Corazón maternal




Para el día de hoy (31/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 31-35



(Algunos fariseos se acercaron al Maestro con una inequívoca advertencia: Herodes lo estaba buscando, pues quería matarlo, y resultaba perentorio que Él escapara y se ocultara a la espera de mejores vientos. 
La postura de esos fariseos puede resultar extraña, dado que habitualmente eran sus enemigos, los que lo repudiaban y execraban, y ello puede deberse a diversas cuestiones, entre ellas que el tetrarca Herodes era -abiertamente- un vasallo del Imperio Romano, del cual dependía en gran parte para sostener su poder. Esa alianza política repugnaba a los puros fariseos, que seguramente preferían tener que vérselas con el rabbí galileo -al fin y al cabo, era tan judío como ellos- que hacerle el juego al tirano tetrarca, experto en represiones violentas.

Pero nada de ello coaccionará ni amilanará a Jesús de Nazareth. Él pasa haciendo el bien, anunciando buenas noticias y no construye poder propio. Es servidor de todos, y por esa tarea amorosa, por cualquier tarea de bondad jamás hay que pedir autorización a nadie.
Tampoco es un ingenuo: sabe que Herodes es peligroso, que está al acecho, que entre tantas vidas se ha llevado la del Bautista y que no le enfrentará abiertamente, lo que lo hace aún más peligroso. Por ello, en franco desafío, lo llama zorro en medio de la descripción de su misión: lo verdaderamente importante es esa misión a la que será fiel hasta la muerte, no Herodes, no el poder, no el sigilo pernicioso de tanto carroñero que anda dando vueltas.

Nada ni nadie lo harán retroceder ni vulnerar su fidelidad, que es producto del amor a su Padre. Y es tan grande ese amor, y tan brutal su rechazo, que el Dios de Israel y de la historia ya no habitará el majestuoso recinto edificado en piedra y revestido de oro del Templo.
A Dios se lo encuentra en el Resucitado que es el Crucificado, y en todos y en cada uno de sus hermanas y hermanos, templos vivos y latientes del Dios de la Vida.

Es ese mismo Dios el que se revela por ese Cristo fiel como Padre y como Madre también, un corazón maternalmente eterno que a todos quiere cobijar y proteger, a pura bondad y sin condiciones, por el maravilloso misterio de ser hijas, por la magnífica condición de ser hijos, Dios que es Papá y Dios que es Mamá, el Dios de Israel, el Dios de nuestros mayores, Dios de nuestros amigos y nuestros enemigos, Dios de la Vida y el universo)

Paz y Bien

La puerta estrecha, las preguntas erróneas


Para el día de hoy (30/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 22-30



(La reivindicación de los derechos de pertenencia han sido determinantes a través de los siglos, sean ellos los derechos de raza -de sangre-, los derechos nacionales, los derechos religiosos. Así se suponían y establecían, por eso mismo, supremacías y exclusividades de unos por sobre otros.
Hoy quizás, en algunos aspectos, ha variado su nomenclatura pero la idea de fondo es la misma, y transladada a los escatológico -al plano de la salvación, la cuestión se acentúa a límites insoportables.

En la mentalidad imperante en tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, la pertenencia pura a Israel garantizaba esa condición única y especial por la cual unos pocos accederían, en el futuro, a la salvación de su Dios. Por fuera de ese grupo reducido, sólo aquellos que se circuncidaran y que se sometieran a la Torah accederían -sólo en parte- a esas bondades. Por ello es razonable la pregunta que le realizan al Maestro: en su esquivo horizonte, quieren saber cuantos serán los beneficiarios futuros de esas bondades divinas, pues advierten que son tantas las imposiciones y tan difíciles de cumplir, que los salvos serán un grupo muy reducido.

La pregunta es errónea, y nos debemos un profundo sinceramiento también.
Es errónea pues en la ilógica del Reino lo postrero se edifica en el hoy, en cada presente, y supone un banquete, un ágape inmenso de mesa amplísima, en donde las ansias del Maestro están dirigidas a que nadie falte a esa mesa de amigos y hermanos. 
Quizás la cuestión primordial se comience a dirimir entre la importancia cuantitativa frente a las virtudes cualitativas, es decir, las éticas trascendentes, cómo somos lo que somos con Dios y por ello mismo, con el prójimo.

No estamos demasiado lejos de ello. ¿Acaso la Salvación es distingo de aquellos que cumplen con puntillosa exactitud los preceptos de la Iglesia, los que pertenecen a alguno de sus movimientos en carácter cuasi militante. los que infieren de continuo que defienden lo derechos de Dios y de la Iglesia, los que viven con el Dios mío en los labios, o los que en verdad profunda respiran a cada instante la Buena Noticia, el amor, la compasión, la misericordia, la gratitud?

Hay puertas estrechas que deberían distinguirnos, y entre ellas, el grato asombro de que esa Salvación es don y es misterio de la Gracia, y que no dormimos tranquilos mientras haya muchos hermanos nuestros que se queden fuera y se pierdan el convite increíble de ser invitados a vivir juntos y para siempre)

Paz y Bien

Escondido en la historia




Para el día de hoy (29/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 18-21




(Jesús de Nazareth se valía de cosas que Él y sus oyentes conocían bien, extraídas de lo cotidiano, para hablar y enseñar las cosas de Dios, la Buena Noticia. Es algo que hemos olvidado y dejado de lado, pues gustamos de enredarnos en arcanos, en abstractos lenguajes académicos que, a menudo, están muy lejos de las cosas que le suceden a la mujer y al hombre de hoy. Porque la Salvación sucede en tiempo presente, y se extiende hacia la eternidad.

Así entonces el Maestro se refiere al grano de mostaza; esta planta era muy común en la Palestina del siglo I, especialmente en la región galilea, y cuya característica principal es poseer un grano muy pequeño, insignificante. Pero a pesar de esa casi invisibilidad, pujante y oculto en los pliegues de la tierra, germina y crece y se vuelve un árbol frondoso que cobija a todos los pájaros.

También habla de la levadura; para la estricta Ley mosaica, era un factor de corrupción, de tal modo que se trataba de evitarla, en especial durante la celebración de Seder Pesaj -la Pascua- para mantener la pureza del hogar, y por eso preponderaba el pan ázimo. Sin embargo, las amas de casa comprendían bien a qué se refería el Maestro: una pequeña proción de levadura fermenta tres grandes medidas de harina, de tal modo que escondida en el corazón de la harina se fermente la totalidad de la masa.

El Reino de Dios es la semilla de mostaza, y es la levadura. Está escondido humilde y silenciosamente en la historia de la humanidad.
A pesar de todos los desprecios y las ansias de glorias e imposiciones, crece en silencio pero con fuerza imparable, transformándolo todo, haciendo que este mundo tan estrecho pueda dar cobijo a todos, sin distinción.

La sencilla humildad del Reino sustenta nuestra esperanza)

Paz y Bien

Congregados



Para el día de hoy (28/10/13):  
Evangelio según San Lucas 6, 12-19



(La oración era para Jesús de Nazareth tan importante y natural como el respirar. Toda su vida es una vida de oración, una vida orante, un diálogo imprescindible entre Él y su Padre, una escucha fértil y afectuosa.
Así lo encontraremos en plena oración en los momentos cruciales de su ministerio: la oración implica permanecer siempre en el horizonte y dentro del proyecto de Dios, su Reino.

Para el Maestro no cuentan las abstracciones, ni se detendrá en declamaciones banales. 
Las cosas de Cristo siempre son personales, totalmente personales, siempre reconoce rostros, identidades, nombres y apellidos. Por ello, poco cristiana y lejana a la luz del Evangelio es cualquier despersonalización, la pérdida de identidad, la masificación, la aniquilación de las singularidades.

