Las Siete Palabras




I. «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»

Sabiendo o no sabiendo lo que hacemos,
sabemos que nos amas,
porque ya hemos visto tus maneras
en los ojos y en la boca de tu Hijo Jesús.
Ya no eres más para nosotros el Dios terrible.
¡Sabemos que eres Amor!
Sabemos que no sabes castigar...
Tú eres un Dios vencido en la ternura.
Tú esperas siempre, Padre, y acoges y restauras la vida
hasta de los asesinos de tu Hijo
(que somos todos nosotros).

¡Perdónalos! ¡Perdónanos!
Atiende este pedido de tu Hijo en la cruz,
prueba mayor de tu amor de Padre.

¡Y acógenos, oh Padre, oh Madre, oh cuna, oh casa
de cuantos retornamos buscando tu abrazo!

II. «En verdad te digo: hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso»

Tu corazón sin puertas, siempre abierto,
¡qué fácil es robarte el Paraíso!
Bandidos todos nosotros,
depredadores
del Cosmos y de la Vida,
sólo podemos salvarnos
asaltándote, Cristo,
en nuestro «hoy» diario-
esa Misericordia que chorrea en tu sangre...

Tu blando silbo de Buen Pastor nos llama.
Tu corazón reclama, impaciente,
a todos los marginados,
a todos los prohibidos.
Tú nos conoces bien, y nos consientes,
hermano de cruz y cómplice de sueños,
compañero de todos los caminos,
¡Tú eres el Camino y la Llegada!

III. «¡Mujer, he ahí a tu Hijo! ¡He ahí a tu madre!»

Por causa de ese Hombre, el más totalmente humano,
¡tú eres la bendita entre todas las mujeres!
Madre de todas las madres, dulce Madre nuestra,
¡por causa de ese Hijo, hermano de todos!

¡Hagamos casa, pues, oh Madre!
¡Hagamos la familia de todas las familias de todas las naciones!
A cuenta de esa Carne, hermana de toda carne,
destrozada en la cruz, Hostia del mundo.

Cansados o perdidos,
necesitamos, Madre, tu agasajo,
sombra clara de Dios en toda cruz humana,
divina canción de cuna en todo humano sueño.

Queremos ser discípulos amados,
¡oh Maestra del Evangelio!
Queremos ser herederos de Jesús,
oh Madre, ¡vida de la Vida!

En ese cambio de hijos,
tú sabes bien, María,
que nos ganas a todos y no pierdes el Hijo
ya de vuelta a su Padre,
para esperarnos con la Casa pronta.

IV. «Dios mío, Dios, mío, ¿por qué me has abandonado?»

Todos nuestros pecados
se hacen hematoma en tu Carne, oh Verbo.
Todos nuestros rictus te deforman el Rostro.
En tu soledad se refugian
todas las soledades de la Historia Humana...

En tu grito vencido
(¡misteriosa victoria!)
detonan, oh Jesús, todos nuestros gritos ahogados,
todas nuestras blasfemias...
-Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué nos abandonas
en la duda, en el miedo, en la impotencia?
¿Por qué te callas, Dios, por qué te callas
delante de la injusticia,
en Rio o en Colombia,
en África, en el mundo,
ante los tribunales o en los bancos...?

¿No te importan los hijos que engendraste? ¿No te importa tu Nombre?

Es la hora de las tinieblas, del silencio del Padre, para su Hijo.
Es la hora de la fe, oscura y desnuda,
del silencio de Dios, para todos nosotros...

V. «¡Tengo sed!»

Tú tienes sed ¿de qué, oh Fuente Viva?
En el manantial quebrado de tu Cuerpo
los ángeles se sacian.
Y todos los humanos
bebemos en tus ojos moribundos
la luz que no se apaga.

Tierra de nuestra carne,
calcinada por todo el egoísmo que brota de la Humanidad,
tienes la sed del Amor que no tenemos,
ebrios de tantas aguas suicidas...

Sabemos, sin embargo,
que será de esa boca, reseca por la sed,
de donde nos vendrá el Himno de la Alegría,
el Vino de la Fraternidad,
¡la crecida jubilosa de la Tierra Prometida!

¡Danos sed de la sed!
¡Danos la sed de Dios!

VI. «Todo está consumado»

De Tu parte, ¡sí!
De nuestra parte,
nos falta aún ese largo día a día
de cada historia humana,
de toda la Humana Historia.

Tú ya lo has hecho todo, ¡Rey y Reino!
Todo está por hacer, a la luz del Reino,
en esta noche que nos cerca
(de lucro y de egoísmo,
de miedo y de mentira,
de odios y de guerras).

El Padre te dio un Cuerpo de servicio
y Tú has rendido el ciento, el infinito.
Todo está consumado,
en el Perdón y en la Gloria.
Todo puede ser Gracia, en la lucha y en el camino.

Ya has sido el Camino, Compañero.
Y eres, por fin, ¡la Llegada!
En tu Cruz se anulan
el poder del Pecado
y la sentencia de la Muerte.
Todo canta Esperanza...

VII. «¡Padre, en tus manos entrego mi Espíritu!»

Gloria de su Gloria, Dios de Dios,
de siempre igual a Él,
Tú has venido del Padre.
Y ahora al Padre vuelves
desde nosotros, igual a nosotros,
Dios y Hombre para siempre.

En el seno del Espíritu
el Padre te acoge, Hijo Bienamado,
Amén de su Amor ya satisfecho.

La Muerte ha sucumbido en tu Muerte
como un fantasma inútil, para siempre.
Y en tus Manos reposan nuestras vidas,
vencedoras de la muerte, a su hora.
En tu Paz descansa esperanzada
nuestra agitada paz.

Descansa en Paz, por fin,
en la Paz del Padre, eterna,
Tú que eres ¡nuestra Paz!

Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil

Dios está con nosotros


Para el día de hoy (31/03/09):
Evangelio según San Juan, 8, 21-30

(Grave es el error de querer comprender a Dios desde la limitación de la razón humana. Mucho peor, desde preconceptos que mantiene el alma prisionera.
Por más que se lo busque, será una búsqueda infructuosa y estéril: se pretende que el Altísimo tome la forma de moldes limitados, se trata de crear una imagen falsa que huele a muerte del Dios de la Vida.

-Ustedes son de abajo, yo de arriba-
-Yo me voy, y ustedes me buscarán, y morirán en su pecado-

Atados a su soberbia y a su ego, no son (¿somos?) capaces de reconocerlo.
Jesús insiste: no dá testimonio de sí mismo, sino de Aquel que lo ha enviado.
Su obediencia es total, desinteresada y su entrega es absoluta por Amor.

Y se revela como Dios: el YO SOY es el mismo que se ha revelado a Moisés al liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

Y San Juan nos dice más aún: no sólo que Jesús es Dios, sino también que Dios es Jesús.
Él es la certeza total y definitiva para toda la historia de que Dios está en medio de nosotros, por nosotros y con nosotros, el Emmanuel.

Los ciegos de corazón sólo podrán verlo cuando sea levantado, y esta elevación es doble y nace de su obediencia absoluta: cuando sea levantado en la Cruz y cuando sea levantado de la Muerte en su Resurrección, signo definitivo de nuestra Salvación.

Quiera Dios que podamos reconocerlo, humildemente, desde nuestras miserias y desde nuestra pequeñez: aunque sobreabunden nuestras cruces, nuestro destino es de Resurrección, es de Vida para siempre.)

Paz y Bien


El significado de la Reconciliación


...la reconciliación que nosotros predicamos, que es la Palabra de Dios, no es un pacto, no es olvido, no es tampoco una justicia atenuada como he leído en algún diario.

Es, justamente, la actitud de Dios que viene hacia nosotros en Jesucristo.


Es un don...


Pero a su vez, es una tarea del hombre, y esta tarea significa que se examine, que esté dispuesto a reconocer sus faltas, que esté dispuesto , en sincera búsqueda de la verdad, a convertirse a esa verdad, a reconocer sus equivocaciones y a corregirlas; y a reparar lo que ha cometido al margen de la verdad.


Porque el hombre está llamado por Dios, en su proyecto, a construir la verdad y nada más que la verdad...


