Lázaros del más acá


Para el día de hoy (28/02/13):  
Evangelio según San Lucas 16, 19-31


(Esta parábola posee algunos rasgos fundamentales: sólo el pobre tiene nombre, Lázaro, contrariamente a una tradición que menta al rico como Epulón, siendo éste un adjetivo antes que un apelativo. En toda la parábola Lázaro no habla, pues es dolorosamente suficiente y expresiva su cruel realidad.
No hay que pedirle a los pobres que cuenten lo que los agobia, basta asumir como propia esa miseria que soportan.

El rico de la parábola no es un opresor usual, nada nos dice de que tenga una multitud de esclavos a los que exprima, de que pague salarios de miseria, de que imponga crueles normas de pureza y exclusión. Este rico, vestido con joyas y finos vestidos, se dedica al despilfarro y a los banquetes, mientras que a sólo un paso -a su puerta- yace sumido en la pobreza absoluta Lázaro, cubierto de llagas y olvido, que sólo ansía los restos que caen de la mesa de banquetes del rico.
Este rico acepta como lógico y normal que el abunde en lujos y que Lázaro agonice a su puerta; Lázaro no cuenta, es un nadie, una cotidianeidad apenas molesta, una voluntad de su Dios. Hasta escatológicamente continúa considerándolo apenas un sirviente, pues pide que se lo envíe a llevarle agua o a avisar a sus hermanos.

Un error grosero -producto de esa misma espiritualidad- será considerar que ese cielo postrero es de los pobres, que post mortem se equilibrará, en parte, la balanza de equidad que aquí tanto se niega.
La vida cristiana, es decir, creer en Jesús de Nazareth y seguir sus pasos, implica ocuparse y preocuparse porque no haya más tantos Lázaros en el más acá, tirados a nuestras puertas, ni que campee la indiferencia de tantos ricos que derrochan el pan que es para todos. No es posible seguir haciendo caso omiso de la desigualdad, no es posible seguir ofreciendo un culto que suponemos sagrado mientras de los Lázaros sólo se ocupan los perros, no es posible dormir tranquilos mientras sigan existiendo esos terribles precipicios de desigualdad. 
La única manera de salvar ese abismo insalvable entre la omisión y la indiferencia y los pobres -amados entrañablemente por Dios- es a través del Cristo de nuestra salvación.

Contrariamente a nuestros prototipos de evangelización, no es nuestra misión llevar a ese Cristo a los pobres.
Los Lázaros del más acá -que están allí, lo sabemos, pero nos obstinamos en no mirar- son los que nos traen a ese Maestro crucificado, los que en su silente dolor claman por justicia y compasión, el Reino de Dios que allana los caminos y salva de los abismos.
Hay hermanos a los que reconocer como tales, hay muchas puertas que abrir para que nadie más quede afuera, para que no haya más infiernos en estos arrabales terrenos, hay muchas llagas que sanar, hay un Dios que sufre a nuestra puerta y aguarda migajas de misericordia, que un día se volverán pan abundante)

Paz y Bien

El cáliz de Jesús de Nazareth



Para el día de hoy (27/02/13):  
Evangelio según San Mateo 20, 17-28


(El pedido de la madre de Juan y Santiago no es el ansia materna por el progreso de sus hijos, ni tampoco una actitud fuera de lugar, pues responde a cuestiones mucho más profundas y persistentes a través de la historia.

Se trata de que Santiago y Juan no han querido comprender la raíz de la Buena Noticia de la Gracia y siguen presos de esos esquemas de poder y de prebendas, en donde el Mesías reinará por sobre sus enemigos derrotados en batalla y, por lo tanto, ellos compartirán los beneficios de su gloria.
Es el ansia tenaz de dominio y sometimiento del otro, aún en nombre de buenas intenciones, es la adicción al poder por el poder mismo, en donde sólo unos pocos han de gobernar y por ello ser venerados y reconocidos, mientras la gran mayoría languidece con migajas y en silencio, carentes de importancia e identidad.
Para esta mentalidad, servicio y fraternidad son solo variables semánticas, inaplicables en la vida diaria, que se declaman con fruición pero jamás se practican. Es la espiritualidad de la Gloria, en donde la cruz sigue siendo -hasta nuestro días- algo que hay que evitar, que es escandalosa y que es una locura.

Los otros discípulos se indignan frente a este pedido de la familia de Zebedeo, y se desata una virulenta polémica; seguramente, se ofendieron porque aquellos dos se adelantaron en pedir lo que todos ellos esperan fervorosamente y en secreto.

No es fácil beber del cáliz del Maestro, claro que no.
Su vino es el mejor de los vinos, el mismo que siempre pide María de Nazareth para que la celebración de la vida no se nos duerma. Ese vino está hecho de vides de servicio y entrega de la existencia para bien del otro, de presentar batalla a todo egoísmo, de hacerse esclavo para la liberación, vides de vida ofrecida para el rescate de muchos, vides de fraternidad y compasión, de no figurar, de quedarse en segundos planos para que los pobres y pequeños pasen al frente.

Con ese vino hemos de brindar si queremos seguir sus pasos en verdad y fidelidad)

Paz y Bien

De la estricta observancia



Para el día de hoy (26/02/13):  
Evangelio según San Mateo 23, 1-12


(La polémica ya estaba abierta desde hace tiempo, y las invectivas del Maestro -frente a una multitud y a los Doce- no iba a pasar desapercibida.
Jesús de Nazareth cuestiona gravemente las actitudes y enseñanzas de escribas y fariseos: la mención a la cátedra de Moisés no es abstracta, pues se refería al sitio -silla o mueble- desde donde se impartía la enseñanza oficial de la Ley. Desde ese lugar, esa Ley que se había constituido como instrumento de liberación para Israel, se había tornado en una carga insoportable para el pueblo, imposible de cumplir y que además provocaba la exclusión de muchos, una religión para una limitadísima elite.

Sin embargo, el problema no estribaba en el cúmulo de normas, sino en quienes las imponían.
Ellos ataban cargas en los cuerpos y corazones de las gentes, pero a nadie auxiliaban para que esa carga fuera más ligera.
Ellos obligaban a los otros a actuar de una manera extrema -a menudo absurda-, más ellos mismos se autoeximían del cumplimiento.
Ellos se aferraban al parecer antes que al ser y al hacer, ellos eran la pura exterioridad, la pompa, el boato, los rótulos de autoridad y veneración.

Pero en la cátedra de la Gracia de Jesús las cosas son bien distintas.
La estricta observancia no pasará por los códigos de conductas religiosas y sociales a seguir, sino por el amor que se encarne a cada instante. Todo lo demás puede llegar a ser importante, pero lo que nos define en humanidad es la caridad, que se expresa en el servicio generoso y desinteresado al otro.

En la batalla diaria contra el egoísmo y la soberbia, vamos viajando del yo en búsqueda del tú para arribar al buen puerto del nosotros)

Paz y Bien

Más allá de la Ley y los sentimientos



Para el día de hoy (25/02/13):  
Evangelio según San Lucas 6, 36-38


(Cuando Jesús de Nazareth anuncia la Buena Noticia no plantea una alternativa religiosa, ni una opción social a los sistemas imperantes de su tiempo o de cualquier tiempo: aceptar esto implica adentrarnos confiados en el misterio de la Salvación que acontece en el aquí y el ahora.

Él enseña que la clave de todo destino radica en el amor, y ese amor es la esencia misma de Dios. De allí que los que lo sigan -más que discípulos, serán sus hermanos y sus amigos- serán reconocibles no por la forma de su culto, su cumplimiento de normas o la expresión de sus sentimientos, sino más bien por las acciones para con los demás, crean o no crean en el Maestro. 

El criterio de identidad de sus hermanos estará signado por ese amor que se atrevan a ejercer a diario, porque ellos experimentan a Dios como Padre y al prójimo lo edifican, lo constituyen, lo hacen hermano.

Sólo así es posible la misericordia, la compasión más allá del gesto o el discurso, el perdón más allá de toda lógica, la renuncia a todo juicio.