Los Evangelios han conservado así los nombres de aquellos a los que Jesús ha congregado junto a sí, signo cierto de nuestro llamado.
Todos y cada uno de nosotros hemos sido también congregados desde siempre para estar a su lado, para caminar junto a Él con la misma misión, misión de paz, de justicia, de liberación, de salud, de alegría.

Hay diferencias, claro está, y a pesar de ciertas fricciones es algo que nos enriquece. Pedro no es igual que Santiago, Felipe no es similar al Iscariote, Andrés no es furibundo zelote como el otro Judas. Pero todos tienen la misma distinción, el ser reconocidos como amigos y hermanos de navegación, parte de esa familia siempre creciente que anida en el corazón de Dios, que llamamos Iglesia y que no se limita a ciertos parámetros religiosos.

Hemos sido concienzudamente congregados por lo que somos, por quienes somos y por todo lo que podemos llegar a ser)

Paz y Bien

Humildad y salvación




Para el día de hoy (27/10/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 9-14




(No es fácil ni sencilla la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, esa asombrosa novedad sobre un Dios al que llama Abba.
Y no es fácil pues se derriban preconceptos, se rompen moldes, y se navega por las indescriptibles aguas del amor. Porque podemos describir algunos de sus trazos, pero el amor es mucho más que eso, y ciertamente, está muy lejos de cualquier banalización romántica.

Los dos hombres de la parábola son judíos por pertenencia. Uno, es un hombre piadoso -religioso practicante diríamos hoy-, estricto y puntilloso en el cumplimiento de las normas y preceptos. El otro, recauda impuestos para el invasor imperial romano, a menudo procurando el beneficio propio mediante prácticas corruptas y extorsivas.
Uno de ellos posee la imagen de un hijo fiel de Israel y de la Ley de Moisés, un puro entre puros. El otro está manchado definitivamente por lo que hace, por el contacto con el dinero, por servir a los opresores.

Ambos son judíos, y por ello ambos van al Templo a rezar a Dios.
Pero con todo y a pesar de todo, ambos creen en un Dios muy distinto.

El fariseo cree en un Dios que premia con bendición en forma de salud y bienestar a los cumplidores, a los que, como él, se aferran con exactitud a lo prescrito, un Dios que a su vez castiga sin demoras a los renegados, a los pecadores, a los impuros. Es el Dios del que todo se obtiene si uno se porta bien, a mayor piedad mayor bonanza.

El publicano se sabe pecador, limitado, pequeño, muy incompleto. Sabe que entre su Dios y él hay un abismo, y ni siquiera se atreve a levantar la mirada. Toda su existencia depende del perdón de ese Dios, y su sincero clamor de perdón condensa la verdad de su propia vida. Se descubre miserable, sabe que aunque acumule lo que acumule es infinitamente pobre si su Dios no lo habita y lo transforma.

Uno está satisfecho y lleno, completo en su justicia prefabricada. En realidad, ese fariseo nada necesita de su Dios, y su oración es un canto a sí mismo.
El otro sabe que no es nada ni nadie sin la bondad de ese Dios. Por ello sólo el publicano saldrá justificado.

El Dios de Jesús de Nazareth es Dios de publicanos, el Dios de los pecadores, el Dios de los hijos extraviados.
Santa Teresa decía con sabia precisión que la humildad es la verdad, y ese publicano es veraz en su arrepentimiento.

Se trata de la verdad que crece en los corazones que le abren la puerta, se trata de la vida que florece renovada en esa existencias que saben vaciarse de lo que perece, de lo superfluo.

La Salvación no se obtiene por trueque piadoso o mediante comercio espiritual, la Salvación es don y misterio.
Se trata de saber descubrir y aceptar desde estas nadas que somos todo lo que Dios quiere hacer por nosotros, todo lo que podemos llegar a ser de la mano de Dios, antes de engañarnos en realizar una miríada de cosas y acciones por Dios.

Dios es perdón, Dios es misericordia, Dios es amor que transforma la misma raíz de todo destino)

Paz y Bien

La ciencia de la paz



Para el día de hoy (26/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 1-9




(A Jesús le mencionan un hecho horrible, y es el homicidio de unos galileos por parte de Pilato y sus tropas, con toda probabilidad en el mismo Templo, pues se indica que su sangre se mezcló con aquella reservada al culto y los sacrificios. Al día de hoy, no hay registros históricos que lo refrenden, pero no es improbable: el pretor romano, además de garantizar mediante la fuerza el dominio imperial de Roma, era un conocido antisemita, que no dejaba pasar la oportunidad de humillar a los judíos, a menudo de manera violenta. 
Ahora bien, lo implícito que quizás debemos considerar es el porqué le recuerdan al Maestro este hecho espantoso, y ello puede deberse a varias cuestiones.
La primordial, es que Jesús de Nazareth es alguien que en verdad sabe escuchar, y de ello pueden dar fé sus discípulos y sus mismos enemigos. Es un hecho que angustia y es un hecho afrentoso, y cuando no se habla el dolor vá carcomiendo por dentro.

Por otra parte, están muy vigentes los criterios religiosos imperantes: las desgracias ocurren a causa de pecados propios o de los padres, y en una casuística cuantitativa, a mayor desgracia mayor pecado. Es una teología retributiva y terrenal, conceptos de justicia divina articulados con mensuras mundanas. Es la dialéctica del por algo será, del algo habrán hecho para que les suceda lo que les sucedió, transformando impiadosamente a las víctimas en victimarios.
Además, claro está, flota en el ambiente la cuestión nacionalista: algunos pretenden que Jesús tome partida frente a los atropellos del tirano opresor, que injuria la Tierra Santa.

Pero el Maestro les responde con otro suceso: el derrumbe de una torre que se cobra la vida de varios vecinos de Jerusalem. Allí también hay muertes tempranas, vidas sesgadas inútilmente.

¿Cuál será la respuesta que esperan? ¿Acaso esos jerosolimitanos también cargaban con culpas pecaminosas que les habían acarreado esa desgracia? ¿Es su Dios el propalador de esos castigos, o es el brutal Pilato y la desidia de algunos gobernantes los victimarios directos?
Quizás nosotros también agregaríamos nuestra porción supersticiosa de destinos inscritos vaya a saberse en donde, de azares adversos.

En la santa ilógica del Reino, en Dios está nuestra suerte y somos un destino a edificar.

Pues aunque es importante el modo en que se muere, más decisivo es porqué se muere, para qué y para quien. Y más aún, lo que cuenta es cómo se ha vivido.

A través de toda nuestra existencia -limitada, corta, escasa- se nos invita de continuo a la conversión, es decir, a la metanoia, a ser cada día un poco más humanos, compasivos, solidarios, trascendentes, desertores del egoísmo, con la mansa ferocidad que implica -en estos tiempos- reivindicar un destino universal de felicidad, de plenitud. Esa universalidad es la que busca y encuentra hermanas y hermanos antes que propios y ajenos, esa universalidad es el color primero de esa catolicidad que declamamos y poco practicamos.

La invitación a la conversión es don y es misterio antes que imposición y obligación. Es la paciencia inquebrantable de un Dios siempre fiel, que se desvive por todas sus hijas e hijos. 
Siempre hay tiempo para el regreso, siempre.
Siempre se puede crecer en humanidad, corazón adentro, por más ímprobo que aparezca el desafío, el propio y el de los demás. Siempre se puede, no hay que resignarse jamás.

Se nos ha ganado un tiempo precioso para ello -pagado definitivamente a precio de sangre inocente-. Porque la paciencia es, precisamente, la ciencia cordial de la paz.
Ese tiempo ganado es esta vida que somos, y que nos amanece, con todo y a pesar de todo, como bendición y posibilidad)

Paz y Bien


Intérpretes del tiempo y los corazones



Para el día de hoy (25/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 54-59



(En cada época histórica es una necesidad impostergable la lectura de signos y hechos que son propios de cada una, para poder dar una respuesta concreta a los interrogantes que el tiempo vá planteando. La superficialidad siempre conspira e impide la veracidad.

