María del Camino -una canción-

Una canción sencilla y bella, al igual que Ella,
Madre de Jesús y Madre Nuestra, del padre Julián Zini.
-Mis hermanos del litoral de este país sabrán reconocer en su música a su tierra también.-
Es una necesidad y también una Gracia hacer un alto en el camino de la rutina diaria
y volver a lo simple y a lo profundo, y de su mano.
Paz y Bien
Ricardo

MARÍA DEL CAMINO

Santa María, Madre piadosa
Oh Dolorosa Madre de Dios
entre tus manos pone la gente
confiadamente su corazón...

Ante tus ojos, Madre querida,
pasa la vida, pasa el dolor
que este tu pueblo, pobre y creyente
que humildemente recurre a vos

MARÍA DEL CAMINO
HAZ QUE TU PUEBLO ENCUENTRE
AL FRUTO DE TU VIENTRE
JESÚS, EL SALVADOR
PORQUE ÉL ES EL CAMINO
Y VOS LA ESTRELLA GUÍA
ENSÉÑANOS MARÍA LA SENDA DE SU AMOR.

Somos un pueblo de peregrinos
de campesinos y juventud
que ama a su tierra y a sus parientes
pero sufriente, vá rumbo al sur.

Santa María de la Esperanza
en vos descansa nuestra aflicción
y en tu regazo, tu Hijo inerte
¡nos dá en su muerte liberación!

MARÍA DEL CAMINO
HAZ QUE TU PUEBLO ENCUENTRE
AL FRUTO DE TU VIENTRE
JESÚS, EL SALVADOR
PORQUE ÉL ES EL CAMINO
Y VOS LA ESTRELLA GUÍA
ENSÉÑANOS MARÍA LA SENDA DE SU AMOR.

Padre Julián Zini - Alfonzo

aquí puede escucharse:

De las pérdidas, las ganancias y las malas costumbres


Para el día de hoy (30/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 28-34

(La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva.
Hoy se nos está enseñando, ahora mismo Dios nos habla.

El Evangelio para el día de hoy nos brinda varios signos y símbolos de singular relevancia para no quedarnos en la anécdota, sino para ir más allá, hacia donde el Maestro quiere orientar nuestra mirada y encaminar nuestros pasos.

Jesús ha desembarcado en otra orilla: es tierra de gadarenos, área de la Decápolis y, por lo tanto tierra de paganos.
No hay sitio alguno en el universo en donde Él no deba hacerse presente; sus pasos no están limitados por nada ni nadie.

La amenaza surge desde el mismo cementerio, el mal está intrínsecamente asociado a puro grito con la muerte.
Pero ante su Presencia, ni siquiera presenta batalla... Cuando el Señor se hace presente, todo mal indefectiblemente retrocede.

Son almas agobiadas, alienadas, enajenadas; no tienen dominio de sí, de allí lo de endemoniados. Y parecería que se había hecho una costumbre que esos hombres estuvieran así, presos de ese mal y asustaran a cuanto ser se le apareciera, de tal modo que ya nadie recorría esa vereda.

Terrible rutina, mala costumbre la de habituarse al mal, a tomar como "normal" el sufrimiento del otro.

Cuando el Señor se hace presente, todo mal retrocede.
Nos dice la Palabra que a esos demonios Él les permite trasladarse a una piara de cerdos; automáticamente la piara se arroja al abismo.

Cementerio que infiere muerte, cerdos sinónimos de impureza, abismo que implica caos.
La muerte opuesta a la Vida, la impureza que impide ver a Dios, el abismo de un alma desordenada.

Nada puede ni podrá cuando Él se hace presente.

Hay una pérdida que implica ganancia: dos vidas recuperadas a cambio de una piara de cerdos.

Pero los gadarenos, si bien asombrados y maravillados del poder de ese Galileo, le piden que se vaya.

No es extraño.

Prevalece, por un lado, el valor de los cerdos que han perdido por sobre las vidas que se han ganado; por el otro, se les hace difícil de sobrellevar lo nuevo, es decir... se podía volver a andar tranquilamente por esa vereda cercana al cementerio.
Hoy también sucede así; parece que lo financiero, lo económico, lo material es más valioso que una vida que se rescata. Y por otro lado, quizás nos hemos vuelto demasiado tolerantes a las consecuencias del mal y de la muerte que vemos en nuestros hermanos más sumergidos y, tal vez, en nosotros mismos.

Toda una invitación a la reflexión que propicie la conversión: cuando Jesús se hace presente, el mal pierde entidad, consistencia y dominio sobre las almas.
Ese Jesús que se hace presente es el que nos habita en lo profundo de nuestros templos, nuestros corazones, y nos invita a desinstalarnos y a revalorizar la vida, que sagrada para Dios.)

Paz y Bien




Con la firmeza de la piedra, con el latir del amor, con el dinamismo del Espíritu

Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

Para el día de hoy (29/06/10):

Evangelio según San Mateo 16, 13-19

(Jesús nos sigue haciendo hoy esas misma preguntas que les hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo:
-¿Qué dice la gente sobre el Hijo del Hombre?...Y ustedes, ¿quién dicen que soy?-

Le dicen que Elías, que el Bautista, que Jeremías, que uno de los profetas... Nosotros bien podemos contestarle que un Cristo entronizado en los altares y acollarado en los templos, que un Cristo revolucionario sin trascendencia, que un profeta New Age que calma pero no transforma, que nada, no se dice nada...

Nosotros podemos responder de ese modo también, o en alguna de sus variantes: la imagen del Maestro a veces está conformada de acuerdo a lo que proyectamos desde nuestras necesidades personales.

Ni modo, de ese modo puede ser una fotografía medianamente aceptable, pero no es el Cristo real, el que se hace presente en nuestras vidas y las transforma.

Quizás si intentáramos una reversión de esa tendencia que tenemos a buscar con denuedo las cosas de la , otro sería el fruto.
Quizás sea tiempo de dejar que Cristo nos encuentre, que se nos muestre, que se nos revele como Señor y Salvador.
Porque nos hemos olvidado que la es don, es un regalo.

Por ello Shimón bar Jonás, luego de confesarlo como Cristo Vivo, es declarado feliz. Lo ha descubierto pues no ha buscado la luz, sino más bien se ha dejado iluminar por la incandescencia de Jesús.

Ese descubrir en su vida a Jesús como su Salvador es tan trascendente, que su vida ya no será la misma. Hasta el nombre que lo identifica y define será otro.

Es un pobre y sencillo pescador galileo. Casado y seguramente iletrado. Voluble en su carácter, capaz de grandes actos heroicos y de inefables traiciones. Quebradizo ante el miedo y tenaz en el anuncio de la Buena Noticia.

¿Cómo no identificarnos con Pedro?

A pesar de lo que es y de cómo es, el Maestro le confía una misión increíble: ser firme como la piedra para que Él edifique la comunidad.
No se trata de jerarquías: más bien, se trata de ser el servidor mayor, al igual que Jesús.
Tendrá las llaves de la reconciliación y el perdón, con que desatará los nudos que separan y dividen a los hombres, varones y mujeres.

Shimón bar Jonás será de ahora en adelante Pedro -Cefas, piedra- sobre la que Jesús construirá la Iglesia.
Es preciso detenerse y no llamarse a engaño: Jesús construye la Iglesia -ekklesia, asamblea llamada o convocada-, no sus discípulos, no nosotros.

El destino petrino no es pétreo -aunque suene paradójico y redundante-: la Iglesia tiene fundamentos firmes de roca pues la sostiene el Espíritu de Aquél que nos convoca, pero no tiene el rictus inamovible de las piedras.
Es comunidad viva y latiente, dinámica y servicial, en donde el poder se entiende de manera directamente proporcional al servicio que se ofrenda a los hermanos, y en donde el fruto del amor fraterno y la reconciliación es la igualdad y la amistad.

Cosa de niños, sin duda, pero nos hastía el alma tanta adultez dando vueltas.

