En diálogo de vida universal

Para el día de hoy (30/04/11):
Evangelio según San Marcos 16, 9-15

(Toda la validez para el reproche del Maestro a los Once: no creyeron en el testimonio de María de Magdala por ser mujer, no creyeron tampoco en el testimonio de los caminantes a Emaús.
Jesús Resucitado es la clave de toda la historia humana, Dios vivo presente incluso para aquellos que no lo reconocen. Por ello mismo su reproche debe hoy dolernos y conmovernos, despertarnos a la realidad de un Cristo que es presencia constante a través de toda la historia, aún cuando sus pasos no se descubran por las veredas que solemos creer exclusivas y que, a menudo, confundimos con la Iglesia.

Debemos cuestionarnos profundamente nuestra falta de fé personal y comunitaria, objetivarnos y revisar el arcón de nuestras mentes y sentimientos para sincerarnos, y desde allí volver a ver en nuestros hermanos llagados y caídos al Crucificado, llevando señales de auxilio y esperanza.

Más allá del dolor -aunque se haga horizonte- y de la muerte que suele campear en nuestras ciudades, la Resurrección ha de ser para nosotros una realidad que nos impulse y movilice, una cuestión de fé que se traduce y transluce en gestos de amor y compasión, signo cierto de que la vida tiene la palabra definitiva.

El mandato es diáfano: ir a anunciar a toda la creación la Mejor de las Noticias.

Allí en donde la vida se asome, allí en donde la mano bondadosa de Dios Padre y Madre dador de vida y Creador se manifieste, allí en donde mujeres y hombres se vuelvan antorchas de una Resurrección que es pura esperanza, allí iremos y más allá.
No hay fronteras, y la Buena Noticia transforma los corazones de la humanidad y la totalidad de las creaturas: esa vida sagrada late en el hermano, en un pequeño brote verde, en una flor sencilla, en una montaña majestuosa, en un cielo inconmensurable, en el amor que nos devuelven multiplicado al infinito los animales con los que convivimos...

Diálogo implica salir de sí mismos y abrirse a conversar con todo lo creado en clave mayor del Resucitado)

Paz y Bien



Es el Resucitado

Para el día de hoy (29/04/11):
Evangelio según San Juan 21, 1-14

(Solemos estar a la deriva, cansados de tanto trajinar sin destino y en donde todo esfuerzo se nos hace inútil.
Sin embargo, en nuestra noche y nuestro cansancio, hay algo que nos sacude, nos estremece. Intuimos una presencia más allá de nuestros ojos, y no es sólo una ilusión fantasmal.

Es el Resucitado en nuestras orillas.

Allí todo cambia, aún en las oscuridades del dolor. Es tan humano como el que más, el más humano de todos, humilde y servidor al punto de buscar nuestro reposo y esperarnos con la mesa tendida.

Allí sí nos damos cuenta en que hay que insistir, no hay que rendirse, no hay lugar para la resignación.
Si el trabajo ha sido largo tiempo estéril, es preciso buscar en otro lado, multiplicar con fé y esperanza el esfuerzo porque no estamos solos.

Con Él, todo fructifica y la vida se hace sabrosa, fértil, digna de ser vivida.

Hay muchos testigos del Resucitado que en silencio y desde su servicio cotidianamente nos lo señalan:¡es el Resucitado! para que no se nos caiga la esperanza, para seguir adelante, para que cada vez sea mayor el fruto de la pesca, y esto también -y especialmente- ha de ser ancla y timón para nuestras comunidades.

Es el resucitado presente aquí y ahora, esperándonos y acompañándonos en cada instante de nuestras existencias)

Paz y Bien


Carta de presentación

Para el día de hoy (28/04/11):
Evangelio según San Lucas 24, 35-48

(De un modo asombroso y paradójico, Jesús solía presentarse en los lugares más impensados: la Decápolis pagana, la sospechosa Galilea, la tierra vituperada de los samaritanos, alejándose de centros de poder político y religioso.
Se decide por los suburbios, por lo marginal, por la periferia.

Aquella vez, los discípulos se encontraban escondidos y asustados, a merced de sus miedos y de los peligros latentes. Estaban vacíos de fé, llenos de tristeza y desprovistos de espíritu, sólo les importaba su supervivencia.
Justamente allí, en medio de los que ya nada esperan, abatidos y paralizados, el Resucitado se hace presente.

Es claro: allí en donde campea el miedo, todo signo de liberación puede volverse fantasma, aparición ilusoria.
Y allí el Resucitado exhibe su carta de presentación: sus manos y sus pies taladrados, lastimados por los clavos romanos, testigos mudos de su crucifixión.
Como si no bastara, se sienta a la mesa con los suyos y es pan el pescado y la Palabra compartidas, y allí se les aclara la mirada.

A nosotros también Dios se nos suele volver fantasma escandaloso cuando lo vemos en ese Jesús inclinado hacia el caído, abiertamente del lado de los pobres y excluidos, con sus heridas de cruz, tan humano y tan poco glorioso según nuestros esquemas.

Pero la paz ausente se recobra en el reencuentro con el Resucitado que es el Crucificado: el Shalom de la humanidad quizás acontezca cuando nos volvamos capaces de descubrir en las llagas y heridas de nuestros hermanos a ese Cristo que ha vencido a la muerte.
Allí está Él, esperando que nos sentemos a la mesa con los olvidados y juntos compartamos el pan y la Palabra)

Paz y Bien

Escondido en lo humano

Para el día de hoy (27/04/11):
Evangelio según San Lucas 24, 13-35

(Cleofás y el otro discípulo andaban por la ruta a Emaús alejándose de todo, especialmente de la comunidad primera; están golpeados de tristeza y heridos de desconsuelo. Se alejan con el talante endurecido de quien sufre y que, por ello mismo, es incomprendido por nadie que no pase su mismo calvario.

En esa calzada oscurecida a plena luz del día, se les une el Resucitado como un viajero más. No pueden verlo, no lo reconocen porque tienen la mirada aún atada a viejos conceptos en donde el Salvador tiene mucho de inaccesible y celestial, y poco o nada de siervo pobre y sufriente. La cruz les sigue resultando carga intolerable.

Es precisamente allí en donde comienza a tejerse en sus corazones el gran descubrimiento que sus miradas nubladas aún no entienden: el Resucitado, Jesús de Nazareth, revela el rostro de un Dios compañero de caminos, que sale al encuentro, que comparte dolores y penas, y cuyas huellas se encuentran en la escucha en común de la Palabra.

Cuando cae la tarde, parece querer seguir de largo; sin embargo, no desdeñará cualquier pedido de compartir tu mesa, y resplandecerá cuando el pan se parte y comparte, Él mismo, Dios del pan de los hermanos.

Hemos de abandonar estas cegueras, estos corazones que se nos han vuelto tardíos y adormecidos: el Resucitado está escondido a las miradas convencionales de un Dios inaccesible, alejado, duramente celestial. Sin embargo está aquí entre nosotros, decididamente humano, totalmente humano, el más humano de todos.
La Resurrección es la declaración definitiva de que Dios ha asumido nuestra pequeña y frágil condición humana y la ha levantado en plenitud.

Jesús Resucitado es ese Dios compañero de caminos y pan compartido, Salvador que enciende las almas en los pequeños gestos, en el servicio y en la escucha atenta y comunitaria de la Palabra)

Paz y Bien




Una cuestión de mujeres

Para el día de hoy (26/04/11):
Evangelio según San Juan 20, 11-18

(El título de estas simples líneas puede desatar esa controversia habitual, aquella que ha de inquirir si nos hemos quedado en cuestiones de género.
Por supuesto que sí, pero más, siempre hay más.

El Dios de la Vida hecho hombre -uno más entre nosotros- eligió a una pequeña muchacha judía de una aldea ignota para asumir nuestra condición humana. En una contradicción total con la imagen de un Dios inaccesible y Todopoderoso, que desde un cielo recóndito impone órdenes ineludibles, este Dios -a esta mujer- le pide permiso.
Al Dios del Universo no le ha bastado hacerse hombre, y ha ido un paso más allá: se ha hecho un Niño frágil en brazos de María, su Madre.

La historia de la humanidad contiene el aliento cuando esa muchacha dice ¡Sí! desde las honduras de su corazón generoso, tierra perfecta para la semilla, inmaculada en toda su existencia.

