Realidad transformada



Para el día de hoy (30/11/13):  
Evangelio según San Mateo 4, 18-22



(Ese Cristo caminante por Galilea es una constante que supone mucho más que una mera información geográfica.

Por ubicación y por historia, Galilea y sus habitantes estaban siempre bajo sospecha, cuando no bajo un abierto desprecio. Periférica a la metrópoli de Jerusalem, en varias oportunidades fué ocupada por los invasores de Israel, los que dejaron colonias y huellas culturales en sus poblados. Así entonces, sobre la provincia oscilaba de modo permanente la sombra de la contaminación extranjera, del cumplimiento fallido de la Ley mosaica; por ende, los galileos eran, en el mejor de los casos, ciudadanos de segunda o tercera categoría de los que nada bueno podía esperarse.

Desde la misma periferia, allí en donde nada nuevo ni bueno se infiere ni justifica, en los bordes mismos de la existencia pasa Jesús de Nazareth anunciando la mejor de las noticias, el tiempo nuevo y santo que se crece entre nosotros.
No es un rey conquistador, ni un líder que impone ideologías a base de la fuerza. Es un hombre que pasa a orillas del lago de nuestras vidas, por la costa misma de lo que somos con una invitación que no puede pasarse por alto, y que es muy difícil de rechazar pues Aquél que invita reconoce la propia condición, todo eso que somos y el modo en que somos, y sus inefables ganas de que todo ello se vuelva pleno, total, feliz.

Por eso mismo Simón y Andrés, Santiago y Juan -todos ellos pescadores de oficio- son invitados a seguirle para ser pescadores de hombres.
No se trata del habitual coraje, ataquen. Es ante todo ir con Cristo, quien es el que encabeza la marcha, quien vá por delante. El llamado por pares es también un signo de que el llamado no es individual, que solos no podemos, que se trata de ir con otros para arribar al puerto del nosotros.
Pero no hay un renegar de la propia identidad. Jamás. Se trata de transformar la propia realidad y de trascender/se, de aceptar que esto que somos puede ser eterno, fermento que todo lo cambia.

Los expertos pescadores se transforman -de la mano de Cristo- en pescadores de hombres, en precisos rescatadores de pequeños peces con vida, aquellos que están a la deriva en el embravecido mar de un mundo tan a menudo cruel y sin sentido)

Paz y Bien

Lectores de los tiempos




Para el día de hoy (29/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 29-33


(La objetividad absoluta es prácticamente imposible en el acontecer humano. Siempre se trata de una persona -un sujeto- que vé, mira y piensa, y ese desde sí mismo vá a ser condicionante de la interpretación a la que arribe, es decir, se entrelazan vivencias, cultura, raíces, espiritualidad, psiquis.

Por limitaciones propias de quien escribe, y porque no está en las presentes líneas la necesidad de una reflexión filosófica, nos detendremos por un momento en la faz espiritual- Esa cuestión dirime, en gran parte, la trascendencia a la que se atreva cada uno de nosotros individualmente y, mejor aún, como comunidad que se nutre entre sí. 
Porque lo espiritual y trascendente posee como uno de sus rasgos principales el no quedarse en la superficialidad, el animarse a ir más allá de las apariencias, a dirigir la mirada a otra distancia pues a cada instante hay señales que nos conducen a una verdad que resume y resignifica la historia.

Esa verdad es que Dios no se ha desentendido de su creación, que sigue enamorado de la humanidad, que está cerca, muy cerca, al alcance de toda mujer y de todo hombre de buena voluntad.

Para esta vocación universal de ser atentos lectores de los tiempos hay una conclusión mayor, y es precisamente la esperanza. Con todo y a pesar de todo, a pesar de nosotros mismos quizás.

Porque la historia, aún en sus años más luctuosos, aún en los tiempos más oscuros, está fecunda de eternidad.

El Reino está aquí entre nosotros, ya, ahora mismo, y hay una invitación a ser edificadores que no tiene fecha de vencimiento)

Paz y Bien


Otro tiempo está llegando



Para el día de hoy (28/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 20-28



(Imágenes de horror. Cataclismos cósmicos, terribles tambores de guerra, el sonido atronador de todas las miserias que devienen en luto, en angustia, en opresión, en descenso brutal de la condición humana. 

Pareciera que a medida que transcurren los siglos se vá perfeccionando -meticulosamente- la capacidad de hacer daño, de lastimar y suprimir a los demás. No siempre se trata de armas de fuego; existen otros métodos tan violentos como los de éstas, el destrato, la exclusión, el desprecio, el abandono, el ninguneo de oír pero no escuchar a nadie excepto a la voz voraz del propio egoísmo.

Para los contemporáneos de Jesús de Nazareth esto se agravaba, pues su centro se ubicaba en ese Templo enorme habitado por su Dios, el mismo que les brindaba identidad y carácter. Ese Templo sería reducido a escombros por las legiones de Tito y Vespasiano, y muchos de los jerosolimitanos pasados a cuchillo o vendidos como esclavos.

Todo ello, tempus fugit, cronos que se escurre inexorable como arena entre los dedos.

Con todo y a pesar de todo, la Encarnación es el misterio asombroso que inaugura el tiempo nuevo de Dios y el hombre, tiempo de Niño Santo, tiempo de vida que se expande humilde y silenciosa pero imparable.

En la noche más cerrada, en los lapsos de mayor dolor y oscuridad, una mínima luz se hace imposible de apagar. 
Cristo está llegando, Dios que sale al encuentro de los extraviados, de los que no pueden más.

Otro tiempo está llegando, ad-viene, y hay que permanecer fieles, con la mirada en alto, porque nos está naciendo -aún con tantos dolores de parto- nuestra liberación)

Paz y Bien

Motivos de preocupación



Para el día de hoy (27/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 10-19



(Ya desde los tiempos de su ministerio, Jesús de Nazareth advertía a los suyos acerca de las persecuciones y hostigamientos que iban a sufrir los suyos a causa de la Buena Noticia. Es un horror mayor. Discípulas y discípulos serán perseguidos, a menudo con brutalidad y otras veces con militante desprecio, no sólo por los poderosos de este mundo. En muchas oportunidades también los causantes de sus penas serán justamente aquellos que consideraban propios y cercanos, y allí el dolor y la frustración son dobles.

Pero en todos los casos, trasciende y se mantiene en pié quien se mantiene fiel, pues Dios no deja de pensarnos, de querernos, de sostenernos frente a cualquier temporal, y ni siquiera harán falta discursos grandilocuentes. Él hablara por nosotros y a través de nosotros, con la elocuencia y la contundencia propias de la verdad.

Tampoco, es justo decirlo, es bueno y dable ansiar dolores y sufrimientos. De allí a imaginar que a Dios eso le agrada hay sólo un paso. Ningún Padre quiere el mínimo dolor para sus hijos, y esas ansias posibles responden más a una falsa imagen de Dios y a cuestiones psicopatológicas.

Porque lo que verdaderamente importa es ese Dios que sueña y se desvive por nuestra felicidad, nuestra plenitud.

Por ello, los reales motivos de preocupación han de ser para nosotros los tiempos aquellos en que nunca pase nada, en que todo transcurra en una calma desabrida, en comodidades perecederas, en una rutina que nos vá carcomiendo el alma.
Porque la fidelidad a la Buena Noticia necesariamente ha de chocar, producir inquietud, asomarse como peligro a eliminar a los poderes de este mundo.

El amor, la justicia y la misericordia son peligrosos)

Paz y Bien


Espacios sagrados




Para el día de hoy (26/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 5-9



(Para la fé de Israel, el Templo era su centro primordial, lugar en el que habitaba su Dios y en el que, mediante el ritual preciso, era posible encontrarse con Él y obtener sus favores. De allí también, en parte, la necesidad de que fuera imponente, magnífico, deslumbrante, un faro dorado que atrajera a toda la nación judía, tanto la Palestina como la de la Diáspora.

