Iglesia en marcha



Para el día de hoy (30/06/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 51-62


(El Evangelio para el día de hoy nos brinda dos coordenadas muy importantes: primero, que Jesús está camino a Jerusalem, es decir, que marcha al encuentro de la Cruz, a cumplir en fidelidad su misión hasta el fin, antes que buscar con denuedo los albores capitalinos. Segundo, Él se encuentra en la carretera, en algún punto de Samaría.
Samaritanos y judíos se odiaban con singular fervor: aquellos poseían una fé poco ortodoxa, con literatura y tradiciones religiosas propias, y además un Templo santo en Garizim que, en cierto modo, competía con el de Jerusalem. Los de Judea, heridos en su amor propio y vulnerada su identidad nacional, los despreciaban por todo ello, y ese desprecio encontraba eco en los habitantes de esas tierras. Por ello mismo Jesús envía mensajeros con el fin de preparar en un pueblo de la zona alojamiento que les brinde cobijo y descanso de los duros trajines de la ruta, y el empeño de estos enviados deviene nulo. Se trata de peregrinos en camino al templo de Jerusalem, y para los samaritanos -tan cerrados en sus trece como los mismos judíos- el simple paso se les hace afrenta.

Juan y Santiago, los hijos de Zabedeo, parece que eran de carácter bravo; bastaba una pequeña chispa para encender sus furores, de tal modo que se los conocía como hijos del trueno. Por eso y en talante de franca venganza, interpelan al Maestro: desean hacer caer sobre esos samaritanos una lluvia de fuego que los consuma. Es el nefasto y torpe atajo de la violencia que busca aniquilar enemigos o adversarios, corta vereda de muerte, a menudo fundada con las mejores intenciones.

Jesús no se explaya demasiado. Reprende a los suyos y sigue andando.

Es que los fuegos válidos son los que encienden los corazones, es que en el tiempo nuevo del Reino hay victorias extrañas en donde todos ganan y en donde no se permite derramar otra sangre que no sea la propia, y para que otro viva. Y no valen los atajos.

La comunidad creciente que llamamos Iglesia se hace por mandato de amor entrañable de Dios, y se edifica en marcha, sin detenerse en vanas comodidades ni escapándose de las cruces que se le asomen en su horizonte. Es un andar que se hace con otros y para otros, jamás -nunca jamás- contra otros, contra nadie, sin imposiciones ni violencias.

Cuando la Iglesia se detiene y enciende detectores de enemigos, cuando se acomoda en fulgurantes conforts reniega expresamente de su misión y de su identidad peregrina.

La Iglesia siempre ha de estar en marcha, porque la vida es movimiento, porque su Dios es camino. Por ello mismo ha de dejar atrás la muerte, por eso a nada debe estar atada, por eso su historia -por dolorosa que sea- ha de quedar atrás como sabiduría que ilumina y no como lastre que detiene. 

La insistencia de Jesús de Nazareth de ponernos en marcha, más que un simple mandato planificatorio, es más bien una súplica revestida de urgencia, y ya no es posible quedarnos quietos, conformes con miserables vanidades. Porque el Reino se decide aquí y ahora, manos unidas de Dios y la humanidad)

Paz y Bien

Las llaves de Pedro


Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

Para el día de hoy (29/06/13):  
Evangelio según San Mateo 16, 13-19



(Estamos en Cesarea de Filipo, la antigua Panias erigida por el culto a dioses extraños y ahora reconstruida y ampliada por Felipe / Filipos, tetrarca de Idumea -el otro hijo de Herodes el Grande- en honor del emperador romano, el mismo César que garantizaba su título vasallo y su poder. Estamos en una región en donde la fé de Israel a duras penas se la encuentra pura, y es una zona sospechosa, teñida de heterodoxia religiosa, social y cultural en donde con espuria devoción se hincan rodillas frente al opresor para que todo siga igual, para que nada cambie.
No es entonces casual que allí, donde nada nuevo pueda esperarse, suceda una de las afirmaciones de fé más contundentes de todos los tiempos, y no es casual que precisamente allí el Maestro revele la misión de Pedro y de toda la comunidad naciente, a la que por vez primera llama Iglesia. Aunque suene algo extraño, hay una geografía de la Salvación que excede el diseño de mapas, y es el dibujo asombroso que en silencio el Dios de la Vida traza por todas partes y en toda la historia humana. Es signo amoroso de una Salvación que se ofrece a todos y se expande especialmente desde los márgenes y desde esos lugares sospechosos en donde nada se espera.

Si nos detenemos en la escena y en las personas que la componen, encontraremos a un grupo mayormente integrado por galileos. Un rabbí caminante que durante años ha sido artesano en la Nazareth de sus padres. Varios pescadores del Mar de Galilea. Algún publicano, algún estudioso menor de la Torah, casi todos ellos personajes irrelevantes pues no son de sangre real, no tienen ninguna influencia política, son hombres pobres. Y para colmo de males, van con ellos también -aunque poco se las mencione- varias mujeres, las que serán más fieles y permanecerán enteras ellas en los bravos momentos de la Pasión.

Simón era sólo un pescador de Cafarnaúm; conocemos a su hermano Andrés, sabemos que tenía esposa, suegra -muy probablemente hijos-, y un carácter fuerte, a menudo arrebatado y hasta violento. Fué rápido también a la hora de renegar de ese Maestro que estaba preso y a punto de ser ejecutado en la noche más oscura. Varias veces se atrevió a regañar a Jesús porque éste no encajaba de ninguna manera en sus esquemas preestablecidos. Con todo y a pesar de todo, él no vacila al afirmar -con una luz que no le es propia y que lo desborda- que ese Jesús de Nazareth es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Esa afirmación es vital y estremece en su contundencia, y reafirma que la fé que nos sustenta está mucho más allá de la mera especulación: la fé es una aseveración positiva de toda la existencia, hasta los huesos se conmueven. Y cuando la fé se expande en los corazones, también la cotidianeidad se transforma y adquiere nuevo sentido: desde esa fé que se enciende en Simón, el Maestro le descubre la misión que tendrá él, y por él todos los que lo sigamos en la huella de la Buena Noticia.

Simón bar Jonás ya no será el mismo y hasta el nombre se le cambia, señal de una vida nueva, de una identidad recreada. Simón será en adelante Pedro porque será fundamento para sus hermanos, piedra en donde se edificará la comunidad siempre creciente que es la asamblea fraterna de los fieles, familia grande de mujeres y varones que es la Iglesia.

Pedro tiene en sus manos callosas de trabajador un poder, un gran poder que no se identifica con dominios y coronas, con fastos y rótulos. Antes bien, el poder de Pedro es el servicio, ese servicio que no busca nada para sí sino para sus hermanas y hermanos, Pedro tiene por misión edificar puentes que reunan de nuevo a los dispersos -de allí mismo y literalmente pontífice-, puentes de paz y mansedumbre, puentes de justicia y liberación, puentes en los que tienen prioridad de paso los pobres y los pequeños.

Con él, la misión se extiende a toda la Iglesia: desde ese servicio humilde y generoso, es misión de Cristo el esfuerzo por procurar nuevos nudos buenos que entrelacen a las gentes entre sí, que re-liguen a los que están separados por raza, por religión, por la guerra, por la cultura. Son los nudos de la red de la fraternidad, esa misma red que hace que los pequeños peces permanezcan con vida.
Porque, a no equivocarse, la Salvación no es un hecho postrero sino que comienza en el aquí y ahora, la eternidad entretejida en lo cotidiano, la Encarnación, Dios con nosotros.

Eso que llamamos cielo es de Dios. Pero las llaves de sus puertas están en manos de Pedro, porque cada día se conjuga el hoy de la Redención)

Paz y Bien



Todas las llagas




Para el día de hoy (28/06/13):  
Evangelio según San Mateo 8, 1-4



(En cierta especulación habitual, todo milagro refiere únicamente a la intervención divina en favor de una necesidad humana que no puede subsanarse en estos planos temporales. No está mal, claro está, pero tampoco lo está en expandir nuestro campo de visión interior.