Padre Obispo Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma

La Justicia comienza en la conversión


Para el día de hoy (30/03/09):
Evangelio según San Juan, 8, 1-11

(Hay múltiples reglamentos, normativas, cánones, leyes perfectamente estructuradas para aplicar castigos a conductas punibles.
Y, obviamente, funcionarios dispuestos a efectivizar rápida y eficazmente la condena...
Siempre y cuando se castigue a los demás.
Siempre y cuando se consideren imperdonables determinados pecados...ajenos.

El Señor nos enseña la nueva y única Justicia, que no desprecia la Ley, pero que comienza ante todo en el corazón de cada uno, en examinarnos, descubrir cuales son los pecados que nos han alejado de Dios y del hermano...
Buscar el perdón y la reparación por el daño que podamos haber provocado, antes de andar juzgando y señalando a los otros.

Jesús nos invita a ser como el Padre, infinitamente misericordioso para con sus hijos, sin límites en su Amor.
-y Pablo nos enseña "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia..."-

Dice San Juan en el Evangelio de hoy que el Señor, mientras escuchaba a los fariseos inmisericordes que trataban de trampearlo, "comenzó a escribir en el suelo con el dedo"...

Que por la intercesión de nuestra Dulce Madre podamos convertirnos profundamente, que sea nuestra la Justicia del Reino de Dios...y que el Señor, así como escribía en el suelo, inscriba nuestros nombres un día en el Libro de la Vida.
Amén)

Paz y Bien


La Vida que se regala para dar más vida


Para el día de hoy (29/03/09):
Evangelio según San Juan, 12, 20-33

(Estamos sumergidos en culturas que sólo entienden de resultados, de éxito, de cuestiones de ganar prestigio, ganarle al otro, scores varios, ganar, ganar, ganar... Y cada uno por su lado, ocupados en un ego que se agiganta a costas del otro.

Jesús nos muestra otro mundo posible, una vida distinta.
La locura del Reino de Dios que es siempre signo de contradicción y paradoja para la racionalidad de este tiempo.

La vida se gana perdiéndola.
La vida se consigue para siempre si se entrega ahora.
La vida se hace propia cuando se la regala, cuando se dá libremente para el bien de los demás.

Y esta donación puede ser en el milagro de una sola vez, en la ofrenda increíble de un Dios hecho hombre que se entrega voluntariamente a la muerte por la vida de todos.
O también, en la donación milagrosa del día a día.

Si, milagrosa.
Porque entendemos por milagro la intervención directa de Dios en la historia.
Y sabemos por las palabras de Jesús que en esta donación de vida está también Él.

-Hay tantos y tantos hermanos que languidecen a nuestro lado, en la más abyecta miseria... y nosotros?
A veces cambiaríamos el mundo y torceríamos el horror de la historia con sólo estar con el otro, con sólo enterarnos de su existencia, mirarlo y verlo, yendo sin otro interés que su paz y su bien, derrotando de una buena vez el egoísmo que nos oprime.

No es tan difícil si tenemos en cuenta la presencia constante de Aquel que fue capaz de morir y volver a la Vida por todos y cada uno de nosotros, de una vez y para siempre.

Y Su Mano nos sostiene, y continuamente nos va llevando a su casa por pura Misericordia, por cuestión de corazón. No van los méritos personales.
Es una sencilla cuestión de amor infinito.
Y Su Mano es la que nos saca a flote cuando parece que las aguas del devenir diario nos ahogan...

Es la vida que se acrecienta y se hace abundante sólo cuando se dá)

Paz y Bien




La Sonrisa de Dios

Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos;
somos objeto de un amor sin fin de parte de Dios.
Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre,
también cuando nos parece que es de noche.
Dios es Padre, más aún, es madre.
No quiere nuestro mal; sólo quiere hacernos bien, a todos.
Y los hijos, si están enfermos,
tienen más motivo para que la madre los ame.


Igualmente nosotros,
si acaso estamos enfermos de maldad, fuera de camino,
tenemos un título más para ser amados por el Señor.


Siervo de Dios Albino Luciani - S.S. Juan Pablo I

Nadie habló jamás como este Hombre


Para el día de hoy (28/03/09):
Evangelio según San Juan, 7, 40-53

(Todo es fuera de lo común, en nada se parece a lo habitual.
Su Palabra, Sus gestos, Su mirada, Su obrar producen una profundísima impresión en quien lo escucha.

-Es que Él no habla por sí, viene con un mensaje de Otro.
El mensaje de Salvación de Abbá, Papá Dios, que nos quiere al extremo de hacerse uno de nosotros y ofrecernos la vida de su Hijo para rescate de todos.-

Algunos dicen que es profeta. Otros, que es el Mesías.
Para quienes detentaban el poder religioso absoluto, era sólo un agitador y un blasfemo. Pero por sobre todo, era muy pero muy peligroso: el Señor hablaba del Reino de los Cielos y de la libertad de todos los hijos de dirigirse al Altísimo como Padre.
Era preciso eliminarlo: corría un grave riesgo todo su montaje de poder. Además, sus corazones estancados en la forma pero vacíos de contenido, eran incapaces de reconocer al Salvador.

Por eso, envían primero a detenerlo a los guardias del Templo.
Pero éstos, al igual que el pueblo, se quedaron pasmados frente a sus palabras, y justifican el no cumplimiento de la orden del Sanedrín argumentando verazmente: - Nadie habló jamás como este hombre-

Se desata una encendida discusión, donde prima el desprecio. Pues fuera de este pequeño círculo, de esta élite de sabios y doctores, nadie podía arrogarse la potestad de hablar con Dios ni hablar de Él.
Es que Jesús y los que son como Él -campesinos y galileos- estaban malditos por no pertenecer a la casta privilegiada del conocimiento, no demuestra pertenecer a un linaje con derechos pretéritos.
No mucho tiempo antes quisieron desacreditarlo -sin darse cuenta que con ello lo honraban- diciendo: -¿Acaso no es éste el hijo del carpintero?-
Se alza la voz honesta de Nicodemo: antes de juzgar, hay que escuchar al que se acusa. Pero Nicodemo es también víctima de insultos velados.
La Palabra de Dios en el Evangelio de hoy nos aporta otro hecho estremecedor en el último párrafo: -Y cada uno regresó a su casa-
Seguirían los insultos y el enfrentamiento dialéctico, pero la decisión de matar al Señor a como diera lugar, ya estaba tomada y no habría vuelta atrás...

Nos queda a nosotros, en estos breves días que faltan para completar la Cuaresma, preguntarnos si también Su Palabra nos ha cambiado a tal extremo de dejar atrás todo y seguirlo.
Preguntarnos si antes de juzgar al hermano, somos capaces de escucharlo.
Preguntarnos si somos capaces de escuchar al Padre que nos suele hablar a través de sus hijos más pequeños, a los que solemos ignorar porque la costumbre es considerarlos menos que nada.
Amén)

Paz y Bien


Me encanta Dios

(Esta prosa poética es del enorme poeta mexicano Jaime Sabines. Sé que puede de algún modo molestar por su modo a algún lector; por eso y de antemano, mis sinceras disculpas. La publico porque me parece bellísimo no sólo como poema sino impresionante como testimonio de un hombre en la búsqueda. Paz y Bien. Ricardo)

Me encanta Dios

Me encanta Dios.
Es un viejo magnifico que no se toma en serio.
A él le gusta jugar y juega.
Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna
y nos aplasta definitivamente.
Pero esto sucede porque es un poco cegatón
y bastante torpe de las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales
como Buda, o Cristo o Mahoma,
o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien.
Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce.
Sabe que el pez grande se traga al chico,
que la lagartija grande se traga a la pequeña,
el hombre se traga al hombre.
Y por eso inventó la muerte:
para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang...
Pero ¿qué importa si el universo
se expande interminablemente o se contrae?
Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mi me encanta Dios.
Ha puesto orden en las galaxias
y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas.
Y es tan juguetón y travieso
que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador,
cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo
y de carne y hueso, hace campos de flores
o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar,
mueve otra y hace el bosque.
Y cuando pasa por encima de nosotros,
quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos,
manda tormentas, caudales de fuego,
vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres.
Pero esto es mentira.
Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre esta de buen humor.
Por eso es el preferido de mis padres,
el escogido de mis hijos,
el más cercano de mis hermanos,
la mujer más amada,
el perrito y la pulga,
la piedra más antigua,
el pétalo más tierno,
el aroma más dulce,
la noche insondable,
el borboteo de luz,
el manantial que soy.
A mi me gusta, a mi me encanta Dios.
Que Dios bendiga a Dios.