Sus mismos discípulos eran totalmente dependientes de esas ideas: el Templo les brindaba certezas y seguridades, aún en esos tiempos en que agobiaba la presión ejercida por el opresor romano, y por tantos que anunciaban tiempos finales. En cierto modo, el Templo les espantaba angustias y les ofrecía un espacio sagrado y trascendente que no podían hallar en el transcurrir diario. De allí el ánimo de hacerle cambiar de ideas a Jesús, comentando las bellezas, la pompa y los lujos evidentes de ese sitio enorme.

La profecía del Maestro los golpea con toda crudeza. Les preanuncia con exactitud que el Templo sería derribado años después, quedando reducido a escombros. De ello se encargarían las legiones de Vespasiano y Tito, aproximadamente por el año 70 dc.
Pero también los previene contra todos aquellos mensajeros falaces de horrores, de tormentas finales, portavoces necios de dioses falsos, embajadores plenipotenciarios de miedos coactivos.

Lo que permanece inalterablemente vivo y vivificante es la Palabra. Todo lo demás -hasta lo mejor cimentado, hasta lo más firme- dominios, imperios, sitios, templos y situaciones, mundos abrumadores y cielos perpetuamente oscuros han de pasar. Más la Palabra permanece.

En el tiempo definitivo de la Gracia, nuestro espacio sagrado es el Corazón de Jesús)

Paz y Bien

No es para precavidos



Para el día de hoy (25/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 1-4



(Paradójicamente, entonces y ahora nadie daría un centavo por las dos moneditas de cobre arrojadas a la alcancía del Templo por esa viuda pobre, desamparada. 
Pero en esa insignificancia aparente, hay un misterio escondido de valor profundísimo que sólo el corazón sagrado de Jesús puede descubrir.

Ese misterio revelado quiere decir que todo tiempo se decide y resuelve en el presente, especialmente cuando con la desmesura del amor y la locura de la solidaridad las cosas se hacen sin reservas, a pura entrega cordial, sin especulaciones y -horror de horrores- sin precauciones. Porque el Reino no es para precavidos que, tal vez, nos animemos a alguna que otra acción pero siempre tenemos alguna resto escondido por si las cosas van mal.
Esa es la mundana lógica de la especulación, del sí a medias y con condiciones, de la emoción pero vamos a ver, de la ampuloso gesto de donar los sobrantes.

Pero el Reino es ilógico, y es pura desmesura, como el vino de Caná, como las cestas del pan compartido y multiplicado, como la frutal Gracia que nos llueve mansa, como la desbordante y asombrosa misericordia que sostiene al universo.

Así la viuda pobre ofreciendo todo lo que tenía para subsistir, es decir, ofreciendo sin reservas su propia existencia es la levadura humilde que todo lo transforma, es la pequeñez insobornable que conmueve las entrañas de Dios, es el darse sin medidas del mismo Cristo, sea cual fuere la consecuencia.

Arrojar estas pequeñas moneditas que en verdad somos es sembrar un futuro desde un presente que germina distinto, incondicionalmente, con todo el corazón y toda el alma, con la confianza fundante del mandamiento mayor de amar a Dios y al prójimo por sobre todas las cosas)

Paz y Bien

Cristo, un rey imposible



Jesucristo, Rey del Universo

Para el día de hoy (24/11/13):  
Evangelio según San Lucas 23, 35-43


(La escena es demoledora: tres hombres son ejecutados en el Gólgota con siniestra precisión romana.
En ese lugar son ajusticiados, y el término no puede ser más exacto, pues sus verdugos suponen estar haciendo un acto de justicia.

Jesús agoniza en ese madero, rodeado de malhechores, como un criminal abyecto. Es la imagen patente de la derrota total. 

La multitud observa silenciosa, con neutralidad tibia y acomodaticia. Ese silencio es más que conveniente, no vaya a ser que se corra su misma suerte.

Los dirigentes religiosos y los soldados -signos del poder ejercido, de la fuerza impuesta- se burlan y lo ofenden. Habla de un Reino pero no exige poder ni gloria. Desoye los reclamos de los suyos de ser coronado y gobernar la tierra de Israel. Se hace servidor, realiza tareas propias de los esclavos, se junta con los despreciados, con los que es menester dejar de lado, con los que es mejor no encontrarse.
En cambio de reivindicar las glorias de un Dios inaccesible y lejano, predica a un Dios tan cercano que es Padre y es Madre y habita en los corazones que se lo permiten, un Dios enamorado de su creación, un Dios que se pone abiertamente del lado de los débiles, de los pobres, de los pequeños.
En síntesis, un blasfemo peligroso pues trastorna todas las creencias firmes, y se niega a reconocer al César como un dios. Las cosas del César son del César...las de Dios son bien distintas.
Hasta uno esos malhechores, compañero de sufrimientos, le reclama un escape a ese momento terrible.

Sin embargo, a pesar del horror y del espanto, el otro condenado intuye que hay otra realidad muy distinta a esa noche cerrada y dolorosa. Y sabe bien que con ese galileo manso y bueno se está cometiendo la peor de las injusticias, pues toda su vida ha sido pura bondad.

Y no se calla. En cambio de llamarlo Maestro, Cristo, Mesías o Hijo de David simplemente lo llama Jesús, y en ese reconocimiento de su plena humanidad está también íntimamente entrelazado el reconocimiento a su realeza, rey del universo comenzando por el hoy de los corazones. Porque la Salvación acontece en el aquí y el ahora, por ello el primer ciudadano pleno del Reino será ese marginado, el único por entre todos los presentes capaz de tomarse muy en serio -tan en serio como la misma esperanza- que allí no hay un delincuente ni un derrotado. Allí hay un hermano que puede abrir las puertas definitivas del para siempre, allí hay un hombre de cuerpo quebrantado y corazón infinito que tiene todas las respuestas, que muriendo vivirá para siempre.

Este Cristo es un rey imposible para lógicas y razones, ajeno por completo a coronas, pompa y boato.
Es un rey humilde que sólo puede reconocerse en la cruz, una cruz que tiene un brazo apuntando siempre hacia el cielo, y otro brazo perpetuo hacia los lados, hacia los demás, congregando hermanos, urdimbre santa de cielo y tierra.
Por ello la Resurrección será victoria de Dios y el hombre, por ese Cristo que es rey de todos los corazones que se atreven a seguir vivos en plenitud, a pesar de todas las cruces)

Paz y Bien


Con la muerte en fuga



Para el día de hoy (23/11/13):  
Evangelio según San Lucas 20, 27-40



(En apariencia, la discusión entre un grupo de saduceos y el Maestro intenta aclarar un nudo exegético que para ellos es muy importante, la llamada Ley de Levirato, aunque sin dudas también es probable que exista cierta intencionalidad oculta de desacreditar a Jesús de acuerdo a la respuesta que Él brinde.

Porque el silogismo que sostienen es falaz, lleva engañosamente implícita la respuesta que buscan, inclusive más allá de la situación casi absurda que se plantean.

Los saduceos eran una élite aristocrática y laica de creciente influencia política y social por el inmenso poder económico que poseían. Es por eso mismo su rechazo a cualquier idea de una vida postrera, y lo es por una cuestión evidente: no les importa demasiado el más allá, pues en el más acá están cómodos y satisfechos, a sus anchas. Se puede entrever que aceptarían un sucedáneo -al modo de la absurda argumentación de la viuda sin descendencia- sólo y si la muerte implicara una continuidad absoluta del confort y del bienestar del que disfrutan.

Pero la muerte no es solamente un accidente biológico, ni algo inevitable y ominoso que a todos nos espera.

Desde Cristo, desde su Pasión y su Resurrección la muerte está en fuga, y el morir es, por bondad de ese Dios asombroso, éxodo y Pascua.
Es don y es misterio, es el paso a la plenitud definitiva. Sin embargo, no se recibe pasivamente, ni tampoco es producto de los méritos acumulados.

