Nacidos de la Palabra


Para el día de hoy (31/12/12):  
Evangelio según San Juan 1, 1-18

 (En el principio y en el fin, la Palabra.

Palabra que significa el regreso del silencio, de la imposibilidad de comunicarnos, Palabra que nos crea y recrea.

Palabra que es semilla imparable que es vida pujante.

Palabra que es cosmos y es esperanza de los pequeños. Palabra que crea al universo y que se hace bebé de Salvación en brazos de Madre.

Palabra que es luz que disipa cualquier tiniebla.
Palabra que viene, que sigue viniendo, que vendrá siempre para quedarse con nosotros y en nosotros.

Todo pasa, todo es secundario.
Lo que es decisivo, lo que importa, lo que cuenta y transforma es que por la Palabra nos volvemos hijos de Dios, familia del Creador.

La Palabra es clave y raíz de toda felicidad, y nunca debemos resignar esta asombrosa posibilidad de ser hijos, de ser felices)

Paz y Bien


Símbolos y signos familiares


La Sagrada Familia de Jesús, María y José

Para el día de hoy (30/12/12):  
Evangelio según San Lucas 2, 41-52

(José y María de Nazareth, como ya podíamos entrever en el Evangelio del día de ayer, eran judíos piadosos, judíos hasta los huesos. Siguiendo la tradición de sus mayores, subían desde su Galilea habitual a la Jerusalem santa, para la celebración de la Pascua cada año, invariablemente.

En el texto de hoy, se reafirma la observancia de la familia nazarena a la fé de sus mayores: subieron a la Ciudad Santa para celebrar la Pascua pero también porque Jesús ha llegado a la edad de doce años, que señala su ingreso a la edad adulta; estamos en el siglo I de la palestina ocupada por Roma, en donde la expectativa de vida es de cuarenta años. Pero también, existe una connotación religiosa correlativa a la social: el varón judío, a los doce años, se presenta en el Templo para ser reconocido como hombre con la totalidad de deberes y derechos de los hijos de Israel, y así ser llamado hijo del precepto, del mandamiento, subordinado a la Ley de Moisés.

Sus padres lo llevan al Templo como fieles cumplidores de la tradición y portan, como todos los padres, las amorosas expectativas acerca de Jesús: esperan con ansias ese paso del hijo a la vida adulta, y seguramente auguran un futuro de artesano en Nazareth como José, un matrimonio conveniente, una multitud de nietos que perpetúe la familia y, especialmente, el clan. Son sueños de familia afectuosa, que quieren lo mejor para su hijo, con hambre de vida y futuro.

Sin embargo, este Jesús de sus amores no se corresponde con sus expectativas. 

Es sólo un muchacho, pero vá descubriendo su vocación y su misión. Por ello abandona la caravana del clan familiar, y se queda en el Templo debatiendo doctrina y enseñanzas de fé con escribas y doctores de la Ley.
No se trata de una función sacerdotal o cultual: Él asume desde muy temprano su filiación con el Dios del Universo, y de ello dá testimonio ante los sabios pretendidos, esos eruditos que con el tiempo lo condenarán al sacrificio mayor de la cruz.

Al descubrirse y reconocerse Hijo, Jesús de Nazareth comienza a expandir los límites sanguíneos de la familia. Poco a poco edificará, a partir del amor, una familia creciente que no conocerá límites ni exclusiones, y que responde a la raíz primordial de aquellos que escuchan y viven la Palabra de Dios.

Sus padres se angustian, porque no encuentran al muchacho luego de buscarlo por tres días. tres días extraviado a sus ojos, perdido entre la multitud, y tres días también estará irremisiblemente perdido en las fauces de la muerte hasta la Resurrección.

Esa angustia de sus padres no sólo es un nerviosismo razonable, sino que es símbolo de ese Dios que Jesús ha descubierto y reconocido. 
Porque Dios es familia.
Es una Madre que nos cuida.
Es un Padre que nos protege.
Es un Hijo que se ocupa y preocupa de las cosas de Dios por todos nosotros y con todos nosotros.

María de Nazareth, aún cuando la razón le resulta esquiva, confía y espera, y también es signo de esta nueva familia que la que madura y florece en los corazones la Palabra, familia que es sagrada por el Padre que la convoca)

Paz y Bien

Tiempo de abuelos, flores de la Gracia


Para el día de hoy (29/12/12):  
Evangelio según San Lucas 2, 22-35

(José y María de Nazareth se presentan en ese Templo inmenso, con el bebé en brazos. Son judíos hasta los huesos, y judíos fieles, que nadie tenga la menor duda:están allí para cumplir con la Ley, para la purificación de la madre reciente, y para consagrar al Dios de Israel a su primogénito.

Es un tiempo extraño.

Aquel que se duerme en los brazos de esa joven mujer, y que es el Salvador del Universo, se presenta humilde en el Templo. Sus padres realizan la mínima ofrenda de los pobres -un par de tórtolas-, fieles en lo grande y en lo pequeño, un Dios solidario con los más pequeños y los pobres.

En medio de la multitud que vá y viene, del humo que abunda en el lugar a causa de los holocaustos de animales, pasan inadvertidos. Son una joven pareja de campesinos galileos con un niño recién nacido, una familia mínima entre el gentío.

-hay un Dios que no se esconde, pero que de tan parecido a nosotros lo solemos pasar por alto-

Es un tiempo extraño, en donde deciden las mujeres y los niños, y en donde los abuelos tienen mucho para decir.

Zacarías e Isabel, ya grandes, son signo de la misericordia asombrosa de Dios. Cuando todos suponen que están próximos a partir, cuando de ellos nada se espera, se descubren esperando un hijo, ese hijo añorado por décadas, un hijo que colmará sus esperanzas y las de muchos.
Los que todos consideraban al borde del final, proclaman que no son estériles, que aún han de florecer.

Simeón es un anciano piadoso, pleno de fé, de confianza. Es un abuelo que respira esperanza.
Él sabe que no morirá sin haber visto con sus ojos al Esperado.
La gente así -inquebrantables de confianza, frutales de esperanza- tienen una mirada lejana y profunda, capaz de descubrir lo que se escapa a simple vista.
Por entre la multitud, el abuelo Simeón descubre al Salvador, a su Madre y al carpintero, y sabe lo que se teje en sus corazones, celebra a ese Bebé Santo y revela la acción de la Palabra en esa muchacha galilea.

En el tiempo de la Gracia y la Misericordia, todos tienen algo para decir, porque la Palabra ha acampado entre nosotros para que nadie más guarde silencio)

Paz y Bien

San José del servicio y el cuidado



Santos Inocentes, mártires

Para el día de hoy (28/12/12):  
Evangelio según San Mateo 2, 13-18

(Desde hace mucho tiempo, la matanza de los inocentes ha sido motivo de profusos estudios y de encendidas disputas intelectuales tanto a favor como en contra de su historicidad. En ambas posturas, hay razones y motivos más que válidos y razonables.

Sin embargo, aferrarse a cualquiera de las dos corrientes y desde allí aplicarlas al criterio de San Mateo, supone un craso error. Pues la intención primordial del Evangelista no es la de establecer una crónica histórica, sino más bien y ante todo realizar un relato teológico, es decir, espiritual.

Son varias las cuestiones que resaltan a simple vista. Por un lado, la pura praxis de Herodes que no reconoce límite ético alguno a la hora de conservar y ampliar el poder que detenta con total impunidad.
Es la brutalidad de aquellos cultores del ego y la opresión, que atropellan sin vacilar cualquier derecho y a los que las vidas de los otros sólo le representan una variable menor. Por ello es más que razonable suponer que el tetrarca galileo ordene ejecutar a niños pequeños, porque es parte de la lógica y el ejercicio de cualquier poder ejercido de manera omnímoda y sin otro límite que la propia ambición.

Pero la Palabra siempre nos está señalando que hay más -siempre hay más-.