Jaime Sabines

Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de su pueblo


La parábola del juicio final es la manera que tiene Jesús de decirnos que Dios ha estado atento a toda la historia de la humanidad. Que Él ha escuchado cada vez que algún pobrecito pedía algo. Cada vez que alguien, aunque fuera con voz bajita, como la gente más humilde que pide que casi ni se la oye, cada vez que alguno de sus hijitos ha pedido ayuda, Él ha estado escuchando.
Y lo que va a juzgar en nosotros los hombres es si hemos estado atentos junto con Él, si le hemos pedido permiso para escuchar con su oído, para saber bien qué les pasa a nuestros hermanos, para poder ayudarles.
O si al revés, nos hemos hecho los sordos, nos hemos puesto los walkman, cosa de no escuchar a nadie. Él escucha y, cuando encuentra gente que tiene el oído atento como el suyo y que responde bien, a esa gente la bendice y le regala el Reino de los cielos.

Esto de la escucha es una gracia muy grande, y hoy se la pedimos a San Cayetano para nuestro pueblo, para todos nosotros: que nos sepamos escuchar. Porque para ayudar a alguien, primero hay que escucharlo. Escuchar qué le pasa, qué necesita. Dejarlo hablar y que él mismo nos explique lo que desea. No basta con ver. A veces las apariencias engañan. Saber escuchar es una gracia muy grande. Fíjense que nuestro Padre del Cielo nos recomienda vivamente una sola cosa, y es que «escuchemos a Jesús, su Hijo». Ésa es la esperanza del Padre: «Escucharán a mi Hijo». Y Jesús nos dice que cuando escuchamos a nuestros hermanos más pequeños, lo escuchamos a Él.

¿Cómo puede ser que haya gente que diga que Dios no habla, que no se entiende bien lo que quiere decir? Claro, es gente que no escucha a los pobres, a los pequeños, a los que necesitan… Gente que sólo escucha las voces machaconas de la propaganda y de las estadísticas y no tiene oídos para escuchar lo que dice la gente sencilla.

Escuchar no es oír, simplemente. Escuchar es atender, querer entender, valorar, respetar, salvar la proposición ajena… Hay que poner los medios para escuchar bien, para que todos puedan hablar, para que se tenga en cuenta lo que cada uno quiere decir.

R.P. Jorge Mario Cardenal Bergoglio S.J.
Arzobispo de Buenos Aires

Vocación y Misión


Para el día de hoy (27/03/09):
Evangelio según San Juan, 7, 1-2. 10. 14. 25-30

(Somos partícipes por el Bautismo con Cristo de su vocación y misión, de anunciar la Buena Noticia y de llevarla a nuestros lugares, aún cuando se nos rechace.
A menudo, como laicos hemos desoído ese llamado y pretendimos desprendernos de él, reservándolo para los sacerdotes o hermanas y hermanos de vida consagrada.

Pero como Jesús en el Evangelio de hoy, no venimos por nuestra cuenta...

Quiera el Espíritu iluminarnos para desde el silencio reencontrarnos con la vocación y misión que nos ha sido encomendada.
Amén.)

Paz y Bien

La santidad cotidiana


El secreto está en la cotidianeidad
que parece ocultar y trivializar
los actos heroicos de la vida,
pero que en realidad
contiene la clave de la santidad humilde,
tanto en la vida comunitaria
como en la vida familiar o parroquial.
Más allá de las apariencias clamorosas,
donde Dios habita
es en el secreto de la cotidianeidad oculta.


R.P. Carlo María Cardenal Martini, S.J.

Testigos


Para el día de hoy (26/03/09):
Evangelio según San Juan, 5, 31-47

(Jesús no emplea extensos razonamientos, no apologiza, no utiliza dialéctica acerca de su misión: basta sólo con aducir obras.

Por eso, el testimonio luminoso del Bautista queda relegado a un segundo plano: quien da testimonio de Jesús es Dios mismo a través de las obras que Él realiza.

Toda la historia, el pueblo elegido, los Profetas, Moisés, iban prefigurando su llegada mesiánica, su Salvación: todo estaba orientado a Él... y todo va hacia Él en el encuentro definitivo, en la consumación de los tiempos.

Frente a los fariseos, que quieren imponer una falsa imagen de Dios como monarca que sólo quiere instaurar un orden jurídico prescindiendo de su creatura el hombre, Jesús revela -quita los velos- a la verdadera faz de Dios: es un Padre -Abbá!- que ama a todos, y que incluye al hombre como actor fundamental en su obra de salvación, hombre al que le dá gratuitamente -gracia- vida y libertad.

Que en este tiempo que nos queda de la Cuaresma y desde el silencio, podamos descubrir el obrar de Dios en nuestras vidas y así, dar testimonio de su amor de Padre.
Amén)

Paz y Bien

María, primera de todos


Para el día de hoy (25/03/09):
Evangelio según San Lucas, 1, 26-38

Solemnidad de la Anunciación del Señor

(Seguramente en esa calurosa Nazareth de Galilea el tiempo se detuvo, la historia de la humanidad contuvo el aliento.

-La vida estaba pendiente de tu boca-

Hasta el Mensajero sucumbe en tu presencia, pone a tus pies la solemnidad del Anuncio.

-El padre Obispo Casáldiga dice bellamente:"... Como si Dios tuviera que esperar un permiso..."-

El Verbo de Dios esperaba atento tu respuesta para hacerse uno de nosotros.

Tu "Hágase en mi según tu palabra" hace que se termine la larga noche de la humanidad. Porque dijiste Sí sería posible la Luz del día, el regreso de la alegría.

La última, la más pequeña, la desconocida, la esclava del Señor...
Madre de Dios, Madre de todos nosotros, la primera de todos, abrió la puerta para que la Vida sea para siempre.

La Gracia te habitó totalmente y para siempre.

Y tu Hijo Jesús, hermano y Señor Nuestro, aprendió de tu sí, se alimentó de tu corazón: el mismo nos ha enseñado a todos que no vino a ser servido sino a servir.

María, ocupada y preocupada siempre por todos y por cada uno de nosotros.
María, cada vez más, Causa de Nuestra Alegría)

Paz y Bien






Monseñor Oscar Arnulfo Romero: no pueden matar la verdad


El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba Misa en una capilla de hospital y en el momento del ofertorio, ofrendaba su vida dando testimonio del amor de Dios el padre Obispo Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador.
Un certero disparo al corazón de personeros del odio, de integrantes de los Escuadrones de la Muerte pretendió con el espanto y con la muerte acallar la verdad, pisotear la justicia, mutilar la paz.
El padre Obispo era perfectamente consciente de que esto iba a sucederle.
Sin embargo, no retrocedió ni un paso.
Y no hablamos tanto aquí de valentía, sino más bien de Amor. Sí, de Amor con mayúsculas, del Amor de un Dios que se hizo uno de nosotros y que busca siempre a sus hijos extraviados, especialmente a sus hijos que más sufren.


No quiero hablar de horrores: los testigos de Cristo -mártires- acrecientan el Reino de los Cielos con la siembra generosa de su sangre.

Pero el mártir en la muerte y en la vida es como Jesús.
En la muerte, dolorosamente lo sabemos: entrega su vida por el amor mayor, por los amigos.
En la vida, porque tanto Dios nos quiere que testimonia en todos sus actos ese amor infinito del Padre para con nosotros, pero especialmente una defensa sin límites del pobre, del oprimido, del perseguido.... Lloramos la crueldad de su muerte, pero celebramos cuanto bien ha prodigado por estos arrabales del Reino de los Cielos.