Pero todo ello cobra un mayor impulso y un significado mucho más profundo para la vida cristiana.

Creemos en un Dios que es y está, un Dios que por un amor insondable se ha encarnado, se ha hecho hombre -uno entre nosotros-, se ha hecho tiempo, se ha hecho historia y salvación en Jesús de Nazareth, Cristo de Dios.
Desde allí, entonces, nos vamos volviendo intérpretes de los tiempos, fidedignos lectores de los signos que encontramos a nuestro paso. Es eso que llamamos escatología: con la vista puesta en ese final que en realidad es el comienzo definitivo, podemos descubrir las huellas de ese Dios que nos conducen a puerto seguro.

Este Dios no es un Dios lejano e inaccesible en su eternidad. Su rostro lo encontramos en cada esquina, en el rostro de los pobres, en la mirada de los pequeños, su mano bondadosa en los pequeños gestos de bondad y también en los acontecimientos que redundan en ascenso de humanidad. En todo podemos encontralo, pues este Dios no se esconde, este Dios sale al encuentro.

Así también nos volvemos, por ello mismo, intérpretes de los corazones. Todo lo que sucede, lo bueno y lo malo, lo que se omite y silencia, anida en las honduras de las almas.
Allí es donde se decide salvación como don y misterio de siembra, o condenación por decisión propia y nó como castigo. Hay pocas cosas tan malas como no querer mirar y ver lo evidente.

Y entonces, sólo entonces se pueden torcer los rumbos de muerte e inhumanidad, tan ajenos a Dios.
Con ese Dios tejido en la historia, recobramos la posibilidad asombrosa e indeclinable de ser felices)

Paz y Bien

Corazón en llamas



Para el día de hoy (24/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 49-53




(No es fácil seguir los pasos de Jesús de Nazareth. Este es el mismo rabbí que nos daba y dejaba su paz, y que ahora afirma con férrea determinación que ha venido a traer división, espada que cercene, fuego que incendie las vidas apagadas.

Es que el Evangelio no es cuestión de tibios, ni admite medias tintas. Y el Maestro lo sabe bien, lo vive en carne propia. Lo respira. Transpira sangre y siendo príncipe de todas las paciencias, no aguanta más las demoras.
Es amor entrañable y fidelidad al sueño de su Padre, el Reino.

Es un hombre peligroso, un hombre con una misión que no vacilará ni un instante, ni un milímetro hasta su cabal cumplimiento. Inclusive, dando la vida por ello.

Su corazón sagrado está en llamas, y quiere que ese fuego santo se propague. Ese fuego no hace daño, pero derriba egoismos, muros de vanidades, opacidades venales. Ese fuego transparenta las existencias, y por eso es bautismo.
Porque un bautismo simboliza el morir para renacer de las profundidades de las aguas nuevo, re-creado.

Tenemos una gran deuda de fidelidad, y nos abundan las liviandades tibias.
Hace falta volver a enamorarse cada día, con pasión abrasadora, de esta bendición y este regalo que es la existencia, don incondicionalmente generoso del Dios de la Vida)

Paz y Bien

Tiempo de espera, tiempo de servicio




Para el día de hoy (23/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 39-48




(Ninguna linealidad es buena y toda literalidad es funesta en la lectura de la Palabra de Dios. De allí surgen todos los fundamentalismos, se cultivan los miedos y se articulan razones que pretenden esconder la verdad. Es menester buscar en las profundidades del texto la teología, es decir, la enseñanza espiritual para la comunidad y para cada uno de nosotros.

Así entonces las parábolas hablan, de atención, de esperanza, de servicio, de alegría, y no de un amo severo dispensador de latigazos o castigos y punitorios graduales para los que han quebrantado las normas, premiador de los que se han comportado de acuerdo a sus expectativas. 
Porque el Dios de Jesús de Nazareth nada tiene que ver con esos criterios que solemos adjudicarle, criterios de trueque y comercio, de premios y castigos, de juez y verdugo. Es un Padre que nos cuida, una Madre que nos ama. Y por ese amor se establece su justicia, y germina el derecho, nó por nuestros méritos acumulados.

Con una habitualidad pasmosa, nos hemos dejado embaucar por el confort y el hedonismo. Pensamos que goces y alegrías son individuales. Pero por allí se perece, pues son fines en sí mismos sin trascendencia, sin otro horizonte más que el egoísmo.
La felicidad, esa auténtica alegría perenne, siempre es compartida. Y se magnifica y acrecienta en tanto que más participen de su sol.

En esos andares, no se puede perder de vista el hacia donde vamos. El regreso definitivo del Señor -presente en los pobres y en los pequeños, vivo en la Eucaristía- se lo dibuja como cuestión de final, de demolición con fuegos artificiales, shows fílmicos.
Pero el regreso del Señor es la certeza plena que no estamos solos, que está volviendo para re-unirnos, para que se sienten a su mesa infinita sus hermanas y hermanos de toda la historia, momento eterno de reencuentro definitivo.

Hay un mientras tanto que es tiempo de espera. Más con un horizonte tan pleno, esa esperanza se activa y alerta en inminencia y en esa atención que se amplía cuando salimos de nosotros mismos.
Porque la esperanza es tal cuando la mirada está puesta en el otro, especialmente en el que sufre, y cuando los esfuerzos se dedican al cuidado, a la protección de los débiles, a sostener sonrisas y cortesías, a hacer de estos páramos ambientes más humanos, genuinamente humanos, donde el sobrevivir pase al olvido y nos quede el vivir en plenitud con los demás)

Paz y Bien

Ceñidos de fidelidad

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Para el día de hoy (22/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 35-38




(Ceñirse las vestiduras implicaba, en la Palestina del siglo I, amarrarse un cinto o un trozo de tela alrededor de la cintura y sujetando las ropas para que éstas no estorbaran los movimientos, en total disponibilidad de acción. 
Ello no es un llamado a la pura praxis por parte del Maestro; significa, ante todo, estar con el corazón siempre dispuesto y atento a lo que pueda suceder, inclusive en los momentos menos esperados y sorpresivos. Por ello también la exigencia de la lámpara encendida.
Esas lámparas de aceite, en aquel tiempo, no se encendían porque sí, dado el oneroso valor del combustible. Sólo se utilizaban un rato por la noche y en el centro de la vivienda familiar para prolongar el día y para iluminar a toda la familia.
Pero esta luz ha de estar encendida de manera permanente, para mirar y ver bien y para que todos los demás puedan también utilizar sus ojos plenos.

Se trata de la espera atenta que dá sentido. Este Cristo de Dios es nuestro hermano que ya está regresando, y que ha de volver en cualquier momento de manera definitiva. No somos navegantes erráticos, sino pescadores confiados con un horizonte diáfano de certezas.

Se trata de ceñirse de fidelidad, es decir, de preparar el corazón a fuerza de fé, en la misma sintonía amorosa de Dios, música de esperanza activa que no se adormece en comodidades mundanas ni se pierde en esas oscuridades en las que solemos caernos, de tan insignificantes que somos.

Porque, con todo y a pesar de todo, su regreso es la alegría definitiva, eso que llamamos felicidad. El amo que regresa y brinda a sus servidores fieles su afecto con mesa servida, es signo cierto de que no los considera siervos ni esclavos, sino miembros de su familia.

Así el Señor. Somos sus hermanas y hermanos, hijas e hijos, padres y madres, todos parte de su familia creciente que lo aguarda con mansa confianza, con servicial expectación, esta familia Iglesia)

Paz y Bien

Codicia y fraternidad




Para el día de hoy (21/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 13-21




(De un modo pleno de significado y simbolismo, la lectura de hoy coloca en un mismo plano literario a la disputa hereditaria entre dos hermanos y a la parábola del hombre codicioso, y ello también tiene su correlato y su intencionalidad primera, que es la espiritual.

