Pescadores extraños de mares asombrosos


San Andrés, Apóstol

Para el día de hoy (30/11/12):  
Evangelio según San Mateo 4, 18-22
(Parte de la vida de Jesús de desarrolló a la vera del mar de Galilea.
Este mar algo extraño -también llamado mar o lago de Tiberiades- es en realidad un lago de aguas dulces de 166 kilómetros cuadrados y se encuentra a aproximadamente 260 metros bajo el nivel del mar.

Aún así, y especialmente en la Palestina del siglo I, tenía una importancia gravitante en la vida de la Galilea circundante; en primer lugar, como fuente cierta de agua dulce tanto para el consumo como para el riego, toda vez que es una zona semi desértica. En segundo lugar, como fuente de sustento para muchos, por la pesca que bullía en sus aguas.
Por ello, desde los pueblos costeros -especialmente en aquella Cafarnaúm en donde tanto tiempo pasó el Maestro- no era infrecuente encontrar al amanecer y al ocaso a los pescadores del lugar enfrascados en sus tareas cotidianas.
Esto no es solamente un dato sociohistórico, sino que hay un signo y un símbolo de un Dios que nos busca en nuestra cotidianeidad, en lo diario, en lo que conocemos, y hasta en los sitios más raros.

Más aún: la Galilea de aquellos tiempos, por su ubicación geográfica y al ser varias veces objeto de invasión por los enemigos de Israel, estuvo bajo sospecha de poca ortodoxia, de impureza y contaminación -¿acaso algo bueno puede salir de Nazareth?-, a lo que también es menester añadir cierto desprecio clasista por parte de la sociedad jerosolimitana: los galileos en su gran mayoría eran pescadores, campesinos o artesanos, es decir, se encontraban en uno de los escalones sociales más bajos.

Desde esta Galilea periférica y siempre sospechosa, comenzará Jesús de Nazareth su ministerio, el anuncio de la mejor de las noticias. Y se llegará Él mismo hasta donde se encuentran los que Él convoca al discipulado, a su compañía, a ser otros mensajeros y obreros del Reino.
Porque es Dios quien tiene la iniciativa y las primacías.
El Dios Abbá de Jesús es un Dios que siempre nos anda buscando, mucho antes que nosotros nos agotemos en los afanes por encontrarlo.

En esos encuentros asombrosos germina esta vocación que somos, pescadores extraños de mares asombrosos, que tienen por destino y misión mantener a pequeños peces con vida en redes maravillosas de justicia y liberación , con la fuerza de la compasión y la misericordia, pescadores de hombres a la deriva, obreros de ese Reino que se nos crece aquí y ahora)

Paz y Bien

Con la mirada en alto, con el corazón esperanzado


Para el día de hoy (29/11/12):  
Evangelio según San Lucas 21, 20-28

(Jesús de Nazareth, a la vista de Jerusalem, anuncia treinta años antes su destrucción.
La Ciudad Santa será arrasada por las legiones romanas, del Templo sólo quedará una fracción de pared externa, sus habitantes serán pasados a degüello, dispersados o vendidos como esclavos.
No sólo será una tragedia humanitaria por las montañas de muertos; será una tragedia para todo Israel, pues su vida orbita alrededor de ese Templo y Ciudad santas. Ellos estaban atados a esa tierra que creen que Dios les ha dado, atados a ese Templo en el que creen que su Dios habita, atados a toda una historia.

También vaticina que habrá señales cósmicas que presagiarán el fin del tiempo, e inundarán de temor a las almas de hombres y mujeres.

Pero es tiempo de la Buena Noticia.

Los que siguen al Maestro no dependen de edificios sagrados, de sitios predeterminados, no son prisioneros de una raza, de una ideología o de preceptos religiosos excluyentes.
No creen en que la Salvación es para unos pocos elegidos, pues en todo encuentran la mano bondadosa de Abbá.
No permiten que el miedo les gane la partida. A pesar de todos sus temores, a pesar de tantos signos que dirigen sus ojos a zonas oscuras, se mantienen en pié, firmes en su confianza, vestidos de esperanza.

Saben que el Dios de la Vida no los ha dejado librados a su suerte, y que la historia se ha vuelto kairós, tiempo santo tejido por Dios y el hombre.
Tienen templos que veneran, y son cada mujer y cada hombre, templos vivos de ese Dios que los ama entrañablemente. Con todo y a pesar de todo, la historia es bendición y no será consumida por tragedias, será consumada por amor infinito, por Aquél que regresará y que, sin embargo, nunca los ha abandonado.

Viene Aquél que muchos esperan en silencio, vestido en la gloria asombrosa de un Niño, desde la ternura de una muchacha campesina, un Dios hecho hombre, hecho historia, hecho uno de nosotros.

Los que siguen a Jesús de Nazareth pueden levantar la mirada esperanzada porque nunca han dejado de mirar hacia abajo, a lo más bajo, a los que han caído y no pueden levantarse)

Paz y Bien



Las consecuencias de la fidelidad



Para el día de hoy (28/11/12):  
Evangelio según San Lucas 21, 10-19

(El panorama que plantea Jesús a sus discípulos no es nada grato. Más aún, es aterrador.
Habla de persecuciones políticas y religiosas, de cárceles, de violencias y hasta de muerte por permanecer fieles a la Buena Noticia, y más aún: estos vendavales pueden desatarse también de los más cercanos, del entorno que los discípulos consideran como propio y firme.

Es que el Evangelio es opuesto a esto que entendemos por mundo, nada tiene que ver con el poder, con la opresión, con la injusticia, con todo lo que atenta contra la vida humana. Y esta oposición implica tomar partido de manera profética, es decir, anunciar la mejor de las Noticias y denunciar todo lo que arrolla la dignidad y plenitud humanas.

El mensaje de Jesús de Nazareth no se dirige solamente a la primera comunidad cristiana, la que luego de la Pasión y resurrección del Señor comenzaría un largo camino de persecuciones por parte de las autoridades de la religión de Israel y sufrirían las violencias de la prepotencia imperial romana.
El mensaje a traviesa todos los tiempos y llega hasta nuestro presente.

Es necesario también mirar, desde el prisma de nuestros corazones, otra consecuencia: si las persecuciones son consecuencia directa de la fidelidad, su ausencia ha de ser significativa y hasta peligrosa.
La recepción sin inmutarse del Evangelio -claro está, de modo superficial- por parte de los poderosos y de los sistemas de dominio es síntoma de que algo no está bien. Quizás signifique que cedimos a nuestros miedos y dimos paso a una versión edulcorada de la Buena Noticia que no compromete, nada arriesga y poco transforma.
Es renegar de esta vocación de semilla de mostaza y de levadura en la masa.

Con todo y a pesar de todo, nada ni nadie podrá detenernos ni acallarnos.
No estamos solos, no vamos solos, el Espíritu nos sostiene y nos impulsa en coraje y elocuencia)

Paz y Bien


Templos vivos y señales


Para el día de hoy (27/11/12):  
Evangelio según San Lucas 21, 5-9

(El Evangelista Marcos -en un relato similar al de hoy, del Evangelista Lucas- nos indica que el Maestro se encontraba junto a algunos de sus discípulos en el monte de los Olivos, y desde esa altura observaban la belleza del Templo de Jerusalem; sus amigos comentaban la magnificencia de las construcciones, las piedras talladas, las ofrendas votivas.
Las palabras de Jesús de Nazareth les caen como un baldazo de agua helada: de ese Templo magnífico llegaría un día -no muy lejano- enque no quedaría piedra sobre piedra. Anticipaba en treinta años lo que sucedería con las legiones romanas de Vespasiano y Tito, la dispersión del pueblo de Israel y sólo un muro exterior en pié, que hoy conocemos como Muro de los Lamentos.

Sin embargo, no es cuestión de una exacta profecía, se trata algo mucho más profundo.
Se trata de que también nosotros nos dejamos encandilar la mirada con hermosos templos fruto de la piedad religiosa y del arte, pero perdemos de vista al templo primordial que es la humanidad. Desde Jesús de Nazareth cada mujer y cada hombre son templos vivos de Dios y con todo y a pesar de todo, aún el templo más encumbrado o la basílica primera no son más importantes que una sola vida humana, por pequeña que esta sea.

