Cuestiones de confianza


Para el día de hoy (30/06/12):

Evangelio según San Mateo 8, 5-17

(En la Palabra para el día de hoy hay un signo profundo, tanto para los tiempos de la predicación del Maestro como para nuestro presente tan lejano. Esa señal comienza por el status del centurión: era un oficial del ejército imperial romano, de ese Imperio que mancillaba y oprimía la Tierra Santa de Israel por la fuerza, un soldado que, además, era extranjero y cultor de dioses extraños y variados.
Nadie más ajeno para recibir bendiciones o bondades de parte de Dios y a través de ese Mesías que enseñaba cosas tan extrañas como llamar Abbá! al Dios del universo.

En mentalidades mezquinas y almas cerradas, a este hombre no debería ni escuchárselo -de igual a igual-, ni tampoco dirigírsele la palabra. Y no se trata de razones de pureza dogmática farisea; nosotros también solemos hacer lo mismo con muchos a los que consideramos réprobos, indignos, precondenados o, simplemente, no cristianos.
El centurión reconoce su situación y condición, no quiere dar un paso más allá. El sufrimiento de su sirviente se le hace propio, y pone esa angustia y esa necesidad en las manos de Jesús, y su súplica es un salmo magnífico de confianza y abandono. Él ora mejor que los hijos de Israel y que muchos de nosotros.

Y Jesús de Nazareth nos revela el rostro bondadoso y compasivo de ese Dios Abbá que nunca nos abandona. Por eso quiere Él mismo ir a sanar al enfermo, y es símbolo y signo del Padre que continuamente interviene en la historia a favor de la humanidad.
Y el enfermo sanará por la acción de Dios, pero también por la fé del soldado, una fé que conmueve las entrañas de misericordia de ese Cristo tan nuestro, tan cercano.

Así también la suegra de Pedro: la sanación, la liberación de cualquier cadena postrante es eficaz y produce un efecto asombrosamente inverso. Quien no podía moverse, ahopra agradece en silencio y sirviendo a los demás, diaconía santa que no reconoce géneros y que hemos olvidado.

Todo se resuelve y decide en la confianza.
Porque la fé no es la aceptación de doctrinas, ni la pertenencia religiosa, sino más bien y ante todo confiar en Alguien.)

Paz y Bien

De palabra y roca


Para el día de hoy (29/06/12):

Evangelio según San Mateo 16, 13-19

(Términos y palabras con las que los demás nos designan son cruciales a la hora de conocernos y de reconocer al otro.

Esas designaciones, inevitablemente, nos comprometen. Nadie está exento, y no hay términos inocuos: si reconociéramos lo fundamental de la Palabra y de las palabras, descubriríamos que en cada cosa que decimos, en cada cosa que escribimos y en todo lo que callamos nos jugamos las vida, porque allí se decide nuestra existencia.

Así como las gentes de aquel entonces, nombramos y reconocemos a Jesús de Nazareth como un profeta, como un personaje clave de la historia, como un revolucionario, como un Dios inaccesible, o bien atrevernos como Pedro a nombrarlo Hijo de Dios vivo.

No es una definición neutra, es raigal, y a partir de allí se edifica esta comunidad familia que llamamos Iglesia, con un Pedro que ansiamos confiese a ese Cristo servidor de todos, compañero de camino, que regala salvación y liberación universales.)

Paz y Bien


Construyéndonos

Para el día de hoy (28/06/12):

Evangelio según San Mateo 7, 21-29

(La existencia, esta vida tan corta que somos, es don que se nos regala por pura bondad. Y en ese misterio insondable, sobreabunda la confianza: todo está por hacerse, el Creador ha puesto en nuestras mínimas manos la posibilidad de hacernos, de edificarnos, de construirnos, con una fé que no se condice con la que solemos depositar en Él.
Él tiene una infinita fé en todos y cada uno de nosotros, a pesar de lo que somos y con su mirada lejana en lo que podemos llegar a ser.

Sin embargo, habitualmente no tenemos los pies en la tierra y nuestros ojos se orientan hacia los cielos falaces de la soberbia y el egoísmo.

El problema está en nuestros cimientos, pues como los árboles, nuestra permanencia y nuestra frondosidad dependerán siempre de nuestras raíces.

Cimientos arenosos de la pura exterioridad, que ante cualquier brisa de verdad se caen sin aviso previo.
Cimientos frágiles del culto carente de corazón, de liturgias acotadas al templo, de la negación constante del hermano, del olvido del socorro y la compasión.
Cimientos vanos de la declamación antes que de la proclamación, esas bases torpes en las que suponemos que por pertenencia confesional o por acumulación de prácticas piadosas somos mejores que otros, y descollamos en santidad y salvación.
Cimientos falaces de una espiritualidad vacía que no se expresa en la vida cotidiana en hechos y gestos concretos.

Las palabras del Maestro son de invitación y advertencia: esto que somos no puede desperdiciarse, y no debemos seguir engañándonos.
Quizás sea mejor aceptarnos como ranchos humildes o chozas insignificantes a las que temporales ni catástrofes puedan derribar, hogares pobres en donde siempre haya un plato para el hambriento, una silla para el caminante, calidez en medio de estos fríos de soledad.

Sólo desde la Palabra que se hace carne, sólo desde la Buena Noticia vivida en cada latido, sólo desde el Reino que se edifica en el aquí y el ahora en cada gesto de bondad, en cada acto de justicia, en cada signo de compasión nos mantendremos firmes.

Hemos sido infinitamente benditos, y tal vez nos falte darnos cuenta que nos tenemos que hacer bendición para el hermano)

Paz y Bien


Lobos maquillados

Para el día de hoy (27/06/12):

Evangelio según San Mateo 7, 15-20

(Los conocemos, y el corazón se nos quiebra. Están entre nosotros, con vestidos proféticos y maquillajes de santidades falseadas, mansas ovejas aparentes.

Son los que han vulnerado sin piedad a niños, quebrantando la sacralidad de la infancia y escondiéndose impunemente.

Son los rechazan en sus actos al poder como servicio, los que se creen ubicados en varios estratos por sobre los demás en jerarquías ajenas a la Buena Noticia.

Son los defensores al ultranza del status quo, profetas de la resignación a la miseria.

Son los que excluyen a hermanas y hermanos en nombre de sabihondas y estrictas reglas de pertenencia, al igual que sus predecesores fariseos de los tiempos del Maestro, los que expulsan a divorciados, a homosexuales, a enfermos, a discapaces, a los pobres y pequeños.

Son los que aprueban cualquier violencia en nombre de guerras santas, bendiciendo espadas y balas.

Son los que declaman repudios hacia las crueldades del mercado y las finanzas, y sin embargo en su voracidad son los primeros en contar y cuidar sus billetes.

Son los que viven hablando de un dios que castiga -eficaz juez, jurado y verdugo-, los que olvidaron al Dios Abbá que perdona y abraza.

Son los que trafican corazones, defendiendo la compraventa de piedad como solución para algunos problemas actuales, y que a la vez establecen un cielo postrero, una eternidad post mortem, y nó un Reino que se nos crece aquí y ahora.

Debemos andar con cuidado, por esos lobos y por no convertirnos a nuestra vez en lobos de nuestros hermanos.

Sin embargo, el Espíritu de Aquél que nos ama para siempre y sin condiciones, continúa soplando y generando vida en los lugares más insospechados.