Nos vuelve a preguntar Jesús quien creemos que Él es... y, tal vez, por demorarnos en lo institucional, en farragosas cuestiones de normas y preceptos -es claro, necesarias- olvidamos la esencia dinámica y la fuerza que impulsa a esta familia que no tiene fronteras ni exclusiones pues habla el lenguaje universal del amor y la donación generosa y desinteresada, y que se vuelve por eso mismo signo de la esperanza en ese Reino que anuncia y que, sobradamente, la sobrepasa.

Este día en que recordamos a los Apóstoles Pedro y Pablo debería volverse para nosotros un día de fiesta y esperanza.
Un pescador humilde, un sabio fariseo que no conoce la necesidad.
Ambos con sus quiebres y dobleces, ambos con una misión, signos de perdón y obreros de reconciliación, mensajeros de Buenas Noticias, apóstoles no tanto por lo que han sido sino -con esa mirada lejana y total del Dios de Misericordia que no nos abandona- elegidos por lo que pueden ser.

Todo lo que podemos ser nosotros mismos, con todo y a pesar de todo, de su mano y a su lado)

Paz y Bien





La otra orilla


Para el día de hoy (28/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 18-22

(La multitud que el mundo propone es inhumana.
Es la muchedumbre informe, indiferenciada, en donde prevalece la despersonalización y sólo cuentan los individuos como números.

En estos tiempos de globalización, todo tiende a ser más de lo mismo y la realidad se vuelve opaca, sin colores distintivos ni personales.

Las consecuencias no pueden ser peores: con el despojo del distingo de la propia cultura, sucede la colonización de la subjetividad.

El hombre -varón y mujer- dejar de ser sujeto que construye junto a los otros y a Dios su propia historia, y se vuelve una mera estadística, objeto que es consumido por el acontecer dictado por los poderosos.
Quizás la despersonalización tenga como consecuencia directa el abandono de la libertad.

Viendo esa patente amenaza, la reacción obvia es la de huir y encerrarse. Ese encierro es una tentación que tiene por fruto algo tanto o más nefasto que la igualación aplicada mediante el rasero del materialismo y el imperialismo de la relatividad.

Pero con Jesús, hemos de irnos a la otra orilla de ese pantano.
No es huida ni abandono del destino de levadura.

Es volverse signo sensible de que otra realidad es posible, de que la humanización -es decir, la vida en plenitud- se gesta desde este ahora tan carente de esperanza.

El Maestro no nos dice que es tarea fácil; más en nuestros hombros no habrá nunca mochila que no podamos llevar.

Frente a una vida errática, nos invita a ser peregrinos con destino eterno que ansían un presente pleno para el hermano, desde la propia cultura que nos constituye.

Ha de quedar atrás todo atisbo de instalarse y acomodarse; especialmente, esa tendencia de creer que Él nos pertenece, o peor aún, de todo lo que podemos hacer por Él.

Jesús no tiene lugar donde reclinar su cabeza porque se ha desprendido de todo, bravo pago de nuestro rescate, pero también porque no habita en un lugar puntual.
Él habitará en los corazones de quienes se atrevan a seguirlo, y su rostro se hará evidente en los más pobres. Ese rostro no se descubre a lo lejos, sólo se hace visible desde ese lugar primero, desde el lugar del pobre.
Nos sucede y no podemos negarlo: cuando como comunidad que llamamos Iglesia hablamos "de" los pobres y no "desde" los pobres, estamos en problemas serios.
Sin dudarlo, el Maestro se hacia otra orilla.

Estamos invitados a subir a su barca, navegando hacia esa otra vida que se nos propone, una vida que deja atrás las ataduras de la muerte de los cuerpos y la aniquilación de las almas.

La invitación está hecha.

Queda en nosotros aceptar ese increíble convite, que tiene por costo la totalidad de la existencia.

Hay otra orilla y hay otro mar, y hacia allí vamos con Vos, Señor)

Paz y Bien




Hijos del trueno, cómodos feligreses y libres peregrinos


Para el día de hoy (27/06/10):
Evangelio según San Lucas 9, 51-62

(Signo cierto de libertad. Jesús decididamente se pone en camino a Jerusalem.
Sabe que la mano viene dura, que lo espera el desprecio, la humillación, la tortura, la muerte.
Parecería que sólo se vislumbra un horizonte de penas, pero sigue seguro y sin vacilaciones.

Aparece el cansancio natural luego de una jornada; se envían mensajeros por delante para buscar un lugar en donde alojarse y reponer fuerzas.
Pero llegan a una aldea samaritana: es preciso recordar la inquina y el odio feroz que mutuamente se profesaban judíos y samaritanos, unos por considerar a los otros herejes, los otros por entender que eran consuetudinariamente discriminados sin motivo.
En parte por ello, la hospitalidad se les niega: son peregrinos judíos en camino a Jerusalem, ya han sido catalogados, clasificados y juzgados de antemano, y la reacción samaritana es la esperada.
No obstante, es dable pensar también que esos mensajeros adelantados portaban un mensaje equivocado: Jesús tenía otras opciones mejores en la ruta a la Ciudad Santa, y sin embargo decide pasar por Samaria. Rompe abiertamente con cualquier tipo de discriminación.

Ante el rechazo, Santiago y Juan -llamados tradicionalmente los hijos del trueno- ponen el grito en el cielo y exigen un castigo ejemplificador para esos samaritanos que los rechazan; requieren su exterminio...
A través de la historia y hasta nuestros días, hemos conocido a muchos otros hijos del trueno -tal vez nosotros llevamos algo de ellos también-: son los que suponen poseer privilegios por sobre otros, imaginan a un Dios manipulable que está solo de su lado y, por tanto, todos los demás deben respetar y venerar esos privilegios. Y cuando éstos no les son reconocidos, reaccionan con violencia.
Es la cruz impuesta con la espada, es el bautismo forzoso, es la coacción de las almas, la no fraternidad, la preeminencia de unos sobre otros, el deseo de aniquilar al que no es igual.
Nada más alejado del Reino y por eso el Maestro los reprende de manera taxativa.

En el camino a Jerusalem -ruta que termina en la cruz- se pueden encontrar a otros caminantes fervorosos también, y entre ellos podemos descubrirnos.
La figura de Jesús y su enseñanza sin dudas atraen a las gentes: muchos quieren seguirlo pero desde ciertas seguridades, feligreses del confort, el consumismo y la declamación, del culto vacío de corazón y compromiso.
A menudo, tal vez, nos volvemos así: incapaces de dejar el pasado, de desatarnos los nudos del materialismo, somos nostálgicos de muertes pasadas, esclavos estructurados de formalidades sin conversión...

Nadie está obligado ni apercibido de ser de una manera u otra bajo pena de severos castigos o espantosas condenas.
Pero el camino de Jesús es otro, es el de los pobres que nada tienen y, sin embargo tienen todo: la certeza del auxilio y la ayuda de Dios, la ternura providente de un Dios Padre y Madre que no permite que nada les falte y que sostiene y acompaña.

Quizás haya que replantearse si en verdad somos seguidores de Jesús, peregrinos libres y liberadores capaces de aceptar la cruz y la sola seguridad del Espíritu, ladrones felices en el Reino, forasteros de todo sitio con habitaciones especiales en Su Casa.

