Pedagogía del encuentro



Para el día de hoy (31/07/13):  
Evangelio según San Mateo 13, 44-46




(En las parábolas de Jesús encontramos dos constantes. Por un lado, les hablaba a sus oyentes a partir de las cuestiones cotidianas que estos mejor conocían, al labrador y al campesino de los sembrados, al pescador de las redes, al recaudador de impuestos de talentos y denarios.
Por otro, todas ellas propician el encuentro y refieren a un acontecer antes que a una cosa, es decir, señalan siempre el encuentro con Dios y su Reino.

El Maestro enseñaba que la eternidad se encuentra en el devenir cotidiano, y que el encuentro con Dios es mucho más que encontrar algo de mucho valor: lo que cuenta es descubrir lo absoluto y lo que ese descubrimiento provoca. A partir de allí, todo lo demás se vuelve relativo porque lo encontrado es lo que cuenta, lo primordial, lo que le dá entidad a todo lo demás y por el que vale la pena poner todo en juego para hacerse con ese valor asombroso.

Uno de los hombres de la parábola probablemente sea un peón de campo, un labrador o jornalero de campo ajeno. En su dura labor cotidiana, encuentra en el surco un tesoro de incalculable valor, de tal manera que busca el modo -hasta ímprobo- de juntar los recursos necesarios para adquirir ese terreno y hacer, de ese modo, que el tesoro sea legalmente suyo.

El otro hombre es, a diferencia del primero, un experto buscador de perlas finas, muy habituales en Oriente Medio. Seguramente es un comerciante de gran fortuna. Sin embargo, en sus quehacer comercial habitual ha encontrado una perla única, irrepetible e indescriptible aún para un hombre altamente capacitado en estas lides como él. Tal es el deslumbre que provoca esa perla única, que gustosamente vende todo lo que tiene para que esa perla sea suya. No es un hombre que anda a tientas, o acaso un hombre que se deje llevar por los fulgores del momento; es un avezado calculador, y así sabe bien que por esa perla -no una perla, es la perla- bien vale vender todo para adquirirla.

Estos dos hombres no pueden ser más distintos. Pero por caminos diversos arriban al mejor puerto, y su arribo desata, inevitablemente, la alegría, la felicidad, la plenitud, y es bueno poner todo lo mucho o lo poco que se sea y posea por alcanzar ese valor.

En Jesús de Nazareth se produce el infinito encuentro entre Dios y la humanidad, misterio asombroso de la Encarnación.

Nosotros nos encontramos con Dios en el tesoro incalculable de Jesucristo, y no hay otra consecuencia que la felicidad)

Paz y Bien


Niveles de profundidad



Para el día de hoy (30/07/13):  
Evangelio según San Mateo 13, 36-43



(Desde un punto de vista estrictamente literario, las parábolas son formas narrativas simbólicas fundadas en hechos verosímiles, que apuntan a contenidos o conclusiones no explícitas; habitualmente tienen un objeto didáctico o sapiencial, y dejan al oyente o al lector la puerta abierta a fines que no son tan evidentes a simple vista.

Jesús de Nazareth se valía de las parábolas para enseñar a las multitudes la novedad absoluta del Reino; sus parábolas se nutrían de hechos de la vida cotidiana que sus oyentes conocían bien, y a partir de eso que re-conocían podían llegar a una trascendencia insospechada, maravillosa y muy distinta a todo lo que habían aprendido hasta el momento, y muy probablemente nosotros hemos perdido esa capacidad de hablar de las cosas del Reino, de anunciar la Palabra a partir de lo que viven las mujeres y los hombres de hoy.

Pero algo ha de pasar y derribará cualquier presunción de automaticidad. Todo debe tener su tiempo de maduración y crecimiento para obtener buenos frutos, y es dable -y hasta necesario- presentar cierta desconfianza hacia todo aquello que se muestre como instantáneo.

Así sucede con la Palabra. 

La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva, es la buena semilla que debe encontrar tierra buena en donde germinar con su escondida fuerza imparable, crecer en pequeños brotes y brindar, a su tiempo, asombrosos frutos. La Palabra también es un gran mar infinito sin orillas, de aguas mansas en las que nos sumergimos sin otro peligro que el que nos zozobren la soberbia y el egoísmo, y en cuyas profundidades -de seguro- encontraremos tesoros maravillosos.

Hay diversos niveles de profundidad a los que se accede, ante todo, con un corazón dispuesto. Son muy importantes exégesis, análisis y hermenéuticas, pero los buenos buceadores respiran principal y especialmente piedad.
Por ello los discípulos, a menudo, pedían al Maestro que les explicara la parábola, y a veces también esto sucedía por la propia iniciativa de Él. Se trata de ir sumergiéndose un poco más cada vez, en la espléndida ilógica del Reino: uno se hunde para ascender.

La comprensión profunda de la Palabra sólo acontece en la comunión fraterna, junto a los hermanos, y no por esfuerzo individual. La Palabra crece cuando se reune la Iglesia, dos o más juntos en su Nombre.
Sólo en la cercanía cordial del Maestro podemos acceder a las honduras infinitas de esa eternidad que se nos entreteje y ofrece en el aquí y el ahora)

Paz y Bien

Lo que cuenta



Para el día de hoy (29/07/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 38-42



(Demasiados desvíos trae la vorágine diaria. Las ansiedades propias de la rutina hacen perder de vista el horizonte y olvidar el sentido, haciendo que se nos desdibuje el hacia donde vamos.

Así también el fulgor de las tentaciones mundanas nos encandilan, claro que sí. Los oros vanos del dinero, del poder, de la figuración. Besamanos, títulos y potestades. Importancias compradas a precios cordiales. Vagos valores que se disipan con rapidez, consumiéndonos en el consumo. 
Y lo que cuenta, lo que verdaderamente es valioso, lo que nadie jamás podrá quitarnos, lo que permanece porque se ubica por encima de todo está allí, al alcance de corazones hambrientos.

Jesús de Nazareth es recibido en una casa por una mujer llamada Marta, y en esa misma casa su hermana, María, se sitúa a los pies del Maestro en escucha atenta, bebiendo la enseñanza, guardando en las honduras de su alma el tesoro de la Palabra, lo que en verdad cuenta.
Es revolucionario, es transgresión a las malas costumbres institucionalizadas: nadie en su sano juicio, en esas épocas, permitiría señorío en el hogar ni, mucho menos, discipulado a una mujer.
Marta es servidora, diaconisa, y su servicio vá más allá de repartir viandas y levantar platos. María también es servidora, servidora silenciosa que contempla la luz que no se apaga.

Quiera Dios que nuestros hogares y esta casa grande que llamamos Iglesia sea también un recinto grato en donde Jesús se encuentre tan a gusto, sitio de encuentro de amigos, cobijo manso para los hermanos, recinto en donde lo que cuenta se cuida, y en donde no hay reproches ni reconvenciones violentas, sino que todos son importantes.
Porque en nuestros andares las Martas del servicio y las Marías de la escucha atenta son las facetas de un mismo corazón que nutren a nuestros días)

Paz y Bien

Cielos cercanos



Para el día de hoy (28/07/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 1-13


(La comunicación siempre es decisiva en todos los ámbitos, y su ausencia y su deficiencia es motivo de un sinfín de problemas. Si este postulado por un momento lo aplicamos al ámbito interpersonal, podríamos inferir, sinceramente, que una comunicación ausente o una comunicación deficiente entre las personas causa conflictos, desconocimientos, parcializaciones y aislacionismos. Si no nos comunicamos, difícilmente podamos conocernos. Si nos comunicamos mal, obtenemos sólo una imagen desdibujada y falaz del otro y por ello, de nosotros mismos: aunque nos cueste reconocerlo, nos descubrimos en la mirada del otro cuando nos aprojimamos. Sin comunicación, enfermamos y vamos muriendo.