Le piden que actúe como juez o árbitro en medio del conflicto por dinero entre dos hermanos; el pedido no es extraño, toda vez que los maestros de la Ley podían, a su vez, ejercer tales funciones en cuestiones que estaban más allá de lo cultual, en todos los órdenes de la vida.
Sin embargo Él se niega a intervenir tal como se le requiere: aún cuando se cuidara estrictamente la razonabilidad y la legalidad al dictaminar en la disputa, en el fondo no hay solución posible. Porque esos dos hermanos han renegado uno del otro en aras del egoísmo, en beneficio del enriquecerse, todo a costa del otro.

Es por ello también que a continuación Jesús les refiera la parábola del hombre codicioso.
Nada material nos hemos de llevar cuando sea el momento de partir. Por el contrario, lo único que merece acumularse es, en la ilógica del Reino, todo aquello que damos sin condiciones, a pura generosidad.

Todo materialismo -de cualquier color ideológico- esconde codicia, y la codicia es la condición primordial de los sacrificios humanos, pues en el altar del dinero se sacrifica al prójimo, se razonan guerras, se articulan injusticias, se dispensa dolor y miseria.

En el mismo plano se encuentran las dos cuestiones, pues la codicia impide que germine y crezca la fraternidad)

Paz y Bien


 


Oración y justicia



Para el día de hoy (20/10/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 1-8



(Para estos ojos modernos que de manera tan mundana portamos, los jueces deben ser -en absoluto- asépticos y quirúrgicos a la hora de hacer cumplir la ley. No está mal, claro está, pero la mirada de Jesús de Nazareth vá más allá y se sumerge en las honduras de lo humano: el juez de la parábola es injusto porque nada le importa salvo sí mismo -poder, prestigio-, y así no tiene en cuenta a Dios ni a los hombres, ni tampoco protege a los débiles, no es alguien a quien acudir en búsqueda de equidad ni protección.

La viuda, en cambio, es epítome de la debilidad. Porta el duro gravamen social y religioso de ser mujer, o sea, es considerada un ser inferior, apenas por sobre los esclavos, sin ningún derecho. Ello se agrava en lo jurídico, pues al ser viuda, no tiene un varón de su familia que hable y reclame por ella, que la proteja frente a cualquier atropello.
Y su clamor frente a este juez indiferente es muy significativo: no pide castigos para con su adversario, sino que reclama la justicia que se le niega, pura justicia, obstinado hambre y sed de justicia que no sabe de resignaciones.

Y lo logra. Es su rebelde tenacidad, es su esperanza que no abdica la que logra torcer la voluntad pétrea de ese juez omisivamente cruel. Porque es el juez el que se cansa y satura, ella jamás baja los brazos.

No se trata de procesos azarosos: el Maestro deliberadamente conjuga esta parábola con esta necesidad profunda de orar sin cesar, sin desfallecer, sin desertar de la confianza. Orar es navegar hacia el horizonte de Dios, orar es ponerse en su misma sintonía, y esa sintonía es el Reino, un Reino que es aquí y ahora.
Por ello oración y justicia son inseparables.

Quiera el Espíritu que nos vayamos volviendo así de molestos, así de fastidiosos, así de tenaces, así de rebeldes, así de fieles, que nunca nos resignemos, para que imperen la paz y la alegría, hermanas amadísimas de la justicia)

Paz y Bien

Reconocidos



Para el día de hoy (19/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 8-12



(Con el correr de los siglos se nos ha establecido y hemos aceptado una brecha infranqueable entre cielo y tierra, lo divino y lo humano, y a partir de ello será el modo de nuestro obrar, muy preocupados por el más allá pero consuetudinariamente olvidadizos del más acá.

Pero creemos en este Dios, el Dios de Jesús de Nazareth.
Este Dios es, sin dudas, el totalmente Otro. Hay una inmensidad indescriptible entre su eternidad y nuestro minúsculo lapso de vivir, que llamamos existencia. Pero este Dios es Amor, es un Dios que nada se reserva para sí, que no se aisla en cielos infinitos e inaccesibles. Es un Dios que se hace instante, se hace historia, se hace hombre, se hace uno de nosotros, en santa urdimbre de tiempo y eternidad, y por el que la tierra puede a su vez ser santa también.
Ha quedado tendido un puente para que nadie más quede aislado, y es un puente que late, Jesucristo, Dios que revela su rostro y se dá a conocer, Dios que sale al encuentro de la humanidad, Dios de la búsqueda tenaz y el reencuentro siempre feliz.

Frente a esto, es imperioso preguntarnos -corazón adentro, allí mismo en donde germina la verdad- a que Dios confesamos. Y más aún, si por esa confesión somos reconocidos como suyos, su gente, sus padres, madres, hermanos, en esta familia creciente que llamamos Iglesia.

Quizás nos aferramos a ciertas seguridades del culto y las normas religiosas. Es claro que esto es muy importante.
Pero seremos juzgados en el amor.
Por ello confesamos a este Cristo en el servicio abnegado, en la compasión para con el doliente, el caído, el que agoniza, la fraternidad con los pequeños y los que no cuentan, la protección denodada de todo aquel que no puede defenderse. Y todo por Él, y todo en su Nombre.

De seguro que nos descubriremos cada vez más mínimos, irrelevantes, carentes de palabras. Más no debemos preocuparnos, pues lo que diremos, porque Él habla por nosotros, en nosotros y se expresa en verbos y en gestos concretos.

El Espíritu del Resucitado fecunda todo el universo para que no haya más silencios, para que la humanidad recupere la Palabra de Salvación)

Paz y Bien


Cuando la Iglesia florece




Para el día de hoy (18/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 1-9


(El Evangelio para el día de hoy nos trae una enseñanza muy profunda, que es a la vez provocativa e inquietante.
Se trata de esos setenta y dos enviados por Jesús de Nazareth como mensajeros tenaces de buenas noticias, con su misma fuerza y poder, en su misma sintonía: es misión de paz, de salud, de liberación.

Y ha de llamarnos necesariamente la atención que esos hombres que esos hombres son enviados a correr terribles riesgos, sin ningún recurso material que los respalde, sólo revestidos sus corazones de confianza en ese Cristo que jamás los abandonará.
Son pequeños. Son frágiles. Van, en apariencia, inermes y mansos a sumergirse en mares de lobos bravos. Pero van. No se arredran ni permiten que ni el temor ni profusos razonamientos logísticos los amilanen. Con todo y a pesar de todo, van.

Esa misión suya -pura confianza de Dios depositada en ellos- es fermento en la masa innominada, levadura para transformar campos yertos en pan que no se agote. Paz, salud y liberación en sintonía de amor son su culto y su liturgia.

Ellos plantarán su rostro y no rehuirán a la fiera batalla que se avecina. Pero no son esclavos de éxitos ni de derrotas, y saben que su victoria será, a los ojos del mundo, una victoria extraña. Porque es una victoria en donde se eliminan los males y dolores que agobian, pero se cuida a los enfermos, a los que sufren, a los dolientes, aún cuando muchos de ellos se volverán crueles perseguidores de los misioneros.
La victoria del Reino es una silenciosa victoria de justicia y de compasión en donde se acreciente lo humano, se santifique la tierra, se ilumine el mundo.

Por eso cuando la Iglesia se asume misionera, sin otro ánimo que el de servir, de ser grano de trigo escondido para bien de muchos, la Iglesia florece pues se vuelve fiel, cada vez más fiel a Aquél que la hizo hogar, que la hizo comunidad, recinto amplio de libertad y justicia, y por sobre todo, familia creciente)

Paz y Bien

Cargas insoportables y puertas cerradas




Para el día de hoy (17/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 47-54




(Jesús continúa su abierta denuncia contra los doctores de la Ley. Nunca hay que callarse frente a los atropellos y ante lo que es ajeno a la vida, a Dios mismo.