Ese Niño Santo ha crecido, y ha salido a los caminos, en los márgenes del poder, desde la periferia de la vida; ha querido ser un hombre más, y para colmo de males un hombre pobre.
Se ha inclinado hacia el caído, auxiliado al enfermo, levantado al derrumbado, reintegrado al excluido, saciado el hambre de multitudes, declarado felices para siempre a los pobres y oprimidos.
Pasó haciendo el bien, y por eso mismo desató las furias de los que detentan el poder a partir del uso de la fuerza, y también de los opresores de almas, férreos defensores del status quo de los privilegios y las prebendas establecidas a partir del poder religioso.
Esas furias se convirtieron en violencia, en tortura, en humillación, en condena a muerte y muerte en cruz.

Ese Dios que es hombre, ese hombre que es Dios, Jesús de Nazareth, ha llevado en sus hombros al altar de las maderas cruzadas todo dolor y toda muerte para que nadie más tenga que morir.
Sufre para que nadie sufra, ama al extremo para desalojar todo odio.
En esos hombros doblegados y entre esas manos taladradas por clavos romanos está el dolor de sus hermanos dolientes, y el sufrimiento de los más pequeños. Pero también muere por los Anás y Caifás, por los Judas y los Pilatos, por los enemigos más encarnizados. Muere también por ellos y no tanto a causa de ellos.

Ese amor mayor del Crucificado no quedó en un hecho luctuoso; el amor jamás es estéril.
Se expresa el Dios de la Vida en el acontecimiento mayor de todo el universo, la Resurrección.
El Resucitado define de una vez y para siempre que la muerte no tendrá la última palabra, que todos vamos a resucitar, que nuestro destino no es de lágrimas y dolor sino, antes bien, de alegría y plenitud que solemos llamar liberación.

Así como una mujer ha abierto las puertas a ese Dios con nosotros desde su ¡Sí! infinito, otra mujer -compañera de María desde su corazón- será la que dará el primer paso para que todos se enteren que el Resucitado está vivo, que las tumbas ya son inútiles sitios vacíos, que la vida prevalece más allá de todo cálculo.

María de Magdala -en su tristeza y en sus miedos- sigue aferrada a ese amor por el Maestro que supone muerto; ese amor es fuerza y coraje, un valor extraño que la hace permanecer al pié de la cruz para que Jesús no muera en soledad, que la encamina al sepulcro prohibido cuando todos -en sus miedos y temores- se esconden.

Por ese amor entrañable -signo cierto del mismo amor de Dios para con todas sus hijas e hijos- superará la neblina del dolor y el llanto, y la tristeza se convertirá en alegría recobrada.

El Resucitado le dice y nos dice que hay mucho más que las lágrimas en las que nos anegamos, que hay que saber buscarlo, que no hay que aferrarse a viejas imágenes de nuestras limitaciones y conveniencias.
Él está vivo.

Esa mujer tendrá por misión ir allí, en donde se encuentran los hermanos de Jesús a dar la mejor de las noticias, y en ese andar y en ese testimonio de su alegría aún no comprendida, irá descubriendo y aprehendiendo el significado más profundo de que el Crucificado no está muerto, resucitó y vive entre nosotros)

Paz y Bien

La urgencia de la alegría, el fin del miedo

Para el día de hoy (25/04/11):
Evangelio según San Mateo 28, 8-15

(Encerrados en las tumbas de nuestras comodidades y nuestra rutina, en la angostura de los nichos del miedo, nos hace falta de nuevo su voz, voz fuerte que nos despierte y nos haga salir de las oquedades de esas muertes cotidianas, y nos encienda nuestras existencias apagadas.

Porque cuando los sepulcros dejan de ser hogar, la alegría se hace presente. Y es una alegría urgente, que nos ponen prisas, que nos moviliza, que necesariamente se comparte y comunica.

Señales de auxilio para los hermanos sumidos en la tristeza y el desconsuelo, como hermanos del Resucitado anunciamos el nuevo día en medio de tanta noche desde la compasión, la solidaridad y con los pequeños gestos de cortesía y preocupación por el otro.

Quizás se trate de volverse más humanos...tal vez la Resurrección de Jesús -como hecho fundamental de la historia- sea precisamente que el Maestro se ha hecho radicalmente humano, y en su humanidad a revelado y asumido una existencia plena y que no tiene fin para todos.

El Resucitado, vivo y presente aquí y ahora entre nosotros, nos anima y alienta la alegría, nos espanta los miedos y nos dice que no hay más imposibles, que es el fin del no se puede)

Paz y Bien

Un gallo diferente, señales de auxilio

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Para el día de hoy (24/04/11):

Evangelio según San Juan 20, 1-9

(María de Magdala descubre la tumba vacía, y corre, corre sin detenerse, vuelan sus pies. Aún en su tristeza y su desconcierto -creen que se han llevado el cuerpo del Maestro- lleva las prisas de los que aman; el amor moviliza, despierta, el otro se nos vuelve urgente, y es contagioso.
En ese talante, Pedro y el Discípulo Amado corren también, se han encendido sus almas desde el frío del miedo que los escondía.

Tres almas bien distintas: una mujer fiel en sus amores, la de Magdala, la que permaneció allí junto a la cruz cuando todos huían, la que se anima a visitar una tumba prohibida, casi clandestina.
Pedro, el pescador galileo, hombre de emociones fuertes, arrebatado en sus afectos, a menudo errado por sus esquemas viejos y presto tanto a la fidelidad como al quebranto de sus negaciones, bravo y lábil Pedro.
El Discípulo amado, profundo en el misterio compartido del Maestro, llega primero pues ha comprendido en su hondura que algo más que un cuerpo ausente ha sucedido.

En sus diferencias y sus aparentes antinomias, en su vacilaciones -aún no llegan a entender que Él ha resucitado- corren a la par, se apuran juntos movidos por un mismo afecto definitivo.

Ha cantado otro gallo, pues es un amanecer distinto: este canto es diferente, ya no se señala la soledad, el abandono y la negación, la noche de la violencia y la injusticia.
Este gallo canta al alba definitivo, es el amanecer del tiempo de las promesas cumplidas, de la vida que prevalece.
Un sepulcro inhabitado, un sudario inútil y unos ritos mortuorios que vienen sobrando se transforman en noticia, en Buena Noticia, en la mejor de las noticias.
Y no es un hecho muy especial...Más bien, antes de un hecho -la Resurrección- se trata de Alguien, el Resucitado, el Crucificado que ha vencido a la muerte.
Es la victoria del Dios del Universo urdida en la historia junto al hombre y acontece en Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor.

Quiera Dios que nos sobrevengan esas prisas, que se nos despierte esa urgencia de dar aviso de que la muerte no es la que decide, que no tiene la última palabra, que Dios se ha inclinado abiertamente a favor de la vida, del lado de los sometidos por tantas tumbas y tantas cruces impuestas a destajo.

Volvernos -a pesar de nuestras diferencias y más aún, con ellas- señales de auxilio para nuestra gente, testigos del Resucitado, portadores incansables de esa esperanza que se adelanta a toda presunción y contra toda razón, en camino hacia las Galileas de la periferia, hermanos de los márgenes sospechosos y del afuera de siempre, en donde de seguro nos hemos de reencontrar con Aquel que está vivo y hoy, ahora mismo, vive entre nosotros.

Feliz Pascua en el Resucitado)

Paz y Bien



El alba

Sábado Santo - Vigilia Pascual

Para el día de hoy (23/04/11):

Evangelio según San Mateo 28, 1-10

(Pedro y los otros habían sucumbido a la niebla del desconcierto y a los espasmos del miedo. Estaban escondidos y su tristeza y desazón parecían definitivas.

Mientras tanto, las Marías se encaminan a la tumba del Maestro; quien haya visitado la tumba de un ser querido saben bien porqué van.
Además, es dable y admirable el coraje de estas mujeres: mientras los Discípulos se esconden, ellas van abiertamente a venerar la tumba del Crucificado que amaban, sepultado casi clandestinamente; está muerto, y sin embargo es un muerto peligroso cuyo nombre no ha de ser pronunciado y cuya memoria debe borrarse.
Aún así, desafían todo peligro y se acercan decididas a visitar el sepulcro prohibido. Portan una fuerza en ellas que hace retroceder cualquier resignación.