Es una sintonía insondable de amor de ese Dios que sólo vé hijas e hijos, y es por ese afecto infinito que nosotros tenemos la certeza que nunca moriremos del todo, y que el horizonte ofrecido es reencuentro y felicidad plena)

Paz y Bien

Corazones mercantiles



Para el día de hoy (22/11/13):  
Evangelio según San Lucas 19, 45-48




(Él había entrado a Jerusalem, fiel hasta el fin a su vocación, al Reino, a los sueños de su Padre.
En la Ciudad Santa estaba ese Templo enorme y fastuoso, que era el centro espiritual de toda la nación judía, la de Israel y la de la Diáspora. Pero se había encontrado en sus atrios a toda una turba de cambistas de monedas de diverso origen y de comerciantes que vendían animales para los sacrificios que el culto exigía. Eso lo enciende de furia, y comienza a derribar las mesas de los cambistas y a abrir los corrales de los animales, pues habían transformado una casa de oración en una cueva de bandidos, aquello que estaba señalado como espacio sagrado, por puro interés. lo convirtieron en espacio banalmente profano.

Pero el Templo no es sagrado por sí mismo, por la sacralidad de sus construcciones sino más bien por Aquél que lo bendice y habita, Aquél que le otorga trascendencia. Aún así, el problema real radicaba -siempre lo hace- en los corazones de las personas.

Todo ese circo malsano hubo de montarse en beneficio económico de unos pocos, y a su vez respondía a una teología retributiva, es decir, al tira y afloje religioso de las cosas que podemos arrancarle a Dios mediante el cumplimiento estricto de algunas prácticas cultuales específicas, a esa piedad del trueque y las recompensas obtenidas.

La Encarnación es misterio insondable de amor en donde se entrecruzan el tiempo y la eternidad en la persona de Jesús de Nazareth, Dios hecho hombre, uno de nosotros, el más humano de todos. Es don, es oblación incondicional, asombrosamente gratuita.

Ni dos vidas ofrecidas por entero pueden obtener un sólo segundo de eternidad. Es el tiempo de la Gracia, de la desproporción, del amor más allá de todo mérito, y la Pasión refrendará a precio de sangre esa verdad.
El templo verdadero es Cristo, y por Él cada mujer y cada hombre son templos vivos del Dios de la Vida.

Nosotros nos debemos algunos desalojos, abandonar este comercio torpe de recompensas pretendidas y el permitirnos la contradicción de liberar a Dios de esos templos en donde lo hemos encerrado tanto tiempo, para volver a rendirle culto primero en el hermano)

Paz y Bien


La Niña Templo



La Presentación de la Santísima Virgen María

Para el día de hoy (21/11/13):  
Evangelio según San Mateo 12, 46-50



(El Templo es enorme, majestuoso, revestido de oro, un polo refulgente que es el centro del universo de Israel. 
Allí en Jerusalem las multitudes van y vienen de toda la nación judía y también desde la diáspora, pues es obligación y es necesidad peregrinar al Templo en búsqueda de su Dios, al que allí encuentran.

Ella es una pequeña niña judía de la mano de sus padres, casi invisible entre la multitud, una nada en medio de ese Templo gigante.
Aún así, Ella será más grande que ese Templo y que todos los templos de todos los tiempos.

Ella misma se convertirá en Templo santo de Dios, insondable milagro de amor de un Dios que se encarna, que se hace hombre, que se hace próximo, que se hace hermano.
Ella es Templo porque la Palabra la habita, porque se deja transformar por esa Gracia asombrosa, porque confía aún cuando su razón no alcance a comprender.

El Hijo que un día tendría, sería enteramente de Ella y, por eso mismo, un Hijo de todos, un bebé santo por el que todos los niños son sagrados, por el que la vida se sacraliza. En Ella se crece silenciosa e imparable la Salvación que ha aceptado, por eso será feliz por siempre, a pesar de la espantosa sombra de la cruz.

Porque antes que Madre, Ella es hija, es hermana y es discípula, y sus pequeños pasos de niñita conmueven hasta las entrañas la majestuosa eternidad de Dios)

Paz y Bien


El riesgo necesario



Para el día de hoy (20/11/13):  
Evangelio según San Lucas 19, 11-28



(La parábola que nos brinda el Evangelio para el día de hoy proviene de un género alegórico el cual, sin darle una adecuada trascendencia, nos limita a una linealidad torpe y contraria a las enseñanzas de Jesús de Nazareth.
Siguiendo esas razones, nos estancaríamos en una espiritualidad que justifique teológicamente desigualdades, desigualdades que por tanto está muy bien que las prorroguemos y prolonguemos entre nosotros, que es deseable la especulación financiera antes que el trabajo, y que Dios es un puntual castigador, cruel y vengativo.

Más en realidad todo debe leerse en clave de la Pasión que Jesús está a punto de vivir, cruz, muerte y Resurrección, clave de todo destino.
Así no se trata de indagar tanto acerca de los bienes recibidos ni tampoco de un juicio final que todos esperamos -rendición de cuentas mediante- sino de qué hacemos, como discípulos y hermanos de ese Cristo, con este don valioso que se nos ha dado, la vida misma.

Por el misterio de la Encarnación, estamos estrechamente unidos a ese Dios que se ha hecho uno de nosotros, y con Él nos volvemos partícipes de la creación. Por ello es menester tomar riesgos, florecer la existencia, no esconder los talentos, no enterrarse por temor, sino hacer que lo que se nos ha dado -y no nos pertenece- podamos devolverlo, orgullosos y felices, al tiempo de la cosecha al Viñador que nunca nos abandona)

Paz y Bien 

 

La rebelión al qué dirán



Para el día de hoy (19/11/13):  
Evangelio según San Lucas 19, 1-10



(Ese hombre colgado de las ramas del sicomoro para tratar de entrever al Cristo que pasa por en medio de la multitud era jefe de publicanos, es decir, jefe de los recaudadores de impuestos.
El odio profesado por sus paisanos hacia él era muy enconado, pues estos hombres recaudaban tributos para el ocupante imperial romano y se valían de prácticas extorsivas y corruptas en sus funciones que les devengaban ingentes fortunas.

Este Zaqueo es de baja estatura, y es dable suponer que no se trata solamente de una cuestión física, sino más bien de una cortedad ética y moral. Sin embargo, rico y poderoso, está inquieto. Lo que tiene no lo satisface, y por ello hace cosas inverosímiles como retreparse a ese árbol, en busca de ese galileo famoso del que tanto se comenta.

Tengamos en cuenta que los publicanos, aún siendo judíos, sólo tenían vida social con sus pares: su misma actividad los volvía impuros absolutos para la Ley de Moisés. Y para sus compatriotas, tenían el mismo valor moral que las prostitutas. Con semejante estigma -quizás, razonablemente adquirido a costa del sufrimiento ajeno-nadie en su sano juicio se acercaría a ellos, sujetos irredimibles.

Para el Maestro, nada de esto cuenta. Y mucho menos, las murmuraciones de los demás. Él es un rebelde total del qué dirán, nada ni nadie impedirá su fidelidad al proyecto de su Padre. Y este llamado al que estaba perdido, esas ganas imperiosas de estar en su casa, es el deseo de Dios de habitar los corazones de todas sus hijas e hijos. Por eso la delicadeza de Jesús al invitarlo a bajar del sicomoro, es mensaje para esa abigarrada multitud en la que estamos todos nosotros también.

Porque nos vamos cerrando, impidiendo a tantos Zaqueos acceder a la Buena Noticia, un Cristo caminante que los busca y los espera sin descanso, en el hoy de la Salvación, aquí y ahora)

Paz y Bien

Las cosas por decir



Para el día de hoy (18/11/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 35-43




(Si nos dejamos llevar por el episodio narrado en el Evangelio para el día de hoy, dos cosas sobresalen nítidas. Una, los gritos confiados y crecientes de ese hombre ciego, mendigo a un costado del camino. La otra, la disponibilidad de Jesús de Nazareth para escuchar a quien le suplicaba, a pesar de los esfuerzos de varios por acallar al molesto gritón.