Y es que no se calla porque esos hombres se encaramaron en las cumbres del poder religioso por pura ambición, por ansias de dominio y figuración, por el poder mismo.
Son los mismos que hablan a la gente más sencilla en un lenguaje en apariencia erudito -poblado de un léxico complejo y arcano- para confundir y apabullar, palabrerío enrevesado que jamás llega a los corazones.
Antes bien, es el medio por el cual se confunde a los pequeños, se les impide el acceso a la Palabra, al crecimiento personal, a la vida comunitaria.

Porque ese cúmulo de imposiciones y normas que estos hombres han creado es un gravamen insoportable para el pueblo, y su objetivo es doblegar almas y sujeccionar voluntades bajo una apariencia piadosa.
Se trata de los religiosos profesionales de siempre, los primeros en exigir a los demás pureza y rigurosidad preceptual y litúrgica, veloces a la hora de detectar herejía, eficaces condenadores, expertos señaladores de cualquier heterodoxia.

Lo más grave de todo es que en palabras y acciones ratifican esa intención aviesa que solo conduce a la muerte, a puertas cerradas, a buscar y nunca encontrar, a clamar a los gritos y que nadie los escuche.

Todo lo contrario es el Reino del Dios de Jesús de Nazareth, rico en misericordia, desbordante de perdón, un Dios que es familia y que se hace tiempo, historia, humanidad, y que sueña sin vacilaciones la plena felicidad para todas sus hijas e hijos)

Paz y Bien

El Derecho de Dios




Para el día de hoy (16/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 42-46


(A través de los siglos, el concepto o idea de derecho o justicia de Dios ha sido una continua fuente principal de motivaciones para acciones que poco o nada tienen que ver con el Reino proclamado por Jesús de Nazareth. Así se justificaron acciones en nombre de esa justicia, a menudo acciones de violenta brutalidad, de imposición imperial, del doblegar voluntades mediante el llamado a una obediencia inhumana, pues la obediencia comienza por escuchar con atención -ob audire- y desde el corazón antes que la escucha forzada, la opción poco bondadosa de elegir el mazo rápido y eficaz de la ortodoxia a contrario del abrazo fraterno y misericordioso.

Las palabras del Maestro son durísimas, especialmente para con fariseos, escribas y dirigentes religiosos del siglo I de Palestina; pero la realidad de este Cristo es el hoy perpetuo, y hemos de prestar especial atención a su clamor, y permitir que nos interpele, nos conmueva y nos desestabilice de falsas seguridades.

Así, bien podríamos identificar sin dificultad, con sinceridad, esas ansias de cumplimiento preceptual puntilloso que, simultáneamente, olvida e ignora al caído, al doliente, al que no cuenta. Es el clamor rabioso que grita y exige se respeten los derechos de la Iglesia...pero pocas o nulas veces los derechos de las hijas e hijos de Dios. 
En esos afanes descolla el estricto y exacto cumplimiento de las normas y preceptos, y aunque no hemos de renegar nunca de la disciplina, la carencia de corazón nos lleva irremisiblemente al abismo.

Porque el Dios de Jesús de Nazareth es un Dios asombrosamente parcial. Ama a todas sus hijas e hijos -buenos y malos, justos y pecadores- de manera incondicional e ilimitada, pero se ha puesto abiertamente del lado de los pobres, de los pequeños, de los excluidos, de los que no cuentan.

Una imagen como la que encabeza estas pobres líneas suele tentarnos: un Cristo con una balanza equilibrada en la mano, con sus ojos vendados, empuñando una espada justiciera.
Sin embargo, Jesús de Nazareth siempre ha tenido y tendrá los ojos bien abiertos, nada impone y desoye todo llamado a la violencia. Por eso ofrece su vida en los horrores de la Pasión, para que no haya más crucificados. No hay victoria perdurable que se edifique mediante la muerte de los otros, y el amor a los enemigos es un principio evangélico que aún no campea entre nosotros.

Porque el derecho de Dios se expresa en la compasión y el socorro a los desprotegidos, a los abandonados, a los desechados y ninguneados por el mundo, descartados por todos pero amados entrañablemente por ese Dios que quiere misericordia antes que sacrificios.

El derecho de Dios no requiere códices profusamente elaborados, pues se condensa en el único mandamiento importante, que no es otro que el amor.
El derecho de Dios, aún con nuestras miserias y quebrantos, es magníficamente desproporcionado y santamente irrazonable.
El derecho de Dios es la misericordia que sustenta al universo)

Paz y Bien

Escondido en los que no cuentan




Para el día de hoy (15/10/13):  
Evangelio según San Mateo 11, 25-30


(No se trata de realizar comparaciones, muy pocas veces tienen validez o legitimidad. 
Pero mientras que muchos buscaban a sus dioses en construcciones imponentes, en rituales arcanos y exactos, en una trascendencia inaccesible -lógica alteridad-, el Dios de Jesús de Nazareth es, cuanto menos, un Dios extraño.
Porque ante todo, es un Dios que sale al encuentro de la humanidad, aún antes de que lo busquen.

Este Dios se despoja de todo, al extremo de dar hasta lo último de sí mismo, su Hijo, y se hace hombre, se hace historia, se hace tiempo.
La Encarnación es un milagro insondable de bondad, un puente definitivo al que aún no nos atrevemos a cruzar.

Un Dios que se hace historia y tiempo es un Dios al que se lo encuentra decididamente en lo humano, y al que allí mismo se le rinde culto y veneración.

Sin embargo, para escándalo de muchos y confusión de otros tantos, este Dios es un Dios parcial, para nada un aséptico portador invisible de balanzas, un ídolo de ojos vendados. Este Dios se pone abiertamente del lado de los pequeños, y en ellos se manifiesta.
Estos pequeños no son solamente una idea que remite a la primera infancia, a los niños: los pequeños son los pobres, los que siempre sufren los yugos de cualquier signo, los que soportan todas las cargas, los que agonizan en silencio porque hasta la voz le han quitado, los que nada son ni son tenidos en cuenta -sólo apenas un voto, alguna limosna populista y mil y una imposiciones y desprecios-, los que no pueden defenderse, los más débiles, los desamparados.

Por ello la caridad que se expresa en la compasión y en la solidaridad es culto, es plegaria, es liturgia.
Dios está escondido entre los que no cuentan, su Rostro está allí, en cada esquina, en cada encrucijada que por varios motivos solemos eludir, y el Reino por el cual suplicamos en la oración amanece allí mismo, en donde parece que sobreabunda la noche)

Paz y Bien

Como Jonás




Para el día de hoy (14/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 29-32



(Exigir señales espectaculares, mágicas en su amplitud visible y su instantaneidad es, también, una señal. 
Una señal de corazones empeñados en negarse a rechazar lo evidente, la verdad que está allí, al alcance de todo aquel que quiera mirar y ver, una verdad que suele tener la impetuosidad cotundente del silencio sin necesidad de altisonancias, de declamaciones, de shows y golpes de efecto.

Por eso mismo las palabras del Maestro son tan duras y a la vez están teñidas de tristeza. No hay posibilidad de ser libre cuando uno elige y se acomoda en su calabozo particular. Cuando se reniega de la luz, imperan las sombras. Por ello esos hombres que exigían signos a medida son per-versos: jamás aceptarán a Alguien que no se adapte a sus esquemas, a Alguien de mensaje di-verso, y así tampoco -aún cuando la verdad resplandezca ante sus ojos- se animarán a tornar su espíritu en con-verso.