Tenemos un destino de sembradores que confían en la humilde y escondida fuerza que late en la semilla: no podemos aferrarnos al arado y mirar la tierra roturada que quedando detrás.
El Reino, aquí y ahora, es incontenible y no depende tanto de la pericia de quien maneja el arado, sino de la confianza del campesino en la bondad de la semilla y en la respuesta generosa de la tierra fértil, barro fiel regado por un Dios Misericordioso que se hace lluvia para que siempre, invariablemente y a pesar de mil desiertos, se renueven los brotes del trigo que peregrina su huella de pan)

Paz y Bien

Haciéndote pan -una canción-

La Eucaristía que nos sostiene y nos transforma
no es auténtica si no nos hacemos nosotros mismos pan para el hermano,
vida que se entrega para que el otro no pase necesidad,
para que el otro viva libre y pleno...
especialmente, será acción de gracias
cuando nos sintamos ofendidos frente al hambre del hermano.
Esta bella canción quizás nos ayude a mirarnos alma adentro.
Su autor es el padre Eduardo Meana, SDB, aquí interpretada por Pascua Joven
Paz y Bien
Ricardo

HACIÉNDOTE PAN

Comenzaste a hacerte pan, en Belén,
sol pequeñito en nuestra noche
Aprendiste en Nazareth de ellos dos
el gesto manso de la entrega

Pibe que en Jerusalén
te abrazaste de una vez
a las cosas de tu Padre
Debe tu cuerpo crecer
para poderse ofrecer
como pan a nuestra hambre

MI CUERPO ES ÉSTO
MI SANGRE ES ÉSTA
QUE POR USTEDES DOY
COMAN Y VIVAN
CREAN Y VIVAN
QUE PARA SIEMPRE SOY
SOY YO,SOY YO

Se multiplicó Tu amor, se partió
Todos saciados, aún sobraba
Se mostró Tu intimidad, eres pan
que solo vive por donarse

Noche de Jerusalén
Cristo Pan entrégate
eres Tú nuestro Cordero
Cena, Huerto, Beso y Cruz
y tu entrega pan Jesús
fue más fuerte que el madero

MI CUERPO ES ÉSTO
MI SANGRE ES ÉSTA
QUE POR USTEDES DOY
COMAN Y VIVAN
CREAN Y VIVAN
QUE PARA SIEMPRE SOY
SOY YO,SOY YO

Padre Eduardo Meana -SDB

aquí puede escucharse:

Palabra y acciones inmediatas

Para el día de hoy (26/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 5-17

(Era un oficial subalterno del ejército de ocupación en la tierra Santa de Israel. Totalmente funcional al Imperio. Muy probablemente poseyera esclavos a su servicio. Además de todo, pagano cultor de extraños dioses.
No podía esperarse demasiado de ese hombre; además, su misma condición legionaria y extranjera lo hacía blanco de un silencioso desprecio de parte de los hijos del Pueblo Elegido.

Pero los tiempos de la Buena Nueva son tiempos de lo impensado y lo inesperado.
Este centurión hace un acto de tan grande y profundo que prácticamente no hay otro que se lo pueda comparar en las Escrituras; es más, desde hace siglos, cuando nos reunimos en la Cena del Señor, repetimos confiados las palabras que le dirigió a Jesús.

Tiene conciencia plena de quién es: se acerca al Maestro y no le pide nada, sólo le cuenta que su sirviente se halla postrado en su parálisis. Ni siquiera ruega que lo cure.
Seguramente se hallaba condicionado por su cultura y su status social; no obstante, intuye certeramente que basta con dejar que Jesús haga lo que considere conveniente. Sabe, sin lugar a dudas, que el Maestro no se quedará quieto, ni dejará las cosas como están.
No es defraudado: de modo inmediato, Jesús le dice: -Voy a curarlo-.

No le importó si era judío o gentil, patriota o imperialista, santo o pecador. Mucho menos le importa el qué dirán, ni tampoco pedirá permiso.
Hay un hombre con un corazón tan grande como la que deposita en Él, y hay alguien que sufre. El sufrimiento del otro moviliza, el amor apremia, hacer el bien se hace urgente.

Y esa acción inmediata, ese amor que no se hace esperar deslumbra y provoca admiración y humildad.
-Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarle-
El centurión confía en la eficacia de la Palabra Viva de Jesús, y se sabe indigno de recibirlo; no sólo por extranjero, no sólo por pagano. Entre ese rabbí galileo y él descubre una distancia humanamente insalvable.

y amor, salud y milagro: por la Palabra de Jesús, el que estaba paralizado camina.

Luego, curará a la suegra de Pedro. No se anda con remilgos: es una mujer enferma, por lo tanto a los ojos de la época, un ser inferior e impuro.
No le importa, por ello desde la ternura tomará su mano.
La mujer es liberada de sus fiebres, e inmediatamente se pone a servirle.

Le llevaban endemoniados, almas alienadas por diversos espíritus y enfermos aquejados de muchos males.
Nadie queda sin ser sanado, a todos cura, pone en sus hombros los males del otro, de todos y cada uno...

Es claro: no somos dignos de que Jesús entre a nuestra casa. Ni siquiera el más bueno, ni siquiera la más santa.
Pero siempre Él el paso primordial, no se demora ni tiene exigencias.

Un centurión, una mujer enferma, un endemoniado.
Parálisis, fiebre, y alienación que encontramos hoy a cada instante.

Si en verdad lo seguimos, no somos repetidores de Él: tenemos por mandato y misión ampliar su tarea, anunciar con hechos concretos, tangibles y actuales la Buena Noticia.

Deberíamos indagarnos en silencio... ver y mirar en este corazón que portamos si el dolor del hermano nos duele. Si su liberación -es decir, el mayor amor- nos urge, nos moviliza, nos apremia, y si esas urgencias se traducen en actos inmediatos.

Quizás también deberíamos preguntarnos si miramos hacia un solo lado; la Buena Noticia que es alegría y salud, justicia, fraternidad y liberación no reconoce fronteras ni exclusiones.

Pues no somos nosotros, es el Maestro el que viene)

Paz y Bien




Desde los bordes, entre la multitud

Para el día de hoy (25/06/10):
Evangelio según San Mateo 8, 1-4

(Jesús baja del monte y lo sigue una gran multitud.

Allí, al margen de la vida, se encontraba él; excluido de la vida comunitaria, debía soportar la humillación de anunciar a voz en grito su condición de leproso, para que nadie se acercase. Estaba privado de todo derecho, y especialmente, del derecho a encontrarse con Dios en el Templo.
Su terrible enfermedad era considerada producto de una culpa, originada en el pecado; la costumbre de considerar al enfermo de lepra como impuro, lo aislaba y marginaba aún más.

Pero pasa Jesús, y sucede la .
Pasa Jesús y sucede el coraje, el valor, el dinamismo.
Quien hasta ese momento debía quedarse en el borde -enfermo de lepra y soledad- se anima contra toda prohibición inhumana, rebasa el alambrado inhumano que se le ha impuesto y corre al encuentro del Maestro.
Es un anawin de Yaveh, un pobre al que Jesús ha llamado feliz y al que le pertenece en primer lugar el Reino de los Cielos.
Ese ser reducido al desprecio confía en Jesús; y Jesús jamás defrauda a quien lo busca con un alma sincera y humilde.
Con el corazón en sus manos llagadas, le dice de un modo maravilloso: -Si quieres, puedes limpiarme-. Son palabras sencillas de un tiempo nuevo; él se sabe considerado impuro, y suplica a Aquel en quien tiene depositada su vida que lo limpie de esas impurezas que lo separan del prójimo.

Es tiempo de Gracia y Misericordia, y la proclamación del Reino siempre irá intrínsecamente unida a acciones concretas, a menudo inesperadas, siempre maravillosas.
Jesús rompe las cadenas de marginación: previo a todo, toca su mano.
Ante ojos ajenos, Él mismo se vuelve impuro, pero es más -siempre es más-: asume como propia la exclusión del leproso, y con ese tocar su mano le dice que es su hermano, que no le teme, que no le importa que los demás lo consideren impuro.

Será porque cuando se ama, nada más importa...

El leproso es librado de su enfermedad; ya es un hombre nuevo por la acción misericordiosa de ese Jesús que lo ha reconocido. Ya es un hombre que podrá estar entre pares en la sociedad, con todos sus derechos, y es reconstruida su relación con Dios... Por ello, el Maestro lo envía a presentar ante los sacerdotes la ofrenda prescrita por Moisés para los casos de curación de lepra.