Es menester detenerse en José de Nazareth, hombre sencillo de escucha profunda; al fin y al cabo, el término obediencia proviene del latín ob audire, es decir, escucha atenta, y así José es el hombre obediente a la voluntad de Dios, que no es otra que la vida misma. 
Un humilde artesano judío llevando a su mujer y a su bebé al exilio, en travesía de desierto, a una patria distinta, en donde los gestos y el acento lo traicionan, peón golondrina de lo que fuera para sostener a los suyos, silencioso protector de esa vida en ciernes de ese Hijo recién nacido.

La Sagrada Familia -signo cierto de la Trinidad- sufre desde el comienzo la prepotencia de los déspotas, el exilio, el emigrar a tierras extrañas, la pura supervivencia, el depender de la providencia amorosa de ese Dios que jamás los abandona.
Es un Dios identificado con los perseguidos, con los que sufren, con los que dejan su querencia por fuerza mayor, un Dios compañero de los indefensos, un Dios que encontramos en esos niños masacrados por los poderosos como en nuestros tiempos, en los que con tanta ligereza se afrenta al Creador violentando a tantos inocentes por abuso de aquellos que en principio deberían cuidarlos, por tantos niños soldados, por tantos niños explotados sexualmente o como trabajadores esclavos, niños víctimas de los caprichos de los prepotentes de turno, niños que apenas asoman a la existencia y ya sufren -como ese Cristo que ha venido especialmente por ellos- en sus pequeños cuerpos y en sus corazones Pasiones anticipadas.

Es imprescindible suplicar por que ese Dios bondadoso nos regale más Josés del servicio y el silencio, carpinteros protectores, trabajadores incansables por los suyos, existencias ofrecidas para que la vida florezca.)

Paz y Bien

Palabra y asombro


San Juan, apóstol y evangelista

Para el día de hoy (27/12/12):  
Evangelio según San Juan 20, 1-8

(Los senderos de la Palabra son asombrosos.

Allí, en un refugio nocturno de animales, en donde nada se espera, nace un Niño que lleva en sí todas las promesas de Salvación. Es un rey extraño, que tiene por trono los brazos de su Madre, una cuna impensada y una corte de gentes que nadie invitaría a su casa.
Sin embargo, desde allí mismo la vida viene pujando.

En medio de ritos de odio, en donde la certeza imperante es la violencia y la muerte, en donde ya está prefijado el destino del inocente, allí mismo en donde imperan las tinieblas, el testigo se enciende de la luz que lo alienta.
En donde parece todo tristemente resuelto, la luz comienza a destellar.

En esa tumba, hogar de la muerte y de lo definitivo, habita la resignación.
Sin embargo, los ritos y signos mortuorios devienen inútiles. La vida vence a esa muerte que parecía total y concluyente.
La eternidad brota aún cuando el fin golpee con su cercanía.

Se trata de esta asombrosa vida de la Gracia.
Dios se abre paso a pesar de toda razón de olvido, contra toda lógica de abandono.
Porque es un Dios Emmanuel, un Dios con nosotros, un Dios Palabra que nos restaura el habla y la eternidad)

Paz y Bien

Extremos luminosos


San Esteban, Protomártir

Para el día de hoy (26/12/12):  
Evangelio según San Mateo 10, 17-22

(Entre el Evangelio para el día de ayer -Natividad del Señor- y para el día de hoy -San Esteban, protomártir-, se produce un contraste muy fuerte, una oscilación que contrapone la vida que se asoma en el Niño de Belén a la sangre brutalmente derramada de Esteban.

En realidad, esa contraposición es mera especulación, pues se trata de extremos de la misma luz, la Palabra.

La Palabra que se encarna en la humildad y pobreza de Jesús de Nazareth en Belén -trono de madre, cuna de animales-, tiene una relevancia tal para los corazones creyentes, que su contemplación compromete la totalidad de la existencia.

Ese compromiso es testimonio fiel aún en los momentos y situaciones más duras -martyrium-, testimonio del amor entrañable del Dios con nosotros que también es justicia, Dios de los pobres y de los que no cuentan.

En ese compromiso, la fidelidad mayor viene de parte de Dios.
Nadie, ninguno de los suyos ha de quedar librado a los azares de la brutalidad ni enmudecerá de temor.

Se trata del mismo amor, se trata de compartir y expandir la vida que se nos ofrece en Belén, aún cuando la sombra ominosa de las persecuciones y la violencia nos amenace la mirada)

Paz y Bien

Luz de las naciones



Natividad del Señor
 
Para el día de hoy (25/12/12):  
Evangelio según San Juan 1, 1-18
 
(Hoy como ayer, los Césares siguen de recuento, estadígrafos de cuerpos que tributarán a los poderes establecidos, cuerpos sin nombres pero que son contados por los poderosos de manera inexorable, censos para saber sobre quienes se gobierna y quienes están obligados a subordinarse a ese poder.

Esos Augustos y esos Cirinos efectúan proclamas grandilocuentes -pura carne mediática-, reafirmación permanente de ese poder que oprime, justificando brechas insalvables e injusticias enquistadas.

Extrañamente, el Dios del Universo hace otros conteos.
Su maravillosa noticia de Salvación se anuncia a los que nada significan, a los que no cuentan, a los sospechosos de siempre, a los despreciados que ni siquiera integran una estadística.
Pastores de ovejas nocturnas, compañeros de nuestras villas o favelas, marginados a los que se les racionaliza su exclusión con juiciosos argumentos.

Pero la vida viene pujando desde donde menos se la espera.
No hay otros tronos que la cuna maternal de una muchacha campesina, grávida de fé.
No hay otro palacio menos imponente que un refugio de animales, que se esconde al caer la noche.

Sin embargo, allí mismo titila una luz que no se apagará jamás, luz de las naciones, resplandor para todos los pueblos, liberación para todas las gentes.

Estamos, quizás, demasiado intoxicados de consumos e imágenes bucólicas.
Pero sigue sin haber un lugar en estas posadas que somos para que Dios nos nazca.

Dios es Palabra, y la Palabra acampa entre nosotros -Bebé Santo- para superar todo mutismo, para que recuperemos el habla extraviada, para volver a comunicarnos con ese Dios que resplandece en el hermano, en cada niño, en una vida que se asoma en pañales y se nos duerme en nuestros brazos.)

Paz y Bien
 

Benedictus -Dios nos visita y se queda-


Para el día de hoy (24/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 67-69


Bendito sea el Señor, Dios de Israel
de Latinoamérica, de mi patria, de todo el mundo, Dios del universo
porque vino Él mismo haciéndose liberación para todos
desde la casa de David, rama fragante para los cuatro vientos
Nunca estuvimos solos, a través de los siglos
profetas de mirada lejana y voz fuerte nos sostenían la esperanza
Nuestro Dios siempre cumple lo que promete
-paga al contado y no anda poniendo excusas-
Viene a salvarnos de tanto dolor y de tantas penas
desterrando a la tierra del nunca al odio y al olvido.

Él hizo una Alianza con estos seres mínimos que somos,
que mantiene por siempre y nunca quebranta.

Las ganas se nos vienen creciendo
desde las carpas del abuelo Abraham hasta este presente
para vivir en paz
para vivir en justicia todos los instantes de nuestras existencias.

Nos ha regalado un niño que endereza todos los pasos desviados
y nos ofrece otro un Niño Santo
-Bebé en brazos de Madre-
Él mismo haciéndose salvación
haciéndose nosotros
haciéndose compañero
cantando misericordia desde las honduras de sus entrañas.