Se trata de como se vierte el caudal de la vida, y en donde, y hacia donde.

De allí el reclamo a la señal del profeta Jonás, sus tres días completos en el espantoso vientre de esa enorme ballena. 
La alusión es directa a los tres días de Jesús de Nazareth en el vientre de la tierra y la muerte, germinando el fruto definitivo de la resurrección, la vida eterna. Desde la muerte vencida todo adquiere sentido nuevo y pleno.

Nosotros también solemos tener ese tipo de exigencias crueles y banales. Y nosotros también nos internamos en oscuros vientres de oscuridad y desconsuelo.
No hay que desfallecer.

La Resurrección es e signo definitivo de que no hay más no se puede, del final de los imposibles, de que a pesar de toda oscuridad saldremos de nuevo a la luz y a la vida)

Paz y Bien

Elogio de la desobediencia



Para el día de hoy (13/10/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 11-19



(Uno de los significados principales de la escena del Evangelio para el día de hoy es el carácter de impuros de esos diez hombres.
En la Palestina judía del siglo I, los leprosos eran considerados impuros litúrgicos, es decir, se los separaba de la vida comunitaria -social y religiosa- por considerar la enfermedad de su dermis un signo exacto de pecado propio o de sus padres, y así el consecuente castigo divino. Era la impureza e indignidad total, y en su exclusión las cuestiones sanitarias o de higiene no tenían mayor relevancia.
Tal era la contundencia de la condena moral, que además de no poder vivir en los poblados o ciudades ni participar del culto, los leprosos debían de manifestar su condición vestidos con andrajos, despeinados y con parte de su rostro oculto, ventilando a los gritos su condición de impuro para que nadie tomara contacto con ellos. Más que el contagio peligroso, el contacto con el leproso comunicaba al infractor la misma impureza, volviéndolo a su vez indigno.
En los pocos casos en que había remisión de la enfermedad -lepra como mal de Hansen, lepra como psoriasis, lepra como simple afección cutánea-, el impuro debía de concurrir donde los sacerdotes, los que serían fedatarios y voces autorizadas de la readmisión social, y eso implicaba el reconocimiento del ignoto pecado causante del mal ya perdonado, y no un reconocimiento médico de la salud recobrada.   

Esta situación se magnifica cuando, además de leproso, uno de esos hombres es samaritano. Samaritano era sinónimo de extranjero, de mestizo, de impuro potenciado. Así, un leproso era un muerto social que voceaba en coro de vergüenza y desprecio su óbito.

Jesús se encamina con decisión a Jerusalem, a dar cumplimiento cabal de su misión. Es ampliamente conocido por todo lo que ha hecho de bien en Galilea, en Judea, en la Decápolis y en Samaria, pero es también un judío que peregrina hacia el Templo. Por ello esos hombres, sabedores de ambos aspectos, suplican a lo lejos su intercesión, la acción bondadosa de ese Maestro compasivo. Son hombres a los que le restringieron el alma y le colonizaron el corazón, y por ello se autolimitan y obedecen esos mandatos de muerte en vida, espectros a los que mejor no ver ni escuchar.

Pero este Cristo no está atado a ninguna norma ni a ninguna imposición limitante. Con Él hay más, siempre hay más, y será la Resurrección el fin de todos los imposibles. Por ello se detiene, por ello los escucha, y por ello los envía a presentarse al sacerdote. Aquí no hay magia ni artificios de apariencia fantástica y milagrera; se trata de pura justicia.
Una exclusión surgida de un entramado religioso debe finalizar definitivamente del mismo modo. Y Jesús de Nazareth no pretende abstracciones: hay dolientes que sufren y están agonizando en soledad, y es menester que sin violencia, sean readmitidos como hombres íntegros y totales al seno de la vida cotidiana, al entramado humano.

Los diez hombres, entonces, se encaminan presurosos al encuentro del sacerdote, y en ese caminar encuentran la sanación, símbolo de las cosas que deben crecerse y madurar, de los caminos que hay que andar y los que hay que desandar para humanizarnos en plenitud.
Sin embargo, un hombre regresa presuroso de agradecimiento para ponerse a los pies del Maestro, al descubrirse felizmente sano, libre, hombre nuevo.
Un sólo hombre regresa, y es precisamente el más impuro, el que nadie tienen en cuenta y todos desprecian, el samaritano.

Los otros hombres han obedecido con exactitud la Ley y sus prescripciones.
El samaritano desobedece el ritual impuesto, porque se ha encendido de la rebelión más santa, la de la gratitud.

Porque la Ley no salva.
La Salvación es don y misterio, y es también el reconocimiento de la acción asombrosa de la Gracia de Dios en nuestras existencias, fiesta de alegría contagiosa y liberación que se propaga)

Paz y Bien

 

La maternidad más profunda



Para el día de hoy (12/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 27-28



(Jesús de Nazareth no pasaba inadvertido.

Ya por los signos o milagros que realizaba, por la forma única y novedosa de enseñar y hablar las cosas de Dios, por escandalizar a los severos y puntillosos dirigentes y así llevar aire fresco al pueblo agobiado, por recibir incondicionalmente a los descastados, a los que nadie recibía, Él despertaba pasiones encendidas.
A menudo equivocadas, tal vez pasajeras y banales, pero todas muy sinceras; además, ese rabbí galileo era un hombre pobre de manos encallecidas por el trabajo, con esa tonada galilea que sin dudas lo vendía, uno más entre toda la multitud abandonada a su suerte, que era tan parecido a ellos que, por eso mismo, resaltaba tanto.

Así, el elogio en voz alta -casi un grito- de esa mujer que hoy nos trae el Evangelista no es para nada extraño: es una mujer que, ante un hijo tan magnífico, elogia a la madre, una mujer que se regocija por la frondosa maternidad de otra, una solidaridad que sólo son capaces de comprender en su totalidad, precisamente, las mujeres. Bendito el vientre que lo ha llevado, benditos los pechos que lo criaron.

Sin embargo y contra todo pronóstico, la respuesta de Jesús no se hace esperar, y bendito sea el Espíritu de Jesús que siempre nos anda encendiendo todos los asombros.
-¡Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!-

Una mirada limitada indicaría que el maestro minimiza la alabanza de la que es destinataria María de Nazareth, su Madre.
Nada de eso. Su respuesta no hace más que re-conocer y engrandecer en su real dimensión a esa muchacha judía que es su Madre, su hermana y su primer y mejor discípula.

Los varones no tenemos palabras suficientes para intentar una mínima descripción de lo que significa gestar un hijo. Pero hay algo que es mucho más profundo que la biología, una biología que podemos intuir bendita y entretejida de santidad. Hay más, siempre hay más.
Nadie como María de Nazareth. Nadie como Ella ha sabido confiar, oír y escuchar en las profundidades mismas de su ser a la Palabra.
Y la Palabra, que es Palabra de Vida y Palabra Viva la transformó, a tal punto de hacerla Madre y -a pesar de las incomprensiones y de los horrores de la cruz- permanecer en la alegría que nunca se termina.

Quizás la eternidad no sea solamente el desalojo perpetuo de la muerte y la prevalencia definitiva de la vida, sino el ser felices para siempre, comenzando ahora mismo, con todo y a pesar de todo.
Nuestro destino y el de todos es la felicidad, y no hay magia ni instantaneidad, sino espera fecunda y paciente. Nos vamos haciendo día a día, y mejor aún, a cada instante podemos lograrlo, dejando que la palabra nos interpele, nos re-cree y nos transforme, pariendo cielo nuevo y tierra nueva)

Paz y Bien


Cuando el Reino llega




Para el día de hoy (11/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 15-26



(Algunos por celos, otros por sentirse amenazados en su autoridad y su poder, todos ellos se encarnizaban del peor modo contra las acciones y signos que realizaba el Maestro, descalificando permanentemente su obrar -con términos crueles y abyectos- y también, como en este caso, atribuyéndole un origen maligno o demoníaco.
Justamente a Él, que tanto bien había realizado sin pedir ni exigir nada a cambio y sin discriminar entre las gentes. A Él no le importaba tanto que fuera tanto un justo o un pecador, un judío, un gentil o un pagano, sino que por esa compasión de su corazón sagrado sólo buscaba sanar y aliviar las penas de los dolientes.