El ciego a la vera del camino no utiliza términos muy precisos en su clamor: cuando llama al Maestro Hijo de David -título que Jesús rechazaba- demuestra que es parte de la mentalidad religiosa imperante en su tiempo, y es que el Mesías esperado sería de la nobleza proveniente de la Casa Real de David, es decir, de dinastía davídica, un rey muy de carne y hueso. Y a pesar de ello, y a pesar de sus ojos imposibilitados, el quiere ver a ese Cristo del que tanto ha escuchado hablar, de las cosas asombrosas que ha realizado por toda galilea
Sus gritos son una molestia, como son incómodos los gritos de los dolientes, de los pobres, de los que sufren, de los molidos por la injusticia. Porque esas voces nos recuerdan en las honduras de la conciencia a aquellos que pasamos de largo, nuestras omisiones, nuestras comodidades, nuestro espantoso conformismo.
No hay modo: a medida que se lo pretende reducir al silencio, el ciego grita cada vez más fuerte, y los ayes jamás dejan de ser escuchados con atención por el Señor.

Ese hombre grita en su soledad, grita desde su dolor pero también grita porque confía. No es exacto en sus palabras -es controversial cuanto menos el modo de llamar al Maestro-, pero tiene más fé que todos aquellos juntos que intentan solaparlo.

Las cosas por su nombre. Uno de los grandes aportes del psicoanálisis es la verbalización de lo patológico, como modo de comenzar el sendero de la remisión. Y de un modo más sencillo, podemos afirmar que es menester reconocer la propia enfermedad para sanar. Las cosas hay que decirlas sin ambages sin pretendemos curarnos.

Porque el Salvador está pacientemente esperándonos, y no deja de prestarnos atención ni de estar disponible a pesar de tanta bulla, de esas ganas de escondernos. La primacía, el primer paso, el acercarse es siempre cosa de Él, y basta confiar un poco para que comiencen a ocurrir los milagros)

Paz y Bien


El costo de la fidelidad



Para el día de hoy (17/11/13):  
Evangelio según San Lucas 21, 5-19




(Hay muchos que aprovechan las profecías para meter miedo, para ensombrecer horizontes, para poder atenazar corazones. A menudo es una cuestión de dominio, de sometimiento, pues el miedo así planteado paraliza y por lo tanto es factor poderoso.

Tampoco es menester arribar al otro extremo de la indolencia pueril. Eso es negarse a leer los giros de la historia, las señales. 
El problema comienza cuando los signos de los tiempos, que son señales, medios, se tornan en interpretación espúrea de fines en sí mismos. Porque las calamidades que han sucedido, las que abundan y las que vendrán son consecuencia directa del mal obrar humano.
Siempre se cosecha lo que se siembra.
Por ello esos estertores tan terribles son signos de un mundo inhumano que llega a su fin determinado desde su mismo comienzo malsano. 

Todo se resuelve en la fidelidad, por eso nuestros orígenes espirituales tienen memoria primera de cruz, de amor hasta el final a pesar del horror, de permanecer fieles a pesar de los espantos.

Inevitablemente, vivir en plenitud el Evangelio implica peligros muy ciertos, pues todo eso es muy mala noticia para los poderosos de este mundo. Inclusive, para aquellos que se encaraman en las cumbres de los poderes religiosos. Nada duele tanto como el golpe propinado por aquellos que uno considera propios.

Fé y fidelidad tienen la misma raíz etimológica y espiritual. Porque el Dios de Jesús de Nazareth, con todo y a pesar de todo, sigue creyendo y confiando asombrosamente en nosotros.

Nunca estaremos solos. En Dios está nuestra suerte, nuestro destino.)

Paz y Bien

Plegaria tenaz



Para el día de hoy (16/11/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 1-8



(La parábola que nos ofrece el Evangelio para el día de hoy nos puede resultar pintoresca y hasta grotesca, pero -sinceramente- no nos es para nada ajena.

Aquél cuya función es hacer cumplir la ley y, por ello mismo, proteger ante todo a los débiles y desamparados, nada le importa, sólo él mismo. No tiene vínculos trascendentes ni personales, sólo su posición cómoda.Y así parece que nada lo conmueve ni hará modificar su tergiversada voluntad.

Esa mujer es el símbolo de los desprotegidos. Por ser mujer, en la Palestina del siglo I, carece legalmente de derechos. Y por ser viuda, no tiene un varón que la defienda y proteja. Sólo cuenta con su insistencia, su tenacidad, su corazón que no se resigna jamás ante la injusticia, aún cuando el destinatario de sus ruegos se desentienda de todo.
Pero ella no se rinde, aún cuando aceche la desesperación. Y así obtiene justicia, más no producto de la equidad del funcionario, sino por el fastidio y cierto temor de éste.

Ella, con todo y a pesar de todo, confía y permanece fiel. No abandona, no se abandona, no se rinde.

En esa fidelidad y en esa confianza se decide la vida cristiana, y más aún, la misma Iglesia cuando permanece de pié y habla por los que no tienen voz, por los que nadie escucha. Y que no se queda en ello: ora sin cesar, porque la oración es hacer propios los sueños de Dios, es vivir en plenitud su proyecto eterno, es sintonizar cada día la vida que no se termina.

Y también podemos arriesgarnos sin temor a afirmar que muchas viudas -pequeñas, invisibles, tenaces y fieles- siguen sosteniéndonos la esperanza y el hambre de justicia con esas plegarias constantes y permanentes, esas abuelas que oran sin cesar por todos, y que tan a menudo las consideramos como un accidente del paisaje o no las vemos, pero que sin embargo son savia y sal para todos nosotros)

Paz y Bien

Cuestiones de vida o muerte



Para el día de hoy (15/11/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 26-37


(Pueblos y culturas manejan de diversos modos su sentido del tiempo. A veces, como un devenir organizado, un transcurrir rigurosamente pautado, una rutina normada. Otros -especialmente a partir del siglo XX- mediante el uso de la propaganda apoyada en los avances tecnológicos, como modo espúreo de controlar estados de ánimo masivos, determinando angustias y prioridades falaces para luego instalar agendas, es decir, instaurar prioridades que no son tales, sino que responden a la cruda realidad de la perpetuación del poder establecido. 
En medio de ello, varían las modalidades y suele acentuarse la indiferencia, la que en muchos casos es el mal menor pues implica menos agobio. Esa indiferencia es el sendero circular de la rutina que no lleva a ninguna parte, pues en realidad jamás uno se pone en marcha.
Pero en los extremos, cuando todo se torna insoportable, pueblos y culturas imaginan finales, finales mayestáticos y espectaculares, que en plano religioso implica la intervención directa y definitiva de Dios, Apocalipsis o Parusías del Día Divino, del final de la historia doliente tal cual se la conoce.

En todos los casos y más allá de toda razón, Jesús de Nazareth inaugura un tiempo nuevo, un tiempo santo, tiempo de Dios y el hombre -kairós- que es muy distinto al tiempo habitual al que nos acostumbramos y que cuantificamos y medimos -chronos-.

 Kairós es historia fecunda, tiempo re-creado, vida en expansión, regreso y reencuentro ciertos. Es Misericordia que sustenta asombrosamente al universo.

Porque Cristo ha de regresar de modo definitivo, y ya lo está haciendo en los suyos, en esa familia mística que llamamos Iglesia.

Aún con los que puedan alcanzar mayor longevidad, nuestro tiempo humano es corto, escaso, muy limitado. Apenas somos una brecha de tiempo que está de paso, y es lo que nos cuesta aceptar, esta medianía de la existencia. Sin embargo, ello posee certezas de vida o muerte. Porque en la ilógica del Reino, todo se pierde si no se dá incondicionalmente, y el primer desperdicio es la propia vida, y es menester decidirse a dejarse envolver por el narcótico demoledor de la rutina o animarse a hacerse ofrenda, paz y bien para los demás.

