Servicio y salvación







Para el día de hoy (15/03/17):  

Evangelio según San Mateo 20, 17-28




La lectura del día nos ubica frente al tercer anuncio de la Pasión que el Maestro les realiza a sus discípulos, a los Doce. 
La enseñanza de Jesús de Nazareth es paciente, gradual, tal vez cultura en el sentido primordial pues remite a cultivo, a un cuidado germinar. En las dos ocasiones anteriores, el Maestro refiere a los suyos la Pasión que se avizora con un tenor puramente docente, quizás como un rabino tradicional que transfiere conocimiento a su discipulado.

Sin embargo, en la ocasión que hoy nos congrega, hay un crescendo abismal de intensidad. Quizás sea el paso de un tenor rabínico a un tenor profético: es el hombre que permanecerá fiel hasta el final el que habla, el que no se arredrará aún cuando parezcan prevalecer sus enemigos, el que no se permitirá ni un instante de violencia ni de venganza aún cuando las afrentas e ignominias parezcan hechas sólo para Él.
Pero el mensaje se acrecienta a límites insospechados y asombrosos pues Él anuncia su Pasión y su Resurrección, que tras su derrota aparente y por el amor del Padre se erguirá victorioso sobre la muerte, la afirmación rotunda del Dios de la vida.

El Servidor mesiánico manso y sufriente no entra en los esquemas de los apóstoles. Pedro se enoja con el Maestro, y los hermanos Juan y Santiago piden un lugar preferencial a su lado, como virreyes suyos en una futura toma gloriosa del poder en la nación judía. 
De ellos sabemos que eran apodados Boanerges -hijos del trueno- por un carácter irascible y explosivo que solía fundarse en un fundamentalismo religioso. Sin embargo, parecen tener cierto pruritro pues es su madre la que interpela a Jesús y no ellos directamente, y el Señor lo sabe.

Aún así, no hay reproche por parte del Maestro. Como en su enseñanza, todo tiene su tiempo de maduración, y la comprensión y encarnación de la Buena Noticia también. La fé es un éxodo, un camino laborioso hacia la tierra prometida de la Gracia.

Al enterarse, los otros diez discípulos se indignan, y es un conflicto de celos y de ansias de poder. Si los Doce representan simbólicamente a las doce tribus como un nuevo Israel, la postura de los hijos de Zebedeo provoca un cisma en la incipiente comunidad cristiana, del mismo modo que en tiempos del rey Salomón dos tribus se enfrentan a las otras diez y se separa el Reino del Norte y Judá.
Las ambiciones, los egoísmos y las ansias de poder siempre han provocado fracturas y cismas difíciles de remontar -el pueblo de Dios lo sabe bien-

Pero el Maestro no quiere que se quebranto prospere. El Reino es fraternidad, familia creciente, y ellos han de desandar la lógica mundana de dominio, de preeminencia, de interés y codicia.
En el horizonte de la Buena Noticia el poder es servicio, entrega generosa e incondicional, servicio que expresa los vínculos filiales con Abbá, Dios de vida, Dios de amor.

Salvación es también servicio, un Dios que se llega a nuestros arrabales, que se hace servidor de todos, que se anonada humildemente para que el hombre ascienda a las moradas de Dios, en plenitud y libertad.

Paz y Bien

2 comentarios:

camino dijo...

Todo tiene su tiempo de maduración, gracias.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Así es. La paciencia nos lleva a cultivar/nos, y a descreer alegremente de lo instantáneo, devotos de un Cristo cuyo reino es como un grano de mostaza con esa fuerza asombrosa escondida que crece a su tiempo.

Paz y Bien

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