En estos tiempos hipertecnologizados sobreabunda la información aunque no es garantía de la existencia de comunicación: ella es tan fundamental, que se caracteriza cualitativamente, es decir, hay comunicación eficaz o no la hay, antes que un mayor o menor volumen de la misma.

Es claro que la comunicación es dialógica, y el sentido común -el menos común de los sentidos- nos señala que se basa, ante todo, en la escucha. Oír antes que escuchar. Cuando prevalecen los monólogos, se obstruye al tú y no puede crecer el nosotros.

Jesús de Nazareth lo sabía bien, y su motor primero era la oración, una oración que era mucho más que una repetición sistémica de fórmulas preestablecidas, de arcanos religiosos expelidos rítmicamente. Toda su vida era oración, su existencia misma era una existencia orante, y por ello mismo se mantiene fiel, obediente hasta el fin. Obediente, de ob audire, es decir, de escucha atenta. Él escuchaba la voz de su Padre, escuchaba a sus discípulos, escuchaba a los dolientes y relegados con la misma atención y el mismo fervor amoroso, pues sabía que por allí la vida se restauraba.

Él nos redime de todo silencio y de esa mudez a la que solemos escapar como refugio escuálido. Él enseña que los cielos no son horizonte lejano y post mortem, de consecución incierta, sino que los cielos tienen puertas abiertas y están bien cerca, y es a través de la oración que se franquean todas sus puertas, por mandato asombroso de ternura paterna.

Esos cielos están cercanos porque el Dios del Universo ha venido a quedarse para siempre entre nosotros. Es un Dios que es Papá, un Dios que nos busca desde su inmensidad, un Dios que reina en los corazones con el poder insondable del amor, un Dios al que le suplicamos que se haga realidad su sueño eterno de justicia, de paz, de dicha y liberación, ese Dios que nos atiende a toda hora -a horas destempladas- y que abriga nuestros ruegos de pan que nos sustente, y que jamás nos falte el hambre de eternidad y trascendencia ayer, hoy y mañana, un Dios que nos llueve misericordia y perdón sin límites para que nosotros cambiemos tanto odio en compasión, un Dios que nos sostiene de las manos para no caer al vacío del sinsentido, un Dios que guarda nuestros pasos vacilantes pidiendo permiso, si lo dejamos, pues nada impone, el Dios que nunca se aburre de nosotros ni se cansa de nuestras miserias, un Dios al que poco escuchamos y nos susurra tantas cosas, el Dios de María y José de Nazareth, el Dios Abba de nuestro hermano y Señor Jesucristo)

Paz y Bien

El trigo desapercibido



Para el día de hoy (27/07/13):  
Evangelio según San Mateo 13, 24-30



(El conocido axioma bélico de conocer al enemigo no nos es demasiado lejano, en tanto que nos puede ordenar cierta disciplina del alma, encendernos las astucias y estar atentos. La clave está -siempre- en que prevalezca la caridad.

El tema es que el enemigo actúa como si todo fuera suyo, como si todo le perteneciera, y se cree dios. Así entonces siembra yuyales malos en medio del trigo, yuyales que a veces se confunden con facilidad con ese trigo que tiene destino de pan. En sí, el enemigo es un gran mentiroso y trampeador, aunque tarde o temprano ha de prevalecer la verdad y esas mentiras estériles han de quedar en evidencia.

Pero suele suceder que esas trampas no son tan sutiles, y así asumimos como propias ciertas actitudes del enemigo. El repudio a la cizaña nos despierta furias y arrebatos, y nos parece impostergable la obligación de arrancar malezas... y malos también. Tiene su lógica, su razonabilidad, sus prioridades.
Pero el Reino posee otra ilógica, locura y escándalo para este mundo, que avanza por otros carriles.

Porque, como a ese enemigo de la parábola, el campo tampoco nos pertenece, y mucho menos el trigo, y esos violentos afanes justicieros causan heridas insalvables entre el trigo en ciernes, entre los brotes más pequeños.
Hay que cuidar el trigo que se viene creciendo, por lo general sin tener en cuenta, pequeño y desapercibido, a menudo en campos que no reconocemos como propios. 
Pues todo fruto de bondad, de justicia, de compasión y solidaridad, aunque crezca en terrenos que no sean cristianos, también es trigo de Dios)

Paz y Bien

Tierra viva



Para el día de hoy (26/07/13):  
Evangelio según San Mateo 13, 18-23




(En apariencia, la actitud del sembrador es en extremo despreocupada, quizás indolente. Arroja aquí y allá las semillas con una confianza inusitada, sin fijarse demasiado en donde ha de caer esa simiente tan valiosa: es que sabe que lo que siembra tiene un poder escondido asombroso, tiene esa certeza campesina de que ha de crecer por su propia fuerza, por ese empuje oculto, y su esfuerzo jamás ha de ser de balde.

El tiempo inaugurado por Jesús de Nazareth es la era maravillosa de la Gracia, de la historia fecunda, esa Encarnación que implica una cercanía total de Dios-con-nosotros, y es precisamente la Encarnación el tiempo urdido en urdimbre santa entre Dios y el hombre. Las iniciativas son siempre primacías amorosas de ese Dios que sale al encuentro hecho hijo, hecho pan, hecho semilla, pero la humanidad no está desconectada de la bendición ni tiene por ello una actitud pasiva, aguardando que Otro resuelva por ella sus miserias y problemas. Nada de eso. La esperanza cristiana -señal de fidelidad y confianza- siempre es activa, la vida en el Espíritu siempre es movimiento, corazones peregrinos.

De algún modo la simbología del Génesis es algo más que alegórica: somos tierra que anda, tierra moldeada entre manos bondadosas, tierra con aliento de vida.

Esta tierra viva que somos tiene destino de fecundidad inscrito en sus honduras, pero también posee un color de libertad, aún cuando esa libertad la lleve a traicionar su mejor horizonte. Es por ello que esa semilla de fuerza imparable a veces es rechazada,  a veces germina pero no crece, a veces crece a medias -puro asomo-, y otras veces produce un rinde extraordinario. Está en nosotros.

María de Nazareth -tierra sin mal, tierra fiel- es la que mejor comprendió este camino y en su pequeñez se creación la eternidad de ese Dios enamorado de su creación)

Paz y Bien

Secretos del Reino





Para el día de hoy (25/07/13):  
Evangelio según San Mateo 20, 20-28



(El poder y las honras conexas han sido factores determinantes a través de los tiempos, en todas las culturas, y el afán por su consecución se acepta como una constante más, como lo habitual y razonable. De esa índole es el reclamo que el Evangelista pone en boca de la madre de los hermanos Juan y Santiago -Jacobo-, discípulos del Maestro.
Lo reconocen, sin dudarlo, como alguien superior, lo intuyen como Mesías pero fatalmente lo racionalizan mediante esquemas mundanos, temporales, evanescentes. Ellos infieren que Él, en algún momento, será coronado rey de Israel, que aplastará militarmente a sus enemigos, y quieren su porción correspondiente de poder y de gloria, y quizás por ello mismo se desata la polémica con el resto de los discípulos, no tanto por motivos de veracidad sino por envidias y ciertas furias al ver que les han ganado de mano; ellos tiene las mismas ambiciones erróneas.

Es que no han comprendido ni encarnado que este Reino que inaugura Jesús de Nazareth es muy distinto a los reinos de este mundo. No es una alternativa más por la cual se puede optar, y posee varios secretos para poder acceder y ser partícipe, secretos que no son condiciones sino puertas de entrada.