Nos visita el sol que no tiene ocaso
para que nadie permanezca en la oscuridad
ni se sufra ninguna tiniebla
y con todo y a pesar de todo se caminen senderos de paz y justicia.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel
El Dios de María de Nazareth
El Dios de la Iglesia
Dios de nuestros abuelos
Dios de nuestros padres
El Dios de nuestra familia
El Dios de mis hijos
El Dios de mis amigos
El Dios de todos los pueblos

Bendito sea Dios

Paz y Bien






Visitación: Dios sale al encuentro


Domingo Cuarto de Adviento

Para el día de hoy (23/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1,39-45

(El derrotero de Nazareth hacia la zona montañosa de Judea -la tradición lo identifica como Ain Karem- no debe haber sido nada sencillo: kilómetros y kilómetros de caminos peligrosos, de salteadores, de senderos poco ligeros para una jovencita embarazada.
Sin dudas, en esta geografía lo importante es que la Palabra, la Revelación y la profecía se desplazan de de la pompa del Templo de Jerusalem, de los escribas y doctores -los sacerdotes, como Zacarías, enmudecen y no tienen más nada que decir- y se llega hasta un sitio innominado, y sucederán cosas increíbles entre quienes nadie toma demasiado en cuenta, dos mujeres.

Para colmo, ambas portan dos embarazos extraños, muy extraños y sospechosos.

María parte de Nazareth sin demora: ha sido visitada por el Mensajero, ha descubierto la Plenitud de esa Gracia que ya le hace sentir los cambios en su cuerpo joven, por ese Niño de milagros. Ella está con todas las prisas para llevar a los suyos esa noticia maravillosa.

Sucede con la Gracia, y es cuestión pura de alegría: es cosa contagiosa que no admite demoras.
Es signo también de que cuando nos encontramos cabalmente, sin otro interés que el bien del otro, descubrimos que Dios se hace presente y el tiempo se vuelve fértil en profecías, aún muy jóvenes, aún abuelas.

La Visitación es la conjunción de una muchacha feliz por creer -destino de todos los creyentes a través de los tiempos- y una anciana que asombrosamente será madre, y que ha recuperado la fertilidad de su alma además de la de su cuerpo.

María lleva en su interior a Aquél que es vida plena y Salvacion. Por ello mismo, en donde está la Madre, se encuentra al Hijo empujando la vida, haciéndonos saltar de plenitud, de alegría, de coraje.

Dios nos sale al encuentro, de manera humilde pero también asombrosa. Dios nos busca, aún cuando nos encuentre en sitios teñidos de inconveniencia e imposibilidad.

Dios nos sale al encuentro en un Bebé Santo, por ofrenda de una mujer que se hace discípula, madre, amiga y compañera, y toda la historia se transforma)

Paz y Bien

Magnificat, el maravilloso riesgo de creer


Para el día de hoy (22/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 46-55

(Con la oración de María de Nazareth, el Magnificat, siempre corremos el riesgo de desencarnarla, de volverla abstracta, de intentar -a veces con notoria torpeza- eliminar su perfume de profecía y liberación.

Objetivamente, podemos aseverar que la escena se compone de una muchachita judía de aldea campesina, con un embarazo sospechoso en ciernes, hablando de Dios y de la historia en un poblado montañoso de Judá.

Es una joven creyente que ha descubierto el magnífico hecho del paso de Dios en su vida, de un Dios que la ha transformado, de un Dios que no es un juez severo ni un verdugo eficaz. El Dios de María de Nazareth es un Dios que ama, y que especialmente ama a los pequeños.

Esa muchacha, por atreverse a creer y descubrir el amor de Dios en su pequeñez -ella es mínima, invisible-, se vuelve capaz de leer toda la historia.
Por ello afirma sin ambages que Dios es misericordia, que Dios siempre cumple sus promesas, que Dios es alegría de los humildes y pequeños, que Dios ama la justicia, que derriba a los poderosos, que exalta a los humildes, que se pone abiertamente del lado de los que sufren, de los que no cuentan, de los humillados.

No es una expresión de deseos ni una lectura ideológica.
María expresa desde las honduras de su corazón el paso liberador a través de toda la historia humana, y anticipa en profecía la llegada de ese Hijo que se le crece en su seno, el que traerá la Pascua definitiva)

Paz y Bien

Tiempo de mujeres, hora de niños

  
Para el día de hoy (21/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 39-45
 
(El Reino de Dios, reino de la Gracia y la Misericordia no se impone.
El Reino de Dios no aplicará mediante legiones poderosas, bravos jefes guerreros, reyes gloriosos, caudillos de la fé y la tradición.

El Reino acontece mediante los que no cuentan, los más pequeños y sin embargo, Dios está abiertamente de su lado.
Es tiempo de mujeres, de vida siempre creciente, de encuentro, de servicio.
Y la historia será transformada por dos Niños que maduran en su interior.

María se llega a Ain Karem, e Isabel exulta de alegría, está la Madre del Señor, está el Espíritu presente que se expande en esas dos mujeres que se hacen profecía.

Cuando llega María, la alegría se desata. Ella es la bienaventurada, la más feliz, y toda alegría verdadera se contagia y se multiplica en todos los corazones que la reciben.

María de nuestras alegrías y nuestras esperanzas, la que nos trae al Hijo esperado por siglos, María, portadora de liberación, María, la del Dios que derrumba a los poderosos y exalta a los humildes, María de la justicia y el consuelo.

Donde está la Madre, el Hijo está presente y no hay nada más importante)

Paz y Bien

María, Palabra y liberación


Para el día de hoy (20/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(El mensajero del Señor, el arcángel Gabriel -quien-como-Dios-, realiza un viaje insospechado. Vá desde la Jerusalem de la pompa del Templo y el fasto de las construcciones, desde donde tiene su reducto inconmovible la ortodoxia en manos de escribas y fariseos hacia un caserío polvoriento, Nazareth, en la Galilea de los gentiles.
Es la Galilea de la sospecha permanente, pues era una región permeable a los extranjeros e impuros, la Galilea de los pobres que no rezan muy bien, la Galilea de donde nada bueno cabe esperarse. 

Gabriel -jinete de la Gracia y los asombros- deja a Jerusalem, y quedan atrás los sacerdotes, que ya no tienen nada para decir al igual que Zacarías, que ha dado paso al silencio.
Gabriel se encamina hacia la aldea perdida de Nazareth, en busca de una muchachita judía y campesina, una nada, una nadie, laica e invisible para los poderosos, pero totalmente presente a los ojos enamorados de Dios.

Es que Dios devuelve y dá la Palabra a los pequeños, a los que no se ven, a los que no cuentan para nadie excepto para su mirada bondadosa.
La Palabra ya no se encontrará entre los poderosos y los palacios, sino que se hallará a sus anchas entre los pobres, y allí la podemos descubrir.

Dios le entrega la Palabra a María, y como los amores no se imponen, Dios le pide permiso a esa muchacha.
Su sí pleno de confianza transformará la historia, porque ante todo la transforma a Ella en su totalidad, y se puede ir adivinando en su propio cuerpo, una vida nueva que se le viene creciendo en silencio y humildad.

María es signo de que todo es posible, señal de que a Dios lo encontramos entre los pequeños, los que no cuentan, esperanza de los oprimidos y silenciados a los que el Dios del Universo se acerca para que la vida sea plena, para que esa vida crezca, para que la alegría sea expresión de una justicia que se hace Niño de Salvación.

Todo es posible, la vida -Dios mismo- se asoma pequeña y frágil en nuestros brazos cansados, y en los sitios más insospechado cosas buenas y nuevas nos están ocurriendo)

Paz y Bien

El silencio de Zacarías


Para el día de hoy (19/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 5-25

(La Anunciación de Zacarías, es decir, el Anuncio del nacimiento de su hijo Juan el Bautista, es menester leerla en paralelo a la Anunciación de María, la que se nos ofrecerá el día de mañana, a continuación de esta lectura.

Zacarías es varón, es sacerdote, es un hombre entrado en años -casi un abuelo-, que no ha tenido descendencia. Él recibe la visita del ángel en el Templo, en medio del fasto litúrgico, y es una presencia que es capaz de ver, aunque no termina de confiar.