La Palabra nos señala que se dirigen el primer día de la semana, al amanecer.
Signo y símbolo, es el alba de la humanidad nueva y recreada.
Van a encontrarse con la muerte concreta, pero un Dios increíble les gana andar y se les adelanta con la mejor de las noticias: hay una tumba inhabitada, vacía e inútil.
¡El que creían muerto está vivo!

Las Marías se convierten -como nosotros- en testigos del Resucitado más que de la Resurrección... tal vez porque se dá testimonio de Alguien que está vivo antes que de algo.

Esos guardias pagos derribados son testigos también de la fuerza incontenible de la vida que prevalece más allá del dinero, de la imposición y de toda violencia.

La Buena Noticia del Resucitado no puede ni podrá acallarse por más intentos que se hagan en contrario.

El alba del Resucitado es el nuevo día definitivo que nos dice -persistente y presente- que Dios tiene una Palabra definitiva por la vida plena, que la muerte es derrotada, que no tendrá -en ninguna de sus expresiones- la última palabra.
El Resucitado es fuerza y esperanza para los oprimidos y para los que aún hoy viven en sombras de muerte, agobiados en la tristeza, en duelo diario.

Señor, con las Marías hemos de salir corriendo porque esta alegría es incontenible y ya no hay espacio para el temor.
Tu triunfo Jesús sobre la muerte es victoria de Dios y el hombre, humanidad que se hace eterna, un Dios que ha bajado a nuestra fragilidad.

Señor, hemos de ir a avisarle a tus hermanos de todas las Galileas con las que convivimos, hermanas y hermanos de la periferia, existencias en los márgenes que no cuentan.
Allí te encontraremos para el abrazo y la fiesta.

Feliz Pascua en el Resucitado)

Paz y Bien

Lógica de cruz



Viernes Santo

Para el día de hoy (22/04/11):

Evangelio según San Juan 18, 1-19,42

(La Roma imperial se valía de la crucifixión como método de ejecución por dos motivos principales: como pena de muerte eficaz para los crímenes más abyectos y, a la vez, como símbolo de degradación y advertencia para desalentar conductas similares a la del condenado. En términos más sencillos, el mensaje es: no hagas lo mismo que el reo ajusticiado porque vas a terminar de igual modo.

La cruz, desde esa mínima perspectiva, se asocia directamente con lo criminal, con lo condenable, con el sufrimiento y la tortura, con dolor atroz y terrible cadalso, símbolo decisivo de muerte.

Pero la realidad es que el preso condenado es Jesús de Nazareth, y desde Él se derriba toda especulación y deviene estéril toda abstracción.

La lógica de cruz es otra lógica, más bien una ilógica que sólo puede comprenderse y aprehenderse desde los hechos concretos de ese hombre que asume voluntariamente la muerte, y la peor de las muertes dando un paso increíble, Pascua que dice que esa muerte -el fin decisivo- no tiene la última palabra.

La lógica de cruz que tratamos de sostener desde la propia existencia encuentra su sentido en ese hombre concreto, artesano pobre de aldea periférica y sospechosa, hijo de muchacha desconocida y de carpintero judío, ese hombre que se inclinaba hacia los enfermos, que convivía con los despreciados, que levantaba a los caídos, que desoía los llamados a la violencia, que hablaba de amor y felicidad, un hombre radicalmente humano, el más humano de todos en donde se nos revela al Dios del Universo, Jesús de Nazareth.

La lógica de cruz expresa a un Dios que nos gustaría se nos presentara revestido de gloria y poder según nuestros conceptos y atado a nuestra conveniente imaginación, pero que se revela frágil y débil, atreviéndose a asumir nuestra endeble condición humana desde su mismo nacimiento de mujer en una cueva de animales, Niño Santo sólo protegido por manos de Madre, judío marginal sin títulos ni prebendas, hombre sin otro poder que el que brota de sus manos de trabajador, manos que curan y bendicen, que abrazan y reparten el pan, Jesús Nazareno, Cristo Salvador, Dios Todopoderoso precisamente por esa vida que sólo sabe de amor.

La lógica de cruz nos habla de que nadie debe morir, pues un hombre asumió sobre sus hombros toda la muerte, que nadie más debe sufrir pues un hombre asumió el sufrimiento de todos, que ninguna cruz debe ser impuesta sino asumida en entera libertad para que no haya más crucificados.

En esta ilógica de cruz, nosotros hemos de confesar al Resucitado que es el Crucificado mediante vidas capaces de morir por los demás, vidas que se hacen ofrenda y profecía para que otros vivan y la vida prevalezca, más allá de toda especulación y caminando hacia una vida que se hace plena para siempre)

Paz y Bien

Ustedes son mis amigos - una canción -

Una canción para cantar y orar.
Una santa Semana Santa para todos.
Paz y Bien
Ricardo

USTEDES SON MIS AMIGOS

Hijos míos, voy a estar
poco tiempo entre ustedes.
Me buscarán, mas donde voy
no podrán venir.

Les doy un mandamiento nuevo
"Amense unos a otros
así como los amé".
En esto todos verán
que ustedes son mis amigos
que ustedes son mis amigos.

Si alguien me ama,
guardará con amor mis palabras
mi Padre y yo
habitaremos su corazón.

Les dejo la paz, les doy mi paz
no como la da el mundo.
No teman ni se acobarden;
oyeron lo que les dije:
me voy pero volveré,
me voy pero volveré.

Ya no son como el siervo
que ignora a su dueño.
Conocen bien que mi padre
me ha dicho a mí.

Ustedes son mis amigos
si hacen lo que les mando.
Recuerden que los amé.
No me eligieron a mi.
Soy yo quien los ha elegido
soy yo quien los ha elegido.

Padre Néstor Gallego

aquí puede escucharse:

Sagrado desvivir

Jueves Santo

Para el día de hoy (21/04/11):

Evangelio según San Juan 13, 1-15

(Una mirada objetiva nos dice que es un momento terrible: es un hombre que sabe la hora precisa de su muerte, que sabe que será torturado, maldecido, injuriado, renegado por los suyos, como un abyecto criminal, en abandono y soledad: es un hombre que sabe que será asesinado.

Podría pasar a la clandestinidad en los refugios montañosos, y prefiere quedarse. Podría pedir ayuda a los combatientes zelotas, pero reniega de toda violencia. Podría exiliarse en Egipto -lo hizo de niño- pero ésta es su hora, su lugar, sus amigos.
Podría enfrentar a sus asesinos encabezando una nutrida tropa de seguidores que seguramente combatirían por Él, pero esta batalla es suya y no esconderá el cuerpo. Cumplirá su deber.

Se alista con precisión; uno puede pensar en imágenes de soldados y guerreros ajustándose el cinto que porta la espada, ciñéndose anchos rastras en donde se lleva la munición.
Este hombre es extraño: no huye, no evade su hora primordial, y se dispone a un combate manso. La única sangre que tolera derramar es la propia.
Se alista con precisión: es tiempo de otro tipo de lucha, y este hombre se ciñe una toalla a la cintura.

Ceñido y preparado, dispuesto a lo que suceda, se dedica -para el horror de muchos- a una tarea de esclavos: con entera dedicación se inclina y lava los pies polvorientos y callosos de sus amigos.
Los que lo ven no pueden salir de su estupor, y algunos lo consideran desubicado e inaceptable -Pedro el primero-: pretende hacerse esclavo, siervo, y además lo hace mal. Los pies se lavan antes de comenzar la cena, y Él ha decidido hacerlo hacia el final.

Sin embargo, la pura objetividad citada al comienzo no basta, no es suficiente porque hay más, siempre hay más que lo que nos esconde el acotado horizonte de la razón.

Las manos que lavan esos pies son las mismas manos que han levantado al caído, que se extendieron en bendición hacia al enfermo como mensaje de sanación, que abrazaron a niños, que partieron el pan y repartieron el vino, y que han rescatado de la muerte a un amigo: manos de ternura y salvación.

Es imperioso que Él nos mire fijamente y vuelva a preguntarnos si hemos comprendido lo que ha hecho y si asumimos como propio ese mandato que nos ha dejado.

El Dios del Universo que se revela plenamente en Jesús no es un Señor Todopoderoso y lejano; es un Dios que se inclina al hombre, que baja a sus honduras, que se descubre como amor expresado en el servicio llevado hasta las últimas consecuencias.