No hay arcanos inaccesibles ni esotéricos ritos iniciáticos. Se trata de descubrir que en las honduras de la humanidad está un Dios que ha descendido a nuestros campos para que todo se plenifique, se trata de que la razón de todo destino sea el amor, se trata de edificar prójimo.
Por ello el Reino es servicio desinteresado, vida ofrecida, hacer sagrado lo cotidiano desde la fraternidad, con la cruz al hombro, a pesar de todas las miserias y dolores que el mundo habitualmente dispensa a los que reman corriente arriba)

Paz y Bien

Esos sembradores extrañamente confiados



Para el día de hoy (24/07/13):  
Evangelio según San Mateo 13, 1-9



(Hay algo que hemos dejado de lado, perdido u olvidado, y es dialogar con las mujeres y los hombres de hoy en su mismo idioma, a partir de las cosas cotidianas, un diálogo profundo que permita una comprensión, a menudo, que se sumerge en las honduras del corazón y quebranta felizmente cualquier superficialidad banal.

Jesús sabía bien esto y usualmente lo ponía en práctica. Quienes lo solían escuchar con fervorosa atención -pues les hablaba con Palabras nuevas, con una autoridad impensada- eran pescadores del lago Tiberiades y muy especiamente, campesinos galileos, de Judea y Samaria; todos ellos hombres y mujeres curtidos por el trabajo desde el alba al ocaso, en esas duras tierras palestinas. Ellos conocían la dureza del suelo que araban, conocían los rindes de sus parcelas -que eran escasas, y por lo general ajenas-, sabían bien las proporciones entre esfuerzos, semillas y cosechas.

Por ello podemos intuir el asombro ante esta parábola del sembrador que el Maestro es ofrece. ese sembrador es un trabajador extrañamente confiado -parece muy despreocupado- pues arroja la semilla con suma constancia pero sin mayores exactitudes en la precisión del surco. Es tenaz arrojando semillas aquí y alla, a pesar de que todos ellos saben que sólo rendirá frutos en surcos debidamente arados, exiguos de piedras, exentos de espinas y con cuidado de que el sol no calcine esa simiente. 
Aún así, y como si no fuera suficiente, ellos conocen bien que el producido de las cosechas en esas duras tierras suyas varía de multiplicar la semilla sembrada por tres y hasta por seis, no mucho más. Este rabbí galileo les viene a decir que este extraño sembrador obtene un rinde centuplicado o mutiplicado por factores asombrosos.
La cuestión pasa por aquellos que quieran escuchar, por quienes en verdad quieran ver.
El secreto está en la semilla y también en la confianza del sembrador.

Jesús pretende enseñarles/nos la descollante y maravillosa fuerza de la Gracia, la estupenda dinámica del Reino.
En contra de cualquier especulación de ortodoxia religiosa, en ningún momento habla de Dios, del Reino, de lo sagrado, y su enseñanza tiene una secularidad sospechosa...y en muchos casos peligrosa.

Es que lo sagrado está oculto en lo cotidiano, el tesoro escondido, y la eternidad nos está germinando en el aquí y ahora, maravilla de esa Encarnación, de Dios con nosotros, de lo trascendente que nos crece ya mismo, entre nosotros y con fuerza imparable, pura bondad de ese Dios que no descansa por todos y cada uno de nosotros, tierra fértil que camina)

Paz y Bien

Un Dios familiarmente cercano



Para el día de hoy (23/07/13):  
Evangelio según San Mateo 12, 46-50



(La Encarnación es el asombroso hito en la historia de la humanidad por el cual el Dios del Universo -inmenso, infinito, inaccesible- se despoja de su divinidad y baja a estos arrabales humanos, asumiendo nuestra limitadísima condición humana, acampando por aquí, Dios-con-nosotros, Dios-por-nosotros, Dios-en-nosotros, y todo ello por el principio fundante de todo el universo, su esencia amorosa que se expresa en la misericordia.

Es la gran revelación que realiza Jesús de Nazareth, estableciendo nuevos e impensables vínculos, unos lazos perdurables desde el presente y hacia la eternidad, superando por lejos los patrones genéticos, las herencias culturales, las razones biológicas, los límites de tribu, de clan.

El Dios de Jesucristo -el de María y José de Nazareth- es un Dios que tiene todas las primacías, Dios que toma siempre la iniciativa y sale al encuentro del hombre, varones y mujeres, en un maravilloso y real tenor familiar. Porque este Dios reúne a los dispersos, este Dios es papá, es mamá, es hermano y es hermana.
De tal palo tal astilla dice el saber popular, y a sus parientes se los reconoce por tener rasgos en común.

Rasgos de justicia, de compasión, de solidaridad, de mansedumbre, de egoísmos desterrados, de buen humor, de tolerancia, de servicio, de generosidad.

Quizás la Iglesia no sea más ni menos que ello, familia de Dios que respira y palpita Evangelio, y que reconoce familia en las mujeres y los hombres de buena voluntad de todas partes, aún cuando no hayan realizado el éxodo de la fé.

Esta familia es siempre creciente, porque está congregada por Aquél que no quiere que ni uno se pierda)

Paz y Bien





María Magdalena, misionera del Resucitado



Para el día de hoy (22/07/13):  
Evangelio según San Juan 20, 1-3.11-18


(María de Magdala ha sido castigada y desmerecida a través de toda la historia. 
Ella está explícitamente mencionada en los Evangelios sinópticos y en el Evangelio de Juan, lo que realza su presencia relevante en la primera comunidad cristiana, especialmente durante los crueles hechos de la Pasión y como testigo privilegiada de la Resurrección.
A pesar de todo ello, su imagen ha sido distorsionada por la misma tradición de la Iglesia, que hasta el día de hoy se la reconoce de antemano como una prostituta redimida de sus pecados. Almas más aviesas han realizado -sin fundamentos históricos ni teológicos- un fabuloso negocio editorial, televisivo y cinematográfico.

Sin embargo, como comunidad cristiana, tenemos el mandato impostergable de la memoria viva.

De ella nos relatan los Evangelistas que padecía una seria enfermedad, probablemente de origen neurológico, y de la cual fué sanada por Jesús de Nazareth; en términos de la época, se aduce que el Señor la liberó de siete demonios que la tenían doblegada.
Además, cuando todos se escondieron presas del miedo y el fracaso aparente, ella se mantiene firme al pié de la cruz junto a la Madre del Maestro y a otras mujeres, y el razonamiento es sencillo: ella tenía un rol muy importante en esa Iglesia naciente, un rol que no pasaba desapercibido.

Aún así, la mayoría de los discípulos estaban presos de cierta misoginia imperante en esa cultura del siglo I, una cultura que minimizaba y menoscababa la importancia de la mujer.

Pero María Magdalena es permanencia amorosa junto a Jesús de Nazareth.

Por ese amor entrañable, ella espera contra toda esperanza, a pesar de que toda razón se le vuelve oscura y contraria. Ella permanece firme en los horrores de la Cruz, ella se encamina al alba hacia la búsqueda de donde reposan los restos del Maestro amado, y es precisamente ella quien descubre la maravillosa bisagra de la historia de la humanidad que significa esa tumba vacía. Porque permaneciendo -siendo fieles- acontecen los milagros.

Ella es ínfima, una nada, pero a la vez es enorme, crece y germina porque ama, porque con todo y a pesar de todo no se resigna y se permite el rescoldo de la esperanza.
Así ella, de la que poco puede esperarse, es decisiva en la vida nueva que se inaugura con la Resurrección del Maestro. Ella es misionera del Resucitado, ella es portavoz de la Buena Noticia para los discípulos agobiados, para convertirse y seguir adelante.