La Encarnación de Dios, del Verbo que se hace carne y acampa entre nosotros, supone la alianza definitiva y eterna de Dios con la humanidad, urdimbre santa en donde se teje una nueva historia fecundada por lo infinito, por la Gracia. Y así los milagros conjugan fé, corazón y amor entre el hombre y Dios.

En el suceso que el Evangelio para el día de hoy nos hace presente, acontece más de un milagro.

Hemos de tener en cuenta la situación de los enfermos de lepra en el siglo I y en la Palestina del ministerio de Jesús: sin los avances médicos actuales, la enfermedad era altamente contagiosa, además de provocar las terribles lesiones o llagas que podían llegar a desfigurar al paciente. A ello, había que añadir las puntuaciones de la ley mosaica y los preceptos por entonces vigentes, que identificaban a cualquier enfermedad como producto de pecados propios o de los parientes directos, condición de impureza religiosa y social y, por lo tanto, de obligado ostracismo comunitario. Como si no bastara, todo aquel que se pusiera en contacto con un impuro -un leproso, un enfermo, un cadáver- a su vez se convertía en impuro y, por lo tanto, debía ser segregado de la comunidad.
Las reglas eran cruelmente estrictas, y solían cumplirse a rajatabla. En el caso de los leprosos, a su vez debían agruparse para subsistir en lugares desiertos, vestirse con harapos y a la vista de cualquier caminante, declarar a los gritos su condición de impuro a fin de ser evitados.

Pero este hombre agobiado por la lepra, el desprecio y la marginación, tiene un corazón que cree y confía en ese rabbí galileo. Por ello mismo sabe que puede ser limpiado hasta las honduras de su alma, aunque ignore si será voluntad de ese hombre bueno que tantas cosas ha hecho en favor de los pobres y olvidados. Tanto así que es capaz de vulnerar flagrantemente esas norma rígida de quedarse al margen, y se acerca al Señor, con su alma humilde puesta a sus pies.

Acontece más de un milagro.

El cuerpo de ese hombre se limpia de toda llaga, de las llagas que hieren su piel y de las llagas que horadan su alma. Es de nuevo un hombre que ha de reintegrarse en plenitud a su comunidad, y por ello el Maestro le indica presentarse a cumplir con los ritos prescritos, quizás los mismos ritos que lo marginaron.
Ese hombre se despertó de su letargo de dolor a pura confianza y coraje. No hay que detenerse ni preocuparse cuando se vá al encuentro de la Buena Noticia del Reino.
Y el Maestro no toma en cuenta las consecuencias que pueda tener su obrar, pues ante todo extiende su mano y toca al leproso prohibido. La llaga de la soledad ha sido sanada, la lastimadura de la exclusión ha cicatrizado.

Es que hay un Dios caminante entre nosotros que nada ahorra a la hora de nuestra sanación, de nuestra plenitud.
Hasta es capaz de morirse para mantenernos con vida, y con vida en abundancia)

Paz y Bien

 


La casa-existencia



Para el día de hoy (27/06/13):  
Evangelio según San Mateo 7, 21-29



(Esta enseñanza del Maestro sucede a inmediata continuación del Sermón del Monte, por lo que está íntimamente entrelazada con las Bienaventuranzas.

Se trata del gran problema habitual: pasar de la declamación a la proclamación de la Buena Noticia, de la palabra superficial y vaga al Verbo que habita entre nosotros y en nosotros, de una palabra que sea mucho más que pura discursividad y desemboque en la corriente de la vida cotidiana. Porque los frutos de esas palabras, y de la Palabra, son definitorios e identifican a los seguidores de Jesús de Nazareth, frutos que no se acaparan sino que se brindan de manera generosa e incondicional al hermano.

Así entonces la proclamación de la Buena Nueva jamás puede escindirse de acciones de compasión y justicia, de gestos fraternos y solidarios, de frutos mansos de liberación en el devenir de cada día.

Porque todos somos constructores muy limitados. A todos nos sobrevienen tormentas, terremotos, aludes, y esta estructura endeble que late puede venirse abajo con facilidad.
Pero la casa-existencia que, con todo y a pesar de todo, no se derrumba es la que tiene sus cimientos hundidos en la roca firme, Jesús el Cristo de Dios.

El no cita a otros autores ni comenta lo que han comentado comentaristas, en aras de ganarse simpatías.
Su Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva, y es precisamente ello lo que nos hace crecer cosas nuevas, cosas que no mueren y perduran, la eternidad entrelazada en nuestra escasa temporalidad, para no ser llevados de arrastrón por los aconteceres diarios, para volvernos trigo que deviene en pan para los hermanos)

Paz y Bien



Lobos y frutos




Para el día de hoy (26/06/13):  
Evangelio según San Mateo 7, 15-20



(Desde sus mismos inicios, la comunidad cristiana hubo de tomar precauciones por la proliferación de falsos profetas, hombres que aparentaban halos de santidad y religiosidad pero cuya intención oculta no era orientar a las gentes hacia el sendero de la verdad -la puerta estrecha- sino más bien nutrir el ansia de sus intereses aviesos, asaltantes de la inocencia, detractores voraces de los pobres y los pequeños.

La crítica de Jesús no es de carácter doctrinal, es decir, no habla de falsos profetas de la heterodoxia: el Maestro se refiere al ethos, es decir, al obrar de cada persona y a las consecuencias de esas acciones. 

Quizás por su importancia y su impacto demoledor, en estos tiempos que nos toca vivir, a los lobos revestidos de pieles de oveja los identifiquemos necesariamente con aquellos que desde su posición religiosa han abusado de niños, y a través de décadas. Bien sabemos lo que pensaba Jesús acerca de aquellos que vulneraban la inocencia. No es errado así identificar a estos espantosos lobos que entre nosotros proliferan.

Pero no son los únicos, es claro.

Están los lobos del poder y el dominio, de la figuración y el sometimiento, lobos cuyos frutos son pasajeros y fútiles, que propugnan una fé light de puerta ancha, o también una religiosidad en donde no tenga espacio la sonrisa ni la solidaridad, la religiosidad acotada al templo y ajena al acontecer diario, la fé de unos pocos y tantos otros excluídos, creyentes de la mesa chica y el pan para algunos elegidos, frutos del mirar hacia otro lado, del no comprometerse, del no te metas, de la tibieza, el gris opaco de corazones manipulables por el miedo.

Pero los frutos del Reino, frutos de profetas veraces -mujeres y hombres que caminan con nosotros- son la paz y la justicia, la compasión y la solidaridad, la alegría y la paciencia, la liberación y la familia que siempre crece)

Paz y Bien


De puertas estrechas



Para el día de hoy (25/06/13):  
Evangelio según San Mateo 7, 6. 12-14



(No es necesario dar demasiadas vueltas. Nuestra gente más sencilla, con refranes magníficos, ha sabido a través del tiempo replicar esta certeza que el Maestro afirma, y es que a menudo, con la certeza de la intuición, sabemos que no es momento ni lugar para compartir lo valioso. Aquí en estas pampas se suele afirmar en la misma sintonía evangélica que no hay que darle margaritas a los chanchos, y poco tiene que ver una actitud exclusivista ni que mira a otros con franco sentido superior. Cada cosa a su tiempo y en su medida.

Así también con el prójimo, y aunque el sentido común sea el menos común de los sentidos, pasa por ahí el modo de con-vivir con los demás. Jesús propone un modo de vincularse que surge de un horizonte primordial, Abba Padre suyo y nuestro, por el que todos somos hijas e hijos y hermanos entre nosotros. Magnífica expresión de sentido común que es proactiva y propositiva antes que expresión de prohibiciones y normas taxativas. Quizás sea el único modo de comenzar a reconocernos familiarmente.