No se puede vivir mirando atrás, estatuas de sal que se aferran al pasado, rechazan transformar el presente y soñar el futuro.

Él volverá en cualquier momento.

Al fin y al cabo, hemos nacido en plena noche, en la noche más cerrada de la cruz, cuando nadie podía esperar ya más nada, cuando todo parecía definitivo, allí nacíamos al fin de los imposibles, la Resurrección, la vida que es eterna, que prevalece, historia grávida de Gracia dispuesta al parto, que no al sepelio, pura esperanza)

Paz y Bien

Cerca, muy cerca



Para el día de hoy (14/11/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 20-25



(No lo encontraremos descollando señales espectaculares, nada de eso. No tiene nada que ver con estructuras de mando, gobierno y poder, con manifestaciones masivas, con el estruendo de la cuantificación, con una fé imperial. No llega por la acumulación piadosa. Y por sobre todas las cosas, no tiene vínculos directos con méritos pretendidos o efectivamente cumplidos.

Tiene, ante todo, el perfume de lo gratuito, de lo que se regala sin pedir nada a cambio. Don y misterio insondable, es el tesoro escondido en el campo, es la perla más valiosa que todo lo transforma. Es cuestión primordial de amores.

Sin embargo, se torna complicado para la razón, máxime cuando abunda el dolor, la muerte, la desesperanza, la omisión, la injusticia, el olvido. Cuando tantas vidas son avasalladas. Cuando tantas voces se acallan. Cuando no miramos a los pobres a los ojos. Cuando vemos enemigos y apóstatas por doquier, pero nos cegamos a la hora de descubrir pares, hermanos.

Con todo y a pesar de todo, el Reino de Dios ya está aquí y ahora. Cerca, muy cerca, al alcance humilde de los corazones capaces del asombro y la gratitud.
Allí está, en donde se hace lo que se debe sin estridencias ni búsqueda de premios ni reconocimientos. Donde florece la compasión. Donde tantos ángeles con delantal mantienen a raya el hambre atroz que a tantos arrolla. Cuando se rinde culto a Dios en el doliente y el que sufre, templo vivo del Dios de la Vida. Cuando se deserta con furiosa alegría de toda corrupción. Cuando campea la honestidad y la sencillez. Cuando se incrementan sin pausas los esfuerzos para que la mesa de la fraternidad sea cada vez mayor. Cuando la alegría se expande porque se comparte.

Está allí, y es menester abrir los ojos de la otra mirada, y atreverse a andar tras los pasos del Maestro en esta realidad infinitamente generosa que se nos ha dado, y a la que se nos invita a ser partícipes)

Paz y Bien


Llagas interiores



Para el día de hoy (13/11/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 11-19


(La lepra, como enfermedad en la Palestina del siglo I, tenía gravísimas consecuencias. Por la naturaleza degenerativa del llamado mal de Hansen, y la inexistencia de tratamientos que la curaran y que, a su vez, impidieran el contagio -dada su altísima tasa infecciosa- al enfermo no le quedaban muchas posibilidades. 

Sin tratamientos, poco a poco el paciente que exhibía profusas manchas en su piel, se iba transformando en su apariencia, toda vez que en estadios avanzados causa graves y ostensibles deformaciones.

Así en muchas sociedades se tendía a alejar a los enfermos de la vida comunitaria, a veces en colonias de gentes con la misma dolencia. Pero para aquellos que vivían bajo la ley Mosaica, el sufrimiento se acrecentaba. La lepra era considerada una de las impurezas máximas, castigo de Dios por pretéritos pecados, y por ello a la causa del ostracismo comunitario impuesto se añadía la obligación del leproso de vestir harapos, y al paso de otra persona declarar a los gritos su condición de impuro o inmundo.
Al sufrimiento exterior de su cuerpo se añadía la terriblemente gravosa carga de su alma, la humillación y la condena religiosa -pues era el sacerdote quien debía certificar el estado del paciente o su eventual e infrecuente remisión y cura. 
Por todo ello, al riesgo patente del contagio bacilar, se sumaba la transferencia espiritual de esa impureza ritual que se suponía deseada por Dios, por lo cual el leproso, inevitablemente, estaba condenado a una soledad absoluta, dolorosa y humillante.

Es mentalidad de exclusión era repudiada abiertamente por Jesús de Nazareth. Por eso y a su paso, diez leprosos suplican de Él misericordia, no sanación, no cura. Quizás simplemente que se los trate de un modo humano. Son diez los hombres y quizás sea un número simbólico que representa a los Diez Mandamientos, que son causa de carga y opresión cuando no se viven en el mismo Espíritu de Aquél que los ha inspirado.

La compasión no excluye a la inteligencia ni a la astucia. Así Jesús conmina a los leprosos a presentarse a los sacerdotes, sabedor de que ellos también están sometidos a esa prisión ritual, y quiere que recorran el camino inverso para ser readmitidos como hombres plenos y sanos.
Ellos, camino al templo, se descubren limpios de sus llagas, y es el signo cierto de quien escucha con atención la Palabra y se pone en marcha.

Sólo uno regresa, y a los pies del Maestro, agradece su bondad, desbordado de gratitud.
Sólo uno, un sospechoso de siempre, un despreciado habitual, un samaritano. Ha visto desaparecer las lesiones de su piel pero, más importante aún, se han curado las llagas de su alma.

Nuestro mundo es, en cierta medida, un gran leprosario.
Tenemos muchísimas llagas que nos deforman -del dinero, de la ideología, de la religiosidad sin corazón ni compasión, amores rituales- y hay tantos, tantos que sufren de las lepras que se le imponen. La lista es muy larga.

A veces, el comienzo de la salud es comenzar a tratar al otro con respeto y cortesía, en pleno reconocimiento a su humanidad, pues son los brotes fuertes y primeros de la mejor de las Noticias que es vida y es liberación)

Paz y Bien



 

Disponibilidad




Para el día de hoy (12/11/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 7-10


(La religiosidad retributiva, cuyo arquetipo quizás sea el fariseo, perdura tristemente hasta nuestros días. Es la que supone que se alcanzan los favores divinos mediante la acumulación de actos piadosos. Como si ello estableciera derechos y obligaciones por el hecho de creer.

Ese mercantilismo, esa fé del trueque y la recompensa poco tiene que ver con el Reino inaugurado por Jesús de Nazareth.

Su Dios, nuestro Dios, es Amor, es Gracia, es Misericordia. Nada nos debe, sino más bien todo lo que hace lo realiza por nosotros incondicionalmente, en todo tiempo y lugar. 
Y es menester que las parábolas son métodos alegóricos de los que se valía el Maestro para revelar misterios, es decir, para bajar a nuestro llano y en idioma humano realidades insondables e inexpresables; es por eso que su lectura nunca debe ser lineal, literal, sino que debemos sumergirnos en sus aguas más profundas y navegar mar adentro de la eternidad que se nos propone.
Así entonces, ni Dios es un patrón ni sus hijos esclavos.

Más bien, todo lo contrario.

Este Dios se hace servidor de todos -el último- en Cristo, y reniega abiertamente de la esclavitud que se impone a sus hijas e hijos. Todos somos hijos pascuales, hijos de la liberación, destinados a la vida eterna a puro empuje de su afecto entrañable.

En la vida del Reino -que involucra cada segundo, cada instante, todos los momentos- no hay horarios ni contratos. Todo está signado por la gratuidad, esa gratuidad que se expresa en generosidad y en solidaridad y que tan escandalosa es para este mundo de gravámenes, dinero rector y costo/beneficio.

