna.

Vamos en procesión al reencuentro con el Dios de la vida y con el hermano del que nos hemos separado. El puente es Cristo.

Paz y Bien

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