Y a la vez, también se nos vuelve nublado el horizonte frente a las propuestas falaces y rutilantes de nuevos templos, templos de opresión e injusticia llamados mercado, dinero, imperio, modernidad, progreso.
Sin embargo, y a pesar de todo el dolor que causan, tarde o temprano han de caer. Todo aquello que no se sustenta en el Evangelio perecerá, y no es un rótulo amenazador sino una realidad que tiene que ver con lo que permanece, con la vida que tenazmente se abre paso.

Aún así, extremistas poco bondadosos de toda laya nos avisan de fines del mundo, agoreros de apocalipsis oscuros y mortales, de victorias divinas aplastantes sobre cualquier enemigo y la salvación de unos pocos.

Nosotros permaneceremos atentos a las señales de aquellos que permanecen fieles y que nos florecen los días en signos de compasión, de misericordia, de justicia, de solidaridad y fraternidad)

Paz y Bien

Estas monedas de cobre que somos

Para el día de hoy (26/11/12):  
Evangelio según San Lucas 21, 1-4

(En las arcas del Templo se depositaban las limosnas que estaban destinadas al mantenimiento del culto y al sustento de los sacerdotes. Parte del dinero recolectado se remitía para ayudar a los pobres y a los más necesitados, un mínimo asomo de seguridad social.
Dentro de los necesitados, los extremos de carencias se encontraban en los huérfanos y las viudas; en los dos casos, el determinante era el padre ausente. En una sociedad patriarcal como la de Palestina del siglo I, el padre de familia era el único sujeto de derecho, es decir, el único con potestades y respaldo legal, especialmente en lo relativo a la propiedad. Por ello un niño sin padre o una mujer sin esposo quedaban sumidos en la miseria y librados a su suerte o a las limosnas de los otros.

Jesús estaba en la zona del Templo donde estaban las alcancías para efectuar las limosnas. Ricos y poderosos depositaban importantes sumas, las que hacían un ruido importante al entrechocarse sus denarios al caer en el tesoro; pero por entre la multitud, el Maestro divisa a una viuda que deposita dos sheqquels de cobre, dos moneditas o centavos sin mayor valor. Él siempre tiene esa mirada profunda que jamás deja de ver lo pequeño, lo que no cuenta para los demás.
Y frente a las gruesas sumas volcadas por los ricos, declara que esa mujer ha depositado un valor mucho mayor. Esas monedas que prácticamente no cuentan, son más valiosas que todo el dinero de los otros.
Los otros dan de lo que les sobra, ella se dá a sí misma, pues en esas dos monedas está su sustento, el pan del día, y sin embargo no vacila en brindarlo para ayuda de los más pobres.

Ella ha hecho mucho más que una acción piadosa o una buena obra. Ella antepuso la necesidad de los otros a la propia, y a su vez tiene toda su confianza depositada en su Dios, pues aunque lo que tiene es muy poco, Él lo hará valer, al igual que ese Hijo que la observa, la mira y la ama, y que un día dará de comer a miles a partir de cinco panes y dos peces.

Aquí es en donde habitualmente nos detenemos a reflexionar en dar lo propio antes que lo sobrante, la justicia que florece a partir de la generosidad y el desprendimiento.
Aún así, hay más -siempre hay más-. También nosotros somos esas monedas de cobre sin valor. Cuando nos medimos desde la sinceridad y la honestidad, podemos llegar a la conclusión de que poco somos y valemos.
Aún así, cuando estos centavos de existencia que portamos se comparten, se vuelven un tesoro invaluable, que se magnifica en las manos bondadosas de Aquél que jamás nos pierde de vista)

Paz y Bien

Cristo, un rey extraño



Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

Para el día de hoy (25/11/12):  
Evangelio según San Juan 18, 33b-37
 
(La escena se desarrolla en el pretorio, residencia en Jerusalem del procurador romano Poncio Pilatos. Allí es llevado el Maestro en la noche -de madrugada- para no despertar alborotos ni protestas entre el pueblo; lo llevan los dirigentes del sanedrín y la policía del Templo, con la sentencia de muerte encendida en sus rostros, con el odio incendiándoles el alma. La decisión de eliminarlo se justifica con el rótulo de blasfemia.
Es menester que lo lleven allí, pues la potestad de ejecutar condenados reposa en el ocupante imperial.

Al pretorio -ámbito pagano y por lo tanto impuro- los acusadores no ingresan; de hacerlo, sus rígidas normas los hubieran vuelto impuros y así se hubieran visto impedidos de celebrar la Pascua, Seder Pesaj.

El diálogo entre el Nazareno preso y el pretor tiene varios motivos; Pilatos, como autoridad del Imperio, es amo y señor en toda la Palestina vasalla. Sin embargo, su cargo no es perpetuo ni estable, está sometido al escrutinio constante del César que en él ha delegado temporalmente la autoridad. Por eso puede denotarse cierta preocupación en sus palabras, pues supone que ese galileo reivindica un reinado y una realeza contraria y rebelde a Roma, un subversivo peligroso. Pilatos desprecia a los acusadores de Jesús -hay cierto antisemitismo en su entonación- pero aún así teme que este asunto que tiene entre manos sea mucho más peligroso que una disputa religiosa judía.

Pero Pilatos, al igual que los sanedritas, está condicionado por su ideología y es esclavo de sus preconceptos. Jesús no vacila en afirmar su condición real, una realeza muy rara que confunde al romano. Éste asocia realeza con poder, corte y fuerzas militares, victorias resonantes y aniquilación del enemigo.

En ese recinto, el rabbí galileo maniatado y maldecido no es el verdadero prisionero.

Su reino no es mundano, no es cuestión de gloria y poderes vanos. Es un rey extraño que reinará en tanto prevalezca la verdad, la fraternidad, el servicio, el hacerse último para dar paso a todos los relegados y excluidos, un reinado donde florece la justicia porque sus raíces se crecen en las honduras de la verdad, un rey humilde, servidor de todos, cuya corte se compone de campesinos y pescadores y sus cohortes se componen de pecadores, prostitutas, leprosos y endemoniados.

Aún así, la maquinaria precisa e infernal de la cruz se alista. Es la cruz el mecanismo exacto utilizado por el Imperio para ejecutar a los criminales más abyectos, entre ellos, a los que se rebelan contra Roma.
Jesús de Nazareth morirá en la cruz despreciado por los dirigentes judíos pero ejecutado por los romanos a conciencia y de acuerdo a su derecho.

De alguna manera, aún hoy su reinado sigue siendo extraño para nosotros.
Nos cuesta horrores desprendernos de esos hambres de poder, de jerarquías, de gloria.
Y es necesario quizás que este Cristo manso y firme vuelva a reinar en nuestros corazones, para que la única verdad absoluta que es el amor de Dios prevalezca, que la vida se expanda plena y abundante para todos)

Paz y Bien



Oscilaciones religiosas


Para el día de hoy (24/11/12):  
Evangelio según San Lucas 20, 27-40

(La escena que nos plantea la Palabra para el día de hoy se nos puede aparecer como una discusión absurda.
Sin embargo, tiene motivo y causas profundas, especialmente por los que la protagonizan junto al Maestro, saduceos y escribas fariseos.
Cada uno de los grupos tenían su propia lectura literal de la Torah, de la Palabra de Dios. Y precisamente es la literalidad madre de todos los fundamentalismos que, a su vez, son excluyentes y violentamente sectarios.

En ambos casos -como no nos es desconocido- se llegan a las Escrituras con la precisa intención de que la Palabra digan lo que ellos pretenden, es decir, que la Palabra se adapte a sus preconceptos, ideología, necesidades y esquemas a contrario de que la Palabra les hable y los interpele.