Por ello, quizás, el camino del Reino implique atravesar una puerta estrecha. Porque todo debe iluminarse e interpretarse a la luz del amor mayor de la cruz. La puerta de la vida es estrecha pues la vida se gana entregándola para que otros vivan, la vida se logra cuando se convierte en ofrenda que derrota y disipa cualquier egoísmo, el obstáculo mayor, la pared que habitualmente nos separa de los hermanos)

Paz y Bien

Un niño nace




Nacimiento de San Juan Bautista
 
Para el día de hoy (24/06/13):  
Evangelio según San Lucas 1, 57-66. 80



(La escena perfectamente podría repetirse hoy en un pueblo pequeño, en un barrio, con una mamá reciente, un bebé celebrado, parientes y vecinos en serena alegría que se comparte por esa vida nueva que ha llegado como bendición. Para nuestra gente más sencilla no cuenta tanto la pobreza ni las miserias de este mundo como la vida que se renueva en cada nacimiento, porque cada niño es la esperanza que les late de pura ternura.

Por ello mismo el niño es un poco de ellos también -como cada niño debería ser un poco nuestro-, y esos parientes y esos vecinos, sin malicia, intentan hacerse oír para al momento de decidir como ha de llamarse la criatura. Es tan importante y es mucho más que una moda o una musicalidad explícita, y ellos lo intuyen: el nombre ha de reflejar toda la existencia de esa persona nueva. Así es razonable que reivindiquen que se llame como su padre, Zacarías, y es algo que nos resulta conocido, esas costumbres de perpetuar nombres antiguos en abuelos, padres y nietos, esas ganas de que la historia no se corte, esa necesidad de seguridad que brinda el aferrarse a la tradición.

Todo esto no es un dato menor ni una variable folklórica, es la comunidad empecinada en cuidar el destino de los niños, son los vecinos y parientes que se vuelven un poco padres y madres de cada bebé.

Un nombre es decisivo, y el corazón de una madre también lo es.
Entonces el niño no ha de llamarse Zacarías como su padre, pues Zacarías significa Dios recuerda. No, ha de buscarse otro nombre porque un tiempo nuevo se ha suscitado, y no hay precedentes, sólo santas visiones de antiguos profetas. El niño ha de llamarse Juan, que significa Dios es misericordia, una realidad en tiempo presente, la concreción de los sueños de esos papás casi ancianos y las ansias de todo un pueblo.

El nacimiento del Bautista preanuncia el nacimiento de Cristo, Dios con nosotros, y es la asombrosa señal de un Dios que se ha decidido torcer la historia a nuestro favor, de la mano de los niños y de las mujeres.

En cada niño que nace la esperanza reverdece fuerte)

Paz y Bien

El sendero de los crucificados



Para el día de hoy (23/06/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 18-24


(La escena se define luego de la oración de Jesús, como todas las grandes decisiones -como toda la vida- se define en la escucha atenta de la voluntad de Dios, de la trascendencia, de lo profundo, de la herencia filial.

Es que el Maestro sabe lo que se asoma en su horizonte próximo. El rechazo, el desprecio, las torturas, la afrenta mayor de la crucifixión, es decir, ser ejecutado como un criminal subversivo y abyecto. Por ello es menester que los suyos, sus amigos, comprendan de qué se trata lo que está por acontecer, pues los hechos de su Pasión son esencia y razón de todo su ministerio que también es misterio de amor mayor.

El tiempo está madurando y se acerca el momento clave de la siembra, y por ello Él quiere saber lo que piensan sus amigos. No cuentan tanto las sensaciones variables de las multitudes ni las opiniones clasificatorias o ideológicas; el vínculo mayor entre los discípulos y el Maestro comienza por lo que ellos creen acerca de su misma persona. Todo es personal, la fé cristiana es afirmación y cercanía con la persona de Jesús de Nazareth mucho antes que ideas o dogmas abstractos.

Pedro, con una luz que no le pertenece, se convierte en portavoz de ese grupo de amigos y hermanos, comunidad creciente que es Iglesia: Jesús de Nazareth es el Cristo de Dios, el Salvador, el Mesías.

Sin embargo, no basta con el reconocimiento veraz de un título. Se trata de asimilar y hacer propia su vida en cada instante de la propia existencia, y ello sólo puede resultar siguiendo sus pasos, en camino de cruz al hombro.

No se trata de resignación -jamás-, de rendirse ante inevitables. Es tiempo de la Gracia y fin de todos los no se puede, de los imposibles.Tampoco es ponerse el sayo sufrido de los que se regodean con el rictus amargo del todo está mal por el más acá, y dejemos todo para el más allá. Es asumirse marginal para que nadie más agonice en los silencios, al borde de cualquier vida. Es declararse abyecto mientras se acepte como usual y razonable el hambre y la miseria. Es rebelarse mansamente contra toda imposición brutal, animarse a los dolores más bravos para que nadie más sufra, levantar los yugos que doblegan al hermano para que su carga sea más liviana y su paso más ligero, atreverse a la locura de morirse, morirse al egoísmo, al interés mezquino, a toda justificación personal para que prevalezca el nosotros de la vida compartida y expandida, sendero de los crucificados que no se detienen porque saben que a pesar de tantas sombras, nos amanecerá la Resurrección, cosecha cierta de todos los amores)

Paz y Bien


 

El monstruoso dinero




Para el día de hoy (22/06/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 24-34



(El mensaje del Maestro es universal y eterno, es decir, es ofrenda y don para toda la humanidad sin distinción a través de todos los tiempos. 
No obstante ello, Jesús de Nazareth enseñaba lo que Él conocía de Dios y de las cosas de Dios en el mismo lenguaje de aquellos que lo escuchaban, y especialmente, a partir de la cotidianeidad de sus oyentes. 

-es algo que a menudo dejamos de lado, hablar de las cosas de Dios con la mujer y el hombre de hoy en el ámbito de sus experiencias y vivencias cotidianas-.

Él tenía por interlocutores habituales a pescadores, artesanos y campesinos galileos. Los conocía bien, había vivido desde niño al igual que ellos y entre ellos, sabía de primera mano sus padecimientos, sus sufrimientos, sus luchas inverosímiles para procurar el sustento a sus familias. Aún así, los quiere advertir acerca de una sobreesclavitud presente y no tan explícita.
Porque aquellos que han articulado todo un sistema que los condena a una aviesa miseria son los servidores evidentes de un monstruoso dios, el dios dinero, inefable productor de esclavos y esclavitudes, que se traga sin piedad a tantos, que nada le importa excepto la acumulación desmedida aún a costa de la vida de tantos. Son los mismos que hoy quieren justificar perpetuar sistemas totalmente inhumanos, imponiendo el culto desenfrenado a ese dios falaz, en la liturgia infernal del mercado, condenando a millones a la infamia del hambre, del desempleo, de la falta de hogar, de la pobreza y miseria razonadas.

Pero esos pobres que están tan cerca de Él -Él mismo es pobre entre pobres, como el mismo Dios- corren cierto peligro, y es el de volverse también cultores y servidores de ese ídolo cruel, en los afanes de la supervivencia diaria, en hacer lo que fuera para que a los hijos no les falte el pan.

Ese Dios del que Él les habla es un Dios que es Padre y Madre que se desvela por el bien de todas sus hijas e hijos, un Dios que viste con ternura a los lirios del campo, y que se vuelca por entero a aquellos que pasan necesidad, sometidos en el agobio de existencias injustas y casi nada humanas.
Allí está la asombrosa justicia del Dios de Jesús de Nazareth, una justicia que es misericordia, que es compasión, que es solidaridad, todas cosas habitualmente ninguneadas y despreciadas por el dios cruel del dinero. 

Porque el Reino está aquí y ahora, y la planificación de existencias y economías debe realizarse inevitablemente desde la persona humana; toda otra cuestión es nube tóxica y nada más ni nada menos que una estúpida mentira que intenta perpetuar la opresión y la muerte.

Nos debemos permitir la esperanza, ahora mismo, y hacer de estos campos yertos un valle fértil en donde la vida germine y crezca en paz, estos campos que ansían el agua buena de este Dios que se hace pan, que se hace lluvia, que se hace hermano, que se hace uno de nosotros)

Paz y Bien

Corazones valiosos



Para el día de hoy (21/06/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 19-23


(Bravo es este rabbí galileo que cuestiona lo establecido sin vacilaciones y sin preocuparse del qué dirán. Les decía abiertamente a los dirigentes políticos y religiosos que eran tumbas relucientes, sepulcros blanqueados que aparentaban belleza, pero sólo contenían muerte. Repudia al dinero, pues había en aquel entonces y ahora también, sendos cultores de ese dios cruel, obcecado paridor de esclavos y miserias.