María es mujer -una muchachita campesina-, es laica, y recibe al Mensajero en una ignota aldea galilea, lejos de la magnificencia del Templo, pero hay una diferencia sustancial, que es signo de los tiempos de la Gracia que Ella inaugura: María oye y escucha a ese Mensajero, para María no cuentan visiones espectaculares, todo se resuelve en la escucha de la Palabra. Y esa Palabra la transformará, la hará fecunda, la hará discípula, la hará hermana, la hará Madre.

Zacarías resume al resto fiel de Israel que aguarda la Salvación, porque sabe que Dios siempre cumple con sus promesas. Sin embargo, hay que dar paso a cosas nuevas, a buenas nuevas, y Zacarías representa el tiempo viejo y estéril, la vieja Alianza que se ha quedado muda y que sólo recobrará el habla por Jesús de Nazareth.
Aún así, es también signo de que hay un nuevo tiempo que dá por finalizada la era de los imposibles, las razones del no se puede. En ese anuncio Zacarías recibe una noticia magnífica, y es que él y su esposa Isabel - casi abuelos y sin descendencia - serán padres, y el hijo que vendrá no será un hijo cualquiera.
Es tiempo de bebés santos, y el que se crece en el seno de Isabel será santo e íntegro, y preparará el camino de otro Niño de Salvación que nacerá desde esa muchacha nazarena, María de Nazareth.
El hijo de Zacarías e Isabel restaurará heridas viejas y conducirá a muchos de regreso a la bondad de Dios,  la reconciliación y al perdón.

Zacarías quedará por tiempo relegado al silencio. 

Más que un castigo por incredulidad, el silencio de Zacarías es el que a veces se nos vuelve imperioso para volvernos capaces de la escucha, y de la escucha atenta.

El silencio de Zacarías le permitirá a la palabra abrirse paso hasta las honduras de su corazón)

Paz y Bien

La Anunciación de José de Nazareth


Para el día de hoy (18/12/12):  
Evangelio según San Mateo 1, 18-24

(Con demasiada frecuencia, y con bastante ligereza, se ha adjudicado a esta lectura un talante explicativo y justificativo por parte del ángel respecto de ese extraño embarazo de María, procurando que su esposo entienda su licitud y validez frente a posibles legalismos por un adulterio latente.

Pero la presencia del Mensajero -siempre un Ángel trae novedades de parte de Dios- expresa la necesidad de que José de Nazareth comprenda su situación y su importancia en los planes de Dios.
Porque José no alcanza a comprender qué debe hacer él mismo; José ama a su esposa y por ese amor, no duda ni vacila respecto de María, de su fidelidad ni de ese embarazo sospechoso.

Él sabe que ese Niño que se viene gestando en su esposa es de Dios, y sus dudas surgen acerca de sí mismo: al estar todo definido desde el Altísimo, el carpintero cree no tener arte ni parte en esas cuestiones.

La presencia del Mensajero en sus sueños inquietos es para ratificarle que él es muy importante y decisivo en los planes de Salvación de Dios.
Por José de Nazareth, su Hijo cumplirá con todas las profecías de su pueblo.
Por José de Nazareth, Jesús será considerado parte del pueblo de Israel y no un despreciable bastardo sin padre.
Por José de Nazareth, su Hijo tendrá un Nombre: todo nombre describe personalidad y define vocación, y en este caso ese Hijo será llamado con el mejor de los nombres, Jesús, Dios Salva.

Es el tiempo santo de Dios-con-nosotros, tiempo de maravillas y asombros, tiempo señalado en que Dios nos necesita, Dios se hace un Bebé santo que necesita de nuestros cuidados, del calor de Madre y del brazo protector del padre.
Dios se hará tan pequeño y frágil, tan uno de nosotros, que no podrá salir adelante sin la ayuda del Carpintero.

Y allí se expresa la justicia de José de Nazareth: ese humilde carpintero judío está mucho más allá de la Ley -su Hijo lo enseñará con el tiempo, señalando la superación de la justicia leguleya de escribas y fariseos-, José de Nazareth es justo porque se ajusta a la voluntad de Dios, una voluntad que es vida plena y salvación para todos, un Dios con nosotros que se hace pequeño entre los pequeños.

José de Nazareth es nuestra profecía y nuestra misión, el tiempo de la Buena Noticia en que Dios renueva todas las cosas junto a hombres y mujeres de corazones grandes y generosos)

Paz y Bien

De humilde urdimbre en la historia



Para el día de hoy (17/12/12):  
Evangelio según San Mateo 1, 1-17

(Por un largo camino a través de los siglos, la mano bondadosa de Dios encaminó la promesa fiel de Salvación.

Aunque suene algo romántico o parezca teñido de abstracción, todos nosotros tenemos raíces familiares de larguísima data.

Compartimos las tiendas del desierto con el abuelo pastor de Ur, hombre de fé a toda prueba, de confianza inquebrantable, el que nos soñó a todos nosotros mirando en el cielo las innumerables estrellas.
Conocimos la esclavitud de manos de Faraón cuando apenas éramos unas tribus dispersas, hijos de Jacob. El brazo de Dios nos abrió caminos a través de las aguas para llegar al desierto, para peregrinar en sus arenas hirvientes, y fué el crisol que nos moldeó como pueblo.
Una tierra floreciente en promesas nos esperaba, y nos creímos un pueblo muy especial, porque el Altísimo nos guiaba de la mano.

Ese Dios nunca nos abandonó, y cuando nos apartábamos del camino recto, nos enviaba hombres de mirada lejana y voz fuerte, profetas que nos impulsaban al regreso a la justicia.

Tuvimos en esta familia reyes guerreros, poetas y sabios. Nos descubrimos nación poderosa, pero también bebimos las hieles de las derrotas, los exilios y los destierros.
Y cuando la opresión nos ahogaba, se redoblaba la promesa primera, y nuestra esperanza hallaba renuevo por ese Mesías que habría de venir.

Mujeres insospechadas fueron también parte del plan de Dios para todos nosotros, historia santa.
Ellas recuperaron el cauce cuando agonizábamos en las sequías de nuestros olvidos y nuestras miserias.
Una de ellas, especialmente, es lo mejor de la familia.
Ella era galilea, nazarena, una muchachita campesina a la que nadie en lo cotidiano tomaría demasiado en serio. Pero el Dios de la Vida se enamoró de Ella, y por una fé asombrosa y al calor de su interior se crecía humilde el Salvador prometido, su hijo Jesús, nuestro Cristo, nuestro hermano, nuestro Señor.

Hemos andado largos caminos a través de los siglos, y seguimos en pié pues hemos descubierto que la Salvación es urdimbre santa entre Dios y el hombre, que el Todopoderoso es tal porque nos ama sin límites, y, por sobre todas las cosas, que Dios es tan cercano que es parte de la familia.

Un Dios pariente que nos hace familia unida por lazos mucho más profundos que la biología o la raza. Somos familia cordial, y está llegándonos nuestro Hermano mayor)

Paz y Bien

Las sandalias del Goel


Tercer Domingo de Adviento

Para el día de hoy (16/12/12):  
Evangelio según San Lucas 3, 2b-3, 10-18

(En la estructura familiar/tribal de Israel, una institución clave y tradicional fué el goelato.
El clan tenía intereses y obligaciones recíprocas por los lazos de sangre que unían a los parientes, y era una cuestión crítica a la hora de la supervivencia. Entre las obligaciones, estaba el deber de protección, que se adjudicaba al pariente más próximo y más fuerte; a este pariente se lo denominaba Goel -Go'El-.

Esta tradición tribal luego fué sistematizada en la Ley, y comprendía cuatro aspectos fundamentales: la venganza de sangre, el rescate de las tierras perdidas, la liberación de parientes cautivos o esclavos y el Levirato. Este principio, el del Goel, se ejercía por derecho propio además de ser una obligación de misericordia para con los suyos.
Con el paso de los siglos, con los destierros, las cautividades, las opresiones impuestas por sus enemigos y una miríada se sufrimientos, el pueblo de Israel comenzó a identificar a su Dios como el Goel que vendría a intervenir directamente a su favor y en su rescate.