A todas esas acciones de sanación, en el lenguaje semítico del siglo I, se las denominaba como expulsión de demonios. Como el mejor de los médicos, luchaba con todas sus fuerzas contra la causa de la enfermedad, pero jamás contra el enfermo. 
Y esa salud prodigada a manos llenas no es otra cosa que liberación, humanización plena.
Por ello, no es erróneo afirmar que cada vez que se rompen cadenas, se alivia el dolor, se sanan heridas y se ejerce el respeto humano acontece el Reino de Dios.

Porque el Reino llega cuando mujeres y hombres se vuelve servidores de los demás, florecen en compasión y sucede el milagro de la solidaridad, de mirar y ver, de no desviar la mirada escandalosa e inhumanamente hacia otro lado mientras tantas vidas son aplastadas.

Habrá que ver quienes son los atrevidos, aquellos que se animen a que el Reino llegue, hagan lo que hagan, digan lo que digan. Pues se trata de corazones pequeños pero a la vez fuertes, corazones nunca divididos que no es posible derribar, corazones robustecidos por la fuerza misma del Espíritu, ese amor que no se pierde ni se disipa)

Paz y Bien

Nosotros, esos amigos inoportunos



Para el día de hoy (10/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 5-13




(Como nadie, Jesús de Nazareth se valía de un modo muy especial para enseñar el rostro verdadero de Dios y las cosas del Reino. Toda su existencia es enseñanza -cada gesto, cada palabra, cada silencio-, y así es natural reconocerlo como Maestro; y dentro de su pedagogía particular, que es presencia cordial y cercanía, Él utilizaba las parábolas para una mayor comprensión por parte de sus oyentes, tomando sus elementos principales de cuestiones de la vida cotidiana que, a su vez, eran bien conocidas por sus oyentes.
Ésta es una cuestión que hemos dejado de lado, dialogar con las mujeres y los hombres de nuestro tiempo, desde el Evangelio, y con las cosas que suceden a diario.

Las parábolas también actuaban como un disparador de emociones. Provocan al oyente, desatan preguntas y asombros, especialmente esas preguntas que no nos atrevemos a hacernos -con toda sinceridad- a nosotros mismos.
Así la parábola del amigo inoportuno.¿Quién consideraría a un dios tan raro, que concede peticiones para que dejen de molestarle, más a horas intempestivas?

Pedir, buscar, llamar, con tesón, con insistencia, y por sobre todo con confianza de hijos y amigos.

La oración es motor de la existencia y de la historia, milagro de escucha y diálogo. Tenemos la certeza de que siempre, inevitablemente, seremos escuchados. Es probable que nuestros caprichos y nuestras ilusiones mezquinas queden truncas, y tratemos a su vez de torcer la voluntad de Dios mediante contraofertas piadosas. Pero nunca dejaremos de ser escuchados con atención, jamás hablaremos a una pared, sino a Alguien que tiene un rostro muy personal.

Todos y cada uno de nosotros somos amigos, aún inoportunos, que jamás nos iremos con las almas vacías, librados a nuestra suerte)

Paz y Bien


Un idioma nuevo



Para el día de hoy (09/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 1-4


(Los discípulos le ruegan al Maestro que les enseñe a orar. Muchos estudiosos entienden que, principalmente, ellos quieren una oración que los distinga como grupo religioso, y que a su vez los distinga de los demás, a diferencia de los discípulos del Bautista, de los fariseos, de los esenios y de tantos otros.
Ello, además de razonable, encierra cierta profundidad que también nos alcanza: los cristianos hemos de distinguirnos, entre varias cosas, por la forma en que nos dirigimos a Dios.

Aún así, es dable suponer e imaginar que hay otro motivo más elemental, más básico, pero no por ello menos profundo.

Ellos lo han visto a Jesús, y han descubierto que hay una dimensión que no conocían, la de un Dios asombrosamente cercano y bondadoso. Por ello son insuficientes esas palabras que conocen y que les han impuesto, fórmulas viejas que se repiten pero que no son más que eso, fórmulas vacuas.

Es claro que no quieren intermediarios; ellos intuyen que hay un idioma nuevo propuesto por Jesús de Nazareth, y vige la máxima traduttore/tradittore. Para hablar un idioma nuevo no sirven los intérpretes, sino a propia experiencia de palabras nuevas que se aprenden y, como niños, transmitir verazmente y desde el corazón los deseos y necesidades más elementales.

Por ello Jesús les dá el impulso inicial. Padre. Cielo y tierra. Pan. Perdón. Bendición y liberación. Esas son las primeras palabras de ese idioma nuevo, las palabras fundamentales.
Los discípulos tendrán, desde esa experiencia fundante, todo un camino por recorrer, para conocer y re-conocer a un Dios al que encontrarán en todo momento y en cada esquina, y así -desde la sencillez y la humildad- su léxico se crecerá con palabras de eternidad)

Paz y Bien

Casa de amigos, hogar de Jesús, ámbito de la Iglesia




Para el día de hoy (08/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 38-42



(Jesús de Nazareth vá camino a Jerusalem, decidido y sin vacilaciones al encuentro de su Pasión. Nada puede detenerlo. Pero se detiene en Betania, ya cercano a la Ciudad Santa.
Vale mucho más que el oro cada instante que Él pasa en esa ciudad: está en casa de amigos.

El Maestro no ha tenido casa propia. De niño, vivió en la casa-taller paterna en Nazareth. Ya hombre y en la plenitud de su ministerio, vivía peregrino de los caminos y, a menudo, compartía la mesa a la que era invitado. A veces, se alojaba en Cafarnaúm, muy probablemente en casa de Pedro y Andrés.
Aquí en Betania está a gusto, se siente en su propio hogar, y es una inmensa revelación: la casa de Cristo está allí en donde es recibido fraternalmente, con hospitalaria calidez, en donde se lo escucha con atención y se le habla con natural familiaridad. 

Es la casa cordial de todas las Martas del servicio y las Marías de la escucha atenta, valiosa, del asombro genuino.

Es allí en donde las mujeres -a pesar de todo lo que en contrario hemos opuesto- tienen mucho para hacer, para decir, para decidir.

Es el ámbito en donde, a pesar de los errores, no hay castigos ni recriminaciones, sino palabras bondadosas y comprensivas para que todas nuestras Martas no pierdan de vista lo importante, tan ocupadas y preocupadas por servir.

Es el recinto amplio en donde se escucha en serio, donde hay mucho más que un mero oír, en donde la Palabra sigue asombrándonos.

Es el sitio en donde Jesús se siente a gusto, en donde encuentra hogar, amigos y familia. Es la Iglesia que muchos soñamos)

Paz y Bien

Vocación samaritana



Nuestra Señora del Rosario

Para el día de hoy (07/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 25-37


(Un samaritano era objeto de todos los desprecios: originalmente integrantes de Israel, y a causa de las invasiones asirias y babilónicas, Samaria fue parcialmente colonizada por extranjeros. Esa situación era intolerable para la tradición rabínica, toda vez que, precisamente, un galardón distintivo de Israel era su carácter separado del resto de las naciones y la pureza sin mancha de su raza; así entonces, un samaritano es un impuro, un mestizo, una mancha que la pureza de Israel no soporta.

De una manera provocativa y extraña, el Maestro se vale del ejemplo de un samaritano para enseñar, para realizar una profunda interpretación de la Palabra frente a la requisitoria de un legista, o sea, de un exégeta oficial de las Escrituras.