En cuanto a los saduceos, además de negar la resurrección y la vida después de la muerte, se aferraban a una espiritualidad de la prosperidad, es decir, el bienestar económico como bendición de Dios por su fidelidad piadosa. Más aún, sólo aceptaban como Palabra santa a la Torah, es decir, al Pentateuco, y negaban la inspiración divina a los libros proféticos, y el motivo no puede ser más obvio: los profetas hablaban con inusual dureza acerca de los ricos, a los que sindicaban a menudo como causantes directos de toda injusticia social.
En esa línea de pensamiento se ubica la disquisición acerca del matrimonio: ellos observan a rajatabla la ley de Levirato mediante la cual cuando un hermano muere sin dejar descendencia, el hermano sobreviviente debe tomar a la viuda y engendrar hijos en la idea de tener herederos y que su nombre no se extinga, o sea, perpetuar en la descendencia su mapa de riquezas y prebendas, y sucesivamente si muere el segundo hermano. Y es duramente sugestivo el rol adjudicado a la mujer, como mera herramienta reproductiva, propiedad del esposo de turno. Todo ello tenía un carácter de inmanencia religiosa: al considerar como bendición divina su prosperidad, no tenían ninguna necesidad de posteridad. 

En sus antípodas se encontraban los fariseos: todo lo que preconizaban, practicaban, hacían y decían se orientaba a obtener el favor divino en el más allá, en una vida postrera. El más allá como recompensa de una observancia estricta de los preceptos religiosos en el más acá, aún cuando esa observancia implique renegar del hermano y excluir a muchos, pues se trata de una religiosidad elitista y sectaria.

Con ese talante indagan a Jesús, a fin de saber si el rabbí galileo concuerda con sus expectativas e intereses. Pero esos intereses nada tienen que ver con la Buena Noticia, la mejor de las noticias.

El Evangelio de la Gracia asombrosa de Dios nos enseña que sí, habrá vida postrera y resurrección producto del amor y la bondad infinitas de un Dios que nos ama como Padre y nos cuida como Madre, y que esa eternidad comienza en el aquí y el ahora, en vidas plenas desde ahora mismo, sin exclusiones ni miseria, en alegría y fraternidad desde este preciso instante. Porque el amor, la misericordia, la solidaridad, la justicia y la compasión pueden comenzar en estos arrabales, en este escaso tiempo que somos pero nunca, jamás tienen fin. Son raíces de eternidad que se nos vá creciendo.

A menudo oscilamos entre la postura saducea y la postura farisea, y tal vez vaya siendo tiempo de ponernos de lado de la verdad de Jesús de Nazareth)

Paz y Bien

La purificación de otros templos


Para el día de hoy (23/11/12):  
Evangelio según San Lucas 19, 45-48

(Las acciones de Jesús de Nazareth dentro del Templo de Jerusalem serían determinantes a la hora de las acusaciones que vertería el Sanedrín para condenarlo a muerte: por una parte, quiebra el negocio de cambistas y vendedores de animales sacrificiales y, por el otro, llama en su propio rostro a sumos sacerdotes y dirigentes bandidos y ladrones.
Con ello cuestiona también la misma santidad del Templo, y eso no iban a perdonárselo; inclusive en su misma Pasión, ello sería objeto de burlas por parte de sus enemigos.

Lo que sucede es que Él quería dar por finalizada esa espiritualidad que implicaba el trueque de actos piadosos por favores divinos -si yo cumplo con esta promesa, Dios me dará tal o cual cosa y viceversa-, y también toda una maraña de normas y preceptos que poco tenían que ver con la Buena Notica de Abbá su Padre.

En Jesús de Nazareth se establece que el templo mayor es cada vida humana, templo santo y latiente en donde habita el Dios de la vida.

Quizás por ello nosotros estamos necesitando también purificar estos Templos que somos. A menudo nos aferramos a ese intercambio piadoso, a esa religiosidad comercializada antes que al amor generoso e incondicional que nos brinda Dios y que se expresa a cada instante en la Gracia.

No tenemos muchas opciones, pues si nó estos templos -sin sustentación- corren peligro de derribo.)

Paz y Bien

Ayes citadinos

Para el día de hoy (22/11/12):  
Evangelio según San Lucas 19, 41-44
(Jesús de Nazareth, Cristo de Dios, es también un hijo cabal de su pueblo, judío hasta los huesos.
Va peregrinando hacia la Ciudad Santa, en donde se encontrará y aceptará sin dudarlo el horror de la cruz, una Pasión que se entreteje con un amor definitivo para transformar la muerte en vida.

A las puertas de Jerusalem, Jesús de deshace en un llanto dolorido: ama a esa ciudad tanto como ama a su Patria, y sabe desde las honduras de su corazón sagrado que en unos años más de esa ciudad no quedarán más que ruinas humeantes, la humillación de un ejército imperial que hollará sus calles y su pueblo muerto, disperso o reducido a la esclavitud.

Esa ciudad, con ese Templo inmenso rebosaba de pompa y boato, de magnificencia y poder: sin embargo, ritos ampulosos y culto estricto, poder religioso y belleza arquitectónica pretenden mostrar y demostrar la gloria de Dios cuando en realidad la esconden. En sus piedras pulidas y talladas se oculta la violencia, la exclusión, el desprecio, la injusticia y una sordera militante que reniega de la Palabra de Dios.
Es que para Jesús de Nazareth la gloria de Dios se expresa en el amor y en el servicio y se descubre en los pequeños y humildes.
Treinta años después, el llanto del Maestro quedaría explicitado: las legiones romanas, primero al mando de Vespasiano y luego comandadas por Tito, arrollarían con la ciudad y sus habitantes, y del Templo de Jerusalem sólo quedaría en pié un muro externo, que hoy conocemos como Muro de los Lamentos.

Nada esto nos es ajeno: a menudo, nuestras ciudades desbordan fasto y tecnología pero a la vez carecen de piedad, de compasión, de corazón, y reniegan de cualquier ofrecimiento de paz verdadera.
Porque la paz es mucho más que la ausencia de guerra o conflictos, la paz florece y se crece en ámbitos en donde se escucha al otro, en donde la plenitud es posible, allí en donde hay hambre y sed de justicia.

Nuestras ciudades, y esta ciudad que llamamos Iglesia, a menudo merecen llantos copiosos, porque renegamos del paso salvador de Aquel que nunca nos abandona)

Paz y Bien


Niña soñada


Presentación de la Santísima Virgen María

Para el día de hoy (21/11/12):  
Evangelio según San Mateo 12, 46-50

(¿Quien lo hubiera imaginado?
De esa pequeña niña judía dependía la humanidad y el mismo universo.

Niña de las risas y los juegos, del cariño de esos padres que la aman, de pies descalzos y aldea polvorienta.

Niña pequeñísima, muchachita mínima de pueblito menor, casi nada, casi nadie, prácticamente invisible.

Sin embargo, aunque nadie lo imaginara, esa niñita había sido soñada desde toda la eternidad por el Creador.
Cosas extrañas suceden cuando Dios interviene en la historia.

Y Dios se enamoró de Ella.

Esa niña se haría mujer, se haría Madre, se haría hermana y se haría discípula de aquel Hijo que llevó en su seno, que amamantó y crió y que siguió a todas partes, de tal modo que por eso mismo sabemos que por donde anda la Madre, seguro que está el Hijo.

¿Quien lo hubiera imaginado?
Esa niña pequeña en ese Templo inmenso viene a decirnos desde su pequeñez que todo está al revés, que con todo y a pesar de todo nos pueden nacer cosas buenas.
Esa niña sería el Templo mayor, por decisión amorosa de Dios y por decir Sí desde una fé y una confianzas que ni la cruz ni la incomprensión derribarían.

María, la niña de nuestra Salvación, compañera de nuestras esperanzas, consuelo en nuestras soledades, hermana y madre de nuestros andares)

Paz y Bien

Zaqueo y la iniciativa de Dios


Para el día de hoy (20/11/12):  
Evangelio según San Lucas 19, 1-10

(Zaqueo es jefe o superior entre los publicanos: ello implica que comanda a los recaudadores de impuestos y tributos imperiales en el lugar, en este caso Jericó.
Tales personas eran odiadas con intenso fervor, pues recaudaban tributos para el opresor imperial y porque al mismo tiempo que volcaban sobre los campesinos y pescadores gravámenes insostenibles, de esa misma recaudación tomaban para sí una parte significativa. Es claro que conllevaba un riesgo mortal quedarse con dineros imperiales, y es por ello que al impuesto añadían un importe a discreción. Es decir, se enriquecían mediante prácticas corruptas y a costa del sufrimiento de los más pobres.