Jurídicamente, tanto la renuncia al derecho de goelato -por razones de debilidad- como la transferencia de la función a otro pariente más poderoso se simbolizaba quitándose las sandalias, para identificación del Goel más fuerte.
En los tiempos del Juan el Bautista, y de los comienzos del ministerio de Jesús de Nazareth, esta institución -antigua en varios siglos- aún perduraba.

El Bautista hace un llamado a la conversión, preparando la llegada del Mesías; esa conversión ha de ser universal y total, por eso las admoniciones a abandonar toda corrupción, a ejercer la justicia en lo cotidiano, al compartir lo propio con los necesitados.
Y es allí, frente a escribas, publicanos y mercenarios empleados por Herodes, afirma que la llegada del Mesías es inminente, que viene el más fuerte, el Ungido por el Espíritu Santo, y que él, Juan, ni siquiera es digno de desatarlas correas de sus sandalias.
Esto es clave: Juan no hace una declaración de profunda humildad, sino que es una afirmación jurídica y a la vez cristológica, pues reconoce en Aquel que viene al Goel, el que tiene el derecho pleno a nuestra liberación, el que tiene el verdadero poder que lo hace el más fuerte, el que ha de redimir a los cautivos, el pariente cercano elegido para la protección de los desvalidos de la familia.

Estamos ya en tiempos de la Gracia.
Jesús de Nazareth, Dios con nosotros, es el poderoso y el más fuerte por su amor infinito, y ese mismo amor entrañable el que le dá el derecho al rescate de los caídos en des-gracia.
Es un Dios tan cercano que es un Dios que se hace pariente, no ya por lazos sanguíneos, sino más bien por lazos espirituales, un pariente unido a esta familia creciente por la fé.

El Salvador está cerca, muy cerca, y han de saberlo aquellos sumidos en la cautividad, abandonados en la miseria, pisoteados por la injusticia, relegados al olvido.
Y quizás muchos de sus amigos asuman esa indeclinable misión de liberación y salvación en su Nombre, sandalias fraternas, compromiso intransferible)

Paz y Bien




Un profeta ignorado

Para el día de hoy (15/12/12):  
Evangelio según San Mateo 17, 10-13


(Durante varios siglos, Israel sufrió como pueblo una multiplicidad de dolores: flagrantes derrotas militares a manos de sus enemigos condujeron al pueblo al exilio, a la diáspora y a la esclavitud, la destrucción de sus templos, la Tierra Santa ocupada por extranjeros.
Además de todos los sufrimientos que conllevaban estas situaciones terribles, otro peligro se asomaba en el horizonte de su historia, la pérdida de de la identidad judía a partir de la progresiva disolución del clan familiar y de los desvíos en el cumplimiento de la Ley de Moisés.

Aún así, el pueblo confiaba en las promesas que su Dios le había hecho, y aguardaba con ansias la llegada del Mesías que los liberaría de toda opresión.
Y como señal de previa de ese arribo salvador, el profeta Elías regresaría a preparar el camino del Mesías, reconciliando a las familias, restaurando los caminos desviados, poniendo a las gentes dispuestas a recibir a ese Salvador.

Pero como siempre, la literalidad es causa de todos los fundamentalismos, y suele ser fatal. Los escribas enseñaban ese paradigma acerca de Elías, pero lo suponían glorioso, imponente, en plan de castigo y vindicta de acuerdo a sus estrechas miras.
Toda otra voz profética que no encajara en este modelo predeterminado, sería -en el mejor de los casos- ignorada por considerar que no provenía de Dios.
Así entonces Jesús de Nazareth les dice sin ambages que Elías ya había regresado, que su Espíritu profético resplandecía en Juan el Bautista y que, por ello mismo, lo despreciaron, lo vituperaron y lo asesinaron.
Y el que rechaza al profeta, rechaza también al que anuncia y al que lo envía, por ello mismo el Maestro soportará toda clase de padecimientos hasta el horror y el oprobio de la cruz.

Este camino de Adviento dista mucho de ser confortable y bucólico.
El Adviento es tiempo de profecía y conversión, de espera transformada, y hay que volver a escuchar a los Elías y a los Juanes de nuestros días, presencia ciertas que nos hacen regresar al hogar de la fraternidad, a la familia de la Gracia, a esos ámbitos de justicia que estas tierras ansían, para ser fértiles a Aquel que nos viene naciendo)

Paz y Bien

Excusas e injustificaciones

Para el día de hoy (14/12/12):  
Evangelio según San Mateo 11, 16-19

(Los destinatarios de esta parábola -la de los niños descontentos- era gentes prisioneras de sus esquemas, normas y preceptos que endurecían sus almas. En situaciones así, en aquel entonces y en este presente también, es harto difícil que fluya la Palabra y las vidas se transforman.

Para todo lo nuevo y para una conversión total y sincera, siempre hay motivos de excusas, unas más virulentas que otras.

Al Bautista, por su vida retirada en el desierto y decididamente ascética, lo acusaban de endemoniado, extravagante o loco, intentando con ello descalificar su llamado vibrante a la ética y a la conversión.

A Jesús de Nazareth, por compartir la mesa con publicanos y toda clase de gentes repudiables por esas mentalidades excluyentes, lo tildaban de glotón y borracho a veces, otras de trastornado, otras de blasfemo.

Seal el modo en que se haga, siempre se trata de escuchar al mensajero de Dios -el profeta- o a Dios mismo que se expresa en Jesús. Son los habituales argumentos falaces que pretenden defenestrar al que anuncia o denuncia sin discutir eso mismo, lo anunciado o denunciado.

Sin embargo, esas excusas devienen en injustificaciones.
Se trata de renegar de toda Buena Noticia, y hay muchos Juanes entre nosotros, y hay también otros tantos Cristos que se ofrecen a diario -a menudo en silencio- para el bien de los demás.

La única justificación posible es a través de los frutos de justicia y liberación, de fraternidad, de amor, de compasión, todos signos ciertos de que la Palabra ha germinado y nos está creciendo, al igual que la muchacha de Nazareth, Madre de Dios y de todos nosotros, la más feliz, la que confía, la que permanece fiel)

Paz y Bien

Adviento y profecía


Para el día de hoy (13/12/12):  
Evangelio según San Mateo 11, 11-15

(La presencia de Juan el Bautista a través de todo el Adviento es imprescindible a la hora de allanar los caminos de nuestros corazones, de restaurar lo que está derrumbado, del regreso de los extraviados, de sanar las heridas que separan a las familias y lesiones a las comunidades.

Su llamado se hace profecía porque anuncia al que viene y denuncia todo lo que se opone a los sueños de Dios, y su voz es un llamado a la conversión y a la justicia.
Hay mucho que sanar, hay mucho que cambiar y corregir, y quizás nuestros Advientos han estado, durante mucho tiempo, revestidos de un tinte romántico, bucólico e inocuo, y así no se honra a ese Dios que se hace uno de nosotros por amor entrañable.

En el tiempo de la Gracia, la integridad del Bautista nos conduce nuevamente a los caminos rectos, a las huellas de liberación, a veredas de justicia y fraternidad.

La Encarnación es el tiempo santo de Dios y el hombre, pero es imprescindible que volvamos a permitirnos en las honduras de nuestras almas la presencia de Dios, dejar a Dios ser Dios.

Un Niño en brazos de su Madre nos aguarda, nos viene naciendo la Salvación)

Paz y Bien



Huey Tonantzin


Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de Latinoamérica

Para el día de hoy (12/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 39-40



Hoy es día de Madre, día de los que siempre esperan con todo y a pesar de todo, día de alegría que no se apagará jamás.