Basta mirar y ver con otra mirada, y nos reencontraremos son mujeres y hombres en apariencia invisibles que aún así están allí, signos vivos y latientes de que todo no se ha perdido, hijas e hijos luminosos de ese Dios que no nos abandona, fértiles en la compasión, pródigos en la escucha, veloces en el socorro, increíbles en la abundancia de su compasión que hacen que esta vida merezca ser vivida a pleno, ovejas mansas que son la sonrisa diaria del Dios del universo para con cada uno de nosotros)

Paz y Bien

Puertas y puerta


Para el día de hoy (26/06/12):

Evangelio según San Mateo 7, 6.12-14

(Hay muchas puertas que poseen diversos tamaños, formas y accesibilidad.
Hay puertas que llevan a la desmemoria, al olvido de nuestro origen primero, al olvido del hermano.

Puertas de ostentosa apariencia, enormes, para que ingresen por ellas masas de individuos en marcha hacia su disolución, al falso dios del mercado y el dinero, hacia el cielo torpe de la comodidad y el desentendimiento de todo lo que no sea el ego.

Puertas de acceso a suntuosos templos en donde se cumple con estricta puntillosidad un culto vacío de alma, una liturgia carente de corazón en donde sólo hay asistentes y no hermanos.

Puertas que son de ingreso pero jamás de salida, puertas amplias para llegar a la falacia del éxito, a un dios inaccesible, a un cielo postrero a la muerte.

Sin embargo, a pesar de todas estas puertas ampulosas y anchas, hay otra puerta, estrecha y firme.
Es la puerta de la cruz de Jesús de Nazareth, un Dios que ha querido acampar entre nosotros, en el campo yerto de nuestras miserias, un Dios que se hace hombre y hombre pobre y humilde.
Por esa puerta estrecha se accede a la vida plena que es solidaridad, compasión, misericordia, socorro y justicia, es la puerta de los pobres, la puerta de los oprimidos, la puerta de los pequeños, la puerta de nuestro hermano y Señor)

Paz y Bien



Jueces erróneos

Para el día de hoy (25/06/12):

Evangelio según San Mateo 7, 1-5

(Vivir la Buena Noticia no admite tibiezas ni términos medios. Es lo totalmente distinto a lo que presuponemos y a los esquemas que nos establecemos, una propuesta y exigencia de radicalidad de vida, una transformación total de la existencia.

Sin embargo, el Maestro hoy nos plantea mirar desde otra luz el centro de nuestra propia existencia, el saber qué somos y cómo somos con nosotros mismos y con los demás.
Es que -lo sabemos aunque no lo admitamos- nos resulta muy conveniente volvernos jueces y fiscales de los demás, señaladores consecuentes de faltas y pecados ajenos. En cierto modo, en los altares de nuestros egos sacrificamos al prójimo, porque prevalece nuestro interés como único y valedero.

Quizás, se trata una ruptura de la fraternidad; cuando juzgamos al otro -por buenas que aparezcan las razones que nos motiven a ello- ese otro deja de ser hermano, y renegamos como hija o hijo de Dios. Nos ponemos en un escalón jerárquico superior, y en realidad no vemos al otro tal cual es, sino a través del cristal empañado de nuestros ojos escasos.

Aún no tenemos la mirada de Jesús de Nazareth, que vé y mira a todos como hermanas y hermanos, todos hijos del mismo Padre, así hayan cometido acciones abyectas, la misma mirada bondadosa que mira la realidad presente e imagina la posibilidad de lo que podemos llegar a ser)

Paz y Bien

Del silencio al júbilo

Nacimiento de San Juan Bautista

Para el día de hoy (24/06/12):

Evangelio según San Lucas 1, 57-66.80

(El viejo sacerdote Zacarías había quedado mudo desde que el Mensajero lo había notificado de la increíble noticia: aunque ya estaba para abuelo, iba a ser padre por la asombrosa bondad de Dios, un Dios al que intuían misericordioso, pero al que le tenían demasiado temor en las venganzas y castigos que le atribuía la enseñanza a través de los siglos.

Por eso a veces es preferible llamarse a silencio, en esos momentos en que las cosas nos desbordan, en que se rompen los moldes que nos hemos impuesto. Es menester callar todo el tiempo que fuera necesario hasta que nos nazcan cosas nuevas, hasta que el corazón esté dispuesto a dejar asomarse vida nueva, aún cuando todo diga que nó, aún cuando lo que nos circunda tenga la apariencia de lo definitivo.

Otro talante era el de su esposa Isabel. Ella también se aproximaba a la vejez, antes que a la frescura de la maternidad. Pero un niño se le crecía en su seno, y pareja le crecía la paz y la alegría; es una mujer plena, que caminado toda una vida y que se siente completa pues vá a ser madre.

Hay que imaginarse tiempo y lugar: aldea montañosa, pueblo pequeño de vecinos cercanos en donde todo se comparte, tristezas y alegrías. Se vive, se crece y se muere junto a los vecinos -éstos son también familia-, con sus idas y vueltas como todos.
Por eso mismo, y luego de celebrar ese parto maravilloso, intervienen con fervor en una cuestión tan fundamental como la de dar un nombre al niño que ha bendecido sus vidas. No es una cuestión idílica, claro está -no tienen derecho a terciar en algo tan importante como ello- pero quienes conocemos la frialdad y la soledad de las grandes ciudades añoramos a esos pueblos en donde cada vecino es un tío, un abuelo, un primo, familia que se agranda en el compartir cotidiano.

Es hora de elegir un nombre, y es un momento clave. Quizás en estos torpes tiempos posmodernos nos hemos vuelto demasiado esclavos de modas y costumbres, y olvidamos que un nombre tiene mucho que ver con lo que será esa pequeña persona que estamos nombrando como padres; un nombre es raíz de identidad y destino.
Es claro que las costumbres son gravosas, a veces en demasía; en aquel entonces, lo usual era bautizar -en la circuncisión de los hijos de Israel- a un niño con el nombre de su padre, de su abuelo o de algún ascendiente varón por línea paterna.

Isabel y Zacarías quiebran la tradición, porque el hijo que les nace -y que como todo hijo es una bendición inexpresable- marca un punto de inflexión en la historia de Israel y en toda la historia humana. Es un niño amado por sus padres y festejado por esa pequeña comunidad de las montañas de Judá, y ha de llamarse Juan, y en ello se empecinan sus padres ante el asombro de parientes y vecinos.
Zacarías tenía un nombre magnífico: su significado, desde el arameo antiguo, es Dios Recuerda. Es que ellos saben que Dios jamás olvida, y la prueba está en ese parto milagroso.

Este hijo no puede llamarse igual que su padre. Dios Recuerda y cumple todas sus promesas, y cuando interviene en la vida cotidiana acontecen cosas maravillosas.
Por eso el niño ha de llamarse Juan, que significa Dios es Misericordia.

Y es esa Misericordia la que le dá color y perfume a este tiempo nuevo.
Zacarías ha madurado en esta bondad -siempre se puede crecer, siempre- y es preciso que regrese desde el silencio. La alegría jamás debe callarse, la alegría se comparte, y por ello el rejuvenecido sacerdote brota en júbilo junto a su esposa y al niño que tanta vida les ha sumado.

Nosotros -vecinos de la Gracia-, también hemos de asombrarnos, frente a tantas cosas que soslayamos por la burda rutina, y que son milagros y signos de un Dios que no nos abandona jamás, la vida que nos nace a diario, la bendición inconmensurable de los niños, en donde no hay propios y ajenos.
Todos los niños son bendición, y todos los niños son, en estos tiempos de Dios con nosotros, hijos de todos.
Nos queda saber si nos animamos a salir del silencio, sabedores de que el júbilo de estar vivos y plenos está presente, aquí y ahora)

Paz y Bien



Un dios cruel

Para el día de hoy (23/06/12):

Evangelio según San Mateo 6, 24-34

(El dios Dinero es un dios cruel; es un dios de unos pocos defensores acérrimos del egoísmo, es un generador constante de esclavos, pródigo en miseria, dios de rictus severo que esparce la continua maldición de la pobreza que se impone, del desempleo que se justifica, de los salarios que son afrentas. Es el dios del poder, la opulencia, de la violencia y las guerras.