Es paradoja y misterio -inconcebibles para cualquier época- el hecho raigal de que la vida se gana muriendo, y muriendo para que el otro viva.

El servicio y el socorro desinteresado y generoso al prójimo -especialmente el caído, el excluido, el abandonado- significa desvivirse por los demás, negando cualquier interés personal: ése es el mandato primero de Jesús a los que quieran seguirlo, ésa es la clave de la existencia, ése es el proyecto de Dios para un mundo nuevo y una vida plena.

Ese desvivirse es sagrado, tan sagrado como el pan y el vino que son Cuerpo y Sangre de Jesús, donación mayor de su vida, dos expresiones cabales de un mismo amor)

Paz y Bien

A precio de esclavo y en un hogar prestado


Para el día de hoy (20/04/11):
Evangelio según San Mateo 26, 14-25

(Adentrarse en el misterio de la iniquidad y la traición es tarea complicada y a menudo riesgosa: uno puede identificarse allí mismo, y duele y molesta.
Como en todo misterio, la clave es cordial antes que racional; lo oculto puede entreverse desde las honduras del alma.

Así sucede con la traición de Judas; lo que ha hecho será motivo de desprecio y condena perpetua por la gente a través de los tiempos, y ha sido objeto de profundos análisis por exégetas y teólogos que entienden de estas cosas -mucho mejor que quien esto escribe-.
Sólo un alto en el camino para observar fijamente a ese Judas amigo de Jesús, en el que Jesús confiaba, con el que Jesús comparte tres años de sus vidas y bebe del agua de vida eterna. Es uno de los privilegiados a quien se le revela el misterio del Reino. Judas además es el ecónomo de esta comunidad incipiente: custodia los dineros que simpatizantes les donan, se preocupa de dar limosna a los pobres y de adquirir los alimentos para sus vidas de peregrinos.
Esa fé y esa confianza depositadas en él las troca por treinta piezas de plata, y se pueden inferir y meditar los motivos; sólo aquí nos detendremos para señalar que esas 30 monedas era el precio establecido para valuar a un esclavo -Ex 21,32-, y en esa venta infame también hay misterio de Salvación.

Los traidores y los poderosos negocian a Jesús a precio de esclavo -quizás con desprecio, quizás por su rigor normativo- sin darse cuenta que con ello mismo enaltecen el rostro compasivo de su misión. Es Dios mismo que se anonada y se hace servidor de todos, esclavo de la humanidad para que no haya más opresión y para que nazca una nueva generación de servidores de sus hermanos.

Este Jesús que ingresa a Jerusalem a poner pecho a su Pasión no tiene hogar -dormía a cielo abierto con sus amigos en el huerto de los Olivos-. Sin embargo, ha de celebrar la Pascua con los suyos, la fiesta de ese Dios que libera de toda esclavitud, y envía a amigos suyos a un lugar determinado, a un hogar en donde Él sabe que será recibido.
En esta casa se celebrará la Última Cena que será en realidad la primera de muchas, anticipo del Ágape definitivo al cual todos estamos invitados, y el Evangelista deliberadamente omite el nombre del dueño de casa.

Es claro: el nombre de quien tiene el lugar para que el Maestro celebre la Pascua no se menciona, pues allí vá tu nombre y el mío, todos y cada uno de nuestros nombres.

La Pascua se celebra en el templo vivo de nuestro corazón)

Paz y Bien

En la noche de la traición, la luz de la amistad

Para el día de hoy (19/04/11):
Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38

(Si se pudiera establecer una escala de las causas de quebrantos del corazón, la traición y el abandono sin duda ocuparían los primeros puestos.

Es noche oscura, y no tanto por la hora del día ni por la caída natural del sol; se trata más bien del ocaso de las almas.
Jesús, rodeado de sus amigos en una cena en donde se comparte mucho más que los alimentos servidos, está dolidamente solo, agobiado de pesar en su soledad.
Varios han compartido físicamente tres años de su vida junto a Él, pero no han estado demasiado cerca de su corazón.

Uno de ellos, al menos, ha comprendido sus enseñanzas cabalmente; sin embargo, las rechaza de plano en los fondos de su alma.
Porque, hermanas y hermanos míos, sólo puede traicionarse lo que alguna vez se ha amado, y ese Judas que ha decidido venderlo, también ha amado a su Maestro.
Aún así, tienen primacía sus intereses personales, su deseperación zelota, sus celos y sus envidias. Su amor se ha corrompido y valuado en miserables denarios.

Pedro también monta a lomos de oscuridades: aún no ha comprendido que el Dios de Jesús es pura donación, gratuidad y bondad, no un Juez severo que, balanza en mano, exige la acumulación de méritos a cambio de favores divinos.
Por ello mismo Pedro se arrebata -hombre de efervescencias veloces- y se declara a estar dispuesto a morir por Él...Invierte la Buena Noticia, creyendo en lo que él mismo puede hacer por el Maestro, y allí -junto al veneno de su miedo- está el germen de sus negaciones veloces.

Jesús conoce bien a los suyos: sabe que entre ellos hay varios de violencias rápidas -los hijos de Zebedeo, el mismo Pedro-. Sabe que si delata al traidor, puede suceder lo peor; pero Jesús vá más allá, siempre hay más, y aún con la triste certeza de la infidelidad, ofrece a su amigo Judas la posibilidad de seguir junto a Él en ese pan mojado que le ofrece.

A pesar de la magnitud de cualquier quebranto, a pesar de la desmesura de nuestras traiciones, el Maestro siempre nos está ofreciendo una mano amiga de rescate y socorro.

En esa noche escabrosa y solitaria, Jesús afirma de una vez y para siempre que su comunidad prevalecerá más allá del espanto de cualquier traición.

En esa noche de traiciones, comienza a despuntar el alba de la Salvación: nada serán las monedas que cambian de mano, poco valdrán las negaciones de Pedro, todo eso quedará atrás.
Lo que prevalecerá es su Pasión que tiene puerto cierto de Resurrección, sello definitivo de amistad, señal infinita de amor que todo lo puede.

En nuestras sombras, cuando parece que no hay posibilidad de regreso por el mal que hemos hecho, surge la mano del Maestro, mano lastimada por un cruel clavo romano, mano crucificada y vuelta a la vida que nos insta a ponernos de pié y al regreso a casa)

Paz y Bien

Fragancia anticipada

Para el día de hoy (18/04/11):
Evangelio según San Juan 12, 1-11

(Es una cena fraternal, una reunión de amigos muy cercanos.
Los Doce, Lázaro vuelto a la vida, Marta en los afanes de servir bien a todos, María con sus sentidos y su atención puestos en ese amigo y Maestro que amaba.

Sin embargo, es una cena clandestina: Jesús y su amigo Lázaro eran intensamente buscados por los esbirros del Sanedrín, y no podían caminar con tranquilidad por ninguna parte. En medio de ese clima hostil y peligroso, esa cena de amigos es un remanso de paz.

En ese clima, María -en silencio- unge los pies del Maestro con un perfume muy costoso, de un valor cercano al salario de un año de un jornalero., y los seca con sus cabellos.
Es un gesto único y símbolo de lo que vendrá.
Es de suponer que eso que llamamos intuición femenina -concepto tan menoscabado y vituperado- está presente en María, hermana de Lázaro, que profetiza desde ese amor que siente por Jesús; anticipa ese mismo gesto eterno del Maestro lavando los pies de sus amigos en la última cena.
Anuncia también su Pasión: el cuerpo exánime de Jesús no podrá ser debidamente preparado para el sepulcro por los apuros del Shabbat y por ser considerado maldito e impuro al morir crucificado.

María anticipa en silencio la Pasión e intuye la fragancia anticipada de la Resurrección.

Es el tiempo nuevo del servicio y la generosidad, y esa fragancia anticipada inunda la habitación, y hemos de suplicar que inunde nuestras existencias y el mundo entero también.

Sin embargo, se hace presente la envidia y los celos militantes. Es la misma circunspección de quienes se preocupan de que se dé limosna y se haga caridad a partir de los bienes ajenos... nunca desde lo propio. Crítica siempre dispuesta, juicio despiadado siempre a la mano, aunque una palabra cálida o una compañía comprensiva estén ausentes.
En esa misma preocupación de Judas acerca de amores y valores se encierra también la entrega del Maestro por unas pocas monedas, negocio de espanto.