Hoy es el día de sereno regocijo de los pequeños, de los olvidados, de todos los santos Juanes Diegos de estas tierras que amamos y que a veces tanto nos duelen. Ese regocijo es por justicia y liberación, por afecto entrañable, por no saberse solos, por la premura de esa muchachita morena en salir en socorro de los necesitados, madre y compañera, hermana fiel en nuestras luchas, aviso inexorable de que el Dios de la Vida se pone abiertamente del lado de los que no cuentan, excepto para su Corazón Sagrado.

Muchacha de pies cansados y seguros, que habla nahuatl, que nos reza en nuestros idiomas porque es una de nosotros, preanuncio maravilloso de ese Hijo que se le viene creciendo al calor de su interior.
Madre india, Madre del cielo y, por eso mismo, en la sintonía de la Gracia, Madre de nuestros hermanos mexicanos y de toda esta Latinoamérica que se viste de fiesta, de orgullo humilde, de mansa rebelión contra todo lo que nos oprime y lo que es ajeno a esa vida que se nos viene creciendo inexorable, fuerza imparable de la semilla del Reino aquí y ahora.

Ella es la más feliz, y es una alegría certera que, como tal, es contagiosa -una alegría que se esconde y se guarda no es tal-

Y con Ella, felices los que esperan, felices los que creen, felices los que no se resignan.

¡Huey Tonantzin!
¡Salve, Madre de Dios!

Paz y Bien

Parábola de la oveja perdida y reencontrada



Para el día de hoy (11/12/12):  
Evangelio según San Mateo 18, 12-14

(Las tareas pastoriles no eran para nada desconocidas a los discípulos del Maestro, pues en la Palestina del siglo I el oficio pastoril era habitual en tanto garantizaba -económicamente- la provisión de carnes y ganados. Aún así, varios de sus compañeros tenían por oficio la pesca en el mar de Galilea.
Pero lo que cuenta es que Jesús enseñaba a partir de realidades cotidianas conocidas y no de abstracciones; así entonces las parábolas, desde esas cuestiones vividas a diario,  eran una invitación a la reflexión pero también a la participación activa, a la transformación. Nosotros hemos perdido bastante esa capacidad de dialogar con la cotidianeidad de mujeres y hombres de nuestro tiempo, en conversación fecunda con el Evangelio.

Y es un reduccionismo estéril suponer que, solamente, el objetivo de esta parábola es el corazón de aquellos que tienen responsabilidades pastorales para con su comunidad.
Esta parábola habla del amor infinito de Dios, de la asombrosa Misericordia que expresa Jesús de Nazareth y que es capaz de lo indecible para recuperar a los pequeños que se han extraviado.

En la magnífica ilógica del Reino, el Buen Pastor es capaz de poner en riesgo a las otras noventa y nueve ovejas para salir al rescate de la única que se ha extraviado; los oyentes de Jesús comprendían la magnitud de lo que el Maestro les enseñaba pues conocían bien su tierra, los montes y las quebradas, los apriscos rocosos, las veredas traicioneras, los precipicios de rápido acceso, el riesgo de los salteadores y cuatreros.
Dejar las noventa y nueve ovejas en esas condiciones por salir en búsqueda de la única extraviada no es una decisión sencilla ni para tomar a la ligera.

Es el año infinito de la Gracia y la Misericordia, y Jesús de Nazareth revela el rostro bondadoso y entrañable de un Dios que es un Padre que siempre está dispuesto a todo por sus hijas e hijos, y es una Madre que nos cuida y cobija.

Un Dios que abiertamente se pone del lado de los pequeños haciéndose uno de ellos)

Paz y Bien


La comunidad cristiana, hogar y perdón


Para el día de hoy (10/12/12):  
Evangelio según San Lucas 5, 17-26

(Nos encontramos nuevamente en la Cafarnaúm fronteriza -el en límite mismo de Galilea- y pesquera. Todo indica de que el Maestro se encuentra en casa de Pedro, lugar a partir del cual desarrolla toda su actividad y ministerio en la zona circundante.

Estas referencias no son sólo coyunturales y físicas, es decir, que relatan un modo de actuar y un sitio determinado. Estas referencias son ante todo teológicas, o sea, espirituales. 
Las cosas de Dios se desplazan del Templo imponente, de escribas y doctores al ámbito humilde y cordial del hogar, de la mesa compartida, de las puertas abiertas, de la fraternidad, de la liberación.
En esa casa será sanada la suegra de Pedro, y se pondrá de pié en disposición de diaconía y vida renovada, en esa casa serán curados ciegos y leprosos, se invitará a comer a excluidos y réprobos, allí Jesús de Nazareth anunciará la mejor de las noticias.

Al Maestro la fama lo precede; no se trata de la pura apariencia ejercida en cortes y élites religiosas, no se trata del encandilamiento por los destellos del poder imperial. Es el conocimiento y re-conocimiento por parte de muchos, que  saben que ese rabbí galileo les habla de Dios de manera nueva y distinta a la de los profesionales de la religión, un Dios que los ama entrañablemente y no un juez severo y rápido verdugo. Es también el coraje de perdonar las penas que agobian, de sanar las dolencias de los cuerpos y los dolores de las condenas. Por ello se agolpan en esa casa, en sus habitaciones, en su patio, en sus umbrales, y es una multitud creciente.

Es claro que nada será igual. El ámbito de hogar, de familia, de Salvación acontece alrededor de Jesús de Nazareth, en el espacio constituido por las gentes que se reunen junto a Él.

Quizás por esa misma fama que se difunde y lo precede, es que cuatro hombres intentan llevar a su presencia a otro que se encuentra yaciendo en un catre humilde, doliente de cierta parálisis, impedido de caminar por su enfermedad y postrado por esos criterios religiosos que adjudican su patología a la culpa, es decir, la enfermedad como consecuencia lógica y necesaria del pecado, motivo de impureza y exclusión.
Esos cuatro hombres son impuros portadores de un impuro, toda vez que la Ley imperante los restringe a la misma impureza que el enfermo que llevan a la presencia del Maestro: tocar a impuro supone impurificarse y, por tanto, volverse indignos de participación social y comunitaria.
Pero a ellos esto poco les importa, y son signo y símbolo de la familia creciente de Jesús de Nazareth, una familia que se constituye a partir de una fé expresada en la confianza y en lo impostergable de la compasión y el socorro. Esa fé será el verdadero milagro, y será motivo cabal de poder presenciar en todo presente cosas maravillosas, realidad que se transforma, vida que se expande.

Es la comunidad cristiana misma, ámbito hogareño de calor bondadoso, de perdón que libera, de sanación y liberación, de ponerse de pié, de misericordia y compromiso con el que sufre, en donde todos pueden llegar a la presencia salvadora de Jesús de nazareth.
Algunos entrarán por las puertas, otro se asomarán a las ventanas, algunos se acomodarán en los patios o en los umbrales mientras que otros abrirán asombrosos huecos en los techos. 
Se trata de que todos se reúnan junto al Maestro, se trata de que todos nos volvamos familia)

Paz y Bien


Los senderos de la Palabra


Segundo Domingo de Adviento

Para el día de hoy (09/12/12):  
Evangelio según San Lucas 3, 1-6

(En este segundo Domingo de Adviento, el Evangelista Lucas nos ubica en una encrucijada histórica muy precisa y deliberada.
El emperador de Roma es Tiberio -Tiberio Julio César Augusto, de la dinastía Claudia-, y como tal, el amo y señor de gran parte del mundo de aquel entonces. Entre las tierras sometidas, se encuentra Palestina, dividiva en la provincia de Judea y los estados vasallos de Galilea, Iturea, Traconitide y Abilene.

En Judea tiene asiento el gobierno del delegado imperial o procurador romano, en ese momento Poncio Pilatos; Galilea está regida por Herodes Antipas, Iturea y Traconitide por su hermano Filipo -ambos son hijos de Herodes el Grande-, y en Abilene un tal Lisanias, aunque en este último caso no hay demasiados datos históricos conexos. 
Los romanos sojuzgan por el poder de sus legiones, Herodes Antipas y los otros tetrarcas por las fuerzas mercenarias que ejercían un control policial delegado por Roma. 
Por otra parte, Anás y su yerno Caifás son las máximas figuras religiosas, sumos sacerdotes del Templo en diversos períodos, con una influencia política que iba mucho más allá de lo estrictamente religioso.