Nada ha variado demasiado, pero aún así todo puede cambiar.

A pesar de tantas estrategias concienzudas de acumulación -ese capitalismo de cualquier signo ideológico, de empresas innominadas o de estados omnímodos- hay otra mirada que es más clara y transparente, la mirada de mujeres y hombres que van ligeros por la vida, sin las ataduras materialistas y de poder que sólo conducen a la opresión.

A pesar de tanta pobreza y tanta exclusión, a pesar de todas las razones que propugnan sostener sistemas que hunden a millones en la inhumanidad y el dolor, la voz del Maestro sigue oyéndose clara y fuerte, porque el Reino está aquí y ahora entre nosotros.

Hay mujeres y hombres que escuchan esa voz, y la hacen suya, y la siembran con fervor y generosidad, hombres y mujeres ricos en misericordia y abnegación, luces perpetuas del servicio desinteresado, corazones valiosos, tan valiosos que se nos vuelven cada vez más imprescindibles.

Son los que renuevan día a día la sal y la luz, son los que desde el silencio y la humildad hacen presente el milagro de la solidaridad)

Paz y Bien

Abba Dios



                                                        (Abba en hebreo)


Para el día de hoy (20/06/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 7-15


(La inmensa y asombrosa revelación que Jesús de Nazareth nos regala a través de todo su ministerio es que Dios no es una deidad lejana e inaccesible, escondida en un trasmundo de nubes y glorias celestiales. 
La mayor revelación en la historia de la humanidad es que el Dios de Jesús de Nazareth es un Dios cercano, un Dios Abba, un Dios Papá -mucho más que una simple y torpe cuestión de género- que se desvive por sus hijas e hijos, por su bien, por su plenitud, por que todos y cada uno de ellos tenga vida y vida en abundancia.

Por ello cuando las hijas y los hijos de Dios oran no repiten fórmulas mágicas, ni palabras arcanas o esotéricas destinadas a conseguir, mediante su acumulación, los favores divinos.
Las hijas y los hijos de Dios cuando oran lo hacen como tales, niños conversando y escuchando a su Padre que siempre está atento y dispuesto, niños que tal vez apenas sepan balbucear pero que inevitablemente son escuchados y comprendidos con infinita paciencia e inexpresable ternura.

Abba Dios les confiere gratuitamente una identidad única, imborrable e irremplazable, un lazo familiar y filial eterno. Por eso cuando los hijos conversan, superan cualquier individualidad mezquina pues saben que ese Abba -que también es Mamá- es Abba de todos, buenos y malos, grandes y pequeños, creyentes e incrédulos, santos y pecadores, y así se expande el nosotros, tan distinto a la ajenidad del ellos, porque ese Abba es todos.

Ellos ruegan que se santifique su Nombre, que sea conocido para que esta familia asombrosa se expanda generosa como la lluvia fresca sobre el campo yerto. Ellos también quieren que el Reino venga, que venga la liberación, que venga la justicia, que venga a compasión, que venga el pan para todos y el Pan vivo de mesa inmensa, y que su voluntad se realice en la eternidad y en este tiempo que se nos suele presentar tan escaso y corto. Por que la voluntad de Dios es que el hombre viva, y más aún, que el pobre viva en plenitud.
Ellos quieren que no falte el pan en ninguna mesa, en la mesa común en donde los hijos comparten sueños y vida, en la mesa mínima de los excluidos y olvidados, el pan vivo que se parte, comparte, reparte y aún así alcanza y rebasa cualquier cálculo, pan para todos los que están y pan para los que vendrán, pan para vivir por siempre.
Ellos quieren respirar perdón porque se descubren incodicionalmente perdonados, sanados en sus miserias y egoísmos, en sus torpezas y mezquindades.
Ellos suplican ser llevados de la mano, como criaturas que recién aprenden a dar los primeros pasos vacilantes; demasiados abismos se han construido concienzudamente, demasiadas rocas y muros es menester sortear para seguir con vida, y solos no se puede.
Ellos andan voraces de victoria, una victoria extraña en donde no hay derrotados, porque cuando el mal se disipa florece la vida, porque a pesar de toda cruz nos amanece la Resurrección y toda tumba deviene vacía.)

Paz y Bien

 

Oculto en lo cotidiano



Para el día de hoy (19/06/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18


(Existía en tiempos de la predicación del Maestro -y ha atravesado la historia hasta nuestros días- una religiosidad retributiva, es decir, la búsqueda de recompensas actuales por parte de Dios a cambio de nuestra estricta ortodoxia o, peor aún, del intercambio o trueque de acciones de piedad a cambio de favores divinos. Ello nada tiene que ver con el tiempo nuevo de la Gracia, del amor incondicional, desinteresado y generoso de ese Dios que es Padre y Madre y que sale a la búsqueda y rescate de la humanidad a través de su Hijo Jesús de Nazareth.

Esta actitud religiosa suele también estar acompañada de ansias de figuración, de existismos, de exhibicionismos poco humildes; así a menudo esta familia que somos, la Iglesia, se ha detenido profusamente en contar cuantos somos numéricamente, en una búsqueda matemática de adeptos y en demostraciones públicas de fuerza y poder, olvidando lo fundamental, y es que crecemos hacia arriba cuando germinamos corazón adentro.
En realidad, estas diferentes actitudes nos opacan y nos vuelven escasamente transparentes, pues no somos nosotros los que debemos descollar, sino que a través de nosotros debe verse solamente al Crucificado que está vivo y presente, Evangelios latientes en donde pueda leerse la Buena Noticia sin ambages ni dificultades.

En la cotidianeidad está escondido el misterio insondable de la Encarnación -Dios con nosotros- y es menester dejar a Dios que sea Dios, permitirnos ser interpelados por una realidad que vá mucho más allá de una superficialidad a menudo tan ensombrecida por banalidades o por sombras de muerte.
Así entonces el culto se transforma y adquiere su real significado, y queda atrás esa repetición mecánica de gestos prefijados y re-presentados. Lo que cuenta es lo que se presenta al corazón sagrado de Dios, y el culto verdadero se expresa en la compasión y en el socorro que nos permitimos realizar a diario en el templo vivo de Dios, el hermano, el prójimo y hasta en el enemigo, todos hijas e hijos de ese Dios que nos cobija.

El misterio también nos rodea e invade cada día, pues no puede explicarse ni razonarse el amor y la misericordia de Dios. Sólo puede vivirse, y con espíritu de pobre y mirada asombrada de niño.

La ascesis y las obras de piedad son expresión de nuestra justicia, que no tiene ganas de figurar. Se trata siempre de la sobreabundancia de la Gracia de Dios, signos ciertos del Resucitado que habla con voz fuerte cuando las cosas deben decirse, que sabe hacer silencio para escuchar a Abba Dios, que es capaz de negarse todo para que otro hermano sobreviva un día más y viva también en plenitud, que antes que repetir oraciones mecánicamente hace de toda su existencia una vida orante que se contagia y expande como bendición universal)

Paz y Bien


El camino del perdón, la locura del amor



Para el día de hoy (18/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 43-48


(La utopía del Reino puede resultar una expresión muy grata, pues expresa -en gran medida- el sueño eterno de plenitud de Dios que revela Jesús de Nazareth. Sin embargo, si nos detenemos por un momento en la precisión del término, la raíz griega de utopía -u topos- significa literalmente no-lugar, es decir, quiere reflejar una situación ideal que por tal está bastante lejos de realizarse.

Sin embargo, el Reino propuesto e inaugurado por Jesús de Nazareth tiene el color primordial del aquí y el ahora, y toda realidad puede ser transformada a partir de esa luz nueva y definitiva, la luz asombrosa de la Gracia, y es a través de esa mirada agraciada, agradecida, que el Maestro identifica todo lo bueno que hay en el mundo, un mundo que con todo y a pesar de todo sobreabunda de amor de Dios, ese Dios que brinda sol y brinda lluvia bondadosos sobre todos, sobre buenos y malos, pues todos son sus hijas e hijos.