Hay una fragancia que prevalecerá a pesar del horror, de la tortura, de la soledad y de la traición, y es la fragancia nueva de la Gracia que todo lo inunda y todo puede reconstruir y redimir)

Paz y Bien


Con los mantos tendidos


Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
Procesión de los Ramos

Para el día de hoy (17/04/11):

Evangelio según San Mateo 21, 1-11

(El tiempo se ha cumplido, y la fruta madura ya puede saborearse: si el Rey Mesías llega a Jerusalem, no hay otra conclusión de que el Reino de Dios se ha instaurado definitivamente entre nosotros.

Hay clima de fiesta entre la multitud, aroma de promesa de Dios cumplida. Lo que los profetas venían anunciando -sosteniendo la esperanza del pueblo- finalmente se concreta, y es motivo de celebración.

Tan fuerte es el impulso alegre, que si las gentes se callaran, las mismas piedras hablarían con voz fuerte; la alegría no debe acallarse ni moderarse.

Sin embargo, es dable que en medio de este clima festivo nos preguntemos también ¿quién es éste que nos está llegando?.

Es el Rey Mesías que viene a tomar posesión de su reino, y sin embargo es un rey extraño, controvertido, no termina de encajar en nuestros mínimos esquemas racionales.

Desdeña cualquier carro de guerra o caballo de combate: viene montado en un burrito -un asno, un borriquillo- que ni siquiera le pertenece, es un asno prestado por un rato.
Es un Rey Todopoderoso que requiere la ayuda de los demás para cumplir su misión.

Un Rey de corte y cohorte raras: un ejército de enfermos sanados, leprosos limpios, lisiados que corren, despreciados de pié, recaudadores de impuestos y pescadores, de mujeres en pié de igualdad, de niños privilegiados y abrazados.

Un Rey nacido en la periferia, en el borde, en una aldea mínima propia de una zona siempre bajo sospecha y desprecio. Llega desde los márgenes de la vida aparentemente santa y oficial de la Jerusalem del poder político y el Templo.

Un Rey sin otras joyas que el afecto de los suyos y el desprecio de muchos.

Un Rey que no recauda impuestos, un Rey que ha decidido ser un hombre más, y además un hombre pobre, un hombre de manos ásperas y callosas, artesano y carpintero galileo, hijo de una muchacha ignota y de otro carpintero desconocido.

Aún así, las gentes celebran con júbilo su llegada, y es preciso sumarse a la procesión.
Palmas de olivo que hablan de gloria y nos recordarán pertenencia durante un año más.

Las gentes se quitaban los mantos y los tendían a sus pies, alfombrando su caminar. Ese quitarse el manto es un símbolo muy fuerte: significa despojarse de todo lo que uno es y sostiene, de todo lo que nos identifica desde nosotros mismos, quedarse a la intemperie de la incertidumbre que es producto del abandono de toda certeza de la razón.

Quizás en este Domingo de Ramos también nos toque quitarnos nuestros mantos y tenderlos a sus pies...

Tal vez no haya otra manera de volvernos capaces de descubrir al Salvador en ese hombre pobre, manso y humilde que llega en un burrito prestado al Templo sagrado de nuestros corazones.

Así sea.)

Paz y Bien

Cueca de los Ramos - una canción -

Una canción conocida en muchas de
nuestras comunidades; suele cantarse en la procesión del Domingo de Ramos.
Que sea signo e impulso para el canto, que es oración y reflexión.
Paz y Bien
Ricardo

Cueca de los Ramos

Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!

Hombres de Jerusalén,
que nadie se quede en casa
en homenaje al Señor
orgullo de nuestra raza.
Volvió Lázaro a la vida,
hoy lo grito y no lo niego;
los panes multiplicó,
volvió la luz a los ciegos.

Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!

Chicos de Jerusalén,
entonen vivas y hosannas;
las voces de los changuitos
resuenan como campanas.
Por qué será que el Señor
se ha detenido en el muro,
está llorando en silencio,
tal vez piensa en tu futuro.

Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!

Qué se callen insensatos!
claman rostros bien huraños
doctores que ven airados
escaparse sus rebaños.
No se preocupen muchachos
es día de fiesta y canto,
si ustedes cierran la boca
las piedras gritarán alto.

Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!

Alejandro Mayol - La Fuente

aquí puede escucharse:




Del amor como amenaza

Para el día de hoy (16/04/11):
Evangelio según San Juan 11, 45-57

(Día tenebroso, día de sentencia: los dirigentes han decidido ejecutar a Jesús.
El Maestro se les ha vuelto decididamente peligroso, y es mejor borrarlo del mapa de una buena vez.

Había sanado enfermos, había multiplicado el pan para la multitud, las tinajas de agua tenían ahora vino nuevo de fiesta, los marginados y excluidos son recibidos como iguales, había anunciado la mejor de las noticias a los pobres.
Aún así no les bastaba, y Lázaro de Bethania vuelto a la vida es el signo contundente: Jesús debe morir.

Es que para los que detentan el poder el amor es una amenaza tan real y peligrosa, más grave que el más fuerte de los ejércitos enemigos: supone el fin de todo privilegio, de toda opresión, de todo aquello que es contrario a la vida -a Dios mismo- gratuita y generosamente.

Aquí es preciso hacer un alto, y lo deberían hacer muchos hermanos nuestros que sostienen impiadosamente las ideas de deicidio, de la culpa y del desprecio de nuestros hermanos mayores, los judíos.
Los que condenan a Jesús son un grupo de dirigentes que pretenden salvaguardar el status quo y la integridad social y religiosa de su pueblo...sin el pueblo. Esta es una constante que se repite a través de la historia con triste frecuencia, y es menester insistir en aquello del amor como amenaza, y que sólo pretende ser acallado mediante la violencia.
Suponen una pérdida de sus privilegios, el fin de su dominio sobre las gentes, el fin de su pequeño universo de poder y prebendas.
Suponen que muerto el perro se acaba la rabia, pero la nuestra es una rabia mansa que no hace daño y que perdura a pesar de la voluntad cruel de cualquier opresor.

Caifás -sin saberlo- lo expresa con palabras certeras: conviene que muera uno sólo por el pueblo.

Sólo uno morirá para que nadie más -entonces y hoy- deba morir, sólo uno morirá y será entonces el cadalso señal mayor del amor, despojado de horror y rictus funerario.

En el peregrinar de nuestras pequeñas existencias deberíamos preguntar si no pretendemos silenciar violentamente tantos signos de vida que el Padre de todos continuamente dejando a nuestro paso para que no nos perdamos.

Y desde allí sí, volvernos con decisión y sin miedo, mansamente peligrosos)

Paz y Bien

Los defensores de Dios

Para el día de hoy (15/04/11):
Evangelio según San Juan 10, 31-42

(No había posibilidad de diálogo ni de comprensión; iba cayendo el anochecer del odio y la violencia. En sus fieros postulados, ese Dios al que pretendían defender jamás había de corresponderse con el Dios de Jesús.
No era una cuestión de conocimientos: sin dudas, tenían una gran formación y profusos conocimientos -profesionales de la religión- y eso mismo los volvía incapaces de reconocer cualquier signo santo.

Quizás la mayor densidad radicaba precisamente en ello: defensores de Dios, defensores de sus normas, defensores de su religión, todo aquel que escapa de sus moldes se convierte en blanco de las piedras encastradas en sus almas. Esa incapacidad de ver la mano del Altísimo en las señales de Jesús también expresaba su negativa perpetua a aceptar a un Dios que ante todo es Padre -¡Abbá!- Papá que cuida y protege a todas sus hijas e hijos, no un Todopoderoso relativo que requiere ser defendido, no normas deificadas reivincadas a ultranza por sobre la vida misma.

Es claro que aceptar las enseñanzas del Maestro les hubiera significado un golpe durísimo a sus sólidos egos y a unas vidas llenas de privilegios: significaba descubrir que en cada mujer y en cada hombre hay un templo santo y latiente del Dios de la Vida, más importante que el mismo Templo al que veneraban.
Significaba reconocer en cada persona -aún un gentil, cualquier extranjero- a un hermano.
Significaba acercarse al otro, aprojimarse, y no esperar que los demás vinieran a dejar ofrendas a sus pies.
Significaba comenzar a descreer en un Dios manipulable, pródigo en castigos y recompensas por el ejercicio mecánico de la piedad religiosa.
Significaba rechazar de plano toda posibilidad de exclusión y pobreza, negar desde el vamos cualquier intolerancia, declarar desde el mínimo gesto que cualquier opresión es ajena al Dios que libera.
Significaba volverse compasivos y tolerantes, felices del hijo que regresa y no envidiosos del pecador perdonado.