Tiene una liturgia propia que se expresa en el culto inmanente del Mercado, en la curia de las finanzas, en las súplicas por el tener antes que por el ser.

También es un dios voraz, insaciable de sacrificios humanos: en el ara sacralizada y ubicua de bancos y bolsas se sacrifica al prójimo.
Es un dios que no admite fraternidad porque porque unos pocos son más importantes que muchos otros, es un dios que detesta la generosidad porque a todo le pone un precio, es un dios de imposiciones ostentosas, de palacios fríos e inaccesibles, de perpetuas y malas novedades.

Ese dios no es el Dios Padre y Madre, Abbá de Jesús de Nazareth.

Creemos en ese Dios que es bendición universal, agua fresca para malos y buenos, Dios de la alegría y la liberación, Dios que aborrece la opresión y ansía rescatar a oprimidos y a opresores con su misericordia y su perdón.

Es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, Dios que sólo vé hijas e hijos, Dios capaz de morir antes que ir tras cualquier violencia, el Dios que nos hace hermanos, el Dios que se hace uno de nosotros, el Dios que es abrazo, sonrisa, auxilio, escucha y mano franca siempre abierta.

Es un Dios que se identifica abiertamente con los más pobres, y cuyo rostro resplandece en los más pequeños, en los que no cuentan, en los que habitualmente son dejados de lado.

Es el Dios que reconoce como culto verdadero la misericordia y la compasión, la liturgia del socorro a los indefensos y caídos, el Dios bondadoso de los samaritanos, el Dios que no excluye, el Dios que congrega a los hermanos, el Dios de la generosidad y el desinterés, el Dios del pan compartido y abundante y la mesa grande con lugar para todos. Su único interés es el bien del otro, sin límites ni condiciones.

Es el Dios que acerca y se acerca, el Dios que edifica con el hombre porque Él mismo se hace hombre, el Dios que teje en la historia la eternidad para que todos vivamos para siempre, el Dios de la felicidad y el consuelo, el Dios de Jesucristo, nuestro Dios)

Paz y Bien



Con mirada nueva

Para el día de hoy (22/06/12):

Evangelio según San Mateo 6, 19-23

(Mucho más allá de un hecho biológico, el Maestro nos vuelve a decir desde ese monte de las Bienaventuranzas que debemos transformar nuestros ojos y andar con mirada nueva.

Ello supone recuperar la capacidad de mirar y ver lo que es verdaderamente valioso, lo que permanece y no perece, lo que nos hace plenos, lo que determina nuestra felicidad. Y siempre es en clave comunitaria.

En la santa ilógica del Reino, se trata de dejar de ser esclavos de las cosas, de declarar mansa batalla a los requerimientos de nuestro egoísmo, de asumir la pobreza del hermano para hacernos ricos en solidaridad y misericordia, de acumular esa compasión que nos identifica como hijas e hijos del Dios Abbá de Jesús de Nazareth.

Sólo desde una mirada nueva es posible volverse verdaderamente poderosos en nuestras pobrezas y miserias, capitalistas del socorro y la fraternidad, acopiadores de generosidad hacia el hermano, con robustas cuentas en las que sólo puede encontrarse el paso santo del amor, que es Dios mismo)

Paz y Bien

La oración de los atrevidos

Para el día de hoy (21/06/12):

Evangelio según San Mateo 6, 7-15

(Las hijas y los hijos de Dios son, sin lugar a dudas, unos atrevidos.
Han descubierto a través de Jesús de Nazareth que Dios es ¡Abbá!, Padre, y como tal lo llaman, lo reconocen, a Él claman desde su identidad común.
Ese Dios al que rezan es de todos.

Saben que ese Dios es infinito, inasible, inexplicable. Sin embargo lo saben también cerca, muy cerca, tan cerca que se reconocen habitados por Él en las profundidades de sus corazones.
Le ruegan que reine aquí y ahora entre ellos, del mismo modo que es soberano del universo, un rey extraño con corona de amores y corte de pequeños y pobres. Por ello también suplican que se haga su voluntad, porque ese nazareno carpintero les enseñó que el mayor sueño y todas las ansias de Abbá están allí en la plenitud y felicidad de todas sus hijas e hijos.

No cesan en su atrevimiento: saben también que la causa de Dios es la causa de sus hermanos, y para sus hermanos y por sus hermanos suplican a ese Padre que no les falte el sustento, ni el pan de la Palabra, que llueva el perdón y la reconciliación que sana toda herida, que no los deje caer en la tentación del egoísmo o de cualquier individualismo contrario a la fraternidad, y que los libre con Sus manos bondadosas de todo el mal que los aqueja.

Quiera ese Dios asombroso que nosotros nos volvamos nuevos en esa confianza, y así de atrevidos)

Paz y Bien

Interposiciones y transparencias

Para el día de hoy (20/06/12):

Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18

(Dentro del universo de nuestras mezquinas preocupaciones, sin duda ocupa uno de los lugares preferenciales aquella que pretende, por un lado, obtener favores divinos como contraprestación a nuestra acumulación de actos piadosos o de culto, y por otro, esas ganas de mostrarnos y demostrar nuestra pertenencia y nuestra fé con fuerza y orgullo.

En cierto modo, es la expresión de una espiritualidad del éxito, del trueque cordial, como si comportándonos de un modo determinado y preestablecido lograremos -por ello mismo- recompensas visibles y distribuibles en el aquí y el ahora, un dios con minúsculas manipulable por la cuantificación de nuestras oraciones repetidas, de nuestros cultos ampulosos, de promesas a veces harto banales.
Todo esto tiene poco o nada que ver con el Dios Abbá de Jesús de nazareth, el Dios de toda Gracia y bondad que hace llover su amor sobre buenos y malos sin límites ni condiciones.

Más aún: estamos bien pagos con la vida que se nos ha regalado, una vida definitiva pagada al precio más alto, el sacrificio inmenso de Aquél que nunca nos abandonará.

Pero es claro que todos -grandes y pequeños, fuertes y débiles- somos frágiles y mínimos, y nuestras existencias se sustentan en la Misericordia, y son imprescindibles la oración, el ayuno y la limosna, es decir, el diálogo afectuoso con ese Dios Padre y Madre que nos cuida y quiere, el despojarnos de todo lo posible para que sólo nos habite Él y en dar y darnos para que un hermano sobreviva y se encamine a una vida plena e íntegra.

Por ser un tiempo de Buenas Noticias -año infinito de Gracia y Misericordia-, no podemos seguir cometiendo el grave error de sustituir al discípulo por el Maestro.
Tenemos un mandato de transparencia que tiene sus raíces en la pobreza y la humildad del más humano de todos, Jesús el Cristo, nuestro hermano y Señor.
Por ello su llamada e insistencia a lo oculto, al anonimato, a no interponer nuestras opacidades entre los que deambulan en tinieblas y la Luz de la Vida que se dispensa con asombrosa generosidad para todas las gentes.