Este camino no es una alternativa religiosa más, ni tampoco se acota al culto encerrado en templos determinados, bajo normas estrictas de piedad. Este camino se inscribe en el día a día, en cada respirar, rindiendo culto a Dios ante todo en el hermano y edificando al prójimo. Más allá de las existencias objetivas, Jesús se acerca al semejante del mismo modo que Dios sale al encuentro del hombre, se aproxima sin condiciones -pura generosidad-, descubre al otro en tanto que tal, en su identidad primordial que es filial, una identidad que no se disuelve aún cuando pueda enfrascarse en miserias y horrores mayores.

Desde aquí todo puede transformarse. No es fácil, la cruz no es fácil, el amor no tiene cautela. Pero esta locura es el único modo de romper esos cercos con los que solemos aislarnos en grupos cerrados, tribus ideológicas, tribus raciales, tribus religiosas, en pié de guerra unos contra otros.
Otra vida muy distinta es posible.)

Paz y Bien


A fuerza de bien



Para el día de hoy (17/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 38-42


(A través de su crecimiento como nación, el pueblo de Israel hubo de establecer normas de convivencia que luego se convirtieron en ordenamientos jurídicos, y en ese sentido, la ley del Talión fué un hito que propendía a limitar los efectos de las venganzas personales mediante una pareja aplicación de castigos frente a delitos cometidos: es volver objetivas las normas sociales, dejando atrás los intereses individuales, sean o no razonables. Por ello el texto expresado en el capítulo 24 del libro del Levítico: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y contusión por contusión...
En cierto modo, la ley del Talión es un precedente fundante de los sistemas legales occidentales por varias cuestiones, en la búsqueda de una justa retribución o pena frente al delito infringido, articulación penal que a la vez, de un modo lógico, norma la interrelación entre las gentes.

La propuesta de Jesús de Nazareth se inscribe en el horizonte del Reino de su Padre, en donde se entretejen la eternidad y los tiempos humanos, milagro asombroso de la Encarnación. 

Se trata de otro modo de vivir, que es mucho más que una mera alternativa; es no recurrir a la violencia de ningún modo y bajo cualquier pretexto o motivo, desde una decisión que se adopta desde las honduras del corazón antes que desde la imposición. 
Se trata de dejar de lado la aritmética de los castigos progresivos y elegir abiertamente el camino del amor al prójimo y más aún, el amor a los enemigos, para que campee la vida y se disipen las sombras de la muerte.

Se trata de cambiar mansamente la faz de la tierra a fuerza de bien)

Paz y Bien

Los brazos de mi padre - una canción-


Aquí en Argentina -y en varios países más- el tercer domingo de junio se celebra el Día del Padre.
Mucho puede discutirse, claro está: que es una fecha comercial, que es impuesta desde otra cultura, que podría ser otro día... Para muchos, tal vez el día del padre es cada día.

Con todo y a pesar de todo, hoy celebremos en clima pleno de gratitud.

Muchos hemos sido bendecidos con la infinita gracia de los hijos -oficio que nuncse aprende del todo, y que aún así es maravilloso-.
Otros tantos rinden tributo desde los afectos y la ternura a ese padre que se expande en los nietos.
Otros recordamos con cierta tristeza, algo de nostalgia y agradecimiento profundo y encendido a ese papá que ha partido a las pampas de Dios, un Dios muy parecido a él, un Dios que es papá y también es mamá, como supo revelarnos Jesús de Nazareth.

Hombres sencillos que edificaron la vida con mil esfuerzos, abanderados silenciosos de la decencia y la honestidad, a los que ha menudo se los ha injuriado con el destrato, con salarios de hambre, con la corrupción, héroes anónimos del cuidado y el trabajo, santos florecidos en el esfuerzo cotidiano y en la ternura de todos los días, tan necesara y a veces tan escasa.

Para todos ellos, para todos nosotros, la bendición de ese Dios que nunca nos abandona y un abrazo grande desde una magnífica canción de Jorge Fandermole.

Paz y Bien

Ricardo

LOS BRAZOS DE MI PADRE

Esos tallos de metal que soportan dos jazmines,
pendulares arlequines que acompañan el andar,
que parecen cuna tibia o herramientas de combate
son los brazos de mi padre que se van a trabajar.

Una torre de Babel por los dos edificada
mostraría si sumaran sus cansancios de hasta ayer,
pero como cada piedra les fue siempre arrebatada
no les quedan más que llagas como testimonio cruel.

Pero en la cintura de mi madre
mucho antes de yo verlos como ramas fragantes
estarían prodigándome un abrazo de tarde en tarde.
Y con su fatiga silenciosa en el abrazo acunándome
y empujándome la voz
empujándome la voz
empujándome la voz para cantarles.

Si se pudiera escuchar lo que por su fibra estalla,
lo que la paciencia calla y la lengua no dirá,
los milagros bajarían a los límites humanos
en la furia de unas manos que no dejan de luchar.

Esos tallos de metal que soportan dos jazmines,
pendulares arlequines que acompañan el andar,
que parecen cuna tibia o herramientas de combate
son los brazos de mi padre que se van a trabajar.

Y allá en la cintura de mi madre
mucho antes de yo verlos como ramas fragantes
estarían prodigándome un abrazo de tarde en tarde.
Y con su fatiga silenciosa en el abrazo acunándome
y empujándome la voz,
empujándome la voz,
empujándome la voz para cantarles.

Letra y música: Jorge Fandermole

aquí puede escucharse:


El perfume de la gratitud



Para el día de hoy (16/06/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 36- 8, 3


(Desde un comienzo, la cena de Simón el fariseo tiene ribetes controversiales, pues ese hombre sólo vé y actúa a través del filtro opaco de su religiosidad ideologizada.

En primer lugar, los motivos: Jesús de Nazareth se había vuelto famoso como rabbí itinerante y transgresor, escuchado con atención por multitudes hambrientas de novedades y verdad, un hombre que nada callaba a la hora de hablar de Dios. Quizás Simón quería adquirir cierta fama invitando a alguien famoso a su mesa.
En segundo lugar, por cuestiones paralelas y a partir de su misma mirada mezquina, invita a Jesús para observarlo de cerca, estudiarlo y someterlo a un análisis de su propia ortodoxia: junto a su cariz de predicador ambulante de multitudes iba aparejada también su fama de heterodoxo y blasfemo, de peligroso infractor de normas y tradiciones establecidas.

Sea cual fuere el motivo, mente cerrada -tal como su corazón- y prejuicios salen a la luz en esa cena por parte de Simón. En apariencia, el Maestro es el invitado de honor, y sin embargo es sometido -además de un puntilloso escrutinio- a sutiles insultos cuando no a francos desprecios.
Las prácticas usuales de hospitalidad judía de aquellos tiempos no se le brindan a Jesús de Nazareth, tales como lavar sus pies -los caminos palestinos eran semi desérticos y por ello muy polvorientos-, abrazar y besar en las mejillas al invitado con una Shalom de invitación fraternal y ungirlo con refrescantes perfumes, en la idea subyacente de hacerlo sentir en su propia casa. Nada de esto sucede.

Antes hablábamos de la fama precedente de Jesús de Nazareth; en la misma ciudad en donde sucede la cena que relata el Evangelio para el día de hoy, una mujer -a cada paso que dá- también anda precedida por su fama, una pátina brava de mujer pecadora, de moral más que dudosa. La gran mayoría conoce los pecados de esta mujer, y en especial Simón, el dueño de casa, que los declama abiertamente.
Ella nada dice, porque otros se encargan de hablar por ella en tren repulsivo y condenatorio. Siempre hubo expertos detectores de los pecados ajenos, en aquellos tiempos y en los actuales también.

Ella está de por sí jurídicamente un escalón por debajo de cualquiera por el simple hecho de ser mujer. A ello se le suma una vida en apariencia disipada moralmente, con lo cual todos cambian de vereda a su paso, y abiertamente la segregan.