La suerte del Maestro ya estaba decidida: en ese momento no sería apedreado -no era la hora precisa- pero ya imaginaban con fruición el calvario que le impondrían a ese galileo insolente...

Todo esto sigue sucediendo, y Jesús vuelve a ser crucificado a diario.

Sin tratarse de dos bandos enfrentados -postura inaceptable para ese Padre que ofrece salvación universal-, hoy mismo tenemos esa vocación, esa invitación, ese llamado a tomar partido.

Desde el lado de Jesús -aún con el riesgo patente de tantas cruces- comenzar a descubrir a la eternidad que se vá tejiendo en nuestra historia desde cada brisa fresca de compasión, cada acto solidario, cada mano misericordiosa, cada hecho de justicia y liberación sin importar su origen aparente.

En cada gesto de bondad verdaderamente se defiende -paradójicamente-al Dios de la Vida, pues se le rinde culto verdadero en sus hijos, en sus hijos más pequeños, en sus hijos olvidados, en sus hijos a la espera de rescate, en sus hijos caídos que imploran socorro)

Paz y Bien

Saberse hijos

Para el día de hoy (14/04/11):
Evangelio según San Juan 8, 51-59

(No iban a tolerarlo, claro que no.
En su horizonte escaso creían en un dios de poder, juez severo, controlador de toda pertenencia; en esa afirmación contundente se aferraban a esa racionalidad que no acepta aquello que se escapa de su esquema mezquino.

Frente a este panorama de sombras, acontece el amanecer de Jesús: es la Palabra aguarda y late un destino de vida para siempre.
Es claro que para almas poco generosas, las enseñanzas del Maestro no sólo caen en saco roto sino que también resultan torpes y hasta blasfemas: quien cree en ese dios punitivo, sostiene a la vez la creencia de que la eternidad se corresponde a una acumulación mensurable de méritos y sus recompensas acumuladas. Más aún, lo que no se adapta al molde racional es palabra bonita e inútil a una misma vez.

Sin embargo, Jesús habla palabras nuevas, palabras de eternidad entretejidas en nuestro presente, palabras que hablan de plenitud expresada en salud, en alegría, en amor dado y recibido, en justicia y liberación, en una vida que merece ser vivida, en una vida que comienza con pasos vacilantes y -contrariamente a toda biología- no tiene límites ni fin.

En la magnífica ilógica del Reino, el infinito comienza naciendo a esta vida filial, en el saberse hijos.
Desde el hecho mismo del bautismo, pero también desde cimientos cordiales, nacemos a una vida nueva y plena y nos nace un Dios que es ante todo ¡Abbá! de todos.

Y hay una condición no exigida pero fundante: esa vida plena, en nuestro aquí y ahora, es también destino soñado para toda la humanidad.

Desde nuestra condición de hijos, y sólo desde allí -desde las palabras de Jesús- la vida se nos hace sagrada y santa, mas allá aún de toda religión, creencia y pertenencia.

El Dios de la Vida se nos revela como Padre y Madre de toda la humanidad que se des-vive por todos y cada uno de sus hijas e hijos)

Paz y Bien



La libertad del servicio, la verdad de los hijos

Para el día de hoy (13/04/11):
Evangelio según San Juan 8, 31-42

(Se acerca el momento de la Pasión: las discusiones en torno a las enseñanzas de Jesús van in crescendo, y esto suele suceder cuando los prejuicios se vuelven violencia que niegan y cuestionan cualquier afirmación del otro porque sí, de antemano y sin fundamentos.

Los cuestionadores de siempre -entre ellos, podemos tal vez descubrirnos- reivindican status y dignidades a partir de pertenencias específicas: hijos de Abraham dice el Evangelio para el día de hoy, y es similar la postura que afirma la afiliación política o el integrar un movimiento religioso, especialmente ser parte de la Iglesia.

Pero hay todo un mar que atravesar, una pascua a la que animarse junto a ese Maestro que nos convoca y al Espíritu que nos anima. Porque la auténtica liberación es el paso del a servidumbre al servicio.

A las hijas y a los hijos de Dios -hermanos dilectos de Jesús- se les reconoce a partir de sus acciones, y no tanto por la mera exhibición de credenciales. Es la verdad fundamental de negarse a sí mismo para darse a los demás, es descubrirse filialmente unidos por el cordón umbilical del alma a ese Dios que quiere para toda la humanidad dignidad y respeto por la vida.

Esa verdad se expresa en grado mayor en la entrega por amor de Jesús en la cruz, el Redentor que se hace siervo y esclavo, Aquél que muere para que otros vivan.

Quizás -sólo quizás- seamos verdaderamente "religiosos" cuando reivindiquemos desde cada gesto, en cada momento y como certeza desde la cotidianeidad la tolerancia y el respeto, la búsqueda del bien del otro, la compasión, el socorro del caído, hacerse pan para el hambriento, señales de auxilio y liberación para nuestra gente.)

Paz y Bien

El otro mundo

Para el día de hoy (12/04/11):
Evangelio según San Juan 8, 21-30

(La gran tentación, y el gran error que suele acompañarnos tiene un cariz fariseo: es aquel que nos conjura y compele a pensar que las cosas de Jesús pertenecen al más allá, al "cielo", bien escindidas de los aconteceres del aquí abajo, del más acá.
En esa tentación caemos asiduamente, pues nos hemos encerrado en esquemas y estructuras que nos transforman en verdaderos discapacitados, inútiles descubriendo a Dios en cada gesto, incapaces de acercarnos al hermano.
Así entonces, suceden los escándalos: unos, que se escandalizaban de que el Maestro curara a un enfermo en sábado. Otros, que hoy mismo se rasgan los vestidos de su alma cuando se transgreden ciertas normas por ejercer lo verdaderamente santo, la compasión y la misericordia, aún cuando no se pida permiso, aún cuando no sea de acuerdo a las normas impuestas.

Son dos mundos: el de las normas rígidamente estériles, el de la liturgia vacía de corazón, el de los preceptos y el olvido del hermano puntillosamente observados.
Y está también el otro mundo: el del sacrificio para que al menos un hermano viva, el del culto genuino traducido en el socorro al caído y la protección del más débil, en el pan que se comparte y reparte y alcanza para todos y aún hay más, mucho más para los que vendrán, el mundo de la solidaridad y la esperanza militante.

El pueblo de Israel miraba el estandarte de serpiente levantado por Moisés para salvarse de la ponzoña, de la acción mortal del veneno.
Este pueblo se salva con la vista y el corazón puestos en la cruz como amor mayor.
Pues la cruz no es tanto cadalso y horror mortal, sino salvación a partir de la ofrenda santa de entregar la vida por los demás.

El otro mundo entonces tiene el color del presente y un destino de eternidad, y l idioma del aquí y ahora mirando a ese Cristo levantado en los maderos cruzados, hombre quebrantado de dolores, Dios aquí abajo muriéndose para que todos vivan.

Tanto ama Dios al mundo que Jesús, muriendo y resucitando, permanece entre nosotros, y resplandece en la solidaridad, la compasión y la generosidad)

Paz y Bien

Escrito en tierra

Para el día de hoy (11/04/11):
Evangelio según San Juan 8, 1-11

(La han traído a los empujones, y la colocan en el centro; la tensión se respira y hace doler el pecho. Las piedras ejecutoras parecen salirse de las manos que las portan.
La habían sorprendido en adulterio y -agudos observadores de las miserias ajenas pero no de las propias- según la ley debía ser ejecutada.
Es claro que su condena se acrecienta por el hecho de ser mujer: nada se dice del varón que ha sido partícipe del acto condenatorio.

Bajo la apariencia de una fidelidad extrema a las normas y a la ley, hay una agresiva militancia contraria a toda compasión y misericordia -tenaces defensores de la exclusión y la misoginia-, y desde esa postura buscan una trampa dialéctica para acusar al Maestro. Las piedras de la lapidación no están tanto en sus manos como en sus corazones.