Muchos nos han precedido, y otros tantos están entre nosotros, servidores inútiles y felices por ello, felices por ser plenos, por servir, por ser sal y ser luz y no querer figurar y escaparle a cualquier reconocimiento, servidores inútiles que están completos por hacer lo que se debe hacer y nada más, servidores inútiles, mujeres y hombres que hacen que no perdamos de vista que esta vida es valiosa, es regalo y puede ser maravillosa)

Paz y Bien



Perdón y fé



Para el día de hoy (11/11/13):  
Evangelio según San Lucas 17, 1-6



(No es cosa fácil ni sencilla el perdón.
A menudo, las heridas que se infringen se realizan en unos pocos instantes... pero las heridas tardan muchísimo tiempo en cerrar, en finalizar el doloroso sangrado. Ello en lo interpersonal. En las naciones es peor aún, odios y rencores son herramientas usuales a la hora de ciertas concepciones espúreas de la política; y muchos pueblos cometen el crimen imperdonable -para los poderosos- de tener memoria larga.

Frente a esas heridas, nada volverá a ser igual. Hay que sincerarse, pues a menudo se cruzan puentes hacia territorios de odio y resentimiento de los que es muy difícil regresar. Y cuando se arriba a esos sitios tenebrosos -a veces, necesariamente equitativos, que nó justos- quien impera es el espíritu de venganza. Ni siquiera el de Talión, de la devolución del golpe proporcionado, sino el abismo del ansia de aniquilar a quien nos ha malherido. Esa actitud no es sólo violencia física, sino también la disolución del otro como tal, su borrado en el horizonte de la propia existencia.

Por ello el perdón se confunde a veces como ingenua debilidad, con resignación frente a la fuerza del otro, con estupidez y militante masoquismo.

Nada de eso. El ejercicio del perdón es para mujeres y hombres hechos y derechos, hombres y mujeres con todas las letras, los que con todo y a pesar de todo se animan a emprender nuevos rumbos y exiliarse de la oscura tierra del golpe devuelto, del rencor persistente, de las mandíbulas crujiendo de rabia e impotencia.

El perdón es cosa de atrevidos, de locos, de revolucionarios, de mujeres y hombres que se saben perdonados a diario y de continuo por un Dios que es misericordia, y que saben que ese perdón que propone Jesús de Nazareth -ilimitado e incondicional- no es imposible, y renueva y recrea a uno mismo y al que nos ha hecho daño. Pues todo puede cambiar aún cuando insuma mucho tiempo a nuestros ojos escasos.

Pero el perdón, para ser legítimo, trascendente y eficaz exige un salto de fé que se nos muestra sin ninguna garantía.
Sólo la fé en Jesucristo, en la acción asombrosa del Espíritu del Resucitado que todo lo renueva puede sanar, tender puentes inauditos, con el empuje de un grano de mostaza y transladar montañas con sólo el fuego cordial de quienes quieren volverse cada día más humanos)

Paz y Bien

Más allá de toda tumba



Para el día de hoy (10/11/13):  
Evangelio según San Lucas 20, 27-38



(Los hombres que en el Evangelio para el día de hoy interpelan a Jesús pertenecen a la secta saducea; esta secta se desarrollaba únicamente en Jerusalem, y difícilmente encontraríamos a alguno de sus miembros en pueblos o aldeas pequeñas. 

Ellos solamente aceptaban como sagrados a los libros de la Torah, es decir, los libros que componen el Pentateuco. Por sobradas razones, rechazaban con fervor los libros proféticos, por la fuerza de las denuncias contra los ricos y el olvido de los pobres. Ellos se aferraban a una extrema religiosidad de la prosperidad quizás producto de una lectura literal de los libros de Moisés. Así concluían que la riqueza y la abundancia era consecuencia de la bendición divina -es decir, de los buenos- y por consiguiente, la pobreza y la necesidad como maldición y castigo.
Todos ellos inmensamente ricos, obviamente tenían puestas todas sus expectativas en el más acá, en este mundo, aferrándose a ese círculo escaso de la prosperidad que inferían les había sido dada por voluntad de Dios. Por ello es también razonable que hayan establecido toda una estructura reflexiva y de fé que prolongara y ampliara sus privilegios e influencias, a cualquier costo, y también, que no creyeran en la resurrección. Con lo que tenían aquí estaban más que satisfechos.

La requisitoria que le hacen al Maestro -no exenta de malicia- se fundamenta en esa literalidad con la que abordan las escrituras, y seguramente formaba una parte muy importante de su casuística.

Pero en la ilógica del Reino inaugurado por Jesús de Nazareth, no hay respuesta posible. La misma pregunta es errónea, y no hay ninguna referencia al prójimo. Sólo la ambición de perpetuar intereses egoístas, sólo la constante negación de la esperanza.

En cierto modo, la patente saducea se reivindica en nuestros tiempos, y hoy quizás propugna una pertinaz resignación frente a cielos ausentes para tantos. Los por algo será justifican cualquier aberración, y soliviantan la opresión y la miseria.

Pero a pesar de tanta tumba que muchos aceptan y otros tantos dispensan, cielos nuevos y tierra nueva se nos asoman a cada instante.
En el misterio de la Encarnación de Dios en el Cristo Señor y hermano nuestro, se establece como urdimbre sagrada la eternidad junto con este tiempo. En virtud amorosa de ser hijas e hijos, poseemos la certeza que por esa bondad infinita, y a pesar de dolores y partidas, nunca moriremos)

Paz y Bien

El Templo de Cristo



Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Para el día de hoy (09/11/13):  
Evangelio según San Juan 2, 13-22




(En los ámbitos piadosos habituales, suele adjudicarse a la mansedumbre de Jesús de Nazareth un carácter bucólico y hasta banal, un ingenuo pacifismo. 
Pero suele olvidarse que el Maestro era un hombre de emociones fuertes, de pasiones vívidas, de una compasión que lo conmovía desde sus mismas entrañas, del fuego del Espíritu que animaba cada uno de sus pasos.

Así los hechos en los atrios del Templo de Jerusalem. Es menester ubicarnos en el contexto histórico y social de aquel siglo I en Jerusalem: el Templo era el faro que congregaba a toda la nación judía y también de la diáspora, signo de la presencia de Dios en medio de Israel, único sitio de encuentro entre el pueblo y su Dios.
Jerusalem está ubicada, desde hace siglos, en el cruce de distintas rutas comerciales de esa zona de Oriente Medio; a ello, hemos de añadir la gran afluencia de peregrinos venidos de sitios muy dispares y lejanos, y la omnipresencia de la potencia imperial ocupante. 
Así, pululaban monedas de muy diverso valor y origen, las que debían invariablemente ser cambiadas por la moneda oficial de Judea para poder pagar los tributos del Templo, y para adquirir la variedad de animales kosher, es decir, religiosamente puros que se ofrecerían en los holocaustos rituales al Dios de Israel. De allí que en los atrios del Templo sobreabundaran los cambistas y los comerciantes de animales para tal fin, y a su vez implicaba un inmenso negocio para los sumos sacerdotes que regulaban tales actividades.

Por eso, la virulencia de la acción de Jesús allí debe entenderse en ese ámbito tan cargado de significados profundos. El Maestro derriba las mesas de los cambistas y espanta a los animales de los corrales de venta, encendido por ese fuego de fidelidad que lo consume, pero hace una declaración que se ubica en un plano muchísimo más trascendente que los mismos gestos.

Las lesiones no las reciben cambistas ni comerciantes, sino los que se enriquecían con el negocio religioso -la prostitución de la casa de oración-. Ello, sin dudas, no se lo perdonarán.
Pero más grave es la afirmación que realiza: ese templo enorme de piedras talladas, de oro enjaezado, torna casa estéril pues sólo adquiere significado si lo habita Aquél que a todo lo dá sentido. Y ese Dios ahora resplandece en Cristo.