El mártir es un regalo para todos nosotros que dá testimonio con su bondad del inmenso cariño que el Padre tiene por todos sus hijos.


El padre Obispo Romero vive para siempre en su pueblo salvadoreño, en estos sufridos pueblos de América Latina y ahora está en brazos del Padre intercediendo por la Paz y la Justicia para todos los hijos de Dios, y para que su Iglesia florezca en compromiso, amor y misión, en fidelidad a los hermanos más pequeños y al Cristo que está en ellos hasta el fin.

Aún falta un tiempo quizás para su reconocimiento oficial, canónico, para que sea incripto en el libro de los Santos y por tanto elevado al honor de los altares.
Pero somos muchos quienes lo veneramos como tal en la intimidad de nuestro templo primero, el corazón.
¡Padre Obispo Romero, Ruega por nosotros!

Paz y Bien

Aquí dejo un pequeño fragmento de su voz de profeta:

24 de marzo de 1976: igualdad de derechos

24 de Marzo de 1976

Estas líneas mínimas no pretenden ser sarcásticas, ingeniosas, ni mucho menos, ofender a las víctimas y sus familias.

El 24 de Marzo de 1976, en esta casa que se nos ha regalado y que llamamos Patria, se volvió cuestión de Estado el terror, el odio y la muerte.

La violencia ya se había instalado por diversos sectores ideológicos desde hacía un tiempo. Ahora, estaba claramente planificada.

Porque una cosa es la acción armada -terrorista si se quiere- a la que puede y debe confrontarse con la ley y la Constitución.
Pero cuando se institucionaliza, cuando se hace política de Estado la violencia planificada, la muerte programática, y cuando sus efectores utilizan las armas que se les dieron para defender la casa de agresiones externas como instrumento de represión de su propio pueblo, todo se vuelve espanto. Y todo se iguala.

Porque si uno disiente, tiene derecho a ser secuestrado -no detenido o preso- sin ningún recaudo legal y alojado en lugares que harían empalidecer de envidia Auschwitz y todo el entramado nazi.

Porque junto con el disenso, el acto básico de la presentación de un habeas corpus para encontrar al familiar que no aparece, hace adquirir el derecho a ser vejado y torturado con corriente eléctrica, mancillado a golpes hasta morir.

Porque la protesta que se anuncia igualaba a todos: junto con el secuestro y las torturas, se ganaba de manera indefectible el derecho a ser arrojado con vida al mar desde un avión militar.

Pero no se terminaba allí, claro que no.

Porque si uno se hacía adquirente de uno o todos de los derechos precitados, tus hijos más pequeños eran considerados trofeos de guerra, cosas que podían ser quitadas y entregadas a personas afines a quienes detentaban el poder.

Y con el alma en mil pedazos, debemos reconocer también que en muchas oportunidades, con la aquiescencia explícita de algunos hermanos nuestros en esta Iglesia -Iglesia que cuando asumió con fidelidad la Palabra de Jesús y su vocación evangélica, no quedó exenta del odio, todo lo contrario, hasta el día de hoy se cuestionan los testimonios de los mansos hermanas y hermanos nuestros muertos y torturados por vivir fieles al mandamiento del Amor-.

Estas líneas escasas reflejan muy poco, y las reconozco burdas y torpes.

Pero corresponde el ejercicio de la memoria.

Porque señoras y señores, hermanos, amigos, la memoria es cosa del Evangelio... Hace que florezca con intensidad la Verdad, y por tanto, la Libertad y la Justicia.

Quiera el Espíritu de Jesús orientarnos en estos oscuros senderos hacia la Vida y la Reconciliación.

Paz y Bien

Ricardo

Señales de solidaridad


Para el día de hoy (24/03/09):
Evangelio según San Juan, 5, 1-3. 5-18

(Aquí no hay una parábola, no hay una figura literaria, no hay una narración conceptual.
Hay mucho tiempo de dolor, de enfermedad, de abandono.
Hay treinta y ocho años de estar tendido el hombre junto a la piscina que supuestamente curaba -de a uno por vez- sin nadie que se conmoviera y lo sumergiera en sus aguas.

Jesús lo cura, el hombre toma su camilla y se vá caminando.

Y el Señor cuando sana, pone en marcha lo que parecía tener una quietud de muerte.
Y el Señor privilegia al que sufre por sobre la Ley y el Sábado.
Y así se revela como Señor de la Historia y como Dios -Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo-

Nos queda a nosotros preguntarnos... Mejor aún, hacer silencio y dejar que el mundo nos interrogue con el auxilio del Espíritu de Jesús.
Porque al igual que el hombre en la camilla, hay muchos hermanos nuestros sumergidos en el dolor, en el sufrimiento, en la exclusión y parece -a veces- que a nadie de importara, que deberían tratar de arreglárselas como puedan.

Quiera Dios que, así como Él mostró su Infinita misericordia y compasión, nosotros sigamos sus pasos enviando a este mundo tan ajeno a la vida señales de solidaridad para el hermano en peligro. Y más aún, si ese hermano es un niño. No vaya a ser que lo que creemos por fé se reduzca solamente a ciertos formalismos vacíos de corazón.
Amén)

Paz y Bien



Tecnociencia y exilio


La sociedad de la tecnociencia y del conocimiento
nos mandó al exilio,
nos robó el sentimiento de un hogar y de una patria
y principalmente nuestra capacidad de conmovernos,
de llorar,
de reír con gusto
y de apasionarnos por la naturaleza y por la vida.

Leonardo Boff

Palabra de Esperanza, Palabra de Salvación


Para el día de hoy (23/03/09):
Evangelio según San Juan, 4, 43-54

(Jesús regresa a su tierra galilea.
Ya había realizado su primer signo (milagro) en Caná. El agua se había convertido en vino, había regresado la alegría perdida, había irrumpido en la cotidianeidad la Vida.
Pero esa Vida que se regalaba, ese vino nuevo, requería necesariamente de odres nuevos donde guardarse.

Parecía que aún no había odres nuevos.

Porque ahora, a diferencia de poco tiempo atrás, Jesús era bien recibido por sus paisanos: lo precedía la fama por los signos realizados en Jerusalem.

Los odres seguían siendo viejos: la fé estaba condicionada a que se vieran hechos milagrosos (¿mágicos?)

El Señor reprende con dureza esta actitud: el desafío de la fé es creer con la única garantía de su Palabra.

Aún así, Jesús no rechaza a nadie.
El funcionario real -probablemente un pagano, o sea, que no pertenecía al pueblo elegido- suplica por su hijo. Y aún equivocadamente, porque por ello pide la presencia de Jesús en su casa.
Pero errado o no, es un padre desesperado que ruega por la vida de su hijo.

El Señor ve a este padre, se fija en este amor, no mira al funcionario, al pagano, al no-elegido.

Nosotros solemos cometer el mismo error y somos también como el funcionario.
A menudo nos resultan necesarios signos: son mucho más cómodos y seguros que el riesgo de la fe.
Pero también -aunque a veces en ocasiones extremas- le pedimos con el corazón en las manos -¡Señor, baja!-

Y el Señor se hizo uno de nosotros.
Bajó de su condición divina haciéndose un Niño en brazos de su Madre, trajo la Palabra de la Esperanza que cura, sana y libera, es Palabra de Vida y de Salvación.
Bajó a nosotros para que tengamos Vida, y la tengamos en abundancia.

Sólo basta un corazón sincero y confiado capaz de pedir.
Amén.)

Paz y Bien

Como pájaros en el aire


(Esta es una canción por la que tengo un afecto muy especial. El autor es Peteco Carabajal, y aquí está interpretada por el Peteco junto al queridísimo hermano -que perdimos hace unos años ya- Jacinto Piedra. Es una canción para una madre, que bien puede ser la de cada uno de nosotros... Y muy especialmente puede ser María, Madre de Dios y Madre de todos. Vale para estos días en que hay que proteger y promover la vida a ultranza. Vale como un homenaje desde el corazón. Paz y Bien. Ricardo)

Como pájaros en el aire

Las manos de mi madre
son como pájaros en el aire
historias de cocina
entre sus alas heridas
de hambre.