Nosotros, que tan a menudo vemos a nuevos leprosos a la vera del camino y que seguimos de largo, debemos quedarnos inquietos y preguntarnos alma adentro con sinceridad en dónde estamos y de qué lado estamos...

A ese Jesús al que a menudo perdemos por que se nos opaca la mirada por eso que llamamos pecado, lo podemos descubrir no tanto en lo alto, un Dios Todopoderoso e inaccesible, sino justamente allí, inmerso entre la multitud, Su Rostro claramente definido en los que están al borde de la vida, ignorados y despreciados por la mayoría)

Paz y Bien

Cosa de niños


Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista

Para el día de hoy (24/06/10):

Evangelio según San Lucas 1, 57.66-80

(Es un tiempo nuevo.
Tiempo de maravillas, de sucesos increíbles, de aquello que llamamos milagros, es decir, de la intervención directa de Dios en la historia de la humanidad.
Es el tiempo de la Gracia, en donde todo es posible.

Por ello,un matrimonio de ancianos piadosos y fieles serán padres luego de esperar toda una vida.
Ese hijo deseado con amor toda una vida, era también fervorosamente deseado por el Dios del Universo.

Una madre fervorosa que no se calla, Isabel -cuyo nombre significa Dios ha ayudado- no tiene ningún freno en alabar al Dios que expresa en ella y en María su Misericordia entrañable.
Aún siendo mujer, aún siendo anciana, aún siendo considerada estéril, alza su voz y canta.
Cuando se hace presente la alegría de la Gracia, es difícil callarse...

Un padre piadoso, Zacarías -cuyo nombre significa Dios se ha acordado- durante el tiempo de gestación de ese hijo hubo de enmudecer... Signo de que a veces, es preciso guardar silencio hasta que nos nazcan cosas nuevas.
Ese padre no duda en transgredir alegremente la costumbre de dar su nombre a ese hijo, tal como se estilaba. Ese hijo será conocido como Juan -cuyo nombre significa Dios es misericordia-.

Porque Dios ayuda y Dios se acuerda, ese hijo será llamado Juan: ha culminado el tiempo de la gestación esperanzada de mujeres y hombres fieles a las promesas, y ese niño anticipará de un modo sobresaliente a Aquel que traería todas las respuestas y abriría todas las puertas.

Es un tiempo nuevo, decididamente increíble.
El camino y la Salvación vienen en las manitos de dos niños.

La vida nueva es cosa de niños: uno de ellos, deseado y amado por Dios, preparará las almas para el tiempo pleno que llega. El otro, será un Niño Santo, Dios mismo entre nosotros.

Un Dios compañero que decide tener por trono los brazos cálidos de su Madre, y por corte real a ignotos pastores y animales del campo, y por el que todos los niños, nacidos y por nacer se hacen santos y sagrados.

Es un tiempo nuevo, y Juan nos sigue señalando dónde está Aquél que nos trae la liberación)

Paz y Bien

El grito de toda la historia


“Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró”
(Mt 15,37)


Dentro de tu grito en la cruz
caben todos nuestros gritos,
desde el primer grito del niño
hasta el último quejido del moribundo.
Cuando la palabra es pequeña e incapaz
para expresar tanto dolor nuestro,
el cuerpo y el espíritu
se unen en este espasmo descoyuntado.

En tu grito de hombre comprometido
por la nueva justicia,
denuncias a los vientos de todas las épocas
los sufrimientos encerrados
en las salas de tortura clandestina
y los llantos ahogados en la intimidad
de corazones justos sin salida,
todos los atropellos contra minorías impotentes
y la explotación de hombres amordazados
por leyes, máquinas, amos y fusiles.

En tu grito oímos la protesta de Dios
contra todas las violaciones de sus hijos.
En ti grita el Espíritu crucificado
por los tribunales, sinagogas e imperios por los siglos
que quieren enmudecer el futuro libre y justo.
La rebeldía joven de América Latina,
las mayorías negras de Sudáfrica,
se unen a tu denuncia crucificada.

Dentro de tu grito lanzado al cielo
encomiendan su vida en las manos del Padre
todos los que se sienten abandonados
en un misterio incomprensible.
Desde el desconcierto lanzado como queja
de los que experimentaron tu amor alguna vez,
pero se sienten abandonados ahora,
y sólo en la lucha contigo esperan su salida,
desde todas las noches del espíritu,
llega hasta tus manos de Padre nuestro grito.

En ese grito tuyo último,
dolor de hombre y dolor de Dios,
inclinamos agotados la cabeza
y te entregamos el espíritu
cuando llegamos a nuestros límites,
donde se extinguen los esfuerzos y los días
y donde empezamos a resucitar contigo

Benjamín González Buelta, S.J.

Mensajes mansos o palabras voraces

Para el día de hoy (23/06/10):
Evangelio según San Mateo 7, 15-20

(Si hay algo que debemos tener siempre presente es que la Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva.
Así, lo que fué escrito inspirado por el Espíritu en determinado tiempo histórico, tiene implicaciones directas en nuestro presente: Dios nos habla hoy, ahora, en este momento.

Por ello, quizás se nos vuelva más que necesario que la enseñanza del Maestro no nos conforme, antes bien, que nos interpele, nos conmueva y desestabilice, nos tale la cizaña con el fin de que la semilla del Reino germine franca y fuerte alma adentro.

Si por un momento nos detenemos del ahogo de la rutina, podemos darnos cuenta de algo fundante: Jesús siempre nos habla desde cosas sencillas, con palabras claras, sin irse por las ramas de discursos vacuos... Y entonces, tal vez caigamos en la cuenta de los que hacemos las cosas complicadas, intrincadas y a menudo incomprensibles somos nosotros.
Es dable pensar que a veces, una consecuencia de eso que llamamos pecado sea lo que inútilmente complicamos, y sin embargo es tan sencillo y diáfano como el pan.

Por eso la advertencia del Maestro: -Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán...-
Es una antítesis imposible de conciliar, a menos que el lobo abandone su voracidad.

Sabemos de muchos lobos, que suelen atacar en manada; la clave está en el discernimiento del corazón.
Porque el lobo con disfraz puede hablar palabras veraces, pero lo hace movido por la voracidad de su egoísmo y su codicia, mientras que la oveja puede hablar las mismas palabras pero lo hace porque ha escuchado primero la voz de su Buen Pastor, y es fértil en frutos mansos de generosidad, solidaridad y desapego de sí mismo.
Ese desapego la vuelve tan fiel al dar testimonio de lo que es de Dios y lo que es del César, que se vuelve molesta, intolerable y peligrosa para los poderosos como su mismo Pastor, acusado de profeta falso y por ello, ejecutado.
A menudo los lobos voraces que se ensañan con las ovejas fieles tienen visibles pieles de hombres y mujeres bienintencionados y piadosos.

Por ello hemos de andar con cuidado, especialmente allí en donde se nos arraigan el trigo y la cizaña... Porque a veces nosotros mismos también nos volvemos hambrientos y violentos lobos de afiladas buenas intenciones.

Será cuestión no tanto de prudencia.
Será cuestión de decidirse, con el coraje que el Espíritu y que anima el amor, a tener un claro y perceptible aroma a oveja, y una piel que no esconda nada, aún a riesgo de las manadas rapaces que puedan salirnos al paso.

El Buen Pastor nos cuida)

Paz y Bien


La puerta estrecha de la reciprocidad y la comunión

Para el día de hoy (22/06/10):
Evangelio según San Mateo 7, 6.12-14

(Hemos de insistir sobre un tema puntual: la Palabra no ha de tomarse de manera lineal, esto es, no es sana la literalidad.
Cuando se toman al pié de la letra lo que se nos dice, y se deja de lado la Palabra como signo y revelación del misterio, comienzan los fundamentalismos que, por lo general, conducen a la discriminación y a la violencia.