Como Iglesia, hemos dejado de prestar atención a todas las Magdalenas de este mundo. Pero a través de ellos, de los que no cuentan, de los mínimos, de las que nada esperamos, que la mejor de las noticias nos llega para renovarnos, para resucitar a la esperanza)

Paz y Bien

Oración, hospitalidad y afecto



Para el día de hoy (21/07/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 38-42


(Si nos ubicamos en la perspectiva histórica de lo que nos relata el Evangelio para el día de hoy, nos encontraremos con mucho más que un agradable y aleccionador relato. Para ello es menester, ante todo, tener presente la situación femenina en la Palestina del siglo I.
En aquel tiempo, la mujer era por completo dependiente y subordinada al varón, con un rol cuasi biológico en la gestación de los hijos, sin otros derechos que aquellos que el esposo o -eventualmente- el hijo varón le garantizara. En esa misma línea, estaba tan limitada su participación social y comunitaria tanto como la religiosa: así entonces, las mujeres jamás podrían estudiar y aprehender la Palabra, y su intervención en el culto era, también, escasa y de carácter enteramente pasivo.

Con Jesús de Nazareth sucede lo impensado, acontece lo que es realmente revolucionario. Él se dirige a las dos hermanas, María y Marta de Betania, en un trazo claro de igualdad y ternura entrañables.
Pues por un lado una de ellas, auténtica discípula a los pies del Maestro, bebe del agua pura que jamás se agota, la Palabra de Dios que expresa el Señor. Y por otro lado y en el mismo nivel, Marta se afana no sólo en los quehaceres domésticos, sino que es la anfitriona dedicada que recibe al peregrino, transformando un sitio de paso en auténtico hogar, y sus esfuerzos son diaconía, sacerdocio de caridad y servicio.

En cierto modo, es el espejo de esa Iglesia que soñamos.

Es la casa común en donde el Cristo caminante se siente a sus anchas, a gusto, casa de otros que reconoce como propia, hogar perfumado por la fraternidad, recinto amplísimo en donde prevalece lo que verdaderamente cuenta, en donde no tiene lugar el reproche sino la corrección afectuosa, en donde todos son importantes por como son para con los demás y por ello para con Dios, antes que cuestiones de género o títulos.
En esa casa grande la oración no es repetición de fórmulas preestablecidas, sino el diálogo fecundo que nace de la escucha atenta de aquellos a los que amamos.

Eso es lo que nunca, jamás nadie ha de quitarnos)

Paz y Bien

La muerte de Dios



Para el día de hoy (20/07/13):  
Evangelio según San Mateo 12, 14-21


(La ruptura entre el poder religioso -representado por los fariseos- y Jesús es total: ya no se limitan a trampearle pregunts, a detectarle yerros en su ortodoxia, a criticarlo sin medidas. Lo han exonerado de toda posibilidad de que sea de los suyos, el rabbí galileo es anatema, un excomulgado al que deben, imperiosamente, silenciar, aniquilar, planificar su muerte.

El se retira, porque su vida no ha de ser tomada cuando se les antoje a sus enemigos, sino cuando Él la entregue plenamente en libertad. Y así como se aleja de ese circuito oficial, también las gentes más sencillas lo siguen -los olvidados, los que no cuentan, los impuros y pecadores-, porque en ese Cristo encuentran respuestas, palabras de eternidad, salud.

De alguna manera, cada vez que Jesús de Nazareth no nos encaja en los esquemas que convenientemente nos hemos preestablecido, también tratamos de acallarlo. Y el mundo también, a menudo de modo más brutal.
Cuando se suprime mediante la violencia -física, psicológica, social- toda voz profética que anuncie lo que es verdaderamente humano y denuncie lo que es opuesto a la vida, los afanes se encaminan a la muerte de Dios. La muerte de Dios es la inhumanidad en ascenso.
Porque permanecer fieles a la Buena Noticia entraña peligros ciertos. Porque el amor es una amenaza para los poderosos de toda laya.

Aún así, con todo y a pesar de todo -esta Iglesia que amamos también ha hecho y hace de las suyas- no puede apagarse la esperanza, de ningún modo. Cristo está vivo y presente entre nosotros, Servidor de todos a través de los suyos, sin quebrarse, sin adormecer la justicia, sin abandonos, porque la vida prevalece)

Paz y Bien

Espigas en sábado



Para el día de hoy (19/07/13):  
Evangelio según San Mateo 12, 1-8


(Para los judíos piadosos, el Sabbat -sábado- era día fundamental para honrar a su Dios, el momento sacro de encuentro entre Yahveh y su pueblo. Si ahondamos en su etimología hebrea, shabbat significa el cesar de realizar todo tipo de tareas, abstenerse de realizar cualquier trabajo, prescripción recibida a partir de la legislación de Moisés. 
Con el correr de los siglos, esta norma -de carácter eminentemente espiritual- devino en obligación imprescriptible que se ubicaba por sobre todo lo demás, es decir, se trastocó en normativa deificada en cambio de ser un medio para santificarse. Así entonces se impusieron también preceptos subsidiarios obligatorios que volvían anatema a los infractores de los mismos.

Difícilmente aconteceres religiosos que se lleven por delante lo que es humano, han de ser gratos al Dios Abba de Jesús de Nazareth.

El Maestro se encontraba ese sábado atravesando unos sembrados junto a los suyos, y les sucede algo elemental y básico: sienten hambre. Son un puñado de caminantes, todos hombres pobres que no tienen la posibilidad de un banquete y que están hambrientos. Con toda naturalidad y sin ninguna afectación, toman algunas espigas del sembradío para aminorar ese hambre que los acucia.
Pero están los comedidos de siempre, las almas puntillosas que están siempre atentas a las infracciones -especialistas en detectar y sancionar lo prohibido- a los que no le interesa el hambre que se ha hecho presente. 

Jesús de Nazareth no enciende los motores del debate ni de la dialéctica: esos fariseos, en sus afanes religiosos, reniegan de lo sagrado que anida en cada vida humana. Son los tiempos de la Gracia, del Dios Encarnado, y el Reino implica cierta insolencia santa, la de atreverse a arrancar espigas en sábado, es decir, animarse a hacer el bien sin pedir permiso.

Porque el culto verdadero es la compasión, porque la misericordia para con el hermano es el más bello de los templos)

Paz y Bien
 

Los yugos y los cansados



Para el día de hoy (18/07/13):  
Evangelio según San Mateo 11, 28-30



(El rostro de Dios Abba que revela Jesús de Nazareth es el de un Dios-con-nosotros, Dios Emmanuel, el Dios de la Encarnación que sale en la búsqueda del hombre, que se despoja de su divinidad en pos del bien y la plenitud de toda la humanidad. Es el Dios que es amor y perdón, compasión y misericordia, Dios Padre y Madre, Dios siempre cercano que nos llueve salvación.

Escribas y fariseos planteaban una imagen de un dios muy diferente, contrapuesta a la del Maestro. Ellos suponían a una divinidad absoluta y alejada totalmente de la creación, aislada en su trascendencia ontológicamente insalvable. Así entonces, a ese dios inaccesible que es a la vez juez severo y verdugo implacable, al que hay que aplacar mediante estrictas y normadas conductas piadosas, el dios de los castigos, de las condenas, el que impone enfermedades y sufrimientos y segrega como impuros e indignos a miríadas de pecadores.
Para evitar esos dolores, fueron acumulando a través de los siglos más y más exigencias a los fieles de Israel, del tal modo de volver esa fé insostenible y agobiante, preceptos y obligaciones que sólo generaban opresión y sometimiento, que doblegaban en su gravosidad la mayoría de los corazones, especialmente el de los pequeños y sencillos. Es que el miedo fué y será un arma poderosa de control.

Pero ahora es el nuevo tiempo, el tiempo de la Gracia, la cercanía asombrosa del Reino, y la clave de todo destino pasa por aceptar el amor de ese Dios Abba que quiere hacer todo por sus hijas e hijos, antes de las cosas que -suponemos- podemos hacer en su Nombre y por Él.

Por ello el Maestro habla del yugo: era la herramienta mediante la cual se uncían las bestias de carga -los bueyes- para que fueran por la huella prefijada, y mediante su fuerza y su peso no se desviaran jamás de la ruta que se le marcaba, camino seguido por la cerviz inclinada hacia el suelo a bruta imposición.