Quizás eso que entendemos por santidad sea el volvernos cada día más y más transparentes e invisibles, para que sólo resplandezca el rostro bondadoso y el amor de Dios)

Paz y Bien

La humanidad de Dios


Para el día de hoy (19/06/12):

Evangelio según San Mateo 5, 43-48

(El planteo del Maestro puede resultar muy atractivo en el plano emocional o, quizás, romántico. Pero siendo sinceros, no mucho más de allí, pues en la realidad cotidiana se nos vuelve desproporcionado, exagerado, lejanamente utópico.

Sin embargo, eso sucede porque todo lo medimos con el prisma de nuestras escasos ojos: nuestra mirada no es la de Dios. Porque el Maestro nos impulsa a abandonar todo aquello que nos deshumaniza y separa, las actitudes consideradas normales de reacción frente a cualquier tipo de violencia, violencia que puede ser física, verbal, psicológica, social, económica.

La esencia misma del Dios Abbá de Jesús de Nazareth es el amor, un amor infinito e incondicional para con toda la creación, inclusive para con aquellos capaces de los horrores más abyectos, de las aberraciones que nos ensombrecen como personas. Aún con todas nuestras miserias, a pesar de todos los quebrantos, Dios nos sigue amando a todos, a los que consideramos como propios y a aquellos que señalamos como ajenos.
Porque los que dividimos y excluimos somos nosotros.

Jesús de Nazareth expresa y revela la profundísima humanidad del Dios del universo, un Dios que se hace hombre para que el hombre se divinice, para que la eternidad florezca en el aquí y el ahora, para que nos reencontremos con Él en el otro, para que edifiquemos la fraternidad haciéndonos prójimo, para que todos y cada uno de nosotros nos hagamos bendición)

Paz y Bien


La otra justicia, la misericordia

Para el día de hoy (18/06/12):

Evangelio según San Mateo 5, 38-42

(La llamada Ley del Talión no debería sorprendernos ni espantarnos: se trata de establecer principios jurídicos de retribución y morigerar las acciones de venganza, estableciendo cierto grado de proporcionalidad punitiva frente a un crimen padecido. Es decir, no está demasiado lejos de ese concepto de -a cada uno lo suyo-, principio utópico porque bien sabemos a través de la historia que la ley es a menudo manipulada en favor propio por los poderosos.

Israel tampoco ha sido ajeno a estas cuestiones: en el libro del Éxodo, aquellos tiempos de crisol de tribus de esclavos en pueblo, se establece con rotunda claridad ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pié por pié, quemadura por quemadura. A pesar de ciertos escozores que puede producirnos dicha afirmación, fija un equilibrio exacto en nuestras balanzas. Ello no está muy lejos de afirmar que, frente a delitos específicos, se corresponda equis cantidad de años de privación de la libertad en regímenes carcelarios de menor a mayor severidad, llegando en algunas sociedades a determinarse que cuando ocurra la comisión de delitos aberrantes, el sistema judicial pueda quitar la vida del ofensor.

Sin embargo, son los tiempos de la Gracia, del ir más allá de lo aparente, del destierro de toda violencia, por justificada que se aparezca.
La enseñanza de Jesús de Nazareth no es fácil ni agradable a nuestros oídos; más aún, podríamos llegar a argüir que es una propuesta socialmente poco eficaz, y volvemos a caer en una fé limitada a ciertas emociones, creencias vividas solamente templo adentro.

Contra nuestros supuestos de justicia y de proporcionalidad, el Maestro declara e inaugura los tiempos de la asombrosa desproporcionalidad e ilógica de la Gracia.
El perdón, aunque nos resulte gravoso, es el único modo de sanar toda herida, de hacernos prójimo y hermano, aún cuando el otro desee solamente nuestro mal.

Él mismo lo expresó y refrendó con su propia vida, porque más allá de nuestras limitadas especulaciones, la justicia de Dios es la maravillosa e increíble Misericordia)

Paz y Bien

Creciendo en silencio y humildad


Para el día de hoy (17/06/12):

Evangelio según San Marcos 4, 26-34

(En los tiempos de la predicación del Maestro sus oyentes habituales eran, principalmente, campesinos y pescadores de la Palestina del siglo I.
Él les hablaba en términos que eran parte de su cotidianeidad como la sal necesaria, las lámparas en la noche, tesoros en el campo, redes y peces, vides y sarmientos, ovejas y rebaños, semillas y germinación para anunciar la Buena Noticia del Reino de Abbá su Padre.

En algún punto nos extraviamos, pues profundidad no es sinónimo de complejidad, y porque solemos hablar con términos habitualmente ajenos a la mujer y al hombre de hoy en día, y el Maestro se preocupaba especialmente de ello. Hemos de volver a la sencillez y, con confianza, volver a anunciar la mejor de las noticias en el mismo idioma y con los signos de las culturas contemporáneas, y sin miedo a vulnerar este mensaje que anunciamos. Hay que tener fé en la fuerza de la Palabra, en la contundencia de esa mínima semilla que tiene vida propia, y que las cosas que hace crecer dependen de la nobleza y las virtudes que lleva escondida más que de nuestros esfuerzos y planes.

Así tallos, espigas y granos de mostaza no son solamente etapas a cumplir, sino certezas magníficas de nuestra esperanza en cosechas abundantes, y en que nada ni nadie puede detener a ese Reino que se nos asoma tan vulnerable y humilde, pequeñísimo y silencioso, tan distinto a nuestras ansias de acciones ostentosas y espectaculares.

Más aún: ese Reino de vida plena y eterna crece incluso por fuera de los mismos esfuerzos de esta comunidad que llamamos Iglesia. Tiene un empuje insospechado, que asombra y a menudo escandaliza, pues esa semilla ínfima esconde un destino cierto de árbol frondoso que cobije a todas las mujeres y hombres de corazón generoso y compasivo, hambrientos de toda justicia, sedientos de solidaridad, el árbol frondoso que es cuerpo de ese Cristo al que no ha doblegado ni el dolor de la cruz ni la misma muerte.

El Reino crece y crece a pesar de tantos campos yertos y de tantas malezas y cizañas que ensombrecen los brotes pequeños y firmes, y es don y es misterio de bondad de un Dios que nunca nos abandona)

Paz y Bien



Corazón de Madre, espejo de la Iglesia

Corazón Inmaculado de María

Para el día de hoy (16/06/12):

Evangelio según San Lucas 2, 41-51

(Son un matrimonio joven y pobre, judíos hasta la médula, judíos fieles, quizás el resto de Israel que permanece fiel al Dios de sus padres.
Según la tradición, realizan la peregrinación anual a Jerusalem para la fiesta de la Pascua, habitualmente dos días de estadía y varios de viaje desde la pequeña Nazareth; el Evangelista hace un pequeño distingo, y es que son ellos, José y María, los que deciden subir a la Ciudad Santa, no así su hijo, un Jesús adolescente que por ese tiempo -de acuerdo a los preceptos y a las costumbres- ingresaba ya a la edad adulta social y religiosa.
Por ese distingo, entrevemos una ruptura: ellos cumplen con la tradición establecida y regresan a su querencia, Él decide quedarse, es un hombre en ciernes que decide por sí mismo. Así como vá descubriendo su identidad plena, así también supone que no siempre las tradiciones son buenas y santas y tienden al bien.

Ese muchacho Jesús se rebela en Jerusalem y revela que habrá una Pascua distinta, la auténtica, la fiesta de liberación, regalo de Dios para su pueblo. Por ello mismo se quedará entre los doctores de la ley de ese templo enorme, oyendo lo que enseñaban y haciéndoles preguntas sentado en medio de ellos, no como un discípulo oyente pasivo sino más bien como un par, activo en las cosas que descubre de su Padre. Esos hombres se han apropiado de la Palabra de Dios, y el Espíritu lo empuja a poner en entredicho esa autoridad que ostentan, porque es una autoridad en beneficio propio, que golpea y excluye, un poder que se detenta en desmedro de tantos, una barrera para que el pueblo no acceda como hijas e hijos al Dios de la Vida.