Es su cuerpo el Templo definitivo, y es mucho más que una trama de la biología. Ese Templo implica asumir propia su misma existencia, caminar como Él, vivir como Él, amar como Él.
Por eso también, cada hombre y cada mujer serán templos vivos del Dios de la Vida, sagrados, únicos.

El signo mayor será que ese Templo, a pesar de los odios y de la muerte que arrasa, será reedificado y se levantará para siempre en la Resurrección, compromiso inquebrantable del amor de Dios.

Nos queda preguntarnos en cual Templo rendimos culto verdadero al Verdadero y Único Dios)

Paz y Bien

El dinero de la injusticia, la injusticia del dinero




Para el día de hoy (08/11/13):  
Evangelio según San Lucas 16, 1-8


(La lectura que nos brinda el Evangelio en el día de hoy es complicada, y muy difícil su interpretación, pues en apariencia Jesús está vindicando la deshonestidad del administrador, es decir, que el Maestro en cierto modo aplaude la conducta deshonesta de un sinvergüenza y un corrupto.

Pero si avanzamos en el texto, quizás nos encontremos conque la clave radica en el dinero.
Hace demasiado tiempo que carece de un caracter meramente instrumental, como un medio, una herramienta. Es todo lo contrario a la creación y a la misma voluntad de Dios, pues en un ídolo que a todo le pone un precio, que hace accesible lo que es plenamente humano a aquellos que se someten a sus designios, que se regodea con la acumulación a costa del hambre y de la indignidad de la falta de trabajo, que limita por sí mismo toda posibilidad de ser mejores e incondicionalmente generosos y solidarios.

En sus crueles altares ciertas almas disfrutan -con un show demoledor y morboso- los sacrificios humanos que allí se realizan. Porque en aras del dinero se sacrifica al prójimo.

En nuestra vida cristiana no debe faltar la inteligencia, la astucia, la picardía. Todas ellas son buenas y justas, y devienen en sal y luz si tienen por principio rector a la caridad. Es algo a lo que quizás, en rigores tontos, hemos renunciado hace bastante tiempo.

Porque el Dios de Jesús de Nazareth es el Dios de la Gracia, el Dios que dá todo y se dá a sí mismo sin condiciones ni imposiciones. Dios es amor, es no fijar precios, es dar y darse porque sí, porque es parte de la misma naturaleza cordial del Reino, porque el mundo puede ser otro cuando comencemos a acumular otro tipo de tesoros, los que en verdad tienen valor, los que no perecen, los que nos vuelven cada día más humanos, ricos en compasión y misericordia)

Paz y Bien

La mirada de María de Nazareth




Santa María, Madre y Medianera de la Gracia

Para el día de hoy (07/11/13):  
Evangelio según San Juan 2, 1-11



(No podemos quedarnos en la superficialidad, no debemos aferrarnos a lo episódico; en el ejemplo que nos brinda el Evangelio para el día de hoy, ellos nos llevaría solamente a una milagrosa transformación de cientos de litros de agua en vino. Pero nunca debemos permitirnos olvidar que la literalidad es causa de todos los fundamentalismos.
Por ello hay que navegar aguas adentro, y en los símbolos y en los signos que en la Palabra se nos regala, descubrir el mensaje perpetuo de Salvación de este Dios que no deja de buscarnos.

Así, los esponsales expresan simbólicamente la relación y el compromiso eterno entre Dios y su pueblo.
 En la Palestina del siglo I, una boda se celebraba durante al menos una semana. Celebración del amor entre los cónyuges, festejo por la vida que se renovaría con la llegada de los hijos, certera esperanza de que la familia no se reseca y perece, confianza en la fecundidad, en la actualidad y perpetuidad de ese amor festejado. El gran motor era el vino, vino que encendía los corazones, brindis por la vida y el amor, por el Dios de Israel que no los abandona, por el Mesías que algún día llegaría.

Pero cuando el vino comienza a acabarse y escasea, es que la boda y la vida se están apagando, y queda muy poco por festejar. No hay boda para alegrarse, no hay Dios que permanezca fiel a sus promesas e inflame los corazones. Sin vino, no hay motivo para la alegría y, mucho menos, para la esperanza.

Hay una cuestión obvia, y es que María de Nazareth, Madre de Jesús, ya se encontraba en la fiesta al momento de llegar el Maestro con sus discípulos. 
Ella fué invitada primero, y en cierto modo, la presencia de María nos brinda la certeza de que, si ella está, llegará Jesús. Porque donde está la Madre, se encuentra el Hijo.

Ella tiene una mirada profunda, y se dá cuenta que la fiesta se adormece porque no hay más vino bueno, y como en las bodas, así también las existencias se adormecen en letargos tristes.
Pero ella conoce también como nadie a ese Hijo, del cual es Madre y discípula. Sabe que Él trae el vino nuevo, el vino de Dios.

A una Madre nada se le niega, y esa Madre sabe que hay que hacer todo lo que ese Hijo diga para que la boda/vida no sea una ceremonia banal, sino el gran festejo de las existencias.

Había en el lugar seis tinajas de piedra llenas de agua, exactas para los rituales de purificación que prescribe la Ley de Moisés. 
Se trata de un ritual viejo que deviene estéril: es un tiempo nuevo, en donde no hay excluidos por impureza, y en donde la bendición es don de la misericordia infinita de Dios antes que adquisición piadosa mediante los preceptos normados.

Se trata de la asombrosa Gracia de Dios que purifica todo corazón, y María lo sabe bien.

El Hijo transforma esas aguas viejas -seiscientos litros- en vino nuevo y bueno. Parece un exceso, una enormidad. Estamos en unas bodas de aldea, de pueblo chico en medio de la Galilea de la periferia, en donde nada pasa, y de donde nada se espera.
El vino desbordante es tan inconmensurable como el pan multiplicado. Ese vino -vino de Jesús, vino de María- sobreabunda para que a nadie le falte, y para que nosotros mismos, en este aquí y en este ahora, podamos ser partícipes de ese brindis.

Con María de Nazareth, recuperamos la capacidad de ser felices por la confianza en ese Cristo que no quiere que la vida se nos duerma, y que con todo y a pesar de todo, hay mucho para celebrar. Porque no tenemos otro destino inscrito en nuestros corazones que el de ser felices)

Paz y Bien




Discipulado



Para el día de hoy (06/11/13):  
Evangelio según San Lucas 14, 25-33




(Las palabras del Maestro son durísimas.
Porque en una paradoja aparente, ser discípulos es para todos y, a la vez, no es para cualquiera.

Quizás la dureza de las palabras de Jesús de Nazareth hacen que la atención de todos nosotros se encienda de una buena vez: ser discípulo no es moda, ni cosa fácil, ni ciertas prácticas religiosas y cultuales, ni floridas pertenencias. Ser discípulos es cosa seria, sin que por ello prevalezca un rictus de perpetua amargura. Ser discípulos es tan raigal que involucra y transforma a la totalidad de la existencia 

Difícil es renegar de la familia -odiar sería la traducción más exacta-. Pero es menester recuperar el verdadero sentido: si Jesús no está en el primer lugar y en el centro de nuestros intereses, no se puede ser discípulos. Y más aún, se supera la limitada frontera de la biología, de los lazos familiares, del clan. Así también entonces es posible que haya una nueva refundación y re-creación de la familia, desde su sentido más trascendente y amoroso, una familia creciente que es imagen de Dios y que es cuidado y bendición.

Se trata también de cargar la cruz, la propia cruz de cada día y seguir sus pasos. Cargar la cruz es ponerse al hombro las miserias propias, las causadas por las canalladas habituales, por las mezquindades, por todo eso que conocemos como pecado, y también cargar con los dolores adquiridos y sufrimientos impuestos, atreverse a ser un marginal y un maldecido como el mismo Cristo, y contra todo pragmatismo y cálculo mundano, afirmar sin ambages que está muy bien y es deseable sacrificarse por los demás, para que no haya más crucificados en ningún sitio ni en ningún momento.