En ese cruce de caminos de hombres poderosos, se yergue una figura extraña en contraposición visceral, opuesta y hasta contraria. Se trata del hijo de un sacerdote menor de la religión judía, un tal Juan -hijo de Zacarías- que vive retirado en el desierto, alimentándose de lo poco que la tierra le provea y vestido con pieles de animales salvajes; quizás en nuestros días y ejerciendo cierto anacronismo, lo tildaríamos de antisistema, de hippie, o de alguien con problemas para llevar una vida social razonable.

Pero ese hombre habla de Dios, y es Dios quien habla a través suyo.
Es un hombre pobre, es un hombre que ha renunciado a todo pues solo vive para esa Palabra que lo habita, y desde allí impulsa a las gentes a la conversión, a enderezar los senderos que se han torcido, a allanar los desvíos, a retomar los cauces vitales. Porque un profeta no sólo anticipa, sino que anuncia y denuncia, y en ello Juan es fiel entre fieles, totalmente firme en su integridad incuestionable, y el pueblo lo escucha con ansias, porque con todo y a pesar de todo está llegando la Salvación de Dios para todos, sin excepción.

Sendero extraño el de la Palabra, que no rumbea jamás por entre los poderosos, que abandona los fulgores de los templos imponentes, que se marcha a la periferia marginal del desierto, de donde nada puede esperarse. 

Quizás nos anden escaseando los desiertos en nuestra mirada; seguimos esperando -casi indefectiblemente- novedades palaciegas.
Pero muchos Juanes desde nuestros bordes, en este presente a menudo tan olvidadizo y tan inhumano, nos vuelven a recordar que las buenas noticias se anuncian siempre desde el lado de los pequeños, de los humildes, allí mismo en esos sitios de los que no se espera nada bueno ni nuevo, allí la vida viene empujando con asomos de parto, revirtiendo la historia, transformando en naceres estas muertes cotidianas, salvación universal)

Paz y Bien


 

María del Adviento, Madre de la Buena Noticia


La Inmaculada Concepción de la Virgen María
 
Para el día de hoy (08/12/12):  
Evangelio según San Lucas 1, 26-38
 
(Durante mucho tiempo, por cuestiones de piedad y de cierto culto impulsado -no exento de afecto, claro está- hemos revestido a la Madre de Dios de ornamentos lujosos, joyas visibles y valiosas y encaramamos imágenes suyas en altares y templos cada vez más altos y grandes. Y así, quizás sin quererlo, nos fuimos alejando de la Bienaventurada, la muchachita judía de aldea ignota que es la más feliz precisamente por ello, por esa fé que la constituye, por ese Dios que la re-crea.

María es signo y símbolo de los que confían sin resignarse, de los que esperan contra toda esperanza porque saben que Dios cumple sus promesas, que la Palabra de Dios es alegría, plenitud, que disipa todos los temores, que engendra en las honduras de los corazones vida nueva.

El Mesías que se crece al calor de su interior es el anhelo de liberación de un pueblo y de toda la humanidad, de todos los pueblos.

Toda acción de Dios es un acto de amor, y la Encarnación es el compromiso eterno y perpetuo de ese Dios que ama sin límites a todas sus hijas e hijos.

A pesar de la irrupción asombrosa del Mensajero en la tranquilidad cotidiana y campesina de María de Nazareth, a pesar de ciertos temores razonables y de todo aquello que no alcanza a comprender, Ella no se echa atrás.
Ella es pura transparencia -tal vez el sentido primordial de inmaculada- y la luz de Dios que la atraviesa ilumina a todas las gentes a través de los tiempos, prisma bondadoso que no retrocede ante ninguna oscuridad.

María es María del Adviento, mujer y creyente, la que siempre está a la espera de cosas buenas de parte de Dios, de un Dios que siempre cumple lo que promete.
María es Madre de la Buena Noticia por ser Madre del Salvador y porque todos los que se atreven a creer y a confiar, son también capaces de parir tiempos buenos y nuevos, porque nada es imposible para Dios.

Madre de la Buena Noticia, de la mejor de las noticias, y es que Dios nos ama y que el tiempo es urdimbre santa entre ese Dios que se hace hombre, que se hace un niño que acunará en sus brazos)

Paz y Bien



De los ciegos que ven


Para el día de hoy (07/12/12):  
Evangelio según San Mateo 9, 27-31


(Esos dos ciegos que seguían al Maestro a puro grito, no descollaban en exactitud: clamaban su auxilio llamándolo Hijo de David, un título que Jesús rechazaba y por el cual, en numerosas ocasiones, había discutido con escribas y doctores de la Ley. Ellos afirmaban que el Mesías había de surgir como vástago de la dinastía davídica, pero ese argumento era taxativamente denegado por el Maestro.

Es importante detenerse por un momento en la situación de estos hombres: como ciegos, sufren las consecuencias obvias de su dolencia, inmersos en su mundo de sombras y ausencia de colores. Pero también, su enfermedad era considerada el producto de una culpa propia o de sus ascendientes, y para esa concepción religiosa, era menester apartarlos de la vida social, religiosa y comunitaria por considerarlos impuros, es decir, indignos de compartir la cotidianeidad con los otros hijos de Israel. De este modo, la enfermedad es mucho más que una dolencia, es una condena y una exclusión casi irrevocable.

Sin embargo, acontecen tiempos nuevos, el año infinito de la Gracia y la Misericordia.
Una de las señales de los antiguos profetas, esa misma que anunciaba la era mesiánica, el tiempo de la Salvación, era que los ciegos verían.
Estos dos ciegos no sólo recuperan la capacidad visual por el amor entrañable de un Dios que revela Jesús de Nazareth: estos dos ciegos tienen una mirada profunda que está mucho más allá de sus ojos, la mirada de la fé, la confianza que les nace del corazón.
Los ciegos ven, y los doctos permanecen con su alma cerrada a la Buena Noticia.

Aún cuando puedan tener defectos formales y hasta de ortodoxia, lo que cuenta, decide y resuelve la existencia es creer y confiar en Alguien antes que en algo. Ellos confían en Jesús de Nazareth, ellos ven, y el milagro -urdimbre santa de Dios y el hombre- sucede.)

Paz y Bien

Edificándonos




Para el día de hoy (06/12/12):  
Evangelio según San Mateo 7, 21. 24-27

(Esta enseñanza del Maestro sucede en el monte, luego de la proclamación de las Bienaventuranzas. Y para estupor de sus oyentes de ayer y de hoy, sus palabras sorprenden y desestabilizan; debe ser porque el tiempo de la Gracia tiene mucho de asombroso y de inesperado.

El seguimiento de Jesús, el discipulado, poco tiene que ver con la fé de los fariseos de todo tiempo, los que se fundamentan en el cumplimiento estricto de preceptos y la observancia de ortodoxias, los que mecanizan sus plegarias, los que declaman su fé pero olvidan al hermano.

Las discípulas y discípulos de Jesús de Nazareth, más que declamarlo lo proclaman a cada instante de sus vidas.
No dejan de lado la plegaria, pues su oración es tan natural y necesaria como el respirar, es diálogo fecundo con un Dios que es un Padre que de continuo les habla y los llama. Pero aún así, viven la Buena Noticia en su cotidianeidad, haciéndose próximos a todos especialmente a los alejados y a los caídos, suscitando esperanza y liberación.

Su hogar-existencia está edificado sobre roca firme, la Palabra. A menudo han de sobrevenir temporales y vientos fuertes, porque se reconocen frágiles y limitados. Pero con todo y a pesar de todo, no sufrirán derribos y se mantendrán en pié porque sus cimientos son imbatibles.