Las manos de mi madre
saben que ocurre
por las mañanas
cuando amasa la vida
hornos de barro
pan de esperanza.

Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano
todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan
junto a otros pájaros
junto a los pájaros
que aman la vida
y la construyen con el trabajo
arde la leña, harina y barro
lo cotidiano
se vuelve mágico.

Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto
y un recuerdo añorado
trapos calientes en los inviernos.

Ellas se brindan cálidas
nobles, sinceras, limpias de todo
¿cómo serán las manos
del que las mueve
gracias al odio?

Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano
todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan
junto a otros pájaros
junto a los pájaros
que aman la vida
y la construyen con el trabajo
arde la leña, harina y barro
lo cotidiano
se vuelve mágico.

Peteco Carabajalaquí se puede escuchar:


El hoy de la Salvación


Para el día de hoy (22/03/09):
Evangelio según San Juan, 3, 14-21

(Nos habituamos a pensar en el Juicio Final, en la Salvación como un cuestión que se resolverá a futuro, de acuerdo a nuestras acciones.

Pero el Señor viene a nosotros hoy, ahora, quizás en este instante.

Y ese venir significa que Cristo se nos revela de algún modo, significa que el Espíritu de Jesús nos invita al camino de la Luz y de la Vida.

Y el decirle sí a esa puerta que se nos abre hoy es el primer paso a la Salvación: sucede hoy.

El andar por senderos de luz y verdad se verá reflejado en nuestro obrar -¡Por sus frutos los conocerán!-.

Porque la perdición no es tanto condena sino elegir morirse del todo, optar por las tinieblas, negar la verdad, darle la espalda a ese Cristo que se nos presenta en nuestras vidas.)

Paz y Bien



Evangelizar


Evangelizar es soñar
que siempre es posible lo imposible,
que la historia sigue en manos del Señor,
que la violencia es debilidad,
y la simplicidad es fortaleza,
que el erotismo es neurosis y
la limpieza de corazón es salud,
que el amor es mas fuerte que el odio,
y que una mínima expresión de la gracia
vale mas que toda la Creación.

Monseñor Vicente F. Zazpe

Ajustarse


Para el día de hoy (21/03/09):
Evangelio según San Lucas, 18, 9-14

(El fariseo sabía al pié de la letra todas las formalidades, y las cumplía a rajatabla.
El publicano -recaudador de impuestos para el Imperio y, por lo tanto, un ser socialmente despreciado- se humillaba y atinaba a pedir a Dios -¡Ten piedad de mí, que soy un pecador!-

Para la mentalidad de su época -y seguramente para muchos hoy- la actitud del fariseo es la correcta, la ortodoxa, la válida.

Jesús viene a dar vuelta esa idea falaz: quien regresa a su hogar justificado (¿en estado de gracia?) es el publicano, el que se humilló, el que supo ponerse en su lugar, el que llenó su carencia de formas con un corazón arrepentido y confiado a Dios.
El publicano se justifica, se vuelve justo: se ajusta a la voluntad y a la misericordia infinita del Padre.

Es una bella invitación de Cristo para esta Cuaresma.
Ajustarnos.
Antes que las formas está el amor... Mejor dicho, las formas que se quedan en los gestos externos no son gratas a los ojos del Altísimo.
El verdadero sacrificio, la auténtica conversión es un corazón que pide perdón por razones de amor y no de forma.
Porque primero y ante todo, Dios no cesa de buscarnos porque nos ama sin límites)

Paz y Bien

Humanizar la humanidad practicando la proximidad


Para nuestra fe cristiana el propio Dios tomó la dimensión humana del hombre Jesús de Nazaret.
Infelizmente, durante siglos, y todavía hoy, las religiones vienen siendo, con demasiada frecuencia, fundamentalismo, división y hasta guerra.
Es hora de creer en plural unidad en el

Dios de la vida y del amor y de practicar la religión con justicia, servicio y compañía.

Un Dios que separa la Humanidad es un ídolo mortífero.


Esa tarea primordial y común de humanizar la Humanidad se hace practicando la proximidad.
El Evangelio de Lucas (10, 25-37) nos ofrece la parábola paradigmática para esa praxis humanizadora. El maestro de la ley responde correctamente a la pregunta de Jesús sobre los mandamientos. Sabía el catecismo, por lo menos en su letra. Pero «para justificarse» el doctor en religión pregunta a su vez: «¿Y quién es mi prójimo?» La respuesta de Jesús es desconcertante y provocadora; para el doctor de la ley, para todo el pueblo que escucha «en aquel tiempo» y también para nosotros que la escuchamos hoy, aquí.

Prójimo es aquel o aquella a quien yo me aproximo, y el primero los caídos en el camino, las personas al margen, las mujeres violentadas y sometidas, los emigrantes sospechosos, los extraños de quien no quiero ni saber, ocupado como estoy en mis negocios o tal vez con mi culto…
Yo me debo hacer prójimo descubriendo al próximo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo.
Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del próximo, aproximándome a él, aproximándole a mí.

No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad practicando la proximidad.


Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil

El mayor de los mandamientos


Para el día de hoy (20/03/09):
Evangelio según San Marcos, 12, 28-34

(Estamos saturados de leyes, normativas y reglamentos que nos hacen ser más fieles a determinados cánones que a Dios mismo.

El mundo mismo venera a falsos dioses, y nos quiere arrastrar en esa vorágine de desamor y de ignorar al otro, al próximo, al cercano, al prójimo.

Se nos ha regalado este tiempo de Cuaresma, tiempo de silencio, tiempo de escucha, tiempo de conversión y de regreso al Padre.

Jesús nos lo dice hoy con claridad: el primer mandamiento es amar a Dios con toda el alma, con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser.
Y ese amar a Dios tiene un obrar conccreto: reconocerlo en el rostro del hermano, en especial en el rostro del hermano que necesita nuestro socorro, que requiere nuestra presencia aún sin pedirla.

La medida de nuestro amor a Dios estará signada por la capacidad de darnos al otro, de amar al hermano, imagen viva y real del Todopoderoso)

Paz y Bien



Invocación a San José

¡San José,
guardián de Jesús y casto esposo de María,
tu empleaste toda tu vida
en el perfecto cumplimiento de tu deber.
Tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret
con el trabajo de tus manos.
Protege bondadosamente
a los que se vuelven confiadamente a ti.
Tu conoces sus aspiraciones
y sus esperanzas.
Ellos se dirigen a ti porque saben
que tu los comprendes y proteges.
Tu también supiste de pruebas,
cansancio y trabajo.
Pero, aun dentro de las preocupaciones
materiales de la vida,
tu alma estaba llena
de profunda paz y cantó llena
de verdadera alegría
debido al íntimo trato
que gozaste con el Hijo de Dios
que te fue confiado a ti a la vez
que María, su tierna Madre.
Amén.


Beato Ángelo Roncalli - S.S. Juan XXIII

San José de los silencios


Para el día de hoy (19/03/09):
Evangelio según San Mateo, 1, 16. 18-21. 24

(En apariencia, las Escrituras no nos dan demasiados datos acerca de José, el esposo de María. Es más, no nos llega por los Evangelistas ninguna palabra pronunciada por él.

En apariencia.

Lo que nos cuentan es impresionante, y sus silencios nos dicen muchísimo.

Nos cuenta hoy San Mateo que José era de linaje real, de la casa del Rey David.
Nos cuenta que si bien José y María habían celebrado sus esponsales, de acuerdo a la Ley mosaica aún no convivían. Y nos enseña también de la concepción de María de un Hijo por obra del Espíritu Santo.

El párrafo siguiente indica, ante todo, que José era un hombre justo...
¿Cómo interpretamos esto? Primero, el sentido común nos diría que José era un hombre bueno. Y justo, porque ajustaba su voluntad a la Voluntad de Dios y que de acuerdo a ello, cumplía con la Ley de Israel.
Pero no se trataba sólo de un imperativo legal.