El muchacho estará perdido para los suyos y será reencontrado luego de tres días, en anticipo santo de el desencuentro aparente de la muerte y el reencuentro feliz y asombroso de la Resurrección.

Habla María, y es menester prestarle atención.

Ella expresa su angustia y su desconcierto que son frutos del amor, y que van mucho más allá del reproche pues son fruto del amor. Es ante todo y por sobre todo una Madre dispuesta a lo increíble por el Hijo, por todos sus hijos, aún cuando ese hijo no se corresponda con sus expectativas, aún cuando en ese hijo se asome vuelo propio de alas distintas. Es un amor tenaz que nunca se disipa.

-Tu padre y yo te buscábamos angustiados- es nuestro signo cierto de que Dios es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, un Dios ansioso por que no se pierda ninguno de sus hijos e hijas.
María expresa con su fidelidad el rostro materno de Dios, y Ella es también espejo de esta familia que llamamos Iglesia, una Iglesia que cultiva en las honduras de su corazón la Palabra del Hijo aún cuando a menudo no la comprenda, dejando que le germine la vida en semilla, haciendo hogar cálido en su corazón y saliendo sin demoras ni vacilaciones en la búsqueda de los hijos extraviados.

En su corazón Inmaculado crecemos, en esa tierra fértil de su ternura se nos crece nuestra esperanza)

Paz y Bien





Corazón de cruz, sangre de hermano, agua de misericordia

Sagrado Corazón de Jesús

Para el día de hoy (15/06/12):

Evangelio según San Juan 19, 31-37

(Ellos estaban preocupados por cumplir con exactitud las normas de pureza legal a las que estaban subordinados. Con estas prisas, van donde el pretor romano a exigir que se quiebren las piernas de los condenados crucificados, pues la ejecución en la cruz significaba una abyección que profanaba la sacralidad del Shabbat.

Ellos ruegan favores al romano pagano y opresor de Israel, impuro como el que más, para ser precisos en el culto a su Dios.
Ellos piden que se quiebren las piernas de los condenados para que se acelere la muerte y se quiten esos cuerpos para poder realizar su celebración solemne.
Ellos quieren apurar la muerte para que ésos que aún están vivos no sean partícipes de la fiesta, en una lógica exacta de crueldad.
Ellos quieren celebrar, aún con esas muertes, la Pascua de sus antepasados, sin advertir que ha sido sustituida por la Pascua de Aquél que recién ha muerto, muerte en la que ellos han sido partícipes activos y necesarios. Parece que un crimen no los impurifica tanto como la transgresión de un precepto religioso.

El Evangelista Juan nos desliza ciertas palabras que, a simple vista, pueden sugerir un error de redacción o un acontecimiento literario fortuito. Pero nada sucede por casualidad: habla de cuerpos en plural, habla de cruz en singular.
Es la solidaridad perpetua del Dios de la Vida que asume en la cruz de su Hijo el dolor, la injusticia y los sufrimientos de todos los crucificados de la historia.
A partir de la crucifixión de Jesús de Nazareth, una sola cruz es la que porta todos esos cuerpos yertos.

Jesús ha muerto, pero es un muerto que molesta, un muerto gravoso de tanto odio que le tienen. No quebrarán sus piernas, significando que nadie le quita la vida, sino que Él la entrega total y voluntariamente.
Por eso deviene atrozmente inútil la lanzada del soldado imperial. Lo han escarnecido en las horas previas, lo han humillado, lo insultaron y sortearon sus vestiduras. En un odio mayúsculo, una lanza nada inocente atraviesa el costado de ese cuerpo muerto, como queriendo certificar una muerte total, un final definitivo.
Pero es tiempo de Gracia, y desde ese odio brota incontenible un amor aún más profundo.

Brota sangre que es signo cierto y símbolo del amor mayor, el Príncipe de la Paz, un hombre pobre y manso que entrega su vida, que se deja matar para que nadie más muera.
Brota agua que es el principio de la vida, agua de bautismo, de nuevo nacimiento, agua que purifica almas y existencias.
Sangre que es amor proclamado, agua que es amor que se comunica y transfiere sin límites ni condiciones.

La cruz redefine todo concepto que tengamos acerca del amor.
Por ello la cruz es expresión del amor infinito de Dios antes que consecuencia de la voluntad mortal de un odio implacable.
La cruz es consecuencia del corazón sagrado de Jesús de Nazareth que pasó haciendo el bien, Dios que se hace hermano del hombre, un Cristo ejecutado como el más abyecto de los criminales para que no haya más ejecutados, para que nadie más sufra, para que a nadie más se lo quebrante bajo ningún argumento por válido que fuera, para que impere por siempre la justicia de Dios que es la Misericordia que sostiene al universo)

Paz y Bien




De cuando Dios toma partido


Para el día de hoy (14/06/12):

Evangelio según San Mateo 5, 20-26

(Ya no estamos en el Sinaí de la Ley a cumplir.
Es el tiempo de la Gracia, y ahora estamos en el Monte de las Bienaventuranzas.
El amor estaba encerrado tras una nutrida maraña de normas y códigos, y el Maestro derriba estos muros que hemos establecido, para llegar a la plenitud, para edificar el Reino desde el aquí y el ahora.

Por ello es tiempo de desoír todo llamado del egoísmo, para redescubrir al tú, al otro, para hacerse prójimo, para que florezca el nosotros.

Dios toma partido por la fraternidad, se pone abiertamente del lado de los pequeños, de los olvidados, de los excluidos, de todo lo que se enraiza en el corazón.
Es un magnífico y asombroso desbalance de ese altar en el que presumimos nuestra justicia y desde donde propalamos equidades. Porque se vuelve primordial el cuidado del otro, el perdón y la reconciliación.
Para el Dios Abbá de Jesús de Nazareth el culto verdadero es el socorro y la compasión que se ejerce gratuitamente, sin condiciones.
Para el Dios Abbá de Jesús de Nazareth, la justicia es la Misericordia)

Paz y Bien

Relecturas

Para el día de hoy (13/06/12):

Evangelio según San Mateo 5, 17-19

(La literalidad aplicada a la interpretación de las Escrituras conduce, inevitablemente, a todo tipo de fundamentalismos exclusivistas que poco tienen que ver con la Buena Noticia.

Así conocemos esa actitud relatada por los Evangelistas respecto de los fariseos: su rigidez y puntillosidad en la observancia literal de normas y preceptos, aún cuando encuentren su raíz en la Palabra, es fuente de códigos de pureza que de un modo indefectible conducen a cargas imposibles de tolerar, a la fé para unos pocos, a la expulsión de muchos.
Por supuesto, esto no es ajeno ni pasado: con tristeza lo seguimos viendo y viviendo en muchos de nuestros hermanos -quizás en nosotros mismos- y como costumbre habitual en nuestra Iglesia.

Por ello mismo, cuando el Maestro habla de que no viene a abolir la Ley sino a darle pleno cumplimiento, hemos de hacer un alto, y dejarnos sorprender y asombrar.
¿Cómo puede ser que este galileo diga estas cosas, cuando quebrantaba el sábado, cuando compartía su mesa con aquellos a los que nadie invitaría, cuando se acercaba fraternalmente a gentes de dudosa moralidad?

La diferencia raigal está en que Jesús de Nazareth no se aferra al texto, a la Palabra escrita, sino que es infinitamente obediente en escucha amorosa del Espíritu que anima e inspira a la Palabra.