Jesús está inclinado y escribe en el suelo, y sobre esta pequeña línea han reflexionado con gran profundidad grandes hombres y mujeres del Espíritu.
¿Qué estaría escribiendo el Señor en el suelo?

Sólo por hoy nos aventuraremos humildemente en una posibilidad: allí mismo, en ese momento crucial en donde se decidía vida o muerte, Jesús escribía en la tierra las miserias tanto de la acusada como de los acusadores, y desde allí su respuesta: quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra.

Lo que está escrito en tierra rápidamente se borra por la acción del viento o cuando cae la lluvia, y es la maravilla de la Misericordia que sostiene al universo.

Aún cuando nuestros delitos nos hagan parecer reos de muerte, están escritos en tierra.
Y la Misericordia viene como viento del Espíritu, Dios que se nos hace lluvia, agua fresca que borra todo lo malo.

El perdón es motivo de vidas nuevas, vidas renovadas, vidas que recomienzan.
La adúltera no es clasificada por el Maestro como tal, por eso mismo es llamada desde su esencia -mujer- con un envío decisivo: el de ir, el de seguir viviendo y el de no volver a hacerse daño.

En este desierto nuestras miserias están escritas por el dedo de Dios en la arena; quizás haya que suplicar un poco de viento Santo, unas gotas de agua clara que borren esas piedras que nos matan y con las que solemos lastimar al prójimo, y descubrirnos nuevos, invitados a vivir plenos, sin hacernos daño.

Nadie debe morir: Uno sólo morirá por todo el pueblo, y derrotará a la muerte en el amor de la Resurrección)

Paz y Bien

Lázaros y despertares

Para el día de hoy (10/04/11):
Evangelio según San Juan 11, 1-45

(No hay muchos discursos ni argumentaciones frente al dolor de la muerte de quien amamos.
Claro está, es posible menguar los efectos del golpe desde una racionalización que acepta a la muerte como parte natural de la existencia y también, con ciertos visos de resignación. Sin embargo, el dolor está allí agobiándonos y empujándonos impetuosas las lágrimas.
En el inconsciente profundo se conjugan la pérdida, el no volver a ver al ser querido, la culpa del sobreviviente, los tiempos perdidos, las palabras nunca dichas, el estupor por un cuerpo que ha comenzado a deshacerse y que hasta hace muy poco abrazábamos.

De algún modo, muchos sostenemos -aún en la neblina del llanto- la fé de Marta, una creencia que sostiene la recuperación en un tiempo final de la biología corporal degradada, cenizas recompuestas y nuevamente andantes, el desalojo de todos los cementerios. No está nada mal, hay en esa certeza creciente cierta fé en ciernes que sabe que la muerte no es el final, que hay más y que Jesús tiene mucho que ver con ello.

Sostenemos la fé de Marta, anegados por las lágrimas y la tristeza, culposos de honda soledad, sabedores de que Dios nos regresará a la vida, muy a pesar de todo indique lo contrario; con todos los ritos mortuorios que suman tonelaje cruel a nuestro pesar, seguimos creyendo.
Pero no basta ni es suficiente, nos reclama el Maestro.

Lázaro, en su raíz hebrea, significa literalmente "aquel que Dios ayuda" o también "aquel a quien Dios socorre".
Desde Jesús, nuestro horizonte pasa desde María y Marta al hermano muerto, Lázaros siempre ayudados y socorridos por Dios, aún en el tiempo de morir.

Lázaros llamados con su voz fuerte a despertarnos ahora, hoy mismo, de toda muerte.
Lázaros llamados a abandonar toda degradación y corrupción.
Lázaros llamados a salir fuera, de cara al sol, por la confianza en que las tumbas no son hogares para los amigos de Jesús: quien se afirma en la Buena Noticia, aunque muera su cuerpo sigue viviendo, por más que los demás lo coloquen en nichos de incertidumbre.

Hay demasiados vivos aparentes que en realidad están muertos; y hay también muchos que pueblan las necrópolis, y así y todo están más vivos que muchos que todavía andan por estas veredas.

Nuestra esperanza se funda en ese Jesús que es ante todo un amigo, que se deshace en llanto por estos lázaros que somos, por nuestras muertes diarias, y que se empeña en desatar las mortajas que nos impiden los pasos y el abrazo.

Hay vida más allá de esta vida acotada, y la resurrección no será solamente una cuestión postrera, un hecho futuro atemporal e impersonal.

La Resurrección acontece hoy mismo, y no es un hecho específico.
La Resurreción no es algo, es Alguien que está vivo, es contemporáneo y comparte nuestra cotidianeidad asumiendo en sus hombros nuestras muertes para que persistan nuestras vidas)

Paz y Bien


Credo - Misa campesina nicaragüense-

Una canción del magnífico compositor y hermano nuestro
nicaragüense Carlos Mejía Godoy, que es parte de su obra
La Misa Campesina.
Música y letra hablan por sí mismas
-no es preciso añadir mucho-;
algunos quizás la han escuchado por Mercedes Sosa y Nana Moskouri,
por Jairo o por otros tantos artistas.
Vá hoy como recuerdo y signo, pues a pesar de todo,
aún seguimos soñando en otro mundo posible.
Paz y Bien
Ricardo

CREDO

Misa Campesina Nicaragüense

Creo Señor firmemente,
Que de Tu pródiga mente,
Todo este mundo nació,
Que de tu mano de artista,
De pintor primitivista
La belleza floreció,
Las estrellas y la luna
Las casitas y las lagunas,
Los barquitos navegando
Sobre el río, rumbo al mar,
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Yo creo en Vos Cristo Obrero,
Luz de luz y verdadero unigénito de Dios,
Que para salvar al mundo,
En el vientre humilde y puro, de María se encarnó
Creo que fuiste golpeado, con escarnio torturado,
En la cruz martirizado, siendo Pilatos Pretor,
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Yo creo en Vos compañero,
Cristo humano, Cristo Obrero, de la muerte vencedor,
Con el sacrificio inmenso, engendraste el hombre nuevo,
Para la liberación,
Vos estás resucitando, en cada brazo que se alza,
Para defender al pueblo del domino explotador,
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina

aquí puede escucharse:

Malditos y despreciados


Para el día de hoy (09/04/11):
Evangelio según San Juan 7, 40-53

(La tensión se respira en el ambiente, y es un aroma para nada desconocido: sabemos que a menudo, cuando quiere se quiere ajusticiar a alguien -es decir, ejercer sobre él una no-justicia y desembocar en la muerte- deben crearse las condiciones tales que, en apariencia, la única solución a la gravedad del problema planteado por un sujeto determinado sea precisamente el homicidio.

Para los poderosos, toda excusa es válida para quitar de en medio a quien suponen una amenaza para sus privilegios, y aquí podemos mencionar -entre varias cuestiones- la heterodoxia doctrinal, la blasfemia y el desprecio por su origen y costumbres.

El acento lo delataba: no había modo de negar su raíz galilea, su querencia nazarena, y en ese desprecio abyecto Jesús se hace hermano cordial de todos los despreciados de la historia, esos mismos que hoy viven en permanente sospecha por su tonada, por la patria que dejaron, por el barrio en donde viven.

Aún así -maldito permanente- Jesús es escuchado con asombro, y tiene este asombrarse promesa de renuevo: los policías del Templo se paralizan y enmudecen frente a su Palabra. Nadie ha hablado como Él lo ha hecho, ¿cómo tratarlo como a un criminal convicto?

Los más pobres y excluidos no tenían tantos problemas: confiaban en Él, iban poco a poco descubriendo en sus gestos y enseñanzas las cosas de Dios.
Ese nazareno despreciado y maldito como ellos mismos no dudaba en acercarse, en aprojimarse, en hacerse salud para sus dolencias, pan para su hambre, esperanza para su agobio, liberación para sus cadenas.

Quizás no haya mejor momento que éste mismo, hoy -sin perder un instante- y dejarnos interpelar por Nicodemo, para volver al Jesús verdadero y abdicar de toda imagen conveniente y cómoda que nos hemos fabricado de Él.