María estaba embarazada y ellos aún no convivían, lo que para la Ley significaba la pena de muerte por lapidación para Ella, por adulterio (Dt. 22,20 y ss.)
José no sólo veía el riesgo del cumplimiento de una Ley estricta: José la amaba.
Si la denunciaba públicamente, la exponía a la muerte por lapidación y al oprobio y a la humillación.
Por eso, resuelve repudiarla en silencio, abandonarla en secreto.
Pero un Mensajero de Dios - el Ángel del Señor- se le aparece en sueños con un mensaje vital: - no tengas miedo en recibir a María, el Niño que espera proviene del Espíritu Santo. Ella va a alumbrar a un Hijo al que le vas a poner por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de todos sus pecados-
El Dios del Universo buscó a una mínima muchacha judía para que se geste en Ella su Hijo, y a un humilde carpintero para que le ponga nombre y sea padre y esposo.

José, en su silencio y seguramente en su asombro y hasta en su incomprensión, se abandona confiado a Dios. Nos cuenta el Evangelio que José, al despertar, "hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado..."

En su silencio, José obedece por amor a Dios, a su esposa y al Niño que vendrá...

Y debe quedarnos claro que Dios lo hace partícipe de su obra creadora: como a Adán, al que invitó a ponerle nombre a todas las cosas, el Altísimo le envía el mensaje que al Niño por venir le ponga por nombre Jesús, que en arameo significa "Dios Salva".
El Dios del Universo le pide a un ignoto carpintero que le ponga nombre a su Hijo Unigénito.
(Por eso José se convertirá más en padre legal de Jesús frente a la sociedad antes que en "padre adoptivo".)

Y en su silencio amoroso y obediente este hombre justo protegerá a María y a Jesús, los sostendrá con el fruto de su trabajo, y será su fortaleza y escudo en el duro camino del exilio a Egipto. Su cansancio y sus manos callosas serán la mejor de las ofrendas al Dios de la Vida.
Y a nosotros también, protegiendo desde el comienzo al Salvador y a María.

Que el Espíritu de Dios nos ayude a imitar a José en su silencio, en su entrega, en su obediencia y en su darse por amor, que nuestro trabajo tengan también destino de santidad y de justicia, que nos baste la esperanza en Dios y nada más.

Amén)

Paz y Bien



Es la Palabra como el rayo del sol


La palabra de Dios, según san Pablo, tiene que ser una palabra que arranque de la eterna antigua palabra de Dios pero que toque la llaga presente, las injusticias de hoy, los atropellos de hoy, y esto es lo que crea problemas.
Esto ya es decir: «La Iglesia se está metiendo en política, la Iglesia se está metiendo a comunista».
¡Ya aburren con esa acusación!
Ténganlo en cuenta de una vez: no se mete en política, sino que es la palabra como el rayo de sol que viene desde las alturas e ilumina.
¿Qué culpa tiene el sol de encontrar, su luz purísima, charcos, estiércol, basura en la tierra?
Tiene que iluminarlo, si no, no sería sol, no sería luz, no descubriría lo feo, lo horrible que existe en la tierra; así como también ilumina la belleza de las flores y le da el encanto a la naturaleza.
La palabra de Dios también, hermanos, por una parte ilumina lo horrible, lo feo, lo injusto de la tierra y alienta el corazón bueno, los corazones que, gracias a Dios, abundan...


Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Arzobispo de San Salvador y Mártir

El Dios de Abraham, nuestro Padre


Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 5, 17-19

(La Palabra de Dios es Vida para el hombre.
El Verbo de Dios se encarnó, e hizo morada entre nosotros.

Así, Jesús no viene a menoscabar las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, ni a abolir la Ley y los mandamientos entregados a Moisés, no.
Los viene a llevar a su perfección, a su sentido pleno.

Somos herederos de las promesas hechas a un hombre de fé, nuestro padre Abraham.

Roguemos en esta Cuaresma por la Gracia para poder vivir la Palabra del Padre en plenitud, coherentes en el hacer y el ser, en el decir y en el obrar.
Amén)

Paz y Bien

¿Cuándo creemos en el Espíritu Santo?


Cuando tenemos una esperanza total en la vida, a pesar de nuestras caídas y nuestras dudas.

Cuando se siente la desesperación y, sin embargo, se experimenta un consuelo interior que nadie nos puede quitar.

Cuando experimentamos el desgarrón de la muerte propia o ajena y la sabemos asumir con fe y esperanza.

Cuando aceptamos libremente una responsabilidad, aunque no tengamos claras perspectivas de éxito y de utilidad.

Cuando vivimos con serenidad y perseverancia la existencia de cada día, a veces amarga, decepcionante y aniquiladora, y la aceptamos por una fuerza cuyo origen no podemos abarcar ni dominar.

Cuando nos entregamos sin condiciones y cuando el caer se convierte en un verdadero estar de pie.

Cuando en el fondo de nuestras interrogantes y nuestros conocimientos nos sentimos abrazados por un misterio que nos acoge y nos salva y que experimentamos como el fondo más profundo y auténtico de nuestro ser.

Cuando vivimos las tinieblas del aparente sin-sentido en nuestra vida, porque esperamos una promesa que no podemos entender.

Cuando vivimos las experiencias fragmentarias del amor, la belleza y la alegría, como promesa del amor, la belleza y la alegría plena que un día recibiremos junto a Dios.

Cuando somos capaces de orar en medio de las tinieblas y el silencio, sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibamos una respuesta que se pueda razonar.

Karl Rahner, S.J.

La infinita misericordia de Dios y la reconciliación


Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 18, 21-35

(La deuda de diez mil talentos - varias toneladas de oro- es perdonada al servidor por la gran compasión del Rey, que se niega a entregarlo como esclavo y le condona su deuda: "lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda..." nos dice el Evangelio.
Pero ese mismo servidor, libre de su deuda, fue incapaz de perdonar y de tener compasión para con un compañero suyo que le debía unas cuantas monedas de oro.
Y así, la medida del perdón y compasión que no supo ejercer con su compañero, se le devolvió con creces.
El perdón inmenso del Rey quedó sujeto al mínimo perdón que el servidor no quiso ejercer.

Es tiempo ideal esta Cuaresma para volver a la compasión y volver al hermano, volver al prójimo del que nos distanciamos porque fuimos incapaces de perdonar o porque fuimos incapaces de pedir perdón. Y de la reparación, de la que nos solemos olvidar, que implica ante todo curar las heridas que podamos haber producido, de reconstruir las casas cordiales en donde se alberga la comunidad.

Ese Cristo que morirá solo y humillado en la Cruz por nosotros nos abre los ojos a la Infinita misericordia del Padre para con sus hijos.
Y somos tan partícipes con Él de las cosas del Reino de los Cielos, que esa Bondad del Padre queda supeditada a la bondad -por pequeña que nos parezca- que seamos capaces de hacer germinar en nuestro corazón.)

Paz y Bien

La Iglesia soñada por Jesús de Nazareth

Si la Fe Cristiana es relación personal con Jesucristo, la oración cristiana es el diálogo personal con Jesucristo… Si la Fe Cristiana se centra en la vida, la oración cristiana anima la vida… Si es un axioma que no hay vida humana sin comunidad, es también un axioma que no hay comunidad cristiana sin oración cristiana. Hablamos de oración y no de “rezo”… se puede rezar mucho y no llegar a orar… El “rezo”, en todo caso, es un medio para entrar en oración.

La Oración típicamente cristiana viene de lo Alto y se anida en el corazón humano. Por eso, es llamado y respuesta. Es Dios que habla y el orante que escucha y responde con actitudes de acuerdo a la Palabra de Dios escuchada. María de Nazaret es la perfecta orante. Escuchó, dialogó y aceptó la voluntad del Altísimo y realizó no su proyecto, sino la maravilla de las maravillas del amor divino para con el género humano: sus entrañas de mujer brindaron un ser humano a Dios. En íntimo y personal diálogo con Dios se transformó en Madre del Hombre-Dios.