En esta lectura que nos trae la Palabra para el día de hoy, encontramos sugestivas coincidencias con la sanación del mendigo ciego, Bartimeo. Y no son casualidades sino causalidades, Dios escribiendo junto al hombre la historia en humildad y silencio.
Uno de ellos es un hombre sumido en el dolor y en la miseria, que se inquieta ante la multitud que pasa y quiere saber de ese nazareno famoso, aún cuando está excluido de la comunidad por la idea de una culpa pretérita y por la impureza que supone su enfermedad.
El otro nada en la abundancia -bienes obtenidos por el sufrir de los otros-, también es excluido y reprochado por publicano, en la misma condición moral de las prostitutas, y con similar interés en el rabbí galileo se sube a un árbol, pues aparentemente era de baja estatura. En realidad, lo que contaba era la baja estatura de su alma y no tanto la longitud de su cuerpo.

Pero a contramano de cualquier razón y en la santa ilógica del Reino, es Jesús de Nazareth quien se adelanta y se dirige a ambos. Es Dios quien siempre tiene todas las primacías, las iniciativas, el que nos sale al encuentro.

Y fruto de ese encuentro, nada será igual. La presencia del Señor todo lo transforma, y el alma se viste de fiesta, y en los corazones hay banquetes de mesa grande.

Zaqueo, por la acción de la Gracia y desde su confianza, cambia una vida adormecida y una corrupción militante en justicia y liberación. La mitad de sus bienes se repartirán entre los pobres, y dará mucho más a aquellos a quienes haya hecho daño.
Es la justicia y la distribución de las riquezas que comienza desde corazones renovados, antes que desde sistemas o ideologías.

Entonces Zaqueo se crece, se yergue en una nueva altitud espiritual, y ya no necesitará subirse a ningún otro árbol, pues el Dios de la Vida ha llegado a su corazón hogar y se ha quedado.

Hay muchos árboles en nuestro caminar.
Tal vez tengamos que atrevernos a dar ese paso, y subirnos para ver al Maestro que pasa, que nos anda buscando, que nos trae Salvación y alegría y allí sí, volver a crecer)

Paz y Bien



La mirada de Jesús y los milagros


Para el día de hoy (19/11/12):  
Evangelio según San Lucas 18, 35-43

(La Palabra en el día de hoy se nos presenta como una sinfonía de humanidad y movimientos.

Por un lado, el Maestro en marcha, en peregrinación hacia Jerusalem, hacia la cruz, hacia su Pasión.
Por otro lado, ese hombre -que el Evangelista Marcos identifica como Bartimeo- agobiado por su vista imposibilitada, demolido por la culpa de ciertas ideas y conceptos que justificaban su dolor, impuro por enfermo, condenado al ostracismo y la soledad, sin otra posibilidad de supervivencia que la mendicidad.
Está a la vera del camino, suplicando alguna moneda, preso de su resignación.

A Jesús lo seguía una multitud: muchos, asombrados de las cosas que hacía y del modo en que les hablaba y enseñaba, iban con el sus discípulos también y seguramente, muchos curiosos por la fama que lo precedía. Una multitud así no es para nada silenciosa, porta bullicio y en esos ruidos despierta a los más aletargados.

El mendigo ciego no queda inmune a ello, y tiene necesidad de saber qué es lo que sucede. A veces también nosotros, quizás, debamos hacer un poco de ruido para romper con ciertas monotonías. Le responden que estaba pasando Jesús de Nazareth, y ello es lo que verdaderamente cuenta, quien importa, Aquél que es decisivo, y a quien hemos de distinguir por entre la masa informe.

De un modo extraño ha de suceder el milagro, y es toda una enseñanza que puede contradecir los corazones más estratificados.
El mendigo ciego hace su propio éxodo, todo un ascenso de conversión. Primero su curiosidad, luego el despertarse su vida adormecida por la dolencia y la exclusión, después la súplica confiada que pide ayuda, sabiendo que ese rabbí es mucho más que un Maestro y que, por sobre todas las cosas, lo vé y lo escucha.
Allí precisamente acontece el milagro: la bondad de Dios todo lo inunda y los milagros son cotidianos; lo que no sobreabunda es la confianza ni la fé.

Es claro que para muchos los gritos desesperados de ese hombre son molestos, e intentan acallarlo. Pero Jesús tiene otra mirada, esos ojos profundos capaces de ver todo lo que ese hombre puede llegar a ser, inclusive a partir de su dolor.
Ello nos incumbe directamente: solemos hacer ingentes esfuerzos de acallar los clamores de los pobres y los que sufren, en aras de una prudencia y una mesuras opuestas al coraje de la Buena Noticia.
En realidad, el mendigo estaba imposibilitado de la vista, pero los verdaderos ciegos eran los que pretendían silenciarlo y no dejarlo llegarse hasta el Cristo de nuestra liberación.

Quiera el Espíritu regalarnos nuevos ojos, una mirada profunda de la que somos carecientes en cada uno de nuestros días)

Paz y Bien

La historia consumada y los tiempos urgentes


Para el día de hoy (18/11/12):  
Evangelio según San Marcos 13, 24-32

(Las imágenes y símbolos del Evangelio para el día de hoy han sido, a menudo, tomadas desde un temor equivocado y para infundir miedo. De allí que el término apocalipsis, que en su sentido primordial significa revelación, implique usualmente un panorama de final horroroso, de muerte y oscuridad.

En realidad, se trata de un final que es comienzo definitivo.
La historia será plenamente humana no solamente por el esfuerzo de los fieles -o por sus méritos creyentes- sino porque el mismo Creador intervendrá en el universo a favor de sus hijas e hijos.
Las señales no pueden ser más contundentes: un cambio cósmico raigal en donde haya un nuevo sol, estrellas en movimiento y un universo renovado desde sus raíces.

El día del Señor ha de ser día de esperanza para todos nosotros, y es horizonte hacia donde vamos. Por ello mismo es que la historia tiene un destino y ha de consumarse en la plenitud, cosecha maravillosa en los tiempos definitivos, tiempo de liberación y de reencuentro.

Por ello y desde esta perspectiva, tenemos un compromiso impostergable en ir transformando esa historia en la misma sintonía vital del Evangelio, preparando esa llegada total con carácter de urgencia.

Será tiempo de higueras de frutos buenos, tiempo de reencuentro, de reunión de las hijas e hijos dispersos.
El día del Señor es día de fiesta definitiva)

Paz y Bien

Fidelidad y justicia


Para el día de hoy (17/11/12):  
Evangelio según San Lucas 18, 1-8
 
(La viuda de la parábola es el símbolo por excelencia de las gentes desprotegidas, abandonadas a su suerte, sin derechos y sin nadie que hable por ellos. Son los que a voz en grito o en doloroso silencio claman por justicia.

Y allí precisamente está la clave de la palabra para el día de hoy: la justicia. A ella no le importa que el juez sea un corrupto que no le importa ni Dios ni los demás, sólo se preocupa por sí mismo, ni tampoco requiere una acción punitiva contra un adversario de quien no conocemos el nombre.
Ella insiste sin desfallecer por justicia, la justicia que los demás no buscan, la justicia que se ha hecho ausente.
Ya ella y a todos los desamparados cono ella los protege directamente Dios con especial ternura, porque nadie se ocupa de ellos.

Ella obtiene justicia desde su insistencia y en su confianza, en su fidelidad a toda prueba, aún cuando todo indique que está al revés, organizado y estructurado para que permanezca sojuzgada en inhumanidad.

El Reino está aquí y ahora, creciéndose humilde entre nosotros, y su flor primera es la justicia. Y el horizonte es de pura plenitud. ¿Cómo sostenerse en esta premisa, cuando todo señala que lejos estamos de la justicia, y por lo tanto, de lo plenamente humano?

En fidelidad que se expresa en la oración, entendida como respuesta a ese diálogo primordial inciado por ese Dios que nos ama entrañablemente.
La Encarnación de Dios marca un antes y un después en la historia de la humanidad, pues se conjuga el tiempo santo de Dios y el hombre.