Su yugo es liviano, es nuestro descanso y es nuestra liberación. Porque en Él encontramos a raudales vida, liberación y bendición)

Paz y Bien

En donde resuena la voz de Dios




Para el día de hoy (17/07/13):  
Evangelio según San Mateo 11, 25-27


(Al Maestro no le había ido muy bien, según nuestros parámetros de éxito o efectividad. A pesar de todo el bien que hubo de realizar en esas ciudades que le conocieron -Corazín, Cafarnaúm, su misma Nazareth-, a pesar de su transparencia y del mensaje unívoco de sus signos, sólo pudo encontrar tormentas de rechazos, desprecio y severas admoniciones por parte de los representantes de la fé oficial, y esas multitudes tan oscilantes, que un día lo aclaman y al otro lo quieren coronar rey, y al otro lo ignoran.

Contra todo pronóstico, Jesús de Nazareth interpreta la historia y cada circunstancia de su existencia en clave de Dios. Él está totalmente identificado con su Padre, y por ello Dios es Jesús y Jesús es Dios, y esa lectura profunda que realiza se transforma en alabanza.
Es que el Reino no puede ser arrancado de cuajo, ni mucho menos silenciado. Este Dios Abba se sigue expresando y lo seguirá haciendo a través de los pequeños.

¿Quienes son estos pequeños?
Contrariamente a ciertas imágenes ingenuas, no se trata de niños, aún cuando los niños tenga un lugar preferencial en el corazón de Dios.
Los pequeños son aquellos que no tienen voz, los que todo lo soportan, los depositarios de toda imposición, los eternos acusados de ignorantes, los que no tienen quien los defienda ni quien hable por ellos. Son los que a la hora del debate, del análisis, de la exégesis, apenas balbucean. Son los destinados a siempre obedecer sin cuestionar, a los que se somete a cuestiones criteriosas y muy gravosas, a menudo por aquellos que esas mismas cuestiones no son capaces de comenzar a aplicarlas y a practicarlas ellos mismos.
Son los agotados, los agobiados que en estos arrabales no tienen alivio ni respuesta, pero que siempre encuentran consuelo y fidelidad en su Dios.

La historia humana está grávida de Gracia, y la voz de Dios resuena en el silencio de los pequeños, en medio de tanta bulla, y a pesar de tanta confusión.
Hemos de recuperar esa capacidad de escucha, para que nos resucite la esperanza, la alegría y la alabanza)

Paz y Bien




Megapolis de la indiferencia y el olvido


Para el día de hoy (16/07/13):  
Evangelio según San Mateo 11, 20-24


(Muchos de nosotros vivimos en estas enormes ciudades, megapolis en donde el individuo se disuelve en el anonimato y las personas son arrolladas por indiferentes lluvias de hormigón y vidrio desalmados, en donde sobreabunda la autosuficiencia, florecen violencia y resignación y mucho, mucho se mira y poco se vé.

En estos grandes monstruos -que a menudo amamos tanto- es usual que no se conozca al vecino, que apenas se sobreviva, que la rutina esté abyectamente impregnada de velocidad y ruido, y que se mire hacia otro lado, y así se reniegue de lo evidente.
Porque a pesar de ese dolor que campea, de lo inhumano que sobreabunda, hay muchas señales de Salvación, de vida -que no de supervivencia- al alcance de los corazones que estén dispuestos.

En cierto modo, estamos sometidos a cierta dictadura mediática, es decir, que lo que no aparece en los medios masivos carece de sustento, fundamento y realidad.
Pero con todo y a pesar de todo, en la periferia, desde la humildad y el silencio hay luces que destellan en medio de esta noche tan prolongada. Mujeres y hombres que son sal y son luz, hermanas y hermanos silenciosos del servicio, de la vida compartida de modo incondicional. 
Muchos son los que mantienen a raya, a puro corazón, al hambre que amenaza a tantos, especialmente a los viejos y a los niños. Otros son profetas a viva voz de esa justicia que se aplica a unos pocos. Otros tantos son mensajeros sencillos de posibles tiempos mejores, desde los pequeños gestos, desde la cortesía, el respeto y el fundamental reconocimiento del otro.

Esas gentes son las que justifican que estas ciudades aún se mantengan en pié, los pocos justos que amparan a todos los demás.

Porque en medio de tanto olvido, siguen aconteciendo los milagros de la fraternidad y la solidaridad)

Paz y Bien

Señal de contradicción



Para el día de hoy (15/07/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 34. 11, 1



(La Encarnación es el Dios Eterno que asume la condición humana, es decir, la humanización de la dimensión divina, y sucede en Jesús de Nazareth, Cristo de Dios, en su misma existencia, en sus gestos, sus acciones, su Palabra.

Por ello mismo, en Jesucristo acontece el sueño eterno de Dios para toda la humanidad, sueño de plenitud, de felicidad, de libertad, de generosidad sin límites, la incondicionalidad del amor, la ilógica del Reino.
Así el Maestro, y por ello todos los que sigan fielmente sus pasos, se vuelven señal de contradicción para mundos cada vez más inhumanos.

Cuando todo parece supeditado al precio, al dios mercado, Jesús de Nazareth vuelve a afirmar que no se puede estar del lado de la vida y del lado del dinero, dos señores contrapuestos.

Cuando todo se diluye en vanas ideas laxas que aparentan progresía y modernidad, el Maestro con un gesto antiguo renueva sus votos perpetuos de fraternidad, de solidaridad, de generosidad incondicional.

Cuando mediante sesudos razonamientos se pretende justificar la violencia -aún bajo el imperio de la ley-, Jesús vuelve a ofender las conciencias  moderadas con su vida ofrecida para que todos vivan, porque ninguna sangre ha de derramarse excepto la propia como siembra fértil de vida creciente.

Cuando se discrimina en propios y ajenos, cuando se acota la fé a templos de piedra, el Maestro rinde culto a ese Dios que está aquí, acampando entre nosotros,  en el servicio desinteresado en el templo vivo que es el hermano, el prójimo que se edifica.

Porque el amor es violento a los ojos más mezquinos, y muestra la preferencia de Dios hacia los más pobres y pequeños, porque ese Dios es el más pobre -pobre entre pobres-: se ha despojado de su eternidad para quedarse aquí, y nada se ha reservado, ni a su propio Hijo, para la Salvación)

Paz y Bien

Sin pasar de largo


Para el día de hoy (14/07/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 25-37


(Quien inquiere al Maestro es un doctor de la Ley, un experto en la interpretación y aplicación de los preceptos mosaicos. En su tiempo, eran la voz de la ortodoxia, y sus profusos conocimientos eran  determinantes al momento de decidir lo religiosamente correcto y veraz de lo que no lo es. Sus intenciones están mucho más allá de poner a prueba a Jesús: la erudición no implica sabiduría, y podemos intuir cierta soberbia en la exhibición de los saberes provenientes de toda una vida de estudios oficiales frente a ese rabbí galileo, pobre y peregrino.

Esa postura responde también a una mentalidad puntillosa y precisa, exacta a la hora de definir el nosotros y el ellos, una mentalidad acostumbrada a la teorización, a la abstracción, a la declamación constante. El nosotros quedará así establecido por la proximidad física -de allí prójimo, próximo-, por el que es par, igual, amigo, el de mi tribu, de mi raza, de mi nación, de mi ideología, el de mi religión. 
Es claro que lo que así se sostiene es usual, conocido y perfectamente razonable, y no se acota a las ideas de un exégeta judío del siglo I, sino que forma parte de nuestra realidad actual. Porque el doctor tiene precisión en su teoría, pero exhibe a desnudez de su alma en la pregunta.