Oramos no para presentar nuestro proyecto sino para conocer y aceptar el proyecto de Dios sobre nosotros. Oramos de verdad cuando nos convertimos al plan de Dios. Así se encuentre muy lejos de los nuestros. Por eso Jesús fue un hombre de profunda y notable oración y repetía “oren sin cesar”… “conviértanse al Reino”… Su causa que como hemos visto en homilías anteriores fue la vida de los hombres y mujeres de su mundo. Es la convivencia digna y fraterna sin marginados o excluidos. Es el “Cielo Nuevo y la Tierra Nueva” para vivir toda una eternidad feliz, que se inicia en esta historia en tanto en cuanto hombres y mujeres que adhieran a su causa. Es decir vivan de FE CRISTIANA, entendida como forma concreta de vivir, construyendo el Reino del más allá, desde el más acá, es decir, en el cotidiano vivir.

De lo dicho se desprende que la oración es una resultante de la Fe en Jesucristo, pero a su vez una mayor intimidad vital con El. Porque la vida que brota de la Fe y en la que se realiza el seguimiento a Jesús viviendo su Evangelio, exige y desemboca necesariamente en diálogo y celebración, es decir, oración y sacramentos. No como “actos piadosos” en un “a parte” de la vida humana, sino a través de la existencia humana vivida a la luz de los criterios y actitudes de Jesucristo. Para instante a instante cambiar los signos de muerte en signos de vida, un mundo injusto y violento en mundo que en santidad y justicia construya la única Paz sólida y verdadera: el ¡¡¡Shalom del Resucitado!!! Por eso, que nuestro mártir Angelelli estampó en una de sus homilías: “El Cristo de la Pascua no quiere un pueblo “resignado” sino luchador para lograr tener vida”.- La Iglesia será servidora de la humanidad en tanto en cuanto los que participan de la misa dominical se vayan transformando en comunidad orante y servidora del mundo local en el cual viven. En la Iglesia de Jesús no “se va a misa” para cumplir un “acto religioso” sino para comprometerse con El en la vida digna de los demás. Por eso, Jesús en la Última Cena lavó los pies a sus primeros participantes. (Juan 13,1-17) Y les dio el mandato de Maestro a discípulo que lo que El hacía con ellos… ellos debían hacerlo con los demás. El Evangelista Juan, a tal punto entendió el significado existencial de la Eucaristía para la persona y la sociedad humana que, en lugar del rito de la consagración del pan y el vino destacado por los otros evangelistas, describe el lavatorio de los pies. En las celebraciones sacramentales, principalmente, en las Misas… “hemos de volver a las Fuentes”. Las ceremonias rituales han de ceder paso a la vida.
En la medida que se celebre o participe de los Sacramentos con Fe Cristiana el núcleo central ha de ser la existencia de la comunidad con todos sus conflictos y signos de muerte (pecado) que la celebración de la Pascua del Señor revierte en comunión de amor fraternal y solidario. Así, surge la Iglesia signo e instrumento del Reino.
La Iglesia “poder” cede el paso a la Iglesia “servicio”.
La Iglesia “ritual” a la Iglesia “ágape”.

Padre Obispo Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma


Adentrarse en el Evangelio, un mar sin orillas


Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 4, 24-30

(La vocación de profecía, que es nuestra vocación evangélica, implica anunciar la Buena Noticia y denunciar todo lo que es contrario a la Vida. Ambos aspectos están intrínsecamente unidos, no puede estar separado uno del otro.

Jesús viene a enseñarnos que no es tarea fácil, que no hay garantías mundanas, que nos será extremadamente difícil y complicado honrar nuestra vocación especialmente en los lugares y entre la gente que mejor creemos conocer.

Pero es una enseñanza.

No es una sentencia definitiva.

Estaríamos mucho más cómodos, tranquilos y no correríamos ningún riesgo si lo tomáramos como excusa exacta para no sumergirnos en el infinito mar de Su Palabra, para no mojarnos con el Evangelio.

Carecemos de garantías mundanas, decíamos antes, pero no nos ha de faltar jamás la certeza de su Espíritu.
Aún cuando lo olvidemos, Él viene con nosotros, siempre...

Así las cosas, el adentrarse en este mar sin orillas de la Buena Noticia no es cuestión de exclusividades, no.
Afirmar que "estamos llamados" no significa que tenemos la exclusividad de esa vocación.
Somos elegidos personalmente, el Padre nos busca a todos y a uno por uno de nosotros. Pero no sólo a nosotros.
La verdad y la salvación no son propiedad de determinado grupo de personas, sino sólo del Padre Dios, y es un regalo gratuito (Gracia!) ofrecido a la humanidad.
¿Cuántas veces nos habremos creído propietarios de la Palabra, selectos miembros de una sociedad que prodiga la salvación para unos pocos, y hemos sido capaces de ver el obrar del Espíritu de Jesús en el hermano, cualquiera sea su origen y condición social, étnica, religiosa...?

No vaya a ser que nos pase esto, que sin darnos cuenta queramos matar la Palabra y, como en el Evangelio, Jesús "pasando en medio de ellos, continuó su camino")

Paz y Bien

Oración a Nuestra Señora de la Reconciliación


Nuestra Señora de la Reconciliación;
Virgen de la fidelidad y del servicio,
De la pobreza y del silencio,
De la nueva creación en el espíritu
Madre de los que sufren en la soledad
Y buscan la esperanza.

Señora de los que vuelven a casa
Y descubren al Padre y al hermano.
Virgen de la amistad y el amor,
Señora de la Paz y de la alianza,
Tú nos diste a Jesús el salvador
El que quita los pecados del mundo
Y lo reconcilia con el Padre por su sangre.
El nos dio la Eucaristía
Y nos pidió que nos amáramos
Gracias por ser así: tan sencilla y tan buena
Tan honda en la contemplación
Y tan abierta a los problemas de los
Otros tan fiel servidora del Señor
Y tan cercana a los hombres que pecamos.

Gracias por habernos recibido
Por habernos golpeado el corazón
Y enseñado la senda del regreso
Por habernos serenado el camino
Por hacernos sentir que somos hijos
Olvidamos al Padre que nos ama
Y nos hemos encerrado ante el dolor,
La pobreza y la injusticia
Hoy gozamos en la paz y la alegría del reencuentro
Hemos vuelto al Señor que nos libera
Y hace nuevos.

Saboreamos adentro su palabra
Comimos en familia
El Pan de la unidad que da la vida.
De allí nace para todos
El espíritu de amor que nos faltaba
Esa red de justicia verdadera
Que es la raíz de la paz
Entre los pueblos.
Gracias por todo, Madre del Camino
Y la Esperanza
Gracias por habernos alcanzado la
Reconciliación con Dios y con los
Hombre en tu Hijo.
Virgen de la Reconciliación
Muéstranos al Padre de cada día
Y a Cristo que vive en los hermanos.

Amén

Siervo de Dios R.P. Eduardo F. Cardenal Pironio

Nueva Alianza y Nuevo Templo


Para el día de hoy:
Evangelio según San Juan, 2, 13-25

(Jesús no viene a restaurar el Templo de Jerusalem, a limpiarlo de comerciantes y traficantes de culto; viene a abolirlo.

Al echar a los cambistas y mercaderes, establece que el verdadero culto comienza en el corazón del hombre, y no solamente en los gestos exteriores: no es cuestión de compraventa, es cuestión de corazón.

La Nueva Alianza revelada: Dios es Padre que nos ha enviado a su Hijo para la Salvación de todos.
Y esa Alianza requiere un templo donde celebrar las promesas cumplidas, donde adorar a Dios: ese nuevo templo es el mismo Cristo, que resignificará todas las cosas y nos justificará a todos con su Resurrección de entre los muertos.

El, hermano y Señor nuestro, nos dice en esta Cuaresma que limpiemos los patios de nuestro templo - nuestro corazón - para que deje de ser una casa de comercio en donde cambiemos promesas por favores, para que se convierta en casa de adoración a un Padre que nos quiere y que nos pide sacrificios desinteresados.

-sacrificio: hacer sagrado lo que no lo es-

Porque este sacrificio no es lo gestual, sino que es enteramente conformado por la caridad atenta a la necesidad del hermano, que luego se expresará en la Liturgia de la comunidad.)