Por ello, el cuidar de no dar a los perros lo que es santo, ni echar perlas a los cerdos debería ser para nosotros una invitación a la prudencia que surge desde la reflexión: con generosidad infinita, gratuitamente -¡Gracia!- se nos ha puesto en nuestras manos lo sagrado, lo santo, la vida... De allí el cuidado necesario y el respeto imprescindible hacia las cosas santas, cosas que exceden con creces lo cultual, lo litúrgico.

Todo refiere y se encamina al Reino, que ya, aquí y ahora, creciendo en silencio y humildemente entre nosotros.
El Maestro nos conoce y nos previene: la existencia no es cuestión de islotes autónomos, de mónadas aisladas: la vida a la que se nos invita se expresa en la comunión fraterna, y su tonalidad especial es la reciprocidad.

Mi existencia queda definida por como soy con el otro; más aún, por como soy junto al otro.

Porque hay una estrecha puerta que lleva a la salvación: es una puerta que no puede atravesarse si no se quitan de antemano las capas de individualismo y egoísmo que nos agrandan torpemente, y nos sobredimensionan. Esa sobredimensión es lo que llamamos soberbia, es un alma que se vuelve mórbida encerrada en sí misma.

Es imprescindible que nos volvamos capaces de atravesar esa puerta estrecha: sólo así se puede comenzar a andar el camino de la Salvación, el sendero de la vida.
Es un sendero que -como bien lo decía el poeta Miguel Hernández- se haciendo al andar, con el hermano y con ese Jesús incansable compañero, Dios inquieto por el derrotero de hijas e hijos.

La alternativa es la puerta ancha del confort, del egoísmo, del materialismo, el narcisismo cruel del yo primero, yo después y siempre yo, del no sacrificio, del no servicio, del no reconocer al otro como hermano.

Es cuestión de atreverse y dar el paso, que no estamos solos)

Paz y Bien

Te imagino -una canción-


Para todos los que perdieron la esperanza,
por todos a los que le robaron el horizonte y porque,
con todo y a pesar de todo, humildemente y en silencio
está presente una Iglesia que late y vive y trae vino nuevo, esta canción.
Paz y Bien
Ricardo

TE IMAGINO

Te imagino buscar
en medio de las sombras una ventana,
una salida para poder escapar.

Te imagino chocar,
una y otra vez desesperadamente
por las paredes de tu fría soledad.

No busques más,
la libertad esta en vos mismo
No es necesario el escapismo
para volver a vos.

Te imagino luchar
exhausto contra el sida, desahuciado.
Agonizando en una cama de hospital

Te imagino perder
moléculas de vida cada segundo,
impotente, preguntándote por qué.

Yo estoy aquí y te siento tan hermano,
que tu dolor ya no es lejano
También lo sufro en mí

Porque queremos mostrar con la vida
que la juventud no esta perdida,
Porque a pesar de lo que muchos digan
somos una Iglesia que esta viva.
Somos de Dios, le consagramos la vida
Y con nuestra entrega va también,
tu juventud ofrecida.

Te imagino llorar
desde el fondo de un oscuro abismo,
sumergido en el infierno del alcohol

Te imagino gritar,
ahogándote en el mar del sin sentido.
Deprimido y ya sin ganas de esperar.

Yo soy de Dios y quisiera verte vivo,
Porque vivir tiene sentido,
más grande que el dolor.

Te imagino llenar
con sexo y con violencia tu vacío
sin poder sentirte vivo de verdad.

Te imagino escapar
del mundo y de vos mismo con la droga
Tan asqueado que ya todo te da igual.

Hoy ya lo sé,
mi vocación es dar la vida
Por cada joven que se olvida,
que hoy es posible creer.

Porque queremos mostrar con la vida
que la juventud no esta perdida,
Porque a pesar de lo que muchos digan
somos una Iglesia que esta viva.
Somos de Dios, le consagramos la vida
Y con nuestra entrega va también,
tu juventud ofrecida.

aquí puede escucharse:

Miradas turbias

Para el día de hoy (21/06/10)
Evangelio según San Mateo 7, 1-5

(No hay otro modo de vivir la Buena Noticia que no sea en común unión.

Si no somos capaces de trascender el individualismo en boga, derrotar al egoísmo y salir de nosotros mismos al encuentro del otro, esto es, permitir que surja la comunidad, la Novedad permanente de Jesús se nos vuelve una rutina que tiene mucho de costumbre automática e irreflexiva... pero poco o nada de buena, y menos aún es una esperanzadora Noticia que a diario transforma la totalidad de la existencia.

Portamos demasiadas vigas en los ojos que nos enturbian la mirada y que impiden la transparencia que nos hace descubrirnos tal cual somos para aceptarnos, liberarnos y crecer.

Vigas enormes de preconceptos. Gruesos maderos de la crítica impiadosa.

Todo se vuelve opaco y borroso cuando nos volvemos incapaces de mirar con la mirada de Dios Misericordioso.
Él nos conoce, sabe bien nuestros quiebres, nuestras miserias, nuestras traiciones, nuestras hipocresías. Y aún así nos ama tenazmente.

Quizás nos saquemos esas vigas que nos vuelven ciegos del alma cuando comencemos a ver y mirar al hermano en su totalidad, con sus luces y sombras pero desde la certeza de sabernos hermanos y desde la silenciosa esperanza y alegría de lo que puede llegar a ser.
Mejor todavía: de lo que podemos llegar a ser juntos.

Misericordia tal vez sea eso: el corazón puesto en la miseria, en la cruz que sabe que, a pesar de todo, hay un destino de resurrección, de vida que no se termina)

Paz y Bien

Un Mesías maldecido y marginal: la locura de la cruz

Para el día de hoy (20/06/10)
Evangelio según San Lucas 9, 18-24

(Los Evangelistas siempre, frente a momentos clave, nos presentan a Jesús replegado en sí mismo, solitario y orando.
No se trata solamente de realzar la importancia fundamental de la oración: es más bien indicarnos y dirigir nuestra mirada hacia el hijo de María plenamente unido a su Padre, en permanente diálogo con Él.

El Maestro ha recorrido un largo camino junto a sus amigos; su Pasión está a las puertas y la pregunta se hace más que necesaria: ¿que dicen el pueblo acerca de Él?

Sabe que su presencia no ha pasado inadvertida: no obstante ello, algunos creen que es el Bautista redivivo, otros Elías volviendo según una tradición antigua, otros alguno de los profetas preferidos.
No es un error de interpretación: quizás, al igual que nosotros, sólo vemos en Jesús a quien nos conviene ver, proyectamos en su figura nuestros deseos más urgentes... pero el Jesús auténtico no es ése.

Luego, inquiere a sus discípulos: después de haber compartido tanto a diario, de haberles enseñado pacientemente su conocimiento debía ser algo mejor que el del grueso de las gentes.
En nombre de los doce, toma la palabra Pedro y lo confiesa: -Tú eres el Cristo de Dios-. La respuesta es correcta.
Sin dudas, Pedro -como tantos otros- esperaba al Mesías libertador de Israel, rey poderoso y guerrero y al Siervo Sufriente... pero a veces el conocimiento excede con creces el ámbito de la razón, y Pedro -aún portando conceptos erróneos- sabe en lo profundo de su corazón que su Maestro viene de Dios. De allí su respuesta es tan contundente y clara.

Pero la reacción de Jesús es tan inesperada como estricta: a nadie debe decirse nada acerca de esto. Y desde el silencio atento puede comprenderse que las almas aún no estaban maduras para comprender qué clase de Mesías era este nazareno. Era tiempo de callar y esperar que el grano de trigo pasara la molienda de la cruz para volverse pan.