Es el encuentro cabal y espiritualmente profundo de dos corazones. Uno, entrañablemente sagrado que a nadie rechaza. El otro, un corazón agobiado por sus miserias propias y por las miserias que se le imponen.
Esa mujer actúa como los que nada tienen que perder, y también tiene un coraje que sólo puede surgir desde un corazón que quiere una vida distinta y plena, en una ciudad que le es arisca, y que se anima a ingresar al ambiente brutalmente hostil de la casa del fariseo Simón.

Esa mujer sólo habla por sus gestos y acciones, pues otros han dicho todo lo que suponen puede decirse de ella. Así, bañada en lágrimas, unge los pies del Maestro con perfumes, con su ternura intacta, y los seca con sus cabellos, tarea menor que sólo queda permitida a los esclavos. Para colmo de males, suelta sus cabellos en presencia de los presentes, una actitud que realizan las mujeres casadas únicamente en presencia de sus maridos... o las prostitutas.

Las recriminaciones y prejuicios florecen. De la mujer mucho no dice Simón, ya está perfectamente establecida su condena; el reproche violento se dirige hacia el Maestro, por permitir acercarse y dejarse tocar de esa manera por una mujer francamente impura, una mujer que con su vida disipada carece de otro horizonte que no sea el de la condena.
Es que Simón es de los que creen que las bondades de Dios se obtienen como premio por el cumplimiento estricto de los preceptos, y así quedarán sólo unos pocos puros y salvos, y una miríada de impuros y excluidos, en el anatema de reconocer las faltas ajenas pero jamás las propias.

Pero es un tiempo nuevo y muy distinto, hasta opuesto, que revela y enseña Jesús de Nazareth. Es el tiempo de la Buena Noticia, la asombrosa Encarnación de un Dios que sale al encuentro de la humanidad en tren de abrazo y rescate incondicional. Es el Dios Abba que regala generosamente perdón y sanación más allá de cualquier mérito, es la Gracia inmensa de ese amor que renueva y restaura existencias.

Simón se niega a ello, renegado de cualquier regalo e impermeable a todo amor, y eso será causa de su des-gracia, no por condena divina, sino por negarse a vivir feliz con otros.

Esa mujer ha sido capaz de descubrir ese magnífico perdón de su Dios en Jesús de Nazareth, y lo expresa con el mejor de los perfumes, el de la gratitud.

La Salvación es don y misterio, la Gracia sobreabunda por estos arrabales oscurecidos germinando gratitud, la fuerza primera de ese amor que puede cambiar toda la tierra)

Paz y Bien


La palabra empeñada



Para el día de hoy (15/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 33-37



(En el Evangelio para el día de hoy, el Maestro interpreta de una manera muy distinta a la de sus contemporáneos -y de los nuestros también- del mandato de no jurar en falso, y su lectura siempre vá allá de la letra, a partir del Espíritu que inspira ese precepto.

Es menester que nosotros también comencemos a acercarnos a esta Palabra Viva con ojos proféticos y desde esa infinita voluntad de Dios de que la vida se inscriba, siembre y germine desde cada corazón antes que desde piedras lajas talladas con diez mandamientos. Todo ello supera por lejos lo procesal, lo jurídico, y no se trata de que ello sea repudiable, sino que el Reino está lejos, muy lejos de cualquier legalismo.

¿Qué significa jurar por? Implica poner en juego a algo o alguien que es mayor que uno mismo, y en muchos casos se presupone que el quebrantar lo prometido o no decir la verdad implica un castigo o sufrimiento a quien se pone como diana apuntada en el juramento. Ello no escapaba de lo religioso, llegando a nuestra época el jurar por Dios, por los Evangelios, por lo que fuere.

Pero Jesús de Nazareth lo enseñó con una claridad meridiana, y es que la verdad nos hace libres.

Por ello, tal vez -sólo tal vez- sea necesario retirarnos por un momento al desierto de la sinceridad y la humildad. Porque el trasfondo de todo esto es la minimización de lo que se dice, del valor de los propios dichos, del compromiso perdido de la palabra que se empeña.

Porque somos nuestras palabras, las que decimos y las que callamos, y también -en este tiempo tan informatizado- somos las palabras que escribimos.

En el maravilloso vértigo de la verdad, en cada palabra nos jugamos la vida.

Por eso la afirmación de Jesús de Nazareth de acotarnos a un sí o a un nó: se trata de honradez y transparencia, de ser reconocidos a través de la veracidad y la fidelidad en lo dicho.

La palabra empeñada es el verdadero tesoro perdido de estos tiempos)

Paz y Bien

Nada menos que la perfección



Para el día de hoy (14/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 27-32


(Mucho se ha escrito, debatido, dicho e impuesto a partir de esta lectura del Evangelio para el día de hoy: es que el Maestro hace una reinterpretación del mandamiento de no cometer adulterio y con ello, resignifica también el sentido pleno del matrimonio.

Como hemos leído los días pasados, para Jesús de Nazareth la Ley -las Escrituras- deben ser leídas con espíritu profético, es decir, en la misma sintonía y con el mismo Espíritu con que han sido inspiradas. De cualquier otro modo, sólo resta atenerse a la pura letra, o sea, al cumplimiento de normas y preceptos sin trascendencia ni significado.

Por ello, lo importante no es solamente abstenerse de cometer de facto adulterio, sino desterrar del corazón todo lo que nos enturbia y nos aleja de quien amamos. Vá mucho más allá de una mera prohibición sexual, y expande la fidelidad marital a una lealtad que se desenvuelve en la cotidianeidad, en buenas y malas, el amor que se edifica en común con todo y a pesar de todo.
El matrimonio perdura y se crece en eternidad si ambos cónyuges -como su mismo nombre lo señala- se conjugan en la mirada, en los gestos, en las acciones, en los cuerpos y en los sentimientos para que la vida se expanda. Se trata de tener por horizonte la perfección, nunca menos, y aunque se haga tan distante e inaccesible, no podemos dejar de navegar juntos hacia allí, ser perfectos como el Padre es perfecto desde ese amor que es su misma esencia, y que nuestra humanidad reconstruida en común se amplifique y florezca en los hijos.

También el Maestro hace otra aseveración que no podemos pasar por alto: en los tiempos de su ministerio, sólo al hombre le era permitido dar carta de divorcio a la mujer. Aún así, Él afirma no tanto los derechos comunes al repudio, sino la igualdad de amadas hijas e hijos a Dios y entre nosotros hermanos, más allá de cualquier situación, y es por ello que podemos afirmar que toda exclusión o limitación acotada al género, en cualquier sentido, poco tiene que ver con la Gracia y la Buena Noticia.

Dios es rico y desborda asombrosamente misericordia, amor incondicional.
Como comunidad de fé, esta familia que llamamos Iglesia, nos hemos afirmado demasiado en lo jurídico y legalista antes que en la caridad que nos sostiene, y solemos limitar y excluir a aquellos que han fallado en su matrimonio.

Pero la mesa del Señor se distingue por ser inmensa, por no rechazar a nadie, por invitar a todos.

Nada menos que la perfección, nada menos que la compasión, nada menos que el amor)

Paz y Bien

La justicia de los fariseos



Para el día de hoy (13/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 20-26


(Seamos sinceros: sean cualesquiera los motivos que lo impliquen, los fariseos han tenido a través de los tiempos una espantosa fama que los precede, asociando su rótulo a los enemigos de Cristo. Si a eso añadimos cierto antisemitismo que sigue vigente, la combinación no puede ser más escabrosa.

Motivos para el prejuicio hay: muchas de las reconvenciones del Maestro se dirigen especialmente a ellos. Sin embargo, quizás el modo más acertado de reflexión es el de pensar que Jesús de Nazareth critica esas modalidades religiosas. La Salvación es don que se ofrece generosamente a todos, y notorios fariseos han integrado la comunidad cristiana: aquí no podemos dejar de mencionar a Saulo de Tarsus, San Pablo, de formación farisea y discípulo del rabbí Gamaliel.

Es que los fariseos eran una rama del judaísmo de aquella época profundamente religiosa y piadosa. En ellos no estaba ausente la oración diaria y constante, ni tampoco la asistencia estricta al culto en el Templo, como el estudio puntilloso de la Torah. Y sin lugar a dudas, su seguimiento estricto de la Ley de Moisés obedecía a una recta conciencia y a un recto proceder subjetivos.