Paz y Bien

La dignificación del trabajo


1. La palabra "trabajo" debería sugerirnos a todos no sólo un medio para ganar la vida sino una colaboración social.

2. ... El trabajo podría ser definido "el esfuerzo que se pone al servicio de la humanidad: esfuerzo personal en su origen, fraterno en sus fines, santificador en sus efectos"

3. Por el trabajo el hombre da lo mejor que tiene: su actividad personal, algo suyo, lo más suyo: no su dinero, sus bienes, sino su esfuerzo, su vida misma.

4. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría.

5. ...La sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos, sin el trabajo no habría riqueza ni sociedad.

6. Así como hay condecoraciones para los que realizan hazañas bélicas o llevan adelante con éxito gestiones diplomáticas, debería haber condecoraciones para los "héroes del trabajo", héroes ocultos sin los cuales no progresa la humanidad.

7. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador.

8. Siempre el que recibe el esfuerzo de un hombre, recibe más que lo que le da al entregarle en cambio billetes de banco o monedas, aunque fuesen de oro legítimo.

9. Es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos, pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos, hijo de un mismo Padre.

10. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.

11. Es imposible predicar a estómagos vacíos.

12. Nada puede hacer tanto daño a nuestra religión como, ese horrendo contraste entre la predicación oral de una doctrina que pone como corona de virtudes y distintivo de su fe a la caridad y el egoísmo práctico, la vida encerrada en sí misma de quienes dicen profesar esa doctrina... Los hombres que son testigos de tal contraste no sólo condenan a los hombres, sino que desprecian su fe.

San Alberto Hurtado, S.J.

El regreso del hijo perdido, la fiesta del Padre

Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 15, 1-3 11-32

(No terminamos de aprender...
Por más lejos que nos hayamos ido, siempre se espera nuestro regreso con ansias.
Un Dios, que ante todo es un Padre que se preocupa por todos sus hijos, quiere que volvamos.
Y el irse no es cuestión de distancias, pero sí es cuestión de morir por dentro, de perecer por no beber de la fuente de la Vida, de desfallecer por faltarnos el Pan de Vida.

Siempre se espera nuestro regreso.
Siempre el perdón está disponible para un hijo que, arrepentido, implora ser recibido nuevamente aunque sea en los umbrales de la casa de su Padre.

Y señores, la vuelta sincera y veraz es motivo de fiesta en la Casa del Padre y fiesta en el alma del hijo perdido y encontrado.

Se nos ha obsequiado un tiempo extenso (cuarenta días) para el regreso.

Volvamos a casa

Amén)

Paz y Bien

Meditación para tiempos difíciles

Para afrontar los tiempos difíciles –para superarlos en la fecundidad y
la fuerza transformadora de la esperanza- hace falta ser pobres.
Habíamos confiado excesivamente en la técnica, la ciencia y la fuerza de los hombres. Descubrimos al hombre y su historia, el tiempo y el mundo,
pero nos olvidamos de Dios y perdimos la perspectiva de lo eterno.
Nos hemos sentido demasiado seguros en nosotros mismos.
Por eso, la primera condición para esperar de veras es ser pobre.
Sólo los pobres –que se sienten inseguros en sí mismos,
sin derecho a nada, ni ambición de nada- saben esperar.
Porque ponen en sólo Dios toda su confianza.
Están contentos con lo que tienen.
Los verdaderos pobres no son nunca violentos,
pero son los únicos que poseen el secreto
de las transformaciones profundas.
Tal vez esto parezca una ilusión.
No lo es si nos ponemos en la perspectiva del plan del Padre,
incomprensible para nosotros, y de la acción del Espíritu.
No olvidemos que los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz (Gál. 5,22).
Los tiempos difíciles se manifiestan cuando las cosas
o los hombres nos aprisionan, limitan nuestra libertad,
oscurecen el horizonte o nos impiden ser fieles
al designio del Padre y a la realización de nuestra vocación divina…
Una manifestación clara de la falta de pobreza
es la seguridad en sí mismo y el desprecio de los otros…
Es interesante comprobar que los tiempos
se vuelven particularmente difíciles
cuando uno cree tener la clave infalible
para la solución de todos los problemas.
Cuando, por ejemplo, en la Iglesia
algunos creen que son los únicos pobres
y que han entendido el Evangelio,
que han descubierto el secreto para hacer más transparente
y cercano a Jesucristo o que son los únicos verdaderamente
comprometidos con la liberación del hombre,
mientras otros sienten que son los únicos fieles
a la riqueza de la tradición
o se sienten maestros infalibles de sus hermanos.
O también en la sociedad civil,
cuando se piensa superficialmente que los otros no hicieron nada
y que la única fórmula para transformar el mundo la posee uno.
El fracaso sucesivo de los hombres
–con la consiguiente desilusión para con los jóvenes-
tendría que ser un llamado a la pobreza.
La pobreza no es sólo una virtud cristiana:
es actitud necesaria y primerísimo de los hombres grandes.
Las tensiones se originan con frecuencia
por el pretendido derecho a la exclusividad
de la verdad y de la santidad.
La paz sólo se da entre corazones disponibles,
y la disponibilidad supone la pobreza…
La fortaleza es necesaria para asumir la cruz con alegría,
como el gran don del Padre,
que prepara la fecundidad para los tiempos nuevos.
Hay un modo de vivir la cruz con amargura,
resentimiento o tristeza.
Pero la cruz es inevitable en nuestra vida,
y para los cristianos, es condición esencial del seguimiento de Jesús.
No fuimos hechos para la cruz,
pero es necesario pasarla para poder entrar en la gloria (Lc. 24,26).
Hay almas privilegiadas que sufren mucho;
más todavía, su gran privilegio es la cruz.
Los amigos, como en el caso de Job, quisieran evitársela.
También Pedro, cuando no entendió el anuncio de la pasión (MT. 16, 22).
O como la crucifixión del Señor, los judíos quisieron verlo
descender de la cruz para creer en El (Mt. 27,42).
Hoy más vale creemos a un hombre que nos habla desde la cruz
con un lenguaje de alegría y de esperanza.
Porque su testimonio nace de una profunda experiencia de Dios...
Los tiempos difíciles pueden perder el equilibrio.
Pero la falta de equilibrio agrava todavía más
la dificultad de los tiempos nuevos.
Porque se pierde la serenidad interior,
la capacidad contemplativa de ver lejos
y la audacia creadora de los hombres del Espíritu.
Cuando falta el equilibrio aumenta la pasividad del miedo
o la agresividad de la violencia.
Los tiempos difíciles exigen hombres fuertes;
es decir, que vivan en la firmeza y perseverancia de la esperanza.
Para ello hacen falta hombres pobres y contemplativos,
totalmente desposeídos de la seguridad personal
para confiar solamente en Dios,
con una gran capacidad para descubrir cotidianamente
el paso del Señor en la historia
y para entregarse con alegría al servicio de los hombres
en la constitución de un mundo más fraterno y cristiano.
Es decir, hacen falta hombres nuevos,
capaces de saborear la cruz
y contagiar el gozo de la resurrección,
capaces de amar a Dios sobre todas las cosas
y al prójimo como a sí mismos,
capaces de experimentar la cercanía de Jesús
y de contagiar al mundo la esperanza.
Capaces de experimentar que “el Señor está cerca” (Flp. 4,4)
y por eso son imperturbablemente alegres,
y de gritar a los hombres que “el Señor viene” (1 Cor. 16,22),
y por eso viven en la inquebrantable solidez de la esperanza.
Hombres que han experimentado a Dios en el desierto
y han aprendido a saborear la cruz.
Por eso ahora saben leer en la noche los signos de los tiempos,
están decididos a dar la vida por sus amigos
y, sobre todo, se sienten felices de sufrir
por el Nombre de Jesús
y de participar así hondamente en el misterio de su Pascua.
Porque, en la fidelidad a la Palabra,
han comprendido que los tiempos difíciles
son los más providenciales y evangélicos
y que es necesario vivirlos desde la profundidad de la contemplación
y la serenidad de la cruz.
De allí surge para el mundo la victoria de la fe (1 Jn. 5,4),
que se convierte para todos en fuente de paz, de alegría y de esperanza.

Siervo de Dios R.P. Eduardo F. Cardenal Pironio

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