Así entonces Ley y profetas son colocadas en un mismo plano, es decir, que se releen proféticamente, de un modo joven, fresco y liberador, con la fuerza y los sueños de ese Dios que libera a sus hijas e hijos de la esclavitud egipcia para hacerlos pueblo, con la misma tenacidad de ese Dios que nos sigue liberando de cualquier opresión electa o impuesta para hacernos hermanos.

Nosotros, quizás, hemos cerrado nuestros párpados evitando tener esa misma mirada de nuestro hermano y Señor, Jesús de Nazareth, Cristo de Dios, y tal vez debamos emprender el éxodo de tanta oscuridad a la luz de la Palabra, para volvernos plenamente libres en la verdad del Espíritu que la inspira)

Paz y Bien


De sal y luz


Para el día de hoy (12/06/12):

Evangelio según San Mateo 5, 13-16

(Lo sabemos, lo confesamos y lo proclamamos: Jesús es la luz del mundo.
Pero asombrosamente Él nos dice que nosotros somos sal y luz, y es clave el tiempo verbal: no nos habla del deber ser, sino que nos planeta una realidad vigente en el aquí y el ahora.

Debemos situarnos en el momento en que Él lo señala: es en el momento inmediato a los signos del buen viaje, al sermón del Monte, a las Bienaventuranzas. Más aún, no son temas escindidos ni distintos, sino parte de un todo, la Buena Noticia de la felicidad.

Luz que ilumina tantas tinieblas implantadas, miseria obscena y exclusión cruelmente justificada, porque se refleja la bondad de Aquél que nos ama a todos sin límites ni condiciones.
Sal humilde y silenciosa que no se vé, pero que tiene la virtud de dar sabor y de preservar la vida de toda corrupción.

Seguramente conocemos muchos seres así, mujeres y hombres de sal y luz que, inclusive, trascienden las fronteras de esta familia que llamamos Iglesia.
Hombres y mujeres que resplandecen mansedumbre y esperanza para nuestras resignaciones y abandonos.
Mujeres y hombres salinos que hacen que esta vida merezca ser vivida, que nos dé gusto existir con ellos y para ellos y para los más pequeños)

Paz y Bien

Desde la montaña, bajo otro cielo

Para el día de hoy (11/06/12):

Evangelio según San Mateo 4, 25- 5,12

(Hay una geografía de la Salvación, plena de símbolos y significados. Es que Jesús de Nazareth anuncia la Buena Noticia del Reino desde la periferia de la religiosidad oficial y en los arrabales de todo poder, bajo un cielo distinto al de los maestros de la Ley y los fariseos, profesionales de la religión de todo tiempo.
Es la geografía de las almas -mapa de los corazones- en donde se proclama el Año de la Gracia y la Misericordia.

Las bienaventuranzas suelen presentarse desencarnadas, bellas palabras calmantes de cualquier inquietud, abstracciones piadosas para que nada cambie, para que todo siga igual.
Pero anuncian cielo y tierra nuevos, y son pronunciadas por un hombre pobre entre pobres, totalmente humano, tan humano que en sus gestos puede entreverse a Dios. Por ello las bienaventuranzas cobran verdadero y pleno significado desde el cielo de la cruz.

Por ello el Maestro nos vá descubriendo la urdimbre de la felicidad para toda la humanidad desde su humildad y su pobreza, palabras refrendadas con su vida.
Él conoce la existencia desde los pobres, desde los olvidados, desde los marginados y excluidos, desde los que sufren, y anuncia la mejor de las noticias, el sueño de Dios Abbá para todas sus hijas e hijos.

Buena ventura para los que se hacen pobres por sus hermanos sumidos en la miseria.
Buena ventura para los que lloran y para los que se hacen consuelo en el dolor.
Buena ventura para los que, con todo y a pesar de todo, reniegan de toda violencia y edifican la vida desde la mansedumbre.
Buena ventura para los que siembran y cultivan la paz desde la fraternidad.
Buena ventura para los hambrientos y sedientos de justicia, porque no es una utopía inalcanzable, porque la justicia es posible en el aquí y el ahora.
Buena ventura para los que respiran misericordia, porque saben que es la sonrisa de Dios que sostiene al universo.
Buena ventura para los que tienen un corazón puro y limpio de cualquier egoísmo, porque ellos ven a Dios en todas partes y especialmente en el rostro de sus hermanos más pequeños.
Buena ventura para los pacientes, para los que aman el trabajo y no creen en soluciones mágicas.
Buena ventura para los perseguidos, los humillados, los injuriados por atreverse a vivir a cada instante la Buena Noticia del Reino, porque se vuelven Cristos entre sus hermanos, soles en nuestras noches, señales ciertas de Dios con nosotros.)

Paz y Bien



Eucaristía fiesta viva, fiesta de la vida


Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo - Corpus Christi

Para el día de hoy (10/06/12):

Evangelio según San Marcos 14, 12-16. 22-26

(Es el primer día de la fiesta de los panes ázimos, panes sin levadura, Jag-Ha Matsot. Es memorial perpetuo de ese Hombre que estaba a punto de morir como un criminal, y a pesar de todo, celebra con sus amigos la Pascua, el paso liberador de Dios entre su pueblo para que no desfallezcan, para que se sostengan en la esperanza, para quedarse definitivamente aunque parezca que se vá para siempre.

El pan -matsot-, pan ázimo sin levadura, el pan más puro, ahora será presencia real de Aquél que nos ama hasta el fin y después también.
Presencia real no tanto por misteriosos procedimientos, sino por el amor que lo sustenta, por eso el Pan Santo es el pan que se parte y reparte, Cristo de pan ofrecido a todos sin exclusiones.
Seguirá siendo a través de los tiempos pan ázimos, pues los discípulos -vos y yo, tú y ella, todos nosotros- tienen por mandato y misión ser ellos mismos levadura en la masa, fundirse en humildad para que haya alimento para todos, hacerse pan ofrecido en gratuidad y alegría.

El vino es el mejor, el que viene de esos racimos unidos a la vid verdadera, el vino que pide María, el que no permite que la fiesta y la vida se apaguen, vino que vivifica, sangre que es vida total corriendo por venas y corazones.

Eucaristía significa literalmente acción de gracias, y toda gratitud se expresa con una sonrisa, con serena alegría. ¿Acaso nos alcanza esta escasa existencia para agradecer debidamente todo el bien que Dios ha sembrado en todos y cada uno de nosotros?
De seguro que nó, no basta ni bastará, por ello mismo nos juntamos a celebrar para agradecer, para festejar, para celebrar el estar vivos, para celebrar tanta vida que nos han dejado los que partieron, para disipar dolores porque sabemos que Él está presente allí mismo cuando nos reunimos en Su Nombre.

Es duramente triste que a esta fiesta falten tantos. Muchos por no saber, otros por falta de ánimos, otros por prohibición o rechazos tácitos o manifiestos.
Solemos quebrantar nuestras promesas, pero el Dios de la Vida jamás, alianza perpetua e indisoluble con la humanidad que jamás quedará librada a su suerte.

En la mesa grande de los pobres y pequeños, esos mismos que Él ama con amor entrañable, hay aún muchos lugares vacíos, sillas expectantes.
Han de llegar, sin dudas que sí, y hay que trabajar para ello haciéndonos como Él pan para los hermanos, compartiéndonos, volviéndonos brindis para los entristecidos, transformándonos en alimentos que haga replegarse a ese hambre que ofende.