Y hay más -siempre hay más-: ellos creían que el Mesías les "pertenecía", esto es, que el Salvador lo sería sólo para Israel, para el Pueblo Elegido; el Mesías que imaginaban sería de su propio cuño.
Nada de esto nos es ajeno: seguimos pensando en un Salvador que nos pertenece por profesar una determinada , por participar en una comunión determinada.
Pero es precisamente lo contrario: la invitación está abierta a toda la humanidad, sin excepción ni límites raciales, sociales, nacionales y -especialmente- religiosos.
Por ello aseverará con la luz del Espíritu el apóstol Pablo: "...Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos son uno en Cristo Jesús...-Ga 3,26-"

Este Mesías será maldecido, considerado blasfemo y anatema por los profesionales de la .
Se atrevía a hacer el bien sin pedir permiso y hablaba de Dios como Abbá, Papá.
Ponía el corazón en la libertad amorosa de Dios por sobre las prisiones de los códigos, de esa ley manipulada que presumía poner a Dios de su lado mediante la estricta observancia de su cumplimiento.
Abrazaba a réprobos, comía con despreciados, hablaba de igual a igual con los que eran menos que nada.
Entendía al poder como servicio, detestaba la violencia y no toleraba otro derramamiento de sangre más que el propio.
Se negaba a deificar al dinero y al César: consideraba a amigos y enemigos como hermanos y parientes, inclusive más que los que heredaba por genealogía y lazos familiares.
Respetaba al Templo tanto como a cada vida, tanto que cada persona sería descubierta sagrada al volverse templo vivo de Dios.

Por ello sería humillado, azotado, torturado y ejecutado. Pero no de cualquier manera: su patíbulo sería el que reservaba especialmente el Imperio a subersivos y delincuentes marginales, preparado especialmente para ejemplificar al pueblo y advertir las consecuencias de determinadas conductas.

De ese camino trágico no estarán exceptuados sus amigos y seguidores.
¿Porqué el dolor, el sufrimiento? La explicación será tan inaccesible como es improbable explicitar un misterio. Pero en la cerrazón de la razón, brilla incandescente una luz: el amor.

Con una mirada puntualmente humana, es una locura y mejor salgamos corriendo, busquémonos algo más conveniente y para nada doloroso. Algo que no duela ni moleste ni confunda.

Pero quizás haya que mirar con los ojos de Dios, y amar como amaba Jesús.
Sólo desde allí se nos vuelve azúcar la hiel intragable de la cruz, sólo desde el amor se vuelve deseable el morir.
Morir a nosotros mismos, a nuestras miserias, a nuestros egoísmos.
Derrotar de una vez por todas en combate franco al ego que nos separa, y enloquecerse de modo definitivo, a tal punto de que se nos vuelva imprescindible entregarse por el bien del otro, sacrificarse para que el otro viva en plenitud.

La alegría brota como manantial cuando no hay dique de comodidades e intereses propios que la contengan.

Para muchos -podemos contarnos entre ellos- la cruz es sinónimo de muerte, de tragedia, de derrota.
Sin embargo, es el amor en su estado más puro, y por ello es la puerta a la vida definitiva, a la eternidad, maravillosa locura que sin dudas no es de este mundo agobiado de razonables mezquindades.

Quiera el Espíritu volvernos locos para siempre)

Paz y Bien

Ingenuidades financieras


Para el día de hoy (19/06/10)
Evangelio según San Mateo 6, 24-34

(La ingenuidad no está bien considerada, no mide bien últimamente. Y en el caso de quien esto escribe, no es cuestión virtuosa más tampoco una actitud maliciosa y deliberada: se trata de limitaciones propias, y de incapacidades manifiestas.
Aclarado esto, intentemos proseguir.

Desde esa mirada ingenua, podemos tratar de entender los últimos sucesos mundiales, que no son nuevos ni tampoco inesperados; más aún, animarnos a ir a través de ciertas marañas de falacias que nos van nublando la mirada y que tejen con poco inocente intención las corporaciones multimediáticas.

Nos hablan del déficit de las cuentas públicas de los estados, del crecimiento del riesgo país, de defaults y de bancarrotas casi inmediatas.
Como un salterio pagano de factura tenebrosa, se enumeran con precisión los descensos bursátiles.
El gran trasfondo es la desconfianza de ese ídolo al que se venera con fruición, el Mercado, que será quien dicte los destinos de millones; ese becerro dorado tiene portavoces especializados -por lo general lúgubres- cuyos dictámenes son considerados como dogma y profecía indiscutible.
Son las denominadas calificadoras de riesgo, a las que nadie que pertenezca a este sistema inhumano se atreve a cuestionar.

No se hace la pregunta obvia: si falta tanto dinero, alguien o algunos lo han de tener.
Poco se habla de ineptitudes y complicidades de gobiernos. Menos todavía de aquellos que se enriquecen cuando suceden estas crisis, sabiendo que ellos mismos las provocan, que no tienen otra patria ni otra bandera que la de sus cuentas bancarias, y que son los primeros en exigir "reglas claras de juego" y con descaro "seguridad jurídica".

Al sur del planeta, en esta Argentina que amamos y nos duele, lo hemos sufrido ya en 2001, sangrando aún por varias de esas heridas infringidas. Las mismas aves rapaces atacaron con singular éxito Grecia y van decididamente por otras naciones, especialmente por nuestra España... que es nuestra también no sólo por historia, sino por afectos profundos y por las raíces de muchos de nosotros -padres y abuelos- que descubrimos allí.

Las mismas voces que auguran presentes y futuros ominosos, son las que insisten en que la única salida posible es el ajuste riguroso.
Sin embargo, las cosas deben ser llamadas como son -no con argumentos engañosos o que induzcan a error- y los responsables no son situaciones teóricas o macroeconómicas, ni tampoco ideológicas: detrás hay nombres y apellidos que quizás no se conozcan, y no debe perderse de vista que son siempre el egoísmo y la avaricia la raíz primera de estos males que nos acucian.

El culto orgiástico al dios dinero parece no tener mesura; sin embargo, cada niño hambreado, cada desempleado, cada salario indigno, cada abuelo sin pensión ni protección, cada hospital sin insumos, cada medicina que falta, cada joven sin horizonte es juicio y condena -no siempre silencioso- y no debería dejarnos tranquilos.

Las cosas claras.
Y especialmente a nosotros, nos llega nítida, refulgente, taxativa, con el filo de una espada, la Palabra del Maestro.

-No pueden servir a Dios y al Dinero-

Quizás -sólo quizás- debamos volver corazón adentro y renacer con la certeza de las aves y con la confianza de los lirios del campo. Volar con libertad y florecer porque nos sabemos cuidados por un Dios Padre y Madre incansable.

Nos insiste Jesús con paciencia y ternura a dejar de lado toda preocupación inútil; posiblemente, muchos de nosotros aún no hemos sabido o no hemos querido diferenciar lo principal de lo accesorio. Cuando magnificamos ciertas preocupaciones lógicas pero excluimos de la existencia el obrar silencioso y tenaz del Dios de la Vida -eso que llamamos Providencia- nos volvemos tristes cómplices involuntarios de estos males que a tantos lastiman.

Si por un momento, sólo por un momento, hiciéramos una bella y manifiesta apostasía del falso dios Dinero y volviéramos la existencia a Abbá, Padre de Jesús y Padre Nuestro, sucede el Reino y todo cambia.
El centro se vuelve lo que permanece, y lo que perece tiene destino de olvido.
Buscar primero el Reino y su justicia, implica que aquí y ahora brotará la fraternidad y la solidaridad. Cuando el otro no es sólo un innominado objeto sino que es mi hermano, y mi interés principal es su bien, sucede el compartir la vida, la gratuidad del amor que es esencia misma de Dios.
No es utopía, pues el Reino creciendo humilde y silencioso con la tenacidad de la pequeña semilla de mostaza; si el Reino se anticipa en los corazones, toda preocupación por el mañana queda atrás... Ya no hay necesidad de acumular, sólo la urgencia de la caridad que comienza en el compartir lo que somos y como somos, y desde allí, nadie pasa necesidad.

Hay que decidirse hacia cual orilla navegamos, y si en esa vocación de navegantes y pescadores entran a nuestras pequeñas redes la mayor cantidad de peces. Hay muchos a los que mantener con vida.)