Quizás andamos algo atrasados en estas cuestiones de edificarnos, y por ello nos encontramos a menudo a la intemperie y en la soledad de nuestras miserias.
Porque no basta pedir bendiciones, es menester hacerse bendición para el hermano)

Paz y Bien


Panes y vidas compartidas


Para el día de hoy (05/12/12):  
Evangelio según San Lucas 15, 29-37

(Jesús se encuentra en tierra extranjera, en zona de paganos o, al menos, de no-judíos. Allí sube a un monte y se sienta, y es un símbolo de revelación y de tomar su lugar en el ámbito de la divinidad.

Las gentes acudían a Él en gran número; a pesar de no ser un paisano, de ser un rabbí judío, lo precedía su fama de taumaturgo que a todos atendía, y por eso esas gentes suben decididas esa montaña llevando consigo a todos sus dolientes.
Es un tiempo nuevo y bueno, y nadie es ajeno a la bondad, a la salud, a la liberación, siendo todas ellas flores primeras de la misma semilla del Evangelio.

Entonces los paralizados se movilizan, los ciegos recobran la vista y los mudos se pueden comunicar. Y el resultado es alabanza y gratitud, glorificación al Dios de Israel y no es un dato menor: son paganos que están agradeciendo la intervención de un Dios extranjero en las manos de ese nazareno, un Dios van descubriendo que no es tan lejano ni tan ajeno.

Estamos en presencia de una multitud que se acerca al Maestro en busca de alivio a sus dolores y pesares, que se atreven a subir una montaña, que se quedan gustosos tres días junto a Él, tres días que son signo de una vida nueva, tres días de una Resurrección germinal. Esas gentes no adolecen de hambre permanente, están hambrientos por esos tres días de permanencia junto a Jesús de Nazareth.

Lo que para otros hubiera sido normal o pasara inadvertido, no escapa a la mirada compasiva del Maestro, que tiene los mismos ojos bondadosos de su Madre, que expresa la mirada misericordiosa de Dios. Él se dá cuenta de la debilidad y el hambre de la multitud, y no es descubrimiento que se guarde para sí, ni un arcano que se resuelva en secreto. Por ello mismo involucra a los suyos, para que sean capaces de inclinarse hacia las necesidades de los demás, y ello es cuestión de familia, vocación de la Iglesia.

Una cosa es clara: los discípulos se aferran a sus limitados esquemas lógicos, y por ello aducen la imposibilidad de solucionar ese problema precisamente en un lugar alejado de cualquier poblado. Infieren que no es una cuestión que les incumba, y que esas gentes deben arreglarse como puedan.
Pero estamos en un tiempo nuevo, en la ilógica del Reino, y hay que involucrarse, comprometerse, acercarse, aproximarse, aprojimarse al que sufre. Porque al prójimo lo edificamos desde el corazón, y porque los imposibles mundanos se van al destierro cuando mujeres y hombres, convocados por Jesús de Nazareth, cometen la osadía de compartir y confiar.
Todos se sacian y quedan siete canastos llenos, quizás listos y dispuestos para los que están por llegar.

 Una lectura superficial nos dejaría limitados a un Cristo sanador y a un increíble multiplicador de alimentos, pero hay más, mucho más -siempre hay más-.
El milagro es uno, la Buena Noticia, que se expresa en vida plena para todos, en compasión que no sabe de pasividades, en acercarse con decisión a los que desfallecen de necesidad como se aproxima y se llega a nosotros un Dios que se hace hombre, que se hace Niño, que se hace pan)

Paz y Bien




Tiempo de pequeños


Para el día de hoy (04/12/12):  
Evangelio según San Lucas 10, 21-24

(Jesús estaba con su alma ligera y alegre: los setenta y dos discípulos que había enviado en misión regresaban encendidos de felicidad por la tarea cumplida, y por descubrir que nada podía oponerse a la Buena Noticia -debe ser porque la alegría es maravillosamente viral, contagiosa, transmisible-.

Así, ora en voz alta y su oración es plegaria, es gratitud y profecía, y en esa profecía devela un rostro entrañable de Abbá su Padre.
El Dios del Universo, Señor del cosmos y la historia, tiene una preferencia abierta e inocultable por los humildes y pequeños. Más aún, la Buena Noticia se revela a los pequeños, y se oculta a los sabios y prudentes.

Son los pequeños no sólo los niños: pequeños son los que no tienen poder ni relevancia, los que no hablan muy bien, los que no tienen pericia religiosa ni formación alguna. Son los que no cuentan para nadie, meros accidentes de terreno o coyunturas estadísticas, los que nada esperan de este mundo pero se afirman en su confianza en Dios. Son la gente más sencilla, a menudo la más golpeada, esa misma gente que desde el esfuerzo manso, desde una integridad incoercible y a menudo desde el silencio se ofrecen por el sustento de los suyos, y con todo y a pesar de todo son capaces del asombro, de esa fé que se afirma corazón adentro en ese Cristo compañero antes que en libros, dogmas y preceptos.

Y quizás los pequeños son los primeros en reconocer a sus pares; por eso mismo se regocijan porque Dios se hace uno de ellos, uno como ellos, un Niño pequeño en brazos de su Madre)

Paz y Bien

De la fé como encuentro personal


Para el día de hoy (03/12/12):  
Evangelio según San Mateo 8, 5-11

(En la palabra para el día de hoy, hay algunos rasgos primeros a considerar: los judíos odiaban con tesón a los romanos, toda vez que Israel era una nación sometida al vasallaje colonial merced a la fuerza militar que ejercían las tropas estacionadas habitualmente en Cesarea y en ciudades estratégicamente limítrofes como Cafarnaúm. Se trataba no sólo de una causa nacionalista -que levantaría en armas a los militantes zelotas- sino también de esos paganos que profanaban con sus pasos la Tierra Prometida.

Desde allí, podemos inferir la puntual situación del centurión romano: pagano -seguramente de religión politeísta-, extranjero, impuro y enemigo. El Evangelista Lucas lo presenta con algunos rasgos respetables y amistosos, reconocidos por los ancianos del lugar a los que les había construido una sinagoga; puede interpretarse también con cierta política de acercamiento por parte del ocupante imperial.

Por ello mismo, en esa sintonía es difícil de imaginar un acercamiento tan personal del oficial romano a un rabbí judío, aún cuando este rabbí fuera sospechoso y cuestionado, Jesús de Nazareth.
A este militar la realidad lo golpea con dureza: un criado se encuentra gravemente enfermo, a punto de morir, y él, acostumbrado a detentar poder sobre tropa y súbditos del César, se dá cuenta que todo es vano, que es apariencia, que el poder que posee es efímero, que no es más que un hombre limitado como cualquier otro.
Precisamente, esa actitud veraz es la raíz de la humildad.

En ese talante se atreve a llegarse y a hablar con ese galileo del que todos hablan. Sabe que Él tiene algo que no puede explicar, pero que sin embargo en Él encontrará respuestas y sanación.
Y todo se resuelve y acontece el milagro en ese encuentro personal.

Ese centurión es verdaderamente un hombre religioso, un creyente, a pesar de ser pagano, extranjero, experto en las lides de matar. Ese centurión respira la fé auténtica que no se aferra a doctrinas, dogmas y preceptos, sino que por sobre todo se aferra y afirma en Alguien, Jesús de Nazareth.
Ese descubrir/nos es tan raigal y decisovo, que nos encontramos frente a un abismo en apariencia insalvable: no somos nada, Él es todo. No somos dignos pero aún así, Él se acerca y viene a nosotros, interesado en nuestras dolencias y por tanto en nuestro bien, antes que en lo que somos y en como somos.

Desde allí, el Maestro alabará esa fé y esa humildad, y reafirmará una de las premisas primordiales de la Buena Noticia: a todas las gentes y a todos los pueblos se ha invitado a la mesa grande del Dios de la Vida.

En clave de Adviento, nosotros vamos paso a paso al encuentro de un Niño que tiene todas las respuestas y que es nuestra liberación)

Paz y Bien

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