Y si ese Cristo es lo más importante, el bien mayor, todo lo demás -especialmente las posesiones- deviene superfluo. Así entonces se puede ejercer el escandaloso milagro del compartir, la generosidad incondicional, la justicia primera que es dar sin esperar ni requerir nada a cambio.

Por eso, tal vez debamos volver a cuestionarnos si somos parte de esa multitud que observa con simpatía al Nazareno, que busca sus favores, pero no mucho más que eso.
O, en cambio, que nos atrevemos a esta maravillosa invitación a ser discípulos cabales e íntegros, otros Cristos capaces de la humildad de la sal, la fuerza de la levadura, la luz del mundo)

Paz y Bien

El convite mayor



Para el día de hoy (05/11/13):  
Evangelio según San Lucas 14, 1a. 15-24


(El convite al gran banquete es la invitación a redescubrir la existencia como celebración y don asombroso y sorprendente, con todo y a pesar de todo.

Es mucho más que ingerir alimentos, por buenos que éstos fueran. Se trata de comer con otros, se trata de compartir esa dignidad única e indisoluble que es el ser hijas e hijos de Dios.
En una cena común, uno se sienta, come y luego se vá, aún cuando pueda haber algún tipo de sobremesa con aquellos que resulten más afines.

En la mesa de Jesús de Nazareth el pan es más sabroso y más nutritivo porque se comparte la vida misma, porque se invita a todos los olvidados, a los despreciados, a los descartados a sentarse con plenos derechos reconocidos y practicados, a hablar con voz propia y expresarse, a escuchar y a ser escuchado porque la vida del otro y las cosas que le pasan son siempre importantes.

Pero hay algo que es claro: los convidados no vienen si no se los invita. Es menester salir a los caminos, a las periferias, a todas las encrucijadas de la existencia a entregar en mano cordial y personal la invitación. No se trata de abstracciones ni de generalizaciones.
Todo es personal, siempre es personal.

Habrá entonces que ver quienes se animan. Muchos con sitios pretendidamente preferenciales se han desentendido. Pero no hay nada más importante que esta invitación a vivir en plenitud.

La mesa de Cristo es el convite mayor a la alegría, y la felicidad siempre acontece cuando es con otros)

Paz y Bien

Mundos escasos



Para el día de hoy (04/11/13):  
Evangelio según San Lucas 14, 1. 12-14



(Por identidad, por afinidad o por simple pertenencia nos vamos fabricando pequeños mundos. Esos mundos son escasos, mundos para unos pocos, los mundos privados de cada una de las religiones, los mundos ideológicos, nacionalistas, de clases sociales, de intereses coincidentes. Mundos in-mundos, es decir, mundos pequeños que reciben a los pares y, aunque los consideren, exhalan impiadosamente a los que no pertenecen, a los impares.

Así el mundo que conocemos se compone, a su vez, de pequeños mundos, y muchísimos quedan fuera. Son tantos, que sólo puede inferirse un cruel mecanismo de selección y descarte, tanta gente abandonada, tantas personas que sobran, tantas almas desechadas, tanta humanidad disminuida.

El Reino que trae y ofrece con su misma vida Jesús de Nazareth, la Buena Noticia, empuja estas fronteras que hemos trazado a fuego en nuestros corazones. Y el modo es a través de la mesa, del pan compartido incondicionalmente.

No es cosa, solamente, de dar de comer. Eso está bien y es necesario, pero hay más. Siempre hay más.
Se trata de compartir el pan, de invitar a nuestra mesa a aquellos a que nadie invita y, más aún, de compartir el pan con aquellos que nadie, en su sano juicio, se sentaría de igual a igual. Y que en esa mesa grande no haya precondiciones, sino que comience a florecer la reciprocidad que sólo puede darse entre hermanos.
Porque crecemos en humanidad y nos enriquecemos cordialmente no tanto cuando nos emparejamos, sino más bien cuando festejamos los múltiples colores de nuestras diferencias.

Este Cristo no es neutral ni aséptico.
El Dios de Jesús de Nazareth abiertamente se pone del lado de los olvidados, de los abandonados, de los ninguneados y descartados.

Quizás entonces, cuando nos decidamos a agrandar el mundo desde la sencillez de la mesa y el pan compartidos, allí si podamos celebrar el misterio maravilloso de la existencia y por ello agradecer con sincera cordialidad, eso que conocemos como Eucaristía)

Paz y Bien





Zaqueo, el Cristo al fin en casa



Para el día de hoy (03/11/13):  
Evangelio según San Lucas 19, 1-10



(Jericó es un gran portal para los campesinos galileos que se encaminan hacia Jerusalem, a peregrinar hacia el Templo; es la entrada misma a Judea. Es también una encrucijada clave por las rutas que la atraviesan, por lo que el comercio ha crecido notoriamente, y con ello, en ciertos sectores abunda el dinero. Al ser fronteriza -por canalizar el acceso a Judea- también posee una aduana en donde destacan los cobradores de tasas, allí, en las arterias principales y en los mercados.

Estos recaudadores de impuestos, llamados publicanos, colectaban dineros para el Imperio, para la Roma que sojuzgaba la Tierra Santa. Por ello eran despreciados fervorosamente por sus paisanos, los que le adjudicaban la misma categoría moral de las prostitutas; a menudo, se abusaban de su posición para , mediante prácticas corruptas, cohecho y soborno, amasar grandes fortunas.
Por su abierto colaboracionismo con el extranjero opresor y por los abusos a sus compatriotas, vivían prácticamente aislados del resto de la comunidad, por exclusión social pero también por severos dictámenes religiosos, pues se los considerabam a su vez impuros incurables.
Y dentro de los publicanos, había determinadas categorías o jerarquías, siendo las más altas las de los jefes, que en consonancia con sus prácticas inmorales, eran los más ricos y poderosos.

Tal es el caso de Zaqueo.

Casi siempre solo, apenas con sus parientes y con otros publicanos, aunque no hemos de descartar a los imbéciles adulones de siempre, cultores del poder y del dinero. Nos dice la Palabra que Zaqueo era de baja estatura, y por ello, al paso del Maestro, debe subirse a un árbol, un sicómoro, para poder ver quién es ese rabbí galileo del que tanto hablan.

Sería sencillo imaginarnos a un hombre bajito, con las lógicas dificultades para mirar por encima de la multitud; pero con ello dejaríamos de lado signos y símbolos con que la Palabra nos provoca, nos revela y nos rebela. En cambio y sin temores, podemos afirmar que el problema es la estatura moral, la altura ética del publicano. El mal, el pecado que asumió en su cotidianeidad como normalidad lo ha ido rebajando, y le ha nublado la mirada.
El mal carcome y minimiza nuestros posibles crecimientos en humanidad.

Pero primero y ante todo, siempre está la iniciativa bondadosa de Dios que se revela en Jesús de Nazareth, un Dios que no se esconde, que sale al encuentro y busca a los extraviados. Porque ese Cristo tiene una mirada profunda y lejana que no se detiene en esas miserias, sino que es capaz de ver todo lo que podemos llegar a ser, y por esa esperanza que no puede apagarse, siempre habrá motivos de festejo.
Ese Cristo quiere llegarse a este corazón-hogar que somos, para celebrar la vida renovada y recobrada, vida nueva, resurrección que se asoma.

Porque sin esa iniciativa de Dios, lo de Zaqueo sería solamente una curiosidad banal.

Los que de algún modo intentamos seguir los pasos del Maestro, tenemos mucho por hacer. Hay mucha gente encaramada a miles de árboles, pues nada alcanzan a ver más allá de sí mismos, por el pecado practicado o por la miseria impuestas. Y hemos de llamarlos, y hemos de hacerlos bajar de allí, para que haya miradas a los ojos y palabras plenas de cordialidad y sinceras en el perdón que porten.

Porque la mesa grande de Dios está abierta para que nadie falte)

Paz y Bien
 



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