Paz y Bien

Una mirada clara, un tesoro cordial

Para el día de hoy (18/06/10)
Evangelio según San Mateo 6, 19-23

(Las palabras del Maestro resuenan claras y contundentes, para que nada se malentienda: la acumulación de bienes materiales tiene una línea directa con lo que se corrompe, con lo que socava, con la violencia, con el robo.
Esa acumulación es la otra faz de una confianza depositada en lo que perece y se puede perder. Es la existencia centralizada y fundamentada en lo material, quedando en la periferia el resto: a menudo se subordina lo religioso a los vaivenes de la economía, el poder y las finanzas.

Por eso mismo, el mundo cada vez es más del César y menos de Dios, sobreabunda el hambre de muchos y la prosperidad de unos pocos a costa de tantos.
No se trata de una postura ideológica: es, ante todo, un llamado de Jesús a confiar y fundamentar la vida en Dios. Entonces sucede una magnífica antítesis: esos tesoros que sólo puede juntarse en el corazón, no se corroen, no nos corrompen y no nos pueden ser quitados.
Más aún: son bienes que se multiplican de modo inconmensurable cuando se comparten.

Los tesoros cordiales -bienes del cielo fruto del Espíritu- derriban de su trono al egoísmo y al individualismo que nos aleja del prójimo... Por eso mismo, son de índole comunitaria, en donde el yo cede el paso al nosotros.

Cuando la existencia tiene cimientos en Dios, el hambre y la pobreza se nos vuelven intolerables, pues redescubrimos la justicia del Reino que florece en la fraternidad, en el rostro de Jesús que se descubre en cada esquina, por cada vereda, en cada encuentro.

Se hace preciso tener una nueva mirada, clara y límpida: esa mirada no es cuestión de retinas sanas o enfermas, sino más bien en esa conversión profunda y eficaz por la que orbitamos alrededor de Jesús, nuestra Luz.

Todo se transforma, y ya no hay ojos mezquinos que miran sin ver. La vida se hace nueva y el mundo ya no es un enemigo, sino tierra a la espera de la siembra desde la generosidad, el compartir y la alegría indestructible de sabernos amados.

Como en ese caminar del Maestro curando toda dolencia, pongámonos a sus pies para que nos haga ver con nuevos ojos transparentes.)

Paz y Bien

Padre Nuestro, hermano mío: la oración verdadera

Para el día de hoy (17/06/10)
Evangelio según San Mateo 6, 7-15

(La repetición de palabras vacuas, que ostensiblemente tiene por objeto forzar la voluntad de Dios para obtener sus favores debería sernos ajena.

Por ello, Jesús al prevenirnos contra este modo de religiosidad, nos invita a no tratar de hacernos escuchar por Dios, sino más bien a escuchar a Dios y comprometernos con la Salvación que nos ofrece.

Dios escucha todas las oraciones: esa escucha no está condicionada por la calidad ni, mucho menos, por la cantidad de las palabras, sino que depende pura y absolutamente de su Amor y su Misericordia.
Porque la plegaria es, ante todo, respuesta a ese Espíritu que nos hace decir ¡Abbá!.

Nada se guarda Jesús para sí; nos comparte su mismo modo de hablar con Dios, la oración verdadera, esa plegaria que condensa en sí toda la Buena Nueva.

Y porque nos invita a relacionarnos con Dios al igual que lo hace Él, nos dirigiremos al Altísimo Creador del Universo como ¡Abbá!, ¡Papá!, con la confianza y la ternura que un niño pequeño deposita en su Padre. Y lo reconocemos como Abbá de toda la humanidad, buenos y malos, santos y pecadores, justos e injustos. En Él descubrimos la fuente primordial de la fraternidad.
Por eso le decimos Padre Nuestro.

Porque es el Totalmente Otro, Infinito y Omnipotente que, aún así, se ha hecho uno de nosotros, lo reconocemos y le decimos Padre Nuestro que estás en los cielos.

Porque nos sabemos queridos y amados, ese amor nos urge, nos acucia a que nuestros hermanos lo reconozcan como tal y así se transforme la vida, le rogamos Santificado sea tu Nombre.

Porque sabemos que su Reino está creciendo en silencio con la humildad del grano de mostaza y queremos que florezca, porque el Padre quiere para todas sus hijas e hijos la fraternidad que se expresa en justicia, en solidaridad y en igualdad, le decimos Venga a nosotros Tu Reino.

Porque su esencia es Amor, le suplicamos que ese deseo entrañable de Vida -expresado en Jesús, hermano y Señor nuestro- sea una realidad entre nosotros, justicia, liberación y vida plena aquí y ahora, le decimos Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo.

El Maestro nos invita a una nueva justicia, a ajustar nuestra voluntad a la voluntad de Dios, por eso ante todo rogamos por hacer nuestras las cosas del Padre: que se santifique su Nombre, que venga su Reino y que su Voluntad sea la nuestra.

Pero la relación con Dios está intrínsecamente unida a la relación con el hermano: en ese Nuestro está dibujado el primer paso de nuestro camino.

Porque queremos ganar honradamente el sustento, porque el hambre del hermano es obsceno, porque Jesús mismo se hace Pan para la Vida Eterna, le decimos Danos hoy nuestro pan de cada día.

Porque Dios es Misericordia y perdón que reconstruye lo que se ha quebrado sin condiciones, porque somos hijos que deben reflejar a Aquél que nos ha criado y creado debemos romper las cadenas de odio y resentimiento que nos separan del hermano, le decimos: Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Porque Jesús ha derrotado a la muerte, porque a veces nos imaginamos que todo lo podemos solos, porque a veces ignoramos al hermano que languidece a nuestro lado privilegiando nuestro propio interés, le decimos No nos dejes caer en la tentación.

Porque no hay imposibles para Dios, porque prevalece la Vida de su Mano, porque nos sabemos pequeños y limitados, le rogamos Líbranos del mal.

Hacemos nuestras las cosas de Dios y las cosas de los hermanos: ambas son dos caras del mismo Amor, reales y concretas, con perfume y color del aquí y ahora, presente que debe vivificarse y futuro que no tendrá fin.

Así sea. Amén.)

Paz y Bien





Declamación o proclamación


Para el día de hoy (16/06/10)
Evangelio según San Mateo 6, 1-6.16-18

(Se trata de un tiempo nuevo, de una humanidad re-creada.
Por ello, el Maestro revela una nueva relación con Dios, con Abbá que se nos descubre Padre y Madre.
Ya no es un Dios inaccesible, severo y castigador, sino un Padre con entrañas de Madre que busca con denuedo a hijas e hijos con inefable ternura.

Más Jesús nos enseña y advierte que no es una cuestión unívoca: la relación con Dios está intrínsecamente ligada a la relación con el prójimo, cercano y lejano. Ambas son dos facetas de ese Reino al que se invita a toda la humanidad, sin excepción.

No es fácil, claro está: ante todo, quizás sea preciso plantar bandera y dar batalla al egoísmo que corroe y a la soberbia que ciega.
Debería resultarnos algo natural, pero el Maestro nos conoce, sabe de nuestros quiebres, de nuestras trabas, de nuestros días oscuros.

No se trata de una praxis pura; en el comienzo, hay un corazón renovado, una vida transformada.
Y aún así, a pesar de que todo está allí y de que no estamos solos, nos regala tres claves/llaves para que no cerremos las puertas: la oración, la limosna y el ayuno.

En la misma sintonía, oración, limosna y ayuno tienen una vertiente que hacia Dios y hacia el hermano, y en todas prepondera la humildad y el silencio como perfumes y colores que las hacen legítimas y veraces.

La oración que es respuesta al llamado de ese Espíritu que nos hace decir ¡Abbá!, ¡Papá! al Dios del Universo, que es de índole profundamente personal y cordial pero que se remonta a esa trascendencia que llamamos cielo cuando se vuelve plegaria comunitaria.