Todo encuentra su sentido primero, precisamente, en la asombrosa noticia que Dios no está tan lejos, sino que es un Padre que ama a toda la creación y está cerca, muy cerca, y por el cual la realidad puede ser transformada a partir de ese principio fundante por el que nos volvemos hermanos, hasta los mismos enemigos)

Paz y Bien

Éxodo para no quedarse



Segundo Domingo de Cuaresma

Para el día de hoy (24/02/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 28b-36

(Jesús de Nazareth se encuentra en la cima del monte, orando. Su oración es única, porque es un diálogo de comunicación perfecta con el Dios de Universo a quien reconoce como Abbá; Jesús habla con Dios y Dios habla con Jesús.

Sus compañeros -Pedro, Santiago y Juan- están con Él pero a medias, tienen muchas ganas de sucumbir al sueño. 

Estando inmerso en las honduras de su oración, Jesús se transfigura. Comienza a resplandecer en medio de la noche cerrada, y los adormecidos discípulos ven a dos hombres conversando con Él: son Moisés y Elías, el representante por excelencia de la Ley y el representante por excelencia de los Profetas.

El Evangelista hace una mención muy específica: dice que Jesús, Moisés y Elías se encuentran hablando de lo que iba a sucederle en breve al Maestro en Jerusalem, y a ese suceso lo llama partida, es decir, exodos en su original griego.

El éxodo de Jesús, a pesar del espanto de la cruz y de su muerte cercana -muerte de maldito, de criminal, de subversivo- será un paso a la tierra prometida de la Resurrección, de la vida que prevalece, de la vida que no perece, de la plenitud. 
Denominar éxodo a la Pasión significa transfigurarse de esperanza, afirmar con la propia existencia que la muerte no decide todo, confiar contra toda lógica que el proyecto del Reino de Dios es posible.

El momento del encuentro de Jesús, Elías y Moisés es profundísimo. Pedro bebe esas mieles, y quiere perpetuar el instante. Sin embargo, Pedro se equivoca.
Esas ganas de armar tres cabañas -tabernáculos de la fiesta judía de Sukkot- tienen la misma intención de ese querer apoderarse de Dios y de sus cosas, de encerrarlo en construcciones pequeñas o majestuosas, de refugiarse unos pocos elegidos en un recinto mínimo.

Pero el éxodo de la cruz es compromiso.
La Pasión exige, silenciosamente, bajar de la montaña y llevar esa luz resplandeciente a todos los sitios en donde imperan las sombras.
La Pasión implica peregrinar, no quedarse, ponerse en marcha, porque la vida se vá haciendo cuando seguimos los pasos de Aquél que se hizo camino, se hizo verdad, se hizo vida)

Paz y Bien



 

Los mundos posibles y el desafío de la Buena Noticia



Para el día de hoy (23/02/13):  
Evangelio según San Mateo 5, 43-48


(El mandato de Jesús de Nazareth de amar a los enemigos quizás sea, de toda su enseñanza, el más difícil de hacer vida, de encarnarlo en el tiempo.
Es claro que a la hora de las declamaciones, es fácil embarcarse en ampulosos discursos teñidos de romanticismo algunas veces, y de autojustificaciones otras. Pero en lo profundo de nuestros corazones sabemos que la verdad es bien distinta, y que amar al que nos hace daño y desea fervientemente nuestro mal no es para nada fácil e implica una decisión extrema que nos resulta demasiado costosa a nuestros planteos. Como un ejemplo de ello, el ámbito de la violencia que se infringe o, también, el compromiso nacional cuando se tiene la obligación de participar en una guerra, aún cuando ésta implique la justicia y la liberación, no dejan lugar a dudas, y es que el Reino no anda por las mismas veredas que nosotros.

Así podemos encontrarnos con un mundo organizado en tanto sociedad comercial, en donde sus participantes se asocian, colaboran y entre sí alcanzan el éxito económico, pero es un mundo para beneficio de pocos y miseria de muchos.
Podemos hallar también el mundo de los que buscan con afán hacer triunfar su proyecto ideológico no sólo en su ámbito sino con proyecciones totales, en donde su núcleo primordial siempre se protege a sí mismo y tiene el rótulo prebendario y protector de la pertenencia.
También podemos encontrar el mundo religioso, ése mismo que combina pertenencia nacional y religiosa para asegurar instauración de su universo de creencias, y en donde el participar de ese credo asegura, de algún modo, la asistencia y protección de los otros participantes. 
Así son a grandes rasgos los diversos mundos posibles que pueden combinarse entre sí, y que acentúan algunos de sus rasgos a través de los tiempos, pero todos ellos tienen algo en común, y es que se agotan en sí mismos, reafirmando el nosotros y execrando el ellos.

El Reino, en estas verdades, surge como otra alternativa a menudo impracticable. 
Sin embargo, y aunque su aplicabilidad parezca lejana o en algunos casos escatológica, su misma reflexión nos obliga a conceder su posibilidad. El Reino no es una abstracción simpática o difícil, y el amor a los enemigos es el desafío de Jesús de Nazareth no sólo para los creyentes, sino para toda la humanidad, la posibilidad de concretar un mundo cada vez más amplio e integrador a pesar de todas las diferencias que portamos, una fé que no se acota a la práctica piadosa o la adhesión a dogmas y creencias, sino más bien el acento redentor en buscar la plenitud del otro, aún cuando en ello se nos vaya la vida)

Paz y Bien


Servicio petrino


Cátedra de San Pedro, Apóstol

Para el día de hoy (22/02/13):  
Evangelio según San Mateo 16, 13-19


(Nada sucede por casualidad, hay que serenar la mirada y navegar en los distintos niveles de profundidad de la Palabra. Es menester para ello acercarse con humildad y con mucho hambre de verdad, y advertir así que lo que tiene un eco casual o aparente, en realidad responde a signos y símbolos que expresan mucho más que la pura letra.
Así entonces, toda lectura lineal / literal poco tiene que ver con las enseñanzas del Maestro, con la Buena Noticia, y anida todo fundamentalismo y causas de tantos dolores.

Como nos explicita el Evangelista San Mateo, nos encontramos con Jesús de Nazareth y sus discípulos en Cesarea de Filipo. Ubicada en territorio pagano, Cesarea -tal como lo indica su nombre- es una ciudad erigida en honor a César Augusto, edificaciones esplendorosas con que los reyes vasallos como Herodes, Filipo y Agripa le rinden pleitesía a los poderosos romanos, de quienes dependen sus coronas menores.
Cesarea es símbolo del poder opresor de Roma y sus legiones, de los tributos que sumergen en la miseria, del dominio impuesto por las armas, de la decadencia de Israel, del Emperador elevado a un rango divino y pontifical.
Precisamente allí, un pequeño grupo de campesinos y pescadores pobres, reunidos en torno a su Maestro -tan humilde y tan pobre como ellos-, confiesa abiertamente y sin ambages que hay un Hijo de Dios Vivo que es el Mesías, el que viene a liberar a su pueblo de todas las opresiones. Esa confesión no es abstracta, y se vuelve francamente peligrosa: allí se declara que, a pesar de la pompa y el boato, a pesar de la fiereza de sus legiones, el Emperador no es Dios, y su Imperio -que se extiende hasta donde el sol se pone- es menos que nada. Lo que permanece y cuenta es el Reino de Dios.

Esa declaración fundante acontece en el seno de la ekklesia, de la comunidad fraterna y asamblea del pueblo de Dios congregada por el Espíritu que todo lo fecunda. Esa asamblea está grávida y plena de esperanza, y por bondad de Aquél que la sostiene y alienta no será dispersada. Esa comunidad tiene lazos tan profundos que ni la muerte podrá con ella.

Simón, el hijo de Jonás, será el primero entre los discípulos porque entre ellos es modelo y símbolo de esa comunidad que confiesa y cree en el Cristo de la Salvación y anuncia la Buena Noticia. Es un hombre con sus idas y vueltas -negará a su Maestro tres veces, rechaza con obstinación la cruz, es visceralmente violento- pero con todo y a pesar de todo, es un hombre que se deja guiar por el Espíritu, y es su misión tan crucial que hasta cambiará su nombre, Simón por Pedro - Petrus.
Por ello, cuando Pedro habla es la comunidad / ekklesia la que se pronuncia, por eso cuando Pedro confiesa a Cristo es toda la comunidad la que confiesa junto a él, por eso cuando Pedro no es fiel o se quebranta, es toda la comunidad la que sufre.