Por ello Jesús de Nazareth no se embarca en una discusión apologética, sino que responde con un ejemplo fundado en hechos concretos. La verdad ha de enraizarse en la realidad cotidiana. Y para que no haya dudas, pone como ejemplo a un samaritano, que para los judíos observantes era sinónimo de mestizaje, de alteridad, de cosa ajena y despreciable.

Es el tiempo del Reino, y el Dios de Jesús de Nazareth no ha de encontrarse en las especulaciones de los sabihondos. Su culto primordial es el socorro al caído, el no pasar de largo frente al dolor y al sufrimiento, la fraternidad que se elige y que perdura más allá de cualquier euforia momentánea. Por ello al prójimo se lo edifica, al prójimo se sale en su busca, el prójimo es el necesitado que está caído y al que nos aproximamos, nos aprojimamos.

Así la eternidad se nos crece en el aquí y el ahora, vendando corazones lacerados, brindando vino de esperanza y aceite de consuelo, y algunas monedas también para las necesidades que, quizás, no seamos capaces de ver.)

Paz y Bien

 

El valor de cada vida


Para el día de hoy (13/07/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 24-33


(Como si no fuera suficiente el amor de Dios expresado en cada gesto, palabra y acción de Jesús de Nazareth, nos pone en un pié de igualdad con Él mismo. Las discípulas y discípulos son otros Cristos en camino de misión, ofrenda inexpresable de la eternidad volcada en estas nadas que somos.

Pero no todo es un paisaje tranquilo o bucólico, y por ello el Maestro insiste acerca del miedo. Esa insistencia no responde a un intento burdo de presión psicológica -como tristemente y a menudo nos han educado- sino más bien a una realidad durísima. Es que la Buena Noticia es tan opuesta y peligrosa para los poderes instituidos en el mundo, que el modo de acallar a sus mensajeros es mediante la profusión del temor.

El miedo puede paralizar, tornar los rostros bajo una máscara de pseudo prudencia, menguar la profecía, adormecer la resurrección.
Así entonces el miedo es una de las principales estratagemas de dominio del poder.

Con todo y a pesar de todo, la vida y la verdad han de prevalecer. Podremos encontrar en el camino miles de peligrosos obstáculos, cuya sola vista nos demoren de puro miedo. Pero no hay que temer, pues no vamos solos, y el horizonte de la eternidad, de una humanidad recreada nada ni nadie podrá desdibujarlo ni ocultarlo.
Es natural temer, pero es mucho más humano seguir adelante a pesar de todo. Lo peligroso es llevar una vida cómoda sin sobresaltos, creyendo absurdamente que somos de ese Cristo atrevido e insolente, y la fidelidad es costosa.

En las manos bondadosas de Dios están todas las existencias. Toda vida es valiosa -tan valiosa-, única e irrepetible, y en esa sintonía debería ubicarse todo nuestro obrar. 
Cada vida cuenta -hasta la del enemigo-, cada vida debe protegerse, cada vida tiene destino de infinitud en las manos de Aquel que nos crea y sueña con colores de para siempre)

Paz y Bien

En medio de lobos


Para el día de hoy (12/07/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 16-23


(La advertencia de Jesús de Nazareth a los suyos, a los que envía como mensajeros, no es de balde ni para meter miedo en sus huesos: se trata de una realidad dolorosa a la que los discípulos de todos los tiempos -seguidoras y seguidores del Maestro- habrán de enfrentarse.

Es que el carácter de los misioneros ha de ser siempre el de mansedumbre, talante humilde de ovejas. Pero han de estar atentas a los lobos con los que se han de encontrar.

Lobos del poder, esos mismos que toman cualquier acción generosa y desinteresada, de solidaridad encarnada como una amenaza que debe ser suprimida. Para estos lobos se rinde culto al dios Dinero, cuyo rito se establece en las finanzas, con un cielo inmanente llamado mercado. Todo lo que se oponga a ello deberá ser cercenado bajo apercibimiento de subversión.

Lobos ideológicos que sólo son capaces de interpretar la realidad a través de códigos preestablecidos, anteojos limitados y mezquinos, y por ello quienes pretendan otra lectura, otro mundo, otra utopía, son un enemigo a derrotar antes que un compañero de caminos.

Lobos éticos de toda laya, los que pretenden se les requiera autorización para hacer el bien a un hermano que pasa necesidad o sufre. La transgresión, para estos lobos, se castiga con el descrédito, la difamación y el insulto categorizado.

Lobos religiosos del templo los domingos, imperialistas de la piedad estratificada, lobos de un Dios lejano al que se manipula mediante el cumplimiento de los preceptos, el Dios que brinda castigos a los que se apartan de las normas, el Dios de los repudios y las excomuniones, que no es el Dios Abba de Jesús de Nazareth, Dios de los abrazos, Dios de la Salvación, Dios con nosotros, Dios por nosotros, Dios en nosotros.

Por ello, con todo y a pesar de todo, no hemos de inclinarnos ante las sombras del miedo y la muerte pues no vamos solos. Y aunque parezca que no hay argumento alguno que sea suficiente, tendremos las Palabras justas. Porque el Espíritu del Resucitado nos anima, porque nos reviste de coraje y confianza, porque a pesar de tanto dolor y de tantas amenazas, seguimos andando.
En nuestro horizonte destella la Salvación)

Paz y Bien

Misión, compartir la vida de Dios



Para el día de hoy (11/07/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 7-15


(Misión es descubrirnos llamados, convocados por Jesús de Nazareth con nombres y apellidos, desde nuestra identidad única e intransferible, en una confianza total que Él ha depositado sobre cada uno de nosotros, una confianza que a menudo no solemos retribuir a su Sagrado Corazón.

Misión es tener en nuestras manos todo lo necesario para que la muerte retroceda, para que florezca la salud, la paz, la vida y la libertad.

Misión es anunciar que el Reino de Dios no es una utopía -bella imagen del mundo de las ideas- sino una realidad al alcance de los corazones de las mujeres y los hombres de buena voluntad, realidad de plenitud, realidad de felicidad.

Misión es saber que no cuentan méritos o deméritos, sino la bondad inmensa de un Dios que nos ha elegido de un modo incondicional y gratuito, y son esa gratuidad y esa incondicionalidad las rectoras de nuestros pasos.

Misión es compartir la vida misma de Dios cada día, a cada instante, la vida de ese Dios que se ha hecho uno de nosotros, que se ha despojado de todo para amarnos en esta dimensión humana que somos, que anda sin condicionantes, que florece en hospitalidad y vida en común que se expande, de tal modo que su vida sea también la nuestra y la de todos aquellos a los que nuestros pasos nos conduzcan, vida plena, sin límites, familia creciente sin imposiciones, gratuitamente, a pura bondad y compasión)

Paz y Bien

Alma del mundo



Para el día de hoy (10/07/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 1-7


(La convocatoria de Jesús de Nazareth es siempre personal, jamás abstracta ni pendiente de generalizaciones. Por ello se tiene memoria de los nombres de los enviados -Apóstoles-, de sus orígenes, de sus caracteres, y el llamado es tan fundamental que dejan todo atrás, porque no pueden quedarse quietos, porque no pueden callar.

Simón deja hogar, esposa, oficio. Mateo, empleo y fortuna. Juan y Santiago el negocio familiar. Natanael, el estudio, todos ellos han renunciado a lo conocido y confortable para embarcarse en la aventura desconocida de anunciar la Buena Noticia del Reino, éxodo de liberación y confianza.

El Reino está cerca, muy cerca, tan cerca que está al alcance de todo corazón.
Los apóstoles -varones y mujeres- han sido enviados con el mismo poder y misión del Maestro, artesanos y obreros capaces de liberar espíritus prisioneros del egoísmo, manos capaces de sanar heridas del cuerpo, de la sociedad, lesiones que provoca la miseria, la injusticia, la opresión.

En un mundo des-graciado, ellos rinden culto al Dios de la Vida con gestos gratuitos de paz, revestidos de solidaridad y compasión.