La justicia -ese Reino de alegría inaugirado por el Maestro- no acontecerá mientras esperemos cómodamente instalados repitiendo plegarias preestablecidas con minuciosa mecanicidad.
El Reino es bendición y misterio pero es también invitación a edificar otro mundo posible, y en él hay lugar para obreras y obreros fieles, con todo y a pesar de todo)

Paz y Bien
 


Kairos y chronos


Para el día de hoy (16/11/12):  
Evangelio según San Lucas 17, 26-37


 (Frente a nuestro tiempo mesurado de manera convencional, sujeto a nuestros relojes y vaivenes -Chronos-, un tiempo muy pequeño y escaso, se opone el Kairós, el tiempo santo de Dios.

En ese devenir inexorable de Chronos, solemos zambullirnos en una rutina a menudo inhumana que nos vá adormeciendo el alma, creamos mil y un artilugios destinados a prevalecer, y que suelen ser sucedáneos que se agotan cuando la existencia se apaga y sobreviene la muerte. También, actuamos como si fuéramos a vivir por siempre, y tenemos una mirada esquiva de cualquier otro horizonte que no sea el de nuestros propios egos.

Es claro que nuestro tiempo no es el de Dios, y que Él vá por otro ilógico sendero.
El Kairós es tiempo santo de Dios, pero es también invitación a santificar las horas haciendo de la existencia tiempo de Dios y el hombre.
El amor de Dios es nuestro sustento y nuestro destino, y la Encarnación su mejor señal.

Nada ni nadie puede robarnos las esperanza, todo puede desvanecerse pero su Palabra permanece para siempre)

Paz y Bien




Entre nosotros


Para el día de hoy (15/11/12):  
Evangelio según San Lucas 17, 20-25

(En los tiempos de la predicación del Maestro, varios grupos esperaban la llegada del reinado de Dios de diversas maneras.
Unos -especialmente los fariseos- creían que Dios reinaría cuando todos cumplieran en su totalidad y exactitud los preceptos de la Ley, esto es, Dios reinante como premio a los méritos piadosos acumulados, la recompensa a la puntillosidad en adecuar cada uno de los instantes de la existencia a las 248 normas de carácter positivo y a las 365 de carácter negativo.

Otros -en gran medida los zelotas- ansiaban la llegada triunfal del Mesías que inauguraría mediante victorias fulgurantes el Reinado del Dios de Israel, aniquilando a sus enemigos a puro poder y gloria.

Por otra parte, también había expertos en predecir la llegada de ese Reino, exactos lectores de signos en la naturaleza, en la sociedad y en la historia. Para esta mentalidad, una visión apocalíptica es contundente, demoledora y definitiva, y no tanto revelación y comienzo.

Todas estas posturas se han repetido y se repiten a través de la historia hasta nuestros días.
Hay quienes con sincera piedad confunden Iglesia con Reino, y que éste se hará presente en tanto se sigan al pié de la letra las enseñanzas del magisterio y los preceptos de la tradición. Nada mal, claro está, pero la Iglesia es medio -sacramento- y no fin en sí misma.
Así también muchos suponen un Reino escatológico, post mortem, al que se accede por una vida vivida de acuerdo a las condiciones necesarias para la Salvación.
Y otros tantos encuentran a cada momento -especialmente en las patentes acciones de la crueldad humana- señales claras del fin de los tiempos y del arribo definitivo de Dios, en donde unos pocos elegidos se salvarán y el resto será justamente condenado a los fuegos permanentes.

Pero Jesús de Nazareth ama al samaritano sanado que regresa corriendo porque descubre el paso salvador de Dios en su vida, la acción asombrosa de la Gracia; lo prefiere a los otros nueve que siguieron de largo, conformes en haber adquirido méritos para lograr milagros.
Él desoye cualquier llamado al poder, a la imposición, al avasallamiento de sus enemigos.
La ilógica del Reino pasa por el servicio desinteresado, por la entrega generosa de la existencia para que otros vivan, por la bondad y la mansedumbre por sobre todo.

Porque el Reino está entre nosotros, y en silencio se crece en las honduras de cada corazón. Podemos ver sus señales humildes en cada pequeño servicios, el la solidaridad incondicional, en el amor sin estridencias, en cada acto de mansa justicia, en cada canción de liberación, ecos de esa Gracia que todo lo inunda y que seguirá sosteniéndonos más allá de todos nuestros méritos o esfuerzos)

Paz y Bien

Volver a Jesús de Nazareth



Para el día de hoy (14/11/12):  
Evangelio según San Lucas 17,11-19

(Jesús se encamina a Jerusalem, peregrina al encuentro de su Pasión; lo espera la Ciudad Santa, el centro del mundo desbordante de doctores de la Ley, de sacerdotes, de pura ortodoxia de fé. Es una ciudad con luz propia, el núcleo de Israel que irradiará la Gloria de Yahveh a las naciones, y hacia esa Jerusalem de puros y luces se encamina Aquel que es la luz.

Aún pudiendo tomar una ruta directa, el Evangelista Lucas deja en claro que atraviesa previamente Samaría y Galilea, y no es un dato menor.
Pasa por la Samaría despreciada por los nativos de Judea, judíos que han permanecido atados a la Ley y a la tradición, hijos de la ortodoxia y el poder, para quienes los samaritanos son peores que un enemigo: ellos en su tiempo han sido el Reino del norte, y han optado por el mestizaje, por mezclarse con gentiles, con extranjeros, por renegar del Templo santo y, por tanto, renegar del Dios de Israel. Son malditos de toda maldición.
A la vez, pasa también por la Galilea de su querencia y su niñez, Galilea de pescadores y campesinos, de tonada propia y periferia, de los que son sospechosos por ser menos.

La fama de sanador y de rabbí que enseñaba cosas nuevas precedía a Jesús de Nazareth. En ese camino a Jerusalem, y cerca de un poblado, le salen al encuentro diez leprosos. Lo hacen a la distancia y a pleno grito, y ello tiene un motivo: la lepra era considerada una enfermedad producto de pretéritos pecados propios o de los padres. En tal sentido, la Ley obligaba al enfermo a vivir fuera de las ciudades, a vestir harapos y con sus cabellos despeinados, señalando a voz en grito su condición de impuro. Excepto alguna ayuda circunstancial que podían acercarle sus familiares, vivían sumidos en la soledad y la miseria.
Sin embargo, la misma lógica de la Ley suponía que, al ser la patología causada por una falta, su perdón suponía también su curación. Por ello mismo se preveía un ritual litúrgico de purificación, para el reingreso a la vida social y comunitaria.

Esos diez leprosos han aceptado su condición de enfermos e impuros que se le impone. Inclusive han superado esa separación entre judíos y samaritanos: ellos son leprosos/impuros y tienen una mentalidad resignada de ghetto, mentalidad de autoexclusión. Así entonces a la distancia imploran la compasión de Jesús que pasa por allí; ni por un segundo habría de pasar por sus mentes el acercarse al Maestro.

Jesús mismo, desde la Ley, tiene todo el derecho a ignorarlos y a pasar de largo sin preocupaciones. La Ley y la costumbre lo avalan.
Pero para Él no hay puros e impuros, sólo vé almas que sufren, corazones atormentados y cercados por una Ley cada vez más inhumana. Por ello mismo se acerca, los escucha y los envía a presentarse a los sacerdotes.
Ello no es casual -nada lo es- y su significado es incuestionable y claro: sólo puede presentarse a un sacerdote un leproso cuando es curado, cuando ha sanado su piel. Aunque contra toda suposición ligera, el milagro no acontece con esas llagas curadas, sino que comienza con ese Maestro bondadoso que les dirige la palabra, que no los excluye, que los yergue en esperanza.

Por conocer como nadie las cosas que se entretejen en cada corazón, es precisamente ese envío para cumplir con las prescripciones religiosas; la exclusión debe finalizar del mismo modo y en el mismo lugar en donde ha comenzado, en el ámbito de la autoridad sacerdotal.