Aún a riesgo de asumir ciertas posturas ingenuas, Pedro es un hombre sencillo -un pescador- al que se le ha confiado una tarea enorme.
Pedro será fundamento, cimiento sólido e inconmovible de esa familia siempre creciente porque es el mismo Dios quien lo sustenta e ilumina en su fé y su existencia, y por ello la comunidad será un recinto inexpugnable a los embates de la muerte.
Pedro es portador de esas llaves magníficas, porque la Iglesia como comunidad de fé congregada en torno a Jesús de Nazareth abre las puertas de la vida plena.
Pedro tiene el poder de atar y desatar, y es su bendición y su cruz. Desatará todos los nudos que separan, producto del egoísmo y de las miserias que lastiman, y peregrinará atando a las gentes entre sí, en una ligazón de libertad y fraternidad, unión de las personas entre sí y con Cristo.

Pero es ante todo un servidor de sus hermanos, un pescador de hombres, nó un jefe de estado, no un monarca, no un jerarca rebosante de privilegios.
Quiera el Espíritu suscitarnos otro Pedro firme en su fé y en la comunión que siembra y cultiva, para el servicio de la Iglesia y de toda la humanidad)

Paz y Bien   

Oración y eficacia


Para el día de hoy (21/02/13):  
Evangelio según San Mateo 7, 7-12

(Este pasaje del Evangelio según San Mateo ha sido caratulado, por sobradas razones, con el nombre de la eficacia de la oración; es siempre imprescindible tener presente y hacer vida que todo lo podemos de la mano de Aquél que nos ama sin límites, y ese amor se nos acrecienta -como todos los amores- en la medida que madura y se profundiza la escucha y el diálogo con la persona que amamos, en este caso la oración con la que nos confiamos a Dios. Desde la fé y por esa Gracia inconmensurable y asombrosa no quedaremos abandonados a nuestra suerte.

Pero hay más -siempre hay más- y quizás otro aspecto fundamental de la palabra para el día de hoy sea su carácter decididamente personal.
Jesús de Nazareth revela el rostro bondadoso de un Dios trascendente e infinito pero que no es lejano e inaccesible; Él nos habla de un Dios cercano a cada mujer y cada hombre, preocupado y ocupado en todas sus necesidades, aún en las que puedan aparecerse como nimias o irrelevantes. A este Dios todo le interesa, para este Dios todas las cuestiones de sus hijas e hijos cuentan.

Por ello, cuando pedimos nuestros ruegos no devienen en una fórmula abstracta y repetitiva: siempre hay Alguien que escucha y responde, la búsqueda sincera jamás es estéril, y cuando con confianza llamamos a una puerta, es Él mismo quien sale a recibirnos. 

Tal vez, entonces, nuestra oración se vuelve verdaderamente eficaz cuando redescubrimos la mejor de las noticias: que Dios es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida y más aún, jamás se olvida de nosotros a pesar de nuestros quebrantos y nuestras miserias)

Paz y Bien 

Señales perversas


Para el día de hoy (20/02/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 29-32


(La exigencia de un signo/señal responde a ciertas posturas que poco o nada tienen que ver con la Buena Noticia.

Por un lado, es esa espiritualidad del éxito y el facilismo, que condiciona creencias a la obtención de determinados sucesos milagreros y acciones espectaculares, demostraciones y evidencias a las que se subordina, indefectiblemente, cualquier posibilidad de fé. Es claro que esa fé es solamente una adhesión a un sistema de creencias.

Por otro lado y en paralelo muy cercano a la postura anterior, está esa pretensión de que Dios algo nos debe, y que podemos manipularlo siempre y cuando cumplamos con pautas piadosas preestablecidas, un Dios condicionable, un Dios acorde a las imágenes e ideas que nos hacemos de Él.

La respuesta a esto por el Maestro es durísima. Llama a quienes sostienen estas posturas generación perversa, y se trata ante todo de la negación constante y flagrante de cualquier tipo de conversión..

Quizás de un modo muy elemental, podríamos ejemplificarlo con alguien que pretende saborear un plato determinado solamente a partir de la lectura exacta del menú.

A nosotros debería bastarnos una sola señal, que es la expresión definitiva del amor que Dios nos tiene, y es la Pasion de Jesucristo, la vida que -con todo y a pesar de todo- vence a la muerte, el fin de la resignación, el ocaso de los imposibles.

La fé acontece no desde los milagros, que son indicadores que nos referencian la mirada, sino a partir del encuentro profundamente personal con Jesús de Nazareth, que nos transforma la existencia, y ésa precisamente es la conversión que tenemos pendiente.

A menudo en los sitios más insospechados, y desde aquellos en donde nada esperamos -los ninivitas, la reina de Saba, los vecinos invisibles, los pobres que ignoramos- sucede el maravilloso hecho de la esperanza a partir del ansia de una vida plena, convergiendo hacia el prójimo)

Paz y Bien


Luces filiales


Para el día de hoy (19/02/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 7-15


(Con el correr de los años vamos madurando, incorporando conocimientos y vivencias, y quizás también volviéndonos día a día más complejos. No está mal, claro está, se trata de el lógico proceso de crecimiento de todos, desde los balbuceos iniciales de los bebés hacia el discurso más elaborado del adulto.

El problema es que en medio de esos ápices, se nos vá diluyendo la confianza primordial, y una maraña de palabras nos oculta la Palabra.

Cuando Jesús enseña a los suyos a orar -a los Doce, a sus seguidores, a mujeres y hombres de toda la historia de la humanidad- revela a un Dios que no es tan lejano ni tan inaccesible como muchos creen... o como nos han hecho creer.
Él lo descubre en las honduras de su corazón sagrado, y nos descubrimos hijas e hijos capaces de llamar a Dios Abbá! -Papá!- porque, precisamente, Jesús de Nazareth es su hijo. Somos hijos por ese Hijo, y con la maravillosa alegría de sabernos hijos nos dirigimos a Él con sencillez y confianza inquebrantables.

Es una cuestión filial, de Padre a hijos, y por ello mismo se torna una cuestión familiar plena de realidad y lejana de cualquier asomo declamatorio. Por ello la causa de Dios está intrínseca e inseparablemente unida a la causa de los hermanos.

Así nos dirigimos a ese Padre que está en los cielos, que es el Totalmente Otro pero que sin embargo está cerca, muy cerca, palpitando en cada corazón. 

Así suplicamos que se santifique su Nombre, que Él se siga revelando como Padre Redentor, como horizonte personal de plenitud y humanidad.

Así suplicamos que el Reino venga, que se haga tiempo, que se haga historia, que se haga aquí y ahora la vida, la libertad, la felicidad.

Así reconocemos que ese Padre jamás se desentiende de sus hijos ni de lo que les sucede, por eso rogamos que la voluntad de Dios -la vida en plenitud- acontezca en sus ámbitos que no son solamente celestiales, sino que acampan en estos arrabales que somos.

Así suplicamos por el pan, el pan que se comparte y reparte, que alcanza para todos y aún queda más, pan de mesa grande compartida, pan de justicia para que nadie más pase hambre, el pan de Dios que es el pan de todos, Jesús de Nazareth haciéndose pan para los demás.

Así rogamos que perdone nuestras ofensas, nuestras miserias, porque el perdón libera y sana, el perdón es la expresión más cabal de ese rostro bondadoso y paterno de ese Dios revelado por el Hijo, un perdón que se vuelca hacia los demás porque nos sabemos perdonados incondicionalmente, y rogamos también -como antaño- que se perdonen nuestras deudas, porque es menester hacer presente el jubileo de liberación de ese Cristo hermano y compañero, superando toda desigualdad que anula gentes, que deshumaniza, que agobia corazones, que insulta trabajo, que aniquila esfuerzos, que ofende honestidad.