Ellos se vuelven alma del mundo allí donde campea la muerte, donde hace falta la sal, para que esta vida dé gusto vivirla, al sol del tiempo nuevo)

Paz y Bien

Che sy


Nuestra Señora de Itatí - Día de la Independencia Argentina

Para el día de hoy (09/07/13):  
Evangelio según San Lucas 1, 39-47



(Che sy. 
En idioma de sonoridades antiguas -que no viejas- mi madre, mi mamá.
Digan lo que digan, la vida se define y fundamenta por los afectos y por la fidelidad a los amores.

Madre de Dios, Tupasy, desde mucho antes de imaginarnos como país, como nación, como pueblo de pueblos, como Patria que nos cobija, cuando éramos apenas y a penas la periferia de una colonia imperial, Ella ya andaba por estos suelos que tanto amamos y nos duelen cobijándonos, Señora de todos los cuidados, hermana de nuestros pasos vacilantes, refugio de nuestras angustias, consuelo de nuestros dolores, Madre de los más pequeños, de los pobres y los olvidados que abriga entre sus pequeñas manos y su corazón enorme.

Mujer que es silencio y presencia y es certeza, porque donde está la Madre está el Hijo.

Muchacha de la paz y la memoria viva, de paso firme y decidido, vestida siempre de esperanza.

A menudo solemos confundirnos, pues creemos que la visitamos en los santuarios, en Itatí, en Luján, en Guadalupe, en Caacupé.
Pero es Ella la que viene a nosotros, con unas inquebrantables ganas de quedarse aquí, cerca, muy cerca. Esa mujer no tiene casa, pues su hogar está allí en donde está el de los hijos que la reciben con el amor embanderado.

María Itatí, che sy de los avá, de nuestros hermanos primeros, de todos nosotros que seguimos andando porque sabemos que no estamos solos, que no hay tropiezo que pueda detenernos porque Ella trae la vida en ciernes, vida que es Gracia que fecunda la historia para que no haya más muerte, para que nos crezca florida la justicia, para navegar en ríos mansos de paz, para que en el encuentro de todos nos germine la alegría que no tiene fin)

Paz y Bien

La compasión que se adormece



Para el día de hoy (08/07/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 18-26




(El Maestro era defenestrado con fervor por los religiosos profesionales, es decir, por aquellos varones piadosos que -a la vez- eran los rabiosos guardianes de los preceptos de la ley mosaica y de la ortodoxia establecida. 
Es que Jesús de Nazareth, frente a la necesidad de socorro de una persona, nunca vacilaba ni se demoraba en abstracciones o procedimientos preestablecidos. Ante todo está el auxilio al hermano, señal cierta de un Dios que jamás descansa por el bien de todos. Ello le traería innumerables problemas, el ostracismo social, el repudio de los suyos, la persecución, la excomunión de la sinagoga y los fundamentos principales que utilizaría el Sanedrín -blasfemia- para dictar su sentencia de muerte.

Con todo y a pesar de todo, para hacer el bien no se debe pedir autorización.

Hoy el Evangelista nos habla de dos mujeres. 
Una, con la vida que se le escapa junto con la sangre que pierde desde hace doce años, y que además de hacerla vecina de una muerte segura la vuelve impura absoluta, impedida de cualquier vida en comunidad y de toda cercanía con otro, pues se consideraba esa impureza transmisible.
La otra, una vida en ciernes sesgada antes de florecer, una vida jovencísima que no crecerá, ni amará, ni tendrá hijos, una niña que al morir arrastra sin quererlo el corazón de sus padres.

En esta lectura tres son los atrevidos.
Esa mujer no se resigna, y confía en ese Cristo que pasa y del que tanto le han hablado. Confía porque sabe que de ese rabbí galileo emana una fuerza extraña, muy distinta a lo que conoce. Todo indicaba que no debería tener contacto con Él, so pena de impurificarlo, pero su alma no ha sido doblegada por aquellos que imponen directrices de dolor. La fé es también atreverse, animarse porque lo único que perdura es la misericordia, porque nada es definitivo excepto el amor.
El Maestro se dá cuenta, aún cuando el contacto sucede en medio de la multitud. Es la atención de quien no pierde los detalles importantes, de quien no se marea con la bulla, de quien no deja de mirar y ver lo que verdaderamente cuenta, y lo decisivo es la conjunción de esa confiada rebeldía de la mujer y la compasión encendida de Dios que no rehuye ni se niega, que restablece su cuerpo y su dignidad desde la ternura, llamándola hija.

Ese jefe/magistrado tampoco se ha dejado atrapar por los esquemas prefijados. Es su niña, la luz de sus ojos la que se pierde, y no le importa quebrantar con todo lo que él mismo, seguramente, ha contribuido a normar, ni se detiene por un instante a considerar las consecuencias funestas de su accionar. Cuando una vida está en peligro, cuando la muerte se asoma, no hay excusas ni demoras.


El Señor es el gran atrevido, el insolente que se deja tocar por la impura, que toda la impureza establecida por la muerte para transformarla en vida recuperada, que no le importan los juicios de corazones mezquinos, que no se demora en el socorro, que establece el culto verdadero que es la compasión, que les dice a los participantes de ese momento fúnebre y a todos nosotros que no, que la niña no ha muerto, que está dormida, porque se nos ha adormecido hasta casi morirse la compasión, el socorro, la misericordia y esa solidaridad que obra milagros)

Paz y Bien

Al alcance de todo corazón




Para el día de hoy (07/07/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20


(Para la misión, el Maestro no ha convocado solamente a los Doce sino también a otros setenta y dos, símbolo preciso de la universalidad de ese mandato, pues para la mentalidad de Israel del siglo I, setenta y dos son las naciones paganas del mundo: esto refiere a su universalidad -catolicidad- sin ningún límite racial, social, político, cultural o religioso.

Las enviadas y los enviados no se aventurarán en soledad, irán de dos en dos. Solos es imposible, y en el tiempo de la Gracia la individualidad ha de dejarse atrás, pues se trata siempre de edificar el nosotros, testimonio veraz, testimonio solidario para no caer por los caminos.

La misión tiene la misma urgencia de un parto próximo, porque la historia humana, desde la Encarnación, está grávida de vida por la Gracia. No hay que detenerse por nada, y es menester la sencillez, y fundante la pobreza de medios y recursos, pues el Garante y quien sustentará cada paso, por mínimo que parezca, será el mismo Dios, Dios bondadoso y providente que se hace compañero de todo andar, y hasta camino mismo se vuelve para nuestros pies inciertos.

No hay que temer a pesar de tanto lobo suelto. Lobos ideológicos, lobos religiosos, lobos materialistas, lobos de la violencia, lobos de la comunidad, prestos a clavar sus garras, ocultos en cada recodo de la huella. Con todo y a pesar de todo no vamos solos, apenas y a penas somos mujeres y hombres frágiles y quebradizos -sin nada, sólo habitados por Dios- en misión de paz, de paz que se comparte y reparte como el pan, en paz que no se impone sino que se anuncia y propone y que no tiene demasiados secretos ni planificaciones: esa paz comienza en los mismos hogares.

No hay noticia mejor, ni más importante ni más movilizadora que ésta, y es que el Reino de Dios está cerca, muy cerca, tan cerca que está al alcance de todo corazón, allí donde puede comenzar a germinar la compasión y la justicia, la liberación y la Salvación, los días entretejidos de eternidad.