La Eucaristía vuelve a comprometernos a la alegría y a la fraternidad, en compasión, en humildad y misericordia para brindar por la vida, milagro de cada despertar, don y misterio)

Paz y Bien


Las monedas santas del desafío

Para el día de hoy (09/06/12):

Evangelio según San Marcos 12, 38-44

(Cuando leemos la Palabra, cuando en verdad queremos que nos interpele y nos transforme, pueden sucedernos cosas maravillosas y sorprendentes. Es una disposición de escucha atenta, eso mismo que solemos malinterpretar como obediencia -que en su raíz latina significa precisamente ello, ob audire, escucha atenta-.

Lo que puede resultarnos de utilidad en estos menesteres es dejar volar nuestra imaginación y ubicarnos en el momento y lugar en el que Jesús enseñaba.

Estamos en el Templo de Jerusalem. Pertenecemos a un pueblo para el que esa construcción es mucho más que un sitio de culto: ese Templo enorme es el centro de nuestra fé, es el eje de nuestra identidad y pertenencia y hacia allí siempre volvemos y miramos porque allí se define todo lo que somos como nación.
Nos impresiona la magnificencia de la construcción, estamos preocupados por cumplir con los preceptos del culto, la multitud que vá y viene en afanes similares a los nuestros nos aturde. Y a aquellos que gustan de ser reconocidos por sus vestimentas deslumbrantes, por optar siempre por los primeros lugares, por volcar en las alcancías de la limosna importantes sumas de modo ostensible los vemos pero le restamos importancia. Nos hemos acostumbrado a ellos, son una parte habitual de nuestra vida religiosa e inferimos que está bien, que es normal y que son razonables sus actitudes porque constituyen también todo aquello que somos.

Allí mismo, en medio de tanta pompa y de esa multitud que desdibuja los rostros se encuentra una viuda pobre, triplemente condenada por ser mujer, por no tener nadie que la defienda y con el agravante de su pobreza. Es una nadie, es invisible, ella no cuenta y nadie la vé. Las dos leptas que arroja en las alcancías ni siquiera llegan a hacer un ruido menor que, aunque sea, nos haga desviar los ojos hacia el origen de ese sonido.

Sin embargo, el Maestro nos llama la atención tratando de encendernos la mirada.

Jesús de Nazareth es el que mejor conoce los corazones de las gentes, y es de todos nosotros el único capaz de ver más allá de lo evidente. Esa mujer ha puesto su subsistencia -ella misma- en donde verdaderamente cuenta, en manos de Aquél que hace valiosa y única la existencia, Aquél que debería ser el centro de nuestras esperanzas y nuestras expectativas.
Esas dos moneditas son santas, y son todo un desafío a un sistema que privilegia la exterioridad, las prebendas y jerarquías, que ignora y ningunea a los pequeños, que se ha vuelto incapaz de reconocer en donde está lo importante, lo que cuenta, lo que decide y que anticipa el sacrificio de Jesús en la cruz, dando todo de sí mismo sin reservarse nada, confiando en Aquél que es vida plena y que lo reafirmará para siempre en la Resurrección.

Quizás debamos volver a tener esa capacidad que perdimos de ver y mirar a los que nadie mira ni vé, a aquellos que son lo mejor que tenemos, aquellos que renuevan la esperanza en la justicia y edifican el Reino desde la humildad y el silencio, ofreciendo sus existencias para que otro sobreviva y viva, transformando las pequeñísimas moneditas de lo que son y somos en un tesoro incalculable porque destellan la luz de Aquél que renueva, recrea y derramas fortunas incontables de bondad y compasión en el tiempo nuevo de la Gracia y la Misericordia.

Quiera el Espíritu que nos volvamos así de desafiantes, tiernamente solidarios, humildemente cuestionadores, silenciosamente compasivos)

Paz y Bien


Esperanza mesiánica

Para el día de hoy (08/06/12):

Evangelio según San Marcos 12, 35-37

(A través de los siglos, el pueblo de Israel sufrió exilios, persecuciones, severas derrotas militares que condujeron a millares de personas a la diáspora y a la esclavitud, la destrucción de su Templo, la tierra santa hollada por huestes de ejércitos extranjeros.
Por ello mismo, las esperanzas en la llegada de un Mesías prometido por los profetas estaban no sólo justificadas, sino que se exacerbaban con el correr del tiempo. A la vez, ello conducía a los doctores de la Ley -intérpretes oficiales de las Escrituras- a lecturas equivocadas de la palabra acerca del Mesías prometido.

Esa exégesis errónea -que a su vez se trastocaba en propaganda política- tiene cierta secuencia lógica: sus interpretaciones de la Palabra de Dios estaban teñidas por sus ansiedades, al punto de relatar a un Mesías que estuviera de acuerdo a sus propias necesidades puntuales, personales o sectoriales.
Así, el Mesías de Israel sería hijo/descendiente del rey David, o sea, un Mesías vestido de realeza que conduciría al pueblo a una victoria por sobre sus enemigos.

Para los saduceos, sería un Mesías que ejercería el poder de un modo tan despótico como ellos mismos.
Para los fariseos, sería un Mesías sacerdotal que cumpliría a rajatabla los preceptos de la Ley, de un modo fanático y fundamentalista.
Para los zelotas, sería un Mesías guerrero que encabezaría la victoria contra el opresor romano por medio de la espada.
Para los pobres -los anawin de Yahveh- el Mesías será un Siervo de Dios anunciado por Isaías, tan pobre como ellos mismos que los liberaría de toda cautividad.

Jesús de Nazareth hace otra reflexión de las Escrituras para que sus oyentes se acerquen a la verdad. Él no se presenta abiertamente como Mesías, como Ungido, pero despeja esos errores que obnubilan la verdad.
Aún así, no deja de ser un hombre pobre, un humilde profeta galileo de tonada campesina que habla extrañamente de un Dios que es Padre, que es Amor, que es liberación de todas las opresiones. Y todo ello lo refrendará con el sacrificio inmenso de la cruz.

Es menester que el Maestro vuelva a interpelarnos, para barrernos todo aquello que nos conduce a buscar un Cristo conforme a nuestras necesidades, adaptable a nuestros esquemas, que nos resulte cómodo, teñido de ansiedades e ideologías, ajeno al Dios con nosotros, redentor de nuestras cadenas, compañero de nuestros caminos, hermano y amigo, un Salvador que hace plena nuestras existencias y nos convida a su mesa inmensa en alegría que no tiene fin)

Paz y Bien

Sábados distintos

Para el día de hoy (07/06/12):

Evangelio según San Marcos 12, 28-34

(El interrogante que le plantea el escriba al Maestro no era menor: la vida judía estaba regulada por 613 normas o mandamientos de estricto cumplimiento, 365 de ellos de carácter negativo-prohibitivo y 248 de carácter positivo. Por ello tanto rabinos como doctores de la Ley solían verse en situaciones complicadas en el esfuerzo de encontrar principios unificantes a la hora de enseñar y transmitir al pueblo este canon de normas que regulaban todos los aspectos, el social, el religioso, el político.

En general, muchos tomaron parte por absolutizar el sábado como expresión del Shema Israel -Escucha Israel, el Señor tu Dios es único-. Así, se llegaba a límites absurdos y opresivos, y hasta el no cumplimiento de este mandato sabatino acarreaba serios problemas; por ello Jesús de Nazareth, al subordinar el Sabbath al bien y a las necesidades humanas, será considerado blasfemo y así excomulgado de la sinagoga, espacio en donde gustaba enseñar la Buena Noticia.