Así imploramos que no nos deje caer en la tentación del olvido y la omisión, pues cuando olvidamos al hermano renegamos de ese Dios que nos reune y nos busca sin descanso, la peligrosa tentación de no reconocernos frágiles, de buscar atajos milagreros y desandar caminos fecundos, y decimos con esperanza que palpita que nos libre del mal, de mal que nos hacen y del mal que hacemos, del egoísmo que separa y mata, del la soberbia de creermos más que otros, de la simulación constante sin compromiso.

La mejor de las noticias es que Dios nos ama, que somos hijas e hijos y que podemos superar cualquier espiritualidad de trueque piadoso o de religión repetitiva porque en cada rostro podemos encontrar las huellas filiales de Aquél que resplandece en cada ser humano)

Paz y Bien

 

Criterios de identidad y trascendencia


Para el día de hoy (18/02/13):  
Evangelio según San Mateo 25, 31-46


(La Palabra para el día de hoy es escatológica, y se refiere a los tiempos definitivos, a la consumación de la historia con el regreso de Cristo, y la absoluta trascendencia de ese Dios que realiza el juicio de la humanidad: ese Dios trascendente es el Totalmente Otro.

Sin embargo, es un texto asombrosamente secular.
No se habla de dogma, de codificaciones morales, de principios cristológicos, de culto específico. Ese Dios trascendente ha descendido de esas alturas inalcanzables y se funde e invisibiliza en la historia, en los que sufren, en los marginados, en los que no cuentan.

A contramano de ese mundo que provoca esas heridas en tantos dolientes, surge la caridad como alternativa de conducta, mano que auxilia al caído, bálsamo que sana al lesionado. 
Pero ello no basta.
Lo que cambia la historia y define a las hijas e hijos de Dios que actúan por el impulso de su Espíritu desde la comunidad -la Iglesia- es la compasión, asumir y compartir el sufrimiento del otro como propio y más aún, beber ese cáliz amargo para que pueda transformarse en vino bueno de justicia.

Las obras de misericordia nos santifican y nos hacen trascender cuando, además del alivio, se busca con pasión erradicar también las causas de tanto sufrimiento. Porque en los pequeños, en los que paceden, en los olvidados, allí se encuentra nuestro Dios y en ellos le rendimos culto, templos vivos y latientes del Dios de la vida.

La eternidad se entreteje y define en el aquí y ahora de un Cristo que, a pesar del espanto de la cruz, permanece fiel y derrota a la muerte)

Paz y Bien


Decididamente, nuestro hermano fiel


Para el día de hoy (17/02/13):  
Evangelio según San Lucas 4, 1-13

(Este Mesías no se adapta a los modelos ni a las ideas que se tienen de Él.
El mismo Espíritu que lo había proclamado como Hijo muy amado de Dios, que descendió sobre Él en el bautismo a orillas del río, ese Espíritu que lo inunda e impulsa, lo conduce ahora hacia el desierto, a un tiempo de soledad fecunda, de crisol, de maduración, de honrar ese horizonte bautismal que ha descubierto.

Es Dios-con-nosotros, Emmanuel. Por la Encarnación, este Cristo se hace uno de nosotros, uno más en nuestras miserias y desdichas, en nuestros abismos abiertos.
No es una figura excelsamente lejana, no es un Dios disfrazado de hombre, no es tampoco un humano superpoderoso. Es un hermano más, un compañero, un conocedor profundo, en su piel y en sus huesos, de todo el mal ante el que solemos sucumbir. Sin embargo, Él permanece fiel a su Padre y a esa alianza jamás quebrantada y siempre honrada.

La primera de las tentaciones lo hermana en comunión total con todos los hambrientos de todas las épocas. Allí el Enemigo propone la persistente solución individual y egoísta, en donde el hambre se calma pero no se cambian las causas del hambre desde esa justicia que se enraiza en el amor de Dios. Jesús de Nazareth no acepta un pan que no sea fruto de la justicia, ni un pan que nos ciegue la trascendencia, porque hay un pan que es sustento del cuerpo y hay un pan que es sustento del alma.

La segunda de las tentaciones pretende encaramarlo a los estrados del poder y la opresión, en donde no hay sitio para la fraternidad, la comunión, la solidaridad. Es la tentación de volverse un Mesías imponente, pleno de gloria mundana que humilla a sus enemigos con violentas victorias, que gobierna como gobiernan los poderosos de la tierra, un reino que nada tiene que ver con el Reino de su Padre en donde los últimos son los primeros, en donde el poder sólo se entiende desde el servicio. Jesús es el hijo de María de Nazareth, la misma que cantó a ese Dios que derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes, un Cristo que morirá en la cruz ofreciendo su vida para que nadie más sea crucificado, un Rey extraño que hace de la muerte una victoria para la vida.

La tercera tentación es la de transformar la fé en un show, en un mero espectáculo, un dios manipulable de acuerdo a capricho, una plétora de gestos cultuales carentes de corazón, el milagro como hecho banal y no como signo cierto del amor inconmensurable de ese Dios que se hace hombre y que, por ello mismo, es tentado por el Enemigo. Pero ese Dios que se hace hombre no renuncia a su vocación ni se resigna, se mantiene entero porque su Padre lo ama y porque nada ni nadie puede alejarlo ni confundirle ese amor.

Las tentaciones siempre están presentes, señal de que somos imperfectos, incompletos, falibles. No está mal tener ciertos recelos a la hora de presentarse las posibilidades de caer.
Pero también son motivo de esperanza. El hermano mayor se mantuvo en pié, se mantuvo fiel, ni la cruz lo hizo retroceder, nuestro hermano y nuestro Señor, Jesús de Nazareth)

Paz y Bien 



La mesa de la Iglesia


Para el día de hoy (16/02/13):  
Evangelio según San Lucas 5, 27-32

 
(Los publicanos era quienes, con respaldo legal, recaudaban impuestos para el Imperio Romano. Amparados en esa ley, abusaban de su status, cobrando no sólo los tributos debidos -los que ya eran de por sí harto gravosos- añadían montos que iban a parar a sus bolsillos. En varios casos -lo podemos identificar en el pasaje evangélico en donde se relata la historia de Zaqueo- muchos de ellos amasaron cuantiosas fortunas, producto de esos abusos. Por ello mismo eran tan temidos como odiados.

Los publicanos como Leví no era tenidos en alta estima tampoco, toda vez que eran visto por sus paisanos como serviles al invasor extranjero que profanaba la tierra Santa de Israel, además de ser el ejemplo claro de abuso y corrupción. Estaban considerados a la misma estatura moral de las prostitutas, y por tales se encontraban excluidos de la vida comunitaria y religiosa.
En la mesa de impuestos de Leví abunda el dinero pero sobreabunda la soledad; justificadamente o nó, Leví sólo puede juntarse con otros como él, pues el pueblo repudia su condición de pecador.

Pero el Maestro vé mucho más allá de la realidad aparente, con una mirada capaz de trascender y confiar hasta sus huesos en que otra vida es posible.
Porque Dios tiene muchísima más fé en todos y cada uno de nosotros que la escasa confianza que a menudo depositamos en Él.
Jesús de Nazareth se acerca a Leví, pues son de Él todas las primacías, es Él quien dá el primer paso, es Él quien nos busca sin desmayos, y no le importa, en su corazón sagrado e inmenso, la actualidad de Leví sino todo lo que puede llegar a ser junto a Él. Por eso Leví se pone de pié, deja todo y lo sigue, signo cierto de que el ingreso del Maestro en su existencia ha desalojado mansamente esa oscura vida anterior.

Luego nos encontramos con un banquete celebrado en su casa: la vida transformada es motivo de festejo.
Allí podemos comprobar que los asistentes son en su gran mayoría publicanos, y ello suscita las críticas. Almas puntillosas no toleran que el Maestro se siente a comer y brindar con esos pecadores miserables.

Sin embargo, precisamente ésa es la gran señal de Salvación: Él ha venido en rescate de los que estaban perdidos, sanando a los cuerpos enfermos y a las almas corrompidas, para que todos puedan volver a una existencia plenamente humana.