La limosna -y no la beneficencia con lo que nos sobra- que es la donación generosa y solidaria principalmente de la propia vida, y que hace más humanas y, por tanto, más divinas la relación con el hermano y con el Altísimo.

El ayuno, que implica el gesto de vaciarse de lo innecesario y superfluo y, también, la sacralidad de privarse del alimento para que otro no pase hambre, redescubriendo que nuestro principal sustento está en la Palabra que se hace vida, en hacer la voluntad del Dios de la Vida que nos ama sin límites.

Estas son las claves/llaves de toda espiritualidad, y deberían ser signos del amor del Padre que muestran, desde el silencio y la humildad, nosotros sus hijos.

Queda reflexionar si nos quedamos atenazados en la pura declamación que busca exhibirse, el aplauso, el rito externo vacío de caridad... O si comenzamos de una vez por todas a anunciar esa Buena Nueva de que Dios nos ama desde el silencio y la generosidad en el servicio al prójimo cercano y lejano.

Quizás desde el silencio y la humildad de sabernos discípulos y servidores comienza la verdadera proclamación de la mejor de las noticias)

Paz y Bien



La buena lluvia

Para el día de hoy (15/06/10)
Evangelio según San Mateo 5, 43-48

(No es camino fácil, hemos levantado demasiados muros que nos separan.
Menos aún cuando, descubriéndonos seguidores de Jesús, hemos de amar a quien nos odia, a quien busca nuestro mal, a quien quiere nuestra destrucción.

No será tampoco comprensible desde nuestra dualidad; es preciso aceptar el convite del Maestro e ir más allá.

Desde el vamos, el odio destruye.
Y el Maestro expresa la esencia misma de Dios, el Amor, que no sólo construye y es pura positividad, sino que crea y re-crea.
Amar al enemigo, quizás, signifique recrearlo y reconstruirlo desde ese Amor que es mucho más que un sentimiento y, especialmente, es la superación trascendente de un imperativo moral.

Puede también parecernos un ítem inalcanzable lo que nos propone Jesús: -Sean perfectos como es perfecto su Padre Celestial-.
Sabemos que somos pecadores, limitados e imperfectos ¿cómo llegar?

Hay algo que sí sabemos: que las cosas no las hacemos solos y que no se nos pide imposibles y por eso mismo, tal vez sea preciso cambiarnos los anteojos del alma, y comenzar a mirar distinto... Pues en las acciones de los hijos se refleja el carácter del Padre.

El silencio orante es el mejor aliado en estas lides.

El Maestro nos regala una figura bellísima: en el corazón del Dios de la Vida entran buenos y malos, nadie queda fuera, nadie está excluido por lo que hace -aún lo que más espanto nos cause- sino que todos tienen su lugar en Él precisamente por lo que son: hijas e hijos.

Ese mismo Dios que hace salir el sol sobre justos e injustos.
Ese mismo Dios que hace llover sobre buenos y malos.

Contra toda desesperanza y más allá de toda angustia y todo desengaño, que Dios se nos vuelva lluvia.

Esa lluvia buena que cae sobre todos, que hace germinar la semilla, que lava las aceras por donde se dirigen nuestros pasos, que refresca la aridez del desierto del pecado.

Lluvia de perdón y misericordia, gotas frescas de la Gracia en torrente que no ahoga y vivifica.

Que Dios nos llueva)

Paz y Bien


Los atrevidos

Para el día de hoy (14/06/10)
Evangelio según San Mateo 5, 38-42

(La llamada ley del talión puede causarnos cierto escozor: "...pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pié por pié, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal -Ex 21, 23-24-". Sin embargo, no está demasiado lejos de lo que entedemos en este mundo por justicia.

La encontramos enunciada en el libro del Éxodo y también en el Levítico, pero ya había sido formulada con anterioridad en los códigos legales asirios y en el código babilonio de Hammurabi. Su naturaleza era de carácter social, tendía a limitar los excesos de la venganza; equiparaba el derecho a aplicar un determinado castigo que fuera igual al daño perpetrado, y al ser cuestión de nación, se buscaba evitar la aplicación de justicia por mano propia.

Por eso mismo, siguiendo esta línea, no está demasiado lejos del concepto actual de justicia penal y su instrumento, la ley, pues se trata de imponer castigos directamente proporcionales a los delitos o daños cometidos, regulando la vida entre las personas.
Si tomamos el término justicia en su literalidad etimológica -ius titia, derecho establecido, podríamos inferir de modo primario el "a cada uno lo suyo", sea de modo punible, sea de modo positivo.

Lamentablemente, sabemos que tampoco esto prevalece: estamos demasiado acostumbrados a aceptar desproporciones en las penas y también, que vaya preso el que roba por hambre mientras que el gran corrupto se pavonee frente a nuestras narices, o que el genocida sea el primero en vociferar que se respeten sus derechos humanos.

Pero con Jesús se ha inaugurado otro tiempo, que también es desproporcionado a nuestra corta mirada, tiempo de desborde, de las ilógicas maravillas del Reino, el tiempo de la Gracia y la Misericordia, expresiones fecundas de la esencia de Dios, el Amor.

Se trata de ir, aquí y ahora, más allá de nuestros conceptos razonables pero muy acotados y a menudo mezquinos teñidos de egoísmo.

Se trata de de ser manso y pacífico, no tolerando ningún tipo de violencia -empezando, claro está, por la que nace de nuesro propio corazón-; en esta desmesura del Reino, la única violencia aceptable, la única sangre pasible de ser derramada es la propia cuando se ofrenda la vida por el otro, aún cuando suene a tragedia...más es cuestión de amores, incomprensible desde la razón.

Se trata de desterrar el egoísmo, haciendo espacios para que brote frondosa la generosidad y la solidaridad.

Se trata, primordialmente, que mi derecho y mi interés será el del otro, el del prójimo, el del hermano. Ceder el paso, anteponer la necesidad y la exigencia del otro a cualquier reclamo personal, por razonable y justo que parezca.

Se trata de salir de sí mismo, vaciarse del yo y hacerse prójimo, acercar al lejano.

Suena a utopía y puede traernos ecos de un bello sueño: pero las cosas del Reino son bien presentes, reales y concretas.

Es cuestión de atreverse y dar el paso, de imaginarse un mundo en donde se duplica y multiplica lo dado frente al reclamo justo, en donde se dejar de ser simple espectador del reclamo de justicia para ser activo y silencioso protagonista en la búsqueda de la justicia que satisfaga toda necesidad...del otro.
Más aún, es festejar y alegrarse cuando mi hermano necesitado deja de ser una variable estadística y se vuelve sujeto de su historia, y de no esperar para uno mismo nada más ni nada menos que eso mismo: el bien del hermano.

Es la locura de abandonar lo medido, lo mesurado, lo mínimo indispensable porque, hermanas y hermanos, se nos ha puesto en nuestras manos lo infinito.

Obviamente no es tarea fácil ni sencilla. Pero Jesús ha resucitado y ha enviado al destierro el no se puede y toda tentación de imposibilidad.

Y no estamos solos: el Espíritu sopla, en casa -la Iglesia- y fuera de ella también.

Los atrevidos son los que edifican con Jesús su Reino que no tendrá fin desde estos arrabales, son los que respetan la imagen de justicia que encabeza estas mínimas líneas pero que imaginan a la Justicia no como a una dama de ojos vendados que empuña una espada y sostiene una balanza, sino más bien como a una madre de ojos bien abiertos atenta a las necesidades de los hijos y con una escoba por toda arma, para barrer nuestros patios.
María sabía bien de que se trataba, con su mirada puesta siempre en lo que le sucede a los hijos.

Supliquemos que el Espíritu nos siga regalando atrevidos de la justicia, locos por el Amor, desmesurados mensajeros de Buenas Noticias al servicio de todos.
Y que nosotros seamos capaces también de dar el paso, de atrevernos a vencernos, a derrotar el egoísmo que nos anida.
No hay lucha más noble ni más santa.)

Paz y Bien



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