Volver a preguntarnos que dice y qué hace, volver a escucharlo, descubrir nuevamente Su presencia de salud y paz, de alegría y esperanza, de humanidad recreada, de hermanos incluidos, de socorro y de consuelo aún cuando el espectro cruel de cualquier cruz nos amenace el horizonte de la existencia)

Paz y Bien

En total libertad

Para el día de hoy (08/04/11):
Evangelio según San Juan 7, 1-2.10.25-30

(Se asoma oscuro el horizonte: los dirigentes, cegados de odio, buscaban matar a Jesús, y acechaban sus pasos buscando el momento oportuno.
Para los poderosos, el homicidio no es una variable sometida al arrebato, sino que ha de planificarse con todo cuidado.
Sabedor de esto, el Maestro camina y predica por Galilea, pues Judea se había tornado sumamente peligrosa. Pero se acercaba una celebración importante, y Jesús no quería dar parte de ausente en Jerusalem, por eso se dirige a la Ciudad Santa de incógnito.

Su presencia no pasa inadvertida: los vecinos lo ven, y comentan que es el hombre buscado, con la muerte cercana como marca distintiva, un condenado irreversible.
Aún así, Jesús decididamente vá al Templo, pues nada lo hará abdicar en su vocación de enseñar.
Y allí, en las mismas fauces del poder religioso y político no se arredra, y a voz en cuello dá testimonio de su misión y de su origen y destino, su Padre el Dios del Universo.

Dice lo que debe decir sin amilanarse por los riesgos -la situación es peligrosísima-, pero Jesús es un hombre totalmente libre, el más libre de todos. En Él resplandece la verdad, Él es la verdad que es la liberación donada como regalo y ofrenda a la humanidad.

Desde una observación superficial, no dejará de asombrarnos su osadía... Sin embargo, ese coraje también ha de ser el nuestro si nos sostiene y alienta el Espíritu de Vida, padre de los pobres.
La libertad total es radica voluntaria y abiertamente ofrecer la vida por los demás, en hacerse esclavo y servidor por amor y solidaridad para que, por lo menos, un hermano viva)

Paz y Bien

Confesión de partes, relevo de pruebas

Para el día de hoy (07/04/11):
Evangelio según San Juan 5, 31-47

(A confesión de partes, relevo de pruebas reza el conocido axioma jurídico, y sus conclusiones rondan la obviedad: cuando una de las partes confiesa fehaciente y verazmente algo, a su vez libera a la contraparte de tener que efectuar una probanza que -habitualmente- apunta hacia lo condenatorio.

Los enemigos de Jesús, legalistas en extremo y juridicistas impiadosos, tenían sus corazones encarnizadamente dirigidos a procurar la muerte de Jesús: la rabia que les disparaba ese humilde rabbí galileo los conducía al pre-juicio, es decir, probaran lo que probaran y debatieran lo que fuera, en sus honduras ya tenían decidida la cruel sentencia.

Sin embargo, Jesús les habla en su mismo lenguaje, del mismo modo que nos habla a todos y cada uno de nosotros, siendo esta una cuestión cordial y mental antes que cultural.

El argumento principal que esgrimían era que Jesús quebrantaba el sábado curando enfermos, y con ello la sacralidad de la ley que ellos mismos habían instituido. Peor aún, se hacía igual a Dios.

Entonces, varios testigos hablan en favor de Jesús.
Moisés y los profetas, desde las entrañas de la historia, anunciando la esperanza e instituyendo a ley que tiene dos vertientes, la observancia del cuidado de nuestra relación con Dios y con el prójimo.
Juan el Bautista, asceta humilde y éticamente incuestionable, allana sus caminos y lo señala sin vacilar, testigo fiel del que es la Salvación misma.
Y como si no bastara, el mismo Dios del Universo dá testimonio en su favor a través de las obras que Él realiza en Jesús sanando a los enfermos, multiplicando los panes, anunciando la Buena Noticia a los pobres.

Todo lo que Jesús hace y dice está decididamente orientado al bien y la plenitud humanas, y las pruebas del axioma -los signos que le exigen- están en condición de relevo.

Es nuestro turno de testificar: el mundo se arroga la función de juez, fiscal y verdugo, y en el silencio hay muchos hermanos nuestros ansiosos de testimonios veraces a favor de la vida y la liberación, confesión santa de la solidaridad y la liberación)

Paz y Bien

La creación en tiempo presente


Para el día de hoy (06/04/11):
Evangelio según San Juan 5, 17-30

(Estaban furiosos, ciegos de rabia: ese galileo se atrevía a quebrantar el férreo shabbat -el paralítico que ahora andaba daba testimonio de ello- y, como si no fuera suficiente, su blasfemia se magnificaba pues llamaba al Dios del Universo Abbá! -Papá-. Más aún -más grave todavía- se consideraba plenamente identificado con Dios, esto es, igual a Dios, Dios mismo, lo cual se convertía en mortal afrenta para sus mentes cerradas.
Ése sería el motivo principal de que desearan ardientemente su muerte, y no descansarían hasta lograrlo.

Sin embargo, y a pesar de la violencia y el odio que flotan en el ambiente, hay una revelación inmensa: la identidad de Jesús con el Padre es total -Jesús es Dios y Dios es Jesús- de tal modo que lo que Él vé en el Padre lo realiza de igual modo en la historia, en nuestra historia.

En cada milagro, en cada signo santo de Jesús se transparenta la voluntad creadora del Padre que no cesa, y que continúa hasta el tiempo presente.
Es un Dios inquieto e incansable que sustenta entre sus manos al universo y a todas y cada una de nuestras pequeñas existencias, pura acción amorosa que es expresión de su misma esencia y que dice sin equívocos que Dios continuamente busca la plenitud, la vida, la salud y la liberación de todas sus hijas e hijos.

Esa vida que prevalece sucede hoy: sabedores de un esperanzado momento final -que es comienzo-, tiempo de resurrección, nosotros mismos estamos ahora mismo pasando de la muerte a la vida cuando en verdad escuchamos Su voz.

Nos queda como silente invitación esa misión de transparencia: así como quien vé a Jesús vé al Padre, así nosotros también descubramos nuestra vocación de abandonar toda opacidad y translucir el rostro de Aquel que vive en nosotros, con nosotros y por nosotros en cada gesto, en cada palabra y en cada silencio, desde la compasión, la solidaridad y la misericordia que recrean este mundo tan violento y hostil.
Así sea)

Paz y Bien

Sacralmente humano

Para el día de hoy (05/04/11):
Evangelio según San Juan 5, 1-16

(Sistemas, normas y legislaciones suelen conducir a lo mismo: al abandono, a la indiferencia, a la insolidaridad. Es claro que ésta última está enraizada en el corazón de las gentes, pero aún así la realidad golpea desde el excluido, el enfermo, el olvidado, el negado, el objeto de todo destrato.

Está bien que nos asombre -y sin embargo es bastante habitual en nuestro presente- un hombre paralizado, a la vera de una piscina de aguas pretendidamente sanadoras. Treinta y ocho años allí mismo, olvidado, negado siquiera de un leve empujón que signifique aunque sea un pequeño auxilio a sus angustias.

Sin embargo, junto a esa piscina de Betesda había dos muros: el muro del Patio de los Gentiles del Templo y el muro impuesto de la ley sacralizada, ley llevada al extremo de permitir olvidar al hermano y negar cualquier socorro precisamente por la transgresión del sábado.
Y ésta es una llamada de atención, una alarma a nuestras olvidadizas sociedades y comunidades que permiten que tantos agonicen solos y en silencio: no hay ley ni norma legítima que no tenga por destino el bien del que sufre y no abra espacios a la solidaridad.

Jesús derriba todas estas pretensiones, y cambia el centro gravitatorio: lo sagrado se encuentra en la misma vida humana, y no tanto fuera de ella, y mucho menos en la observancia de normas inhumanas.
Su gesto mayor está en la curación del lisiado aún cuando éste nada reclama, nada pide: el hombre se pone de pié porque Jesús lo ha curado de puro corazón -toda bondad-, anteponiendo su bien a toda conversión previa, a cualquier expresión de fé.
En ese lisiado Jesús descubre el rostro de Dios que palpita en cada ser humano, y prevalece la compasión, sin importarle las consecuencias de ese quebranto legal que, sin dudas, habrán de llevarlo a la cruz.

Allí en esa piscina, a la vera del Templo de Jerusalem, Jesús reestablece el culto sagrado, el sacrificio agradable a Dios: la misericordia la compasión con el caído, con el que ha quedado solo y olvidado, con el que sufre)

Paz y Bien

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