Así sean también las mesas de la Iglesia, mesas en donde todos nos reconocemos pecadores, a menudo abrumados por nuestras miserias, pero convidados por Aquél que desborda perdón y misericordia. Y en su mismo camino, convidar a compartir el pan y la vida a todos aquellos a quien nadie invitaría a comer.
Ésa es la misión que se nos ha encomendado, y todo lo demás es importante pero viene detrás: lo que cuenta es la inclusión que se practica desde una compasión originada en corazones agradecidos por el perdón de Dios que excede por lejos cualquier cálculo, que desborda las canastas con su pan, que nos renueva y recrea cuando todo parece definitivo)

Paz y Bien


Del ayuno


Para el día de hoy (15/02/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 14-15

(El Evangelio para el día de hoy, si bien no es extenso, revela varias cuestiones.
En primer lugar, que los discípulos del Bautista y los fariseos tenían varios puntos en común, especialmente en lo referente a la práctica del ayuno. Para ellos era una obligación religiosa a cumplir de manera estricta, de tal modo que a través de su práctica precisa y piadosa podrían obtenerse los favores divinos.

El Maestro no obliga a los suyos a la práctica del ayuno, no insiste demasiado con ese tema. 

Se trata, ante todo, de que estamos en el tiempo de la Gracia, de lo que se nos regala por pura bondad, por generosidad de manera incondicional por ese Dios que nos ama de manera entrañable, un Dios que siempre dá el primer paso, que tiene las primacías, que se brinda a sí mismo, y al que no se puede comprar ni dominar su voluntad mediante rituales codificados.

Más aún: Jesús de Nazareth no desprecia al ayuno, sino más bien entiende que debe ser resignificado. El ayuno debe ser un puente tendido hacia el hermano que pasa necesidad, el ayuno debe ser ofrenda humilde y silenciosa, desprovista de cualquier rostro de rictus amargo.

Aún cuando asome en el horizonte el espanto de la Pasión, la vida ha de ser celebración porque Dios, con todo y a pesar de todo, está presente y vivo entre nosotros, la maravilla de amor de ese Dios-con-nosotros, el Emmanuel)

Paz y Bien

Con la cruz al hombro


Para el día de hoy (14/02/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 22-25

 
(La crucifixión fue durante siglos el método utilizado por el Imperio Romano para ejecutar a los criminales más abyectos y a los revoltosos políticos, y dentro de la religiosidad imperante en la Palestina del siglo I, implicaba también que el ejecutado de esa manera había sido presa de un castigo divino, es decir, un maldito.

No es de extrañar que, a oídos de los discípulos, esta condición de seguimiento les resultara inasequible. Más aún ese Maestro que esto les enseñaba, les había profetizado que moriría y sufriría a manos de sus enemigos. Todo ello tiraba por la borda esa imagen de un Mesías glorioso que se alzaría en victoria aplastante por sobre sus oponentes.

Ellos -al igual que nosotros- tenían un éxodo pendiente.

No es tan simple asumirse, desde la generosidad inconmensurable de la Gracia, como un marginal y un delincuente, aceptar con mansedumbre violencias e insultos, padecer desprecios y humillaciones, en especial y de modo primordial por fidelidad.
Porque nosotros no creemos en algo, en un corpus dogmático, en una serie de presupuestos religiosos: nosotros ante todo y por sobre todo, creemos y seguimos a Alguien, Jesús de Nazareth.

Ponerse la cruz al hombro implica también aceptar voluntariamente cualquier horror con tal que un hermano viva, permanecer íntegros a pesar de las amenazas, atreverse a ir en busca del que está lejano y del que sufre aún cuando debamos portar el peso intolerable de nuestras miserias cotidianas, tan teñidas de miedos y egoísmos, animarse a seguir andando nomás.

Contra toda especulación, la vida se expande cuando se pierde en ofrenda a los hermanos)

Paz y Bien

Ayuno, limosna y oración


Miércoles de Ceniza

Para el día de hoy (13/02/13):  
Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18

(Existe una arraigada costumbre que es la de revestir a la Cuaresma de un tiempo de rostros severos, rictus rígidos con tristeza y seriedad evidentes; así, se torna en ciclo en donde habrá exactitud litúrgica pero poco corazón y escasa conversión.
Ello está lejos de la Buena Noticia, y en consecuencia es una actitud des-graciada.

La Cuaresma ha de ser un tiempo propicio para que se nos renueve la esperanza, para asumir la cruz de Cristo y todas las cruces, las propias y las de nuestros hermanos dolientes, porque en el horizonte destella el amor asombroso de la Resurrección.
Su signo es esa cruz que nos tizna las frentes con esas cenizas que pueden dispersarse al viento, pero que no desaparecen, signos de corazones que se convierten a Dios y, por lo tanto, al hermano, en el sacrificio inmenso del Gólgota, en la ofrenda de la existencia para que otro viva.

Así, ayunamos con serena alegría para enfocar la totalidad de los sentidos en lo que verdaderamente cuenta, y esa pequeña privación se transforma también en ofrenda, signo del pan que se comparte, reparte y alcanza para todos. Habrá comida en la mesa del hambriento cuando con mansa decisión nos neguemos a nosotros mismos parte del sustento, y es también símbolo para ese egoísmo militante que tantos esclavos produce.

Así, la limosna se vuelve un acto de justicia y parte del culto verdadero al Dios de la Vida cuyo rostro resplandece en los más pobres. No damos las sobras, entregamos lo propio para que otro no pase necesidad, para cuidar a los abandonados, para declarar de modo solemne que Dios no olvida, que Dios está entre nosotros, que la miseria es ofensa.

Así, la oración se nos vuelve tan imperiosa como el respirar, escucha y respuesta a ese Espíritu que nos resuena en las honduras del alma, haciéndonos decir Abbá!, reconociéndonos hijas e hijos de un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, Dios que nos busca constantemente, Dios que se desvive por nuestra felicidad.

Quiera ese Dios que en esta Cuaresma nos volvamos cercanos, muy cercanos al hermano, como ese Jesús hermano de todos nosotros)

Paz y Bien

De higienes, razones y corazones

Para el día de hoy (12/02/13):  
Evangelio según San Marcos 7, 1-13

(Una mirada superficial y anacrónica argumentaría con toda probabilidad que estamos frente a un hecho en donde se resuelve, ante todo, una cuestión elemental de higiene, algo tan básico como lavarse las manos antes de comer.

En realidad, lo que está en juego es completamente distinto, y tiene un profundo significado.

Desde que siguieron los pasos del Maestro, los discípulos fueron dejando de lado de manera gradual ciertas normas y costumbres impuestas y férreamente arraigadas, que sólo respondían a una sola razón, la de la piedad sin justicia, el culto sin corazón, la deificación de la norma por la norma misma. Así entonces los discípulos le restaban importancia al lavado de sus manos no tanto por una cuestión de higiene personal, sino como rito obligado de purificación ritual, exigible para todos los varones de Israel antes de ingerir alimentos.
La observancia de estas normas llegaba a extremos tales que los supervisores de control -escribas y fariseos, todos religiosos profesionales- se llegan desde la capital Jerusalem hasta la Galilea del ministerio de Jesús y sus amigos con el fin de fiscalizar este cumpliento.

La denuncia profética que Jesús de Nazareth hace de esta actitud de los que critican con fervor es clara y definitoria. Ellos han quedado atrapados en un inflexible código moral que les impide el éxodo, es decir, la conversión. Ellos no se atreven a dar un paso que no esté previamente codificado y normatizado.

Ellos mantienen una postura diametralmente opuesta al Reino que inaugura ese Cristo de la mesa compartida, pues entienden que deben cumplir con numerosos y específicos rituales con el fin de purificar sus almas y acceder a la bendición divina, una bendición que se puede adquirir de acuerdo a la tabulación virtuosa que ellos mismos han instaurado.