En este oficio que se hace día a día y que es impostergable, el motor primero es la alegría. Esa felicidad inmensa de que nuestros nombres, aquello que nos identifica, está guardado y crece al calor de la infinita ternura de Dios)

Paz y Bien

Un Reino sin moldes



Para el día de hoy (06/07/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 14-17


(En aquellos tiempos, el modo de enseñanza y lo transmitido a sus discípulos por Jesús de Nazareth asombraba, confundía y molestaba a muchos.
Es que ese rabbí galileo no se comportaba como cualquier maestro tradicional, ni establecía normas de piedad, de culto, preceptos a cumplir que fueran identificatorios de su grupo. Por eso mismo el cuestionamiento que le hacen los discípulos del Bautista -que en ese momento se encontraba en la prisión de Herodes- cuestionan que Jesús no imponga a los suyos la práctica rigurosa del ayuno, al igual que lo hacían seguidores del Bautista y los mismos fariseos. Todos ellos suponían que una actitud religiosa veraz debería ir acompañada del rictus severo y autoflagelante del ayuno estricto, es decir, enteramente individual y sin un ápice que lo vincule al prójimo.

Pero han cambiado las cosas de raíz, y es un tiempo nuevo. La Encarnación es el compromiso definitivo de Dios para con la vida humana y la creación también, Dios de la alegría y la esperanza. Con todo y a pesar de todo, hemos sido soñados para la celebración y la fiesta compartidas, y a pesar de tantas tristezas y tantas miserias no podemos ni debemos desterrar al brindis que festeja la vida, esa vida que es hoy -ya mismo- y que no tiene fin, porque prevalece más allá de las puertas de la muerte.

El Reino inaugurado y propuesto por Jesús de Nazareth no se impone, no es mesurable ni tiene límites ni moldes.
Magníficamente arremete con el empuje de la semilla germinando contra cualquier remiendo pasajero o contra cualquier odre banal de nuestros esquemas cómodos.

El Reino es vino nuevo que merece los odres nuevos de corazones recreados, de corazones sanados y dispuestos a vivir plenos)

Paz y Bien

La mesa de los despreciados





Para el día de hoy (05/07/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 9-13



(No es casual que en las situaciones vocacionales –convocatoria y llamado- se tenga memoria en los Evangelios de los nombres propios de quienes el Maestro convoca. A veces también hasta se menciona a los padres, su oficio, su carácter.
Es que el llamado es siempre personal, jamás es genérico ni abstracto. Cristo llama a mujeres y hombres concretos, de carne y hueso, con sus virtudes y defectos, únicos e irrepetibles, y el signo de ello es el nombre que los/nos identifica.

Este hombre llamado Mateo era publicano, es decir, parte de la burocracia instituida por el ocupante imperial con el fin de recaudar tributos para Roma, tributos que eran extenuantes sobre todo para los más pobres, para los campesinos, pescadores y artesanos.

A su vez, era usual entre los publicanos las prácticas extorsivas y usurarias para rédito propio: ellos aprovechaban su poder y posición para provecho propio –algunos amasaban cuantiosas fortunas-, toda vez que la evasión y la rebelión impositiva era considerada por Roma como sedición. Y en la zona estaban estacionadas dos legiones que se ocuparían rápida y violentamente de ello.

Por todo ello los publicanos, si bien judíos, eran considerados por sus paisanos seres con la misma estatura moral de las prostitutas, y no ocultaban su odio hacia ellos. Desde el lado de la ortodoxia religiosa, también estaban soslayados: su contacto habitual con extranjeros romanos y con sus monedas los volvían impuros totales y, por ello, indignos de participar en la vida comunitaria y religiosa de Israel.

Aún con todo ello, el Maestro pasa por el lugar de trabajo de este publicano. Los signos están allí, las señales están a la vista de quien quiera percibirlas: Mateo se encuentra sentado a la mesa en donde ejercía el cobro de los impuestos, y cuando Jesús pasa y lo invita, se pone de pié y lo sigue. Es una vida apagada por sus miserias, un muerto por el pecado que ha renacido y por ello se levanta.

Cuando Cristo se hace presente, la vida se renueva y recrea.

Sin embargo, los rótulos y sambenitos que los publicanos tenían se hacían extensivos también a sus hogares. Nadie en su sano juicio iría a su casa ni, mucho menos, se sentaría con ninguno de ellos a compartir la mesa.
Jesús de Nazareth rompe todos estos esquemas y desafía cualquier lógica desde su corazón sagrado e inmenso. No sólo se sienta a la mesa en la casa de Mateo, sino que comparte pan y vino con otros repudiados, que la Palabra identifica como pecadores: estas personas así descriptas eran personas cuyas faltas o miserias eran de conocimiento público, y como tales se las execraba y proscribía. Por ello difícilmente serían convidados a ningún sitio.

La mesa grande del Maestro, precisamente, se nutre primero de todos aquellos a los que nadie invitaría usualmente a comer. Es misión de rescate, oficio de compasión, tarea de misericordia, y la Iglesia se vuelve cada día más parecida a Aquél que la sostiene cuando a su mesa se sientan, ante todo, los despreciados de todo sitio, por el afecto entrañable de ese Dios que se des-vive por nosotros)

Paz y Bien


Curados por el perdón




Para el día de hoy (04/07/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 1-8



(En los tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, toda enfermedad era considerada castigo y justa retribución divina como consecuencia directa de los pecados cometidos –especialmente por los padres-, el mal físico producto del mal moral, la culpa resaltada a diario por un sistema social y religioso apto para unos pocos puros, autoproclamados salvos.
Así entonces un hombre paralítico o disminuido en su aptitud física es un hombre que está doblegado por más de un motivo.  Su cuerpo no le responde, y por eso está incapacitado para caminar, para trabajar, para el amor, para cualquier actividad humana. Su corazón y su mente también padecen una condena que se le ha impuesto y que la acepta. Es un hombre de horizonte escaso, en donde sólo la tristeza puede germinar, y no es para nada descabellado imaginar que esa condena de castigo divino le resulte tanto o más gravosa que la misma enfermedad que limita o impide sus movimientos.

En cierto modo, ese hombre está muerto en vida.

Afortunadamente, en aquel entonces y ahora también, hay gentes que no se resignan jamás, que no bajan los brazos, renegados a perpetuidad del no se puede.
Son ellos los que toman en sus manos y sobre sus hombros a ese hombre –vecino, pariente, conocido?- y lo llevan donde Jesús, confiados en que el rabbí galileo todo lo puede. Es un enorme acto de fé, una magnífica expresión de confianza que se abre paso por entre la multitud, es la fé de los hermanos que levanta a los caídos porque sabe que Dios a nadie deja librado a su suerte, porque saben que el que busca encuentra, porque saben que llamando a las puertas de Dios, inevitablemente el Maestro ha de atender, y siempre para el bien, y expresan simbólicamente a la humanidad que busca el auxilio, la compasión, la Salvación que sólo puede hallarse en Jesús de Nazareth.

Allí acontece más de un milagro.

El Maestro, con una ternura infinita, le enciende el fuego necesario de la confianza y le restituye su identidad primera llamándolo hijo; así vuelve a ser considerado otro hombre entero más, un hombre que ha recuperado su estatura humana. Y el Maestro conoce bien los dolores que lo afligen, por eso primero y ante todo lo libera de eso que lo deshumaniza, el pecado, pecado como castigo impuesto por otros –no por Dios-, pecado como fruto hostil de egoísmos y soberbias propias. Es un hombre re-creado y es un adelanto de la Resurrección, el Éxodo definitivo: es un hombre que por Cristo se levanta, y es la humanidad y es la creación de nuevo en pié, regresando a la vida en camino hacia la plenitud.

Como suele suceder, voces celosas –almas opacas- murmuran su desacuerdo. Parece que es menester andar pidiendo permiso para hacer el bien, y para colmo de males, este campesino nazareno se arroga el derecho del perdón que sana y salva, exclusivo de un dios lejanísimo.
Ellos no quieren aceptar –a diferencia de todo el pueblo- que la Salvación y la salud están allí, que la vida ha llegado para quedarse, porque en Cristo se ratifica el Dios con nosotros de todas las alegrías).

Paz y Bien









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