Mucho se ha escrito y mucho se escribirá acerca de esta parábola maravillosa, y no hay límite en las aguas que de ella podemos beber, pues lo eterno no se acota. 
Aquí solamente nos detendremos humildemente en un aspecto, y es el de la vocación. Vocación no es solamente enderezar las capacidades propias hacia una profesión acorde y exitosa. Vocación es el llamado mismo del Creador, llamado permanente a descubrirnos hijas e hijos, a ser plenos, felices, totalmente humanos.
Así entonces la vocación, necesariamente, es vocación religiosa y no tanto por pertenencia confesional, sino más bien por por el modo de re-ligarnos, por el cómo de re-vincularnos con Dios y con el prójimo.

Entonces ¿quién es mi prójimo?. El término, en apariencia trae la respuesta, toda vez que etimológicamente prójimo remite a próximo, es decir, aquél que está cerca, y aquí precisamente destella uno de los caracteres decisivos, revolucionarios, de la Buena Noticia. Porque para Jesús de Nazareth el prójimo no se resuelve en cercanía física, emocional, religiosa, cultural, nacional, sectaria: el prójimo es aquél a quien yo me acerco, prójimo son aquellos a quienes nos aproximamos/aprojimamos de manera incondicional y sin reservas, prójimo es aquél que está caído y a quien no le preguntamos identidades o pertenencias: prójimo es el necesitado de compasión y de socorro.

Por ello esto tan crucial: la vocación cristiana es vocación samaritana, pues es religión de socorro y misericordia antes que de templos de piedra, es fé que rinde culto a su Dios en el hermano, y en el hermano caído, fé que sólo sabe reconocer a hermanas y hermanos en todas partes, aún cuando en apariencia nada tengan que ver con nosotros.

Esta vocación es descubrir lo eterno, a Dios mismo, aquí en estos arrabales. Porque el cielo se decide y edifica en el aquí y el ahora, y el Dios de Jesús de Nazareth se ha encarnado en la historia humana misma, Dios que se encuentra en el otro, en el caído, Reino que florece en la compasión, religión verdadera, religión primera)

Paz y Bien

Gente así



Para el día de hoy (06/10/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 5-10


(Los discípulos sabían que tenían una fé vacilante, voluble. Era una fé desprovista de confianza e incapaz de cualquier asombro, y allí radicaba su imposibilidad manifiesta de ser partícipes plenos del Reino de Dios inaugurado por Jesús de Nazareth. Es por ello que renegaban -a veces abiertamente, a veces en silencio- de esa novedad que el Maestro les traía, tal era su aferrarse a tradiciones que creían inamovibles, a posturas de gloria y poder, a modos mesiánicos. No les resultaba nada fácil seguir a ese loco galileo.

Por eso piden, ruegan, suplican que el Maestro les aumente la fé, y es dable entenderlo, es razonable. Quieren alcanzar la altura que ellos consideran necesaria para estar acordes a las enseñanzas de Jesús.
Aún así, están equivocados. La fé no es mensurable ni se acumula al modo mundano.
Fé es don y misterio, fé es saber que la vida de Dios puede germinar en nosotros de modo incondicional -pura Gracia-, y que desde esa fé todo es posible, mover montañas, trasladar árboles al mar, cambiar el mundo, desde la pequeñez misma de un grano de mostaza, que por pequeño no es inútil. Lleva escondida una fuerza impensada.
Hay gente así.

Muchos adherentes, simpatizantes y partícipes de dogmas, creencias, corrientes y familias religiosas. Pero creyentes hay pocos.
Hay gente así.

Gente que no se dá importancia, que sabe que no hay imposibles, gente que se reconoce grano de mostaza con destino de árbol frondoso, gente que no desdeña roles de profecía, funciones de protagonismo y liderazgo, pero que sinceramente, prefieren pasar inadvertidos por la vida, haciendo el bien constantemente, sin que nadie se dé cuenta de su participación, esforzada gente que no quiere figurar, ni busca el aplauso, que celeba la vida en los pequeños gestos de compasión y cortesía, que renuevan la faz de la tierra por la fuerza que los impulsa y no por sus méritos acumulados, gente que se considera siervo inútil, es decir, gente que se hace y se realiza cuando, al momento de devolver estas existencias que nos han cedido en bondadoso comodato, la regresan florecida como mínimo agrdecimiento, gente que no busca recompensa, mujeres y hombres invisibles y silenciosos, y que sin embargo, sin ellos la vida sería intolerable)

Paz y Bien

De júbilo y gratitud




Para el día de hoy (05/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 17-24



(Los setenta y dos enviados a anunciar la Buena Noticia a los cuatro rumbos, regresaban donde el Maestro encendidos de asombro, y no exentos de cierta euforia. Todo lo que habían realizado en su Nombre y no hubo traba, obstáculo ni impedimento -por más fuerte o fiero que se apareciera- que pudiera detenerlos o impedir el cumplimiento de su misión.

Y Jesús de alegra con ellos también. La alegría se agiganta cuando se comparte.

Sin embargo, debe enderezarles un poco las ramas nuevas de esto que les está creciendo. Porque el éxito puede entrañar ciertos peligros, la minimización del mensaje, cierto pragmatismo estéril, la vindicación de una victoria que supone muchos derrotados. Esa mística de gloria mundana nada tiene que ver con los sueños de Jesús de Nazareth, con una realidad que late a cada instante.
Porque el motivo de júbilo no es el mal que retrocede, las cadenas que se rompen, esos milagros tan patentes; todo ello es valioso, pero es signo de otra realidad aún mayor, más trascendente y decisiva. 
Así el motivo veraz de todo júbilo, la causa primera de toda alegría en ellos/nosotros, es compartir en plenitud la vida misma de Dios.

En cada palabra dicha, en cada gesto de bondad, en cada acción de liberación y santidad se intuye que ese Dios Creador no está tan lejano como se lo suponía. Dios se ha encarnado en ese Cristo, hijo de María de Nazareth, Dios se ha hecho historia, humanidad, tiempo, uno de nosotros entre nosotros.
La eternidad se conjuga en el aquí y el ahora, a pesar de cualquier nubarrón que amenace, a fantástica contramano de cualquier dolor, derribando los muros de rutina y resignación.

Cuando eso ocurre, la existencia cobra otro significado decisivo, el sabernos queridos por Dios con afecto de Padre y de Madre también, aún cuando el espejo nos devuelva una tosca imagen de miserias y mezquindades. 
Todos -sin excepción- estamos cobijados y guardados en las honduras mismas del corazón de Dios.

Ese Cristo jubiloso se estremece porque, como nadie, descubre la mano bondadosa de Abba Dios en todas partes. 
Y más aún: contrasigno de un mundo torpe, la gloria de Dios se manifiesta en los pequeños, en los excluidos, en los pobres, en los que nadie tiene en cuenta, nó en los satisfechos de sí mismos, no en los acomodados, nó en los que se encierran en pétreas estructuras religiosas que a tantos rechazan.

Ese júbilo, esa alegría tan abundante como el pan que se comparte y no se acaba, es motivo de agradecimiento, de gratitud que se renueva frutal.

Entre tanta lectura nimia de ideologías y electoralismos, quizás nos falte reconocernos deudores perpetuos de esa bondad que nos llueve. Esa deuda ya está definitivamente saldada a precio de vida por el sacrificio inmenso del Maestro en la cruz.
Y así, volvernos militantes mansos de la gratitud que se expresa con generosidad y desinterés, sin ganas de figurar, sólo movidos por el bien del prójimo, devotos perpetuos de la compasión y la solidaridad que se expresa siempre en los demás, tan hijas e hijos de Dios como cada uno de nosotros)

Paz y Bien


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