Sus problemas estribaban en varios factores: por un lado, su literalidad en la interpretación de las Escrituras -causa habitual de cualquier fundamentalismo-, que ignora el Espíritu que las ha inspirado. Por otro lado, no había manera de que aceptaran la Buena Noticia y la Gracia; para ellos las bondades divinas eran el premio a una vida plena de ortodoxia, observancia estricta de los preceptos y actos de piedad. Esto también era causa de durísimas condiciones opresivas y asfixias legalistas, pues salían rápidas las condenas para los infractores de lo preceptuado -que era prácticamente imposible de cumplir-. Así entonces conformaban una élite de unos pocos autorreferenciados como puros y el resto, abandonado a su suerte.

Es claro que ese legalismo en la fé -en cualquier religión- no está acotado al siglo I en Palestina, sino que tiene cierto carácter perenne y llega hasta nuestros días.

En síntesis: defendían hasta el absurdo todo lo que ellos hacían por Dios como único modo de bendición e identificación de los justos.

Pero la justicia del Reino es bien distinta, totalmente opuesta: se trata, antes de lo que nosotros seamos capaces de hacer por Dios, de todo lo que Él hace por nosotros, confiriéndonos bondadosamente una nueva identidad que nos hace quebrar el cascarón de cualquier egoísmo, y es precisamente el ser sus hijas y sus hijos, hermanos entre nosotros.

Así adquieren un significado trascendente y profundo los mandamientos, no tanto como simples prohibiciones grabadas en piedra, sino como sendero nuevo tallado en los corazones. 
La justicia comenzará entonces por ajustar la voluntad propia a la voluntad de Dios, que es en todos los aspectos de la existencia la vida, vida plena, vida abundante que se comparte y se ofrece incondicionalmente.

La Salvación no se gana.
La Salvación es regalo infinito que Dios nos ofrece a través de su Hijo Jesús, nuestro hermano y Señor)

Paz y Bien



Significados por la Palabra


Para el día de hoy (12/06/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 17-19



(No hay insistencia que sea suficiente: la literalidad es madre de todos los fundamentalismos.
Así entonces una lectura literal del Evangelio para el día de hoy nos puede sumergir en confusiones y sinsentidos: contrariamente a todas las deliberadas trasgresiones que Jesús realiza durante su ministerio, a pesar de sus francas rebeldías contra ciertas tradiciones, ahora viene a reivindicar al extremo esa Ley y esos Profetas de los que parece renegar.

Él había tocado sin vacilar a leprosos y a muertos, se había sentado a la mesa con prostitutas y publicanos, abrazaba a los enfermos, se dejaba tocar por mujeres de moralidad cuestionable, se enfrentaba abiertamente con los doctos defensores de esas doctrinas. Todo ello, en apariencia, se contradice con su afirmación reivindicatoria y cuasi dogmática.

A menudo, por embarcarnos en las naves inciertas de la razonabilidad exacerbada se nos pierde de vista el horizonte de lo evidente. Y es que el Maestro pone en un pié de igualdad tanto a la Ley de Moisés como a los Profetas, y el signo de que la Ley debe ser interpretada proféticamente, es decir, leerse desde y por el mismo Espíritu que la ha inspirado.

La Salvación que Jesús de Nazareth nos trae es un largo y paciente camino tejido en la historia de la humanidad por el Dios de la Vida, y que encuentra su esplendor en la Encarnación, Dios con nosotros.
Sólo desde Jesús puede ser comprendida esta pedagogía de Dios, sólo desde Él se entiende a la Salvación como don y misterio, y no al modo de los escribas y fariseos como premio obtenido por la estricta observancia de preceptos y mandamientos.

Aquí se atraviesa de manera arrolladora cualquier precaución piadosa y las limitaciones que solemos imponer en las prácticas religiosas. Es el tiempo asombroso de la Gracia, del amor incondicional e ilimitado de un Dios que es Padre y es Madre y es Hermano, un Hermano que vive, muere y resucita por nosotros, Jesús el Cristo de Dios.

Desde esa afirmación del Maestro, toda nuestra existencia puede ser interpretada también de manera profética y descubrirnos significados por esa Palabra de Vida que está Viva y se nos crece corazón adentro)

Paz y Bien

Del hacerse Evangelio




Para el día de hoy (11/06/13):  
Evangelio según San Mateo 10, 7-13


(Mucho más que discursos y declamaciones. Se trata de proclamar la Buena Noticia, el Reino de Dios está aquí y ahora entre nosotros.

Esa proclamación no abunda en palabras grandilocuentes, sino que se reviste y expresa con gestos y acciones concretas, señales ciertas de inclusión, de convite a mesa inmensa, de propuesta de familia grande, luchando por la salud integral, desterrando el espíritu maligno del egoísmo, quitando toda llaga de exclusión, purificando la mirada para que la luz se transparente, liberando la vida de todo signo de muerte, porque la voluntad de Dios es que la humanidad y, especialmente los más pobres. vivan y vivan en plenitud.

A nada ni a nadie hay que atarse, pues un camino que se recorre andando ligeros, libres de cualquier lastre inútil.

Es una tarea de locos, salto al vacío sin redes, confiando que esa asombrosa Providencia que se expresa en la solidaridad, en el milagro del compartir, en la hospitalidad que se respira. Para vivir plenos es menester con-vivir.

Todo puede edificarse a través de las mujeres y hombres de buena voluntad de todos los pueblos, razas, culturas y religiones que se atrevan a la paz.

Muchos de ellos, aún en estos tiempos en que hay cataratas de información, jamás accederán a las Escrituras. El único Evangelio que conocerán será el que lean en cada instante de nuestras existencias.

Se trata de hacer de esta vida que se nos ha prestado y concedido una Buena Noticia inquebrantable)

Paz y Bien


Bienaventuranzas, proyecto eterno de felicidad


Para el día de hoy (10/06/13):  
Evangelio según San Mateo 4, 25- 5, 12


(El Evangelista Mateo menciona que acudían a escuchar al Maestro gentes desde Galilea, de la Decápolis, de Jerusalem, de Judea y de la Transjordania. Es toda una geografía de la Salvación que no se acota simplemente a los mapas, sino que responde a una geografía teológica, es decir, espiritual: hablamos de judíos ortodoxos de Judea, de los poderosos de Jerusalem, de los marginales galileos, de los gentiles de la Decápolis y Transjordania: la enseñanza es universal, y bien podríamos decir sin dudarlo que hoy acuden gentes a escuchar a Jesús de Nazareth desde Europa, desde América Latina y el África, desde América del Norte, Asia y Oceanía, de todos los pueblos de la tierra.

Es que la Buena Noticia no se acota a un pueblo ni tampoco a un grupo religioso. El proyecto del Reino -sueño inquebrantable de Dios- es felicidad y plenitud para todos los pueblos, desde las grandes ciudades a las pequeñísimas aldeas perdidas, desde la periferia a la metrópolis. Es un proyecto que florece en humanidad, ansias de Dios de volvernos cada día más humanos, tan humanos como el más humano de todos, Jesús de Nazareth.
Sin embargo esta universalidad no es impuesta, no es molde que se aplica a la fuerza a una masa informe de pueblos y culturas. No todos las aceptan, muchos irán contra toda idea de humanización, otros tantos renegarán esta urdimbre de lo eterno en lo cotidiano.

Las Bienaventuranzas expresan el amor de Dios todos los días de nuestras existencias, mujeres y hombres que se descubren hijas e hijos y por lo tanto hermanos, más allá de toda lógica mezquina.

Esa felicidad, en esta magnífica contradicción a la que nos invita el Maestro, vendrá desde los pobres, desde los que lloran, desde los que edifican la paz, desde los que respiran misericordia, desde los de corazón limpio, desde los hambrientos insaciables de justicia, desde los que hacen de su vida diaria un sol de mansedumbre y paciencia, desde todos aquellos que se atreven a soportar lo que sea con tal de que sus hermanos -los hermanos del Señor- salgan al nuevo sol de la fraternidad que se nos ofrece desde la Encarnación.