Sin embargo, de los diez uno lo desobedece. Uno de ellos no quiere ir al sacerdote, uno de ellos regresa pronto a agradecer las maravillas que han acontecido en su vida, y cuyo causante ha sido ese galileo. Es el impuro entre los impuros, leproso y samaritano, del que menos se esperaba nada, pero aún así ha sido capaz de reconocer el paso salvador de Dios en su existencia, y es un enorme acto de fé que lo pone en pié.
Ha sucedido otra faceta del milagro, y es un hombre rebosante de gratitud que deja cualquier postración y se pone de pié, libre y pleno.

Ésa precisamente es una de nuestras carencias, la gratitud.
Lo que nos libera es la Misericordia y la Gracia, y todo sucede por Jesús de Nazareth, no hay otros intermediarios ni prodigios que causen milagros falaces.
A Él debemos regresar agradecidos para estar nuevamente en pié)

Paz y Bien



De la creencia a la fé


Para el día de hoy (13/11/12):  
Evangelio según San Lucas 17, 7-10

(Hay una modalidad de creencia involucra toda una serie de costumbres piadosas -pseudoreligiosas- que implica, ante todo,. una adhesión a un corpus doctrinario, una rutina litúrgica a cumplirse a plazos regulares, cierta escala de valores asimilada pero no reflexionada, una serie implacable de normas morales -que no éticas-, y una colección de preces y oraciones preconcebidas a las que se suele repetir con enconada regularidad.

Esa creencia está emparentada con la resignación, con cierta prudencia que prevalece hasta el extremo de no cambiar nada para que nadie se ofenda, una religiosidad que escucha con atención a los poderosos y desoye el clamor de los pobres, que justifica toda inhumanidad e injusticia a partir del por algo será, que prefiere la quietud para esperar tiempos mejores, que acepta escalones jerárquicos por sobre la fraternidad, que bebe en esa fuente contaminada del trueque piadosa, del creerse acreedor a beneficios divinos a partir de la acumulación de méritos piadosos.

Pero la Buena Noticia corre por otra vertiente joven, río de vida que no se detiene.
Tiene la impronta del aquí y el ahora, no tolera postergaciones y, como el Maestro, desoye cualquier llamado al beneficio personal y desde su pobreza, su humildad, su rechazo del poder y sus ansias de servir transforma toda realidad.

La fé es precisamente eso: volvernos servidores del hermano, hacernos próximo/prójimo del alejado, con el impulso increíble del amor y con la fuerza asombrosa de la Gracia, sin otras ansias que las de fraterna comunidad)

Paz y Bien 

Escándalo, perdón y fé


Para el día de hoy (12/11/12):  
Evangelio según San Lucas 17, 1-6
 
(Jesús de Nazareth, si bien enseña mediante parábolas y alegorías, a la hora de decir verdades no se anda con demasiadas vueltas. Así entonces su Palabra se vuelve durísima a oídos cómodos, a corazones opuestos.
En ese tenor es la admonición que hoy nos brinda y la severidad conque Él se expresa: ello responde a su identificación plena con los pequeños, con los pobres, con los niños, con los que no cuentan. El término griego skandalon remite literalmente a trampa o piedra que hace tropezar y caer; ese escándalo no se refiere tanto a la exposición pública o mediática de cuestiones a menudo inconfesables, sino más bien a todas las acciones que hacen vacilar la fé de los más pequeños, esos mismos que tienen las preferencias del corazón sagrado de Dios, y que cuando caen quedan a la deriva.
En ello es imposible obviar tanta niñez avasallada por aquellos que debían protegerla, tanta existencia mancillada, tantos actos execrables y silenciados por una prudencia torpe que nada tiene que ver con la verdad que nos libera, Espíritu de la Buena Noticia.

Como si no bastara, el Maestro en un segundo tiempo nos impulsa al perdón. No es cosa fácil, nada sencilla perdonar al que nos odia, al que nos hace daño y nos desea activamente el mal; pero ahí se enraiza la radicalidad del Evangelio, vivida por Cristo hasta las últimas consecuencias en una cruz erigida por el odio y convertida en manantial inagotable de amor para toda la humanidad. El perdón sana y libera, acerca a los distantes y es un milagro en todo tiempo.

Es claro que para no ser escándalo y para perdonar no bastan las buenas intenciones y especiales motivaciones. Se trata de una cuestión de fé, es decir, de confianza con todo y a pesar de todo.
La fé es don y misterio, semilla humilde que se nos crece en las honduras del corazón y que sin florece, posee esa fuerza imparable que mueve toda montaña de odio y derriba todo cerro del no se puede)

Paz y Bien

Las ofrendas de los pobres


Para el día de hoy (11/11/12):  
Evangelio según San Marcos 12, 38-44

(Las palabras que pronuncia allí, en el Templo de Jerusalem, son mucho más duras que su virulenta literalidad. Está hablando de escribas, de letrados, de aquellos que detentan el poder religioso en Israel, aquellos que preceptúan la ortodoxia y enseñan al pueblo cómo y de que manera han de relacionarse con su Dios, los modos autorizados y correctos.
Es un golpe terrible que tiene varias facetas.

Ellos gustan de ostentar vestidos imponentes, en afán de ser reconocidos y respetados -pura apariencia-, y ansían los primeros lugares en la sinagoga y en los banquetes; no es solo una cuestión de egos engordados, sino que ellos -especialmente ellos- se ponen por delante de todo, es decir, importa que los vean y reconozcan a ellos antes que ver y reconocer al Dios al que dicen representar. Además, Él ya lo había expresado en varias ocasiones: las cosas del Reino les pertenecen a los últimos, a los que se hacen servidores, a los que ceden el sitio, por ello su actitud de aferrarse a los primeros sitios nada tienen que ver con la Buena Noticia, son diametralmente opuestas.
Sin embargo, y como si ello no fuera suficiente, a estos profesionales de la fé los pone en brutal evidencia: sin vacilar los acusa de corruptos, de saquear los bienes de las viudas bajo un manto de religiosidad, abusando de su status y su poder. La afrenta es gravísima porque el Dios al que dicen representar es un Dios que abiertamente está del lado de los pobres, los pequeños, los indefensos. Ese crimen es temible, pues al ofender a los pobres se agravia al mismo Dios.

Aún así, con esos fuegos que se le encienden y nada puede apagar, Jesús de Nazareth no pierde su asombrosa capacidad de mirar y ver.
Ella es mínima que casi ni se vé, una mujer muy pequeña en ese Templo enorme. Es mujer, por lo cual en lo social y religioso es irrelevante, no cuenta, no tiene más derechos que el de ser madre, ama de casa y esclava dócil de los deseos del esposo. Es viuda, no tiene a su lado un varón que la proteja. Es pobre, apenas subsiste. Pero el Maestro la vé en medio de la multitud, y no solo vé su figura, mira y vé las honduras de su corazón.

En ese sector del Templo se encontraban grandes cepillos o alcancías llamadas gazofilacios, de amplias bocas metálicas por donde se arrojaban las limosnas destinadas al sostenimiento del culto y los sacerdotes y a la asistencia de los menesterosos. Por esas bocas, solían los ricos y poderosos volcar importantes sumas de dinero en monedas varias, las cuales producían un ruido característico al caer en el tesoro del Templo.
Ella echa dos leptas, dos moneditas -un par de centavos-, nada en comparación con los ricos. Pero para Jesús, ella ha dado muchísimo más que todos los demás, pues dá todo lo poco que tiene y que representa su pan, su sustento.

Es la maravillosa ilógica del Reino, en donde cuenta más lo que se dá a pura bondad antes que una cuantiosa suma de lo que viene sobrando.
Ella confía plenamente en su Dios, y sabe que aunque parezca muy poco lo que dá, tiene un valor eterno y sin dudas es socorro y auxilio para los más pobres, hermanos cercanos suyos. Al verla, el Maestro se conmueve y enseña a los suyos.

Por impulso del Espíritu, hay muchas almas así, viudas y viudos pobres que rebosan solidaridad y confianza. Son los pobres, que cuando comparten trastocan en silencio toda estructura de miseria, de egoísmo y de fatal resignación, que se brindan porque saben que ese Dios multiplica panes y pan para todos, que dan todo porque conocen el dolor de la panza vacía y del ser ignorados.