En ese orden de ideas, el escriba espera que Jesús le plantee una lógica lista categorizada y estatutaria que le facilite el cumplimiento de la Ley. Es una estrategia de reemplazos, de sábados más llevaderos que siempre conducen a falsas seguridades, y a la clasificación del otro en donde lo que cuenta no es tanto lo bueno o lo malo sino que no hay lugar para el nosotros.

Sin embargo, es el tiempo de la Gracia y de la asombrosa ilógica del Reino de Dios. Así Jesús de Nazareth se vale de las Escrituras pero no hace una cita estratificada de los mandamientos. Su enseñanza es reveladora y desafiante, y anticipa esa cruz de dolor y amor total que tiene dos brazos inseparables.

Un madero que señala al cielo y otro madero que apunta hacia los lados.

Su sábado no es una sustitución alternativa, sino algo novedoso, nuevo y bueno: el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo, un amor absoluto hacia el Creador que tiene como consecuencia necesaria el amor al otro en un plano que está en las antípodas de cualquier teoría, y que se expresa en el culto verdadero que no es otro que el ejercicio cotidiano de la compasión, del socorro, de la justicia y la misericordia.

Como ese escriba, no estamos lejos del Reino de Dios si hacemos nuestra la enseñanza liberadora de Jesús de Nazareth.
No estamos lejos porque aún tenemos pendiente el éxodo de todo egoísmo y formalidad estéril, esclavos de faraónicos yo y tú que van impulsados por el Espíritu al encuentro del nosotros)

Paz y Bien

El Dios de la Vida, la humanidad total

Para el día de hoy (06/06/12):

Evangelio según San Marcos 12, 18-27

(Los saduceos -o tsedduquim, descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq-, eran una élite de notable influencia política y económica en la Palestina de los tiempos de Jesús, estableciéndose de un modo similar al de un partido político. Si bien la mayoría de ellos pertenecían a la nobleza laica, no le faltaban miembros del clero del Templo, como por ejemplo el Sumo Sacerdote Caifás que tendría un rol decisivo en las horas de la Pasión del Señor.

Aferrados a su poder y bienestar, no aceptaban ninguna idea acerca de una vida postrera: más aún, creían firmemente que su influencia y fortuna eran un premio por su observancia rigurosa de la Ley mosaica. Del mismo modo, suponían que todo sufrimiento y pobreza eran castigos divinos consecuentes con gentes poco piadosas o pecadoras. En este tenor, con la muerte como único horizonte, son profundamente conservadores y perpetuadores de su status quo. Cuenta el aquí y ahora de bienestar e influencias entendido como retribución, y cualquier atrevimiento hacia lo nuevo y lo distinto es una amenaza.

En contraposición a esta postura se encontraban los fariseos -pherushim, separados-, a su modo también estrictos intérpretes de la Ley que creían en la resurrección entendida como prolongación o continuidad de esta vida mortal, concedida por Dios a los que han vivido puntillosamente puros y fieles a los preceptos y normas.

Entre los dos grupos había fricciones continuas por influencia, por ideología y por primacía. Por ello mismo, en pos de ridiculizar a sus adversarios, un grupo de saduceos se dirige al Maestro con una situación ficticia que tergiversaba hasta el absurdo la ley de Levirato instituida por Moisés.

Pero la Buena Noticia no puede ser adaptada a esquemas predeterminados: en el tiempo de la Gracia es preciso mirar e interpretar la realidad desde la mirada de Dios.

Jesús de Nazareth refuta los argumentos vertidos por los saduceos, pero también la errada postura farisea. No se trata de una alternativa, sino de algo nuevo y distinto, y su afirmación le iba a costar la propia vida: saduceos y fariseos ignoran la Palabra de Dios -las cosas que Dios les/nos dice- y rechazan el poder de Dios -el Dios que actúa en la historia-. Les está diciendo en su propio rostro que aún siendo los principales en Israel respecto del Templo y la fé, no conocen ni quieren conocer a Dios, en palabra o en actos.

Porque el Dios Abbá de Jesús de Nazareth es el Dios de la Vida que sueña y se desvive por una humanidad total y plena, una vida que no se acota en la temporalidad impuesta por la muerte, una vida que se asoma eterna pero transformada, no una continuación lineal de los méritos acumulados -capitalismo espiritual-. La eternidad se entreteje en santa urdimbre en el día a día de mujeres y hombres que se atreven a una existencia distinta, que tienen el coraje de ser felices viviendo por y para los demás.

La Resurrección es don y es promesa pura de bondad y se descubre a Dios cuando la vida florece, se agranda y propaga hacia horizontes cada día más plenamente humanos.)

Paz y Bien


Ese dinero falaz

Para el día de hoy (05/06/12):

Evangelio según San Marcos 12, 13-17

(De acuerdo a los postulados de la lógica clásica, una falacia es un razonamiento que bajo la apariencia de exactitud y validez induce a error.
Estos argumentos o silogismos han sido y siguen siendo de amplia utilización a través de la historia; son útiles a la hora de convalidar posturas inválidas, razones de poder y el siempre temible autoengaño, ése mismo que solemos estructurar para disipar miedos y articular comodidades.

En estos tenores, se desenvuelve la discusión acerca de los tributos que nos relata la Palabra para el día de hoy. Fariseos y herodianos se acercan al Maestro con aparente respeto, y el argumento vertido no puede ser más peligroso: en el caso de que Jesús hubiera respondido que el tributo al Imperio no debía pagarse por parte del pueblo de Israel, se ubicaría en una abierta situación de sedición frente a la potencia ocupante de la Palestina de aquel entonces, y ello suponía la cárcel y la ejecución. Por otro lado, si consintiera el impuesto daría pié a la reprobación del pueblo que escuchaba con atención sus palabras, por pretender justificar la validez del tributo de una nación que sólo rendía pleitesía y culto a su Dios, y no al emperador, el César deificado en los denarios de uso corriente.

Pero el Reino de Dios inaugurado y propuesto por Jesús de Nazareth se desenvuelve en otro nivel de razones y co-razones. La falacia -el argumento que conduce a la falta de verdad, al error- es seguir pensando y arguyendo en el plano del dinero y del tributo. Sea cual fuere el destinatario de esos impuestos -que agobiaban a los campesinos judíos-, el problema discurre por otro lado. El dinero siempre es causa de opresión en tanto que se vuelve fin y valor en sí mismo, cuando se absolutiza, cuando es valúa más allá de su carácter meramente instrumental.
Por eso el Maestro afirma que es imprescindible dar al César -devolver al emperador- lo que le pertenece, es decir, el materialismo que agobia, el poder que oprime, los falsos dioses a los que se rinde culto, la miseria y la explotación justificadas. Nada de ello nos es desconocido: en esos denarios hoy veríamos el rostro cruel del emperador Mercado, que a tantos sojuzga y que en su nombre se justifican dolor y pobreza, las ofensas del desempleo, las injurias del abandono de los más débiles y pequeños.

No se trata entonces de presentar propuestas alternativas a las situaciones de crisis de nuestro tiempo o de cualquier tiempo; ésa precisamente sería la lógica de fariseos o herodianos.
Se trata quizás de recrearnos en la ilógica de la Gracia, pues de Dios son la solidaridad y la justicia, la fraternidad y el desinterés, la preocupación por el otro, la vida plena. Cuando la Iglesia se embarca en estas discusiones, vuelve a someterse erróneamente al imperio del dinero, y reniega de ese Espíritu que siempre sopla y empuja la vida.

Hemos de retribuir al Dios de la Vida tanto bondad que nos dispensa con frutos santos de compasión, de solidaridad y de misericordia, tributos de socorro y de generosidad que son el culto verdadero, en los templos vivos de nuestras hermanas y hermanos lastimados)

Paz y Bien


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