Pero es un tiempo nuevo y asombroso, el tiempo de la Gracia, y todo se decide en lo que Dios hace en nosotros y por nosotros, sin condiciones previas y a pura bondad y no por las cosas que creemos hacer en su nombre.
Se trata de permitir que Él nos vaya moldeando y purificando)

Paz y Bien

El borde de su manto




Nuestra Señora de Lourdes

Para el día de hoy (11/02/13):  
Evangelio según San Marcos 6, 53-56


(En la Palestina del siglo I, tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, los enfermos eran el sector más relegado de la sociedad, quizás más aún que los pobres. No se trataba solamente de una medicina en estadios tempranos, y una gran prevalencia de determinadas patologías propias de la zona y del clima: se trataba especialmente de una concepción religiosa y social que consideraba a las enfermedades consecuencia directa del pecado, es decir, el castigo necesario de un dios severo.
Además, las rígidas normas de pureza ritual existente complicaban aún más la situación, y quien tocaba a un enfermo/impuro a su vez se impurificaba, volviéndose inapto e inepto para la participación en el culto y para la vida comunitaria, autocondenándose a un repliegue automático a la soledad y el ostracismo.
Así entonces, la situación de los enfermos y de sus familias, en aquellos tiempos, era mucho más dolorosa que el sufrimiento que imponía la propia dolencia.

Cuando el Maestro, desde Nazareth, comienza a recorrer pueblos y ciudades anunciando la Buena Noticia y acercándose Él mismo a los enfermos, se produce una gran conmoción.
Por un lado, las gentes se asombran de que Alguien se inclinara hacia los enfermos con tanta bondad; ése hombre irradiaba una fuerza asombrosa que a todos curaba, y lo hacía en nombre de un Dios Abbá, muy distinto del que otros les había enseñado e impuesto.
Por otro lado, los religiosos profesionales, los poderosos dirigentes de la religión oficial estaban que trinaban, y con razón: ese galileo de tonada campesina alejaba al pueblo de sus influencias y doctrinas, y lo que estaba enseñando volvía peligrosamente libre al pueblo. Para colmo de males, todo lo realizaba abiertamente en nombre de un Dios muy distinto del que ellos mismos rendían culto.

Por estos motivos, y porque también la conversión y la confianza no son mágicas ni instantáneas sino que son un proceso de germinación, crecimiento y frutos, las gentes llevaban a sus enfermos en camillas a las calles y plazas, en la esperanza que, al paso del Maestro, pudieran rozar el borde de su manto. Estaban demasiado asustados y temerosos de todo lo que habían asimilado durante siglos para atreverse -de golpe- a cambiar; por ello con temor y temblor, se siguen quedando en los márgenes, en esa esperanza de que la misma periferia de ese Cristo caminante siquiera los roce.

La fuerza de Jesús de Nazareth es asombrosa, y esa Gracia inconmensurable no puede ser contenida ni acotada. Por ello mismo todos los que tocaban el borde de su manto quedaban sanos.

Aún les faltaba un éxodo, y es el mismo que nos queda pendiente. Al tocar el borde de su manto se vestían de alegría y gratitud, pero corrían el peligro de abrazarse al fenómeno puntual.
A la tierra prometida de la Salvación se llega cuando nos atrevemos a tocar el borde del manto que le imponen sus verdugos en la noche cruel de la Pasión)

Paz y Bien

 

La fé del pescador


Para el día de hoy (10/02/13):  
Evangelio según San Lucas 5, 1-11


(Ellos eran hombres expertos en su oficio. Sabían que al filo de la madrugada el trabajo redituaba, y podían volver a la costa con una buena cantidad de pescado. Sin embargo, esa noche todos sus esfuerzos resultaron vanos, nada habían podido sacar en sus redes.

Ese Jesús que había alimentado a las multitudes, saciando el hambre de sus corazones estaba allí con ellos; si no fuera porque lo querían y respetaban -aún sin comprenderlo- se hubieran reído de Él. Un artesano galileo les dice que se larguen de nuevo al mar, que vuelvan a echar las redes pero de día.

Pero hay algo en su voz que no se puede explicar, pero que les hace nacer cosas nuevas. Entonces acontece el primer milagro: Simón argumenta que la propuesta es irrazonable, pero confía en lo que el Maestro le dice, se aferra a su Palabra.
Si Él lo dice, el pescador lo hará.
Es el milagro primero, porque la fé es un don, es misterio y es también milagro, urdimbre santa entre Dios y el hombre.

Contra todo pronóstico, las redes se llenan, las dos barcas se inclinan por el peso de los peces.
Aún así, no se hunden ni las redes se rompen.

La pesca es milagrosa porque el pescador ha confiado en la Palabra del Maestro, y la Gracia ha hecho todo lo demás, la Gracia que todo lo transforma y sostiene al universo.
Esos pescadores expertos serán ahora invitados a ser pescadores de hombres.

El mundo es un mar sombrío en donde millares de pequeños peces está a la deriva, y este oficio santo se trata de mantener a esos pequeños peces con vida, rescatándolos de las mareas de exclusión y del olvido.

Es menester que volvamos a fiarnos de su Palabra)

Paz y Bien

Del descanso


Para el día de hoy (09/02/13):  
Evangelio según San Marcos 6, 30-34

(Los discípulos regresan con la satisfacción propia del deber cumplido, han realizado la misión que le Maestro les ha encomendado. Pero a la vez son presa de un entusiasmo desmedido, no han tenido mayores problemas, han sanado a todo enfermo que han encontrado, los espíritus malignos han retrocedido, todo ha ido de maravillas. Sin embargo, no todo es una fotografía de una aventura romántica o bucólica.
La misión comienza a pasarle factura a sus cuerpos y a sus mentes, están muy cansados, y además corren cierto riesgo que no es menor.
Ese riesgo es el de intoxicarse con las mieles venenosas del éxito; ellos han regresado muy entusiasmados, pero aún no comprenden que la misión -el anuncio de la Buena Noticia con hechos y palabras- tiene un color preponderante de gratuidad y también de cruz.

A pesar de todo, lo que conmociona es contemplar a ese Cristo preocupado y ocupado por los suyos, por lo que les sucede, por sus alegrías y tristezas, por su cansancio y su bienestar, esa necesidad de llevarlos a un sitio apartado, más grato a los sentidos, en donde puedan de nuevo centrarse, relajarse, buscar el sustento para sus cuerpos y el alimento para sus existencias, la Palabra.

Ese cuidado, esa contracción hacia sus amigos cansados no se limita a unos pocos.
La multitud, la mayoría de las gentes sigue a la deriva, no encuentra respuestas en el Templo ni en los poderosos, doblegados por el cansancio y la resignación.

Quizás la misión también sea hacer presente en estas tierras golpeadas el rostro bondadoso de ese Dios Padre y Madre, pura compasión y bondad que se derrama generosa hacia todas sus hijas e hijos derribados)

Paz y Bien

Mesas corruptas


Para el día de hoy (08/02/13):  
Evangelio según San Marcos 6, 14-29


(La identidad de Jesús de Nazareth provocaba todo tipo de inquietudes para los poderosos y para los humildes.
Él era un artesano de aldea pequeña -casi un campesino- sin raigambre real visible, sin pergaminos de formación que exhibir, y que sin embargo concita la atracción del pueblo porque enseña con una autoridad extraña, evidente y muy distinta de la de los escribas, porque habla de un Dios Abbá cercano que a todos ama, porque no vacila en acercarse a los enfermos y despreciados.

Estos sucesos de índole popular inquietan a los poderosos, los asustan y preocupan, temen que sus poderes, prebendas, privilegios y dominios se vean socavados y perdidos.
El ejemplo sucede en un banquete de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea -festejo de su cumpleaños- en donde se reúnen la nobleza rural y los personajes importantes de Galilea, todos comprometidos como él en mantener la sumisión a Roma y su status privilegiado.
Son mesas en donde abundan los manjares, en donde refulge la pompa y el boato pero en donde también sólo acceden unos pocos, los que oprimen a tantos, los que sólo temen perder bienes e influencias. Allí desborda todo excepto la bondad en los corazones, con ausencia deliberada.
En esas mesas, bajo promesas torpes y apariencias honorables se decide la vida y la muerte de los justos.
En esas mesas corruptas, entre plato y plato morirá como un criminal Juan el Bautista, el más íntegro de los hombres y quizás, precisamente por ello mismo.