Quizás como familia creciente, esta Iglesia que amamos y que a menudo nos duele tanto, debamos enviudar de tantos matrimonios de conveniencia con poderes y ostentación, de lucros y grandezas mundanas y volvernos así de solidarios, reconstruirnos en bondad y rehacernos silenciosamente en solidaridad.

Que sólo somos apenas un par de moneditas mínimas, pero que tienen la virtud escondida de multiplicarse de modo inmenso cuando hacemos de la existencia un bien a compartir con el otro, cuando el corazón reniega de cualquier interés mezquino y se hace hermano y edifica prójimos.
Allí el mundo comienza a transformarse)

Paz y Bien



De qué lado estamos

Para el día de hoy (10/11/12):  
Evangelio según San Lucas 16, 9-15


(Si en algo podemos tener certeza, es que Jesús de Nazareth estaba en franca oposición al mundo del dinero, en los tiempos de su predicación y ahora también. Desde allí es dable inferir que el dinero poco tiene que ver con la Buena Noticia.
No hay modo: el Evangelio corre por veredas distintas a las nuestras, y es menester no querer morigerar su impacto ni adaptarlo a versiones que no nos resulten tan molestas, que sea digeribles y cómodas a estos intereses que solemos ser.

Otra cuestión primordial: cuando Jesús se refiere al dinero de la injusticia o dinero injusto, no ha inferirse que por ello haya dinero justo. El dinero, para la mirada del Maestro, poco tiene que ver con el corazón de Abbá su Padre.
El dinero separa a las gentes entre pobres y ricos, poderosos y oprimidos, con dinero se pueden adquirir una gran cantidad de cosas que naturalmente deberían de estar a disposición de todos, en tanto hijas e hijos de Dios, con dinero se compran vidas, sin dinero se es excluido, sin dinero no hay escuela ni doctor, sin dinero se muere joven, antes de tiempo, y las naciones se vuelven parias entre pares.

No se trata de una cuestión ideológica: todo nace de los corazones, todo, sin excepción.

Y así como es de taxativa la postura de Jesús respecto del dinero, no puede afirmarse de ningún modo que Él sea un ingenuo ni un utópico soñador, alejado de cualquier realidad.
Hay mucho que podemos hacer, y aún con su esencia injusta podemos buscar el bien mayor, que nó el mal menor. Quizás hasta devolverle hasta su carácter meramente instrumental, aliviar las penas de los pobres, convocar a mesas amplias y generosas para que el pan no falte y sólo sean acumulables el amor y la fraternidad, donde sea nomas un instrumento menor en la búsqueda de la salud y la educación sin restricciones, donde por no tenerlo nadie sea menos.

No hay medias tintas.
El dinero es un ídolo cruel que sólo genera multitudes de esclavos, y nuestro Dios es el Dios de la vida y la libertad.
O se es devoto de uno o fiel servidor del otro, no puede haber un corazón compartido.
Hemos de preguntarnos con sinceridad de qué lado estamos)

Paz y Bien

Los templos fundamentales


Para el día de hoy (09/11/12):  
Evangelio según San Juan 2, 13-22
(Es una escena de contemplación dificultosa, pues no solemos ver al Maestro en una actitud tan brava y encendida. Pero previamente, es mejor hacernos una escena de lo que sucedía por aquel entonces en y con el Templo de Jerusalem.

Ese Templo inmenso y magnífico era el centro universal de la fé judía y también parte crucial de su identidad nacional; a la vez, era el punto de encuentro entre Israel y su Dios.
Pero también hay otra cuestión menos evidente pero decisiva: la espiritualidad de Israel devino en el cumplimiento estricto de normas y preceptos -248 positivos y 365 negativos-, lo que implicaba que la fé se fundamentaba en la acumulación de méritos piadosos para obtener los favores divinos. En cierto modo, es una espiritualidad de trueque, que intercambia piedad por bendiciones, y es lo totalmente opuesto al tiempo de la Gracia, de lo gratuito, de la bondad, del amor.
De ese ánimo de trueque, se justificaba razonablemente la existencia de cambistas en los atrios por la afluencia de judíos de la Diáspora que se llegaban a Jerusalem con dinero de otros sitios, dinero inútil a la hora de cumplir con el diezmo. También estaban los mercaderes de animales -bueyes, corderos, palomas, pájaros pequeños para los pobres- que los vendían para los holocaustos que ofrecían los sacerdotes en homenaje a su Dios. Todo se había convertido en un pingüe negocio a partir de los corazones creyentes.
Y otra cuestión clave, es que los responsables de esos negocios eran también parte del Sanedrín.

Cuando el Maestro expulsa a cambistas y espanta a manadas de animales se gana también el furor de aquellos que se enriquecían con esos negociados, y ello también sería decisivo a la hora de su condena, de su Pasión.

Todo lo que Jesús de Nazareth expresa con sus gestos y palabras es contundente y revolucionario: el punto de encuentro entre Dios y el hombre será cada corazón, templo latiente del Dios de la Vida.
Dios ya no se encontrará en el Templo, sino que se lo encontrará cada vez que las gentes busquen a Jesús.

Por ello mismo, aunque tengamos templos hermosos, enormes y reverenciados, templos que son producto de la fé, aún frente a la basílica mayor hay otros templos más importantes y santos: cada mujer y cada hombre, templos vivos de ese Dios que nos ama entrañablemente.

Aún cuando sea piedra de escándalo, desde el Maestro cada vida humana es sagrada y es más importante que toda la belleza y la piedad acumulada en esos edificios benditos.

Porque es el tiempo santo de la Encarnación, kairos de Dios y el hombre, Año infinito de la Gracia y la Misericordia)

Paz y Bien

De ovejas perdidas y monedas encontradas


Para el día de hoy (08/11/12):  
Evangelio según San Lucas 15, 1-10

(Las dos parábolas que el Maestro vierte en los corazones de esos fariseos y escribas que buscaban cualquier excusa para defenestrarlo, pueden ser emocionantes y seguramente todos las conocemos y solemos recordar.
Sin embargo, ellas tienen ciertos matices en los que debemos ahondar.

Comencemos por el pastor: no sabemos porqué precisamente esa oveja se extravió, y quizás no importen tanto los motivos, como más bien su consecuencia. Está perdida y por lo tanto, se encuentra en grave riesgo.
Este pastor, sabedor de ello, no vacila en dejar libradas a su suerte a las otras noventa y nueve con tal de recuperar a la oveja extraviada. Más aún, seguramente la carga sobre sus hombros y así, con delicadeza y sin reproches, la regresa al redil.

Sigamos con la mujer de la dracma perdida: hace cosas fuera de toda razonabilidad para recuperar la dracma que se perdió. Enciende la luz en plena noche -en aquellos tiempos, el aceite de las lámparas era un bien escaso y muy costoso-, no vacila en despertar a toda la familia -que por lo general dormían todos juntos en la misma habitación- y pone todo su empeño e ingenio en recuperar esa dracma que para su familia es muy valiosa.

En ambos casos, tanto la mujer como el pastor actúan de modo extraño, o al menos fuera de lo usual.
La clave radica no tanto en la oveja y la dracma extraviada, como en el empeño de ambos en recuperar lo perdido.

Se trata de dos parábolas de conversión, conversión que tiene como destino cierto la alegría y la felicidad, y a ello se refiere el Maestro cuando expresa la fiesta que se desata en los ámbitos celestiales por cada pecador que se convierte, por cada uno de nosotros -tú y yo, vos y ella, todos nosotros- que nos ponemos en marcha al rescate de los que se perdieron, cuando nos volvemos capaces de renegar de cualquier egoísmo y nos volcamos por completo al rescate de tantas hermanas y hermanos -valiosísimos a los ojos bondadosos de Dios- y los regresamos al redil, al ámbito santo de esta familia creciente que llamamos Iglesia)

Paz y Bien



Condiciones de peregrinos


Para el día de hoy (07/11/12):  
Evangelio según San Lucas 14, 25-33

 (Cuando nos adentramos en el mar santo de la Palabra, hemos de hacerlo con confianza y dispuestos a asumir tanto su oleaje como su profundidad. La alternativa es flotar en la comodidad de la literalidad, y ese navegar solamente nos conduce a puertos de fundamentalismo y de desconocimiento del otro.
Es imprescindible que la Palabra nos golpee, nos despierte y nos reconozcamos distintos, renovados, recreados.