Este proyecto no es abstracto, sino bien real y concreto, y la mesa está servida, allí esperándonos para compartir la existencia)

Paz y Bien

Naím


Para el día de hoy (09/06/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 11-17


(Un cortejo fúnebre, en cualquier momento de la historia, no es un suceso agradable, y frente a ello son varias las posibles actitudes a adoptar.
Se puede pasar de largo, el luto es gravoso, lastima, hace mal, pura cosa de muertos. 
Se puede acrecentar el dolor, incrementar los crespones negros, magnificar el llanto.
Se puede también razonar acerca de la muerte, de sus causas y consecuencias.

A la puerta de Naím se acercaba el Maestro y también la doliente caravana camino a una tumba a inaugurar. Esas gentes portan en sus hombros un ataúd; es uno el cadáver, son dos los muertos.

A uno de ellos lo ha sorprendido la muerte en su juventud apenas florecida. Es una vida cercenada sin razón, un árbol que no dará frutos, proyectos que no sucederán, esperanzas truncas. 
A la otra, la han aniquilado el dolor y la injusticia. No hay nada más contrario a toda existencia cumplida que sepultar a un hijo. Pero esa mujer socialmente ya estaba condenada apenas y a penas a la supervivencia. Es mujer, y depende en todo del varón, y el varón que la define e identifica -su esposo- se ha muerto, librándola a la suerte incierta de la viudez y el desamparo. Y ahora, quien podría justificar y sostener su identidad -su hijo- también ha caído en las sombras de la muerte. Ella es una muerta en vida, y se ha muerto tres veces, muerta por mujer, muerta por viuda, muerta por quedarse sola sin el hijo.

Pero pasa Jesús de Nazareth, y es el paso salvador de Dios por la vida, la Pascua que restituye, restaura y asombra.
Él podría haber adoptado cualquiera de las actitudes usuales. Pero el Señor no es usual ni se somete a nuestras razones más convenientes.

Cristo se detiene. El dolor de los demás no le resbala, el sufrimiento lo mueve y conmueve, y es mucho más que una beneficencia del querer dormir con la conciencia aquietada. Son entrañas de misericordia y es rebeldía santa frente a los imposibles sobre los que solemos pontificar.

En Naím varios milagros suceden.

Él toca el ataúd, y es una magnífica insolencia frente a los tabúes de exclusión establecidos; quien tocara a un cadáver o algo relacionado directamente con ella, se convertía en un impuro, en un indigno, y por tanto debía separarse de la vida social y comunitaria. 
Él restituye dos vidas: la del muchacho pronto a ser sepultado, y la de esa mujer, con esas muertes que no dejarán de aplastarla.

Frente a todos los signos de muerte, frente a la muerte misma, cuando el dolor y el sufrimiento se hacen presente, no podemos seguir pasando de largo.

En estas nadas que somos, llevamos la cierta esperanza de que cuando Dios se hace presente, la vida crece y la muerte retrocede y se disipa, y es una noticia maravillosa.)

Paz y Bien

El corazón de María de Nazareth



El Inmaculado Corazón de María

Para el día de hoy (08/06/13):  
Evangelio según San Lucas 2, 41-51

(José y María de Nazareth iban todos los años a Jerusalem a la fiesta de la Pascua. Mucho más allá de lo ritual, hay entre nosotros gente así de fiel, como la familia nazarena, gente que siempre está en movimiento, que no detiene su marcha jamás, gente que es signo y presencia humilde de liberación, gente que nos celebra la vida a diario, gente que de continuo nos dice que a pesar de tantas cruces hay mucha resurrección por celebrar, inagotables y mansos como el pan que se comparte, gente que no puede ni quiere cortarse sola, que comprende a la existencia solamente junto a los otros, porque somos peregrinos, y en caravana todo desierto se pasa y todo peligro se achica.

María de Nazareth es de esas gentes, tan sencillamente imprescindibles.
Madre toda ella, completamente discípula y servidora, hermana inquebrantable que vive y se desvive por los hijos que se le extravían, Madre, mater, madera de cruz, el mayor de los amores, madera que se hace servicio en las manos callosas y cálidas del Carpintero.

El Hijo lo dijo bien: felices los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
Y María de Nazareth tiene un corazón de esos, tan límpido y transparente que toda ella es una canción al Dios magnífico que ama entrañablemente a los pobres y a los pequeños, un Dios inclinado abiertamente hacia los oprimidos, un Dios que sin disimulo se pone del lado de los cautivos, el mismo Dios que toma su pequeñez -su nada- y la transforma en infinito, en flores, en pan, en presencia perpetua de felicidad, todos frutos de la Gracia.

María de Nazareth no retrocede frente a lo que excede su razón. Todo puede crecerse en las honduras de su corazón, todo tiene un tiempo germinal, de crecimiento, tiempo frutal.

María es el ejemplo definitivo de todo lo que Dios puede hacer por nosotros, y no tanto de las barbaridades que hacemos en su nombre.

María Madre, fiel discípula, permanente compañera de todos los hijos que hizo propios al pié de esa cruz de dolores, María de la Palabra y la paciencia.

En Ella descubrimos la presencia del Hijo que se ocupa de las cosas de su Padre, la plenitud de todos nosotros. Porque donde está la Madre, seguro está el Hijo.

Por ese corazón inmaculado habitado por la Gracia, María es el rostro de un Dios que es Papá, que es Mamá, que es Hermano, que es familia)

Paz y Bien



Sagrado Corazón de Jesús, celebración de la ternura de Dios



El Sagrado Corazón de Jesús

Para el día de hoy (07/06/13):  
Evangelio según San Lucas 15, 3-7


(En términos de razones mundanas, estamos frente a una desproporción exorbitante, insensata, desquiciante. Es una actitud que al menos puede calificarse como locura o como romántica estupidez. A nadie se le ocurriría salir en busca de una única oveja que se ha extraviado dejando atrás a las otras noventa y nueve, poniéndolas en riesgos innecesarios.

Es dable suponer que la responsabilidad del extravío es propia de esa oveja, quizás por torpezas en el andar, quizás por buscar mejores pastos, por no soportar demasiado al resto del rebaño, por suponer que se basta por sí misma. Tal vez por intentar ejercer ciertas libertad imaginaria que sólo la conduce a la soledad.

Aunque también puede deberse a que en ciertos rebaños haya pastores desaprensivos, inmunes a las necesidades de las ovejas, distraídos y descuidados de cualquier otra cosa que no sean sus propios egos.

En cualquier caso, hay una oveja extraviada y en peligro de soledad y abandono.

El pastor de la parábola que nos brinda Jesús de Nazareth es el símbolo exacto de Dios. 
Él conoce bien a sus ovejas, que es baqueano fiel en cualquier terreno, sabe las huellas precisas de cada una de ellas, un pastor que escucha con suma atención los llantos de los que se han perdido pero que también sabe interpretar al silencio y a la oscuridad. Nada lo detiene. Y cuando encuentra a la oveja extraviada, no hay reprensión, castigos ni condiciones. Sólo el amor inclaudicable de ponérsela al hombro para que regrese al redil, para que retorne a la vida.

Lo que cuenta es el encuentro, Dios de todos los regresos.

En el corazón sagrado de Jesús de Nazareth descubrimos ese amor desproporcionado, asombroso e incondicional de ese pastor que se atreve a enfrentar cualquier imposible con tal de que acontezca el reencuentro con quien se ha perdido, el Buen Pastor que se desvive por las ovejas con una generosidad tan infinita que es capaz de morirse para que ellas vivan, para que ninguna se le pierda.

En el Sagrado Corazón del Señor se nos revela la ternura infinita de un Dios que no condena, un Padre misericordioso que ansía el regreso de los hijos perdidos, una Madre que es capaz de poner toda la casa patas arriba por la dracma perdida, un hermano santo que insolenta toda violencia desde una cruz -como un delincuente- para que no haya más crucificados, para que nadie más habite en las sombras de muerte y en las tinieblas de la soledad)

Paz y Bien


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