Las mesas de Jesús de Nazareth son bien distintas.
En esas mesas se celebra la vida, la fraternidad, la alegría por el otro, y en donde a nadie se rechaza, todos tienen lugar, mesas de liberación y cordialidad:)

Paz y Bien

Senderos de misión


Para el día de hoy (07/02/13):  
Evangelio según San Marcos 6, 7-13

(El Maestro convoca nuevamente a los Doce para que transiten nuevos senderos, todos en sentido hacia el Reino, todos en clave de Gracia.
Jesús ha sido expulsado de la sinagoga: las puertas de la religión oficial se han cerrado, pero eso no puede ni debe detenerle. Siempre que una puerta de cierra, se entreabren otras tantas esperando nuestros pasos, es cuestión de esperanza y de no resignarse.

Los discípulos son enviados de dos en dos, signo cierto de comunidad, de esfuerzo compartido, de diálogo que enriquece, de sostenerse mutuamente para permanecer en pié, de Iglesia que germina.

Nada han de llevar, y no lo hacen por militancia de pobreza ni escuela ascética: se trata ante todo de confianza en la providencia bondadosa de Aquél, que los envía, de andar ligeros para que nada los detenga.

Esa pobreza y ese despojamiento alegremente voluntario los vuelve dependientes de la solidaridad y la hospitalidad de otros, y allí en donde sean recibidos ellos harán que acontezca la comunidad, expresión genuina de la familia de Dios.

Llevan consigo, en sus corazones, la Salvación que se les ha ofrecido a pura bondad y que han recibido con felicidad, y es un tesoro extraño que se agiganta en la medida en que se brinda y comparte.

Ellos portan salud para los cuerpos, y liberación para las existencias, desalojando todos esos espíritus malvados que oprimen y degradan la condición humana., llevando aceite de consuelo y vino de esperanza, haciéndose ellos mismos salud para los hermanos dolientes)

Paz y Bien

La visita del hijo de María


Para el día de hoy (06/02/13):  
Evangelio según San Marcos 6, 1-6


(Lo habán visto crecer, jugar con sus hijos, aprender el oficio paterno. Hablaba con su misma tonada, pasaba las mismas penurias de ellos -eran todos pobres-, y el pequeño Nazareth era el pueblo común a todos sin ninguna relevancia, ni aún en la misma Galilea.
De Él esperaban lo mismo que de todos los varones del pueblo: que continuara trabajando como artesano o carpintero, que formara una familia, que tuviera muchos hijos, que cumpliera con sus obligaciones religiosas y no mucho más.

Sin embargo este Jesús nada de eso hizo. Él se marchó por diversos pueblos y ciudades a enseñar, siendo que carecía de formación alguna -su acento campesino delataba sus orígenes humildes-, y no quedaba enfermo sin sanar a través de sus manos.
Pero como a cualquiera de nosotros -un gesto profundamente humano- tiene la necesidad de volver a su querencia, a su patria chica. Cuando uno parte durante demasiado tiempo, la añoranza por el hogar se acrecienta, pero a la vez Jesús se mantiene en todo lugar enteramente fiel a su vocación. Por ello mismo allí, en su misma tierra también ha de enseñar.

Los suyos no lo toleraron, y variaban sus ánimos del asombro al escándalo. Alguien tan cercano, tan parecido a ellos mismos no puede hablar así de Dios, no puede andar realizando los milagros que realiza, lo mentan como el hijo de María y quizás sea un insulto velado, aludiendo a cierta condición de bastardo.

El Cristo de nuestra Salvación -Dios con nosotros- es muy, muy parecido a nosotros. Habla nuestro lenguaje, en un idioma comprensible con claridad para todos.
Es el hijo de María que se llega hasta nuestros días, un Dios vecino y conocido, un Dios que enciende los corazones de muchos profetas de barrio que, aunque nos cueste aceptar, anuncian sin ambages y con toda la fuerza la mejor de las noticias)

Paz y Bien

Talita kum, el mandato de levantarse


Para el día de hoy (05/02/13):  
Evangelio según San Marcos 5, 21-43

(Esta lectura del Evangelio tiene un pilar fundamental que es la misericordia de Dios que se expresa en plenitud en Jesús de Nazareth, y además, tres personajes muy especiales.

Jairo, jefe de la sinagoga. Es un cargo muy imporante entro de la estructura religiosa judía -especialmente durante el Shabbat-, organizando el culto, invitando a los varones a leer las Escrituras y a comentarlas; el puesto es honorífico, y bajo nuestros categoremas es de carácter laico.
Jairo representa a esa estructura religiosa que rechaza abiertamente a Jesús de Nazareth, la sinagoga que decide la división entre puros e impuros, la ortodoxia cruel que acepta a unos pocos y rechaza a tantos, el culto sin corazón a un dios inaccesible, cruel y vengativo.
Tiene una hija de doce años, y para aquellos tiempos y en esa cultura, es una niña que se está convirtiendo en mujer, en cuerpo y edad de casarse y procrear; sin embargo, carece de cualquier atisbo de autonomía, es apenas una propiedad de su padre. Quizás es todo un ambiente que la agobia y no la deja respirar, que la oprime hasta dejarla moribunda, que no la deja asomarse a la vida adulta. Es también símbolo de una sinagoga que ya no dá respuestas, y de la que Dios se ha ido.

Hay un milagro que quizás nos pase inadvertido, y es la conversión de Jairo. Justamente él, un fariseo convencido que representa a todos aquellos que detestan al Maestro, corre a ponerse a los pies de ese galileo revoltoso porque en las honduras de su corazón sabe que sólo Él puede devolverle la salud a su hija. 
Jairo expresa los matices principales de toda conversión, que son la confianza en Jesús y el atreverse a ir más allá de cualquier barrera ideológica, religiosa, preconceptual.

Jesús lo acompaña a su casa con paso decidido, lo mueve la compasión por esa niña enferma y por el amor de su padre. Pero por entre la multitud que lo rodea, a escondidas y de manera clandestina, una mujer se acerca y toca su manto.
Es una mujer que durante doce años ha sufrido hemorragias, flujo de sangre -quizás lo que hoy la medicina clasificaría como metrorragias o alteraciones menstruales-. Simbólicamente, es una mujer a la que la vida se le va yendo poco a poco en la sangre que pierde, a la que nadie ha dado respuestas.
Su realidad es mucho más cruel que la misma enfermedad que padece: esa patología la vuelve impura según los cánones religiosos, y es una impureza transmisible. Impurifica todo lo que toca y a quien toca. Es una mujer relegada a vivir en soledad, a no amar ni ser amada, a ser mirada con desprecio, a que todos se alejen de ella. Pero también es una mujer que no se resigna, y aunque sea de manera furtiva toca el manto del Maestro, sabiendo que es lo mismo que tocarle a Él, porque lo cree fuente de toda sanación, confianza inquebrantable.
Por ello mismo, la pregunta del Maestro acerca de quien le ha tocado no se refiera a un intento de reconocer al autor de ese atrevimiento, sino de que esa mujer se revele sin miedos, sin esconderse, que se levante íntegra y sana, reivindicada en su humanidad reconstituida por el contacto con la fuerza inconmensurable de ese Cristo caminante.

Aquí no podemos olvidar que esto sucede mientras Jesús y Jairo se encaminan a la casa de éste último por la enfermedad que postra a su hija. Por la nutrida multitud y por el encuentro con la hemorroisa, se han demorado, y en apariencia han llegado tarde. La niña ha muerto según anotician parientes y vecinos.

Pero es un tiempo nuevo y bueno, muy distinto al que se impone. Es tiempo de que la muerte no tenga la última palabra, es el fin del no se puede, es el comienzo de la magnífica bendición de un Dios que nos vuelve a hablar como niñas y niños, hijas e hijos suyos, que no nos quiere postrados, doblegados por nada, erguidos plenos de humanidad, cada vez más humanos, Talita kum para todos los corazones en todo lugar)

Paz y Bien
 
 

Legión, el valor de una vida


Para el día de hoy (04/02/13):  
Evangelio según San Marcos 5, 1-20

(La escena que el Evangelio para el día de hoy nos brinda se desarrolla en tierras paganas, en la Decápolis, es decir en la región de esas diez ciudades bajo jurisdicción de la provincia romana de Siria, con una mayoría predominantemente helenística. Por ello mismo -por razones religiosas y nacionalistas- no eran miradas con buenos ojos por los judíos del pueblo de Israel; se los presuponía ajenos a cualquier bondad de Dios y más, pasibles de todos los castigos.