Por ello mismo, si nos quedamos solamente en la expresión explícita, este galileo se nos vuelve incomprensible, terriblemente contradictorio y nos asusta. Él nos había mandado a honrar padre y madre, y en apariencia ahora nos obliga a odiarlos... Esa sería una lectura superficial y falaz.
En realidad, toda la Buena Noticia debe contemplarse bajo la perspectiva de la Cruz, contrariamente a espiritualidades de gloria y éxito, en la estela del Servidor Sufriente, del amor mayor que nada quiere para sí y ofrece la totalidad de su existencia a favor de los demás.
Por allí se nos comienza a entreabrir una ventana luminosa.

Es menester detenernos por un momento en los tiempos de la predicación del Maestro: por aquellos días, las familias judías se habían férreamente cerrado sobre sí mismas para no perder su identidad, toda vez que tuvieron que soportar como pueblo destierros, diásporas, invasiones y, por ese entonces, la dominación imperial romana. Sin embargo, ese cerrarse al clan, a la tribu familiar implicaba también un exacerbado dominio patriarcal, en donde el cabeza de familia disponía de mujer, hijos y bienes como si fueran absolutas propiedades suyas, un autoritarismo consentido religiosamente, aceptado socialmente y justificado ideológicamente. Así el Maestro también afirmaba que su familia no se encontraba en el clan, sino más bien en aquellos que cumplían la voluntad de Dios.

Por ello quizás la primer condición de peregrino a Su lado sea precisamente esa, la de romper alegremente con esos lazos que limitan a los afectos, y permitir que la familia sea una comunidad siempre creciente, ligada por lazos cordiales, de raigambre espiritual que se expresa en la fraternidad y la solidaridad en lo cotidiano.

Y la segunda condición es ponerse la propia cruz al hombro y seguir sus pasos. Nada fácil. Significa aceptar por amor ser maldecidos, injuriados, considerados criminales abyectos todo por fidelidad a la mejor de las Noticias. Es llevar en la mochila todo aquello que no quisiéramos ser y nos doblega y nos trampea el paso, y a pesar de todo ello, seguir.

Tenemos un destino de resurrección, de vida plena, de hacedores de paz, de felicidad.
Esas son nuestras condiciones de peregrinos, de paso por estos arrabales)

Paz y Bien

De cuando es Dios el que invita


Para el día de hoy (06/11/12):  
Evangelio según San Lucas 14, 1a. 15-24

(Las parábolas de Jesús son mucho más que una herramienta pedagógica: a través de ellas el Maestro nos oriente la mirada y nos abre las puertas a otra realidad mucho más profunda, la del Reino.

Por esas señales nos vamos dando cuenta de que el Reino es sueño de Dios de fiesta y plenitud, de felicidad perpetua para todas sus hijas e hijos, mucho más que un dominio convencional, que el reinado organizado a partir de jerarquías predeterminadas en donde algunos son -aparentemente- más importantes que otros.
En esta ilógica, los verdaderamente importantes son los pequeños, y la corte se compone de humildes y sencillos amigos que sólo saben de servicio.

Por ello mismo, aquellos que se presuponían con derechos de primacía, por pertenencia y méritos del Reino, descubren que no es así.
El Dios que revela Jesús de Nazareth es, en cierto modo, un Dios injusto de acuerdo a nuestras categorías, porque no es un juez imparcial: antes bien, es un Dios que se muestra abiertamente del lado de los que no cuentan, de los olvidados, de los excluidos, de los enfermos, de todos aquellos que solemos execrar en base a nuestras pretendidas normas de pureza y preceptos de pertenencia.

Quizás la Evangelización -mandato y misión- sea, ante todo, salir a los caminos a invitar a la mesa inmensa de Dios a aquellos a los que nadie invita, reunir a los dispersos, convocar a los perdidos y ponerse a servir con alegría a todos esos invitados asombrosos, porque es el mismo Dios de la Vida el que invita)

Paz y Bien


De la mesa de los pares al banquete de los hermanos


Para el día de hoy (05/11/12):  
Evangelio según San Lucas 14, 1. 12-14

(Tanto en los tiempos de la predicación de Jesús como en nuestros tiempos, hay dos modelos de mesas enfrentadas.

De un lado encontramos la mesa de los pares, la mesa que reune a los iguales, a los de una misma categoría y rango jerárquico, mesa de gente como uno en donde los distintos, los ajenos y los extranjeros no tienen lugar. Es la mesa de los que ansían reunirse junto a los que piensan y actúan como ellos.

Del otro lado, el banquete escandaloso de Jesús de Nazareth, ágape asombroso de Abbá Padre Dios, la mesa inmensa que congrega a hijas e hijos con mantel fraterno, espacio de encuentro de los dispersos, punto de encuentro preferencial para los excluidos, señal de auxilio para los resignados, desafío pleno de bondad que invita a aquellos a quien nadie convida.

Este banquete estará siempre iluminado con los destellos de la cruz como despojo porque es amor mayor, y será la puerta estrecha de acceso a la felicidad.

El Reino acontece y se decide cuando más y más hermanos y hermanas se suman a la mesa de la fraternidad)

Paz y Bien

Por los alrededores del Reino


Para el día de hoy (04/11/12):  
Evangelio según San Marcos 12, 28b-34
(Ante todo, hay que tener en cuenta quienes eran los escribas en los tiempos de la predicación de Jesús: eran en su mayoría laicos -preponderantemente fariseos- estudiosos y exégetas de la Ley de Moisés, es decir, expertos ortodoxos en la interpretación de la Ley y las Escrituras. 
De esa ley, llegan a contabilizar 613 preceptos o mandamientos, 248 prescripciones de carácter positivo -248 huesos del cuerpo-, y 365 prescripciones de carácter negativo -365 días del año-. Los escribas podían señalar una diferencia en mayor o menor importancia -leves o graves- en dichos mandamientos, de ningún modo podían justificar una exención pues todos ellos eran de estricto cumplimiento efectivo.

Por ello mismo, la pregunta del escriba -¿cual es el primero de los mandamientos?- es más que razonable, y a través de todo el Evangelio para el día de hoy podemos intuir un corazón sincero y abierto a la verdad en ese escriba.

Pero también es menester señalar algo crucial: la pregunta del escriba se refiere a un orden prioritario, es decir, cómo ordenar los mandamientos de mayor a menor. Sin embargo, la respuesta del Maestro corre por otro cauce: Él expresará que hay un sólo mandamiento importante con dos facetas, un mandamiento que es mucho más que un reglamento, un mandamiento que abarca la totalidad de la existencia y del universo.

Porque el amor al prójimo es la consecuencia directa de ese amor primero y entrañable del Dios de la Vida, un Dios que nos amó primero.

Y lo primordial es que no se ama en abstracto: el prójimo es concreto y real, un rostro definido, un nombre reconocible, aquellos a quienes nos aproximamos/aprojimamos.
Esta es la distancia que hemos de salvar, como expresión concreta del Reino de Abbá Padre de Jesús y Padre Nuestro.

Para la ideología y la religiosidad imperante en aquel entonces, el rótulo de prójimo estaba limitado al pueblo de Israel y a unos pocos casos más, todos ellos relacionados a la pertenencia religiosa y nacional. El prójimo jamás podía ser un extranjero o un enemigo.
Por eso el escriba, este escriba de corazón sincero, debe aún realizar su propio éxodo.
Su teoría es buena y certera, pero aún debe dar ese paso decisivo de salir al encuentro del otro, de hacerse prójimo. Por ello mismo se encuentra en los alrededores, por eso está cerca del Reino pero aún no ha llegado.

El Reino acontece cuando nos acercamos al hermano, desde ese amor que Dios nos tiene y por el que el tiempo se ha vuelto santo desde su Encarnación, Dios con nosotros, Dios por nosotros, Dios en nosotros)

Paz y Bien


 

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