En esas tierras a las que jamás se permitiría una bendición del Creador, precisamente allí se encamina el Maestro con los suyos para llevar también la Buena Noticia, para que el Reino crezca y acontezca.
Lo nuevo y lo bueno es el amor infinito de Dios que se derrama por todas las naciones como lluvia fresca, renovadora de toda vida, pues las fronteras -terrestres, políticas, religiosas, psicológicas- son cruel y torpemente propias con las que solemos diferenciarnos de los demás, de los extraños, una malsana azada que poda cualquier brote de fraternidad.

Para no quedar presos de la literalidad, es saludable y necesario detenernos en los signos y los símbolos que se nos ofrece en la palabra, que no es una crónica histórica sino teológica, es decir, espiritual.

Apenas Jesús desembarca, le sale al paso un hombre alienado, seguramente enarbolando gritos angustiados y vistiendo algún harapo miserable.
La descripción que hace el Evangelista Marcos es tan detallada como dolorosa: es un hombre poseído por un espíritu maligno, según los vecinos del lugar. Es violento y suele hacerse daño a sí mismo, por ello intentan dominarlo -no sanarlo, no contenerlo- mediante cadenas y grilletes; finalmente, lo dejan librado a su suerte, y su hogar será una casa de muertos, un cementerio.

Estamos acostumbrados a señalar que cuando Jesús se hace presente, todo mal se dispersa, y ello está muy bien; pero es menester no soslayar que también, cuando Él está, se ponen en evidencia todas las miserias y dolores que a menudo se desdibujan bajo pátinas de costumbre.
Porque ese hombre sufre su dolencia pero a la vez sufre el dolor del rechazo y de la resignación de sus vecinos a su situación intolerable que consideran irresoluble y sin retorno. Los mismos que condenan al hombre a la soledad no reconocen la Salvación que está allí, entre ellos, en ese rabbí galileo.
El hombre endemoniado, inmerso en sus sombras y a voz en cuello lo reconoce como Hijo de Dios y Señor.

Hay un dato que suele ser motivo de contrapuestos análisis por expertos exégetas: por aquellos años, tenía su asiento en Siria la Legión 10a. -Legio X Fretensis- cuyos estandartes de combate ostentaban como símbolo distintivo a un jabalí, es decir, a un cerdo salvaje. Las legiones romanas garantizaban la obediencia de los pueblos sometidos al imperio mediante su fuerza militar aplastante -la X Fretensis sería decisiva años después, bajo los mandos de Vespasiano y de Tito en la destrucción de Jerusalem-. Y como no hay casualidades, y menos en la Palabra, es significativo que el espíritu maligno que sojuzga a ese hombre se llame, precisamente, Legión.
Por ello mismo podemos atrevernos a sugerir lo concreto de la Buena Noticia, que trasciende cualquier postura ideológica pero que también trasciende toda abstracción o generalización. Lo que se impone por la fuerza, desde lo interpersonal hasta los imperialismos de toda laya son malignos, enfermos, causa de inhumanidad y dolor.

El Maestro se acerca a ese hombre recluido en su soledad y su violencia como hermano, con delicadeza y reconocimiento pleno de su dignidad. Esas nubes negras que asolan su alma se vuelcan a una piara -símbolo clásico de lo impuro- y finalmente los cerdos se arrojan al mar, quedando como consecuencia un hombre reconstituido, renovado, en sus sano juicio, entero y libre para decidir, para amar, para vivir, y que ante todo es enviado entre los suyos para dar testimonio de la compasión que Dios ha tenido para con él, principio fundamental de la evangelización: contarle a los otros todo lo bueno que el Dios de la Vida ha hecho en nuestras existencias.

Hay una vida pre-condenada que a pura bondad se ha recuperado, y quizás no haya algo más valioso. Sin embargo, los gerasenos le piden al Maestro que parta de inmediato: el recuperar la salud de ese hombre les ha costado mucho, toda una piara de valiosos cerdos, y no quieren ni imaginarse lo que sucedería de continuar Jesús de Nazareth con su paso sanador.
Ellos prefieren preservar sus bienes a salvar una vida, pero no hay fortuna ni palacio ni templo en todo el universo que valga más que una sola vida.
Ellos son los endemoniados, en la misma lógica de las legiones, en la sintonía del dinero, y ése es justamente el milagro y la enseñanza que acontece, fruto del Reino aquí y ahora, misión primordial de la Iglesia.
La vida ante todo.)

Paz y Bien

 

Estos barrancos nuestros

Para el día de hoy (03/02/13):  
Evangelio según San Lucas 4, 21-30


(El Evangelio para el día de hoy es un excelente espejo en el cual debemos volver a observarnos, escudriñando en las profundidades de nuestras almas. Es probable que la imagen que nos devuelva no sea para nada agradable ni confortable, pero aunque duela tendrá la fuerza de la verdad si la aceptamos con sinceridad, evitando la trampa de las caricaturas, los maquillajes, los preconceptos.

Jesús está de vuelta en su querencia, Nazareth de Galilea, y sus paisanos están admirados de cómo habla y de lo que dice. Asume en sí mismo las promesas de siglos realizadas por antiguos profetas de palabras inconmovibles; como si eso no bastara, habla de liberación de los oprimidos, de redención de los cautivos, de un Dios que es pura bondad, Dios de Gracia y Misericordia que inaugura un año interminable de júbilo y de restauración desde la justicia para con los más pobres y excluidos.
Sin embargo, deliberadamente omite las certezas de venganza y derrotas aplastantes de los enemigos de Israel, y reivindica a dos extranjeros, despreciables por tales y por estar enfermos.

Estos paisanos nazarenos creen conocerlo bien, al fin y al cabo, es el hijo del carpintero, al que vieron crecer entre ellos. Obviamente que sus expectativas no iban más allá de que siguiera con la tradición del oficio paterno, de formar una familia y poblar de hijos la aldea polvorienta.
En cambio, este trastornado se ha largado a los caminos, no hace ni dice lo que se espera de Él, habla de Dios con una autoridad insospechada y sana a enfermos y endemoniados. Precisamente por la fama que lo precede -oyeron de las curaciones que realizó en la cercana Cafarnaúm- quieren que -extraño y todo- haga lo mismo allí en su patria chica. Lo suponen propio y exclusivo, un sanador que le dará al ignoto poblado cierto prestigio, pero nada más que eso.

Nuevamente el espejo. La imagen que advierten los nazarenos les desagrada, y oscilan desde la admiración hacia la violencia. Es que un campesino tan parecido a ellos -su mismo acento, sus mismas costumbres- no puede atribuirse las cosas de Dios, no puede hacer cosas imprevistas, no puede reivindicar con énfasis a los que todos execran y repudian.
Jesús nunca se calla a la hora de decir verdades, y eso los enfurece más aún, y pretenden llevarlo al barranco de su enojo y su decepción. Él no encaja en su molde, y por ello es menester suprimirlo.

Nosotros somos tristes poseedores de barrancos similares. 
Al Cristo que a menudo nos habla con Palabras del Espíritu, con savia de verdad lo rechazamos de antemano en un juicio sumario e inmisericorde. Nos conviene un dios acotado a nuestros mezquinos parámetros, y también vecinos que se callen en resignado mutismo estéril. Por esos barrancos del rechazo, de la ceguera y de la sordera -tan racionalizadas todas ellas- gustamos de aferrarnos al pasado, tenaces negadores de un presente que quiere florecer en verdad y rápidos supresores de cualquier futuro más humano y justo.

Pero por la Gracia y la Misericordia de Dios, el Cristo de nuestra Salvación indeclinable y valientemente veraz, pasa por en medio de nuestras tristes furias y sigue su andar peregrino de redención)

Paz y Bien


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